Capítulo 32


La barcaza se vio obligada a dar varios viajes desde la isla de Arran hasta la costa sudoeste. El conde de Norfolk llevaba cerca de cincuenta hombres, e Saory alrededor de setenta y cinco. Un notable ejército que no pasaría desapercibido.

El día había amanecido con un cielo azul, brillante y despejado. El sol comenzaba a lucir, acariciando los campos con sus largos brazos de oro, e iluminando las frías aguas del mar que se mecían en calma.

—¿Dónde está mi supuesta esposa? —preguntó Naruto, entrecerrando los ojos al hablar. Sentía como si la cabeza se le hubiera partido en dos porque había abusado del alcohol la noche pasada. Pensó en la hermosa Molly, una de las chicas de la posada con la que había estado retozando hasta hacía poco más de media hora. Seguro que ella lo había obligado a beber más de la cuenta... O tal vez no. No podía recordar nada de lo sucedido en la noche. Nada, excepto la escena de la orilla de la playa, de la silueta definida de la sirena.

Se frotó la frente, tratando de aliviar el sopor y la pesadez. Era demasiado rápido para viajar aún, ya le había advertido a Sasuke Uchiha que necesitaría un par de días al menos, pero se le había denegado la petición.

Sasuke buscó a Temari con la vista. Acababan de desembarcar y todos estaban medio listos para emprender la marcha. La encontró junto a Sakura. Ambas, al borde de la costa, observando en silencio el castillo de Brodick.

—Tengo que advertirte que cuides de ella —musitó Sasuke.

—Pensé que querías que la protegiera —le dijo, confundido. Le dolía tanto la cabeza que hasta su propia voz lo molestaba.

—Eso también —contestó, señalándola con la barbilla—. Es la hermana de mi esposa.

Naruto supo quién era antes de verla. Hermana de Sakura. Sintió una repentina excitación al recordarla entre las oscuras y frías aguas. Molly no debía haberse esforzado lo suficiente; no era normal que, después de pasar una noche de sexo, con tan sólo pensar en la sirena, aquella parte de su anatomía se levantara lista para entrar en batalla de nuevo.

Observó a las jóvenes. Ambas tenían una altura similar. Quizá Sakura fuera más delgada, y no tuviera los pechos tan generosos como la hermana, pero el parecido era importante.

Temari se giró y entonces Naruto se quedó perplejo.

—¿Es ella? —preguntó. Por una fracción de segundo sus ojos azules brillaron con admiración. Pero entonces ella le devolvió una mirada cargada de desdén.

Sasuke se enderezó y, casi con brusquedad, observó a su hombre:

—¿Qué diablos le has hecho?

Recordó el incidente de la cocina y maldijo entre dientes. ¡Mierda! El dolor de cabeza era terrible y las ideas flotaban en su mente confusa.

Sakura se agarró al brazo de su hermana y saludó a su esposo con la mano. Habían llegado juntos en la barcaza, pero igual que Sasuke se hallaba pendiente de dar las últimas instrucciones a Naruto, ella aprovechaba los últimos minutos para estar con su hermana.

Sasuke le regaló una amplia sonrisa y se giró a su hombre con las cejas enarcadas.

Desde donde estaban las jóvenes, podían verlos hablar, pero no tenían ni idea que la conversación se centraba sobre todo en Temari.

—¿Es ése el hombre que fingirá ser mi esposo? —preguntó Temari, volviéndose a Sakura para que aquella límpida mirada azul no siguiera estudiándola con tanto descaro.

—Sí —afirmó Sakura—. Es Naruto. Es un hombre muy amable...

—¡Es muy grande! —la interrumpió con pavor.

—Te dije que era como mi esposo. No te preocupes, él va a cuidar de ti.

—¿Él? —Temari bizqueó—. Jamás pondría mi vida en manos de ningún guerrero.

—Pero cuando dijiste que ibas a las tierras de Surrey, sabías que Sasuke te enviaba con uno de sus hombres.

—¿Y no puedo ir con otro? —Temari miró en derredor—. Con aquél —señaló.

