Capítulo 34
Sasuke se despertó sobresaltado y observó el dormitorio con atención buscando entre las sombras con intensidad.
Estaba amaneciendo y tan solo un pequeño haz de luz penetraba por la espesa cortina, lo suficiente como para iluminar el lugar.
Después de pasar unos minutos sin moverse y verificar que no había nadie en la recamara excepto él y Sakura, volvió a relajarse.
Abrazó el cuerpo de su esposa que dormía dándole la espalda con las nalgas apretadas contra él provocativamente.
La cama era grande, suficiente amplia para los dos, aun así Sakura siempre dormía pegada a él, daba igual que lo estuviera rozando con un pie, con una mano, o con el trasero y la espalda como en ese momento.
Sasuke todavía se asombraba de haber encontrado a alguien como ella. Jamás habría imaginado que el matrimonio fuera así. Nunca había visto a sus padres regalarse ninguna muestra de cariño y que de repente llegara Sakura, con su paciencia, con su serenidad, su educación y un montón de cariño para dar y tomar aunque ella no lo supiera, le ponía su mundo del revés.
Recordó el afán que tenía por vengarse de Namikaze y que seguro que seguiría teniendo de no ser por la promesa que Sasuke le hizo. Y no había mentido, él se haría cargo de que el hombre fuera juzgado. ¿Que era un asesino? Surrey había mandado matar. Sus hombres, sus vasallos, sus sirvientes, todos formaban parte de ese complot, sin embargo, ¿a quién obedecía el hombre? ¿Por qué se colocaba en el centro de mira si tan solo cumplía órdenes?
Había tratado de averiguar sobre el asedio de Haruno, pero no había pruebas, no las conseguían. Muchos sabían pero ninguno hablaba.
¿Por qué fue atacado el clan hasta eliminarlo del mapa?
No había sido muy difícil averiguar eso. Kizashi Haruno no era un hombre excesivamente rico, pero tampoco había estado dispuesto a marcharse de las tierras porque sabían el importante valor que tenían. Ahora toda la zona de los páramos se hallaba desprotegida dando paso libre tanto a los irlandeses como a los normandos. Pero Sasuke todavía era incapaz de averiguar ese nombre. Si Surrey no había dado esa orden ¿Quién entonces? ¿De quién obedecía órdenes?
—¿Qué piensas? —Sakura se giró y con ojos somnolientos le dedicó una sonrisa.
—Nada —respondió él buscando su profunda mirada verde—. Estaba pensando... que quizá te apetezca... ¿Qué te parece si nos acercamos un día a tus tierras?
Los ojos de Sakura se abrieron repentinamente y el sueño desapareció en el acto. Como ella no contestó, Sasuke enarcó las cejas interrogante.
—¿Qué ocurre? Si no quieres ir no te voy a obligar. Pensé que quizá quisieras, pero si no es así, no pasa...
—Quiero ir, Sasuke —dijo con firmeza—, pero... —Se sentó sobre la cama y apoyó la espalda en el cabecero de madera—. No sé... creo que tengo miedo.
El hombre buscó su mano y con delicadeza la besó la palma con ternura.
—Sakura yo estaré contigo.
—Lo se Sasuke ¿pero que me puedo encontrar allí?
Sasuke se incorporó hasta quedar junto a ella y la miró con pena.
—La última vez que estuve... Bueno... la verdad es que está muy cambiado.
—¿Queda algún edificio en pie? —se atrevió a preguntar.
Sasuke negó contrito.
—No, solo ruinas. La mayoría de las casas fueron incendiadas —Sakura asintió. Recordaba las llamas tragándose todo lo que encontraba en su camino aquella noche.
—Sasuke, ¿te interesan las tierras? —El hombre se encogió de hombros y con un dedo delineó el delicado mentón de su esposa clavando los ojos en sus labios de fresa —He pensado que... bueno... no sé qué pensará Temari, pero me gustaría que mi primo Deidara heredara las tierras.
Sakura le miró expectante, esperando su respuesta casi con ansia. Sasuke era rico y no necesitaba las tierras de Haruno.
