Capítulo 28


Sakura siguió en silencio a la doncella. Conocer al rey la sorprendió gratamente, en ningún momento lo había imaginado tan cercano e incluso familiar. Con eso no quería decir que lo apreciara o admirara, pero John le había caído bien.

Subieron hasta la segunda planta, recorrieron un largo y ancho pasillo sumido en las sombras que provocaban las antorchas prendidas en las frías paredes, y penetraron en una de las estancias.

Observó la habitación soltando un suspiro de satisfacción. Llevaba tantos días viajando y moviéndose de un lado a otro, que ahora se daba cuenta de todo el descanso que necesitaba.

Lastimosamente, no podía ser en ese momento.

—Regreso ahora mismo. ¿Un poco de agua? —le ofreció la sirvienta con una sonrisa amable.

—Sí, gracias.

Sakura vio salir a la joven, y caminó con paso decidido hacia la chimenea. Las lenguas de fuego danzaban con todo su fulgor en el hogar de piedra, soltando chispas que caían en forma de ceniza, haciendo crepitar la madera.

En las gruesas paredes, los candelabros inundaban la habitación con una cálida luz que oscilaba suavemente.

La cama, en el centro de la sala, era un lecho gigante de cuatro postes, con pesados tapices dorados y colcha de brillante seda.

Sakura clavó los ojos en el fuego de la chimenea y fue relajando poco a poco los nervios, que seguían aferrándose a ella con fuerza. Su mente se hallaba sumida en una guerra personal: por un lado Sasuke, por otro Temari. ¿Por quién se decantaba?

Jadeó nerviosa y miró hacia la puerta. La sierva no tardaría en regresar. Ella tenía que tomar una decisión. ¿Qué hacer?

Con rapidez buscó la carta entre sus ropas.

La puerta se abrió y ella se giró, ocultando la misiva tras la falda. Se le escapó una exclamación de alivio al reconocer a su hermana caminando hacia ella. Había estado a punto de deshacerse de su nota, quemándola en el fuego.

—¡Temari! ¿Qué haces aquí? —Su corazón continuaba latiendo, acelerado.

—No te preocupes, Sakura, no pasa nada. Dame la carta. —dijo la otra con prisas.

—¿Qué piensas hacer? —Se la tendió con manos temblorosas.

Temari parecía muy segura de sí misma cuando arrojó la nota al fuego. Por unos segundos el papel brilló en ascuas antes de ser tragado por las envolventes llamas.

—No entiendo nada, Temari —imploró Sakura al borde la histeria, incluso soltó una risilla cuando el papel se redujo a cenizas.

—Hablé con tu hombre. —Los ojos duros de Temari se clavaron con fijeza en los suyos—. Parece buena persona. ¿Lo es?

—Lo es —asintió Sakura. Puede que no estuviera segura de muchas cosas, pero sobre Sasuke no tenía duda ninguna—. Daría mi vida por él, y estoy segura de que él haría lo mismo por mí. —«Aunque sólo fuera por honor», pensó con un poco de amargura—. ¿Dices que hablaste con él? ¿Cuándo? —preguntó Sakura, perdiendo el color de repente. ¿Sabría Sasuke de sus intenciones?

—En la posada. Yo al principio pensé que era alguien que quería aprovecharse, ya sabes. —Se encogió de hombros—. No es que vengan a la posada muchos de ellos, pero siempre tiene que haber el típico...

—Vamos, Temari. ¿Qué pasó? ¿Qué te dijo? ¡Hija, te lías a hablar y luego no sé de qué estamos conversando!

Temari observó a su hermana pequeña con adoración y la abrazó efusivamente.

—Te pareces tanto a madre... —Se apartó para estudiar a Sakura, y como si de repente hubiera recordado de qué estaban hablando continuó—: Creí que ¿Uchiha? era uno de esos aprovechados, pero en cuanto me metió en su dormitorio...

—¿Qué? —Los ojos de Sakura brillaron, furiosos, hasta que Temari se echó a reír.

—Me dejó muy claro que no quería nada conmigo. —Sakura respiró más serena y se sentó sobre un largo arcón de madera cubierto por cojines.

—¿Le dijiste quién eres?

—Él pareció intuirlo, además me dio un poco de miedo. ¿No te da miedo que sea tan grande?

—Padre también lo era —Sakura se encogió de hombros—, sigue. ¿Qué pasó después?

Temari se situó frente a ella, observándola con una sonrisa. No podía sentirse más feliz desde que descubriera que su hermana vivía.

—Uchiha ha hecho un pacto conmigo.

—¡No me digas! —contestó Sakura, haciéndose la entusiasmada—. ¡Te ha dicho que cuando tengas pruebas actúes! ¿Verdad? —En el fondo, no le gustó que Sasuke y su hermana mayor hubieran estado hablando a sus espaldas.

Temari la miró, frunciendo el ceño, y soltando un suspiro se sentó al lado de Sakura. No entendió el leve tono cínico que envolvió sus palabras.