—¿Con Kabuto? —Se extrañó Sakura—. Él es un rastreador. Además, el pobre está deseando retornar a casa tanto como nosotros. Llevamos varias semanas de un lado a otro, y aunque en Brodick nos han tratado muy bien, estamos anhelando regresar. Yo, por lo menos, estoy como loca por conocer Noun Untouchable. Itachi me ha contado todos estos días sobre sus gentes —soltó una risita nerviosa—. Espero ser bien acogida por todos.

—¡Claro que lo serás! —Temari miró furtivamente a Naruto y lo encontró observándola con cara de bobo.

Sakura siguió la mirada de su hermana y sonrió, divertida.

—Naruto es muy buena persona y creo que le gustas. —La tomó de la mano—. Ven, que te presento...

—¡No! —Temari plantó los pies en el suelo para que Sakura no pudiera arrastrarla—. ¡Ya lo conozco!

—¿Sí? —Sakura arqueó las cejas.

—Debemos marcharnos, mujer —era la voz de Sasuke que acababa de acercarse junto a Naruto.

Sakura asintió y abrazó a Temari con fuerza, susurrándole en el oído palabras de aliento.

—Temari —le dijo Sasuke después de besar sus mejillas—, Naruto es uno de mis mejores hombres. Él te protegerá. Mi deseo es que le obedezcas...

—¿Qué? —Sus ojos verdes se dilataron—. No pienso obedecer...

—¡Te vienes con nosotros! —Afirmó Sasuke, girándose hacia su enorme semental como si hubiese esperado aquella reacción—. ¡Es una orden!

Y tenía todo el derecho de darla. Ahora Temari pertenecía a su familia, y como tal respondería por ella hasta que se casara.

Sakura miró a su esposo, sorprendida. ¡Era una orden y se quedaba tan a gusto! Ni siquiera Temari había podido decir por qué no pensaba acatar las órdenes de Naruto.

—Yo no soy una Uchiha, y si digo... —Sasuke depositó en ella sus acerados ojos negros y ésta cerró la boca de sopetón.

—Mucho me temo que la dama y yo nos conocimos ayer —explicó Naruto, clavando sus ojos azules en Temari a modo de disculpa—. Una distracción mía propició un accidente —Naruto se volvió hacia la esposa del laird—. Me comporté como un verdadero bruto —regresó su mirada a la joven—, pero yo no soy así, debéis creerme.

Temari se limitó a afirmar con la cabeza, aceptando aquella disculpa. Ni siquiera le interesaba la perorata del hombre, pero si con eso conseguía que su cuñado diera su brazo a torcer respecto a ir a Surrey, fingiría lo que hiciera falta.

Naruto le tendió una mano fuerte y grande, en espera de que ella lo correspondiera. El contacto fue muy breve. Temari no se sentía bien cuando un hombre intentaba tocarla siquiera. Sentía pavor de ellos, asco y repugnancia. Y pensaba dejárselo muy claro al guerrero aquel, con cara de dios romano. Eso... si se atrevía a decirle algo, era más alto y más grande de lo que recordaba el día anterior.

Desde la cima de la colina se divisaba el hermoso valle, salpicado de casas grises y blancas. Un par de molinos junto al estrecho río de aguas cristalinas, un aserradero, varios almacenes, un par de herrerías, granjas, un extenso y moderno establo, varias cantinas y, presidiendo majestuoso desde lo alto del acantilado, a pocos metros del mar del norte, se alzaba la fortaleza Noun Untouchable.

Un castillo de grandes dimensiones, con al menos cinco plantas; la última la acababa de añadir Sasuke, que era un fanático de la arquitectura. Noun Untouchable había sufrido varias remodelaciones desde que el tatarabuelo Uchiha había comenzado a erigirlo. Habían sustituido el puente levadizo por otro de piedra para tener mejor acceso a la aldea.

Sakura no había podido dejar de observar el paisaje con admiración. El imponente castillo de piedra gris con multitud de torreones en diferentes niveles, poseía un patio rectangular rodeado por un muro hecho de piedra caliza rojiza; una casa torre ubicada en una esquina con sótanos abovedados, cámaras en el sector de arriba y una escalera de caracol; y otra torre en la otra esquina, con dos habitaciones y un mirador desde la ventana.

