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Advertencias del capitulo: (Lemon y lenguaje obsceno)

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Diclaimer: Naruto y sus personajes NO me pertenece

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Nota: Esta historia es completa y absolutamente MIA, y no es permitido tomarla sin mi autorización.

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HERIDAS DEL ALMA

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CAPITULO 2

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" Situaciones imprevistas"


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Un nudo atravesaba duramente su garganta, impidiendo que las nauseas cedieran a algo fatal. Sentía el estomago revuelto y frio en la piel.

No el, no el… ¿Por qué el?

Sakura quería llorar, los muslos le ardían mientras se forzaba a si misma a correr por los pasillos. Sus ojos ardiendo intensamente, asegurándole que de hecho, si estaba llorando. No podía evitarlo, las lágrimas le corrían por las mejillas con libertad.

En ese momento, su cabeza era un torbellino de pensamientos, estaba tan confundida, incrédula y dolida ¿porqué él?

Las imágenes tan perversas, crueles, se repetían una y otra vez en su mente, no lograba concebir lo que había presenciado, una parte de si misma se negaba a creerlo, pero lo había visto con sus propios ojos.

Agotada, con la piel sudada y el aire apenas entrando a sus pulmones, Sakura se inclinó sobre su cuerpo, apoyando las manos en las rodillas.

Unos firmes pasos se escucharon a unos metros. Estaban solos y el eco de los sonidos se extendía por todo el pasillo. Sakura podía reconocer el protagonista de aquel sonido, había aprendido de memoria la manera en la que el profesor Uchiha caminaba, podía reconocer su presencia aun sin verlo.

No volteo hacia el, en cambio, volvió a correr, queriendo alejarse hasta lo imposible. Le pareció escuchar una vaga y ligera risa masculina, pero seguro lo había imaginado, porque no concebía que el profesor se riera en esa situación, después de todo, le había pillado en plena faena, seguramente por eso la había seguido, porque quería hablar con ella para convencerla que no dijera nada, no es que fuera necesario de todos modos, jamás haría algo que pudiera perjudicarlo, pero en ese lo que menos quería era verlo o hablar con el, eguramente se pondría a llorar prácticamente confesándole sus sentimientos, no quería que el viera lo patética que era o peor aun, que se tomara el costo de rechazarla.

Cuando creyó estar lo suficiente lejos del profesor Uchiha y se paro un segundo para recuperar el aire, escucho nuevamente sus pasos, mas cerca aun que la primera vez ¿Cómo la había alcanzado tan rápido? Se empezó a poner aun mas nerviosa y por un momento recordó el trauma de cuatro meses atrás y el mismo escalofrió de miedo le recorrió la piel. Su respiración se acelero y empezó a sentir la piel fría y la garganta cerrada. Intento convencerse de que esa situación no se parecía en nada a aquella, pero el pánico no desaparecía. Empezó a correr rápidamente, ignorando nada más que la imperiosa necesidad de alejarse.

El pánico empezó a jugar en su contra. Los pasos del hombre a su espalda se escuchaban cada vez mas cerca y mas fuertes. El sudor le recorría el costado y la cara, su respiración salía a borbotones, no podía respirar, el aire no alcanzaba a entrar a sus pulmones.

–No, no… -- de pronto, podía verse a sí misma como en aquella solitaria calle, corriendo mientras dos perversos tipos jugaban con ella. Intento convencerse que eso no sucedería, después de todo, aquel era el profesor Uchiha, su amor ideal, platónico y puro.

No obstante, sigo corriendo, cada vez más rápido. Los pasos de el atrás suyo solo acrecentaba su miedo y ya después, no lograba distinguir nada frente a ella pues las lágrimas nublaban por completo su mirada.

–Aléjese – quiso gritar, en cambio lo susurro en una trémula súplica. Sintió una caricia en sus cabellos largos, dedos enredados en las hebras finas. No volteo para comprobar si estaba ya a su alcance, solo siguió corriendo, su mirada buscando un refugio.

Llego a las escaleras y las bajó apresuradamente, casi tropezándose si no fuera porque se sostuvo fuertemente del barandal. La salida estaba tan lejos todavía y los pasos cada vez más cerca. Talvez debería seguir hacia su única salida, pero solo quería un refugio y su salón estaba a la vuelta, no lo pensó dos veces corriendo hacia el. Tiro su mochila al estar a unos pasos cerca del solitario salón, la puerta estaba abierta, por lo que la mochila se deslizó por el piso hasta que chocó contra una pared. Sakura se apresuró a cerrar la puerta. Talvez debió haberlo hecho con lentitud, pero estaba más allá de la razón y la puerta se azotó contra el marco con fuerza.

Busco con ojos frenéticos un escondite, pero apenas logro dar unos pasos cuando la puerta se abrió.

–¿Sabia que eras tú? – oyó el susurro masculino y la piel se le erizo.

Volteo lentamente y le observo casi con fascinación. Era el mismo hombre que había dejado el salón en la mañana mientras ella le seguía con la mirada, con el mismo traje y la misma mirada que lograba que una tormenta se desatara en su interior. Pero había algo diferente, no lograba distinguir qué… era pesado y escalofriante, se dio cuenta que su mirada no era la misma y que de hecho, su presencia nunca le había parecía tan avasallante y oscura como ahora.

–Lo siento… yo, no quería…

–Shhh… calma – la acalló el con dulzura, Sakura se quedó en silencio al instante, demasiado confundida y aturdida como para intentar contradecirle.

–No esperaba que vieras eso – susurro acercándose unos pasos, mismos que Sakura instintivamente retrocedió, no quería hacerlo, pero era algo que simplemente no podía evitar. Pudo notar, por el hielo que de repente cubrió su mirada oscura, que a él no le había agradado.

–Lo siento – musitó por eso, por lo de antes y por todo, de hecho ya ni siquiera sabía porque se disculpaba. Solo quería que el la dejaría irse a su casa.

–No se supone que fuera así – dijo él acercándose más.

–Yo no quería…

–¿Que? ¿No querías que? – la interrumpió con suavidad.

–No quería… no debí, la señora Karin – él volvió a callarla, esta vez poniendo un dedo sobre sus labios pálidos.

–¿Y que haremos al respecto? – pregunto moviendo su mano hacia sus cabellos, acariciando un mechón con delicadeza.

Sakura no podía pensar, su cercanía nublaba su mente, escalofríos volvían a recorrerle la piel, su corazón golpeaba con fuerza su pecho.

–No diré nada – tartamudeo apenas, su voz siendo tan solo un murmullo suave.

–No, no lo harás – declaró el hombre tranquilamente.

Sakura intento asentir y asegurarle con palabras que ella jamás diría algo que pudiera perjudicarlo, pero unas firmes y masculinas manos se posaron en su cintura y luego todo pasó demasiado rápido.

De pronto sus pies ya no la sostenían y estaba sobre los aires, antes de aterrizar secamente contra una superficie plana. Un pequeño y sorprendido gemido escapó de sus labios. No le había dolido, pero estaba tan aturdida que apenas registró lo que pasó en tan solo unos segundos.

Sus ojos confundidos, observaron como el hombre soltaba su corbata en un solo movimiento y luego tomaba sus muñecas y las envolvía apretadamente. Reacciono apenas, para quejarse y tratar de moverse, pero él ya le había hecho un nudo difícil y ella estaba indefensa y a su merced.

–¿Como?...

–Así será ahora Sakura – le dijo con un asentimiento, mientras tomaba sus rodillas y sin nada de esfuerzo las separaba. Sakura no se resistió, aún confundida y sin notar lo extraño e invasivo de su acción.

Las manos que antes, solo la invitaban a dejar espacio, ahora le acariciaban los muslos, en movimientos ligeros, delicados y ascendentes.

Sakura ahogó un gemido y puso su mirada sorprendida sobre los ojos oscuros que la perseguían en sus románticos sueños adolescentes.

–Eso es – susurro él satisfecho por su falta de resistencia.

Cuando unos dedos traviesos llegaron al interior de sus muslos, demasiado cerca de sus bragas, Sakura dio un pequeño salto y se retorció ligeramente, mirando perpleja a la figura oscura que se cernía sobre ella, los primeros indicios de pánico filtrándose en su mente.

–Que esta…

–Shhh, será rápido – la voz de el, tan suave e hipnotizante, le acarició los oídos. Sakura negó con la cabeza y soltó un jadeo, cuando aquellos dedos largos tomaron el elástico de sus bragas. De pronto, todo tomó un matiz tan intenso y el pavor acarició su piel, con pequeños escalofríos de cruda realidad.

–No… usted no – negó con la cabeza, mientras la fría realización de sus acciones penetraban por fin su mente aturdida.

–Sakura…

–Por favor, no siga… profesor… – ella gimió mientras negaba con la cabeza, las lágrimas recorriéndole los costados del rostro, su cuerpo empezando a moverse, alejándose de los fríos dedos, de las caricias indeseadas.

