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Advertencias del capitulo: (Lemon y lenguaje obsceno)
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Diclaimer: Naruto y sus personajes NO me pertenece
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Nota: Esta historia es completa y absolutamente MIA, y no es permitido tomarla sin mi autorización.
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HERIDAS DEL ALMA
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CAPÍTULO 3
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" Emociones incontrolables"
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El fin de semana paso lentamente, cada día siendo extremadamente largo, con los segundos convirtiéndose en minutos y los minutos en horas.
Sakura no había salido de la cama durante las primeras horas del sábado. Con las sábanas sobre su cuerpo y cabeza, y el rostro enterrado en la almohada. Había llorado alrededor de una hora luego de haberse levantado. Las lágrimas solo habían venido de repente, sollozos escapando de sus labios y luego nada había detenido la tormenta dentro de ella.
Al moverse podía sentir un ardor nada leve en el sexo y los músculos de los muslos y las piernas le dolían, por lo que buscó en internet una manera de aliviarse.
Luego de seguir los pasos, se había sentido mucho mejor, siempre con una parte suya llena de tristeza, ansiedad y miedo, pero había tratado de apartar los pensamientos durante unos momentos y se había dado otra ducha de casi una hora.
No había comido más que una fruta y talvez un yogurt, y se había encargado de limpiar la casa de arriba a abajo, hasta que todo brillaba y el cansancio la había arropado con tanta intensidad que había caído a la cama sin opción, durmiéndose al instante desde temprano y almacenando los pensamientos y recuerdos en un lugar lejano de su mente.
El domingo al despertar noto varios mensajes de sus amigos en el teléfono. Casi todos los fines de semana, por costumbre, tenía salidas con cualquiera de ellos para evitarse el disgusto de pasar sola el fin de semana en casa. No tenia una excusa, ni el ingenio para inventarse algo por lo que simplemente se disculpó, argumentando que se encontraba un tanto triste. Siempre que sus padres volvían y la dejaban antes de tiempo, caía en una especie de depresión, algo que venía y se iba por sí mismo. Los chicos decidieron darle su espacio, sin embargo la llamaron para asegurarse que se encontraba bien.
Naruto había sido el primero, Sakura había pensado en ignorar la llamada, pero sabía que si lo hacía ellos estarían ahí en cuestión de horas. Finalmente, contestó y su amigo le preguntó porque su voz sonaba tan extraña, Sakura rápidamente argumentó que estaba un poco agripada y tras pocas palabras logró cortar la llamada. Ino llamo no solo unos minutos después, proponiéndole ir ella a su casa, Sakura se puso ansiosa durante unos momentos. No quería verla, ni que la viera en ese momento, su aspecto no era el mejor y dudaba tener la capacidad de fingir que todo estaba bien. Había soltado las palabras que sabía le tranquilizarían y luego había logrado colgar alegando sueño.
El resto de la mañana, Sakura se la pasó en la cama nuevamente. Intento distraerse, que los recuerdos no vinieran, pero una y otra vez pudo revivir la tarde del viernes. Otra vez lloró, pero en esa ocasión fueron lágrimas de tristeza. Se dijo que talvez había sido su culpa, sino hubiera estado tan empeñada en entregar un libro que ni siquiera le habían pedido o sino hubiera pecado de curiosa al escuchar los ruidos en la oficina del director, sino se hubiera acercado o hubiera sido más discreta en su sorpresa…
Si tan solo sus padres no la dejaran abandonada y tuviera la vida normal de cualquier adolescente de su edad o…
Si no estuviera tan estúpida y platónicamente enamorada del señor Uchiha…
Si no lo hubiera conocido o si… solo aceptaba de una buena vez las circunstancias para dejar ir esa deprimente tristeza que la acojonaba. ¿Estaría exagerando? ¿Serviría de algo luchar contra la marea? ¿Debía solo rendirse?
No tenía muchas opciones, se daba cuenta. Después de todo, el hombre la había amenazado. Podría acusarlo, pero… lograrían detenerlo a tiempo? O peor aún ¿Tendría el valor para hacerlo?
Ponerse en la situación de víctima de una violación, podía imaginar a sus padres volviendo a casa a cuidar de ella por obligación, a sus amigos brindándole un apoyo esquivo e incómodo. A sus maestros tratando de ser brutalmente amables, a la sociedad entera poniéndola como ejemplo, las noticias hablando de ella… al señor Uchiha en la cárcel. Eso último estrujó su corazón intensamente. Y se reclamó por ello ¿Como podía tener sentimientos por él aún? ¿Realmente los tenía o eran el producto de una fascinación?
Ya no sabia que sentir o que pensar.
Finalmente decidió levantarse de una vez y tomarse una larga ducha, comió una fruta y un par de galletas y se sumergió en los libros, haciendo las tareas, adelantando los trabajos, organizando sus proyectos. Cuando la cabeza empezó a palpitarle justo en la cien y los ojos le pesaron tanto que las letras del libro empezaron a difuminarse. Sakura se arrastró a la cama, se arropó con una sábana y se dejó llevar por el cansancio.
Sin embargo, horas después la despertó una llamada, era de sus padres. El impulso de dejar la llamada correr estuvo ahí, pero sus padres la llamaban sin falta todos los domingos para preguntarle sobre su semana y ella siempre había esperado con entusiasmo esa atención. Sabia que ellos sentirían algo extraño de no contestar. Mientras hablo con ellos respectivamente, Sakura logro mantener un tono de felicidad y fue un poco deprimente que ellos no notaran que había algo malo en ella, no es que quisiera que se enteraran pero… eran sus padres después de todo y parecían no conocerla.
Esa noche lloro hasta quedarse dormida.
[…]
A la mañana siguiente Sakura se levantó de un salto, un dolor de cabeza formándose en su cien. El despertador no le había sonado, por lo que corrió al baño a darse una rápido ducha, sin embargo, mientras el agua recorría su cuerpo se preguntó si era necesario ir realmente.
Era lunes, a la primera hora tenía clase con el profesor Uchiha. No quería verlo, temía traicionarse y decir o hacer algo que pudiera darle un indicio a alguien más de lo que había sucedido entre ellos. Además, no sabía que hacer, como reaccionar ante él ¿Esperaría que aparentara indiferencia? no había podido hacerlo siquiera cuando su relación era puramente platónica, menos ahora que era física. Por otro lado, imaginarlo tan cerca le producía escalofríos, aunque no quería, sentía miedo, no sabía si del todo racional pero tenía miedo de él, de lo que podía hacer o de lo que le hacía sentir, más aún de lo que le hacía sentir ¿Podría el imaginar cuantos sueños fantasiosos había tenido hacia su persona? ¿Podía siquiera concebir cuantas veces había soñado con estar con el siquiera lo suficiente cerca para mirarle a los ojos? ¿Cuanto había anhelado una mirada o un beso suyo? No como lo había recibido, eso solo había destruido sus fantasías románticas.
Talvez lo había idealizado tanto que había creado un sentimiento de amor. Una ilusión. No lo sabía, pero solo imaginarlo cerca suyo, además de temor, aceleraba fuertemente su corazón, de ansiedad y algo más… algo cálido y al mismo tiempo frío. No entendía nada.
Aunque faltar era tentador, el colegio era tan estricto que seguramente llamaría a sus padres para verificar el motivo de su ausencia, entonces ellos sabrían que había algo mal, pues aun enferma no había faltado un día de escuela desde que tenía memoria.
Aunque no tenía hambre tomó un fruta y ya lista, salió de la casa. Se aseguró de cerrar bien todas las ventanas y puertas, y el portón delantero. Luego espero en la calle a que pasara algún taxi. Talvez debería de buscar el número de la central de taxis personal, pero aunque intentaba convencerse que no, una parte suya estaba retrasando su llegada al colegio el mayor tiempo posible.
Pasaron alrededor de veinte minutos antes de que pasara el primer taxi. Sakura le hizo parada y se deslizo por el asiento tranquilamente. Aunque no estaba demasiado atrasada en un inicio, haber esperado por el transporte hizo que llegara bastante tarde contando que el instituto quedaba a casi media hora de distancia.
Pago lo debido y se adentro al edificio rápidamente. Los pasillos estaban desiertos y faltaban unos minutos para que terminara la primera clase. Aunque aun no estaba preparada para ver a su profesor, sabia que de no entrar a clases, él presentaría su falta de asistencia a dirección y entonces ellos llamarían a sus tutores.
Solo tomo una profunda inhalación antes de ingresar a su salón, tan solo luego de tocar un par de veces. La mirada del profesor fue la primera en posarse en ella, logrando estremecerla, seguida de la mirada de casi todos sus compañeros.
–Buenos días – su voz tartamudeo traicionándola – Lamento la tardanza – se inclino ligeramente, la mirada gacha, las mejillas rojas de vergüenza.
–Pase Haruno… luego de clase hablaremos usted y yo – la voz profunda de él logro estremecerla por dentro.
Intento asentir y empezó a caminar hacia su asiento mientras ligeros murmullos se escuchaban de varias direcciones. Sin embargo no logro avanzar mas que unos pasos antes que el timbre sonara dando por finalizada la clase.
–Bueno… dejaron el tema por hoy. Para la siguiente clase espero que traigan un avance del informe que solicite – el hombre empezó a guardar su laptop, libro y bolígrafos, tomo su maletín y lo colgó rápidamente en su hombro.
Sakura apenas había logrado alcanzar su asiento y acomodar su mochila, cuando la gruesa voz del profesor la llamo. No puedo evitar tensarse. Verifico que todo estuviera en orden y luego se aliso la falda, solo para secarse las palmas de las manos en ella.
–Sakura – saludo Naruto con un movimiento exagerado de manos. Ella cabeceo en su dirección, dando un sonrisa trémula antes de dar media vuelta y avanzar hacia el hombre.