—Me parece justo —le dijo sin apartar los ojos de su boca. El tema fue decayendo a medida que sus manos comenzaron acariciar el suave rostro—. Si quieres yo lo ayudaré a levantarlo de nuevo —le susurró acercándose a sus labios cómo si fuera un imán.
Sakura le esperó con la boca entreabierta y los ojos entrecerrados. La conversación quedó en el olvido durante la siguiente hora. Las manos de Sasuke recorrían la carne trémula, las piernas, los brazos, la nuca. Adoró los pechos jóvenes y turgentes, provocando en Sakura un sinfín de emociones que atravesaron su cuerpo.
Sakura se agitó en el colchón. Las sábanas habían caído y su cuerpo desnudo esperó a Sasuke con ansia. Le miró embelesada cuando el hombre volvió acercar su hermoso rostro de dios nórdico sobre su cara. Sentía su aliento cálido que hacía cosquillas sobre sus ojos y sus mejillas.
La muchacha le tomó de las largas trenzas oscuras y lo atrajo hacia ella para perderse en el aroma de su lengua, en el contacto de su boca que la hacía vibrar y olvidarse de todo excepto de él.
Adoraba el enorme cuerpo de Sasuke, sus músculos duros y fuertes, el color tostado de sus pantorrillas, el pecho amplio y fuerte. Las manos grandes. ¿Cómo podía ser tan tierno y tan fuerte a la vez?
Notó como su esposo descendía la mano hacia su feminidad y con suavidad le terminó de abrir las piernas para poder amoldarse a su cuerpo. Ella se arqueó contra él con desesperación, aferrada a su cuello con fuerza mientras él se deslizaba con lentitud dentro de ella, despertando su interior con el calor de su propio cuerpo, encendiendo las brasas que amenazaban con destruirla si no llegaba pronto a la culminación. Al éxtasis.
Sasuke embistió al principio con suavidad, pero la reacción de Sakura, la forma en que se mordía los labios lo excitaba, el tono sonrosado que cubría sus mejillas cuando se desinhibía y cuando se volvía descarada y le acariciaba las caderas y el trasero para apretar ella a su antojo, para marcar el ritmo que su cuerpo le pedía. Buscando el placer que sabía que Sasuke la regalaría.
Se hundió más profundamente en ella, perdiéndose en el estrecho túnel que desprendía un calor placentero y entonces la escuchó exclamar al tiempo que clavaba las uñas en su espalda.
El corazón de ambos latió con velocidad cuando la pareja alcanzó el clímax de la pasión y ascendieron al paraíso celestial con las respiraciones agitadas. El volcán estalló ardiente cubriendo los cuerpos de una lava candente que los hizo ver las estrellas, perderse en el infinito.
Minutos más tarde Sakura rodó hasta ponerse sobre el pecho de Sasuke y mirar fijamente los amados ojos negros que habían conseguido robarle el corazón y hacerse dueño de su cuerpo.
—Mi señora, ¿qué vais hacer esta mañana? —Le pasó un brazo por la cintura.
—Pensaba salir un poco a cabalgar y recorrer el pueblo. —Sakura sonrió con ensoñación—. Desde la torre del ala Este he podido ver una preciosa cala...
—No vayas allí Sakura. —Sasuke la retiró con cuidado y se sentó sobre la cama buscando la ropa con la vista—. No quiero que te acerques al acantilado.
—¿Pero por qué? Es un sitio...
—No me gustaría volver a repetirlo —terminó de decir Sasuke de modo que ella no pudiera responder nada más, porque su voz se había vuelto fría. Se levantó y se puso una camisola oscura. Se volvió a ella que seguía tendida en la cama—. Sakura, solo hay dos cosas. No quiero que salgas de noche sola. Y prohibido acercarse al acantilado.
—¿Prohibido? —Ella se sentó y arrastró las sabanas cubriéndose el cuerpo—. ¿Por qué? Si no me das una razón lógica...
—Porque no quiero —repitió. No quería hablar de su madre y del día que se lanzó desde allí. No deseaba contarle que cuando descendió hasta la cala se encontró a la mujer aplastada contra las rocas, irreconocible. Nunca había vuelto a bajar hasta allí.
—Eso no es ningún motivo —dijo ella levantándose de la cama envuelta entre los cobertores.