–Esto tiene que pasar Sakura – la voz de el se escuchaba segura, firme y tan tranquila. Sakura mira asombrada su expresión de serenidad. ¿Tenia que pasar? ¿Qué se supone que el decía?

–Por favor… no, por favor…

–Shhh, calma – las manos de el, acariciaron su cintura, subiendo suavemente por sus costados hacia el inicio de su camisa escolar, donde una hilera de botones descendía. Miro aturdida como desabrochaba los dos primeros ¿Quería el tocarla? ¿Por qué?

–Será nuestro secreto – no supo cuando se había inclinado, pero de pronto su aliento mentolado le acariciaba la fría mejilla izquierda, enviando escalofríos a su piel.

¿Secreto? ¿Qué secreto?

Observo fascinada y horrorizada, como pretendía seguir desabrochado su camisa, fue hasta que vio su sostén blanco que reaccionó.

–No ¿qué hace?... profesor, no por favor.

–Sin ningún ruido Sakura – el le plantó un frío beso en el oído izquierdo.

–No, no… aléjese, profesor… -- su cuerpo se retorció como una serpiente, queriendo escapar de esas manos con las que más de una vez había fantaseado.

–¡Sakura!... ¡basta! – la voz severa de él por un momento pareció detenerla, pero luego aquellos dedos siguieron desabrochado su camisa y Sakura volvió a reaccionar, envuelta en el más puro miedo.

–¡Aléjese! ¡No!... Aléjese ¡Por favor! – el grito de ella finalmente le detuvo.

Sakura le observaba desde su posición, con la camisa de par en par, dejando ser su plano vientre desnudo y su sostén blanco de encaje, con las rodillas aún abiertas, la falda recogida entre sus muslos, un indicio de bragas también blancas entre los pliegues. Con los ojos llorosos, la respiración fuertemente agitada, el cabello desordenado.

Sasuke bebió de la imagen mientras se erguía en toda su estatura. Bajo sus manos y sus dedos ágiles registraron el primer cajón de aquel escritorio, intento no hacer ruido o algún movimiento que pudiera alterarla de nuevo, sus ojos aún recorriendo su piel tan pálida y suave. Tardó solo unos segundos, pero encontró lo que buscaba, tomándolo entre sus dedos, volvió sobre sus movimientos mientras su otra mano se posaba con suavidad sobre la piel desnuda de su cintura tan marcada. Sakura dio un salto, aún jadeando, pero sin pelear, con los ojos asustados fijos en los de él. Sasuke no aparto la mirada mientras lentamente se inclinaba.

Observo como ella abría un poco más los ojos, el pánico volviendo, pero se mantuvo impasible, acercándose aún más lentamente y ella le dejó. Sus labios se posaron sobre los más suaves de ella. Sakura profirió un dulce suspiro, Sasuke se abstuvo de sonreír, sin besarla, solo manteniendo sus labios en contacto con los de ella.

No quería que luchara, menos aún llegar a lastimarla, por lo que mantuvo sus movimientos suaves, la mano en su cintura subiendo y bajando lentamente, dejándola acostumbrarse a su toque.

Sus labios también descendieron, en ligeras caricias hacia su cuello. Ella gimió, con los ojos entrecerrados. Sasuke no perdió ninguna de sus reacciones mientras le besaba la piel sensible sobre el pulso.

Se tentó a bajar lentamente por su figura hacia su cadera, sintiendo contra su piel la suavidad de sus bragas de algodón, luego a la parte superior de su muslo, donde se detuvo un momento, esperando su reacción. Ella se había detenido, la respiración rápida y entrecortada, los labios brillosos y rojos abiertos, su aliento pegándole en la frente.

Le besó la mejilla izquierda y luego la barbilla temblorosa, su mano bajo a su rodilla y suavemente la alzó hasta tenerla alrededor de su cintura. Ella volvió a jadear y le miró con los ojos desenfocados.

Los siguientes minutos se encargó de distraerla con caricias suaves y la mirada fija sobre sus ojos cristalinos. Ella no abandonó su mirada y lentamente sus deseos de luchar fueron cediendo. Hubo un momento justo, cuando ella alzó las caderas mientras el molía lentamente su bulto contra sus bragas blancas, que supo que había logrado su cometido, entonces la mano que solo acariciaba su cintura, subo hasta sus pechos y tomó el que tenía más al alcance apretándolo con todo el derecho del mundo. Ella jadeó sobre su rostro, que estaba a solo centímetros de proximidad. Por un momento parecía volver en sí, pero sus caricias consiguieron aplacar su voluntad hasta que regreso al estado de letargo anterior.

Envolvió su pecho con cuidado, con el pezón erguido agarrado entre el hueco del dedo índice y medio, y lo haló solo con la fuerza necesaria para que ella jadeara, ardiera, sollozara por su toque. Sakura entrecerró los ojos sobre su mirada, siguió arqueando las caderas, acostumbrándose a la invasión de su espacio, a su imposición, a la absorción de su identidad, al control que ejercía sobre su mente y cuerpo.

El hombre volvió a inclinarse, beso la piel sobre el pulso nuevamente, luego la mordió con ligereza solo lo justo para que la muchachita se estremeciera ante el ataque a todos sus sensibles sentidos. Luego le acarició el cuello con la nariz, le mordió la barbilla y acarició su mejilla con la ella.

Su mano siguió bajando y subiendo por su suave muslo, hasta que encontró nuevamente el elástico de sus bragas. Siguió distrayéndola con suaves caricias mientras se las bajaba lentamente, disfrazando sus acciones con sumo cuidado.

Mientras le miraba los ojos, las bragas en sus rodillas, el rostro antes pálido ahora ruborizado y agitado. Sus dedos volvieron a sus sensibles senos, apreciando su tamaño, que llenaba su mano perfectamente. Luego avanzó por el valle entre ambos pechos y tomó el encaje que se aferraba a sus montículos, dándole un leve tirón. Sus pechos se mostraron a la vista, altivos, firmes, el rubor en sus mejillas viajando por su cuello y dando un tono rosáceo, rebosante de brillo y tentación sobre sus senos y oscureciendo el rosa de sus pezones erguidos.

El moreno sintió como la boca se le hizo agua. Bajo la mirada solo un momento bebiendo de la tentadora imagen de torso esplendorosamente desnudo y ruborizado, luego la fijo nuevamente en sus ojos tímidos, avergonzados y aún alertas. La mantuvo ahí mientras bajaba el rostro lentamente, sacando la traviesa lengua húmeda y mojando con ella la piel arrugada del pequeño botón sobre su seno derecho. Sakura se quejo, un maullido de placer apenas pronunciado, las caderas desnudas balanceándose ligeramente sobre su regazo.

El hombre sonrió por dentro y aún sin quitar la mirada de sus ojos, tomó descaradamente el pezón entre sus labios llevándolo dentro de su boca hambrienta y empezó a mamar de él alternando sus succiones entre suavidad y dureza, rapidez y lentitud, cuidado y desesperación.

Sakura sentía que se quemaba viva, sus ojos vidriosos, desenfocados, anhelante, fijos en la mirada oscura, que parecía querer comérsela entera, de un solo bocado. Una parte suya, minúscula, escondida en un rincón olvidado de su mente gritaba algo que era difícil de escuchar. El placer nublando sus sentidos, el corazón por sobre la razón.

Sasuke se alejó de ella irguiéndose, su mano viajando al otro seno, tomando el pezón, rotándolo lentamente, apretando con dureza, con suavidad, sus ojos sobre la falda escolar, que escondía los secretos que ansiaba descubrir.

Se alejó lentamente, poniendo apenas espacio para terminar de quitar la braga blanca, pura, manchada en el centro por humedad bendita. Sakura frunció ligeramente el ceño, sus pechos hinchados bailando de acorde a su respiración agitada. Su cuerpo resistiéndose solo un poco cuando le tomó la cadera desnuda, no lo suficiente como debería.

Esa vez, la sonrisa se deslizó por sus labios dándole un aspecto despiadado a la hermosura de su rostro masculino.

La otra mano, que antes se había mantenido inmóvil, esperando su momento, apareció, un pañuelo suave, limpio, de un color rosa pálido, casi como el cabello que se encontraba esparcido sobre el escritorio, entre sus dedos. Llevo ambas manos al rostro enrojecido, toco con el pulgar su labio inferior, hinchado por las mordidas inconscientes de la chica. El moreno abrió la pequeña boca, lo suficiente para que el pañuelo se deslizara. Hubo un momento de resistencia. Sakura pareció reaccionar.

–Lo haremos en silencio – susurro el inclinándose sobre ella, acaparando su atención, abarcando toda su persona. Ella siguió luchando, removiéndose ligeramente, apretando un poco los labios, rechazando al intruso, pero nuevamente no lo suficiente y los sonidos siendo atrapados.