–Sakura espera – Naruto se levantó del asiento y se acercó a ella. Sakura pudo notar como algo oscuro nublaba la mirada de su profesor. Cuando aquellos ojos se fijaron en los suyos, Sakura se intimidó y empezó a temblar. Supo instantáneamente que nada bueno saldría de ellos, pero no solo podía ignorar su amigo, Naruto no era una persona fácil de ignorar, menos aun, era alguien que se quedaría calmado y quieto si ella lo hacía.
–Ya vuelvo Naruto – la voz le temblaba con evidencia.
–Es que estas… pálida – los ojos azules la miraban seriamente – ¿Te sientes mejor? – le pregunto con mucha preocupación.
–Si… yo, de hecho…
–Señorita Haruno – el profesor ya estaba en la puerta y a todas leguas se notaba impaciente y muy irritado – No tengo mucho tiempo, acompáñeme inmediatamente.
Sakura asintió en su dirección y le murmuró a Naruto que volvería, luego dio la vuelta y siguió al Uchiha. En el pasillo se encontraron a unos pocos estudiantes y a los profesores cambiando de salón. Tuvieron que subir hasta el tercer piso del complejo de edificios para encontrar las pequeñas y distribuidas oficinas de los catedráticos. La del señor Uchiha quedaba casi al final del pasillo, Sakura estaba cada vez más nerviosa, había visto como varios profesores abandonaban sus cubículos para ir seguramente a sus clases.
Cuando llegaron a la oficina el hombre abrió la puerta, tenia llave. No sabia muy bien que esperar dentro. El lugar era bastante común, una pequeña oficina con un viejo escritorio. Un pequeño estante con algunos libros. También tenia una silla de cuero tras el escritorio y otra más enfrente, seguramente para cuando tenia compañía. Había una pintura abstracta en la pared de enfrente y lo imagino sentado, mirando la pintura más de una vez. El lugar era en realidad bastante pequeño, pero limpio y muy organizado, también olía muy bien, a un poco de desinfectante y a la colonia embriagante del hombre.
El señor Uchiha la hizo pasar primero, Sakura avanzó y se acercó de una vez al escritorio, poniéndose tras la silla que estaba frente y tomando el respaldo entre sus manos. Noto como el hombre se acercaba y ponía sus cosas en el escritorio, solo rogaba que su charla fuera corta, tenia la esperanza de que así fuera, aunque no sabia si el tenia clase en la siguiente hora.
Observo como se sentaba, dejaba su maleta en la superficie del escritorio y se tomaba el trabajo de sacar todo su material, era obvio que no estaba apresurado, pues hacía todo con mucha lentitud, también notó como acomodaba cada cosa con rectitud y cuidado, ya había notado que era alguien pulcro y ahora se daba cuenta también que era estricto en el orden de sus cosas.
Sakura espero a que le dijera algo, pero conforme los minutos pasaban y el silencio se hacía más extenso, empezó a ponerse cada vez más nerviosa. Sintió como el sudor frio empezó a recorrerle el costado de rostro, el corazón le latía tan rápida y fuertemente, que el zumbido le tambaleaba en los oídos.
–Lo hiciste a propósito ¿cierto? – su voz fue un susurro suave, pero Sakura se sobresaltó y le miró con los ojos confundidos, sin siquiera estar segura de haberle escuchado, luego pensó en sus palabras y finalmente les tomó sentido. El impulso de negarlo estaba ahí, acariciando su garganta por soltarlo, pero aquellos ojos se posaron en ella y Sakura sintió en el alma que él podría ver su interior
–Viniste tarde a propósito ¿cierto?... Seguramente pensaste que te librarías de mi fácilmente – la sedosidad y masculinidad de su timbre le acarició los oídos provocándole ligeros escalofríos. Sakura alcanzó a negar con la cabeza, los labios temblándole ligeramente.
–¿Entonces debo asumir que te dormiste? – continuó él pensativo –. Sin embargo, según tu historial de asistencia, muy admirable por cierto… tu puntualidad es en extremo perfecta. Nunca faltas, ni siquiera por enfermedad, a menos claro, que sea algo importante ¿ocurrió algo importante?
Sakura temblaba, no había pensado en su reacción y la temía, pues a pesar de su tono amable y tranquilo, ella sabía que estaba molesto. Intento negar con la cabeza, pero apenas pudo hacer un ademán, tan temblorosa como se encontraba. El aún no la miraba, y parecía no haber notado su intento de negación o haberlo ignorado deliberadamente.
–Responde Sakura – le pidió con tranquilidad. Sakura tragó saliva, luchando por atravesar el nudo en su garganta.
–No – su voz sonó débil y rota.
–Ya veo – el asintió en un movimiento ligero de cabeza, finalmente la miró, y el impacto de esa mirada en su persona fue catastrófico. Sakura no solo temblaba, ella simplemente había dejado de ser dueña de si misma.
Observo como aquellos labios masculinos esbozaban una sonrisa cruel y el corazón se le aceleró aún más, segura de que él también podía escucharlo.
–¿Me tienes miedo Sakura? – le pregunto con dulzura. Ella se tomó las manos con fuerza, entrelazando los dedos en un agarre tan firme que su piel se volvió aún más pálida. Sasuke la miró largamente, hasta que comprendió que no contestaría. Su actitud era tan asustada y precavida producía algo oscuro en su pecho.
–Quítate la ropa – su voz se tornó dura, fuerte. Una orden nada más. Sakura se sobresaltó visiblemente, los ojos enormemente abiertos, la mente en blanco.
–¿Como? – tartamudeo en un hilo de voz.
–Ahora si hablas – se burló con cinismo – Quítate la ropa Sakura – repitió reclinándose en la silla y cruzando los brazos sobre su pecho. Sakura sintió que temblaba, tenia el rostro caliente y las manos frías.
–Profesor… por favor.
–No tenemos todo el día – la interrumpió déspota. Ella replicó de nuevo, aterrada sobre tener que desnudarse realmente. Ahí, en la escuela, a plena luz del día, con la mirada de él siguiendo cada uno de sus movimientos.
–Por favor… señor Uchiha, se lo pido – él hizo un ademán definitivo de manos que la hizo callarse al instante.
–Hazlo Sakura… o lo haré yo.
Sakura temblaba, los ojos ardiendo por las lágrimas reprimidas. No sabia por donde empezar, ni siquiera que hacer exactamente. Estaba tan sorprendida y aterrada que ni siquiera sabía como reaccionar. ¿Desvestirse? ¿Ella?
Instintivamente llevó las manos a su camisa, justo sobre el primer botón. No quería, deseaba oponerse, enfrentarse a él, pero rápidamente recordaba sus palabras oscuras, sus amenazas, el poder que tenia sobre ella y sabia que era mejor cooperar. El le había dicho que sería bueno con ella, no quería que fuera así, temía traicionarse a sí misma, pero tampoco quería enfrentarse a su lado más oscuro, había podido vislumbrar apenas un poco y le temía. El era una persona completamente diferente entonces.
Quería llorar, un nudo le atravesaba la garganta pero se resistió y con dificultad siguió la tarea de desabrochar su camisa. Cuando termino, un gesto de el le indico que la removiera de su cuerpo. Los labios le temblaron mientras deslizaba la prenda por sus hombros, brazos y manos, hasta que fue solo un bulto en el piso.
Los ojos de él le recorrieron ardientemente, logrando calor y frio en su piel.
–La falda ahora – susurro el, luego de unos segundos de simplemente contemplarla.
–No, por favor profesor…
–Ahora Sakura – la interrumpió con rudeza.
Fue inevitable que la falda acompañara su camisa. Las lagrimas pugnaba por salir de sus ojos, pero había logrado con mucho esfuerzo retenerlas.
Noto como el hombre se levantaba y rodeaba el escritorio, apoyándose luego en el, frente a ella. Sus brazos fuertes se cruzaron, los músculos de los antebrazos se le marcaban, su expresión tan seria e intimidante lograba ponerla aun mas nerviosa ¿Querría tocarla? Le aterraba pensar que así fuera, era de día, estaban en el colegio y cualquier podría venir y encontrarlos, también temía su tacto, y su propia reacción.
El silencio se extendió, Sakura intentó mirarlo a los ojos, pero su mirada tan penetrante logró doblegarla tanto que sintió como las piernas prácticamente se le volvían de gelatina. Desvió el rostro al suelo, sus manos entrelazadas temblorosamente frente a su regazo, inconscientemente o no tanto, buscando tapar todo lo posible con sus brazos.
–Sakura – se tensó al sentir como la llamaba – Mírame Sakura – pidió, no ordenó. Su tono de voz logró sorprenderla, pero no por ello pudo reunir el valor de cumplir su petición.
Luego de unos segundos, el pareció irritarse, pues sintió como se acercaba y antes de poder siquiera reaccionar, su mano grande la tomó del rostro, rodeando con sus dedos, sus mejillas. Su agarre era suave, pero la manera en que aprisionada su rostro, como sus dedos se hundían ligeramente en su piel fue intimidante. Sakura dio un respingo y sus ojos temblorosos buscaron los de él con temor.
–Eso… mírame – la expresión de satisfacción en su rostro causo escalofríos en su piel. Noto como el se alejaba, apoyándose en el escritorio y volviendo a cruzarse de brazos.
Su mirada la recorrió entera, desde sus ojos cristalizados, hasta sus labios rosados y temblorosos, notó su barbilla lisa, su cuello delicado, sus hombros curvados, el sostén blanco, de encaje abrazaba sus pechos, sus montículos no eran grandes, pero si firmes, de piel suave, pálida y perfecta. Su abdomen era definido, llevaba bragas también blancas y tenía caderas anchas, las piernas esbeltas. Era una delicia para la vista.
