Capítulo 37
—Si vuelves a tocarme, te mato.
—Ha eso has venido ¿no? ¿O me echabas de menos? Apuesto a que recuerdas lo bien que lo...
—¡Nooo!
Naruto caminó con paso firme hacia el lugar de donde provenían los gritos, pero a medida que se acercaba tuvo que acelerar la marcha al escuchar el ruido de un candelabro al caer.
—¡Suéltame!
—¡Ha dicho que la sueltes! —repitió Naruto entre dientes una y otra vez.
No bastaba con la cólera que Namikaze le había provocado. Su ira ya era ciega cuando agarró a Aoi por el cuello y lo elevó para golpearlo contra la piedra gris.
Estuvo a punto de tropezar cuando vio con enojo que el sujeto aún sostenía a la muchacha y la arrastraba contra él, poniéndola como escudo.
En cuanto Temari se vio liberada, rodó por el piso, apartándose de ellos.
Naruto volvió a golpearlo contra la pared. El sonido era desagradable, como una nuez al partirse. Aoi aullaba, aterrado.
Fue Temari quien se acercó al guerrero, intentando que soltara al hombre. Deseaba que Aoi muriera... Pero aquello era horrible.
Naruto, con su corpulencia, cubría el cuerpo sin dejar de zarandearlo contra el muro. Era una masa de carne y músculos brillando bajo la luz de las velas.
—Parad, por favor —rogó ella entre lágrimas.
Naruto logró escucharla y soltó a Aoi, que cayó al suelo con un ruido sordo.
Temari estaba junto Naruto y lo vio dudar. Sus ojos fríos como el hielo se hallaban fijos entre Aoi y el muro. Pero él no estaba allí. Su mente debía de estar vagando por otros caminos. Su rostro era una máscara cruel de expresión aterradora.
Se apartó al tiempo que dejaba escapar un fiero gruñido, y con velocidad sorprendente se sacó un hacha con hojas de plata que silbaron en el viento.
Temari se cubrió la cara con las manos, cobijándose tras una mesita de madera maciza, temiendo que el guerrero hubiera perdido la cabeza.
La sangre cubrió el suelo tiñéndolo de oscuro con un desagradable ruido espeso al gotear.
El tiempo se congeló hasta que sintió que la cogían de la muñeca y tiraban de ella. Luchó con todas sus fuerzas.
Se vio alzada en volandas y la enorme mano de Naruto cubrió su boca.
—Voy a por Nagato. ¿Quieres venir? —preguntó con voz sibilante y peligrosa.
Aún no la había soltado y ella lo miró con ojos entrecerrados, pensando con velocidad si estaba dispuesta a marcharse con aquel loco.
—No tenemos mucho tiempo. Su ejército se dirige a Noun Untouchable. —Ahora Temari abrió los ojos y asintió con rapidez.
Naruto la dejó en el suelo, retirando la mano de su boca.
—Partimos en una hora.
—¿Qué ha dicho Surrey? ¿Os ha confirmado...? —La mirada amedrentadora hizo que se callara de golpe.
—Ese hombre está muerto. —Señaló al despojo de Aoi, que yacía en el suelo de forma grotesca—. Y el conde será juzgado. —Naruto se pasó la mano por la cara y varias gotas de sangre se extendieron, dejando unos surcos rojos en su frente. En algún momento se había desprendido el broche de plaid y este caía colgado sobre sus caderas. No llevaba camisa, y su piel dorada también estaba salpicada por diminutos puntos de sangre. Su rostro seguía siendo insondable, o más bien como un libro abierto donde la palabra venganza estaba escrita con letras de decepción—. ¿Tenéis alguna cuenta más pendiente por aquí? —le dijo, observándola de arriba abajo. La manga del vestido se hallaba desgarrada.
Temari se retiró las lágrimas y negó con la cabeza. No sabía por qué, pero siempre acababa llorando delante de él y eso la hacía sentirse estúpida.
—¿Está mi hermana en peligro? —se atrevió a preguntar.
Naruto asintió, tragando con dificultad. Fue la primera vez que ella lo vio preocupado, pero sus ojos celestes volvieron adquirir un tono helado.
