Jasper
Era media noche aquel 31 de Diciembre en la masión de la familia Hale, se encontraban de fiesta, habían invitado a media ciudad a festejar el fin de año viejo y a dar la bienvenida el año nuevo.
Se escuchan carcajadas por parte de los hombres que se divierten ante los chistes o malas bromas que hacen, en cambio las mujeres se encuentran sentadas en los amplios sillones de color limón chimeando entre ellas o criticando al otro grupo de mujeres, nadie se percata que entre ellos se encuentran dos hombres que no fueron invitados.
Los niños corren por todo el salón, juegan a atrapados, al poco rato se enfadan, cambian de juego, los niños aceptan jugar al escondite, a la pequeña Angela Weber le toca contar, se va a una esquina y los niños corren desparramados por toda la mansión, unos se esconden entre los vestidos de sus madres, otros debajo de la mesa, hay unos que se arriesgan a ir a los cuartos y esconderse, uno de esos niños que se arriesgo fue Jasper Hale.
Los hombres observan y siguen al niño rubio.
-¡Jasper, mamá dice que no nos alejemos del salón de fiesta! -dice la niña rubia
Jasper se detiene ante las escaleras y observa a su hermana gemela cruzada de brazos, fruncé el ceño al verla, realmente el color rosa fuerte no le quedaba.
-Rosalie, mamá no se dará cuenta- se queja el niño de cinco años.
-¡Si se enoja no será mi culpa!- grita la niña, entonces se gira y se echa a correr por uno de los pasillos que se dirigen a la cocina, pronto Angela terminaría de contar y si se quedaba discutiendo con su gemelo la encontraría.
Jasper observo como su hermana corría por el pasillo que se dirige a la cocina, bufa – Te encontraran rápido- dice a nadie en particular.
De pronto, escucha un grito de uno de los niños.
-¿Erick?- dice.
Camina por donde viene el ruido, de pronto es agarrado y tapado de la boca, los ojos de Jasper se abren, trata de escaparse es en vano, poco a poco sus ojos comienzan a cerrarse ante el pañuelo húmedo que le pusieron en su nariz, su ultimo pensamiento fue que su madre se enojaría con él.
Despertó horas después, se encontraba en un lugar oscuro, para tener su edad no tenia miedo ante lo que ocurria, su padre siempre le había dicho no tener miedo a nadie y a nada.
Escucho como habían varios llantos de niños y mujeres jóvenes, personas que no regresarían a ver la luz de día o estar cerca de sus familiares.
Cada una de las personas que se encontraban en ese sótano fueron vendidos, incluyendo al jovencito Jasper, quien fue a parar a los bares de mala muerte fuera de la ciudad vecina.
Sus padres hicieron todo lo posible para encontrar a su hijo, la búsqueda fue en vano, jamás lo encontraron.
Jaspér se quedo toda su vida encerrado en la cocina del bar "la chata", hasta que cumplió la mayoría de edad, de estar en la cocina lo mandaron de mesero, en esos trece años que estuvo encerrado trato de huir varias veces, tiempo después dejo de insistir, dejo de vivir, dejo de ser él mismo, después de varias palizas, maltratos y violaciones uno deja de sentir, uno deja de ser uno mismo.
Dos semanas después de ser mesero, los soldados llegarón a la "chata" Jasper por accidente tiro la cerveza de uno de ellos, lo que ocasiono que empezaran a golpearlo
-Lo lamento, fue un accidente- decía Jasper entre jadeos, una patada de uno de los soldados fue a llegar a su estomago lo que ocasiono que se quedara sin aire.
Sabia que moriría, Jasper dejo de luchar, entonces los soldados dejaron de golpearlo, con la poca fuerza que tenia, levanto la mirada y observo como el soldado a quien le había tirado la cerveza se derrumbaba por el estrueno de una pistola.
