Capítulo 31
Sasuke observó a su hombre, tratando de adivinar exactamente lo que pasaba por su mente.
Se encontraban en una sala pequeña, mal iluminada, y con olor a humedad. Varios retratos colgaban de las paredes con poses solemnes. Sobre la mesa lucían dos pesados candelabros de plata.
—¿Y bien?
Naruto soltó un suspiro exagerado y se dejó caer hacia atrás en la silla.
—De acuerdo.
—¿Lo has entendido todo?
—Vamos a ver, tengo que ir en una comitiva a las tierras de Surrey. Me haré pasar por el palafrenero de Atsui —se encogió de hombros—. Ese hombre no me cae tan mal —agregó, pensativo—. ¿Y cuándo esté allí? Surrey me conoce más que de sobra...
—Lo sé.
—Se dará cuenta de que vamos tras él.
—Así es.
—Ah. ¡Pues perfecto! —Naruto sonrió—. ¿Puedo acabar con él?
Distraídamente, Sasuke se acarició una de las trenzas que caían sobre un lado de su cabeza y clavó los ojos negros en su amigo.
—La clave de todo esto, Naruto, es saber quién está detrás de Surrey. Cuando acabaron con los Haruno —ya le había contado todo lo relacionado con el clan de su esposa—, descubrimos que Surrey estaba involucrado, pero no es el cabecilla, por eso no pudimos tomar las represalias necesarias. Sí, acabamos con algunos de los hombres que mataron a toda esa gente, pero nadie supo con exactitud quién había ordenado el asalto. Las incursiones han ido aumentando, y todas en zonas próximas a Inglaterra.
—¿Como si estuvieran despejando el camino? —inquirió.
Sasuke asintió, apretando los labios con fuerza.
—Tengo el presentimiento de que, con la muerte de Namikaze, no conseguiremos nada. Por eso necesito a uno de mis mejores...
—No empecemos, Sasuke, que me conozco el cuento. ¿Qué hago? Le saco el nombre como sea, ¿no?
—Así es. —Sasuke se puso en pie—. No me preguntes cómo, pero debes lograr averiguar quién es y llevarlo hasta las tierras de Surrey. Una vez allí... Preparas la emboscada.
Naruto volvió a enderezarse en la silla y sus ojos azules bailotearon, disfrutando de la imaginación.
—¿Estás hablando de asedio?
—A una señal tuya, Naruto, entraremos —le juró con aspereza—. No hablo de asedio, hablo de incursión; hablo de que destrozaremos las tierras de Namikaze y si, después de todo esto sigue vivo, tendrá que salir de Escocia con el rabo entre las piernas —mientras hablaba el tono de su voz implicaba una amenaza real.
—¡Vale! Me gusta la idea —le contestó Naruto con una enorme sonrisa, saboreando la victoria con anticipación.
—Tendrás... una especie... de ayuda —llegaba la parte difícil—. Una mujer, deseosa de tomarse la revancha con Surrey, te acompañará. Ella será una de las doncellas personales de su alteza Saory y... tu esposa.
—¿Mi esposa? —soltó una carcajada divertida—. ¡Que tú te hayas casado no significa que los demás queramos hacerlo! No, gracias.
—Sólo fingirá ser tu esposa.
—Creo que es una tontería lo de esa mujer —Naruto se encogió de hombros—, pero si tú lo deseas así, yo no tengo ningún problema. ¿Cuándo partimos?
—Mañana mismo.
—¡Ah, no! —Naruto se puso en pie, decepcionado—. Un par de días más, por lo menos.
—¿Por qué?
—Necesito... ir a la ciudad, enamorar a alguna furcia... Ya sabes, esas cosas que nos gustan a los hombres solteros —volvió a reír, divertido ante la mueca de Sasuke—; además, aún no te he contado lo que me quema la lengua. ¿Itachi no te dijo nada?
Sasuke se pasó la mano por la cabeza, con pereza caminó hacia una alta cómoda con puertas y sacó un botellón de whisky.
—¿Qué es? —le preguntó sobre el hombro, sirviendo el licor en ambos vasos.
Naruto estaba a punto de decírselo pero se quedó con la palabra en la boca. Desde luego, no era nada divertido lo que tenía que comentar, e imaginando la reacción de Sasuke prefirió callar. Quizá las cosas se habían exagerado, y cuando Uchiha regresara a casa, los rumores o lo que diablos fuera eso, ya habría cesado. Itachi haría algo.
—Déjalo —Naruto agitó la cabeza y aceptó la bebida que le entregaba—. Olvídalo.
—No voy a dejar que siga quemando tu lengua —respondió Sasuke, chocando su vaso con el de él.
Si Naruto sabía algo que Itachi no había querido ni comentarle, significaba que no era ninguna minucia para tomársela a broma.