—Vale, Sakura. No es ningún motivo, pero me obedecerás, ¿verdad? ¿Qué quieres una playita? Yo te llevaré a una muy hermosa, pero olvídate del acantilado. Allí el aire es muy fuerte y un golpe de viento sería capaz de arrastrarte al abismo. —Le tomó de la cara con una mano y con delicadeza le pasó el pulgar por los labios hinchados por sus besos—. Promételo, Sakura. —La besó, una vez, dos veces, tres...
—De acuerdo, te lo prometo —dijo con desgana. Se iba a quedar con el capricho de ver esa preciosa cala que se vislumbraba desde la ventana de la torre. Bueno, ahora era pronto, pero quizá con el tiempo, Sasuke cambiara de opinión.
—¿Tú que vas hacer, esposo mío? —Dejó caer las sabanas y se puso una liviana túnica. Descorrió la gruesa cortina y la luz bañó el dormitorio al completo—. ¿Hablarás con Sai?
—Sí. —Fácilmente se colocó el plaid y se sentó para colocarse las suelas—. Quiero despedir a Kin. Tetsu la llevará hasta el monasterio.
—¿Quieres que hable con ella?
—¿Con Kin? ¿Para qué? Siempre la he tolerado por ser hermana de quien es, pero no pienso soportarle ni una más.
—Sé que estas enfadado, Sasuke. —Sakura se pasó un cepillo de blandas púas sobre la cabellera rosa—, es para estarlo, pero no puedo evitar sentir pena por ella. Creo que lo que ha hecho tiene alguna explicación.
—¡Claro que la tiene! —Asintió con seguridad —Ella siempre ha pensado que lo justo de todo es que Sai fuera el laird de los Uchiha. Sai es el hijo mayor de mi padre. —Sakura asintió como si eso ya lo supiera—. Es un hijo no reconocido, y aunque yo hiciera todo lo posible, él se niega asumir ese poder, de modo que se ha convertido en mi ayudante, en mi mano derecha.
—Pero Kin no acepta que Sai rehúse a ese poder —adivinó Sakura, a lo que Sasuke asintió moviendo ligeramente la cabeza—. Es posible que ni siquiera esté embarazada.
—Es posible. No lo sé.
—Pero si lo estuviera e intentara hacer pasar al niño por tu hijo sin que tú dejes descendencia, ese crío...
—Se convertiría en laird —afirmó.
Sakura se frotó los brazos como si de repente alguien hubiera abierto alguna puerta y la estancia se hubiese quedado helada.
El destierro al monasterio de Inverness era duro. Sakura se ponía en el lugar de Kin y temblaba con solo pensar la vida que llevaría allí. Podría acabar totalmente loca.
—¿Y si logras que Kin se case?
Sasuke levantó los ojos hacia a ella cuando terminó de ajustar el ancho cinturón de cuero y la observó extrañado.
—¿Casar a Kin? ¿Mi amor recuerdas a lo que se dedica?
La muchacha asintió mordiéndose el labio inferior pensativa.
—Ella es muy bella. Quizá alguno de tus hombres... o Silad Yamanaka...
—Yamanaka, no. Olvídate mujer. Ese muchacho es aún muy joven y posiblemente su hermano, que es mi cuñado, tenga otros planes para él.
—¿Y mi primo Deidara?
Sasuke la miró con el ceño fruncido:
—¿Por qué te interesa tanto Kin? Ella sola se ha buscado todo.
—Sí, pero puede que lo haya hecho porque piense que de esa manera ayudaba a Sai. No me mires así, Sasuke. Me da mucha rabia pensar que tú y ella... ya sabes. E incluso me duele pensar que el hijo que espera puede que sea tuyo. Y también opino como tú, lo mejor es apartarla de aquí. ¿Pero al monasterio? —tragó con dificultad contándole cuando su padre la amenazaba con enviarla allí.
Sasuke la escuchó con atención.
—Haremos una cosa Sakura. Deidara no tardará en llegar. Lo acompañan un par de mis hombres. Haremos que tu primo lleve a Kin hasta el monasterio. Si surge algo... —Abrió las palmas de las manos hacia arriba—. Pero si no funciona, se quedará encerrada.
