Capítulo 24


Sakura hubiera preferido ir en su propia montura, pero al haberla vendido en Lareston no le quedaba otro remedio que cabalgar con Sasuke.

Habían iniciado la marcha a paso lento, casi suave. Se habían adentrado en el bosque con la incipiente luz de la mañana, sin embargo el sol no hizo acto de presencia, y a medida que pasaban las horas el cielo se tornaba gris y triste.

Sakura viajaba con la espalda apoyada en el pecho de Sasuke. Podía sentir los latidos del corazón del hombre, que rodeaba su cintura con un brazo de acero quizá por temor a que cayera.

Sasuke había mejorado su carácter y aquella mañana había vuelto a ser el hombre de siempre. Eso, antes de entrar en el bosque. Una vez allí, ya podía Sakura sacar el tema que fuera, que tanto Sasuke como Kabuto prácticamente la ignoraban.

—¿Vas a echar a Kin del clan? —preguntó Sakura de súbito. Llevaba un buen rato dando vueltas al asunto y creyó que aquel era un momento como otro cualquiera para sacar el tema. Es más, fingió haber hecho la pregunta con inocencia, como si no le importara demasiado lo que él decidiera.

Sasuke tardó en contestar, y cuando lo hizo su tono fue el mismo que tenía momentos antes.

—No sé. ¿Tú qué quieres hacer?

Sakura hasta lo sintió encogerse de hombros, con despreocupación. Quiso girar para verle el rostro; él parecía distraído, escrutando entre los árboles. Lo observó de reojo.

—Yo no tengo nada que ver —le respondió ella. Sasuke volvió a encogerse de hombros como si el tema no le pareciera interesante—. Pero no creo que haya hecho algo tan malo como para que tenga que abandonar a su familia, ¿verdad?

Sakura esperó la respuesta, volviendo la vista al frente.

—¿De qué estamos hablando? Perdona, creo que estoy despistado —admitió el hombre, enarcando las cejas, cosa que ella no pudo ver.

Y era totalmente cierto. Sasuke sólo tenía ojos y oídos para intentar captar cualquier movimiento o sonido que fuera producido por algo ajeno al bosque. El trayecto que realizaban era bastante peligroso. Los ladrones abundaban en la zona, codeándose con los saqueadores de tumbas. Proscritos ingleses que se aprovechaban de las buenas maneras escocesas. Muchos de ellos, con el tiempo, se unían a otros clanes o incluso comenzaban su vida allí: en las tierras más verdes, húmedas y hermosas del mundo.

Sakura se pasó la lengua por los labios. ¿Y si Sasuke no quería hablar de eso con ella? Se puso nerviosa.

—Hablaba de Kin. Me contó que la echaste.

Sasuke ahora se tensó. ¿Estaban hablando de...? Detuvo el caballo y esperó a que Sakura se volviera hacia él para mirarlo.

—¿Ella te contó? —Preguntó, incrédulo—. Pero ¿cómo se atreve a...?

—Mejor dejamos el tema —le interrumpió, arrepintiéndose en el acto de haber sacado la conversación.

Sakura no supo expresar si lo que vio reflejado en los hermosos ojos negros fue furia o simplemente sorpresa.

—Yo no he echado a nadie de ningún lado. ¡Debería de estar loco para sacar a Kin del clan ni mucho menos del campamento! —Su voz sonó con fuerza—. ¿Por qué te dijo eso?

Sakura tragó con dificultad. Sabía que se estaba metiendo en camisas de once varas. ¿Kin acaso la había mentido? Se maldijo en silencio. ¿Por qué no se negó a la petición de la mujer? ¿Por qué nunca negaba nada? Agitó la cabeza bajo la atenta mirada de Sasuke.

—No lo sé —mintió, apartando la vista de él. Decidió no nombrarle lo de su futuro hijo hasta que no estuviera la otra mujer delante. Sabía que en muchos de estos casos, quien daba las noticias era siempre la persona que salía perdiendo.

—¿Estás celosa de Kin? —preguntó Sasuke, todavía sorprendido.

—No —negó ella, volviendo a su posición actual. No quería continuar hablando del tema pero el hombre ahora estaba intrigado.

Sasuke inclinó su cuerpo hacia delante y a un lado, de tal modo que pudo agachar la cabeza hasta casi rozar la frente de Sakura con su mejilla.

—¿De qué hablasteis?