—Sasuke jamás negaría la entrada a mi tío. Mi tío se ha ido hacia allí, pensando que el laird murió —se encogió de hombros—, y hasta donde nosotros sabemos, él está muy bien. Ojalá eso trastoque los pensamientos de... —le costaba pronunciar su nombre sin dolor—. Nagato. —Agitó la cabeza. Todavía le costaba trabajo pensar que todo lo que la Haruno le había dicho era cierto. ¡No podía creerlo! ¿Cómo era posible que lo hubiera tenido tan engañado? Él, que había pensado que Uzumaki lo dejaba entrenar con los mejores para aprender de ellos. ¡Ja! Nagato lo había utilizado. Se había servido de ser quien era para ir a Noun Untouchable siempre que había querido. Se conocía el terreno, los edificios, la fortaleza... Todo. Tenía acceso a cada uno de los detalles que se formaban las guardias. Los planes de defensa que tenía Uchiha. Si algo le ocurría al clan solo era culpa suya.
—Pero si ha pensado que está muerto, ¿por qué va hacia allí?
—Porque esas tierras, como las tuyas y otros clanes, se interponen en el camino directo que quiere con Inglaterra.
—¿Como si él solo nos estuviera invadiendo? —preguntó, tratando de entender. Nunca le habían interesado los temas de guerras, ni la política. Hasta que juró vengarse.
Naruto asintió.
—Así es. Por eso se alegró cuando me instalé en Noun Untouchable. Porque le dejé la puerta abierta. Ahora, si ha pensado que Sasuke ha muerto, irá por las buenas a tratar de convencerme para que me una a él. En caso contrario, atacará sin más.
—¿Te unirás a él? —Tuvo miedo de preguntárselo, pero debía estar segura.
—No —negó. Abrió la boca un par de veces antes de decir —pero trataré de convencerlo. No puedo dejar que lleguen a las armas —no estaba muy convencido de poder hacerlo—. Deben estar a solo dos días de Uchiha.
—¿Cuánto tardaremos nosotros?
—Un poco más.
—¿Un poco más? ¿Cuánto más? —le gritó. No quería ni pensar que su hermana estuviera a punto de revivir la pesadilla.
—¡No lo sé, mujer! —bramó él a su vez. Temari dio un pequeño respingo y Naruto le puso las manos sobre los hombros—. No me temas. Por muy enfadado que esté jamás te haría daño. Yo no soy como él. —Miró hacia el lugar donde Aoi había dejado de respirar hacía tiempo. Tomó aliento—. Tampoco soy como mi tío. —Vio algo brillar en el suelo y se agachó a recogerlo.
Temari observó su daga entre las grandes manos del guerrero. Parecía realmente pequeña.
—Con esto no puedes matar a un hombre. —Sin previo aviso le colocó su hacha en las manos—. La próxima vez hazlo con esto. —Naruto echó a caminar dejándola pensativa. A los pocos segundos la escuchó correr tras él. Jadeaba por el peso del arma.
La miró con una suave sonrisa.
—Si prefieres la llevo yo.
Temari asintió y por primera vez le devolvió la sonrisa. No era de pura dicha, pero era un acercamiento.
El ejército descendió la loma a media mañana. Fue un recibimiento silencioso entre los Uchiha.
Solo una decena de hombres, incluido Sir Nagato, entraron en la fortaleza.
Nagato lucía una sonrisa de amabilidad, pero la amabilidad se había trocado en un nudo en su garganta al enterarse de que Sasuke Uchiha no había muerto. ¡Otra vez habían fallado! Y era una lástima. Nagato apreciaba a Sasuke desde el primer día que lo había visto entrenando con su sobrino. Lo respetaba, lo admiraba, eso no significaba que se retractara de sus planes. Solo Uchiha se interponía entre él y su objetivo.
Se fundió en un abrazo con el laird y este le palmeó el brazo con una sonrisa de camaradería.
—Ha sido una sorpresa tu visita. Pero, ¿dónde vas con tantos hombres?
—Si no recuerdo mal fuisteis vosotros quienes me dijisteis que debía armarme —bromeó—. ¡Me alegro de que no hayas muerto! Era la versión oficial.
