Capítulo 38


Sasuke atravesó el patio de arena e ingresó en la pequeña capilla. Se santiguó y sin demorarse cruzó la fresca estancia abriendo una pequeña puerta disimulada bajo el pulpito.

El reverendo le vio pasar y se apresuró a cerrar la puerta tras de él.

Sasuke prendió la antorcha y descendió las enroscadas escaleras que terminaban en una amplia galería. El suelo era piedra hueca y sonaba al pisarlo. Los escalones descendían hacia una negrura espesa que parecía el mismo infierno.

Se preguntaba cuánto sabría Naruto de todo aquello, pero lo desechaba de la mente con rapidez. Posiblemente su hombre se sorprendiera tanto como él cuando descubriera los maquiavélicos planes de su tío.

Para Sasuke no era fácil enfrentarse con Nagato. Siempre le había visto como a un pobre debilucho que evitaba la guerra como los gatos el agua. Aún era increíble pensar que un hombre tan ameno y abierto pudiera ser capaz de pertrechar semejante plan. Él le había ofrecido siempre todo: su casa, sus alimentos... Jamás habían discutido.

—Silad, muchacho —llamó Sasuke al joven que se hallaba inclinado sobre un lienzo—, gracias por tu apoyo.

—Lo que siento es que actuara tan tarde, pero no pude escarparme. —Se giró para abrazarle con fuerza—. Me enteré de sus planes algo tarde.

—¿Qué ocurrió con ese hombre?

—Kidōmaru. Está dentro. Seguramente en la taberna. Esta noche Nagato y sus hombres no harán nada. Tu resurrección les ha pillado tan de sorpresa que deben cambiar de táctica. —Silad miró a Sasuke lamentándose—. Tenía dos opciones: o me quedaba para poder conocer su plan de ataque, o daba un ligero rodeo e iba avisar a mi clan para que sirvieran de apoyo.

—Dime que fuiste hablar con Yamanaka y soy capaz de besarte.

—En unas horas estarán por aquí. Entrarán y se mezclarán con los hombres de Sir Nagato. Ese hombre solo contrata mercenarios y la mayoría ni se conocen entre ellos. —Silad levantó una mano hacia arriba—. No me beses, echemos un vistazo a estos trazos que he hecho de la fortaleza, más o menos...

—Tengo los planos originales —asintió Sasuke—, ¿recuerdas que mi hermano es el mejor arquitecto del mundo? Sai no tardará en venir. Cuéntame. Ese tal Kidōmaru, ¿fue el que me hirió y cortó los cabellos de mi esposa?

Silad parpadeó varias veces por la sorpresa.

—¿Tu esposa? ¿Ya os habéis casado?

—En Brodick —asintió Sasuke complacido.

—¡Felicidades! ¡No tenía ni idea! Sabía que lo harías, pero desde que nos separamos en Lareston lo último que llevé era el fingimiento de tu muerte.

—Sabía que te alegrarías. Continúa, hablábamos de ese tal Kidōmaru...

—Sí. Un tipo pésimo, aburrido y cargante. Cuando bebe, que no lo hace muchas veces, le encanta largar sobre sus hazañas. Confirmó lo que ya sabíamos: que te hirió, pero entre sus fechorías habló de la masacre de varios clanes, entre ellos el de tu esposa. Se jactó de todas las mujeres que violó incluida a la hija... —Silad se mordió la lengua y negó con la cabeza—. Bueno, a muchas mujeres.

Sasuke no paso por alto aquel gesto.

—¿Te refieres a la hija de Kizashi Haruno? —Silad no podía saber que había otra Haruno, hija también del fallecido Kizashi.

Sasuke tampoco se lo dijo. Por eso todo el odio de su cuñada contra los asesinos de su familia, no solo habían matado a sus parientes, sino que la habían ultrajado. Un escalofrío le recorrió la columna vertebral al pensar en la suerte que tuvo Sakura por tener a Deidara.

—Sí. No creo que te guste saberlo.

—No me va a gustar —contestó Sasuke. Sentía la sangre encendiéndole las venas—. Pero cuéntame todo lo que ese cabrón te dijo.

—Por favor, debéis estar tranquila, mi señora. Os prometo que si me entero de algo más os lo hare saber antes que a nadie.

—¡Pero no se te vaya a olvidar Matsuri! Estoy que me muero de la angustia. Dime otra vez que ha pasado. ¿Están todos bien en la aldea?

—Sí, ya todos están advertidos y no hay que preocuparse por ello. Su esposo ha ordenado que se celebre un brindis en honor a su casamiento. Los hombres de Sir Nagato serán drogados...

