Capítulo 39
La mujer se agitó intranquila entre sueños. Una extraña y desconocida presión sobre su cintura hizo que finalmente abriera los ojos asustada. ¿Había sido capturada de nuevo?
La fina niebla a ras del suelo brillaba como la plata con las primeras luces de la aurora. El ambiente húmedo y fresco se colaba en los huesos sin piedad, sin embargo, Annabella no sentía frío. La fuerte presencia masculina pegada a su costado irradiaba un calor agradable.
Los primeros rayos de sol bailaron sobre las hojas de los árboles acariciando su rostro. No se atrevía a moverse por miedo a despertar a quien la tenía aprisionada. Al girar la cara descubrió a Naruto.
Trató de recordar en qué momento habían detenido las monturas para echarse a dormir, pero no pudo. Lo último que venía a su memoria era el ligero trote que llevaban cuando la noche se les había echado encima.
Se apartó un poco. Aquel fuerte brazo, al igual que una de las musculosas piernas del hombre que se había introducido entre las suyas de manera muy íntima, demasiado intima, la atrapaba.
Temari observó a Naruto que dormía con el cuerpo relajado. Su rostro estaba sereno y peligrosamente cerca del de ella, tanto que podía sentir el aliento masculino sobre su cara.
Debería sentir miedo y, sin embargo, la sensación le resultaba de lo más confortante.
Sintió lastima por él. Desde que había obligado a confesar a Namikaze apenas había dicho más de dos frases seguidas y había obligado a todo el grupo a cabalgar sin descanso hasta las tierras de Uchiha.
Temari no sabía cuánto viaje quedaba. Aquella era la primera vez que se habían detenido a descansar. Con seguridad, tanto los hombres como los caballos necesitaban un parón, de otro modo cuando llegaran a Noun Untouchable estarían tan agotados que no servirían de ninguna ayuda.
Cogió con suavidad la mano de Naruto e intentó elevarla para poder escapar de aquel abrazo que la perturbaba de una manera que ella jamás habría imaginado. Es más, ni en sus más recónditos pensamientos hubiera pensado yacer con un varón que no fuera su... prometido.
Acordarse del pasado no la ayudó en absoluto. Se sintió infiel, pero sobre todo sucia. Indigna de cualquier hombre bueno y noble. Decididamente Naruto no merecía estar con alguien como ella.
Era muy complicado salir de allí sin despertarle, su cuerpo pesaba horrores y máxime cuando ella tenía estirado su brazo hacia atrás.
—¿Has descansado bien?
Temari le soltó la mano sin haber conseguido nada y buscó su mirada. Naruto seguía con los ojos cerrados.
—Sí, gracias. ¿Cuándo nos detuvimos?
Los ojos azules se abrieron clavándose en ella con intensidad.
¡Qué guapo estaba! Aquellos ojos tenían una expresión tan tierna como infantil. Temari se encontró mirándolo como una boba.
—Poco después de que cayeras del caballo.
—¿Me caí? —se sorprendió. Hablaban en susurros. El resto de los hombres de Atsui descansaban cerca envueltos en mantas. La mayoría se habían despojado de sus cotas aunque las armas se hallaban al alcance de sus manos.
El corazón de Temari comenzó a dispararse. ¿Naruto siempre había sido tan guapo?
—Pude sujetarte antes de que te deslizaras hasta el suelo. —Se encogió de hombros provocando que ella también se moviera—. No te quisiste despertar después y cabalgar contigo dormida era un incordio. Te vencías para todos los lados por mucho que te sujetara, parecías una muñeca.
—¿Trataste de llevarme dormida?
Naruto sonrió de un modo muy excitante como si recordara algo que hubiera sucedido durante la noche.
—Pude aprovecharme de ti. —La pinchó leyendo su mente, había abierto la palma de su mano sobre la cintura.