-¡Dejen al joven!- grito el vizconde Edward Cullen, quien tenia una pistola en su mano y amenazaba a los soldados
Mando a llamar a Billy Black, quien era su chofer.
-Nos llevaremos al joven- dijo el amo sin titubear ni dejar de mirar a la gente que se encontraba en ese bar de mala muerte.
El dueño del bar apareció
-Ese chico me pertenece, lo compre, es de mi propiedad
Al escuchar aquellas palabras, el vizconde Edward Cullen frunce el ceño, saca de su garbadina un fajo de billetes y se lo lanza al dueño.
-Ahora es mío.
Billy Black, cargo al joven fácilmente, Jasper se encontraba demasiado flaco, demasiado maltratado, demasiado acabado.
Ninguna persona se movía de su lugar, no querían terminar como el soldado, quien ya se encontraba muerto en el suelo.
Edward se movió de su lugar cuando Billy salió del bar y llevo el frágil cuerpo de Jasper al carruaje, se subió a lado de su chofer, marchándose de ese bar.
-¿Qué ha hecho amo?- dijo Billy.
-Libere al pobre joven de su miseria, mañana cuando haya comido, bañado y cambiado de ropa lo dejare ir.
Ese mismo día por las sirvientas Maria y Leha fue atendido en la mansión Cullen Jasper.
Cuando fue llamado por el amo de la casa, le dio su libertad, pero Jasper denegó la oferta.
-No tengo a donde ir, lo único que recuerdo es mi nombre, le seré fiel, puedo trabajar para usted… se cocinar, se limpiar, y…
-Agradezco su oferta, pará mi eres un hombre libre, el día que usted se quiera marchar tiene la libertad de hacerlo, serás mi mano derecha, mi sombra en esta casa.
Jasper observo al vizconde y asintió.
Desde ese día siempre estuvo para Edward Cullen, hasta que conoció a su hermana y se enamoro.
Actualidad
Alice sonrió al ver al amor de su vida abrir la puerta.
-Buen día señorita- saludo en reverencia Jasper, debía fingir no estar loco de amor por Alice Cullen
-Buen día Jasper- saludo Alice con una sonrisa. – He llegado, traje a la mamá de Bella
-Me temo decir que la señorita Isabella Swan se encuentra dormida, su madre la puede esperar en el saloncito, le será llevado té y galletas.
Renne viuda de Swan agradeció el gesto, siguió al mayordomo de la mansión, Alice la acompaño como anfitriona de la casa.
-Jasper, deberías mandar al reparador a checar el carruaje, una de las llantas dejo de funcionar el pobre Jacob Black tuvo que cambiarla, quedando embarrado por lodo.
Jasper al escuchar aquello asintió, observo la bolsa de tela que tenia la madre de Bella sobre sus manos.
-¿Gusta que le lleve el cambio de ropa que trajo a su hija?- se ofreció Jasper- Se lo daré a una de nuestras ayudantes para que le ayuden a vestirla
La madre de Bella sonrió agradecida, le tendió la bolsa, Jasper la tomo y se retiro de la habitación dejando a las mujeres hablar entre ellas.
Alice cuando miro que la puerta fue cerrada, se giro a ver a la madre de su mejor amiga
-¿Ha recibido otra nota?
-Me temo que solo fue para espantarnos, nadie a enviado ninguna carta, las únicas cartas que llegan son de personas que requieren el trabajo de mi hija- dijo Rene mientras se encogia de hombros
Alice asintió- Tiene que regresar pronto a ser Isob
-Lo sé, lo que temo es que mi hija no volverá a hacer mujer, he pensado que debemos decir que mi hija falleció de alguna enfermedad.
La cara de Alice se entristeció- ¿De verdad es el sueño de Bella ser abogado?
-Lo és, y dejare que haga lo que mas ama hacer.
-Lo entiendo ¿Y si llegara a enamorarse Bella?