El se alejó de ella otra vez, solo unos pasos hasta que su mirada le pudo abarcar entero. Noto como sus dedos largos desabrochaban los primeros botones de su camisa. Luego viajaban al sur, hasta sus pantalones. El cinturón no estaba correctamente puesto, Sakura observó como lentamente lo quitaba, la mirada de él fija en su rostro ruborizado, la de ella en sus manos que continuaban desvistiendo su cuerpo fuerte. Observo como abría el cinturón, como guiaba los dedos al botón que coronaba el cierre, lo abrió con un movimiento natural, observó con fascinación como bajaba el cierre, como abría el pantalón de par en par, y luego su mano izquierda entraba dentro y sacaba su miembro. Sakura quería quitar la mirada, el rostro le ardía intensamente, su corazón casi parecía salir de su pecho, sabía que no debía, pero no podía quitar los ojos de sus acciones.

Un suave gemido escapó de sus labios cuando notó el miembro masculino en la mano del hombre. Era la primera vez que veía uno de frente, notó que tenía un brillo singular, estaba envuelto en un plástico ¿Llevaba un condón?

Fue entonces que tomó consciencia de lo que el pretendía. Cerro los ojos con fuerza y apretó los labios en un línea tensa. Algo frío, escalofriante le subió por la piel, su respiración volvió a alterarse.

–Sakura – la voz de el, un susurro ronco, masculino, le acarició el oído. Sus asustadizos ojos se abrieron y se encontraron con los intensos orbes oscuros, luego un movimiento llamó su atención, nuevamente a aquella parte que quería ignorar. Observo que su tamaño había aumentado, era más firme, tenso, grande, un tono un poco mas oscuro que el resto de su piel, notó también una cicatriz que le recorría un costado del abdomen, grande, ligeramente grotesca, cerca del hueso de la cadera, pero el volvió a mover la mano sobre su masculinidad y sus ojos se desviaron nuevamente.

Quería cerrar los ojos, pero no podía, quería apartar la mirada, voltear el rostro, gritar, quería tantas cosas, pero se quedó de la misma manera, en la misma posición, con la mirada en el mismo lugar.

El hombre quitó el látex de su miembro y lo dejó caer a un lado sin cuidado, sus manos dejaron de acariciarse y se posaron en las rodillas de ella. Sakura sintió que se quedaba sin respiración. El contacto de la piel más cálida, contra la suya, fría y temblorosa, la tuvo estremeciéndose. Pego sus piernas con más fuerza contra su torso, sintiendo como la piel bajo su cuerpo, mas concretamente, bajo su falda, se encontraba desnuda. Un calor de vergüenza hizo hervir sus mejillas y bajo por su cuello, pero también lo hizo un escalofrío de miedo, que serpenteo dulcemente por su espalda.

Intento hablar, pero los sonidos fueron amortiguado por el pañuelo, por lo que negó insistentemente con la cabeza, observando con fijeza y nerviosismo, las manos masculinas, que subían por sus muslos a sus caderas. El tacto era suave, delicado, le provocaba cosas en la piel y en la boca del estómago, luego recordaba que aquello no debería suceder y se retractaba y el miedo volvía.

–Es hora de que pongamos en práctica todo lo que te he enseñado estos meses Sakura – susurro el mientras sus manos volvían a sus rodillas y suavemente las separaba. La chica se resistió, pero su fuerza no se comparaba con la de él y aún así parecía que realmente no la había forzado, pues su tacto en ningún momento la lastimo.

Su cuerpo más grande abarcó el de ella mientras se metía entre sus piernas, Sakura bajo una mirada asustada hacia su regazo, donde la falda la cubría. Sabia que en un mal movimiento el profesor vería todo de ella. Intento negar con la cabeza, hacerle desistir de lo que sea que su mente estuviera planeando, aunque muy en el fondo lo sabía. Sus palabras habían sido definitivas.

–Te he visto con el rubio… tu novio – hubo una amargura en su tono y expresión que Sakura no supo entender ¿Rubio? ¿Qué rubio?

–Lo has llevado a tu casa… fin de semanas enteros ustedes solos… ¿le has dejado tenerte? – Sakura intento negarlo, pero al no poder pronunciar palabras se apresuró a negar con la cabeza. No entendía la mayoría de cosas que decía. De hecho por un segundo pudo asegurar que no conversaba con ella, sino consigo mismo. Asumió que hablaba de Naruto, era el único hombre con el que tenia un contacto cercano y más de una vez se había quedado en su casa por algún proyecto o una pijamada, pero ellos solo eran amigos, no entendía nada.

–No importa… no importa – siseo el entre dientes.

Sus manos grandes abarcaron nuevamente sus pechos, ambos a la vez, masajeando, tentando, hilos de placer disfrazados de escalofríos recorriendo sus brazos, la sensible piel en su nuca. Dedos firmes tomaron sus pezones, les halaron hasta conseguirlos como cuencas temblorosas, luego los retorcieron, con suavidad, con ternura. Sakura gimió, los ojos llenándosele de lágrimas. No quería eso, no quería que la tocara ¿Por qué se sentía tan endemoniadamente bien?

El profesor le tocó las costillas y luego la cintura, descendiendo a su cadera. La mano izquierda se quedó en su pecho, apretando a su antojo, la otra bajo y bajo hasta que sintió el toque delicado, casi de un pétalo, en su intimidad. Las lágrimas le recorrieron los costados del rostro, humedeciéndole el cabello en la sien.

–También lo quieres… estas tan mojada – las palabras perversas de el lograron acelerar su corazón. Volvía a jadear y quiso cerrar las piernas, pero las caderas masculinas limitaban sus movimientos. Le observo levantar la mano que la había tocado tan íntimamente, sus dedos estaban húmedos y brillantes, le observó tantear, con movimientos de tijera, la mezcla pegajosa en un hilo entre sus dedos. Sintió vergüenza, calor. Volteo el rostro y se negó a verle, ligeros sollozos saliendo de su pecho, su cuerpo temblando por ello. Cerro los ojos y encogió las piernas cuando la misma mano malvado volvió a su intimidad, hubo un toque en la cima de su sexo que la hizo dar un respingo. Observo agitada como el tenia la mirada fija en su persona, sus ojos la atraparon de nuevo, se mordía el labio inferior, tenía el ceño fruncido, una gota de sudor le recorría el costado del rostro tan hermoso y masculino.

Sintió como su dedo presionaba nuevamente aquel pequeño manojo de nervios, algo empezó a formarse en su vientre, músculos que no sabia muy bien que tenía se contrajeron, creando un segundo de placer. Luego sus dedos viajaron más abajo, acariciaron su entrada y uno de ellos se aventuro dentro lentamente. Sakura gimió, sus músculos internos estremeciéndose alrededor del intruso. Observo que el profesor entrecerraba los ojos, gotas de sudor formándose sobre su labio superior. Su dedo le palpó las paredes vaginales y entró y salió una y otra vez. Sus caderas se levantaron, ondulándose inconscientemente.

–Tengo que prepararte ¿cierto?... la mujer debe de estar húmeda para la intromisión del miembro, la lubricación natural permitirá su entrada sin dolor – ladeó el rostro ligeramente, sus labios presionándose entre sí por un momento –. Pero eso lo sabes ¿no es así? – un segundo dedo ingresó. Sakura frunció el ceño por el ligero ramalazo de ardor que le recorrió, pero sintió como aquel hombre hacia un giro, sus dedos deslizándose suavemente, a un ritmo moderado, gentil. El placer fue sorpresivo, ascendente, tan vergonzoso.

Intento negarlo, resistirse. Elevo las caderas, queriendo alejarse, acercarse más. ¿Por qué algo que estaba tan mal se sentía tan bien? No quería aquello, pero la manera en la que aquel hombre tocaba su cuerpo, la confundía, y a su mente también, porque aun cuando no quería que siguiera tocándola, todo lo que podía pensar es que no parara. Sus sentimientos influían en gran medida a ello. Porque lo quería, con todo su corazón ¿Era normal quererlo de aquella manera? ¿Aún en aquella situación?

Los dedos bombeaban constantemente en su interior, un nudo se formaba en su vientre, y la humedad lubricaba su entrada. Cerro los ojos elevando el rostro al techo, podía sentir el sudor empezando a humedecer su frente, también los sonidos que pugnaban por salir de sus labios.

Chilló, cuando sintió un toque ligero sobre el manojo de nervios, luego el moreno dobló los dedos en su interior y sus músculos se contrajeron de placer, le ardían los pezones, el sexo le palpitaba y su temperatura aumentaba gradualmente.