Temari ahogó una exclamación ante aquel contacto que incendiaba cada fibra de su ser. Él movía los dedos en una lenta caricia.
—Pero no lo hiciste, ¿verdad? —preguntó por fin en un hilo de voz. Su voz se había tornado ronca y áspera.
—Jamás me aprovecharía de una dama mientras durmiera. —Naruto se apretó más contra ella y Temari se tensó—. Ahora no duermes, ¿no?
Ella se giró con velocidad y sin previo aviso se colocó sobre Naruto. Tarde se dio cuenta el hombre de que la pequeña daga de la joven se apoyaba en su cuello con firmeza.
—De acuerdo, dulce damisela —prosiguió él—, me ha quedado claro.
Temari no estaba realmente furiosa pero no quiso dar su brazo a torcer.
—¡Pues aparta las manos de mí! —se quejó con voz chillona y excitada cuando le rodeó la cintura y elevó la pelvis contra ella. Temari, ruborizada sintió la dureza que querían entrar en ella con ropas incluidas—. ¡Naruto! —exclamó con el corazón enloquecido.
No le asustó el comportamiento de él, lo que sí le aterraba era el suyo propio. No todos los hombres hacían daño, lo sabía por experiencia, su padre, su primo —al que deseaba ver ansiosamente—, su prometido...
Naruto había demostrado que era un hombre amable, muy bestia algunas veces y bastante atrevido. Cuando habían entrado en Surrey él se había ajustado a la escolta real con el mentón elevado con soberbia.
—¿No me has oído? —le susurró nerviosa. Naruto alteraba sus sentidos—. ¡Suéltame!
Él sonrió y abrió los brazos liberándola con una sonrisa.
—¡No puedes culparme, mujer! Hay una parte de mi cuerpo que suele despertar antes que yo.
Temari, con el rostro rojo de vergüenza se incorporó apartando la manta que cubría a ambos. Naruto vestía una camisola oscura que en algún momento se había alzado sobre su vientre y su miembro erguido pareció saludarla con orgullo.
Lo observó boquiabierta con las mejillas ardiendo de turbación.
El hombre tenía las piernas ligeramente abiertas y el cuello medio levantado para mirarla con atención posando para ella en una actitud muy tentadora.
Temari levantó sus ojos a él y se recompuso con rapidez.
—Ten mucho cuidado —le amenazó—, es muy posible que mi arma no pueda matar a un hombre pero bien puede cortar esa parte de tu anatomía.
Naruto se bajó la prenda con prisa y se sentó para mirarla con los ojos muy abiertos.
—Lo tendré en cuenta la próxima vez.
Temari asintió. Guardó la daga cuando los hombres comenzaron a despertar con el sonido de sus voces.
Pronto todos estuvieron listos para continuar la marcha. Comieron algo de pescado seco y emprendieron el camino.
Durante un buen rato Temari cabalgó unos pasos por delante de Naruto dejándole claro que no quería hablar con él, pero a medida que el paisaje se repetía monótono y las conversaciones entre los soldados comenzaron a decaer, dejó que su pequeña montura quedara a la altura de la de él.
Pocas veces le miraba a la cara, Naruto montaba sobre un gran semental castaño y a ella le costaba tener que levantar la cabeza continuamente.
Aquella mañana era diferente, no tenía conciencia de por qué, pero sus ojos volaban una y otra vez al duro perfil del hombre pensando que una vez que todo acabara y si tenían suerte y seguían con vida, a lo mejor no le volvía a ver. O puede que se quedara una temporada larga con su hermana.
Estaba decidida a no tener nada con Naruto, pero reconoció que le gustaba y que mientras lo sentía cerca se encontraba mejor. Puede que llevara mal verle con otras mujeres, con toda posibilidad Naruto tenía una larga lista donde elegir, pero no le importaba.
—¿Has estado en Noun Untouchable alguna vez? —preguntó él sacándola de su ensoñación.
—No.
