Capítulo 26
Cuando Sasuke dijo que aún quedaba bastante recorrido, lo último que Sakura había esperado es que realmente fuera tanto.
La ilusión de pensar que podía dormir en una cama la hizo imaginar que pronto llegarían a ver a John de Escocia. Sin embargo, cuando aquella noche se detuvieron en la pequeña aldea cercana al embarcadero, la joven se desilusionó.
Para acceder a Brodick debían llegar hasta la isla de Arran, y el barquero se negaba a hacer el trayecto de noche.
La aldea apenas eran unas pocas casas cuyos lugareños se dedicaban, en su mayoría, a la agricultura y la pesca.
Tuvieron suerte y el reverendo Miller les permitió ocupar un pedazo de la ermita. Un sitio frío, con olor a cera, y decorado con varias figuras religiosas que brillaban de limpias. Posiblemente el venerable hombre no tuviera mucho que hacer, excepto mantener aquel lugar aseado.
El salitre del mar llegaba hasta la aldea en forma de pegajosa humedad. Algas rojas y oscuras se acumulaban en los bordes del acantilado, como si una reciente tormenta las hubiera empujado contra la costa, tiñendo las orillas con un extraño color ensangrentado.
Cuando Sakura despertó al día siguiente se encontró sola entre las paredes religiosas, donde unas pequeñas arcadas hacían compañía a varias hermosas vidrieras.
Todo parecía estar en silencio cuando la muchacha asomó la cabeza por la puerta en busca de alguien. En un pequeño patio, colindante a una extensa arboleda, tuvo la oportunidad de observar la destreza de Sasuke con su arco; la velocidad con que colocaba las saetas, la fuerza con que tensaba la cuerda. Era impresionante la manera en que los músculos de sus brazos se volvían duros y tensos. Cómo el pecho parecía ampliarse al llevar el torso desnudo después de haberse desprendido del broche.
El plaid tan sólo colgaba de las caderas del hombre, sujeto por el ancho cinturón de cuero. El hermoso rostro de Sasuke cuando fijaba su mirada ónix sobre el objetivo, su semblante concentrado parecía etéreo, como salido de algún cuento o fábula.
Uchiha tuvo a bien compartir la liebre que Kabuto se dispuso a cocinar sobre una pequeña hoguera. El reverendo los acompañó con un odre de vino que, si bien estaba bastante amargo, a nadie le hizo ascos.
—El matrimonio es un bien muy preciado —volvió a insistir el padre, observando a Uchiha con disimulo—. No deberían viajar sin tomar los votos. Si quisierais... Yo podría...
—No tenemos tiempo, de verdad —acortó Sasuke por tercera vez. No quería ofender al reverendo, ni que lo considerase un rudo maleducado, pero era cierto. Aún tenían que llegar hasta Brodick. Deseaba hacer una corta parada en la ciudad cobijada por el castillo, y que Sakura pudiera conseguir un vestido en condiciones para ser presentada debidamente a John de Escocia.
La miró con una sonrisa. El rostro de la joven ya no presentaba cardenales, e incluso las costras de la nariz habían desaparecido; eso sí, no sin antes dejar unas pequeñas marcas más blanquecinas en su delicada piel de alabastro.
El cabello rosa rodeaba las hermosas facciones de forma rebelde, y los ojos verdes brillaban más profundos y cautivadores que nunca.
Cuando la joven sonreía, tendía a echar la delicada mandíbula hacia adelante, mostrando la hilera de pequeñas y perfectas piezas. Al hacer esto, lo único en lo que Sasuke podía pensar era en besarla hasta hincharle los labios con su ansia y sed de ella.
Después de despedirse del padre tuvieron que hacer cola para subirse a la barcaza que los llevaría hasta la isla.
Arran estaba ubicada frente a la costa suroeste de Escocia. Las cercanías de Brodick, aparte de estar continuamente vigiladas, eran las que más personas y visitantes acumulaban.