Miro nuevamente su rostro sonrosado, con su mirada tímida y los cabellos revueltos y no pudo parar aquello oscuro que acariciaba su pecho. Era tan inocente, tan dulce, increíblemente dulce.
–Eres hermosa – susurró mirando sus brillantes ojos. Noto con satisfacción como ella enrojecida y se cohibía. Se acercó en un paso a ella y la tomó de la cintura con rapidez, cuando notó como instintivamente se alejaba, tomó su rostro con una mano y sus labios en un beso fiero, pasional y autoritario. Saboreo su inexperiencia cuando con dificultad intento seguir su ritmo, pero eso solo hizo que el contacto fuera más delicioso. Aunque ella aún no lo sabía, le pertenecía. Su reticencia duraba poco una vez la tocaba, podía notar como casi se deshacía en sus brazos, como inconscientemente respondía a su tacto aferrando sus pequeñas manos a sus hombros, ondulando ligeramente su cuerpo, gimiendo suavemente en sus labios. Ella ni siquiera lo notaba. Ni siquiera sabía cuanto cedía de si misma, pero el se lo enseñaría. Era su profesor después de todo.
[…]
Cuando Naruto observo a Sakura irse tensa y levemente temblorosa, supo que algo no andaba bien, lo supo de hecho desde la mañana del sábado, cuando la llamo para invitarla a salir. Sakura se escuchaba nerviosa y distante, no como ella misma y había sentido que había algo mal, por lo que no había podido evitar preocuparse.
Esa mañana solo había acentuado sus sospechas. La conocía de todo una vida, ella era tan responsable que era casi gracioso, nunca había faltado a clases, sin previo aviso a maestros y amigos, así de seria era respecto a sus estudios. Durante la hora de clases se la había pasado más pendiente de la puerta del salón que de la pizarra, donde el profesor Uchiha explicaba quien sabe que.
Naruto siguió con la mirada la menuda espalda de Sakura, mientras ella y el profesor Uchiha cruzaban el pasillo, no fue hasta que doblaron y les perdió de vista, que se permitió bajar la mirada ¿Que sucedía con Sakura? ¿Porque actuaba de esa manera? Con un nudo en el pecho dejo que su mirada se estancara en aquel punto. Sus compañeros reían y se relajaban en espera del siguiente profesor. El permaneció ahí, tan solo preocupado.
Tenia que ir por ella. Algo muy dentro suyo se lo pedía. Dio un paso al frente y otro hasta que apresuradamente se encontró recorriendo el pasillo. No llego muy lejos, pues al cruzar se encontró contra un cuerpo más alto y pesado que el suyo.
–¿Adonde crees que vas Naruto? – le pregunto una voz ligeramente irritada y burlona. Era el profesor Iruka, el maestro guía de su salón – ¿Otra vez escapando de clase?
–Profesor Iruka – exclamó sorprendido, buscó excusarse rápidamente – Yo no estaba escapando, solo quería…
–Por favor Naruto, ya pasamos por esto – el cansancio en su voz, producto de las repetidas ocasiones en las que aquella escena se había protagonizado en el pasado, irritó a Naruto. Esta vez era serio.
–No profesor, solo quería alcanzar a Sakura.
–Naruto, el profesor Mizuki esta entrando ahora al salón – ni siquiera lo escuchaba y claramente no lo dejaría continuar.
Naruto volvió a excusarse e intentó explicarle varias veces su cometido, pero Iruka no lo escuchaba y no cesó hasta que lo vio caminando hasta el salón. Naruto miro por sobre su hombro mirando con molestia la expresión severa del hombre, quien cruzado de brazos espero hasta que ingreso al aula para irse.
El profesor Mizuki lo miro con aburrimiento y con un movimiento de manos le pidió que se sentara. La clase inició y con ello el tiempo empezó a correr, mientras él miraba hacia la puerta en espera de que Sakura volviera. Su preocupación crecía conforme los minutos transcurrían. ¿Acaso el profesor Uchiha habría reportado su falta y ahora estaba en dirección? O ¿Estaría recibiendo un serio sermón de aquel hombre tan extraño?
Naruto no sabia porque había algo en el que no terminaba de convencerle. No era muy diferente a los demás profesores. Talvez si más joven y notablemente más estricto, pero era muy educado y a pesar de la reticencia inicial de algunos, a la mayoría de sus compañeros les caía muy bien, mas de lo que admitían frente a otros profesores, las chicas también estaban deslumbrada por su apariencia y actitud. De hecho tenía muchos más admiradores que la mayoría de sus propios compañeros de cátedra, más seniles y más empáticos que el mismo imperturbable hombre.
Naruto nunca le había puesto mucha atención, como era usual en el cuando se trataba de sus profesores. No era muy extraño que apenas pusiera interés en las mismas clases, mucho menos en las personas que las impartían. No era tampoco tan buen estudiante como debería, por lo que no se involucraba mucho con sus profesores más allá de ir a clases, presentar unas cuantas tareas y cumplir con los exámenes.
El señor Uchiha le había reñido varias veces, como la mayoría de otros sus profesores. No era aplicado y era el mas hiperactivo de sus compañeros, por lo que en más de una ocasión se había visto recibiendo sermones de aquel hombre.
Sin embargo, no era el típico maestro que lo sentaba frente a su escritorio y le daba una charla sobre sus irresponsabilidades y sus capacidades para obtener mejores calificaciones. De hecho, no había sentido de su parte un verdadero interés por su mejora, no es como si eso le hubiera afectado, pero el hombre parecía mas irritado por tener que llevar a cabo la charla, que por la razón de la misma. Naruto no había congeniado con el y tampoco se había sentido cómodo mientras estaba en su pequeña y demasiado bien organizada oficina.
Pensar en Sakura encerrada en aquel mismo espacio le produjo escalofríos. Ella siendo tan dulce, se sentiría intimidada, además no estaba acostumbrada a ser amonestada por los profesores. Seguramente estaría muy nerviosa y se sentiría mal por ello.
Miro con decisión a la pizarra y luego al profesor, que explicaba todo con un deje de fastidio. Mizuki era un buen maestro, pero no muy paciente y tampoco tan dedicado.
–Profesor – llamó levantándose lentamente, extendió su mano en alto para que lo viera por sobre todas las cabezas. Noto como el profesor, que tenía un libro extendido en su mano izquierda, volteaba a verlo de reojo y luego levantaba la mirada con los ojos entrecerrados. Naruto sabia cuanto el hombre detestaba que le interrumpieran y no era precisamente su alumno favorito, pero lo más importante en ese momento era saber sobre Sakura, y no pensaba detenerse hasta conseguirlo.
–¿Uzumaki?... ¿desea aporta algo a la clase? – indago con seriedad. El rubio sintió las orejas calientes, al tanto que se burlaba de él
–Quería… -- carraspeó – Quería ir al baño profesor – soltó atropelladamente. Observo como el hombre pretendía negarse, por lo que se apresuro a agregar – Será rápido… es urgente.
Hubieron unos risitas ligeras, el maestro dirigió una mirada severa al grupo y luego miró fijamente al rubio, con el ceño poblado de arrugas
–Que sea rápido – lo despacho con un ademán de manos. Naruto sonrió y le aseguró fervientemente que así sería mientras se acercaba al escritorio del profesor y tomaba de una pequeña caja de madera, uno de los tres pases especiales. No espero ni un segundo antes de salir del aula.
Los pasillos estaban desiertos y aunque quería correr, se abstuvo sabiendo que si algún profesor o consejero le veía, podría reprenderlo y mandarlo de vuelta a clases.
No recordaba muy bien cuál era la oficina del profesor Uchiha. No le había puesto la atención debida y todas las puertas se veían iguales en aquel lugar, pero sabia donde empezar, por lo que subió las escaleras que le llevarían rápidamente al segundo piso.
[…]
Los labios masculinos incitaban a los suyos a cooperar con caricias suaves y persuasivas.
Sakura no supo que hacer cuando sintió los labios de aquel hombre sobre los suyos, los brazos de Sasuke aprisionaron su cintura con fuerza mientras su lengua se deslizaba dentro de su boca, y la pelirrosa se estremeció mientras emitía un leve gemido.
Sintió como su menudo cuerpo se apegaba al contrario, más fuerte, mucho más grande. Las manos masculinas le tomaron las mejillas, el cuello y descendieron a su cintura mientras sus dedos se hundían en su piel, pegándola aun más a él.
El calor era insoportable y la sensación de volar, y de que su cuerpo ya le pertenecía era irreal. Había algo tan embriagante en sus caricias, que le daba miedo, porque era como si le drenara los pensamientos y la dejara totalmente sin voluntad.
Sintió como era elevada y su trasero rápidamente chocó contra el frío escritorio. Jadeo intentando alejarse, pero entonces el hombre hundió los dedos en su cabello y la besó de nuevo haciéndola gemir.
–No, no está bien – pensó sintiendo como sus ojos se llenaban prontamente de lágrimas.
–No… no – y sus labios nuevamente la tomaron mientras hundía los dedos otra vez en las hebras rosadas. Sakura se estremeció y gruño cuando sintió como su otra mano se posaba en su pierna, ascendiendo rápidamente a su muslo y enterrando los dedos en su cadera.
Sintió como los labios masculinos bajaban lentamente por su barbilla hasta su cuello, sintió como su cuerpo se temblaba, una y otra vez por los escalofríos placenteros. Finas lágrimas descendieron por sus mejillas mientras sus manos se adherían a la madera del escritorio. Sintió una mordida ligera y suave, justo bajo su oreja derecha y se estremeció nuevamente, apenas cerrando los ojos.
