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Genero: ( Drama, Romance)
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Clasificación: ( 18)
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Advertencias de la historia: ( Esta historia puede llegar a ser perturbadora y muy fuerte, por lo que las personas de mentalidad cerrada y caracteres débiles deben abstenerse de leerla.)
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Advertencias del capitulo: ( Lenguaje obsceno, violación)
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Diclaimer: Naruto y sus personajes NO me pertenece
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Nota: Esta historia es completa y absolutamente MIA, y no es permitido tomarla sin mi autorización
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Resumen: "Usted me forzó" "No te forcé a que te mojaras, ni que gimieras… ni a que llegaras al orgasmo conmigo… yo no te forcé a que disfrutara mientras te la metía duro." Su cielo se volvió infierno y un ángel caído esta en él.
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HERIDAS DEL ALMA
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CAPÍTULO 1
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" Realidad dolorosa"
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Parada frente al espejo de su habitación, Sakura Haruno observaba su reflejo, donde una chica de cabellos rosados y ojos verdes le devolvía la mirada. Su atuendo, el uniforme del instituto Konoha, pulcramente alisado sobre su cuerpo. Sus manos intentaban arreglar las arrugas inexistentes en su falda, siempre obsesionada con la perfección de su vestimenta.
Con un suspiro, y dándose cuenta de lo tonto de su acción, agarró su mochila, cruzándola sobre su pecho antes de salir de la habitación.
Sus pies se movieron con rapidez sobre las escaleras, deslizándose con la facilidad de movimientos que le conferían los años. Una mirada a su reloj de mano y ahogó una maldición, preocupada por la hora.
Se encaminó hacia la cocina, acercándose al refrigerador y tomando una jarra con jugo de naranja, de la cual se sirvió posteriormente. Mientras tomaba su jugo y comía una de las galletas que guardaba en la alacena, su mirada vagó por la isla en su cocina, apenas aclarada por la luz de la mañana. Sus padres no habían despertado según parecía, lo cual era extraño pues usualmente estaban ya levantados desde muy temprano. Su trabajo era tan exigente que les mantenía en ello desde el comenzar del día, hasta muy de noche.
Los viajes eran constantes también. Rápidos y poco frecuentes mientras ella crecía, y largos y consecutivos cuando Sakura había aprendido a cuidarse por sí misma.
De hecho, ellos apenas habían vuelto una semana atrás por su cumpleaños, habiendo regresado de un largo viaje de tres meses. Era extraño tenerlos en casa para volver por las noches, las conversaciones en la mesa no eran tan amenas y ellos siempre estaban centrados en sus móviles actualizándose sobre su empresa en expansión, pero aun con todo, le hacía sentir feliz tener ahí.
Más como una chica normal debería sentirse.
Menos solitaria.
Mientras dejaba el vaso en la isla central, no pudo evitar observar hasta entonces, una nota con la perfecta caligrafía de su madre. Su corazón se aceleró e inevitablemente su mano tembló, extendiéndose. Todo empezó a tomar sentido incluso antes que leyera la nota, comprendiendo porque la casa volvía a sentirse fría.
Las palabras amables de su madre no suavizaron su dolor. Había una emergencia y debían partir inmediatamente. Sakura sonrió ligeramente, un nudo formándose en su garganta.
Vaya manera la que tenían ellos de despedirse.
Tanta frialdad.
El dolor en su pecho fue profundo. Otra vez sintiéndose abandonada, olvidada… no amada.
Negó con la cabeza intentando despegar aquellos pensamientos tan depresivos. Odiaba cuando el egoísmo podía con ella ¿Si sus padres eran felices, porque ella no?
Ellos amaban su trabajo más que nada y eso debería enorgullecerla. Limpio una lagrima traicionera pensando seriamente que no debía dejarse manejar por sentimientos negativos.
Dejó libre su mano derecha, notando hasta ese momento la manera en que presionaba la nota, haciendo de ella una bola. Un suspiro tembloroso escapó de sus labios. Dejó caer la nota al piso y acomodándose la mochila se dispuso a salir de la casa. Se aseguró de cerrar con llave antes de encaminarse hacia la estación de buses.
Sus padres continuamente le había ofrecido la compra de un auto para movilizarse. Sakura simplemente les había sonreído, ignorándoles la ultima vez que lo habían mencionado. No sabía conducir y ellos tendían a olvidar lo del auto y mencionarlo siempre como una idea del momento.
No es que odiara viajar en transporte público. La estación le quedaba a unas cuantas cuadras de la casa. Vivía en uno de los barrios más adinerados de Tokio por lo que las calles eran sanas. Sin embargo, el bus la dejaba a una buena distancia el colegio y tenía que caminar alrededor de veinte minutos para llegar.
Ella era una persona muy optimista. Con la madurez habiéndola alcanzado desde temprana edad y la poca calidez que le confería su solitaria casa, Sakura había aprendido a ver la vida con una sonrisa. Adiós a los malos sentimientos. Esos que continuamente la hacían pensar de manera deprimente.
Si veía las cosas buenas, lo malo de la vida jamás la tocaría.
Entonces con una sonrisa ella iniciaba su día.
Pensando seriamente en sus buenos amigos, se dispuso a bajar el bus en la parada y caminar hacia el colegio.