Unas fuertes voces en el corredor hicieron que las mujeres corrieran hacia la puerta, pero ninguna de ellas abrió. Tanto Matsuri como Sakura apoyaron las orejas en la madera tratando de escuchar a que se debía todo aquello.

Las voces eran masculinas, confusas.

—¿Qué habrá pasado? —murmuró Sakura con los nervios a flor de piel.

Matsuri, atenta al exterior no contestó. Las voces se alejaron de nuevo y entonces unos golpes suaves las hicieron apartarse corriendo.

—Soy yo, Hotaru —murmuró la sierva.

Matsuri la abrió y tras dejarla pasar volvió a cerrar echando la llave.

—¿Qué ha ocurrido? —le preguntó Sakura tomándola de la mano para llevarla hasta los amplios divanes.

—Era Sir Nagato que buscaba al laird, pero le convencí de que no estaba aquí. Quería saber si vos os encontrabais en el dormitorio.

—¿Y qué le dijiste?

—Que salisteis a pasear —dijo con una sonrisa de triunfo —al acantilado.

—¿Por qué allí? —Sakura abrió los ojos extrañada.

—Porque no creo que Sir Nagato vaya a buscaros, y el señor sabe que vos no iríais allí. ¡Ojala se cayera y se matara...!

—¡Oh, calla, Hotaru! —Le recriminó Matsuri—. No digas eso ni en broma.

—Creo que has estado muy acertada, Hotaru —contestó Sakura. El sonido de cascos de caballo llegó hasta el segundo piso y las tres mujeres corrieron hasta el arco de la ventana. Un error, ya que en ese momento Sir Nagato levantó la cabeza y las descubrió.

Nagato apenas había alcanzado el puente cuando regresó sobre sus pasos con la vista clavada en la ventana.

Sakura se apartó con velocidad y miró a Matsuri asustada.

—Se ha dado cuenta. Debemos avisar a mi esposo.

Matsuri seguía mirando por la ventana y asintió frenética.

—Ha desmontado y creo que viene hacia aquí. Señora debéis salir de las habitaciones.

—Pero Sasuke me dijo...

—Lo sé, mi señora —la interrumpió—, pero si ese hombre viene hasta aquí...

—Lo recibiré —afirmó Sakura con firmeza. Estaba asustada, pero prefería enfrentarle en el salón donde los hombres de su esposo pudieran estar presentes e intervenir en un momento dado—. Busca a Itachi para que me acompañe. Y localizar a mi esposo.

Sakura corrió a la alcoba del baño y se miró en el espejo de metal. Se cambió el sencillo vestido por uno más elegante de un tono verde profundo que armonizaba con sus ojos. Se cepilló la corta melena y se apresuró a salir de las habitaciones. Casi corrió por el pasillo haciendo que Hotaru la persiguiera y en el momento de descender las escaleras, Nagato se acercaba a los primeros peldaños.

—¡Sir Nagato! —Sakura fingió una hermosa sonrisa y bajó con los brazos extendidos.

Atónito, el hombre la correspondió en el abrazo.

—¡No sabéis que gusto me da veros! Acabo de llegar de pasear, tengo una jaqueca terrible y el aire me calma enormemente. Quise venir a saludaros antes, pero tampoco quería molestaros, mi esposo me advirtió que habíais tenido un viaje agotador.

—¡Cuánto tiempo! —Sonrió él tomándola de la mano—. Estuve muy preocupado por vos y me temí lo peor. ¡Vaya, fue una sorpresa cuando Sasuke me dijo que se había casado con vos! Os habéis convertido en toda una beldad.

—Vos siempre tan amable, Sir Nagato. Pasemos al salón y tomemos algo. ¿Habéis probado el vino que producen los Uchiha?

—Muchas veces querida, pero os acompañare y brindaré con vos. ¡Hay tantas cosas que debéis contarme! —La miró con un brillo admirativo en sus ojos arratonados.

Sakura agradeció la eficacia de Matsuri por encontrar, no a uno, si no a tres de sus cuñados.

Pronto se introdujeron en una conversación bastante trivial sobre el tiempo y los cultivos.

—¿De modo que sois el tío de Naruto? —preguntó Sakura apurando su primera copa de vino. Se había sentado en la silla más cercana a la cabecera como si esperara el regreso de Sasuke en algún momento—. ¡Qué pena que nunca vino con vos a visitar a mis padres!

Sir Nagato asintió y le dedicó una sonrisa.

—Le hablé a vuestro padre para concertar un matrimonio entre él y vuestra hermana ¿Temari? —Sakura agitó la cabeza afirmando—. Pero según Kizashi, la joven estaba prometida. ¡Qué lástima todo lo que ocurrió!