–Estas lista – sus dedos la abandonaron de pronto, dejándola aturdida por un momento. Abrió los ojos y le miró acercarse aún más, la mirada intensa fija en su intimidad. Dio un salto sobresaltada por su descaro y el la observo, con morbosa concentración. Más gotas de sudor le recorrían el rostro, tenía el cabello húmedo en la cien, los labios brillosos, la mitad de la camisa desabrochada, podía ver su torso fuerte, su cuerpo tan grande casi sobre el suyo más pequeño. Tan invasivo, tan opresivo y angustiante.

Negó con la cabeza repetidamente, diciendo todo y nada. Intento empujar con su lengua el pañuelo fuera de su boca seca, pero no podía. Movió sus manos atadas, queriendo zafarse, luego las caderas, cuando una mano posesiva se adueñó de su cadera desnuda.

Será bueno – devolvió la mirada a su rostro, luego más abajo, donde sus grandes manos habían desaparecido.

Su falda estaba sobre su estómago. Podía ver todo de si misma, sin duda el también lo hacía. Le ardían fuertemente las mejillas, más lágrimas vinieron a sus ojos. Sintió algo húmedo, ajeno a su cuerpo en su intimidad. La sensación era extraña, morbosa. Los ojos de él miraron los suyos, luego bajo la mirada a su regazo nuevamente y ella también mirando como una mano se aplanaba en su vientre desnudo, su pulgar demasiado cerca de su intimidad. Luego una presión en su entrada, no era tan ingenua como para no saber de que se trataba. Intento negar con la cabeza, alejarse, detenerlo. Intento apretar los músculos, impedir su entrada, pero estaba decidido, era implacable, firme. El dolor fue más pronunciado esta vez, intenso, desgarrador; le hizo apretar las piernas, sus músculos se contraían alrededor del intruso, acomodándose a su grosor, rechazándole.

Sakura frunció el ceño, lágrimas resbalándose por sus mejillas mientras levantaba la mirada a aquel oscuro hombre, quien tenía una mueca de concentración, la vista fija en su regazo. La invasión era dolorosa, la sensación de estiramiento demasiado intensa, posesiva. Sus músculos no paraban de contraerse, acomodándose, succionándole dentro. Era tan grande, tan firme, era demasiado. Quería llorar, sollozos escapando de su pecho. El dolor era horrible. Se había asentado en su interior en un solo movimiento, demasiado rápido, de golpe. ¿Por qué le hacía aquello? ¿Por qué le obligaba a aceptarlo en su cuerpo?

Sintió como se tensaba sobre ella. Sus manos apretando sus muslos. Cerro los ojos con fuerza, no deseando verlo. Le había hecho daño de todas las maneras posibles. Gimoteos ahogados escapaban de su garganta. Volteo el rostro a un lado, las lágrimas se agrupaban en sus ojos, y le humedecían el cabello.

El hombre la observó fijamente, notando el distanciamiento emocional. Su cuerpo le rechazaba, podía sentir las contracciones de su cálido interior. Bajo la mirada a su regazo, justo donde su miembro era succionado. El placer era indescriptible, pero podía notar la rigidez de su pequeña vagina. Se alejó solo un poco. Observando sorprendido como su pene estaba manchado de carmesí. La prueba irrefutable de que la chica era virgen solo unos segundos antes. Aunque satisfecho no pudo evitar molestarse consigo mismo, no había querido lastimarla y sabía que lo había hecho.

Salió de su interior y retrocedió solo unos pasos hasta dar con la silla. Se sentó lentamente, la mirada fija en la pequeña vagina enrojecida, cuya entrada y labios menores se encontraban ensangrentados y un hilo de sangre le recorría hasta el dulce trasero. La chica encogió las piernas y se alejó. Había trabajado tanto para que aceptara su toque que sabia que aquello lo había echado a perder todo. Claro que no podía suponer que fuera virgen.

Apoyo sus manos sobre sus muslos y la obligo a abrirse para el, la chica se tensó y resistió, pero ya la tenía completamente a su merced. Se acercó, aún sentado, su rostro a poca distancia de su intimidad. Ella le miró finalmente. Los ojos llorosos, la piel del rostro húmeda por el sudor y las lágrimas. Acaricio con los pulgares el interior de sus muslos logrando la contracción ligera de sus músculos. Bajo la mirada a su intimidad, pero ella dio un salto, obligándole a observarla con el ceño fruncido. Negaba con la cabeza, una y otra vez, quería cerrar las piernas, pero sus manos la obligaron a ceder en aquella posición. Ella se resistió, meneó la cadera, trató de alzar las rodillas y casi logró salir del escritorio por poco, lo cual habría sido doloroso para ella.

–¡Basta! – le ordeno con firmeza – Te detendrás ahora – ella respingo. Los pechos le subían y bajaba al compás de su rápida respiración. Espero solo unos segundos, dándole una mirada contundente antes de bajar a su pequeña vagina. Se acomodó nuevamente, la obligó a abrir más las piernas, aplicando la fuerza necesaria para que cediera, luego inclinó el rostro. Ella volvió a revolverse, queriendo alejarse de su toque.

–Quédate quieta – la fuerza de su voz la detuvo. Sus propios movimientos solo conseguían que se siguiera lastimando, estaba seguro. Quería arreglarlo, pero ella era una pequeña cosa terca. Esta vez no se desvió del objetivo, apoyó las manos sobre el interior de sus muslos de tal manera que sus pulgares tocaron su intimidad.

Era pelirrosa también ahí, una pequeña cantidad de rizos le coronaban el monte, abrió sus labios inferiores y pudo observar su pequeño clítoris y sus labios menores hinchados. También noto como su pequeña raja estaba enrojecida. Sintió como Sakura volvía a removerse, pero su sujeción sobre ella era firme y no iría a ningún lado hasta que el lo decidiera. Se lamió los labios, sintiendo la boca seca. Aspiro lentamente llenándose del aroma a almizcle de su vagina y al toque ácido y metálico de la sangre virgen. Luego inclinó el rostro y su lengua dio de lleno contra su pequeño manojo de nervios. Ella soltó aire de pronto y le miró con una expresión de sufrimiento, el mantuvo su mirada mientras tomaba su clítoris entre los labios y lo chupaba lentamente. Sintió como los músculos se le contraían bajo los dedos. Trabajo en ello un momento, reemplazando el dolor por el placer lentamente hasta que ella volvió a humedecerse, sus caderas balanceándose a su encuentro, pequeños suspiros y gemidos escapando de su garganta.

Cuando sintió que había cedido un poco, se aventuró más abajo y su lengua lamió su raja mojada. La sangre opacó por un momento su sabor dulce, abrió aun más su vagina con los dedos e ingresó su lengua al fondo. Ella gimió largamente, los dedos de las manos entrelazándose fuertemente entre sí. La penetró lentamente al inicio, hasta que pudo hacerlo con facilidad, su interior cediendo paso. Volvió a su clítoris y lo succiono repetidamente hasta que ella saltó queriendo alejarse del placer que le proporcionaba. Fue entonces que supo que estaba lista, soltó uno de sus muslos que rápidamente le pegó en la mejilla, queriendo cerrarle en su interior. Parecía haber perdido la voluntad de alejarle.

Metió un dedo en su entrada, deslizándolo con suavidad. Su boca le besó el interior del muslo, luego deslizó la lengua por toda su vagina hasta su clítoris donde lo envolvió entre sus labios y chupo una y otra vez. Los músculos internos de ella le envolvían el dedo, succionándole dentro. Le permitió unos segundos para acostumbrarse, luego metió otro dedo y suavemente empezó el vaivén, tan dulce y gentil que ella inevitablemente reaccionó a su toque, podía escuchar su respiración errática, miró por sobre donde su rostro aún estaba enterrado, procurando su placer y la encontró con los ojos entrecerrados, fijos en el. Su piel tenía una película de sudor, los pechos le bailaban tan brillantes, notó que su vientre se estremecían, sintió también la opresión de sus paredes en sus dedos. Volvió a succionar, esta vez con un poco más de fuerza, mientras doblaba los dedos hacia el ángulo perfecto. Ella gimió, balanceó las caderas hacia su rostro, tuvo que sujetarla firmemente de la cadera mientras ingresaba un tercer dedo y bombeaba en toda su humedad.

Sakura chilló, sollozó, el placer construyéndose en su vientre, subiendo por su cuerpo, los pechos pesados, sensibles; fuego líquido recorriéndole la piel, concentrando una presión intensa en su intimidad. Intento negar con la cabeza, las sensaciones eran demasiadas, sentía la piel erizada, la garganta seca, el corazón saliéndose de su pecho. Luego el se alejó, levantándose de la silla, dejando su cuerpo libre, su placer pendiendo de un hilo.