Sasuke, orgulloso, dirigió a su esposa mostrándole ciertas partes de la aldea y explicándole la forma de cultivos.

Los lugareños se detenían en sus tareas observando y saludando al laird Uchiha y a su bella compañera de cortos cabellos rosas.

La llevó al castillo demorándose lo justo. Estaba deseando ver a Sai Tsuchi, su medio hermano y tercero al mando de Fortress of Noun Untouchable, pero primero quería dejar instalada a Sakura.

Después debía arreglar el tema de Kin antes que su esposa escuchará los rumores que se habían cernido en los alrededores. Cierto que Sakura conocía la existencia del supuesto hijo, y en el caso que fuera cierto, lo cual Sasuke dudaba mucho, tenía que solucionarlo. Tan solo deseaba que Kin no se acercara al castillo porque la rabia que sentía en ese momento contra ella podría llevarle a cometer cualquier locura.

Varios siervos que trajinaban por el enorme vestíbulo se quedaron boquiabiertos cuando el laird les presentó a Sakura como la señora de Uchiha. Eran gente campechana de corazón puro que no tardaron en alabarla y hacerla sentir como en su propio hogar.

Como Sakura había temido, Konan había regresado con su esposo, no así los condes de Mar que habían decidido a esperar que la muchacha regresara. Fue una sorpresa para ellos descubrir que habían contraído nupcias ante el mismísimo Balliol.

Las habitaciones dispuestas para Sakura estaban cargadas de un lujo exquisito. Una recamara llena de color donde predominaba la arquitectura romana. Suelos brillantes como espejos cubiertos por hermosas y mullidas alfombras. Incluso los tapices que vestían las estrechas ventanas poseían unos extraños bandos que aportaban elegancia y calidez a la estancia. Borlas doradas adornaban dos suntuosos divanes de un blanco exquisito. Una gigante cama con cuatro postes donde colgaban doseles de gasa transparente, presidia el centro de la habitación. En una de las paredes había una chimenea construida en piedra blanca y sobre esta colgaba un óleo ovalado, con un ostentoso marco de oro.

A regañadientes, Sasuke tuvo que apartarse de su esposa para hacer acto de presencia antes sus hombres, que al enterarse de que había regresado el laird, se habían concentrado en el patio de arena donde unas verdes y brillantes enredaderas cubrían parte de los muros de protección.

Sakura podía escuchar desde la habitación de la tercera planta, el alboroto de los hombres que daban la bienvenida a su señor entre suspiros de alivio y gritos de alegría. Se acercó hasta la ventana e incrédula observó el numeroso grupo de guerreros que vestían tan solo con largas camisolas debido a las temperaturas que el verano les estaba regalando. Pelinegros, rubios, morenos, pelirrojos, altos, bajos, gruesos, fuertes, jóvenes, adultos y ancianos estrechaban las manos de su esposo el cual les dedicaba palabras y los llamaba por su nombre. Muchas mujeres de la aldea se acercaban por el puente de piedra con caras entusiasmadas.

Dos siervas penetraron en la habitación con cierto nerviosismo. Se presentaron ante Sakura entre exageradas reverencias que hicieron reír a la joven.

Hotaru y Matsuri corrieron a mostrarle la recámara contigua donde se había instalado una enorme bañera de metal con pies retorcidos.

—A mi señor le gustan las cosas bonitas —le explicó Hotaru. Ambas doncellas vestían un kilt de burda lana más pequeño que los que solían llevar los hombres. Sus caras resplandecientes estaban llenas de sinceridad, deseosas de agradar a la esposa de Uchiha.

—Eso es innegable —había respondido Sakura encantada con el mobiliario y con las tierras que rodeaban su nuevo hogar. Cosas bonitas y algo excéntricas... no iba a negarlo. Había visto unas mesas enanas cubiertas de mechas con la base fabricada en mármol. Un poquito ridículas, pero... atractivas.

—También lo digo por vos —siguió diciendo la muchacha—. Sois muy hermosa, milady —se atrevió acariciar los cabellos de Sakura con delicadeza—. ¿Es una nueva moda? —preguntó con curiosidad.

Algo avergonzada, Sakura asintió. «El cabello crecerá.»