Tokio era una ciudad muy activa a toda hora del día, sin embargo, aquella parte de la ciudad no era muy concurrida. Aquellos eran siempre los veinte minutos más largos de su día mientras recorría esas cuadras solitarias y sombrías. Con el tiempo se había acostumbrado, más cuando ocasionalmente se encontraba a algún compañero e iban juntos. Lamentablemente aquel día, aunque era tarde en su horario usual, aún era temprano para llegar al colegio y la calle estaba más sola que nunca.
Intentó no cohibirse y se obligó a apresurar el paso. No fue hasta que un escalofrío recorrió su cuerpo que supo que había algo mal. El instinto desagradable de que alguien la observaba a sus espaldas le instaba a tener una mirada atrás, su corazón se había acelerado y el impulso de correr fue casi insoportable. Como un asustado conejo en presencia de un astuto zorro.
Inevitablemente volvió la mirada a su espalda solo para observar la solitaria calle. Tomando una profunda respiración, intentó ignorar el miedo mientras se acomodaba la mochila. Unos pocos pasos después, todo volvió a empezar, los vellos de su nuca erizándose. Ignorarlo fue más difícil en esta ocasión, peor aún cuando logró percibir unos pasos atrás suyo. Su respiración se aceleró, al igual que su caminar. Escuchó chasquidos, sus manos empezaron a sudar y poco después se encontró corriendo.
Faltaban varias cuadras para llegar al colegio. Había miedo puro en su corazón y no comprendía lo que sucedía con ella, solo necesitaba escapar. Una mirada asustada a su espalda y noto que dos chicos la seguía. Casi tropezó, recuperándose apenas y corriendo con más fuerzas. El viento se filtró entre sus cabellos, su rostro empezó a sudar.
–¡Oye! — gritó uno de ellos.
Sakura siguió corriendo. La mochila moviéndose ruidosamente a su espalda. La camisa pegándose a su torso. Su falda elevándose con sus pasos.
Frenética, empezó a buscar a su alrededor. Los locales estaban mayormente cerrados. No había nadie a la vista. Debía escapar.
Sorprendida, una mano se asió de su brazo con fuerza. Dedos fuertes, feroces, presionaron su piel. El pánico estalló. Apenas pudo jadear mientras era arrastrada a un desolado callejón. Los dos hombres parándose frente a ella para impedirle la salida. No eran muy mayores pudo notar aterrada, su edad rodando entre los veinte y veinticinco años.
–¡Preciosura! — susurró el más grande, un albino de ojos grises. Su respiración apenas alterada a pesar de que habían tenido que correr para alcanzarla.
–Yo.. yo…
–Nos hiciste correr — dijo el otro más delgado. De cabellos rubios y ojos negros. Llevaba ropas predominantemente oscuras.
Sakura no podía hablar, no podía siquiera respirar. El aire entraba a borbotones en sus pulmones necesitados. Estaba aterrada, miles de posibilidades catastróficas viniendo a su cabeza.
Con las manos temblorosas se quitó la mochila y la puso a sus pies poniéndose sobre sus temblorosas rodillas. Sus movimientos eran torpes mientras buscaba su dinero, sacándolo todo y extendiéndolo con los ojos llorosos. Intentó mantener una mirada baja, sumisa, negándose a ver sus rostros y que por ello quisieran lastimarla.
–¡Ohh mira! — el rubio se acercó tomando los billetes —. Me gusta esta perra — se burlo empezando a contar el dinero.
Sakura creyó ingenuamente que le dejaría ir.
–¡Maldición! Que duro estoy — dijo el otro con la voz gruesa. Sakura lo miró de reojo, levantándose rápidamente cuando lo observó acercarse.
–E-eso es todo lo que tengo — musitó temblorosa.
–No dulzura. Hay algo más que quiero — siguió acortando la distancia, obligándola a retroceder. Su espalda chocó contra la pared, haciendo que el aire escapara de sus pulmones.
–Mi, mi celular — tartamudeo buscándolo rápidamente.
–No — Sakura tembló cuando la mano de él se elevó a su rostro y un dedo acarició su barbilla. Se estremeció, asustada de muerte, y asqueada.
–Q-que…
Observó como el hombre se separa, pero antes de poder respirar con alivio, el otro se acercó tomándola del pelo con fuerza. Sakura gimió y dejó caer la mochila aterrorizada.
–Ahora servirás para algo productivo abriendo esas hermosas piernas — con fuerza la hizo alejarse de la pared y caminar unos pasos. Sakura casi tropezó, apenas respirando y empezando a sollozar. Sus palabras hundiéndose en su mente, lágrimas viniendo a sus ojos y el puro terror filtrándose en sus venas.
–No — susurro sin fuerza, sin voz.
–No hagas ruido, será peor para ti — dijo el rubio dando una mirada rápida al frente.
–Calma dulzura… Lo disfrutarás también, no te resistas — el otro se relamió los labios, sumamente excitado y ansioso. Sakura se estremeció terriblemente y el miedo sucumbió hasta la última célula de su delicado cuerpo.
Cuando el de mirada gris se acercó a ella, poniendo sus grandes manos en sus hombros, Sakura empezó a sollozar, paralizada.
–Así es preciosa… solamente nos divertiremos — expreso acercándose mas. La pelirrosa cerró los ojos con fuerza, cuando el aliento pesado de aquel sujeto pegó de lleno en su rostro. Las manos moviéndose a sus brazos, dejando un camino de estremecimientos de repulsión a su paso.
