Capítulo 29
Sakura no quiso que Sasuke abandonara sus labios, y medio se incorporó tras él sin permitir que dejara de besarla. Sus brazos rodeaban el cuello masculino y sus manos jugaron con los cabellos negros. Él, presuroso por soltarse el broche del plaid, tiró con tanta fuerza que su puño por poco la golpeó en el mentón. En aquel momento supo que debía tranquilizarse. Ella era pequeña en comparación con él, y no quería hacerle daño. Sakura era lo mejor que le había pasado en la vida. Nunca había pensado que cuando se enamorara pudiera ser así. No sólo la hermosura de la muchacha lo había atrapado desde el primer instante. El brillo de los ojos verdes y grandes, con la tierna expresión de la inocencia; los labios de fresa, ahora ligeramente hinchados por sus besos; el largo cuello, la delgada línea del mentón que lo volvía loco de deseo. Su cuerpo, sus piernas, toda ella le pertenecía.
Sakura no era cualquier otra. No se parecía a nadie que él hubiera conocido. Encantadora, modosa, valiente y terca como una mula. Una dama bien criada y preparada para llevar su señorío. Nunca hubiera podido elegir a nadie mejor que ella, imposible porque Sakura era única y auténtica.
Sus manos necesitaban acariciarla, masajearla, hacerle sentir que la amaba con cada caricia, con cada contacto, con cada roce.
Sakura se sentó sobre los talones cuando el hombre se deshizo de su boca con una leve excusa. Lo miró con una sonrisa tentadora mientras Sasuke terminaba de quitarse la camisa. Un calor abrasivo subió a sus mejillas al admirar el perfecto cuerpo. El ancho pecho, brillando dorado bajo los candelabros, los fuertes músculos de sus brazos, la estrecha cintura y el vientre liso. Piernas atléticas, fuertes y largas, donde el reflejo de las llamas del hogar acariciaba su piel. Y aquella parte de su anatomía que parecía saludarla con orgullo.
Sasuke se detuvo ante ella, dejándose observar. Le encantaba cuando Sakura hacía eso, porque podía leer en sus ojos las distintas emociones: admiración, sorpresa. O aquel rubor que teñía sus mejillas como en aquel momento.
Volvió a dejarse caer sobre las delicadas formas, con cuidado, y atrapó su boca en un largo y húmedo beso. Las sensaciones estaban a flor de piel, y la pasión caldeaba la habitación. Levantó la cabeza y miró la cama con una sonrisa traviesa.
—¿Qué ocurre? —ronroneó ella, rozándole el rostro con sus dedos.
—Es la primera vez que retozamos en una cama, mujer.
Los ojos verdes de Sakura brillaron traviesos.
—Que yo sepa, aún no, mi señor. Al menos... de momento. —Lo atrajo de nuevo hacia ella. Casi no podía hablar, los labios de Sasuke la extasiaban, le interrumpía tanto las palabras como el pensamiento. Las manos masculinas la hacían vibrar. Tan pronto las sentía en sus piernas, como de repente se hallaban en su cintura, o agasajando los pequeños senos de piel marfileña.
—Eres muy hermosa —le susurró, mordisqueándole el lóbulo de la oreja.
Sakura tembló y su piel se erizó bajo las caricias, las ansias crecieron como si el fuego lento en que se cocinaban acabara de entrar en ebullición.
Perdiendo la vergüenza, cubierta por el cuerpo del gigante, le rogó, le suplicó que la poseyera. Necesitaba sentirlo dentro, quería que la llenara con su calor, que la llevara a navegar entre las asombrosas sensaciones que su cuerpo, sus manos, su boca, la hacían sentir.
Sasuke obedeció. La joven estaba preparada para recibirlo y levantó sus caderas, ofreciéndole más cavidad, notándolo resbalar dentro de ella.