—No. A ver, ¿por dónde empiezo? —Hizo una pausa, sospesando lo que iba a decir, decidiendo la manera más fácil para que Sakura pudiera entenderla—. Su alteza, Saory, va a viajar en breve a las tierras de Surrey y los acompañará el conde de Norfolk. ¿Sabías que Atsui y la esposa de Namikaze son amantes?

—¿Atsui? —Sakura negó con la cabeza—. ¿Quién es? ¿El conde de Norfolk?

—Sí. Pues voy a hacerme pasar por su sierva mientras esté en Surrey, y voy a sacarle toda la información que pueda. Voy a buscarle esas pruebas a tu hombre.

—¡Ahí! ¡Bien! Bravo por ti, hermana, vas a meterte en la boca del lobo y encima Sasuke va a ayudarte a cometer esa locura. —Sakura se puso en pie y paseó con disgusto sobre una gruesa alfombra que lucía frente a la chimenea—. Él no es tan irresponsable como para permitirte algo así. —Negó con la cabeza—. Además, ¿cómo vas a hacer para ser la sirvienta? ¿No te ha dicho Sasuke que ya no necesita esas pruebas? Han intentado matarlo...

Temari la interrumpió:

—Uchiha hablará con Atsui. ¿No ves que ese hombre odia a Surrey? Es una buena forma de desquitarse, ¿no crees?

—¿Y si Nagato Uzumaki visita la casa? Te reconocerá enseguida.

—Me esconderé.

—¡Es una locura! —Sakura miró a Temari y pudo leer la determinación en la curva de su mentón—. Voy hablar con Sasuke. No voy a dejar que...

—Tu hombre no tenía elección, Sakura. Lo puse entre la espada y la pared. —De repente Temari se sintió incomoda—. Le dije que te convencería para que rehusaras casarte con él. Que te vendrías conmigo sin dudarlo.

—¿Y él te creyó? —Sakura se sorprendió.

—Puede que no quisiera arriesgarse. —Temari hizo una pausa—. De todos modos, tampoco me voy de rositas. He aceptado que tu hombre me mande refuerzos, un tal Naruto se hará pasar por mi esposo y, a su vez, se encargará de los caballos del conde de Norfolk.

—¡Naruto! —Sakura frunció los labios con una divertida mueca.

—¿Qué pasa? ¿Es viejo?

—¡Es tan grande como Sasuke! —Soltó una carcajada cuando Temari bizqueó con horror. Su prometido apenas había sido unas pulgadas más alto que ella; además, a Temari siempre le había gustado llevar las riendas de la situación en todo, y con el gigante no pareciera que eso fuera a ser posible—. Pero no hacen falta esas pruebas.

—Uchiha no puede tomarse la justicia con libertad. Namikaze tendrá un juicio ecuánime. Y el tal Naruto y yo lo vamos a llevar ante el magistrado.

—¿Sabe Sasuke que Namikaze no es más que una marioneta? ¿Matarás a Sir Nagato?

Temari asintió con firmeza:

—Ese hombre pagará por la muerte de padre, de mi prometido, de nuestros hombres, familias, primos... —agitó la cabeza—. Lo juré en su día... Tu hombre no sabe nada de Nagato —agitó la melena—. Ni siquiera se lo he comentado.

—Yo también lo juré, Temari. Desde que ocurrió aquello, no podía dejar de pensar en otra cosa que no fuera la venganza —Sakura se pasó la lengua por los labios—. ¿Y qué haces aquí? ¿Cómo has llegado?

—¿No lo sabes? —La muchacha sonrió, divertida—. Soy vuestra sierva. Trabajo para Uchiha hasta que me marche con Atsui y su excelencia, Saory.

—¿Para Sasuke? ¿El mismo que sabe que iba a entregar una carta a su alteza, ni más ni menos? —preguntó ella. ¿Con qué cara iba a mirarlo ahora?

Los chispeantes ojos de Temari brillaron.

—Traté de que no se enfadara mucho contigo.

—¿Y lo conseguiste? ¿O es mejor que salga corriendo en cuanto lo vea?

—No tendrías a dónde ir, mujer —respondió Sasuke con tono amenazante y duro semblante.

Sakura se giró sorprendida por su interrupción. Ninguna de las dos lo había oído llegar. ¿Cuánto tiempo llevaba allí?

—Sasuke —comenzó Sakura, mirando de reojo a su hermana por si ésta quería tenderla una mano. Temari había bajado sumisamente la mirada para no enfrentar al hombre—. Estaba dudando si contártelo o...

—No importa, Sakura. —El hombre caminó hacia ellas con paso lento—. Es mejor que no digas nada.

—¡Pero yo quiero decírtelo!

—¿Por qué ahora? ¿Por qué no antes? —Sasuke levantó la voz, sorprendiéndola—. Has tenido mucho tiempo mientras llegábamos hasta aquí. ¿Por qué ahora? —Repitió con enfado—. ¿Porque te he descubierto?

—No —negó ella, tragando saliva—. Sí —admitió con un hilo de voz. Los ojos de Sasuke le hacían daño al ver la desconfianza que ella misma había creado, y su mirada acusadora era más de lo que podía soportar—. Por favor, Sasuke. Comprendo que estés enfadado conmigo...