Sakura intentó alejarse, gritar. Lágrimas gruesas bajando por sus mejillas.
–No — masculló apenas.
–Shhh… — el rubio se acercó, su nariz rozando sus cabellos — Silencio pequeña perra.
Un beso se posó en su mejilla. Una barba insípida lastimando su delicada piel. Las nauseas fueron inevitables, la bilis subiendo por su garganta.
—¡No! ¡Aléjate! — gritó aterrada, empujando al hombre. Asqueada, empezó a restregar su mano en su mejilla tratando de quitar la sensación nauseabunda de aquellos labios en su piel.
–Cállate estúpida — asiéndola del cabello con más fuerza, el rubio empezó a zarandearla de su lado a otro. Sakura sintió como si su pelo fuera arrancado a tirones. Gimoteó, asustada y adolorida, llevando instintivamente las manos al agarre en su cabeza.
–¡Suéltame! — exclamó con voz chillona.
Bruscamente, fue impulsada hacia atrás, casi tropezando con sus propios pies. Su espalda chocó con fuerza contra la pared, el dolor extendiéndose hacia sus extremidades.
–¡Te dije que te callarás! — grito el rubio con agresividad.
Cerrando los ojos, Sakura reunió un momento de valentía, negándose a dejarse ultrajar sin dar pelea. Tomando con fuerza su propio cabello, volteó su cuerpo hacia aquel malnacido y levantó la rodilla intentando pegarle en un lugar vital, sin llegar a su objetivo pero asestándole un golpe en el estómago.
El tipo gimió, su agarre perdiendo fuerza y finalmente soltándola. Sakura apreció los segundos de liberación impulsándose a sí misma hacia la salida. No fue más de unos pasos lejos, antes de él otro sujeto la agarrara de la camisa y la empujara otra vez hacia la pared en un golpe seco, duro y doloroso.
–No quería que fuera de esta manera — susurro con falsa tristeza.
–Es una maldita perra… ¡La voy a matar! — el de ojos oscuros se acercó amenazante a ella.
–Todavía no — el más grande lo detuvo —. Te aseguro que tendrás tu momento — dijo empezando a acercarse a ella. Sakura empezó a temblar cuando le observó desabrochar el cinturón de su pantalón.
Cerró los ojos con fuerza, llorando inevitablemente. Su espalda dolía, sus piernas se sentían débiles y solo quería pensar que aquello no era más que una pesadilla.
–También lo disfrutarás — una mano acarició su cintura y Sakura entró en pánico.
–¡Ayuda! ¡Ayúdenme! — gritó con todas sus fuerzas, su garganta desgarrándose.
Una palma sucia se apoyó en su boca. Manos grotescas se apoyaron a sus brazos, bajando peligrosamente por su figura. Y Sakura se puso a llorar, grandes lagrimones derramándose de sus ojos y mojando su rostro.
Unos segundos después, todo desapareció. Se escucharon ruidos, gemidos y quejidos amortiguados.
Abriendo lentamente los ojos, sorprendida porque los hubiera cerrados, Sakura observó a los tipos que la había ultrajado, tirados en el piso, lloriqueando. Aturdida, volteó la mirada hacia una figura oscura. Su corazón latía apresurado, el alivio viniendo tan rápidamente que la mareó. Era su ayuda. Debía serlo.
Se apresuró a limpiarse los ojos nublados, intentando observar mejor a la persona que le había ayudado. Cuando quito la mano de sus ojos, lo primero que vio fue unos elegantes zapatos oscuros bien lustrados. Lentamente levantó la mirada hacia unos pantalones pulcramente planchados de color negro, apegados a una figura indudablemente masculina, seguida de una camisa azul oscura de botones y mangas largas. Una mano masculina fue extendida, Sakura la tomó temblorosamente, dudando sobre si confiar o no.
Cuando se sintió suspendida con suavidad y posteriormente aquel misterioso sujeto la guio hacia la salida cuidando de no tocarla para no infundir ninguna clase de temor en ella, Sakura empezó a sentir como el miedo retrocedía, no así la precaución. Intentó no desviar la mirada hacia los tipos que estaban tirados en el piso.
Cuando salieron del callejón, la luz del sol pareció iluminar todo. Sakura dejó que sus ojos se acostumbraran a la claridad.
Luego volteó lentamente, las piernas todavía temblorosas, para encontrarse de cara a cara con su salvador.
Y el mundo entero dejó de girar.
Era un ángel.
Sus cabellos y ojos negros. Su piel pálida. Sus facciones perfectas.
–Estás a salvo — declaró. Su voz suave, profunda, ronca.
–M-mi mo-chila — tartamudeo escuchándose débil, rota.
–La tengo… vamos — él hizo un movimiento hacia una camioneta negra que estaba frente al callejón. Sakura camino unos pasos, luego él abrió la puerta del copiloto y la instó a pasar, todo sin haberla tocado aún.
Ese pequeño gesto, el hecho de que tuviera especial cuidado en no asustarla fue el detonante de silenciosas lágrimas. Aquel hombre la había salvado, pero tenía tanto miedo ¿Era recomendable subir al auto? Miles de alarmas sonaban en su cabeza, alertas que antes no habían estado ahí.