Ambos danzaron con la música que les marcó el corazón, primero despacio, y después desesperados; eufóricos por alcanzar el clímax de la pasión. Gimieron temblorosos cuando descendieron al mundo de los vivos. Aún sin poder despegarse el uno del otro, se quedaron abrazados, sintiendo el galopar de sus corazones con las respiraciones jadeantes.
Unos minutos más tarde Sasuke soltó un fuerte suspiro y rodó sobre la cama, hasta quedar de pie en el suelo. Observó a la muchacha, que se estiró lánguidamente y le sonrió.
—¿Por qué te vas tan pronto? —le preguntó, estirando los brazos hacia él como si pretendiera alcanzarlo.
Sasuke la miró, perdido en su blanca desnudez, arrobado por la belleza de esbeltos miembros que descansaba sobre el colchón sin ningún pudor, exceptuando el tono rosa de sus mejillas. Abrumado por la ternura y el cariño que le provocaba.
—Esta noche te prometo que tendremos más tiempo para esto —se inclinó y hundió su lengua en el ombligo de la joven. Ella gimió, alterada, y agarró la cabeza de Sasuke entre sus manos.
—¿Por qué no ahora, otra vez? —jadeó entre suspiros.
—Porque nos esperan para la cena.
—¿La cena? —Sakura se incorporó con la ayuda de la mano tendida de Sasuke—. Se me había olvidado por completo.
Sasuke sonrió satisfecho, y volvió a besarla en los labios largamente antes de centrarse en buscar sus ropas.
—No hay mucha prisa tampoco —dijo él—, con la noticia que John ha recibido, no creo que le queden muchas ganas de llevarse algo a la boca.
Sakura se enfundó el vestido y le mostró la espalda para que la ayudara con los diminutos botones.
—Es normal, pobre hombre. No es agradable saber que sus vasallos se niegan a enviar los ejércitos a Eduardo.
Sasuke levantó sus ojos negros hacia ella con asombro.
—¿Cómo has dicho?
Sakura enrojeció de repente. Quizá había metido la pata y sus conjeturas no tenían nada que ver con la misión de Sasuke.
—Pensé que era eso lo que venías a decirle a John.
—Pero ¿tú cómo lo sabes? —Su rostro seguía anonadado.
—El día que se casaron Konan y Yahico. Me lo comentó Namikaze. Estaba furioso.
—No me extraña —musitó Sasuke—, creo que ese hombre tiene la boca muy grande.
—Hablando de bocas grandes, ¿qué es eso de que Temari va a alojarse en su casa? No conoces a mi hermana, es un poco impulsiva.
—Como tú. —Sasuke suspiró y terminó de colocarse el broche—. Sois dos locas taradas que no pensáis en las consecuencias. —Se volvió hacia la joven, ahora con el rostro más serio—. Es muy peligroso lo que te proponía, Sakura. Comprendo que quisieras ayudar a tu hermana, pero, de ahora en adelante, por favor te lo pido, si tienes dudas, problemas o cualquier cosa, dímelo. —La cogió de un brazo y la acercó a él hasta que ella levantó la vista hacia sus ojos negros—. ¿Lo harás, Sakura?
Ella volvió a rodearlo con los brazos y se aplastó con fuerza contra su pecho.
—Te lo prometo, Sasuke —le susurró con las mejillas encarnadas. Se sentía como si aquella advertencia fuera para regañarla, aunque bien sabía que no era así—. Pero ¿qué va a pasar con Temari? Además, ¿has pensado que Namikaze conoce a Naruto?
—Sí. —Sasuke la apartó y se sentó sobre el colchón para colocarse las suelas—. Como mozo de cuadra, no tiene por qué toparse con Surrey. Pero si lo hace, cogerá a tu hermana y saldrá de allí.
—¿Confías en él? —le preguntó, interesada. Después de todo, Naruto iba a pasar largo tiempo con Temari—. Mi hermana tiene un carácter más bien... fuerte.