Su corazón latía acelerado, amenazando con salir de su pecho. La sensación molesta y dolorosa de saberse usada hacia su cuerpo arder por un frío templado, deteniendo el calor. Haberlo visto esa mañana debería de hacerle sentir odio, asco o repugnancia. Había pensado en ello parte del fin de semana y aunque había decidido seguir su manipulador juego solo en bien de su amiga, creyó que el efecto tan hipnótico que él parecía tener en ella finalmente se había extinguido. No era así, se daba cuenta, porque podía sentir aquellas mariposas nadando revoltosas en su estómago. Con un jadeo, sintió como su mano grande se cerraba en uno de sus pechos y los sentimientos que le atacaron fueron tan contradictorios entre sí.
–Por favor… señor Uchiha – le pidió apenas atreviéndose a poner las manos en sus hombros en un intento de alejarlo de su cuerpo. No lo movió ni una pulgada. Sollozando y asustada, intentó una vez más pero solo logro que le tomara las manos y las alejara, devolviéndolas a su posición sobre el escritorio.
–Por favor – gimoteó mientras sentía como le acariciaba los pechos de nuevo. Noto como el se alejaba un poco antes de tomarla de las piernas y abrirlas para colarse entre ellas. Sintió como la tomaba de las caderas y la acercaba a su cuerpo, entonces se inclinó hacia sobre su abdomen y le repartió besos en el vientre, subiendo lentamente a sus senos.
Sakura volvió a tomarlo de los hombros, sintiendo como el nudo en su garganta se acentuaba. Podía sentir como el se apoyaba completamente en su intimidad y como aquel bulto de acero hacia contacto con aquella parte tan sensible entre sus piernas. Los labios de él le besaron el escote y los costados de los pechos mientras sus manos acariciaban sus piernas. Nuevamente el calor volvió y eso intensificó sus miedos. Estaban en el colegio y alguien podría descubrirlos. Tenia que detenerlo, justo en ese momento.
–Por favor… no señor Uchiha, no – le pidió tratando de menearse y hacerle reaccionar. Sin embargo, fue evidente que la ignoraba y por lo contrario sintió como sus caderas chocaban contra ella creando ese hilo de placer que le recordaba vívidamente lo que había sucedido el viernes. Intento olvidarlo y cerró los ojos, pero el pánico volvió a ella, sabiendo que de no detenerlo no habría vuelta a atrás.
Al ver infructuosas sus palabras, no encontró otra manera más que poner sus manos en los hombros de él e intentar nuevamente alejarlo.
–Sasuke – sollozó – Por favor Sasuke, aquí no, ahora no – le pidió en un hilo de voz, sintiendo como los ojos se le llenaban de lágrimas nuevamente.
Finalmente el se detuvo, con el ceño y el cuerpo increíblemente tenso. Lo observo alejarse apenas mientras le dedicaba una mirada hosca e irritada. Sus manos aún la tomaban de las caderas y el contacto íntimo permanecía y aunque durante un segundo entero creyó que sus palabras no sería escuchadas, para su sorpresa él termino alejándose varios pasos.
–No siempre podrás evitarlo – le susurró entre dientes mientras llevaba las manos a su corbata y empezaba a anudarla. Sakura no espero su permiso para bajarse del escritorio y tomar su ropa del piso.
Se vistió rápidamente sin levantar la mirada y luego se apresuró a limpiarse el rostro, sintiendo unas estúpidas ganas de llorar de nuevo. Busco con la mirada baja, la silla donde había dejado la mochila e intento avanzar un paso hacia ella, pero el cuerpo grande del hombre se interpuso en su camino. Intento retroceder, pero él enredó los dedos en los cabellos de su nuca, deteniéndola y obligándola a levantar el rostro.
Aquella expresión neutra y fría en él le producía escalofríos. Su instinto le urgía por alejarse, pero algo en el agarre de él, le dijo que no era buena idea. Al inicio se negó a mirar sus ojos, pero sintió como el moreno la sacudía ligeramente y no pudo resistirse.
–¿Por que huyes Sakura? – el pareció divertido pues sus ojos centelleaban, sin embargo la pelirrosa tuvo la cautela de no dejarse engañar. Sintió otro tirón y supo que la instaba a contestar.
–Yo no…
–Te quiero aquí… al final de la jornada.- le advirtió, Sakura retrocedió torpemente y lo observo desconfiada
–Tengo que… – la expreso dura en su rostro la hizo callar. Lentamente asintió, sabiendo ahora que él esperaba una confirmación.
Luego de unos segundos, el moreno finalmente la soltó y se acercó al escritorio mientras se acomodaba la corbata. Las piernas le temblaban tanto a Sakura que se tomó unos segundos antes de avanzar y tomar su mochila.
Volteo finalmente a unos centímetros de tocar la puerta y observó a Sasuke, que se encontraba tras el escritorio, mientras revisaba unos libros. Estaba impasible, como si nada hubiera sucedido entre ambos solo unos minutos atrás. Con un nudo en la garganta, Sakura se apresuró a alisar las manos sobre su camisa antes de cortar la distancia entre la salida y ella, y apresurarse afuera. Sin embargo, no logro avanzar más de unos pasos antes de chocar contra un cuerpo firme.
Noto que unas manos grandes se apoyaban en sus brazos y cuando levanto la mirada observo aquellos ojos azules que tan bien conocía.
–Sakura… que bien que te encuentro – susurro el rubio con alivio.
–¡Naruto! – la pelirrosa sintió como el aire se le escapaba del pecho. Miro a Naruto y por un segundo tuvo el repentino impulso de mirar hacia Sasuke solo para verificar que todo estuviera en orden. ¿Qué hacia Naruto ahí?
–¿Que te sucede Sakura? – sintió como la mano morena se posaba en su mejilla – Estas pálida – horrorizada, Sakura se preguntó si su amigo sospecharía algo.
–No, no es nada – tartamudeo atropelladamente – No me he sentido bien – se excusó mientras se alejaba un paso de él.
–¿En serio? – una mueca de preocupación surcó el rostro masculino, levantó la mano y la puso sobre su frente – Deberíamos ir a enfermería Sakura.
–No, no – se apresuró a negar – Me siento mejor, vamos a clases – le pidió instándole a caminar. El rubio la miró antes de murmurar algo de ella pensando siempre en las clases.
Antes de cerrar la puerta de la oficina, Sakura dirigió una tímida mirada a Sasuke notando como sus ojos le observaban fijamente. Tenia el ceño fruncido y por su expresión supo que algo estaba mal, muy mal.
Temblorosa, terminó de cerrar y siguió a Naruto por el pasillo.
[…]
Cuando el último timbre del día sonó, Sakura no pudo evitar sobresaltarse, saliendo bruscamente de sus pensamientos. Estaba de más decir que se la había pasado el día distraída y apenas había prestado atención a clases. En más de alguna ocasión, sus amigos se había acercado a ella para preguntarle si se encontraba mejor, creyendo que estaba enferma y que eso había tenido que ver con su humor y falta de atención.
Bajando la mirada, Sakura miro sus manos, apoyadas sobre el mesón de su silla, dándose cuenta que temblaban ligeramente. El profesor Uchiha le había dicho que la vería a la salida ¿Esperaba que lo buscara? O ¿La buscaría el a ella?
–¡Sakura! – le llamaron de repente. Volteo bruscamente hacia su lado izquierdo notando que Naruto la observaba con curiosidad, al tanto de su sobresalto.
–N-Naruto…
–Has estado muy distraída Sakura – los ojos azules la miraban fijamente.
–No es nada – intento restarle importancia.
–¿Ya te sientes mejor? – sus ojos se notaban preocupados.
–Si… claro que sí – trato de decir con convicción – Mucho mejor.
–Que bien – sonrió -- ¿Quieres que te acompañe a casa? – Sakura sabia que lo hacía porque estaba preocupado.
–No, no es necesario.
–Pero…
–Quiero pasar antes por la biblioteca – se excuso rápidamente.
–Pero has estado enferma, creo que lo mejor será que vayas de una vez a casa.
–Me siento mejor, mucho mejor y… – se mordió el labio inferior – Realmente quiero leer ese libro.
Naruto se río y negó con la cabeza conociéndola. Sabia que era una pequeña terca y que cuando algo se le metía entre ceja y ceja, nada podía contra ella. Seguía preocupado por su comportamiento de esos días, pero tampoco quería agobiarla y que ello la hiciera alejarse. Sakura era una persona demasiado sensible. El abandono de sus padres le había afectado más de que lo que ella jamás aceptaría.
–Esta bien. Entonces… ¿te veo mañana? – le propuso aún dudoso.
–Claro – asintió rápidamente y le sonrió, solo para tranquilizarlo.
Naruto le devolvió la sonrisa y en un gesto natural, que venía acompañado de años de amistad, se inclinó hacia ella para darle un beso en la mejilla. Sin embargo, Sakura no esperaba el gesto y en lugar de preparar la mejilla derecha, volteó el rostro y sus labios se encontraron. Fue apenas un roce, siquiera un ligero momento, pero el corazón de ambos se aceleró rápidamente. Se separaron al instante, como si sus pieles quemaran y se observaron a la cara, nerviosos y sonrojados.
–Yo lo siento Sakura – Naruto se llevó la mano hacia la nuca y alborotó su cabello avergonzado. La pelirrosa ni siquiera levanto la mirada, podía sentir como todo el rostro le ardía.
–Esta bien… creo que…
–Si, yo también – el rubio se alejó unos pasos a trompicones – Entonces mañana… si, eso – y se alejó sin más, volteando el rostro apenas para mirarla de reojo.