—Venid, acercaos. —Matsuri la tomó con suavidad de un brazo y la guio hacia un extraño artefacto que no había visto nunca. Una estructura de madera en forma rectangular y dos patas de apoyo. Era como si alguien se le hubiese ocurrido poner a una puerta pies.

Extrañada lo rodeó buscándole utilidad, la sorpresa se pintó en su hermoso rostro cuando una Sakura idéntica a ella se reflejó en un gran espejo metálico. ¡Ese mueble era ostentoso, indecente! Sakura jamás se había visto como en aquel momento. La fina lámina de plata le devolvía una nítida imagen de sí misma. ¡Debía costar una fortuna! Pero era asombroso, casi mágico. Extendió los dedos de la mano observando fascinada el reflejo. ¡Si su madre hubiera visto aquello!

En Haruno nunca habían poseído un espejo tan grande. Los que fabricaban, trabajados en plata o cobre fundido con estaño, tenían un tamaño donde se observaba el rostro y nada más, pero aquel... se levantó el borde de la falda para mirarse los pies y soltó una carcajada.

Matsuri y Hotaru rieron con ella.

—Es muy hermosa —repitió Hotaru—, ¿lo ve?

Sakura se inclinó sobre el mueble estudiando atentamente su rostro, lo giraba a un lado y a otro y seguidamente se apartaba para mirar su silueta. Lo hizo por delante y por detrás. ¡Qué lástima de espejo! Esos metales no duraban mucho y acababan oscureciéndose por el contacto del aire.

Las doncellas eran encantadoras, unas muchachas joviales y alegres que con su cháchara lograron tocar el corazón de la mujer del laird. Le recordaron muchísimo a las conversaciones que antaño tuviera ella y Temari con sus primas.

Esa misma tarde, varias mujeres del castillo imitaron su peinado, todas querían parecerse a lady Uchiha. O eso, o que se solarizaron con ella. La joven no podía estar muy segura. Ella desde luego hubiera preferido su cabello largo que aquella corta melena que comenzaba a formar gruesas ondas por encima de sus hombros.

Había dormido casi toda la mañana. El viaje había sido agotador, deteniéndose solo lo necesario. Más de una noche habían vuelto a dormir a la intemperie, pero llegó a gustarle. Allí, calentitos bajo la manta, con los cuerpos pegados, con los alientos candentes. Que fácil era acostumbrarse a dormir en brazos de Sasuke. Desde que lo hacía no había vuelto a tener pesadillas, aunque a veces temiera encontrarse con el sujeto que cortó su cabello. El mismo que hirió a su esposo. Recordaba el brillo peligroso y amenazante de sus ojos. El rictus amargo de su mentón, los labios excesivamente gruesos, que no feos. No estaba segura de poder olvidarle nunca.

Había deseado llegar a su nuevo hogar tanto como Sasuke, tratando de imaginar cómo sería su futuro como esposa del Laird y guardián de Escocia, el momento había llegado.

Bajó al comedor y compartió alimentos con los condes y Itachi, ya que Sasuke se había marchado con algunos de sus hombres y nadie sabía adónde, por lo menos nadie se lo sabía decir a ella. Le molestó un poco que no hubiera visto a su esposo desde que llegara, pero acabó restándole importancia.

Había descubierto que tanto en el amplio vestíbulo, donde colgaban unos gigantes estandartes de las balaustradas superiores, como en toda la planta principal, su decoración era lo que se esperaba de un castillo: bancos de madera cubiertos de cojines contra los muros, mesas rectangulares y sencillas, y suelos fríos de piedra gris, desnudos de alfombras.

Itachi le explicó que si bien Sasuke era partidario de las cosas bonitas, caras y excéntricas, siempre pensaba en la comodidad. En un salón donde posiblemente pudieran reunirse cuatrocientos guerreros, colocar muebles finos y alfombras mullidas, solo serviría para tener que estar reponiéndolas continuamente.

Llegó la noche cubriéndose el firmamento con una aterciopelada oscuridad y Sakura continuó sin tener noticias de Sasuke. Comenzó a enojarse. No sabía qué asuntos tan importantes le apartaban de su lado, pero era el primer día en Noun Untouchable y ella sola debía atender a los invitados en una casa que aún desconocía.