Observo entre pestañas húmedas, su expresión oscura, el ceño fruncido, el sudor en la piel, su respiración también agitada. Sintió la pérdida, la ansiedad, la frustración. El se acercó, tomó sus muslos y arrastró su cuerpo un poco más a la orilla, luego bajo la mano, sintió nuevamente la presión en su entrada, su miembro ingresaba sin darle tiempo de pensar, invadiendo en un movimiento, asentándose hasta el fondo, obligándola a aceptarle. No había dolor, solo una insoportable presión, la estiraba demasiado, pero era tan caliente, se sentía tan bien. Cerro los ojos con fuerza, intento también cerrar las piernas, pero sus caderas se lo impedían de nuevo. Era tan íntimo el roce de su cuerpo, de su piel, su pene dentro suyo, tan adentro, tan posesivo.

El no la dejó acostumbrarse, asimilarlo; sino que empezó a moverse, lentamente en un inicio, su cuerpo recibiendo sus movimientos, su interior teniendo que acomodarle, aceptarle sin opción. Sintió sus manos en sus caderas, sus dedos anclados en su piel, su mirada oscura recorriéndole. Cerro los ojos con fuerza, no quería verle, era demasiado intenso, quería llorar de nuevo. El calor en su vagina era insoportable, la presión se formaba en su vientre, se avecinaba algo grande, desconocido, tenía miedo… no podía controlar su cuerpo, era frustrante sentir que no le pertenecía, sentir tanto placer. Jadeo cuando el hizo un movimiento fuerte y eso lo llevó más dentro suyo.

Escalofríos le recorrieron la piel, sus ojos se abrieron inevitablemente, fijándose en aquel hombre. El pelo se le pegaba en la cien, el sudor le recorría el rostro, tenía el ceño fruncido, los labios apretados, los músculos del cuello tensos. Se movía con precisión, con delicadeza, con sincronización. Había algo tan intenso acerca en la manera en la que manipulaba su cuerpo, la manera en la que el placer se distinguía en sus facciones. Sakura volvió a cerrar los ojos, esta vez llenos de lágrimas. El miedo volvía, pero era diferente, el calor y la presión se volvían insoportables.

–Es tan malditamente bueno – gruño el con la voz ronca, fuerte –. ¿Lo sientes Sakura? ¿Sientes lo bueno que es? – sus palabras lograban escalofríos en su piel. Sakura negó frenéticamente y apretó los ojos, incapaz de controlar su respiración.

–Pequeña mentirosa – se jactó el en un susurro. Sus palabras lograron sorprenderla. Le miro a los ojos notando una sonrisa ligera, sensual en sus labios. Sintió como una de sus manos viajaba a sus pechos y apretaba uno. La reacción fue involuntaria. Arqueo la espalda y un gemido suave, torturado salió de su garganta.

El se inclinó sobre su cuerpo, sintió el roce de su vientre, sus piernas forzadas por sus caderas a abrirse más, le sintió más profundo y fue tan íntimo. Su aliento le pego en el cuello, viajo hasta tomar un pezón entre sus labios y succionarlo. Sakura levantó las manos atadas, las apoyó un momento en su torso, pero las retrajo insegura, era muy personal. Él siguió mamando de su pecho hasta que lo sintió adolorido, luego siguió al otro, que se sentía pesado y sensible. Sus movimientos en su interior eran lentos, firmes. Apoyo las manos en su torso de nuevo, intento alejarlo, luego se estremeció y tomó su camisa entre sus dedos apretando, acercándolo.

Sasuke tenia los dientes apretados, el placer recorriendo sus extremidades, construyendo un orgasmo demoledor, calentando su cuerpo entero. Tomo una de las piernas que tenía alrededor de la cintura, la pego a su torso y se inclinó sobre el cuerpo más pequeño, abriéndola a él, entrando más profundo. Acaricio sus senos, su cintura, su cuello, sintió como ella se humedecía más, como empezaba a contraerse entorno a su masculinidad. Apoyo un dedo en el pequeño clítoris y lo acaricio suavemente, burlándose de él, dándole una presión suave, casi una caricia. Más humedad viniendo, más calor en el cuerpo de ella, en el suyo propio. Era perfecto, tan delicioso.

Estaba perdiendo el control poco a poco, no podía, no quería lastimarla. Cerró los ojos, se mordió el labio con fuerza hasta casi hacerse sangre. Apretó los dedos sobre la piel pálida, pero los retrajo rápidamente, no quería dejarle marcas, odiaba la idea. Necesitaba distraerse, el calor lo sofocada, su garganta se cerraba. Observo sus ojos, su mirada siendo brillosa, inundada de lagrimas, de placer, luchando contra ello. Sus pequeños dedos aferrados a su camisa, arrugando la tela, sus caderas alzándose, recibiendo sus estocadas cada vez más rápidas, cada vez más duras. Se inclinó sobre su cuerpo, le quitó el pañuelo de la boca, apoyó una mano en su nuca y la haló hacia él, a sus labios ansiosos.

Sabia dulce y era tan inexperta. Sus pequeños labios se abrieron boqueando, sin saber como moverse, como seguirle el ritmo. Mordió juguetonamente el inferior, tan lleno y rojo, lo succiono en su boca y ladeó el rostro atrapando el superior, suavemente, enseñándole como hacerlo, con paciencia, dulcemente. Ella gimió, sus manos apoyadas en su torso caliente. Tomo sus mejillas, le abrió la boca y sumergió su lengua, teniendo toques consecutivos con la de ella, más tímida, tan dulce. Sakura gimió, intentó separarse y posteriormente, acercarse más. Bebió de ella un momento, talvez un poco más, hasta que la sensación de pesadez desapareció. Su cuerpo moviendo lentamente sobre ella, deslizándose con suavidad en su interior, alargando la agonía, el placer. Luego se irguió, tomó sus muslos, los apoyó en su abdomen y retomó sus movimientos. Dentro y fuera, una y otra vez. Ella sollozaba de nuevo, sus labios rojos e hinchados soltando suspiros, gemidos entrecortados, sus manos atadas sobre su estómago, los pequeños dedos en su abdomen, enterrados en su camisa, queriendo llegar a su piel.

–Gime para mí – quería escucharla, su voz era suave, su placer intoxicarte, sintió como la piel se le erizaba.

–No… yo – ella apretó los ojos, sus piernas se cerraron, queriendo parar las sensaciones, eran demasiado intensas. La presión en su vientre crecía, sentía los pechos pesados, los pezones tensos, su entrepierna humedecida, fuego líquido fluyendo en ella, entre ambos.

–Si, tu… si – susurro él poniendo una mano en su vientre, agarrando su cadera, intentando llegar más profundo. Podía tocar el placer con sus dedos, estaba ahí, tan malditamente cerca.

Los muslos de Sakura empezaron a temblar, los músculos de su vientre y su interior se estremecieron, contrayéndose sin parar. Un ronco gemido escapó de sus labios cuando luces estallaron en su sexo, en su cabeza y en su cuerpo entero. Una electrizante corriente de placer le recorrió todo el cuerpo. Chilló, alcanzando a taparse la boca, temblando de pies a cabeza. Quería gritar, el placer era demasiado para su cuerpo, demasiado para su propio corazón. No podía parar de estremecerse, el placer siendo infinito, casi doloroso, tan magnífico.

El moreno la miró, una sonrisa ligera curvando sus labios, su propio cuerpo casi llegando. Siento como el interior de ella le apretaba, tan fuertemente que parecía haberse vuelto a cerrar. Era malditamente deliciosa, nada se había sentido tan bueno. Forzó sus empujes lentamente, disfrutando de la sensación aterciopelada, húmeda y caliente de su interior. Luego el orgasmo llegó, tan intenso que sintió que sus piernas se debilitaba por un momento. Su cuerpo se estremeció mientras apretaba las curvilíneas caderas contra su regazo queriendo acercarla aún más a su cuerpo agotado y satisfecho. El sudor le recorría la tez mientras apoyaba ambas manos a un lado del rostro de la chica, cerrando los ojos mientras sus caderas todavía se mecían, más lentamente, intentando extraer hasta la más ínfima gota de placer, estremeciéndose aún, sintiendo el cálido y pegajoso calor entre ambos sexos desnudos, íntimamente unidos. Intento recuperar el aire, mientras dejaba caer el rostro sobre el torso desnudo de la pelirrosa, apoyando la frente en la curvatura inferior de su pecho izquierdo. La piel de ella tan caliente y sudada como la propia.

Tomo más de unos minutos para que pudiera reponerse, el frío de la noche ayudándole a recuperar una temperatura normal, enfriando lentamente su piel. Ella aún estaba agitada cuando se irguió, la miró entre espesas pestañas, luego bajo la mirada lentamente, mientras retraía las caderas y salía poco a poco de su interior húmedo. Dio unos cuantos pasos inestables hacia atrás, topando con la silla y arrastrándola aún más. Sus manos se apresuraron a acomodarse el pantalón, guardando dentro su miembro húmedo y subiendo el cierre. Observo como la chica cerraba las piernas y lentamente se reincorporaba, pudo notar la rigidez de sus músculos y la expresión de malestar en su rostro al juntar las piernas y rozar su intimidad. El impulso de ayudarla estaba ahí, pero sabía que no sería bienvenido. Miro como arrastraba con movimientos lentos, el dulce trasero a la orilla del escritorio, pensó que solo quería sentarse correctamente, no esperaba que se levantara y se alejara varios pasos, con las piernas temblorosas.