Ella lo miró con ojos dilatados. Sentía la calidez de su aliento sobre su cara en forma de coquillas.

—De nada en particular —respondió, tratando de evadir la conversación.

—No sabes mentir, Sakura. —Sasuke regresó a su sitio y presionó con el brazo que rodeaba su cintura, mostrándole su afecto—. Pero nunca debes sentir celos de mí. No me interesa ninguna mujer, excepto tú. No olvides que vamos a casarnos.

—¿Por qué piensas que tengo celos? —le preguntó a su vez. No quería enojarse, pero de repente las respuestas de Sasuke sobre Kin no le habían gustado. ¿Que no pensaba echarla nunca? Había dicho eso o algo así. Claro que enseguida él trató de arreglarlo diciendo que no debía tener motivos para sentir celos de nadie. ¿No? Pues ella no estaba muy segura de querer permitir que Kin anduviera con su hijo dentro de los límites de Uchiha—. ¡Sólo trataba de saber qué piensas hacer con tu hijo! —explotó sin atreverse a mirar atrás. ¡Ya estaba! ¡Ya lo había dicho!

Sasuke agradeció que la montura aún siguiera parada. Kabuto se había alejado unos pasos por delante, oteando el camino.

—¡¿Qué hijo?! ¿Vas a tener un hijo? ¿Cómo puedes saberlo tan pronto? —Sasuke estaba completamente perdido. No lograba entender qué tenía que ver la moza del campamento con aquello.

A Sakura le resultaba muy complicado tener una conversación, así sentada. Si al menos el animal siguiera su camino, ella podría disimular observando cualquier cosa, pero de este modo Sasuke estaba pendiente de sus palabras. ¿Cómo se le ocurría pensar que era ella la que estaba embarazada?

—¿Puedo bajar, por favor? —pidió.

Uchiha descendió primero, y luego extendió los brazos para ayudarla. Sakura frunció el ceño ante el cuidado con que la bajó de la montura. ¡Ni que fuera de cristal y se fuera a romper!

—¡Yo no voy a tener un hijo! —exclamó ella, sacándolo de su error.

—Que sepas todavía —respondió—. Entonces ¿quién espera un hijo? ¿Kin? —Se encogió de hombros—. ¿Y qué tiene que ver conmigo o con querer echarla del clan?

—Es un hijo tuyo, Sasuke.

La sorpresa que se reflejó en el rostro del hombre la llenó de pena. Apartó la mirada para que él no pudiera leer en los suyos. En realidad, sintió lástima de la situación porque supo que estaba enamorada del gigante, porque no sabía si sería capaz de verlo jugar con un vástago que ella no le había dado.

¿Por qué el destino quiso que se conocieran tan tarde? Con unos meses antes hubiera sido suficiente; claro que, en aquellos meses, a Sakura no se le había pasado por la mente la idea del casamiento, ni que pudiera conocer a aquel truhan que se había ido haciendo un hueco en su corazón.

Sasuke colocó su dedo bajo la barbilla de Sakura y la obligó a mirarlo a los ojos.

—Sakura... —susurró sin saber qué decir.

La besó. Se apoderó de su boca y Sakura, lejos de negarse, se aferró a él como si su vida dependiera de ello. No quería negarse, sería su marido y juntos deberían afrontar aquello, pero ¿cómo?

Cuando se separaron, Sakura aún seguía observándolo.

—Mi padre también tuvo un hijo antes de conocer a mi madre —empezó diciendo ella.

Sasuke negó con la cabeza, y su boca le regaló una bonita sonrisa.

—Yo no he sido informado de nada. Pero si Kin está preñada, no tengo por qué ser yo el padre. Mis hombres la adoran. Más de uno querrá hacerse cargo del crío, de ser cierto. —Le revolvió el flequillo. Los cabellos de Sakura tendían a quedarse de punta y eso le daba un aire infantil, no tanto de candidez como de travesura—. Lo que me molesta de este asunto es que te haya ido con el cuento antes de venir a su Laird. Esa mujer deberá oírme.

Sakura hubiera deseado que Sasuke negara la existencia de ese niño, que le hubiera jurado y perjurado que él no era el padre; sin embargo, tan sólo se limitaba a solucionar el problema de esa manera. ¿Acaso los sentimientos de Kin no contaban para él? Por su rostro, supo que no y, en cierto modo, se sintió algo aliviada.