Sakura estaba profundamente mortificada ¿Qué había sido aquello? Sus labios se sentía extraños, con un hormigueo superficial. Nunca lo había sentido, pero de cualquier manera no tenía experiencia alguna para compararlo. Claro que su primer beso se lo había llevado el profesor Sasuke. Se tensó al recordar aquel hombre. El se había llevado muchas primeras veces. Dirigió una mirada turbada hacia la puerta, solo para corroborar que no estuviera ahí de casualidad, no sabía como reaccionaría ante una escena así.
Por suerte, el moreno no se encontraba ahí, pero a unos pasos de la entrada habían unas chicas, compañeras suyas, susurrando. Por la manera en que la miraban y las sonrisas cómplices que le dirigían, sabia que habían visto el casi beso que Naruto le había dado. Pudo sentir como su rostro volvía a encenderse y se apresuró a tomar sus cosas y salir del salón.
Mientras caminaba por los pasillos recordó nuevamente que el profesor le había pedido verla luego de clases. No había ido por ella, entonces asumió que ella debía ir a su oficina. Sintió como todo el cuerpo se le tensaba y no pudo evitar que la piel se le erizara. Sabia lo que sucedería de ir con él, su mente empezó a suscitar imágenes y su cuerpo reaccionó ante el frío y el calor. Sentía algo extraño al recordar aquello, porque una parte suya se rompía un poco más, cada vez que lo hacía, sin embargo, otra… diferente, muy diferente, hacia algo extraño en su cuerpo. Y entonces, una voz en su cabeza, muy dentro le decía que no era tan malo, no lo había sido, todo lo contrario, había sido bueno, muy bueno
Odiaba aquella voz y la sensación que producía en su cuerpo. Los ojos se le llenaron rápidamente de lágrimas y con pasos apresurados se dirigió hacia el baño. Por la hora estaba vacío, la mayoría de los alumnos estaban dejando la escuela. Era mejor así, se dijo. Después de todo, no quería que nadie supiera que iba hacia la oficina del profesor Uchiha, eso suscitará preguntas y armaría conjunciones. Y talvez alguien diera con la verdad de su relación. Aunque dudaba mucho de ello. Porque… ¿Por qué un hombre tan atractivo y masculino como el señor Uchiha debía forzar una relación sexual con una alumna?
Casi todas sus compañeras y no dudaba que alumnas de diferentes secciones, estaban maravilladas con aquel hombre, más de una, atrevida y descarada seguramente se le había propuesto, incluso la profesora Karin lo había hecho, concluyó ante el recuerdo en el despacho del director. No pudo controlar el ligero dolor que le produjo recordó eso y se dio cuenta que sus sentimientos seguían firmemente involucrado en lo que respectaba aquel hombre ¿Por qué? Después de todo lo que le había hecho ¿Por qué no podía odiarlo?
Se miró frente al espejo notando la palidez de su piel, las ligeras ojeras y las lágrimas que ahora bañaban sus mejillas. Se apresuró a limpiarse el rostro y luego respiro varias veces hasta que logró tranquilizarse. Se echó un poco de agua en la cara y luego se limpió.
Finalmente se acercó a la puerta y apenas asomó el rostro. No había nadie en el pasillo y aunque por un momento fue un alivio, sintió un escalofrío en el cuerpo.
Tras varios segundos de pensarlo y aún con un nudo en la garganta, salió lentamente del lugar y pasó a paso se encaminó hacia las escaleras que estaban en la entrada principal. Apenas se topó con dos estudiantes de grados inferiores antes de empezar a subir los escalones. El segundo piso estaba aun más desolado y se apresuró a recorrerlo y subir al tercero, temerosa de que alguna puerta se abriera y un profesor saliera y le preguntara por su presencia en aquel lugar.
Sakura sentía que la piel le ardía y el sudor le bajaba por el cuello. Con el corazón acelerado recorrió casi corriendo el pasillo, sin embargo, cuando llegó y con la mano sobre la perilla, se detuvo paralizada ¿Estaría el ahí esperándole? Reacciono finalmente cuando sintió un impulso brusco que la llevo de bruces hacia en frente. Perdió el equilibrio y tambaleándose se precipitó hacia unos brazos masculinos. Aturdida, sus manos se apoyaron en un pecho sólido, y temblorosa levantó la mirada observando aquellos ojos oscuros que causaban un sinfín de sentimientos dentro suyo.
–Vaya, vaya… creí que faltarías – se mofo el hombre con cinismo. Sakura intento erguirse con las piernas temblorosas y la piel erizada. Sus ojos siguieron esos pozos negros que parecían perforarla. Noto que su mirada era oscura, fría, tan parecida a esa noche que deseaba olvidar. Sintió como una mano grande la tomaba del codo y luego fue impulsada hacia adentro de la habitación. Tembló, cuando escuchó como la puerta era cerrada y luego el ligero chasquido distintivo de la cerradura.
Luego espero que él se alejara, no obstante, sus brazos la apresaron, encerrándola entre la puerta y su imponente figura.
–¿Porque demonios vienes hasta ahora? – su voz fue apenas un susurro, pero Sakura se sintió profundamente intimidada. Fijo su mirada en los hombros tensos y las venas que resaltaban en su cuello. Su mandíbula estaba apretada también y supo instantáneamente que se hallaba furioso.
–Profe-sor… yo…
–¿Que tienes con Uzumaki? ¿Están en una relación? – sus manos la tomaron de los brazos, apretando y pegándola a su cuerpo ¿Has estado con el? ¿Por eso que tardaste tanto?… ¡Contéstame maldición! – gruño entre dientes. Sakura sintió como un nudo atravesaba su garganta e intento decir algo pero las palabras no salían de sus labios. Sintió como Sasuke tomaba con una mano su rostro y la obligaba a levantar la mirada, sus ojos se encontraron y todo su cuerpo se estremeció.
Sasuke también la observo a los ojos, esperando conocer la respuesta a sus preguntas. Sakura era un libro abierto, tan transparente que quiso creer que nunca haría nada malo y eso logro tranquilizarlo, pero no lo suficiente. Estaba furioso al haber presenciado una escena entre el rubio y la chiquilla entre sus brazos. Había ido por ella, no es que quisiera hacerlo, pero había estado impaciente luego de esperar todo el día por verla. Al final había tenido que volver solo a la oficina y con el paso de los minutos se había vuelto ansioso a la espera de Sakura.
Aquellos sentimientos oscuros empezaron a emerger en el, podía sentir el frío dentro, la oscuridad queriendo engullirlo. Con un gruñido tomo el rostro de Sakura y aplastó sus labios con los temblorosos de ella. Sus brazos rodearon la definida cintura y la apego a su cuerpo antes de buscar quitarle la mochila con rapidez y cargarla contra su cuerpo. Una de sus manos se apoyó en su delgada espalda, otra la tomó del muslo derecho y avanzó, hasta sentarla sobre el escritorio. Solo tenía una carpeta ahí, y no dudo en tirarla de un manotazo mientras acomodaba a la chica.
No espero siquiera a que ella se recuperara pues sus manos se colaron bajo su falda acariciando sus muslos y sus caderas, mientras sus labios dejaban los de ella y bajaban lentamente por su cuello, hasta el ligero escote de su camisa. Su mano, no tardo en colarse más arriba hasta las suaves bragas de la chica, mientras le apresuraba a abrir las piernas. Inmediatamente después dejó que sus dedos se deslizaban por la delicada y aterciopelada suavidad de su intimidad.
Sakura sintió como todo el cuerpo le temblaba por completo, como la misma respiración se le dificultaba hasta convertirse en pequeños jadeos. Intento pensar, recordarse a sí misma que no debía dejarse llevar, que no debía permitirse entregar algo más que el cuerpo, pero nuevamente pudo sentir aquel placer perverso y oscuro.
Sintió como una mano seguía ocupándose de tocarla, en aquel lugar tan íntimo y sensible y la otra, se aventuraba sobre su camisa desabrochando botón por botón.
–Te deseo – le susurro él mientras le mordía el pulso. Sakura gimió, el calor viniendo, el placer recorriendo su cuerpo. Intento negar, alejarse, pero entonces, esos dedos escurridizos que tan bien conocía, se colaron dentro de su braga y empezar a masajear su botón hinchado. Gimió mordiéndose el labio inferior y tomándolo del saco, con sus manos apretando la tela en un puño.
–No… Sasuke no – pidió entre tartamudeos, con los labios temblándole y el cuerpo agitado.
El moreno, no obstante ni siquiera pareció escucharle, más entretenido en besarle los hombros. Había desabrochado la camisa y su mano abarcaba posesivamente el seno a su alcance.
–Suéltame… Sasuke.- suplicó suavemente, con debilidad. Él le mordió el hombro en castigo mientras su dedo medio ingresaba lentamente en su interior. Sakura podía sentir un ardor ligero, mientras aquel dígito se deslizaba lentamente, provocando una mueca en su rostro.
–Ya pasará – musito él suavemente, mientras se alejaba para observar su expresión. Noto como sus labios temblaban y como sus ojos se llenaban de lágrimas. Algo en esa mueca era perturbadoramente excitante.
–Sasuke – gimoteo ella.
–Shhh… todo está bien – le dio un beso suave, tierno en los labios – Pronto lo disfrutarás – le susurro al oído mientras le mordía el lóbulo de la oreja. Sakura era todo temblores.
Cuando sintió que la resistencia inicial de ella empezaba a ceder, la besó en la boca y agregando otro dedo, empezó a salir y entrar en ella, con mayor intensidad y ritmo. Pronto sintió como su humedad le bañaba los dedos, entonces le acarició el abdomen, los senos y el cuello, dándole toque ligeros, suaves y tiernos, queriendo que se acostumbrará a su tacto.
Sakura frunció el ceño mientras se sujetaba de sus hombros con fuerza enterrándole las uñas en la piel. El sudor le perlaba sobre el labio superior y su piel no dejaba de estremecerse, mientras esa humedad vergonzosa cubría por completo su vagina.