—Hay una colina cercana que tiene multitud de cuevas, ese sería un sitio seguro para que esperaras...
—Voy a entrar contigo, no he viajado hasta aquí para quedarme de observadora, además Sakura es mi hermana. —Le escuchó bufar, pero no le importó.
—Esas cuevas tienen una entrada hacia la fortaleza. Son unos largos pasadizos que llevan directamente al corazón de la capilla. Nunca los han utilizado. —Apretó los dientes, furioso—. Pero si lo hacen deberían tener el camino iluminado. Vamos a entrar por ahí, puede que haya gente necesite ayuda.
Temari sabía que estaba tratando de convencerla y sus palabras tenían mucha lógica. Si los aldeanos, los siervos, o la misma Sakura debían huir ella debería estar esperándola. Tragó con dificultad.
—Me lo voy pensando.
—Tranquila, Haruno. Llegaremos a tiempo y evitaremos el derramamiento de sangre.
—Dios te oiga —murmuró.
Sir Nagato no era ningún estúpido. Poco antes de entrar en Noun Untouchable había ordenado que destruyeran el puente que cruzaba el río.
Naruto y algunos hombres recorrieron varias veces la orilla intentando encontrar un buen camino por donde atravesarlo pero parecía imposible. El fondo del canal era lodoso y los cascos de los caballos se introducían casi hasta las rodillas. Tuvieron que desistir en varios intentos.
Sakura dejó que Matsuri le colocara una tiara de zafiros sobre su cabeza. El vestido azul con ribetes plateados se ajustaba a su pecho con demasiada estrechez.
—Mi señora... —La doncella luchó contra los diminutos botones de la espalda—. No quiero ofenderos, pero... estáis engordando.
Sakura bajó la vista hacia sus senos. El escote con forma de V era recatado, sin embargo asomaba por él la parte superior de sus pechos.
Hotaru la observó mientras le entregaba unas delicadas zapatillas de satén.
—Ojalá fuera un hombretón, mi señor se pondría muy contento, aunque una niña estaría muy bien. Desde que se fue Naori la falta de una mano femenina se hace notar.
Sakura se mordió el labio con preocupación y se giró varias veces ante el espejo para mirarse desde todos los ángulos. El pecho se le había hinchado considerablemente.
Se pasó la mano por el vientre plano esperando encontrar algo más que le confirmara lo que Hotaru estaba diciendo. Desde luego no necesitaba mucha confirmación: se estaba acostando con un hombre, y entre un hombre y una mujer tener un bebe era de lo más normal.
—A mí también me gustaría que fuera un varoncito —respondió ella con temor—. Por favor, no quiero que esta conversación salga de aquí hasta que no se hayan solucionado las cosas. No quiero dar otro motivo de preocupación a mi esposo y mucho menos que Sir Nagato lo sepa. Podría aprovecharse de ello para hacernos daño. —Miró a Matsuri y a Hotaru con insistencia—. ¿De acuerdo?
—Entendido, mi señora. —Matsuri hizo como si se cosiera la boca, Y Hotaru fingió taparse los oídos.
Sonaron golpes en la puerta y una de las siervas corrió abrir. Sasuke entró nervioso. Vestía el plaid más nuevo que tenía, sin embargo, esta vez no llevaba debajo más que su propia piel desnuda. Una capa larga oscura caía sobre uno de sus costados rozando el suelo a su paso. Rodeando el duro musculo del brazo descubierto tenía un brazalete de oro con un rubí bastante grande.
Su porte altivo estaba envuelto en un aire de fortaleza, su llegada al dormitorio fue como un presagio de cuál sería su comportamiento aquella noche.
Sakura le observó con admiración, cada vez lo encontraba más hermoso. Más deseable, tanto que comprendió por qué, con solo, un vistazo sus instintos sensuales despertaron. No era lo normal, al menos eso es lo que Sakura creía o le habían dicho. Siempre había tenido la creencia de que el hombre debía llevar la iniciativa pero le gustaba tanto ser ella la que lo excitara y le arrastrara hasta la locura, que de no haber estado ninguna de las siervas se habría lanzado sobre él para hacerle el amor.