–Yo te protejo — susurro él como si pudiera entender sus confusos pensamientos y quisiera calmar todos sus males.
Su ingenuidad la había llevado a aquella situación, pero se decidió a dar un paso hacia esa misma dirección y lentamente se deslizó en el asiento de cuero aterciopelado. El hombre extendió la mochila y ella la tomó con rapidez pegándola a su torso. Unos segundos después él montaba el auto y había arrancado.
El automóvil se movía suavemente por las calles. La radio sonaba acariciando sus oídos con música clásica, que aunque no conocía logró relajarla a tal punto que pronto pudo respirar con tranquilidad. Su cuerpo parando de temblar, las lágrimas manteniéndose a raya, el corazón latiendo con calma.
Poco a poco, su mente fue tomando orden, sus pensamientos centrándose mientras el aire acondicionado refrescaba su rostro antes caliente. Sakura suspiró con suavidad, bajando la mirada a su regazo donde acomodó su mochila sobre sus piernas. Se llevó las manos al rostro y limpio lo mejor que pudo todo rastro de lágrimas, luego se arregló un poco el cabello, intentando aplastarlo contra su cráneo pero sin decidirse a soltar su coleta.
Sintiéndose más presentable, se irguió en su asiento y dio una mirada de soslayo hacia el hombre que estaba a su lado. Se miraba imperturbable, con su vista fija a la carretera, una mano sobre el volante y una posición relajada en el asiento. Sakura volteó hacia el frente y unos pocos segundos después hacia él de nuevo, observó esa vez su perfil atractivo. Su serenidad lograba calmar algo profundo dentro suyo. Parecía una persona fuerte y dura, pero su consideración con ella tocó las fibras sensibles de su corazón.
La había salvado de un destino fatal.
¿Qué habría sido de ella si no hubiera llegado?
Miró sus dedos temblorosos, entrelazándolos entre sí. Estaba nerviosa y aún un poco alterada por el altercado. No quería presentarse al colegio así pero no podía faltar. La puntualidad era obligatoria en Konoha Highschool, los mandatarios se lo tomaban muy en serio y no sería extraño que incluso se tomaran la molestia de llamar a su mamá solo por ello. Tampoco quería hacer de aquel accidente un drama. Había sido horrible y pensar en la perspectiva de un final fatal lograba ponerle los pelos de punta, pero no quería pensar demasiado en ello. Llegó a la conclusión de que no se lo comentaría a nadie. Ni siquiera a sus amigos.
Ellos se preocuparían en vano, podrían comentarlo con alguien más y eso haría del asunto un problema. Ya podía imaginarse yendo a citas con la psicóloga escolar o teniendo a sus padres en casa solo porque debían estar ahí aunque su mente estuviera en otro lado.
Si bien era cierto que ahora no se sentiría cómoda viajando en autobús y caminando hacia el colegio, se las arreglaría de otra manera solo para volver a su independencia sin alterar su alrededor y con mayor seguridad.
Saliendo de sus pensamientos, noto como el vehículo se detenía frente a las puertas del colegio. El polarizado de las ventanas impedía a cualquiera que supiera quienes se encontraban dentro. Varios estudiantes llegaban ya siendo casi la hora de entrada.
–¿Como supo? — la pregunta escapó de sus labios en apenas un murmullo, mientras desviaba la mirada lentamente hacia el hombre a su lado.
–Tu uniforme — el la observaba, su mirada oscura bastante intensa pero no intimidatoria, observó como sus fosas nasales se ensanchaban mientras él aspiraba profundamente. Sakura sintió calor en las mejillas, avergonzada al pensar en que él pudiera creer que desconfiaba de su persona.
–Lo siento.
–Creo que las clases han iniciado — el timbre del colegio sonó fuerte y claro. Sakura se sobresaltó, solo un poco sorprendida por la hora.
–S-si.
–Y ten cuidado de ahora en adelante — el hombre la miró a los ojos logrando tocar su alma misma. Sakura sintió como sus ojos picaban y las lágrimas pugnaban por salir.
–Claro… muchas gracias — y con eso salió del auto y cerró.
Observó unos segundos la camioneta, solo para levantar la mano y despedirse antes de encaminarse hacia la entrada.
Antes de ingresar no pudo evitar detenerse y seguir con la mirada el vehículo que se perdió al doblar.
–Olvide preguntarle su nombre — susurro para sí misma.
Los pasillos estaban desiertos cuando ingresó al edificio. Sakura se dirigió con pasos apresurados hacia el baño de mujeres, temiendo que el rector la pudiera encontrar en los pasillos y preguntara por su pase para deambular. Los baños también estaban vacíos. La pelirrosa deslizó su mochila a un lado del lavamanos y se inclinó sobre el espejo. Era un desastre de pelo alborotado y rostro enrojecido. Se volvió a tomar el cabello en un moño desordenado y se lavó el rostro y cuello con delicadeza. Agradeció cuando el agua fresca tocó su piel y se apresuró a secarla. Los siguientes minutos se arregló un poco negándose a dar una imagen desarreglada a sus amigos, eso suscitaría más preguntas que su tardanza.
Con un poco de maquillaje, el cabello arreglado y el uniforme pulcro sobre su cuerpo, salió del baño.