–Sasuke… Ahh – suspiro suavecito cerrando los ojos con fuerza. El moreno sonrió, sacando los dedos de su interior y quitándole la braga rápidamente.
–Eso es pequeña – le dio un beso en la mejilla, luego en la barbilla y finalmente en el cuello. Sakura frunció el ceño mientras sus manos empuñaban su saco.
–No, yo no… Sasuke – se quejó al sentir como empezaba a quitarle la camisa, deslizándola por sus brazos.
–Se que te gusta Sakura – le susurro al oído, luego se irguió y mirándola a los ojos le dirigió esa sonrisa devastadora que dejaba alocadas mariposas en su estómago.
–No, yo…
–Tu también lo quieres, solo que… aún te niegas a aceptarlo – sus palabras la confundieron durante unos segundos, momento que el aprovechó para desabrochar y quitarle el sujetador. Sakura suspiró al sentir como le liberaba los senos, que no tardó en empezar a masajear, luego a besar y lamer.
Sakura no pudo evitar suspirar, al sentir sus caricias perversas. La mente poco a poco se le nublaba y cada vez escuchaba más lejos aquella voz de la razón. Frunció el ceño, cuando sintió como la cálida boca masculina atrapaba su pezón y gimió cuando sintió como empezaba a succionarlo dulcemente. El placer que le siguió fue fuerte y confuso. Sintió como Sasuke atendía sus dos pechos alternando sus atenciones. Los tirones en sus pezones los dejaron rojos e hinchados, sumamente sensibles pero en lugar de sentir dolor, se dio cuenta que un placer electrizante le recorría el cuerpo.
De pronto, sintió como él la tomaba de la cintura y la alzaba hasta que sus pies tocaron el suelo. Al inicio sentía las piernas de gelatina, por lo que tuvo que buscar sostén en sus hombros. Se pregunto rápidamente si todo habría terminado, si podía irse finalmente, pero entonces, el hombre tomo su cadera y la hizo voltear con tanta brusquedad que tuvo que apoyar las manos en el escritorio.
Antes de poder formular una preguntar, sintió como Sasuke le levantaba la falda y le bajaba las bragas hasta las rodillas. Aturdida y caliente, Sakura enterró los dedos en la madera mientras sentía como él deslizaba nuevamente sus dígitos por su intimidad, burlándose rápidamente de su manojo de nervios. Las piernas amenazaron con doblársele, la pelirrosa tuvo que cerrarlas en la misma posición mientras se estremecía, por las corrientes de placer que recorrían su piel.
Fue un alivio y un tormento cuando el dejo de tocarla. Sentía toda húmeda su intimidad y era bochornoso. Sakura apretó las piernas mientras se preguntaba qué sucedía. Intento escuchar sonido alguno al pasar los segundos y la ansiedad la insto a voltear, hasta que una mano grande y posesiva volvió a ponerla en su sitio, justo en la misma posición.
–No te muevas – la voz de él se escuchó ronca, masculina.
Sakura cerró los ojos con fuerza, nerviosa, avergonzada y asustada. Se tensó cuando escuchó como él manipulaba su cinturón, entonces, justo antes de intentar voltear de nuevo, la mano caliente se posó en su espalda desnuda y la instó a inclinarse, hasta que sus pechos tocaron la superficie fría del escritorio. Gimió abochornada e intentó por un segundo volver a la posición de antes, pero la mano sobre su cuerpo se lo impidió. Sonrosada, llevo una mano hacia su rostro, tratando de tapar su expresión enrojecida, sin embargo, no contó con que él le tomara de esa misma muñeca y la hiciera flexionar el brazo, con cuidado hasta que pudo sentir un bulto firme y caliente bajo su piel. Sakura se sobresaltó e instintivamente intentó retirar la mano, pero Sasuke la sostuvo hasta que dejó de intentarlo.
–Tu provocas esto Sakura – le dijo mientras le soltaba y sus dedos volvían a escabullirse en su humedad – Y yo provoco esto – había burla en su voz – Debemos solucionarlo juntos.
Profundamente mortificada, Sakura intento quitar la mano de su miembro, pero entonces el la tomó y tras unos segundos volvió a instar su contacto. Esta vez pudo notar la piel caliente, aterciopelada y dura. Jadeo sorprendida por su descaro, e intento una vez más en retirarse, pero la mano de él estaba sobre la suya y poco a poco le mostró como acariciarlo.
–Eso pequeña – su voz sonó suave, anhelante y provocó un espasmo de placer en su vientre – Mueve la mano.
–¿C-como?
–Así – él le mostró – Si, así… mastúrbame – no siguió necesitando de sus instrucciones, notó un estremecimiento en el cuerpo masculino, y más humedad en su propia intimidad – Ohh si… perfecto.
Sakura apoyo la frente humedecida sobre el escritorio. Sentía su propia respiración acelerada y la piel ardiente, en brasas. Aquella parte era muy diferente a como siempre la había imaginado. Tan grande, gruesa. Era caliente, palpitaba y la piel que la recubría tenía un tacto suave, delicado. Podía sentir que le ardía el rostro, que le pesaban los pechos y aquella humedad, tan extraña y tan familiar entre sus piernas. Ni siquiera noto cuando la mano masculina no guiaba sus movimientos y entonces se dio cuenta que lo había acariciado por voluntad propia y no pudo evitar gemir avergonzada y soltarlo.
–Esta vez no dolerá – él ni siquiera se inmutó. Sakura se sobresaltó cuando sintió que le acariciaba las nalgas desnudas – Es suficiente de juegos previos – escucho su voz más cerca, su aliento le acariciaba el cuello y su propio cuerpo volvió a estremecerse.
–Me gusta – sintió un palmada ligera, perversa, deliciosa sobre la piel desnuda. Una mano grande se apoyó y le apretó glúteo izquierdo – Me gusta mucho – otra palmada, más placer, sus músculos internos contrayéndose.
–Me vuelves loco – esa misma mano acariciando su intimidad, sus dedos adentrándose una, dos, tres veces y luego masajeando su clítoris, pasando por su vientre y manipulando su placer, hasta que estuvo de puntillas, con todo el cuerpo temblando.
–Yo no… Sasuke, no – y luego le tuvo dentro, en una profunda y fluida estocada. Sintió como el aire se le escapaba de los pulmones y como el placer retorcía sus entrañas. Cerro las piernas con fuerza mientras sus músculos internos se contraían una y otra vez acomodando al intruso.
–Estas tan estrecha… tan estrecha – su voz se había enronquecido, provocando una tensión extraña en sus pezones. Sakura apretó los ojos e intentó recuperar la respiración. Podía sentirle en su interior, tan grande e invasivo. No había dolido en esa ocasión, pero podía sentir un ligero y molesto ardor. Intento moverse, pero una de las manos de él, le agarro posesivamente una nalga, apretando y obligándola a estar en su lugar. Aquello mandó otro espasmo a su vientre y sintió como los músculos se le contrajeron trayendo un ramalazo efímero de placer.
El moreno solo espero unos segundos, sabiendo por la estrechez de su interior que era demasiado pequeña para darle fluidamente cabida. No obstante, pasados unos segundos, se deslizó en ella lentamente disfrutando de la humedad y calidez en aquella cavidad ¡Tan perfecta! Apretó los dientes con fuerza y sintió un escalofrío en la espalda. Era tan deliciosa.
Empujo una, dos veces hasta que sintió como su humedad le permitía más libertad, entonces apretó el cachete en su mano y se adentró con fuerza, deslizándose en un movimiento definitivo, hasta que sus caderas chocaron con el trasero de ella. Sakura jadeó y a él le faltó el aire. Repitió la acción otra vez, y otra mientras fijaba una mirada oscura justo en el punto en el que sus cuerpos se unían. Sintió otro espasmo de placer, justo en el vientre. Y calor, mucho calor.
Sakura apenas podía detener los sonidos que pugnaban por salir de su boca, menos aún podía controlar su errática respiración. Escalofríos de placer atacaban su cuerpo sin piedad. Sentía los pechos pesados, las piernas temblorosas, su cuerpo se quemaba, era demasiado el calor, demasiado placer. Arañó el escritorio con los dedos, intentando sobrellevar las duras embestidas, sentía como su cuerpo era impulsado una y otra vez hacia el más grande y era estremecedor, angustiante, delicioso.
Sasuke observo la espalda estilizada, la cabellera rosa esparcida sobre su pequeño cuerpo, tan suave y brillante. Gruño de satisfacción cuando noto como el sonrojo empezaba a bajar por el cuello femenino. El cuerpo de Sakura temblaba bajo el suyo y era alucinante. Tomo su cadera curvilínea con ambas manos y se deslizó una vez más con fuerza, escuchando el ligero y suave chillido de ella. Noto como se humedecía aún más, como se estremecía entorno a su miembro.
Apretó los dientes mientras observaba su perfil, la posición que le proporcionaba su altura le permitía ver cada una de sus expresiones. Sus ojos estaba cerrados, apretados fuertemente. Tenia las manos apoyadas en el escritorio, sus pequeños dedos aferrándose fuertemente a la madera. Gotas de sudor le recorrían el rostro enrojecido, la barbilla le temblaba, la vena en el cuello palpitaba y los dulces senos desnudos no dejaba de rebotar, siguiendo sus movimientos cada vez más exigentes. Noto como se mordía el labio inferior con fuerza, reprimiendo sus propios sonidos, mismos que de cualquier manera podía escuchar en sus jadeos y en sus gemidos quedados.
Habría sonreído, de no ser por la situación en la que se encontraban. Sakura se reprimía y usaba toda su fuerza de voluntad para no caer en el placer que le proporcionaba, podía notar la rigidez en su cuerpo, como parecía querer alejarse emocionalmente. Pero no la quería así, porque el placer no sería el mismo entonces. Quería que estuviera perdida en sus atenciones, rendida a su cuerpo, al placer que le daba. Quería que gimiera, que gozara de su cuerpo y que disfrutara de su encuentro.