Parecía que se caería en cualquier momento, todo el cuerpo le temblaba, instintivamente se acercó un paso, pero ella retrocedió tres, alerta y asustada.

–No se acerque… por favor – tartamudeo apenas, con su voz de ratón. Se permitió observarla un momento, notando sus mejillas arreboladas y el cabello que se le pegaba al rostro a causa del sudor. Noto también cómo su piel se miraba brillosa y su cuerpo agitado y tembloroso. Ella no lo dejaría acercarse, estaba aseguro. Espero unos segundos hasta que bajara la guardia y luego se acercó rápidamente a ella, sin dejarle tiempo de reaccionar, tomándola gentilmente por el codo y arrastrándola suavemente hacia el escritorio. Al principio la chica no opuso resistencia, empezaba a notar que su cercanía la enmudecía durante unos segundos, probablemente estaba más dentro de su piel de lo que lo que había percibido a primera instancia. Solo unos pasos después ella empezó a reaccionar.

–No, por favor… deténgase – su suave voz estaba entrecortada y agitada. El hombre le dio la vuelta, cuando la tuvo en el mismo lugar en el que la había tomado, la miró a los grandes ojos llorosos, hasta sus manos, aún inmovilizadas. Cuando soltó el agarre de su codo, intentó tomar una de sus pequeñas manos, ella se tambaleó un paso lejos, lo que la llevó a chocar duramente contra el escritorio.

–No… por favor – susurro con pesar. El moreno respiró profundamente, antes de intentarlo de nuevo. Cuando ella volvió a rehuir de su contacto, frunció el ceño dándole una mirada dura.

–¡Déjalo ya! – le ordeno tomando nuevamente su mano, está vez con firmeza. Ella intentó escapar de nuevo, pero en esa ocasión más débilmente, por lo que logró un agarre firme en ella y empezó a desatar la corbata suavemente, procurando no lastimar la piel tan delicada. Cuando terminó su cometido, observó como sus muñecas estaban ligeramente enrojecidas, las marcas de la corbata dibujadas en su piel, pero básicamente, nada estropeaba su palidez, sabia por experiencia propia que solo sería cuestión de unas horas para que todo rastro se borrara, había procurado que así fuera. Sin marcas. La soltó suavemente.

Observo como Sakura bajaba la mirada, rehuyendo de sus ojos mientras sus pequeñas manos se apresuraban a acomodar su sostén y tomar entre ellas ambos lados de su camisa escolar, tratando de cubrir su desnudez. Se permitió observarla un momento, sabia que la intimidaba y asustaba pero no podía evitarlo. Su falda estaba arrugada y sus calcetas altas mal acomodadas, las rodillas le temblaban ligeramente. Observó el translúcido líquido blanquecino que le bajaba por el interior de los muslos, también había sangre.

Tomo sus brazos, pero ella volvió a removerse y a encogerse, como un ratoncito asustado.

–¿Que quiere?… por favor, no – chillo cuando tomo su cintura. En un movimiento volvió a sentarla sobre el escritorio y se inclinó sobre su cuerpo, quedando a su altura para mirarla seriamente.

–Solo voy a revisarte – le informo escuetamente. Ella le miró con un puchero en los labios y los ojos llorosos. Quería borrar la expresión en su rostro, o mejor aún, besarla hasta que se olvidara de todo, sabia que tenía ese poder sobre ella, pero no quería estar más tiempo del necesario en aquel lugar. Ya la noche había caído y la única luz que alumbraba era la de la inmensa luna que se vislumbraba por las ventanas del salón.

Sakura miró al oscuro hombre frente a ella con miedo. Sus facciones nunca había parecido tan duras como en ese momento. Siempre había creído que era un hombre dulce, si bien era serio y estricto, siempre explicaba con paciencia y era amable con todos. No entendía que había sucedido.

Sintió como tomaba sus rodillas y las separaba de un tirón. La entrepierna le ardió intensamente por un segundo, la sorpresa en sus facciones por el movimiento que no había esperado y la vergüenza coloreando sus mejillas. Intento cerrar las rodillas nuevamente, pero las manos de él, aunque no le hacían daño, eran firmes y se negaban a ceder.

Empezó a temer que quisiera tocarla de nuevo. La primera vez había sido lo suficientemente abrumante e intensa. Aún sentía el cuerpo débil, la mente confundida y unas ganas inmensas de llorar. Su toque no había sido correcto en miles de formas. No lo había deseado, no de esa manera y se avergonzaba enormemente porque su cuerpo parecía haberlo disfrutado. Las lágrimas volvieron a sus ojos y el miedo trajo nuevos escalofríos a su piel. No quería volver a sentirse de aquella manera.

–No te muevas – le ordeno el, su voz más severa y fría de lo que alguna vez hubiera escuchado en el tiempo que tenía de conocerlo. Quería cerrar los ojos y fingir que no se encontraba en aquella situación y que nada de eso había pasado, pero le asustaba no verlo y pensar que podría tratar de tocarla, por lo que permaneció con una tímida mirada en él, observando como se alejaba un paso irguiéndose, el impulso de cerrar las piernas volvió nuevamente, pero cuando empezó a hacerlo, el la miró con el ceño fruncido y hubo algo en ello que la obligó a permanecer así, aún cuando moría de vergüenza y mortificación.

Noto como el hombre buscaba algo en el escritorio, tardó solo unos segundos y sacó un rollo de papel higiénico. Empezó a enrollar un poco en su mano y luego lo extendió, todo sin quitar los ojos de su parte más íntima. Nuevamente sintió deseos de cerrar las piernas y talvez poner unos cuantos metros de distancia entre ambos. Su mente empezó a trabajar rápidamente, producto de la ansiedad y paranoia. Intento negar con la cabeza, casi segura de lo que él quería hacer.

–Abre más – le urgió con un tono impersonal, lo cual en aquella situación era totalmente sorprendente, pues todo se sentía demasiado íntimo. Considero ignorarlo, pero se dio cuenta que no serviría de nada y que en todo caso, el mismo lo haría. Las mejillas le ardían aún más cuando abrió las temblorosas piernas solo ligeramente. Él le dijo que lo hiciera un poco más y luego otro poco hasta que estaba seguro pudo ver todo de ella.

–Yo puedo – intento susurrar casi sin voz. El calor de su rostro era inmenso y nuevamente quería llorar, de la más pura vergüenza.

Él no contestó, en cambio acercó el papel a su intimidad y presionó deslizándolo por toda la longitud de su vagina, de enfrente hacia atrás. No pudo evitar estremecerse, por lo íntimo de la acción, asimismo, una mueca se formó en su rostro ante el ligero ardor en su entrada.

–Dolerá un poco por unos días… la próxima vez no será así – aseguro con tranquilidad. Sakura asintió solo queriendo que se callara. Que le hablara de aquella manera, cuando hacía eso era demasiado. Tomo unos segundos para que comprendiera sus palabras, entonces levantó una mirada sorprendida a su rostro inexpresivo. Sus ojos oscuros estaban fijos en ella.

–¿Próxima vez? – tartamudeo con un nuevo nudo en la garganta.

El siguió mirándola, por un largo tiempo, hasta que ella se estremeció. Luego bajo el rostro y lo fijo en su mano, que volvió a retomar la tarea de limpiarla. Esta vez sus piernas se cerraron un poco, casi temiendo que el intentara tocarla íntimamente una vez más

–Eres mía ahora – hubo un encogimiento de hombros, como si aquel hecho y sus palabras fuera coherentes – No hay vuelta atrás – justo entonces termino su cometido, tomó el papel higiénico y volvió a hacer otro rollo antes de acercarlo a sus muslos. Sakura no quería que la tocara de nuevo, ni ahora, ni luego. Era horrible, pues su contacto tenía el poder de aturdirla y no necesitaba de eso en ese momento.

–No será así – gimió temblorosa, mientras lograba salir del escritorio y alejarse unos pasos. Temió que el la detuviera pero solo la observaba con curiosidad.

–¿El que? – inquirió con tranquilidad. Sakura odió mirarlo de aquella manera, su calma en aquella situación era frustrante.

–Yo… diré, yo diré a todo mundo lo que sucedió – masculló con temor. Lo pensó un segundo y se dio cuenta que no lo haría, no podía hacerle eso, independientemente de lo que el le había hecho a ella, sin embargo, necesitaba ese distanciamiento, hacerlo cambiar de opinión, alejarse de él.

–¿Y te creerán? – pregunto ladeando ligeramente el rostro, no sonreía, pero algo le dijo que le parecía divertida la situación.