Cuando entró a su salón todos sus compañeros estaban ahí. Aún no habían tocado para la primera clase por lo que no tuvo que enfrentarse a algún profesor molesto. Se apresuró a sentarse en su asiento usual recibiendo saludos y preguntas de sus mejores amigos, Ino Yamanaka y Naruto Uzumaki.
La excusa de su tardanza fue fácilmente ingeniada sobre el paso, comentándoles que sus padres habían recibido una llamada hasta esa mañana para partir por lo que tuvo que ayudarles a empacar. Ambos intentaron animarla diciéndole que todo estaría bien y que ella vivía el sueño de todo adolescente con una casa sola y sin padres estrictos fastidiando a su espalda. Las bromas continuaron y aunque alejaron sus pensamientos de todo lo que había pasado, Sakura aún se sentía un poco nerviosa.
Pocos minutos después, tocó el timbre. Todos se acomodaron en el asiento y esperaron a que la querida profesora Kurenai Sarutobi entrara. Era una mujer muy amada por su dulzura y tranquilidad, era divertida y hacía nada incómoda o aburrida la clase de educación sexual y anatomía humana. También era muy tierna con su panza a punto de explotar por su bebé de seis meses.
Para sorpresa de todos, cuando la puerta se abrió quien apareció ahí fue Tsukichi Meco, el joven director del colegio. De cabello naranja y ojos pardos, era un hombre agradable y tranquilo, aunque estricto y serio cuando el momento lo ameritaba.
Todos los estudiantes se sentaron derechos y correspondieron el saludo que les dirigió el hombre al ingresar.
—Vengo aquí porque les tengo una noticia. La profesora Kurenai está desde este momento con un permiso especial debido a su embarazo — comentó con amabilidad, algunos soltaron un murmullo de pesar —. Se que la extrañaremos por acá chicos. Lamentablemente serán unos buenos meses por lo que contratamos a un maestro que la reemplazará mientras ella se incorpora de nuevo con nosotros una vez termine su periodo de lactancia — seis meses recordaron la mayoría por algo que había dicho su querida maestra.
—Que lastima — susurro Ino. Sakura asintió a su lado, profundamente apesadumbrada.
—Bueno, entonces déjenme presentarles a su nuevo profesor — dio una mirada hacia la puerta abierta.
Suaves pasos resonaron y entonces un hombre joven ingresó. Se escucharon unos suspiros, Ino tomó la mano de Sakura, algunos chicos bufaron y la pelirrosa sintió como el corazón se le saldría del pecho.
Era él.
El mismo hombre que la había salvado.
Su ángel.
—Chicos, él es Sasuke Uchiha, su nuevo profesor de Educación Sexual y Anatomía Humana — le dio una palmada en la espalda al hombre —. Espero que lo traten bien, es un gran elemento. Aprovéchenlo.
—Mucho gusto — fue lo que dijo el moreno. Una fémina chilló por lo bajo, otra suspiró. Sakura no pudo quitar la vista de él.
—Es muy guapo — susurro Ino apretándole la mano. Sakura asintió nuevamente, incapaz de decir palabra alguna.
No era solo guapo. Era hermoso.
Mientras más lo miraba, más le sorprendía que fuera real.
Era el sueño de cualquier chica. Y le había salvado.
¿Realmente estaba ahí?
Sakura estaba dispuesta a creer que todo era un juego de su muy ávida imaginación, cuando los ojos ónices se fijaron en los suyos, tuvo la misma sensación que antes.
El corazón de Sakura se detuvo y su mundo también.
Y desde entonces todo empezado a girar alrededor de Sasuke Uchiha.
[…]
Tres meses después…
El sonido de la campana llenó el salón dando por finalizada la clase de aritmética. El profesor se despidió recogiendo sus cosas y recordándoles el trabajo a presentar la siguiente semana.
Era viernes y todos estaban un poco ansiosos por que terminaran las clases y empezara el fin de semana, Sakura no.
Mientras acomodaba sus libros en la mochila y sacaba los de anatomía, su mirada se desviaba cada tanto hacia la puerta, esperando la llegada del siguiente catedrático.
Que era nada más, ni nada menos que Sasuke Uchiha.
El corazón se le aceleraba de solo pensar en tener una mirada de su persona. Y es que aquel hombre había logrado sin duda cautivarla.
Todo en él lograba elevar su ritmo cardiaco y dejarla en la más absoluta fascinación.
Si bien al inicio no había podido estar más que agradecida por la gran ayuda que le había brindado, pronto noto que aquello que le impulsaba a buscarlo con la mirada y prácticamente admirar toda su persona, era más que simple gratitud.
Su atractivo había logrado cautivar a más de una alumna y catedrática. Todas parecían enamoradas de su físico y su personalidad tan hermética y misteriosa. Sakura no era diferente al resto en ese sentido. Su atractivo definitivamente era uno de los puntos que habían logrado cautivarla.
Claro que ella no limitaba su enamoramiento a una cara de ángel y un cuerpo de Adonis.
Ella amaba su rictus serio, su voz profunda. Admiraba la soltura con la que daba la clase, la fluidez con la que las palabras salían de su boca. Amaba sus dedos largos cuando tomaba el marcador o la manía que tenía de despeinarse el cabello en un gesto despreocupado. Adoraba como parecía ignorar cuán malditamente deseable era y cómo sus ojos negros lograban tomar parte de su alma cuando la veían fijamente.