-¿De quien Alice?- dijo la madre de Bella
Alice se encogió de hombros y negó la cabeza. -No lo sé, nunca me ha dicho nada Bella de estar enamorada.
Rene asintió, cambiaron el tema, mientras seguían tomando te y comiendo galletas.
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Cuando Bella despertó se quedo desconcertada ante el hecho que fue llevada a bañarse, las sabanas de la cama fueron retiradas, y al instante pusieron nuevas sabanas, cuando la cama estuvo lista, en medio de ella fue colocado uno de sus vestidos.
Maria le ayudo a secarse, a vestirla y arreglarla sin decir nada al respecto.
El corazón de Bella fue roto en mil pedazos ante el trato que recibía.
Solo fue sexo para él, me quiere lejos de su casa en cuanto antes; pensó, cuando Maria le comento que se encontraba lista.
Bella agradeció sin saber que decir.
-Su madre la espera en el saloncito- comento María.
-¿El señor de la casa?- titubeo Bella al decir aquello.
-Ha salido-
Y sin mas se marcho de la habitación Maria, dejando a Bella sola.
Se acerco entre cojeos a la cama, la toco con sus manos, recordó lo que había pasado horas atrás, sonrió con tristeza.
-Fue bueno mientras duro- susurro
Se dirigió con ayuda de Bree a la habitación donde se encontraba su madre.
Rene la recibió con los brazos abiertos y con una enorme sonrisa.
-Es hora de irnos a casa hija
-Es hora de irnos- contesto Bella triste.
Alice las acompaño a la puerta de la casa, uno de los ayudantes les ayudo a subir a la carroza.
-Gracias por todo Alice-
-Espero que vuelvas a venir Bella
Bella no supo que decir, solo asintió, entonces el carruaje fue jalado por los caballos negros.
Pronto desapareció de la vista de Bella la mansión Cullen.
Cuando llego a su casa, en la oscuridad de su cuarto, tomo la garbadina de Edward, la olio y suspiro.
-Aunque solo haya sido sexo para ti, para mi fue algo más- susurro. -Esta es la realidad Bella, el vizconde es un hombre comprometido…- sus palabras fueron cortadas por un sollozo que salió entre sus labios.
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En la casa de Tanya Denali se escuchaba jadeos que llenaban la habitación principal, dos cuerpos se encuentran en medio de la cama, los besos que se dan se vuelven intensos, Edward trata de seguirle el ritmo a su compañera de cuarto, pero deja de intentarlo hacer cuando se da cuenta que no la desea.
Ella no es quien desea.
Cuando salió de la habitación de invitados de su mansión, se fue a la casa de su amante, quería comprobar que lo que había sucedido con Bella no le había afectado de ese modo, pero lamentablemente lo había hecho, se separo de Tanya, se sentó en el borde de la cama.
-Lo siento no puedo hacerlo- comento, mientras se levantaba y se ponía sus zapatos.
Tanya roja de la furia le reclamo - ¡Es la segunda vez que me dejas así!
-No te preocupes, no volverá a pasar
-Edward…-titubeo Tanya al escucharlo.
-He encontrado a alguien más…
Tanya sintió como una daga atravesaba su corazón.
-Lo entiendo- miro a su ex amante- espero que seas correspondido
Observo como salía de su habitación el vizconde Edward, se acostó en su cama, se puso a pensar en como debía de tener a su vizconde nuevamente, sonrió al pensarlo; recurriría a la familia Vulturi, ellos planeaban algo encontra del vizconde, debía saber qué es y a quienes amenazaban en estos días.
Se levanto de la cama, se dirigió a su escritorio, saco una hoja en blanco y comenzó a escribir:
Querido Caios Vulturi
Si, no seria al mismo Aro vulturi quién le enviaría la carta, si no a su antiguo amante e hijo del segundo hombre más poderoso de la ciudad.
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Gracias por leer
Espero les guste, poco a poco enenderan muchas cosas y otras saldrán a la luz.
Atte. Ere