Debía de estar loca por pensar en algo así en un momento como aquel. Dentro de poco estallaría el caos, o quizá no, sin embargo, allí estaba su mente calenturienta y sus ávidos ojos recorriendo a su esposo de arriba abajo como si se tratara de un dios.
Sasuke se había detenido ante ella con ojos brillantes de orgullo.
—Estás muy hermosa. —Su mirada se inmovilizó en los senos y descendió a las caderas para subir haciendo el mismo recorrido—. La mujer más bella que haya conocido.
Sakura le sonrió azorada.
—Tú también estás muy guapo, mi señor.
Matsuri y Hotaru se retiraron a la sala del baño con discreción.
Sasuke abrió un paquete de formas irregulares y le mostró un capote igual que el suyo. Una prenda de piel roja como la sangre. Las telas y los tonos eran idénticos, sin embargo el que le mostraba tenía un cuello alto que cubría la nuca y caía hacia atrás en una larga cola.
—Perteneció a mi madre como esposa del Laird. Para nuestra gente y para mí sería un honor que la usases.
Sakura acarició la prenda con la punta de los dedos, era muy agradable y suave al tacto. Asintió y se dio la vuelta para que él se la colocara, luego corrió al espejo para admirarse.
Se veía elegante, señorial.
—Perfecta —dijo Sasuke.
Sakura se dio cuenta de que desde que había llegado no había sonreído ni una sola vez. Se acercó a su lado y le tomó la mano.
—Todo va a salir bien, amor, me lo has dicho mil veces.
—A una señal mía saldrás...
—Te lo prometo Sasuke. Guiaré a los que pueda por las cuevas. —Sus labios temblaron ligeramente—. Pero no hará falta. En cuanto sus hombres se duerman no habrá peligro.
Esta vez Sakura no fallaría a nadie.
Los señores de Noun Untouchable descendieron las escaleras al mismo paso. Una multitud de ojos se posaron sobre ellos desde el vestíbulo.
El gigante guerrero guardián de Escocia y su delicada dama de formas finas y hermosa elegancia, desafiaron al mundo con expresiones serias y orgullosas.
Un mar de rostros les dio la bienvenida entre gritos de alboroto. Sasuke llevó a su esposa directamente a la mesa y el resto de invitados se apresuró a tomar asiento.
Los sirvientes corrieron de un lado a otro rellenando las jarras de vino, colocando bandejas con asados y verduras, pudines y pasteles.
Las gaitas sonaron y varios artistas les hicieron reír y sorprenderse con sus habilidades.
Los hombres reían y charlaban y entre bastos brindis, el vino caía salpicando por todos lados.
La sala estaba muy bien iluminada, los candelabros de pie y las lámparas del techo brillaban con todas las mechas encendidas y sobre los muros danzaban las llamas desde los apliques.
Sir Nagato se encontraba a la izquierda del laird y Sakura a la derecha, de ese modo no podían entablar conversación ninguna.
Sakura estuvo bastante tiempo con Sasuke pero finalizando los alimentos se retiró a otra mesa situada más cerca de las cocinas. Una mesa destinada solo a mujeres, parientes Uchiha que habían escogido sus mejores galas para la ocasión. Algunas vivían en la propia fortaleza bajo la protección de su esposo, las había solteras que esperaban que Sasuke les concertara un buen matrimonio, viudas que se habían dado por vencidas en el amor y se pasaban la vida entre costuras, mujeres de otros guerreros... En definitiva, todas conocedoras del plan de Uchiha y todas con los nervios a flor de piel. De ella dependía mucho que nadie se diera cuenta de las intenciones del anfitrión y sus hombres.