Sakura estaba enamorada.
No sabía cuando había desarrollado aquel sentimiento, ni porque sus emociones eran tan intensas. No tenía ninguna relación previa con la que comparar todo aquel cúmulo de sensaciones y tampoco sabía distinguir si aquello pasaba de un simple enamoramiento.
Claro que aquello no hacía peligrar de ninguna manera su integridad y, de paso sea, su corazón. Por muy enamorada que estuviera de su profesor, Sakura sabía sus propias limitaciones y aceptaba de antemano que ninguna relación podría desarrollarse entre ella y su maestro. El señor Uchiha jamás la había tratado de manera diferente, nunca la había observado más de la cuenta. Algunas veces se inclinaba hacia ella porque era siempre la primera en entender cualquier concepto, aportar algo a la clase y obtener la mejor nota en pruebas y tareas. Pero, aunque en más en más de una ocasión, la había usado de ejemplo y aquello inevitablemente había hecho estragos dentro suyo, nunca pasaba a más y Sakura lo aceptaba. Lamentablemente el suyo siempre sería un amor secreto y platónico.
Cuando el profesor Uchiha finalmente entró al salón, todos se pusieron en orden, pues aunque era un hombre muy joven, todo él exudaba seriedad y respeto. No toleraba las tonterías, tenía poca paciencia para las habladurías durante clase y más de alguno había terminado castigado luego de algún contratiempo. No obstante, todos se había acostumbrado a él y lo habían aceptado, pues era muy buen profesor, explicando los temas con bastante soltura, en conceptos fácilmente digeribles y aportando pequeños datos para las pruebas, repitiendo cuando alguien tenía alguna duda con sorprendente paciencia. En general, aunque todos extrañaban a la profesora Kurenai, nadie se quejaba del señor Uchiha y en realidad, todos había empezado a apreciar su presencia.
La clase de ese día pasó sin ningún contratiempo. Repasaron el tema anterior e ingresaron a otro. El profesor dejó tarea para el miércoles, recalcándoles que esperaba un informe bien estructurado, con información interesante, real y concisa, pues estaba dejándoles tiempo de sobra para trabajar en ello, siendo que sus clases eran los lunes, miércoles y viernes.
Cuando el timbre del almuerzo sonó, varios se levantaron de su asiento habiendo aguardado los materiales desde temprano. Sakura se levantó y ordenó su mesa mientras daba miradas fugaces hacia el escritorio del profesor, donde el señor Uchiha se encontraba guardando todo en su maletín. Dos chicas se le acercaron, tímidas, coquetas y muy bonitas, dándole un pequeño presente que aunque el profesor intentó declinar, terminó aceptando por su insistencia.
Sakura bajo la mirada a sus cosas, molesta y triste. No debería verse afectada por aquel tipo de escenas, era de hecho usual que las estudiantes del colegio e incluso las maestras, coquetearan con su profesor. La atención que generaba en el público femenino era ilimitada y más de alguna había sido descarada negándose a esconderlo.
Claro que no por ello el profesor Uchiha se había visto envuelto en problemas, pues si bien él aceptaba los obsequios y era amable con todas, nunca había incitado aquella atención y siempre había mantenido la distancia. De hecho, se comentaba que posiblemente mantenía una relación muy estable y estaba muy enamorado, pues había ignorado el continuo y descarado coqueteo de todas las chicas y catedráticas, especialmente el de la hermosa maestra Karin Meco, la profesora de gimnasia y esposa del director del colegio. Las teorías habían sido desde extrañas hasta descabelladas, como que podía tener gustos peculiares que no incluían al género femenino. Sakura se había hecho oídos sordos a ello pues de habían pasado a ser ridículas y no quería verse inmiscuida en chismes.
Cuando terminó de guardar su mochila, noto como el profesor había despachado a las alumnas y se dirigía a la puerta, intentó no observarlo tan fijamente, pero no pudo evitar que sus ojos le siguieran, por ello logró captar aquella mirada intensa y oscura que por un segundo se posó sobre ella. Sintió una voltereta en el estómago, su corazón a punto de escapar de su pecho. No era nada, intentó convencerse. No era la primera vez que el profesor Uchiha la miraba fijamente antes de salir del salón. Claro que eso no podía significar nada.
—¡Sakura! — la voz emocionada de Naruto logró sacarla de sus pensamientos.
—Hola — saludo revisando su pequeño monedero. Andaba más que suficiente dinero para el almuerzo y volver a casa.
—Vamos a almorzar, muero de hambre ¡De veras! — intentó instarla a partir hacia la cafetería.
—¿Ino?... — Sakura buscó con la mirada a su amiga — ¿Dónde está? — le preguntó a Naruto.
—Fue tras el profesor Uchiha, creo que tenía alguna duda talvez — el rubio se rascó la nuca —. Dijo que nos alcanzaba luego… vamos a comer por favor, tengo mucha hambre Sakura — la pelirrosa acepto y le siguió a la salida pensativamente.
¿Porque Ino iría tras el profesor?