La esperanza de entablar una charla con el mismísimo Balliol, así como visitar Machrie Moor: un círculo protegido por un muro de piedra, hacía que la ciudad se convirtiera en un constante hervidero de gentes.
Machrie Moor escondía una de las piedras más antiguas, supuestamente perteneciente a los antiguos druidas que la utilizaban para alguna clase de acto ceremonial. Muchos ciudadanos llegaban hasta allí para entonar cánticos y rezos, pidiendo por las cosechas, o incluso por el cese de actos bélicos.
En cuanto pusieron los pies en el suelo, tomaron los caballos y en peregrinación los viajeros anduvieron hasta la ciudad.
Las vías principales se hallaban empedradas, y los puestos ambulantes llenaban las calles. Guerreros vestidos con calzas y túnicas, que caían sobre los muslos, recorrían vigilantes los alrededores, observando a los intrusos.
En la antigüedad esa zona había sido ocupada por los irlandeses, y luego por los vikingos; a estos últimos lograron echarlos durante una batalla.
La isla era hermosa. Una delicia observar las verdes praderas de flores silvestres donde las vacas pastaban plácidamente, los rododendros que florecían en aquella época, las numerosas cascadas y los senderos por el bosque.
La propiedad se encontraba dominada por la majestuosa montaña de Goatfell. Plantas de musgos, hepáticas y helechos, adornaban algunas de las fachadas de gruesos muros grises. Las vistas impresionantes de la Bahía de Brodick a la costa de Ayrshire lograban dejar sin aliento a cualquier espectador.
Sakura fue una de las personas que más maravillada observaba todo. Uchiha había estado allí en otras aunque contadas ocasiones, por lo que no parecía sorprenderlo nada de cuanto veía.
Sasuke, quien en todo momento agarró la mano de la muchacha, dirigiéndola por estrechas callejuelas, la llevó directamente a una posada.
La habitación, fabricada en madera, se hallaba limpia; y el olor a fresco llenaba el lugar, mezclándose con la brisa que se deslizaba de las montañas circundantes.
Una moza de carácter afable se ofreció a acompañar a Sakura mientras Sasuke hacía unas diligencias. Al menos, eso había dicho el hombre antes de prohibirle a la joven que saliera sola por la ciudad, prometiéndole un largo paseo al atardecer. Kabuto desapareció con las monturas una vez que llegaron a la isla.
Sakura se lavó en una pequeña tina de madera situada junto a una amplia cocina. Y por fin pudo peinar sus cabellos en condiciones. La joven Giselle trató de recortar varias puntas rosas que insistían en quedar levantadas hacia arriba. Al menos Sakura pudo ofrecer una imagen limpia y diferente, pareciéndose más a la muchacha intacta que había salido de Carrick, junto a la gran escolta, que a la pobre andrajosa que había cubierto el camino hasta allí.
Su apariencia de dama era inconfundible a pesar de vestir una sencilla falda de campesina y una blusa blanca remangada hasta los codos.
Las horas se hacían interminables a la espera de que Sasuke llegara, y dado que por su seguridad se había propuesto obedecer al hombre, sólo se atrevió a recorrer el exterior de la posada, arrobada ante la magnificencia del lugar.
—¿Eres tú? —le preguntó una voz femenina, acercándose a ella.
Sakura se giró, envuelta en aquel sonido tan familiar que tanto había escuchado desde que tuviera uso de razón.
—¡Temari! —gritó, arrojándose a los brazos de su hermana mayor.
El tiempo se detuvo cuando ambas muchachas se abrazaron, rompiendo en fuertes sollozos.
Varios viandantes se había detenido a observarlas; ambas se parecían mucho, tenían los mismo ojos.
Temari seguía teniendo una larga y preciosa melena rubia, que adornaba con una blanca cofia. Sus ropas eran tan humildes como las de Sakura. Sus rasgos, más maduros y algo más marcados.