—Ya lo sé —admitió Sasuke, terminando de ponerse el cinturón—, trató de clavarme un puñal cuando pretendía hablar con ella.
—¿Pretendías? Temari me dijo que la arrastraste hasta la habitación.
Sasuke se rascó detrás de la oreja, pensativo.
—Ah, sí, eso también. —Se levantó y caminó hasta ella, que había comenzado a pasarse un cepillo sobre sus cabellos—. Naruto es un buen hombre. Puede que un poco bruto. Sabrá apañárselas con tu hermana. ¿Estás lista?
—Creo que sí —contestó ella, enredando un dedo en su corta melena—. ¿Cómo me ves?
Sasuke la estudió de arriba abajo y se encogió de hombros.
—Como siempre, venga, vamos. —Le tomó la mano.
—¡Mira que eres bruto! —le contestó ella, contrariada.
Sasuke arqueó las cejas, interrogante:
—¿Por qué lo dices?
—Podrías decirme si estoy bonita, o guapa. —Él la estrechó de nuevo entre sus brazos y la besó, silenciándola. Luego apartó el rostro y la miró fijamente.
—Pero tú ya sabes que estás preciosa, ¿no?
Ella enrojeció y le dio el último beso antes de terminar de estirarse las largas faldas.
—Me gusta que me lo digas —admitió—. Por cierto, ¿cómo ha reaccionado John?
—No tiene más remedio que estar de acuerdo.
—¿Está a favor? —preguntó, extrañada—. Pero Eduardo tomará represalias contra él en primera instancia.
—Tarde o temprano se habría roto el pacto. John no es tonto y sabe que cada día que pasa este sajón está más encima de nosotros. Por algún lado debía romperse el saco.
—Pero eso puede provocar una guerra ¿no? —Lo miró, asustada—. ¿Tú deberás ir?
—No pienso hablar de eso ahora, mujer. Si estas lista ya... —Se giró para esperarla en la puerta. De nuevo, había sacado su carácter rudo.
Soltando un suspiro, Sakura lo siguió.
La cena se celebró en los grandes comedores de Brodick.
En la enorme sala cuadrada, cubierta de escudos y estandartes, tres largas mesas colocadas en forma de U se hallaban repletas de ricos y jugosos manjares. La mayoría de los presentes vestía calzas y cotas: las típicas vestiduras sajonas. Incluso Sasuke llevaba una larga capa sobre el plaid, símbolo de señor y guardián.
John revoloteó por allí durante unos minutos, pero desapareció pronto sin ánimo de entablar conversación ninguna.
Saory resultó ser una mujer encantadora, que en nada se parecía a su desalmado hermano. Era grácil y bella, además de amable. Si a Sakura la había sorprendido John, Saory la dejó estupefacta. Hablaron largamente de viejas costumbres y nuevas tendencias. Saory parecía saber y entender de todo, por eso cuando le nombró a Temari con un ligero guiño de ojos, Sakura estuvo a un tris de desmayarse.
—¡Por supuesto sé quién es vuestra hermana y lo que busca! Y no debéis preocuparos por ella porque estará conmigo o con Atsui de Norfolk —bajó la voz cuando algunos siervos se acercaron a servirles vino—. Lo que no puedo explicarme es por qué vos y Uchiha no os habéis casado todavía. No está bien que viajéis juntos de un lado para otro.
—Siempre hemos estado acompañados —respondió Sakura con las mejillas encendidas. Su afirmación no era del todo mentira, pues Kabuto aún seguía por allí en la ciudad, acompañándolos, aunque fuera de lejos. Saory había sonreído pero no había vuelto a insistir.
—¿Y cuándo regresáis a vuestro hogar?
—No lo sé —contestó Sakura—, supongo que pronto.
—Espero que volváis a visitarnos en otra ocasión. La próxima vez que venga Lord Uchiha. —Saory se retiró con una disculpa, deseando reunirse con John.