La clase no había sido difícil y el señor Uchiha había explicado todas las dudas que habían tenido. Con un suspiro, asumió que la plática que su amiga tendría con su maestro no sería de carácter educativa. Ino le había comentado en más de una ocasión, cuán atractivo lo encontraba, soñaba despierta con él e incluso había instado a Sakura a explicarle temas complejos con el fin de obtener mejor calificación y de esa manera lograr la atención del profesor.
Claro que sus intentos habían fallado estrepitosamente. El trato del señor Uchiha con ella jamás había sido diferente, en todo caso la trataba como cualquier alumno. Talvez producto de la desesperación, su amiga había optado por otro tipo de plan.
Eso no cambiaría nada, intentó convencerse.
El señor Uchiha jamás aceptaría los sentimientos de su amiga, no importaba lo bonita que Ino fuera o cuanto le coqueteara.
Al llegar a la cafetería, Naruto se ofreció a comprar su almuerzo mientras Sakura buscaba una mesa. Eligió una que estaba pegada a los ventanales y que daba una vista directa a la entrada.
Sus pensamientos vagaron por diferentes rubros pero siempre la llevaban a su profesor, él tenía la capacidad de eclipsar cualquier cosa en su mente. Sakura no podía evitar perderse en sí misma cuando se trataba de él. Observó a Naruto quien todavía estaba en la fila y luego miró la entrada notando como Ino ingresaba a la cafetería, una hermosa sonrisa en su rostro. El estómago se le apretó inevitablemente.
Cuando la rubia se sentó a su lado, Sakura intentó ignorar la voz dentro suyo que le instaba a preguntarle sobre su encuentro con su profesor. No le había contado a Ino cuán enamorada estaba de él y no quería que lo supiera, menos aún si a ella también gustaba del señor Uchiha.
–¿Dónde estabas? — preguntó en cambio. Los ojos azules de Ino brillaban con felicidad mientras juntaba sus manos con júbilo, una bonita sonrisa en sus labios.
–Fui con el señor Uchiha — soltó con coquetería. Sakura la miró, su ceño ligeramente fruncido.
–¿Ahh si? — apoyó el rostro en su mano en un gesto casual, aún cuando su corazón se hubiera apretado de ansiedad.
–Y le di un presente — se rió entre dientes, sus ojos chispeando de travesura —. Ohh Sakura, no sabes…
–¿Él lo acepto?
–Si, me dio las gracias y me sonrió — volvió a reír, toda felicidad —. Lo hubieras visto, me miró y por primera vez creo que me noto… fue tan emocionante. Y me llamo por mi nombre, no dijo Yamanaka, sino Ino — suspiró —. Creo que estoy enamorada.
Eso es algo que definitivamente Sakura hubiera deseado jamás haber sabido.
¿Porque su mejor amiga tenía que estar enamorada del mismo hombre?
Ahora menos que nunca podía contarle sus sentimientos, jamás podría comentar con ella todas las emociones que estallaban dentro suyo con una mirada a aquellos ojos oscuros.
–Hola — la tímida voz de Hinata Hyuuga le sacó de sus pensamientos. Sakura la miró y sonrió, alegre por tener una excusa para dejar de pensar en su profesor. Otra de sus mejores amigas había llegado, seguida del resto de su grupo.
Sakura agradeció en silencio, cuando la conversación que les siguió despejó su mente de cierta persona.
[…]
Cuando el último timbre del día sonó dando por finalizada la jornada escolar, los alumnos se levantaron, ansiosos por que era viernes y prácticamente ya entraban a su tiempo de ocio, Sakura decidió esperar mientras apoyaba la mano en el mesón y su rostro en ella. Suspiró pesadamente y con su mirada siguió los movimientos apresurados y ansiosos de sus compañeros.
Ino salía apresuradamente por la puerta, apenas alcanzando a despedirse con la mano. Sakura le devolvió el gesto vagamente. Observo de reojo como Naruto se acercaba a su derecha, inclino el rostro hacia él con una sonrisa perezosa.
–¿Te acompaño? – le susurro buscando algunas cosas en su mochila, Sakura negó con la cabeza, tenia que entregar algo al profesor Azuma y no quiera dejarlo para luego.
Naruto se despidió un poco renuente, debía acompañar a su mamá a hacer algunos recados, de otra forma, se quedaría con ella y la acompañaría a tomar el taxi.
Los pocos alumnos que quedaban tardaron solo unos minutos en irse, luego se quedo sola, el silencio del salón siendo entrecortado únicamente por el sonido de los apresurados pasos fuera.
Sakura se quedo con la mirada fija en el pizarrón, sus pensamientos revoloteando sin sentido. Se permitió unos cuantos minutos de quietud, luego suspirando, tomo su mochila y guardo sus útiles. Finalmente saco el libro que la profesora Kurenai le había prestado semanas antes de tomar la licencia de embarazo.
La profesora había resultado ser una gran amiga para ella. Había sido la profesora guía de su salón cuando recién había ingresado al colegio, en séptimo año. Era una mujer bastante jovial y risueña. También tenia un gran don para escuchar e interpretar los silencios. De hecho, había sido la única persona que había notado cuanto le afectaba los continuos y largos viajes de sus padres. Sakura lo había intentado negar miles de veces, pero era cierto y al final no había logrado esconderlo. Kurenai le había entendido y continuamente le daba libros de motivación y amor propio. Ella le había estado presente en el peor momento de su soledad y solo por eso Sakura la apreciaba enormemente.