—Es cierto. Además celebrarían sus esponsales en breve. ¡Vaya, casualidades de la vida!

—¿Por qué lo decís?

—¿No lo sabe? —Sakura soltó una tonta risita—. Podría jurar que en este momento Temari y Naruto están juntos.

El rostro de Sir Nagato se tornó gris ceniza.

—¿Cómo decís? ¡Naruto y...!

—Mi hermana, sí —asintió con rotundidad—. Gracias al cielo ella se salvó. Y mi primo Deidara también. —Se encogió de hombros fingiendo no darse cuenta de que los ojos del hombre se oscurecían—. Mi esposo va ayudar a Deidara a levantar nuestras tierras de nuevo, claro que ahora poseemos un fuerte aliado, los Uchiha.

—¿Y ya sabe tu primo la noticia? —inquirió Itachi con una sonrisa abierta. Se estaba divirtiendo de lo lindo viendo cómo su cuñada acicateaba al pobre hombre, claro que más tarde cuando Sasuke supiera que Sakura había bajado a recibir a Nagato, nadie se pondría tan contento.

—Aún no, pero se lo diré en cuanto regrese.

—¿Qué le dirás y a quién? —dijo la voz fuerte de Sasuke ingresando en el salón.

Sakura se puso en pie obligando a que los hombres la imitasen.

—¿Ya habéis regresado, mi señor? —le preguntó con voz dulce—. Os echábamos mucho de menos.

—Estábamos hablando del primo de tu esposa —explicó Itachi extendiendo la copa para que una criada le sirviera más.

Sasuke se acercó hasta el grupo y rodeó la cintura de Sakura de forma posesiva.

—Es verdad. Pero no tardaremos mucho en darle la noticia. Deidara acaba de llegar. Ha subido a darse un baño. No quiere perderse la fiesta de esta noche.

—Las celebraciones —rio Nagato aceptando más bebida—. Creo que yo también subiré a descansar. —Vació su copa de un solo trago, como si con ello se tragara todo el furor y la ira que sentía—. Me ha encantado volver a veros, Sakura. —Se inclinó hacia ella para besarla en la mejilla.

Sasuke apartó la mirada por no estampar la cara del amable tío de Naruto contra el tablero de la mesa. Cuando le habían informado que Sakura había ido a recibir al hombre, no pudo dilucidar si estaba más enfadado o asustado. Le había prometido que no la pondría en peligro y ella... lo desobedecía. Apretó los dedos en la cintura de ella que lo miró un poco sorprendida.

Sakura pronto se dio cuenta de que el laird estaba furioso con ella. Lo vio en el frío acerado de sus ojos negros, en el serio rostro que la miraba implacable.

Los hermanos Uchiha desaparecieron junto a Nagato y tan solo unos sirvientes deambulaban por el gigantesco salón trajinando.

—Sasuke, tuve que bajar...

—Te dije que no lo hicieras.

—Hubiera sido peor si me hubiera encontrado en la recamara, el me vio por la ventana y...

Sasuke se encogió de hombros sin importarle lo que le estaba contando.

—Te dije que no bajaras —repitió.

Sakura alzó su mano para acariciar la fuerte mejilla de su esposo. Raspaba un poco con la barba incipiente.

—Tenía que hacerlo Sasuke. —Se puso de puntillas para besar los labios inmóviles y fríos—. No te enojes conmigo, por favor. Tenemos otros asuntos importantes en que pensar.

—¿Tenemos? —La miró frunciendo el ceño—. ¿Te refieres a que te vas a encargar del menú de esta noche? ¿Has llamado a los músicos para que nos deleiten?

Sakura se enderezó y en sus ojos también brilló una chispa de enojo.

—¿Es eso importante? —le recriminó jugando con su trenza oscura. Deseó tirar con fuerza y hacerle daño, pero se contuvo.

—Eso es lo importante para ti en este momento mujer. Lo demás, déjamelo a mí.

Sasuke se quiso girar, Sakura lo detuvo.

—¿No me vas a dar un beso, mi señor? Siempre lo haces cuando llegas.

Uchiha se volvió a ella. Sus ojos ya no estaban furiosos. La abrazó con fuerza en un tris de aplastarle las costillas, ella se quejó, entonces Sasuke aflojó la presión y la besó.

Quería castigarla con un beso duro sin emoción. Algo que la hiciera recordar que aún seguía enfadado por desobedecerlo, sin embargo apenas rozó su carne, sus labios la devoraron con ansia. La besó hasta dejarla sin aliento, la tomó en brazos y con ella a acuestas se dirigió hasta el dormitorio.