Con una sonrisa, se inclinó hasta que sus labios estuvieron en contacto con su espalda. Noto como ella contenía la respiración y aún sin dejar de moverse en su interior, inicio un camino de besos hasta su cuello. Una de sus manos lentamente recorrió su piel, desde la cadera hasta el vientre y luego al valle al paraíso. Apoyo tres dedos en su clítoris y empezó a mimarlo lenta y suavemente notando como el cuerpo de ella se tensaba y como apretaba aún más la madera con los dedos. Escucho el chillido que apenas y pudo contener y conforme pero aún no satisfecho, le proporcionó besos elocuentes en el cuello, en el pulso y la oreja logrando que ella se volviera todo temblores.
Apoyo la otra mano en su espalda, viajando lentamente a sus costillas hasta ahuecar unos de sus pechos, apretando suavemente la exuberante carne, le halo del pezón con un poco de fuerza, en castigo por atreverse a contradecir sus exigencias y le mordió el lóbulo dándole un tirón sugerente. Sakura jadeo y arqueó la espalda ligeramente, débil y temblorosa.
Llevo la mano de sus pechos a su cabello y hundió sus dedos dentro hasta tener una sujeción firme pero no dolorosa, entonces la obligó a erguirse, hasta que su espalda desnuda tocó su torso también desnudo. Aturdida y caliente, Sakura se preguntó en qué momento se había quitado el saco y desabrochado la camisa
–No hagas eso – la voz de él, autoritaria y sensual le acarició el oído, su mano dejó su cabello y viajó hasta su cuello bajando hasta sus pechos.
–¿Que? – tartamudeo mordiéndose los labios cuando sintió el placer recorrer en oleadas su cuerpo. Cerro los ojos llorosos, consciente más que nunca del placer de su toque. Le sentía en todas partes, dando ligeros besos en su cuello, masajeando y pellizcando sus pezones, acariciando su clítoris y entrando en ella una y otra vez. Era demasiado placer, sus sentidos estaban nublados, no podía pensar, no podía recordar siquiera que la había llevado ahí. Solo sentía calor y la deliciosa sensación de su dulce posesión.
–No te muerdas – le retorció el pezón entre sus dedos – No te reprimas, quiero escuchar tu placer – y luego la palma de su mano hizo algo que jamás en su vida había imaginado y que seguramente nunca olvidaría. Sakura gimió cuando sintió como una palmada ligera y placentera cayo justo en su clítoris. Las piernas se le debilitaron, pero el moreno la sostuvo de la cintura y luego la obligó a apoyarse en el escritorio. Hubo otra palmada y todo su cuerpo se estremeció.
–Ohh – gimió un poco más fuerte, los músculos internos le palpitaba dolorosamente. Sentía el cuerpo caliente y su intimidad dolorida en un buen sentido.
–Así me gusta – le susurró él antes de morderle el hombro y darle una estocada particularmente profunda. Sakura se retorció y cerró los piernas con fuerza.
–Ahh… Sasuke – la mano masculina se apoyó en su espalda hasta obligarla a volver a su primera posición. El frío del escritorio contra su cuerpo caliente la hizo estremecer.
Y él empezó a moverse en su interior. Deslizándose lentamente al inicio y embistiendo con fuerza luego. Las caderas de Sakura se elevaron estremecidas con cada acometida. Sasuke observo el cuerpo más pequeño, notando como rubor se extendía poco a poco por su piel. Su instinto lentamente emergía, oscuro e intenso. Intento ignorarlo y en cambio se concentro en la dulzura de aquel momento, en el placer tan inmenso que le proporcionaba. Entonces, empezó a mover más rápido, mas fuerte. Duro y salvaje. Hasta que lo único que se escuchaba en la habitación era el sonido indiscutible de sus cuerpos encontrándose, y los pequeños y suaves gemidos que Sakura profiraba.
La pelirrosa sentía el cuerpo frágil, tembloroso. Lagrimas finas le llenaba los ojos apunto de saltar y bañar su rostro. El placer era inmenso, intenso y tan abrumador. Su cuerpo rebotaba chocando contra el escritorio, donde sus pechos se aplastaban en la madera, trayendo una sensación realmente buena y perversa a su cuerpo.
Pasados los minutos y tras un intenso asalto, Sasuke pudo sentir como Sakura empezaba a apretarle. Noto que la piel se le ruborizada aún más y que cerraba las piernas con fuerza. Su interior empezó a ponerse más húmedo, estrecho y tembloroso. Apretando los dientes con fuerza, observó la unión de sus cuerpos deleitándose con la visión sumamente erótica de su pequeña vagina, roja e hinchada. Soltó un gemido bajo, primitivo y cerró los ojos, sintiendo las ráfagas de placer que iniciaban en su vientre, recorrían su espalda y terminaban en sus extremidades. No recordaba jamás haber sentido tanto placer, tanta dulzura e intimidad
Sakura lloraba y no sabia el porque, su cuerpo no paraba de temblar y los escalofríos parecía haberse multiplicado. La piel le quemaba, tenía los pezones tensos y adoloridos, los muslos temblorosos y su intimidad no paraba de contraerse entorno a aquel intruso. Se acercaba algo inmenso, negó con la cabeza, las lágrimas le bañaban las mejillas, su voz era apenas un hilo, no podía controlar la respiración, caía en un pozo oscuro y desconocido, no sabía… no podía. Y entonces, algo exploto. Todo el cuerpo le tembló, se le cortó la respiración y parecía que no podía conseguir oxígeno en sus pulmones, no había más que placer, un inmenso y delicioso placer. Chilló queriendo alejarse y al mismo tiempo fundirse con el cuerpo mas grande. Ella ya no se pertenecía a sí misma y el placer seguía rodando en su cuerpo y era interminable. Grito el nombre de aquel hombre y se sujetó al escritorio apenas soportando las sensaciones. El seguía moviéndose en su interior y eso solo parecía alargar el momento.
–Eso pequeña… córrete para mí – gruño él extasiado. Su placer era intoxicarte. Observo su pequeño cuerpo temblar y ondularse, era demasiado caliente. Las contracciones en su miembro parecían sin fin, ella estaba más apretada y tan húmeda, y no pudo soportarlo más, derramándose en ella intensamente. Fue el mejor orgasmo que había sentido en su miserable vida, parecía interminable y tan malditamente delicioso. Podía sentir cada caliente chorro salir disparado, el cuerpo le temblaba y todo lo que podía pensar era en que por fin estaba en el lugar correcto.
Aún con la respiración acelerada y las secuelas de placer estremeciéndose su cuerpo, pasó las manos con reverencia por la figura curvilínea y femenina de la chica, acariciando sus costillas, su vientre y luego su abdomen, la sujetó con firmeza y con cuidado la hizo erguirse, tomándola por la cintura hasta que su pequeña espalda chocó contra su pecho.
Con cuidado y cariño tomó su rostro, y lentamente te la insto a voltear hasta que pudo ver sus ojos llorosos y satisfechos, y su expresión cansada. Con orgullo masculino, se inclinó y tomó sus labios suavemente, besándola con dulzura. Le acarició la mejilla derecha con el pulgar y luego el cuello, mientras lentamente salía de su interior. Sintió el gemido de ella contra su boca, le puso las manos en la cintura y la tomó con firmeza antes de sentarla en el escritorio.
Sakura no podía verle a la cara, avergonzada profundamente por su propia reacción. Noto que aún tenía la falda enrollada en la cintura e intento bajarla, pero entonces una mano grande la detuvo. Inmediatamente y por inercia, levanto la mirada y observo la expresión del moreno.
Sus ojos negros la observaban con intensidad y algo más. Sintió como la garganta se le secaba. El impacto de su mirada lograba una revolución total en su interior. Se sentía desarmada, hundida y tan consciente de él como mujer. Su mirada lentamente se nubló, las lágrimas cristalizando el verde de sus ojos. Sus sentimientos aún seguían firmemente involucrados y con mayor intensidad que antes ¿Porque la utilizaba de esa manera? Era una sensación horrible, denigrante. No se sentía ella misma u aún así, su toque tenía el poder de hacerla sentir más viva que nunca y eso la confundía.
Sasuke la observo fijamente, notando los labios temblorosos y los ojos llorosos. Las lágrimas descendían mojando sus mejillas. Tenia la piel aún sudada y sonrojada por su acto, había llevado las manos a su regazo, escondiendo inconscientemente sus senos desnudos de su mirada. Era tímida e inocente y eso precisamente era lo que le había atraído de ella.
Hundió los dedos en su cabello acariciando las hebras sedosas. Su melena olía delicioso, se permitió hundir la nariz unos segundos en su pelo, luego la hizo levantar bien la cabeza para observar su mirada y solo un momento después, tomó su rostro con la mano, abarcando su barbilla y mejillas, y la besó de lleno con ansia. Sakura se sobresaltó, pero no le dejó opción de negarse o intentar rehuir de su contacto
Lentamente la tomó de la cintura y la apego a su cuerpo, hasta que sus torsos desnudos hicieron contacto. Sakura apoyo las pequeñas manos en sus hombros. La sintió temblar e intentar separarse, pero no desistió hasta que ella terminó dejando de intentarlo. Podía notar un leve sabor metálico, mientras hundía la lengua en su boca. Lamio los labios llenos y femeninos hasta que encontró una pequeña herida en el inferior. Recordó que se había mordido y asumió entonces que eso la había llevado a romperse. Era una pequeña idiota.