Las jóvenes se tocaban nerviosas, se acariciaban el rostro y las manos, dando constancia de que lo que les estaba pasando era completamente real.
—¡Oh, Dios! —Temari estrechó a su hermana menor con fuerza y la dejó llorar plácidamente entre sus delgados brazos—. Pensé que tú también habías muerto. Nadie sabía nada.
—¿Y padre? ¿Y los demás? ¿Están todos bien?
El rostro de Temari se trasformó en una mueca de dolor profundo cuando negó con la cabeza.
—Todos cayeron. Algunos de nosotros fuimos retenidos durante un tiempo en las mazmorras de Surrey. Yo logré escapar. —Abrió las manos, mostrando la isla—. Pronto nos devolverán nuestras tierras. ¿Qué pasó contigo, Sakura? ¡Estoy tan feliz de volver a encontrarte!
Sakura no pudo dejar de advertir la ira y la rabia que su hermana escondía. Quizá la misma que ella tuviera hasta que conoció a Uchiha. Dolida, comprendió que aquel enojo que ella sentía, poco a poco, se había ido esfumando en compañía de Sasuke.
Bajo la sombra de una gruesa encina, Sakura le relató sus vivencias de los últimos años.
—¿Y tu prometido, Temari? ¿También murió?
—Cayó junto a padre —asintió con pena. La joven tomó las manos de Sakura con fuerza —¿Dices que vas a ver a John? No pronuncies nuestro apellido, ni nombres al clan si quieres continuar con vida —la advirtió.
Sakura frunció el ceño, confundida.
—¿Por qué? Debiste haberle pedido protección. En este momento él es el único que podría ayudar...
—Pero no quiero que me ayuden —afirmó Temari con firmeza—. No hasta que acabe con los culpables.
—Con Namikaze —Sakura agitó la cabeza—. ¿Cómo piensas hacerlo?
—Llevo planeándolo mucho tiempo. Sólo tengo que conseguir hacer llegar una carta a Saory, la esposa de John. Debo conseguir convertirme en la sombra de esa mujer; ella me llevará hasta Surrey y hasta... —Se detuvo abruptamente, con los ojos clavados en los de su hermana—. Acabaré con la vida de... Sir Nagato Uzumaki.
—¿El amigo de padre? ¿Por qué? —preguntó, estupefacta. Recordaba al hombre de haber ido al hogar de Haruno y parecía un tipo agradable.
—Ahora no puedo hablarte de ello. —Temari se levantó y acarició con sus ojos verdes el rostro de su hermana pequeña—. No puedes decirle a nadie que aún sigo con vida.
—¿Ni a Deidara tampoco?
—Ni siquiera a tu guardián —le contestó con una sonrisa preocupada.
—Pero Sasuke debería saber...
—¡No! —Temari soltó un largo suspiro—. Te aconsejo que no le digas nada de lo que te he contado. Estoy llegando a mi meta y él sería un impedimento. Saku, voy a escribir una carta. ¿Podrás entregársela a Lady Saory?
—¡No, por favor, Temari! No quiero buscarme ningún lío con Uchiha. Lo amo y pensará que estoy traicionándolo.
—¿Y tu familia, Sakura? ¿No deseas que sea vengada? No estoy pidiéndote que me acompañes, pero necesito tu ayuda para llegar a cumplir mi cometido. Nuestro cometido.
Sakura se mordió el labio inferior, asustada. ¿Y si Sasuke se daba cuenta? ¿Podría considerarse eso como alta traición a la corona?
Temari era su hermana, sangre de su sangre. No podía hacerla a un lado como si nada hubiera ocurrido.
Se pasó las manos por la frente. Estaba sudando del terror que la embargaba. ¿Sería capaz de utilizar la compañía de Sasuke para entregar esa dichosa carta a Saory Namikaze?