Camino con tranquilidad hacia el salón de profesores, mientras los minutos pasaban y el colegio quedaba rápidamente vacío. No había ningún temor dentro suyo, acostumbrada a salir hasta tarde del colegio algunas veces por sus escapadas pasadas de hora a la biblioteca escolar.
Solo esperaba que el profesor Azuma no se hubiera ido aun, detestaría tener que esperar a que el fin de semana pasara para darle el libro, además, si bien ya había superado el suceso hacia unos meses, aun prefería salvaguardar su seguridad y tomar el transporte temprano, con la luz del día.
No tardo mas de unos minutos en subir al tercer piso y pararse frente al salón de maestros. La puerta estaba cerrada y había una graciosa hoja de papel blanco que establecía la prohibición de alumnos en aquella sala. Sakura sonrió mientras tocaba con sus nudillos. Ningún alumno y dicho sea de paso, ningún profesor seguía aquella regla, básicamente los maestros les habían dado la libertad de entrar a la sala como si fuera solo un salón mas, cuando por algún retraso no revisaban las tareas, o los proyectos no podía entregarse temprano, y muchas cosas mas.
Sakura volvió a tocar al no recibir contestación y una vez mas, cuando volvieron a pasar otro par de minutos sin ser atendida. Dudativa, se tentó a tomar el pomo y abrir. El salón estaba vacío, al parecer los alumnos no eran los únicos apresurados por salir del colegio un viernes por la tarde.
Decidió dejarlo para luego, al fin lo había intentado. Mientras volvía sobre sus pasos hacia las escaleras, recordó que la mayoría de los maestros volvían el sábado en la mañana por protocolo del colegio, el profesor Asuma incluido. Volteo agitando su falda y se encamino a la oficina del director, donde seguramente aun se encontraría la señorita Shizune, la secretaria del instituto. Le dejaría el libro a ella y asunto arreglado.
Por un momento pensó en cuantas molestias se tomaba por entregar un libro que Kurenai ni siquiera le había pedido aun, después de todo el martes tenia clase con Asuma e incluso el lunes podía buscarlo durante horario de clases y entregárselo. Pero estaba a medio camino del pasillo y ya había llegado hasta ahí, así que, decidió continuar.
Ya el sol se estaba poniendo cuando estaba a unos pocos pasos de la oficina, puedo notar por una ventanilla que los pasillos estaban solos. Apresuro el paso hasta la oficina del director, la pequeña sala de espera estaba vacía y el escritorio de la señorita Shizune también. Resignada, Sakura dio media vuelta y avanzo solo dos pasos antes de que sus oídos captaran un débil sonido, casi un gimoteo.
Volteo lentamente, notando como la puerta de la oficina del director estaba abierta. Otro pequeño, casi inexistente sonido, parecía que alguien había arrastrado algo sobre el escritorio.
Sakura sabía que no debía, claro que lo sabia. Nunca había sido una persona precisamente curiosa, pero estaba segura que en ese punto era uno de las pocas personas en el instituto y dudaba que el director se encontrara aun en su oficina. Siempre se iba al mediodía y no volvía hasta el día siguiente siendo esa su rutina.
Algo empezó a pesar en su pecho y su corazón se acelero, no debía, pero dando ligeros y pequeños pasos se acerco a la puerta entreabierta, asomando un solo ojo por la pequeña hendidura.
Nada la preparo para lo que estaba al otro lado.
Había un hombre sentado en la silla del director. Las sombras jugaban con su perfil por lo que Sakura tuvo dificultad para saber su identidad como primer impresión. Sin embargo, algo era definitivo. No era el director. Lo mas sorprendente era ver a una mujer de rodillas entre sus gruesos muslos, con las manos en las rodillas masculinas, y su falda y camisa enrolladas en la cintura, su cuerpo completamente a la vista, solo en ropa interior. Sus cabellos rojos, brillantes y llamativos la delataban, no podía ser otra mas que la profesora Karin.
Sakura observó sorprendida y horrorizada, como la mano masculina se enrollaba en los cabellos rojos y la guiaban hacia su regazo, es entonces que noto que la mujer le estaba haciendo una felación al hombre, sus labios brillosos e hinchados, alrededor de… de aquello.
Sakura quiso evitarlo, realmente lo intento, pero un gemido sorprendido e incrédulo escapo de sus labios. Llevo una mano a su boca, pero era tarde y unos ojos oscuros, intensos y tan dolorosamente conocidos se posaron en ella.
La mujer gimió e intento separarse del miembro masculino, pero la mano que antes solo la sostenía, esta vez la forzó a continuar, moviendo su cabeza a un ritmo constante, profundo, mientras aquellos ojos negros nunca dejaron los suyos.
Sakura sintió como el corazón se le apretaba y un nudo subía por su garganta, de pronto ya no miraba aquellos ojos que siempre le había parecido fascinantes, pues ahora las lagrimas difuminaban la imagen.
Un sollozo escapo de sus labios, la bilis subiendo por su garganta y luego, un gemido ahogado de parte de la mujer y un casi inexistente escalofrío en aquel hombre oscuro.
Con las piernas temblorosas, Sakura se irguió como pudo y simplemente dio media vuelta corriendo lo mas lejos posible.
Y Sasuke Uchiha sonrió.
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FIN DEL CAPÍTULO
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