–Si… por supuesto. Usted es nuevo, un profesor sustituto… yo soy una, una alumna ejemplar – convino tratando de sonar firme, la voz aún le temblaba – Además usted… usted me violó – finas lágrimas rodaron por sus mejillas

–¿Y fue así Sakura? – su pregunta la confundió.

–Si, así fue – su voz se elevó un centésima. El hombre la miró fijamente por un momento. Luego volvió a sonreír, de esa manera que causaba un desastre dentro de ella

–Lo disfrutaste Sakura.. te veniste conmigo – la pelirrosa se sobresalto ante su crudeza. Se avergonzó enormemente porque no se sentía capaz de negar sus palabras, no del todo. Pero que él se jactara de ello, además de doloroso, era humillante.

–¡No! No es cierto – chilló avergonzada – Usted me obligó.

El la miró un momento, luego se cruzó de brazos. Sus tranquilos ojos observaron los de ella solo unos segundos, antes de bajar por su figura lentamente. Sus manos se apretaron sobre su camisa cuando se posaron en su torso, luego apretó los muslos cuando siguieron a su regazo. Su expresión era ilegible, tranquila, serena, seria e inexpresiva. Cuando volvió la mirada a sus ojos, Sakura dio cuenta que temblaba.

–Yo no te forcé a que te mojara, ni a que gimieras… ni a que llegaras al orgasmo conmigo… yo no te forcé a que disfrutar mientras te la metía duro – soltó serenamente. Su voz como su mirada, tan imponente. Casi se había escuchado como una burla, aunque su expresión no lo demostrara. Sakura quiso llorar, sintiendo como un calor de vergüenza le recorría la piel.

–Yo no quise… yo no… -- intento negar.

–Te retorciste con mis caricias, mientras te cogía con ganas… tu cuerpo reaccionó a mis manos, mis labios… a mi cuerpo Sakura – sus pasos lentamente se acercaron a ella. Quería retroceder, mantener el espacio entre ellos, pero las piernas le temblaban demasiado – Tu también me deseas pequeña – su mano se acercó a su rostro, sus dedos le acariciaron lentamente la mejilla, Sakura logro retroceder unos ligeros y temblorosos tres pasos, necesitando la distancia.

–Yo no quería… usted lo hizo, abusó de mi… me amarró y, y retuvo a la fuerza… usted… – lagrimas se deslizaron por sus mejillas – Es un delito, lo despedirán… por lo que me hizo – sollozo apretando aún más el cuello de su camisa. Quería sonar firme, amenazante. Quería que se alejara, que no regresara, que se fuera del colegio, de su vida.

–No te creerán Sakura – aseguro con calma.

–Lo harán, si lo harán… haré que me crean – musitó con más convicción de la que de verdad sentía.

Noto como los oscuros ojos se entrecerraban. Observo su expresión facial cambiar, helarse, lentamente transformarse a algo oscuro, inexpresivo.

–Entonces… déjame formularlo nuevamente – se acercó con tranquilidad al escritorio y se sentó en la orilla, cruzando los brazos nuevamente – Si tu dice algo yo... Yamanaka es muy amiga tuya ¿cierto?

–¿Que dice? – un escalofrío le recorrió el cuerpo.

–No tenía que ser así pero… – le dio una mirada dura – Si dices algo, me aseguraré de hacer con ella lo mismo que contigo hoy – una sonrisa cínica – Pero no será agradable.

Los ojos de Sakura se abrieron grandemente, sorprendidos, incrédulos, horrorizados.

–No, no…

–Si, lo haré Sakura… tenlo por seguro – afirmó con tranquilidad – Si no me das lo quiero…

–¿El que? Que quiere? – le pregunto con ansiedad. El miedo filtrándose en cada poro de su piel.

–A ti – contesto simple y llanamente.

Sakura empezó a llorar, ya incapaz de mantener las apariencias. No sabia muy bien porque lloraba, talvez la presión de su amenaza, la ansiedad que le provocaba su cercanía y el miedo que despertaba en ella su actitud tan oscura. No se parecía en nada al hombre del cual creía se había enamorado. Había algo realmente malo en él.

Sintió como él se acercaba a su cuerpo, su piel presintiendo su presencia. Se tensó cuando su mano hizo contacto a su cabello. El cuerpo entero se le estremeció. Le asustaba un poco la manera en la que toda su piel reaccionaba a su toque, por más ligero que este fuera.

–Será bueno Sakura – él susurro su voz serena.

¿Porque? Porque yo?

Esas preguntas rondaban su cabeza. Quería hacérselas pero su respuesta le daba miedo de muchas diferentes maneras. Ya ni siquiera podía fingir conocerlo, pues ahora sabía que de nada servía que lo hubiera visto cada día durante meses porque jamás había podido descifrar realmente más allá de su expresión seria y calmada.

Ahora sabia con total certeza que había sido una auténtica ingenua, pues en ese momento se daba cuenta que había más de él, mucho más y no estaba segura de querer saberlo todo.

–Si haces lo que te pido todo será muy bueno entre nosotros Sakura – las manos de él, tomaron las de ella hasta destapar su rostro. La miro fijamente de una manera amable, suave. Esos cambios era extraños y escalofriantes.

–Solo tienes que guardar nuestro secreto Sakura… solo tú y yo ¿entiendes? – le acomodó el cabello atrás de las orejas y levantó su rostro para que le mirara a los ojos. Sakura no quería hacerlo, pero él era muy insistente y sabia que de cualquier manera terminaría haciendo lo que le pidiera, eso era lo que le había dicho. Lo miró y se limitó a asentir, sin poder hablar, un nudo lleno le atravesaba la garganta.

Sintió como él le limpiaba dulcemente las mejillas. Sus manos eran suaves al tratarla, eso la confundía también.

–Te aseguro que lo disfrutaremos Sakura… veras que si – le sujeto firmemente la barbilla y bajo el rostro con lentitud hasta que tomó sus labios.

Sintió un sollozo de ella contra su boca, pero aun así no la dejó, seduciendo sus labios con gentileza, toques sutiles, suaves, hasta que ella siguió su ritmo. Sus manos se mantuvieron quietas, solo sus labios en contacto, dejando que se acostumbrará a eso, que se olvidara de sus tormentosos pensamientos, hasta que sintió que ya no era el único que aportaba al beso. Entonces la tomo de la nuca y de la cintura, luego la llevo al escritorio. No le dejo pensar mientras le quitaba las manos que sostenían la camisa escolar y posteriormente tomaba sus pechos y los besaba.

La chica se encogía y ponía las manos en sus hombros queriendo escapar débilmente de sus brazos, pero Sasuke fue persuasivo. Beso sus pezones, luego la tomo de las rodillas y abrió sus piernas colándose en ellas; cuando la tuvo abierta a sus atenciones, deslizó sus dedos en su coño desnudo. Ella respingo, tratando desesperadamente de centrarse, pero el ataque a todos sus sensibles sentidos la dejaba débil a aquellas atenciones.

–No, no otra vez… por favor – suplico sin fuerzas. Solo quería volver a casa. Se sentía tan sucia, porque el la tocaba sin su consentimiento y le gustaba, le gustaba mucho. Intento apretar los ojos con fuerza, deteniendo las lágrimas que nublaba su vista. No quería llorar, no quería disgustarlo y que cumpliera su amenaza. Tenia miedo de él y de lo que sería capaz. Tenia miedo de todo aquello que provocaba dentro de ella, a su cuerpo, a su corazón y mente. Tenia miedo de sí misma.

–Solo déjate llevar Sakura – el aliento de él le pego en el oído. No pudo evitar estremecerse. Las manos tocaban el coño lentamente, deslizándose por su manojo de nervios, entrando en ella, suavemente, de aquella manera que traía escalofríos de placer a su interior. Quiso cerrar las piernas, era demasiado, pero nuevamente él no la dejaba, debía recibir el placer, aguantar el asalto. Las manos que tenia en sus hombros, se apretaron aún más, enterrando los dedos en su piel. El dolor en su interior, por la reciente actividad, por sus insistentes caricias, por el fuerte placer.

–Así es – susurraba él en su oído. Sus dedos dentro de ella moviéndose firmemente, hasta que encontraron un punto dentro suyo que la llevó a contraerse fuertemente. Sakura chilló, enterró el rostro en el torso que estaba sobre ella. Quería gritar y llorar, su cuerpo recibiendo demasiado placer.

–No… no – logro gemir incontrolable. Las piernas le temblaban, los músculos de sus muslos se estremecían. Sintió como le besaba el pulso en su cuello y luego le mordía el lóbulo de la oreja.

–¿Te gusta Sakura? Te gusta como te acaricio? – le besó la mejilla hasta quedar de frente a su rostro ruborizado – ¿Quieres que me detenga? ¿En verdad lo deseas Sakura? – indagó suavemente mientras le besaba los dulces labios abiertos, todo sin dejar de mirar sus ojos. Sakura quería asentir, decirle que si, pero no podía, porque se daba cuenta que lo que menos quería en ese momento era que él se alejara. No cuando un placer más grande empezaba a formarse, cuando ya no pensaba, solo sentía.