Llevaba uno de los finos vestidos que había confeccionado junto a las damas de Balliol. Una pieza larga en color verde profundo hasta los tobillos, con apenas unos centímetros de vuelo. Las mangas acababan anchas acariciando las delgadas muñecas con el suave tejido.

Se había colocado una tiara de flores que Matsuri y Hotaru habían elaborado con lilas y hojas aterciopeladas que concordaban a la perfección con el vestido y sus ojos.

Salió de la habitación antes de que fueran a buscarla. Había recorrido un poco de la fortaleza junto a Helen después de comer y no pareciera que pudiera perderse, por lo menos hasta que llegó donde pensaba que estaría la escalera. Anduvo pasos hacia atrás y estudió el corredor para poder diferenciarlo del que se abría a la izquierda.

No tenía miedo, al revés, había tantas puertas y tantas estancias que disfrutó con su paseo.

Escuchó las voces que llegaron desde una cámara y se dirigió allí para pedir que alguien le indicara el camino, sin embargo se detuvo abruptamente al escuchar el nombre de Sasuke y Kin relacionado.

No reconoció las voces y asomó la cabeza con descaro. Una mujer la miró boquiabierta con ojos desorbitados. Se santiguó.

—Disculpadnos milady —rogó la que la acompañaba, agitando la cabeza compungida.

—No tengo por qué —respondió Sakura—. ¿Podríais repetir lo que acabáis de decir?

—No sé si debemos milady. Mi señor dio orden expresa de que no se hablara de ello.

Ambas mujeres estaban apuradas, pero Sakura, después del enfado de no verle en todo el día y ahora escuchar que había prohibido hablar de algo que ella ya sabía... porque ya lo sabía ¿no? ¿Acaso no las había escuchado comentar sobre el bastardo que tendría el laird?

¡Es que aunque fuera cierto! ¿Cómo había osado Kin hacer la noticia pública sin estar ni ella ni Sasuke presente?

—Os pido por favor que me digáis ahora mismo que ocurre con Kin y mi esposo —su voz, aunque suave, sonó firme y severa—. Y dónde puedo encontrarla.

Dando énfasis a sus palabras se colocó las manos sobre las caderas mostrando su enfado. No tenía nada contra ellas, al contrario. Lo último que quería era dar la imagen de cornuda, o víctima humillada. No iba a dejar que esa fulana del tres al cuarto fuera arruinar su matrimonio.

Sasuke estaba agotado. No había tenido ni un solo momento de descanso. Los problemas se habían acumulado durante su ausencia.

Problemas de vecinos donde debía hacer de juez. Peticiones para edificar, otras peticiones de diferente índole. Peleas entre primos por tierras, robo de ganado y sobre todo las dificultades que se añadían en la mina.

Sabía que todo aquello no estaría solucionado antes del invierno, pero él, como dueño y señor debía afrontar las penas del mismo modo que las alegrías.

Apenas tuvo tiempo de pensar en su esposa, ni en los condes a los que solo había visto unos minutos. Cuando el rostro amado cruzaba por su mente se metía prisa a sí mismo recorriendo la aldea con largas zancadas o a caballo, saludando a los más ancianos, preguntando por su salud e interesándose por su forma de vida. Estaba dejando el tema de su hijo para el final. No deseaba tener que herir a Sai, pero dado el comportamiento de su hermana Kin, no tendría más remedio que alejarla de allí.

Sakura era la única lady. Su señorío nunca había tenido problemas de esta clase. Ni siquiera Fugaku Uchiha hubiera permitido algo así.

Sasuke lo tenía decidido. Tanto si el niño era suyo como si no, lo enviaría a estudiar fuera para que se labrara un futuro, pero jamás, jamás le daría su nombre al hijo de una ramera.

Con esta intención dejó el caballo frente a la cabaña construida en el interior de una elevación rocosa. Una cueva húmeda y amplia bien iluminada.

Con pasos firmes entró después de golpear la puerta.

Sakura aún no había descendido del corcel cuando vio por fin a Sasuke. Lo saludó con la mano pero él no debió verla. Sin embargo Sakura sí lo había visto... ¡qué casualidad que ambos fueran al mismo lugar!