—¿Me prometes que te ocuparás bien de ella? Puede que sea verdad que no seas el padre, pero...

—No te preocupes por ella, Sakura. Kin sabe cuidarse ella sola. ¿Qué hizo tu padre respecto al hijo ese?

—Murió unos días después de nacer. —No le dijo que lo reconoció antes y que por tanto figuraba como el mayor de los Haruno. Si él no se ofrecía hacerlo, ella no lo obligaría.

—Mi padre también tenía varios bastardos —comentó él como si aquello fuera lo más normal—. En realidad, ni siquiera sé realmente cuántos hermanos somos —se encogió de hombros—. Viven todos entre la aldea y mi casa.

—¿Y tu madre? —se atrevió a preguntarle.

Los ojos de Sasuke se oscurecieron, perdiéndose en algún punto lejano. Su rostro se volvió duro, tanto que los músculos de su cara se convirtieron en granito.

—Nunca se llevaron bien. Mi padre era incapaz de amar a nadie. Nunca los vi darse un beso, ni tan siquiera un abrazo o una mirada de cariño. Eran dos desconocidos compartiendo hogar. —Volvió su rostro firme hacia ella—. Yo no quiero un matrimonio así, Sakura. Yo quiero llegar a amarte y que tú me correspondas.

El corazón de Sakura dejó de latir. Él quería llegar a quererla pero aún no lo hacía. ¿Y si también era incapaz de amarla?

Pensar que quizá tenía más afecto por Kin que por ella le llenaba el pecho de un dolor extraño.

«¿Podrás hacerlo?», quiso preguntarle. No lo hizo. Tenía más miedo a reconocer la verdad cuando el tema era referente a ella que a los demás.

Sasuke tomó las tiernas mejillas entre sus manos y clavó sus ojos negros en ella. La mantuvo así durante minutos que parecieron horas. No le dijo nada, tan sólo la miraba, perdiéndose en sus ojos verdes, pensando en lo bien que se encontraba junto a ella.

Le hubiera encantado decirle que, en aquel momento, no se hubiera cambiado por ningún hombre en el mundo; que no deseaba ir a ver a nadie, ni cumplir su misión. Que tan sólo ansiaba tenerla abrazada durante el resto de su vida, beber de ella hasta el fin del mundo. La conocía desde hacía poco tiempo, pero era incapaz de imaginarse la vida sin ella. En su cabeza, su hermoso rostro de facciones delicadas y brillantes ojos verdes lo acosaba constantemente, ya estuviera despierto o dormido.

—Será mejor que salgamos del bosque lo antes posible —dijo, soltando un suspiro—. ¿Sakura? —Sonrió nervioso—. ¿Qué sientes por mí?"

Para Sasuke era muy importante la respuesta de ella. No sabía por qué, pero necesitaba escucharla decir que ella también lo amaría... si no lo hacía ya.

Sakura apartó su vista, azorada, y se encogió de hombros, restando importancia a la pregunta.

—Eres un hombre muy guapo —se puso colorada de repente—. Bueno, te tengo un cariño especial.

—¿Cómo de especial?

—¿Por qué me preguntas eso, Sasuke? ¿Qué sientes tú por mí?

—Yo he preguntado primero —sonrió—. Además, soy el señor de...

—Blablablá —siguió Sakura con una sonrisa, al tiempo que se giraba para acariciar el hocico del animal—. Si crees que, por ser el señor, tienes preferencia estás confundido.

Sasuke soltó una carcajada y su mano volvió a acariciar el cabello despuntado de la joven.

—No tengo preferencia por ser el señor —rio—, la tengo porque soy mayor, más grande y más fuerte. ¡Sube! —La izó con facilidad y la colocó de nuevo sobre la bestia. Él se acomodó tras ella y le mordisqueó el cuello, divertido, antes de lanzar al animal al galope. En cuanto alcanzaron a Kabuto, Sasuke le instó a acelerar la marcha. Quería llegar a algún sitio bien protegido y decirle a su Sakura cuánto la amaba.

¿Por qué la zorra de Kin se había inventado esa historia? Era bien sabido que la muchacha siempre tomaba precauciones antes y después de la unión con cualquiera de sus hombres. Si estaba embarazada era porque ella se lo había buscado.

Las palabras de Sakura sembraron una duda en su mente. ¿Podía ser él el padre?