Apretó los labios, se mordió el inferior. Una expresión de sufrimiento en su rostro. Sus ojos llorosos fijos en los más oscuros. Sus dedos enterrados en su camisa, raspando su piel. Sintió como acariciaba algo muy bueno por dentro, luego como con su otra mano se burlaba de su clítoris. No podía respirar, solo jadeaba. Sus músculos internos empezaban a temblar, la humedad bajaba y aquellos dedos se deslizaban con mayor facilidad.

–Así es… falta poco – susurro él con la mejilla contra la de ella, sus labios dándole besos por aquí y allá en su piel. El placer subió, hasta que ya no sabía siquiera su nombre, hasta que todo lo que podía pensar era en él, en sus habilidosos dedos y en lo que le hacía a su cuerpo. El calor era insoportable, las contracciones siguieron hasta que algo se quebró dentro suyo y luego estalló, con tanta intensidad que Sakura chilló, abrazándose fuertemente al cuerpo masculino, mientras toda ella temblaba, sin parar.

–Esta bien, está bien – sus manos grandes abandonaron su interior y le acariciaron los muslos. Sus labios le besaron la boca entreabierta suavemente. Sakura lo observo entre pestañas húmedas, notando su satisfacción masculina.

Sintió como alejaba el cuerpo un poco, sin moverse de entre sus piernas y llevaba la mano que había estado frente a ella a su rostro. Sus dedos estaban humedecidos, lo cual la avergonzaba. Observo como pasaba uno por sus propios labios masculinos, lo cual la mortifico enormemente, luego noto como se lamía los labios. Sakura no podía respirar. Sus acciones eran descaradas, tan carnales y perversas. Los ojos de él estaban fijos en los suyos. Tembló nuevamente cuando lo miró tomar el papel higiénico y limpiarse los dedos con él, aún sin dejar de saborearse los labios. Era condenadamente pecaminoso.

Cuando se acercó nuevamente no pudo evitar jadear, aún con el mal pensamiento de que solo quería tocarla perversamente, grande fue su sorpresa cuando notó que empezaba a acomodar su sostén y luego a abrocharle la camisa. Hizo un amago de continuar por su cuenta, pero él le susurró que lo haría, por lo que tuvo que dejarlo hacer. Se alejó unos pasos y tomó el papel higiénico, le limpio los muslos y deslizo otro rollo por su coño sensible. Eso la hizo gemir y luego desviar la mirada avergonzada. El profesor la miró un momento y luego siguió. Observó como se inclinaba al piso y tomaba su braga, aunque intentó nuevamente hacerle desistir, no pudo evitar que fuera él quien se la pusiera, incluso la obligó a levantar las caderas para pasarla por su trasero hasta asentarlas bajo su vientre.

–Quédate aquí – le susurró mientras lo miraba buscar algo en el escritorio. Saco un rollo del cual agarro una pequeña bolsa negra, luego empezó a guardar en ella los papeles que tenia al lado y todo aquello que estaba tirado en el piso.

El hombre se alejó luego, yendo hasta el fondo del salón donde se encontraba la mochila de ella, lo observó tomarla y posarla sobre uno de sus hombros. Se acercó a ella con la mirada fija en su rostro, Sakura sintió que las rodillas le temblaban.

–Vamos – la voz de el era nuevamente gentil, a Sakura le confundían sus cambios de actitud. Arrastro su trasero hasta el borde del escritorio y se propuso a dar un pequeño salto de él, pero el hombre se acercó a su costado y la tomó de la cintura poniéndola gentilmente en el suelo. Ella le miró nerviosa y confundida. Por una parte quería alejarse de él, su tacto no le gustaba, la atontada demasiado, por otro lado, le daba curiosidad sus maneras, pero el miedo predominaba, y le impedía pensarlo demasiado. Intento alejarse pero el no la dejo avanzar mas de unos pasos antes de que la tomara del codo nuevamente.

Espero hasta que ella desistió de alejarse, entonces volteo hacia el escritorio y saco un paquete de toallas desinfectantes para limpiarlo rápidamente.

Cuando terminó, la tomó del codo y guio a la salida, luego por el largo y oscuro pasillo. No había nadie dentro, estaban completamente solos y era ya de noche. Aunque quería volver a alejarse, Sakura temió aún más la oscuridad que parecía engullir los corredores. No había ninguna luz encendida, sin embargo, el profesor caminaba confiadamente. Salieron por unas puertas traseras, que quedaban cerca de las canchas, luego fue guiada por un camino hasta lo que parecía el estacionamiento exterior.

–Ten, toma – el moreno le paso la mochila. Sakura la tomó rápidamente y la abrazó contra su pecho. Noto como el se alejaba unos pasos para acercarse hacia la camioneta negra que ya conocía.

Volteo unos segundos después al notar que ella no le seguía. Sakura observó bajo la luz de la luna como su ceño se fruncía.

–¿Que esperas? ¡Vamos! – su voz aún con un toque de impaciencia, no era tan fría como antes. Sakura sospeso un momento acerca de hacerle caso. Interiormente temía estar a solas con él en su auto. Podría intentar cualquier cosa.

–Creo que… me iré sola – susurró suavemente esperando no molestarlo. Lo que menos quería era provocar su ira. No quería darle razones para cumplir su amenaza. Honestamente esperaba que el hombre se negara y temía por ello, por lo que quedó sorprendida cuando no fue así.

–Esta bien – él termino de acercarse al auto y abrió la puerta del conductor --. Solo espero que no te suceda lo de hace unos meses – soltó con un encogimiento de hombros mientras hacía un ademán de adentrarse al vehículo.

–¡Espere! – gimió Sakura sobresaltada. Pensó sus opciones con ansiedad. Entre todos sus males, definitivamente el peor sería revivir el trauma del callejón. Prefería mil veces ir con el.

–¿Puede llevarme?… por favor – le pidió tímidamente. El la miró y asintió indicándole que entrara al auto.

El camino fue en silencio. Sakura se sentía bastante tensa, abrazaba su mochila con fuerza contra su pecho. No podía evitar sentir miedo o ansiedad al estar en un espacio tan reducido con aquel hombre, pero él en ningún momento intentó nada. Su mirada estaba fija al frente y sus manos afianzada en el timón. Tenia una postura relajada, una tranquilidad acogedora, sin embargo, Sakura no pudo tranquilizarse y no se permitió a si misma hacerlo.

Un escalofrío le recorrió el cuerpo mientras observaba como el auto se deslizaba por las calles correctas. No había soltado ni un suspiro, pero si había esperado que él le preguntara por su dirección, había empezado a formular en su cabeza lo que le diría, no pensaba decirle dónde vivía. Fue una terrible sorpresa ver como luego de unos minutos y varios kilómetros, se estacionaban frente a su casa. Nunca le había parecido tan sola y oscura como en ese momento ¿Cómo sabía el su dirección? ¿Sabría también que sus padres nunca estaban en casa? Sintió un escalofrío.

Nerviosamente, dirigió una mirada al hombre solo para ver su tranquilo semblante. Estaba serio, sus manos aún sosteniendo el volante, su postura neutra.

–Gracias – susurró antes de intentar abrir la puerta, se deslizó fuera y cuando estuvo a punto de cerrar.

–La veré el lunes señorita Haruno

[…]

Sakura observó los azulejos azules del baño. El agua le caía suavemente en la cabeza, deslizándose en ríos hasta abajo. Estaba en el suelo húmedo y frío. Había sentido la necesidad de bañarse inmediatamente llego, había encendido luces, dejado su mochila al lado de la puerta de entrada tras asegurarse de cerrar con todas las cerraduras y casi había corrido hacia el baño.

Abrazo sus piernas mientras apoyaba su mentón en sus rodillas. No tenía ganas de llorar por extraño que fuera, pero la cabeza le palpitaba intensamente. Había pensando una y otra vez en lo que había sucedido y le dolía el pecho, con un dolor lacerante que subía por su garganta. Pero no lloraba, no entendía porque no lloraba.

Esa noche durmió con todas las luces de la casa encendidas.

Y aún así se sintió inmensamente sola.

Acostada en la cama, con la luz de la lámpara iluminando la habitación y a unos segundos de dormirse, solo podía pensar una y otra vez.

Lo odio, lo odio, lo odio…

Y aún así, todo lo que pudo soñar esa noche fue con aquel oscuro ser, con sus intensos ojos, su sonrisa discreta y arrogante, con su cabello sedoso y su voz ronca.

Fue cuando se dio cuenta que…

Su cielo se volvió infierno y un ángel caído esta en él.

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FIN DEL CAPÍTULO


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