Hundió los dedos en su cintura y le tomó del rostro antes de apartarla de él. Miro fijamente sus ojos llorosos, sus labios hinchados y finalmente la pequeña herida. Algo oscuro nació en su pecho. Le lamió el labio inferior, justo sobre la pequeña cortada y lo succiono, hasta que sintió un hilo ligero de sangre mezclarse con su propia saliva. Miro la mueca ligera en ella, entonces la beso una vez mas, esta vez con más demanda. Obligándola a seguir su ritmo, castigándola por herirse a sí misma. Una de sus manos se enredo en su cabello logrando un agarre firme y la otra le acaricio un pecho, descendió por su abdomen y bajó finalmente a su intimidad.
Noto lo húmeda y pegajosa que estaba por los fluidos de ambos, le acarició de adelante hacia atrás notando la tensión instantánea en su cuerpo y luego, el ligero temblor de su piel. Se detuvo unos segundos en su clítoris dándole suaves y apretados masajes hasta que se hinchó y finalmente bajando a su pequeña entrada donde no dudo en deslizar un dedo dentro. Ella gimió contra sus labios. Sasuke abrió los ojos aun sin interrumpir el beso y observó su ceño fruncido y la mueca anhelante en su rostro
La masturbo primero con uno, y luego con dos dedos hasta que ella se puso caliente y empezó a chorrear, solo entonces tomó su grueso pene y se hundió una vez más en el paraíso, en un movimiento fluido y profundo. Las uñas de Sakura se enterraron en sus hombros. Instintivamente, ella intento echar la cabeza hacia atrás y protestar, pero tras darle unos segundos de descanso, empezó a moverse en ella, deslizando firmemente las caderas una y otra vez sobre su pequeño cuerpo. Sakura gimió de nuevo y chilló cuando le apretó la cadera mientras la halaba hacía su cuerpo. Soltó su rostro y dejó sus labios mientras sus manos le abrían más las piernas y le daba una embestida particularmente ruda.
Forzó un agarre firme en su nuca y la obligó a mirar su rostro mientras se movía sobre ella. Su cuerpo recibió sus embestidas, temblando constantemente. Fue rápido, rudo y caliente como el infierno. Le mordió el hombro derecho, le apretó los pechos, succiono sus pezones y estrujó la carne abundante en su cadera y trasero. Unos pocos minutos después, Sakura gimió con fuerza mientras su cuerpo empezaba a estremecerse una y otra vez. Un chillido sorprendido y agónico de placer escapó de sus labios mientras se retorcía intentando escapar del placer que le proporcionaban sus duras embestidas. Sasuke la afianzó de la cadera y la penetró una y otra vez mientras su interior se estrechaba y convulsionada, entonces cuando ella se corrió, con sus jugos bañando su entrepierna y vientre, él se dejó ir también, hundiendo el rostro en su cuello y apretando los dedos en su cadera. El mundo empezó a dar vueltas alrededor mientras sus cuerpos temblaban de placer.
Sakura sollozaba mientras las lágrimas bañaban su rostro nuevamente. No paraba de temblar y se sentía tan inmensamente agotada y sin fuerzas. Su interior seguía contrayéndose, sin fin y eso solo hacía que pequeños gemidos y maullidos escaparan de sus labios. Había apoyando las manos en el escritorio, solo para tener un lugar en el que apoyarse. Jadeando por aire, miro a hombre frente a ella, igual de agitado, y no pudo evitar la sensación de plenitud en su pecho. Nuevamente, y sintiendo una idiota por ello, más lágrimas hicieron su aparición opacando la visión del cuerpo masculino. Intento retenerlas, no podía después de todo, llorar durante cada encuentro, no quería causar su furia.
Esta vez, él salió de su interior rápidamente, logrando que un gemido suave saliera de los labios hinchados de ella. Miro sus ojos verdes fijamente, luego la mordida en su boca, observó su cuerpo tembloroso, sus pechos rojos, su pequeña vagina hinchada y goteando, llena de él. Con el ceño fruncido recordó lo que había visto en el aula, solo unos minutos antes de que ella llegara a su oficina. Recordó esos mismos labios que había besado bajo otros y no pudo detener aquella oscuridad que siempre estaba demasiado cerca de absorberlo.
–No quiero que estés cerca de Uzumaki – le advirtió duramente. Sakura se tensó asustada y se pregunto si él sabría lo del beso. Gimió cuando la mano del hombre se enredó en si cabello, halando su rostro y obligándole a ver sus ojos
–¿Entiendes Sakura? – su mirada era fría, intensa y dura. Sakura supo que estaba molesto y el no era alguien con quien podía jugar. Se apresuró a asentir sin respiración y con el corazón acelerado.
El soltó su cabello y la tomó de la mejilla mientras la miraba fijamente a los ojos. Se inclinó y le besó ardientemente los labios antes de morderla.
–Aléjate de el – le susurro seriamente.
[…]
El camino hacia su casa fue silencioso. La mirada de Sasuke estaba fija en el camino. Una mano tomaba el volante, la otra en la palanca del automóvil. Sakura lo miró de reojo, mientras abrazaba su mochila. Sus piernas permanecía apretadas y su mismo cuerpo increíblemente tenso.
Luego de que el prácticamente le ordena mantenerse alejada de Naruto, lo había observado alejarse y empezar a arreglarse. Llevaba la camisa aún, solo abierta de par en par, los pantalones a los pies y la corbata colgaba de una de las sillas. Su mirada había evitado la visión de su cuerpo masculino desnudo, aunque una parte suya, muy dentro, le había instado a echar una ligera mirada. Eso le había avergonzado profundamente, y en cuanto él había dado media vuelta para arreglarse la ropa, ella misma había hecho su trabajo.
Cuando habían terminado y solo hasta que ella estuvo cambiada, el profesor le había pasado su mochila, había levantado la carpeta del piso, limpiado el escritorio y ordenado las sillas. Luego de tomar sus propias cosas, le había guiado a la salida después de revisar el pasillo y toda la planta. Sakura había sentido miedo de salir y que alguien le viera, pero sin que siquiera se lo dijera, él le aseguró que no había nadie a esa hora.
Para entonces ya había oscurecido otra vez y los pasillos estaban desolados. Sasuke la guio por el camino hasta la salida de los parques y nuevamente se ofreció a llevarla. No pudo negarse, aún con todo, se sentía más segura con él que con cualquier otra persona desconocida.
En el silencio dentro del auto, el solo encendió y automáticamente se activó una melodía suave, era instrumental, melancólica y triste. Recordó que la primera vez había escuchado algo igual, claro que entonces apenas le había prestado atención.
Mirando hacia él de reojo, se cercioro que no le prestara atención antes de dirigir una mirada hacia el interior del automóvil. No era una experta en autos, de hecho no sabia nada, pero pudo notar el lujo de la camioneta. Los asientos eran de cuero, el equipo estéreo era una gran pantalla digital, podía notar que era actualizado y recordó que los otros profesores tenían vehículos más pequeños y viejos. Por un momento divago en ello hasta que percibió nuevamente entonces el aroma envolvente dentro del auto. Olía a él, tan masculino, fuerte y delicioso. Cerro los ojos y aspiro con fuerza inconscientemente. Su mente suscitó imágenes descaradas y ello, le sonrojo furiosamente las mejillas ¿Porque recordaba eso? Se supone que no sintiera más que desprecio por esos recuerdos.
–Sakura
–Si – levanto una tímida mirada en su dirección.
Su semblante era tan serio como cuando daba clases, casi estricto. Se preguntó como podía actuar de esa manera después de todo lo que habían compartido, pero inmediatamente se arrepintió pensando que así era mejor. No quería que sus sentimientos siguieran involucrándose.
–Llegamos – se señaló hacia enfrente con la barbilla. Sakura se sonrojó y asintió mientras hacía un ademán para bajarse
Entonces la mano grande y pesada de él, le tomó el rostro y la hizo voltear hacia aquellos labios expertos. Soltó un suspiro mientras esa lengua traviesa le lamía la boca y pudo respirar nuevamente, hasta que él se alejó.
–La veo mañana señorita Haruno – hubo una mueca similar a una sonrisa en sus labios. Sakura asintió torpemente y salió.
–Esta vez puntual Sakura… y recuerda lo que te pedí – fue la advertencia de él antes que cerrara la puerta.
Mientras se dirigía dentro, agradeció que su casa no tuviera compañía y que los vidrios del auto de su profesor estuviera polarizados. Se apresuro a abrir y cerrar el portón, luego entro rápidamente y aseguro también la puerta principal. Encendió las luces y se acerco a la ventana del lado observando que Sasuke arrancaba solo hasta entonces.
Suspiro, en parte aliviada y lentamente se encaminó escaleras arriba, asegurándose de encender todas las luces.
Recordó las últimas palabras de Sasuke y no pudo detener el escalofrío en su cuerpo. Sabia que debía tomar muy en serio su advertencia y temía realmente por Naruto. Sasuke no parecía un hombre precisamente peligroso, pero ella había podido vislumbrar algo realmente malo en él y no podía quitar la sensación de miedo que eso le producía.
Temblorosa, se dejó caer en su cama y se tapó el rostro notando las lágrimas que desde hace un momento bañaban sus mejillas.
–Estúpida – se dijo en un sollozo sintiendo como su corazón se apretaba.
Otra vez había caído presa de aquel hombre, en un juego de seducción antiguo como el tiempo mismo, sin embargo, lo doloroso de su situación no solo era el hecho de sentirse usada y abusada, sino también lo involucrados que estaban sus sentimientos en relación a Sasuke. La debilidad que sentía con su toque, la manera en que se le aceleraba el corazón con una mirada suya, lo profundo que lo tenía dentro.
Sabia que esa relación lentamente la consumiría
Porque Sasuke era su debilidad.
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FIN DEL CAPÍTULO
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