Sakura también se acercó a Sasuke. Éste conversaba con varios hombres, y aunque la vio continuó escuchando la interesante charla de un hombre obeso que cada vez que reía, agitaba su cuerpo y derramaba el vino de su copa.
Un poco aburrida, recorrió con la vista las dependencias hasta descubrir a Temari junto a los siervos. Se disculpó con Uchiha y los demás invitados, que en ese momento estaban por ahí, y abandonó el lugar seguida de su hermana.
Tenían muchas cosas de qué hablar y conversar antes de volver a separarse nuevamente.
Durante los siguientes días, Sakura y Sasuke siguieron siendo los invitados de John de Escocia, aunque no vieron al hombre muy de seguido; siempre estaba ocupado con asuntos de estado u otras preocupaciones.
A ojos vista, Sakura compartía dormitorio con su supuesta sierva. Sin embargo, en las noches Sasuke echaba a la muchacha fuera de la recámara, enviándola a la suya; de ese modo la cama de Sakura fue testigo de las múltiples posiciones que un hombre y una mujer pueden llegar a adoptar al hacer el amor.
El cuarto día se presentó el reverendo Miller por orden de Saory, y Sakura se casó con Sasuke en el altar del castillo.
Situada entre John y Uchiha, se sintió realmente pequeña. Escuchó al sacerdote con una emoción especial. Podía sentir tras ella a Saory, a su excelencia y a varias damas de la corte, así como a otras personas que se alojaban en el castillo y que, curiosas, se habían acercado a presenciar el acontecimiento.
Fue una ceremonia más bien íntima, pero que tuvo su celebración en el gran salón real de palacio.
—¿Feliz, Lady Uchiha? —preguntó Sasuke, entrelazando los dedos con los de ella al girar en el salón, siguiendo el paso de los demás asistentes.
La música sonaba con fuerza y las gaitas se dejaban oír por todo Brodick, retumbando en los gruesos muros de piedra.
Sakura hizo la reverencia que el baile exigía y dio una vuelta alrededor de él. Volvió a inclinarse de nuevo y esperó a que esta vez fuera él quien la imitara.
—Estoy muy feliz, mi señor, aunque tenéis razón y debemos celebrarlo con tu familia también. Estoy deseando conocerlos. De verdad que todo esto ha sido idea de Saory y de mi hermana. No veían bien... ya sabéis.
—Lo sé. —A Sasuke no pareció molestarle cuando el mismo John le sugirió que terminaran de hacer el viaje bendecidos ante los ojos de Dios. Sakura era suya.
Un hombre alto y de figura desgarbada se acercó a ellos para felicitarlos. Se abrazó efusivamente a Sasuke.
—¡Dios! Vengo pensando que has muerto y te encuentro aquí, celebrando tus esponsales. De lo único que se habla es de tu muerte —insistió el hombre.
—Eso intentaron —explicó Sasuke—. Itachi, déjame que te presente a la belleza que ha cautivado mi corazón. Sakura Uchiha, mi esposa.
El hombre le sonrió con amabilidad y la besó en los nudillos con delicadeza.
—Es un placer, mi señora. Mi nombre es Itachi Uchiha, lo que nos convierte en cuñados.
Sakura se sorprendió y trató de sonreírle con serenidad. Itachi era más joven que Sasuke. Itachi era muy guapo, altivo y de porte orgulloso.
—El placer es mío —saludó Sakura, repentinamente nerviosa.
—¿Y qué haces tú aquí? —Sasuke pasó un brazo sobre los hombros de su hermano, y el otro sobre los de Sakura al tiempo que los dirigía a ambos hacia un lugar más apartado.
—¡Venía a vengar tu muerte! Quería el permiso de John antes de cortarle la garganta a Namikaze.
—Parece que todos sentimos un amor especial por ese hombre —rio Sakura, estudiando a Itachi. Decididamente, le caía muy bien, sobre todo cuando veía el cariño que ambos hermanos se profesaban.