—De acuerdo. Tú lo has querido. —Naruto tomó aliento con fuerza—. Cuando llegó la noticia de tu muerte, todos te lloramos. ¡Se armó un revuelo que ni te imaginas! Pero, por otro lado, te salió un heredero nuevo.
Sasuke lo miró con los ojos entrecerrados y el ceño fruncido.
—¿A qué te refieres?
—Kin ha ido contando a todo el mundo que está embarazada de ti y que lleva en su vientre al nuevo señor de Noun Untouchable.
—¿Cómo? —Los ojos negros de Sasuke se dilataron y Naruto se encogió de hombros.
—Como podrás imaginar, Sai ha puesto el grito en el cielo. No decidirá nada hasta que no regreses. Así están las cosas por allí. ¡Menos mal que estás con vida!
—¡Maldita sea! —Sasuke golpeó la mesa con el vaso, y parte del líquido se vertió sobre la madera—. ¡La muy zorra! Sakura tenía razón.
Naruto arqueó las cejas.
—¿Tu esposa lo sabía?
—Más o menos. Por lo visto, la misma Kin se lo dijo en Carrick.
—¿Y no la has castigado aún?
—No he vuelto a verla —siseó Sasuke, pensando en todas las maneras en que le gustaría acabar con la arpía de Kin—. Y Sai ¿qué ha dicho?
—Nada. Está descolocado. Espera tu regreso.
—¿Ves cómo no tienes tiempo, Naruto? Vas a tener que estar en abstinencia...
Naruto se bebió el vaso de un solo golpe y miró a Sasuke.
—Mañana a primera hora estaré aquí.
—¿Dónde vas?
—Ya te he dicho: Necesito a una mujer antes de enfrentarme a la muerte. ¿Quieres venir?
Sasuke sonrió, satisfecho, y negó con la cabeza. En sus ojos oscuros aún quedaban resquicios de la ira que acababa de sentir.
—Lo que tú buscas fuera, yo lo tengo aquí. —Escuchó los suaves golpes de la puerta, y Naruto que estaba a medio camino, fue quien abrió.
—¡Naruto! Me dijo Itachi que acababais de llegar —lo saludó Sakura, entrando por la puerta con su acostumbrado porte altivo—. Estábamos deseando que llegarais, ¿verdad? —Miró a su esposo con ojos risueños, y éste asintió con una sonrisa nerviosa. Aún pensaba en Kin y el tema del niño.
—Señora —Naruto abrió los ojos como platos al observarla—. ¿Y vuestro cabello? —Desvió los ojos hacia Uchiha y regresaron a ella con amabilidad—. Estáis... hermosa.
La joven se pasó la mano por la cabeza, revolviendo la melena.
—Nunca he llevado el pelo corto y quería saber cómo me quedaba —bromeaba. Tarde o temprano, todo el clan sabría al detalle lo ocurrido sobre el secuestro y el rescate de su laird.
Sasuke la rodeó por la espalda y la apretó contra su pecho cariñosamente.
—Se ponga lo que se ponga, siempre estará preciosa.
Sakura le dedicó una sonrisa tan cálida y especial, por encima del hombro, que Naruto tuvo que disculparse abruptamente. Necesitaba llegar a la ciudad, beber hasta perder el sentido y encontrar a una mujer dispuesta a pasar el rato más agradable de su vida. O al revés, primero la mujer y después el alcohol. Ya lo pensaría por el camino.
Sakura se giró hacia su esposo y le rodeó la cintura con los brazos.
—Creí que estarías contento de que Naruto ya hubiera llegado. ¿Qué te ha dicho?
—Nada. Hará el trabajo.
—¿Y de mi hermana? Cuidará de ella, ¿verdad?
Sakura lo miró, con la barbilla apoyada en su pecho, y sus ojos verdes tratando de leer en él.
Sasuke apartó a Kin de su mente y se apoderó de los labios femeninos que lo esperaban como agua de mayo.
—Cuidará de tu hermana —susurró contra sus labios—. ¿Dónde has estado toda la tarde, mujer? Te he echado de menos.
Sakura subió las manos hasta su cabeza y le acarició una mejilla con una mano, y con la otra jugó con los cabellos de la nuca.
—He aprendido que cuando estás encerrado en algún sitio, tu humor se vuelve desagradable —se encogió de hombros—, prefiero evitarte.
Sasuke la miró, bizqueando.
—¿Y lo dices así?
Ella soltó una carcajada burbujeante, cristalina, sincera. Asintió, divertida, con los ojos verdes llenos de risa.
—Anda, bésame y no te enfades —le dijo entre arrumacos y burlas.
Sakura se puso de puntillas para alcanzar mejor aquella boca cálida que la llevaba por igual al cielo que al infierno.
—Su excelencia quiere que sepáis que saldréis mañana temprano hacia las tierras de su pariente.
Temari dedicó una gran sonrisa a la dama que la informaba. ¡Por fin saldrían de allí! Eso sólo quería decir que el hombre de Sasuke había llegado. ¡Bien!