—Sí, lo comprendes —repitió él—. Temari, por favor, ¿podrías marcharte?

—Sí, sí, claro —respondió la muchacha, deseando abandonar la habitación—. Sakura, ¿me marcho?

Durante unos minutos el silencio se hizo tan tenso que parecía tocarse.

Sasuke se giró hacia Temari y Sakura se interpuso entre ambos.

—Vete, hermana. Ya hablaremos más tarde. —Se volvió hacia Sasuke cuando Temari salió de la recámara.

Sakura miraba con atención al hombre, esperaba que él dijera algo más, sin embargo Sasuke se detuvo ante el fuego y se quedó absortó observando las llamas.

—Perdóname, Sasuke —rogó Sakura con voz temblorosa. Se había comportado como una estúpida—. No sabía qué hacer ni cómo actuar. Ella es mi hermana y la amo. Me sentí en la obligación de ayudarla. —Caminó hacia Sasuke, buscando sus ojos distantes. Sabía que la estaba escuchando aunque no quisiera mirarla—. Tenía miedo de hacerte daño. Debes creerme.

Sasuke intentaba resolver el gran conflicto que pugnaba en su interior. No quería ver a la joven así, ni hacerla sentir culpable. Pero él no era ningún tonto al que pudieran engañar con facilidad. Mucho menos el peligro que Sakura, en su afán por ayudar o proteger a su hermana, podía haber causado. No sólo para ella, sino para él mismo por ser el responsable de llevarla ante el rey.

—¿Por qué debo hacerlo? ¿Por qué debo creerte? —preguntó, clavando por fin sus acerados ojos negros en ella. Su rostro era frío, impasible, peligroso. Nunca lo había visto así. Su enorme cuerpo se hallaba tenso; su apostura, regia, severa. Hermoso. Viril.

El tiempo pareció detenerse en aquel momento.

—Porque te amo —respondió Sakura con rapidez. ¿Él la creería o pensaría que no era más que una treta para salir airosa de la situación?

Sasuke no se movió. Tan sólo apretó los puños contra sus caderas. Aquél fue el único gesto que escapó a su control.

—¿Puedo creerte, Sakura? ¿Puedo confiar en ti? —su voz le hizo daño. Sus ojos la atravesaron sin clemencia, culpabilizándola de algo que no había llegado hacer. El brillo oscuro se hundía en su pecho como una fría espada del mejor acero.

Ella trató de no llorar. La desconfianza era latente y se maldijo. Las preguntas de Sasuke no eran injustificadas.

Las traicioneras lágrimas se acumularon es sus cuencas, y los ojos esmeralda brillaron acuosos bajo el fruncido ceño de Sasuke.

—Te amo, Sasuke Uchiha —repitió a un paso del llanto—. Te juro que nunca más... volveré a esconderte nada —ahogó un sollozo, mordiéndose los nudillos de una mano.

Sasuke estiró su brazo, aferró los cortos cabellos rosas, y con fuerza la atrajo hacia él. No la dejó volver a decir nada, tan sólo la besó, saboreando su aliento, bebiéndose las saladas lágrimas que bañaban sus mejillas.

La besó con ansia, extasiado en su belleza. Había dicho que lo amaba. ¿Era cierto?

—Repítelo, Sakura —le susurró. Estaban boca contra boca. Ella atinó a abrir los ojos y mirarlo como si hubiera perdido el hilo de la conversación. ¡Qué fácil era olvidarse de todo estando entre los brazos del ser amado!—. Vuélvelo a decir, mi amor —sus labios se posaron en el lóbulo de su oreja—. Dime que me amas tanto como yo te amo a ti.

La voz sensual y provocativa de Sasuke se escuchó, sedosa y aterciopelada, junto a su oído.

Sakura dejó de respirar y le rodeó el cuello con ambos brazos. Quiso leer en la oscura mirada del hombre, indagar en su mente, rebuscar en su corazón. ¡La amaba! Sasuke Uchiha, señor de Noun Untouchable la amaba. Quiso reír de puro deleite.

—Te amo —repitió Sasuke, afirmándolo nuevamente, al tiempo que volvía a apoderarse de su boca.

Era tan dulce el aliento de Sasuke, tan suave el cosquilleo de sus labios, tan cálido el calor de sus manos cuando comenzaron a desabotonar el vestido, que Sakura se dejó llevar.

Ninguno de los dos fue consciente de que Temari regresaba con nuevos bríos, dispuesta a amenazar a Uchiha si hacía daño a Sakura. La joven se quedó parada, de súbito, y se escabulló como alma que lleva el diablo cuando vio a la pareja devorándose las bocas con ansia. Al menos ya no discutían por su culpa.

Sakura fue depositada en el centro de la enorme cama. Sentía los labios de Sasuke sobre sus parpados cerrados, sobre la nariz, el mentón... Gimió cuando Sasuke se hundió en su cuello, lamiendo la piel donde el pulso latía a galope tendido.