—Digamos que una artimaña. —Sasuke hizo una señal para que sirvieran bebida a su amigo—. ¿Veníais a mi funeral?
—Me alegra que no. —Volvió a decir en una cínica mentira. Claro que lo deseaba. No quería luchar contra él. Con Uchiha vivo sería más difícil convencer a Naruto. Esa era la lástima. Al final su sobrino se enteraría de todo. Con el tiempo se lo agradecería, cuando le convirtiera en el señor de las Highlands.
—Ya que estás aquí te presentaré a mi esposa. ¿No te sorprende?
—¡Y tanto! —rio. No quería alegrase por Uchiha porque la felicidad le iba a durar poco, pero en el fondo se alegraba por el muchacho. Al menos había disfrutado de una vida en matrimonio, corta, pero viva.
Nagato no podía remediar que su corazón fuera un coagulo de traición e infidelidad.
—Sakura estará aquí en unos minutos. Siéntate y descansa.
—¿Y mi sobrino? No ha venido saludarme.
—Está en una gesta. —Hizo una mueca. Por el rabillo del ojo vio a su esposa que apenas entrar en la sala se detenía como una estatua. Pudo leer en sus ojos verdes el terror que la embargó.
—¿Y bien? ¿Sakura, has dicho? —Nagato se frotó el mentón simulando pensar. Otra vez volvió a maldecir a Namikaze. ¡La mocosa seguía con vida también!
Sasuke vio a Sakura caminando de espaldas hasta esconderse tras las amplias cortinas del arco del salón de reuniones. Una sala adyacente a la del salón donde se encontraban.
—Sí —respondió Sasuke pensando a velocidad de vértigo—. Sakura Haruno.
—¡Ah, esa jovencita! Yo era amigo de Kizashi y su encantadora esposa. Unas bellas personas, que lastima lo que ocurrió. Estoy deseando poder conversar con ella. ¿Dónde ha estado todo este tiempo?
—Con los condes de Mar —respondió algo más serio. No entendía el comportamiento de Sakura, pero la intuición le dijo que se fiara de ella—. Si me disculpas, voy hablar con Sai. Quiero que traten a tus hombres como se merecen.
—No sabes lo que te lo agradezco, Sasuke. El viaje ha sido muy pesado, y más con la angustia de creerte muerto. Ya me habría imaginado a Naruto intentando poner orden entre tus hermanos.
Sasuke rechinó los dientes pero nadie pudo oírlo.
—Regreso en unos minutos. Esta es tu casa, amigo.
—Lo sé, muchacho. Noun Untouchable siempre con su hospitalidad bien dispuesta.
—Sí —asintió Sasuke antes de dirigirse al salón de reuniones—, pero solo aliados.
Sakura se había acercado hacia uno de los muros que cubría una fuerte librería. Una gigante chimenea iluminaba tenuemente el lugar junto con varias mechas. Lo necesario para caminar sin golpearse con nada.
Sasuke caminó hacia ella con los ojos fijos en su verde mirada.
—¿Qué ocurre? ¿De qué le conoces?
—Sir Nagato Uzumaki dio la orden a Namikaze . Él es... el culpable —le susurró.
Sakura no estaba muy segura de que Sasuke la creyera. Sin embargo Uchiha no desconfió. La fuerte sospecha de que el ejército les atacaría se había disipado al reconocer al tío de Naruto, pero ahora de nuevo, esa teoría volvía a cobrar más fuerza que nunca. ¡Y tenían a todos los hombres cobijados en Noun Untouchable!
—En cuanto puedas te escabulles hacia la recamara y no salgas de allí. No quiero que te vea.
—¿Qué vas hacer tú? —le preguntó tomándole del brazo.
—Estoy pensando. ¿Por qué no me lo dijiste antes?
—Siempre te lo he dicho.
—En ningún momento has nombrado a Nagato.
—Temari me lo dijo en Brodick.
Sasuke asintió entrecerrando los ojos. ¡Claro! Nagato Uzumaki. ¿Quién si no tendría mejor acceso a sus tierras? Él era el hombre al que los guardianes de Escocia perseguían, y solo ahora descubrían que era una de las personas más allegadas y preocupadas de todo el país. ¡Los había engañado a todos!