Sakura asintió. Cruzó por su mente la discusión que Deidara tuvo con Kin en Carrick y lo lamentó por la mujer. Con seguridad acabaría viviendo con los monjes.
Temari se hallaba cerca de la hoguera. Todavía seguía pensando en las palabras de Naruto. ¿Y si era verdad que pensaba atacar a Surrey?
Tenía la necesidad de saber qué pasos seguiría Uchiha y cuáles eran sus verdaderos planes, pero para eso debía acercarse a él y mostrarse amable aunque fuera por una vez. Pero, ¿y si él confundía su amistad con otra cosa? ¿Sería capaz de detener a ese hombre tan grande?
Se acarició distraídamente la pequeña daga que ocultaba en su botín de piel. Desde que habían sufrido el asedio en Haruno toda su potencia y mentalidad estaba unida en acabar con aquellas personas que arruinaron sus vidas. Aún podía ver esos tres hombres que reían obscenidades y la forzaban ajenos a sus lágrimas y al dolor de su corazón. Todos y cada uno de ellos sufrirían su venganza. Aoi, Jirōbō y el cruel Kidōmaru que había paseado el filo de un arma sobre su cuerpo desnudo.
Aoi estaba localizado. Era uno de los hombres fieles de Namikaze, pero los otros dos... por las descripciones que Sakura le había dado sobre las personas que la secuestraran en el campamento de Uchiha, pensaba que podían ser ellos y de ser así, uno ya estaba muerto asesinado por su compañero. Hasta que ella no lo viera o tuviera confirmación no descansaría tranquila. El último en caer sería Nagato.
Miró a Naruto que se había envuelto en su manta con la brillante hacha muy cerca de él.
El hombre le inspiraba confianza, su mirada, su expresión. Todo en él le hacía ver que era buena persona. Naruto era capaz de pasar de la risa al enfado en cuestión de segundos, además estaba un poco loco. No temía enfrentarse a nadie, le daba lo mismo que fueran enemigos, como que fueran los propios soldados de la guardia de Saory.
Naruto, andaba entre ellos como si sintiera indiferencia, como si deseara que alguien le provocara con la más pequeña minucia para poder exhibir el manejo de su arma.
Con un lánguido suspiro Temari se acercó hasta el hombre y se sentó junto a su cabeza. Él tan solo levantó sus ojos azules hacia ella con las cejas arqueadas.
—Hagamos un trato —susurró ella con la vista clavada en él.
—Te escucho —le dijo sin moverse ni un ápice.
—Me cuentas tus planes... y te doy el nombre del hombre que está detrás de todo esto.
Naruto soltó una risita cargada de cinismo.
—Si fuera cierto que sabes ese nombre no tiene sentido que hagamos todo esto. Sasuke Uchiha busca ese nombre. —La miró entrecerrando los ojos—. ¿De veras conoces la identidad de esa persona?
Ella asintió y Naruto se incorporó mirándola con asombro.
—¿Lo sabes? Eso lo cambia todo.
—No lo entiendo —dijo ella—. ¿Qué es lo que cambia?
—Pues que quizá no tengamos por qué atacar las tierras de Namikaze. Él será juzgado legalmente, pero si tan solo supiéramos dónde ir para encontrar a la persona que dio la orden...
—Sir Nagato Uzumaki.
Naruto la miró con la boca abierta y la sorpresa reflejada en su rostro varonil.
—¿Qué estás diciendo mujer? —Se enfadó y Temari no entendió el motivo—. Nagato odia la violencia. Siempre se ha mantenido al margen de Balliol o de cualquiera de los nobles. Eso es una sucia mentira.
—¿Cómo? —Ella entrecerró los ojos, también furiosa. ¿Cómo era capaz de defender al asesino que acabó con la vida de sus parientes?—. ¿Me estás llamando embustera?
—Nagato Uzumaki es mi tío —siseó Naruto fulminándola con la mirada. Temari abrió la boca para hablar pero el hombre se la cubrió con la mano—. No difames a nadie —le susurró contra el oído. Seguidamente la soltó como si el contacto con ella le hubiera quemado. Recogió su manta y su arma y salió del campamento.