Estaba contenta porque el momento que tanto esperaba se iba acercando, pero la compañía de uno de esos guerreros lograba retraerla un poco.
Nunca le habían gustado los hombres grandes. Todos tenían aspecto de ser rudos y se aprovechaban de sus descomunales cuerpos para imponerse sobre los demás. Kizashi, su padre, fue el ejemplo más cercano que tuvo. A una voz de él, todos los Haruno, incluidos los niños, se ponían más tiesos que un palo. Con su sola presencia lograba amedrentar al más valiente y hacer que los demás, a su lado, parecieran insignificantes, pequeños.
Temari debía de estar acostumbrada a ver aquellos cuerpos, pero nunca la habían atraído. Mucho menos, después de que ocurriera la masacre en su hogar. Los hombres de Sir Nagato eran guerreros fuertes, tanto como los Uchiha.
Kizashi no sintió mucha simpatía por Shikamaru, el que fuera su prometido. Con el tiempo lograron llevarse bien y apreciarse, pero Kizashi, como padre que amaba a sus hijos, no confiaba mucho en que Shikamaru, con su cuerpo desgarbado y sólo unos centímetros de altura más que Temari, pudiera llegar a defenderla.
Ahora todo eso ya no importaba porque ni Shikamaru, ni Kizashi, ni sus parientes existían.
¡Bien! Saldrían al día siguiente.
Reprimió un poco la alegría para compartirla con la pena de tener que separarse de su hermana, una vez que bajaran de la barcaza. Pero Sakura le había prometido que en el día señalado estaría allí, junto a ella.
Por un lado lo estaba deseando, por otro casi ansiaba que Uchiha encerrara a Sakura en una torre hasta que todo hubiera pasado. Pero ¿quién era ella, aparte de su hermana mayor, para intentar obligarla a que se olvidara de todo?
Esa noche preparó las pocas pertenencias que se llevaría. Estaba tan nerviosa que se veía incapaz de conciliar el sueño. Teniendo un viaje tan largo por delante, decidió darse un baño; quizá así también le entraran las ganas de dormir.
En vez de mandar llenar una tina o preparársela ella misma, decidió coger una suave manta y pasear hasta la pequeña cala de Brodick. A esa hora era imposible que hubiera nadie por allí, y de paso se despejaría un poco, se permitiría pensar... Y se despediría de la isla de Arran, donde había pasado los últimos tres años trabajando en una de las posadas de la ciudad.
La luna brillaba con intensidad, reflejándose en las oscuras y tranquilas aguas saladas. Una pequeña brisa acarició sus cabellos cuando se deshizo la trenza.
Escuchó el suave siseo de las olas al romper en la orilla, sus crestas brillaban bajo la gran esfera, semejándolas a brillantes engarzados.
Los dedos desnudos de sus pies jugaron con la fina arena de plata.
La figura femenina de largos cabellos rubios era ajena a su presencia. Naruto la observó como en un sueño.
Desde allí, no podía ver más que la silueta de una mujer joven. El viento jugaba con sus cabellos, que caían por debajo de sus caderas.
Ahogó una exclamación y dejó de respirar cuando el vestido femenino cayó sobre las partículas de plata, y sus generosos pechos se delinearon ante su atenta mirada.
Incapaz de moverse, como un simple fisgón, vigiló los movimientos de la muchacha. La vio internarse en las frías aguas, saltar con gracia las pequeñas olas que rompían en la orilla, sumergir su vientre liso en las profundidades oscuras.
Un ramalazo de deseo atravesó su cuerpo como una flecha. Apartó el odre de vino, tirándolo sobre unas rocas. Se incorporó desde el suelo, y como si fuera el canto de una sirena, se acercó despacio a la orilla. Se detuvo abruptamente al divisar dos personas más que se acercaban hasta allí.
Naruto maldijo haber dejado su hacha en la posada. Dio varios pasos hacia atrás, ocultándose en las sombras.
De las dos figuras que habían aparecido, la forma de una mujer y un hombre vestido con plaid, caminaban despacio sobre unos pequeños montículos.
El hombre tomó asiento sobre una pequeña duna, a una distancia prudente de donde la joven sirena estaba bañándose. La mujer que lo acompañaba se inclinó sobre la cabeza del varón; Naruto no podía ver muy bien si estaban hablando o se besaban. La mujer giró, caminó hacia la orilla y también dejó caer su vestido sobre la playa. Se unió a la primera muchacha y ambas jugaron a salpicarse entre carcajadas. Naruto decidió que debía ir a buscar a la furcia cuanto antes.
No sólo porque las siluetas de aquellos cuerpos femeninos fueran perfectas, sino porque La señora de Noun Untouchable era la que se acababa de reunir con la sirena.
Sin hacer ruido, y tratando de pasar desapercibido, Naruto medio se arrastró hasta escapar de la vista de su laird.
