-Siento mucho lo del otro día. En serio, me surgió un asunto inevitable y se me pasó avisarte. Pero me alegra que quedemos después de todo.
Bonnibel echó a Ricardio una mirada fría.
-¿Pero es que no te das cuenta de que vengo porque me has puesto en un compromiso?
-Venga, no será para tanto.
El chico, más bajito que ella, mostraba una amplia sonrisa. Como pudo le echó el brazo sobre los hombros, atrayéndola hacia él. Bonnie suspiró, deseando que esto acabara cuanto antes.
Si hubiera sido hace un par de meses habría estado más que contenta de verse saliendo con él, y es que hasta no hacía muchas semanas Bonnibel, como el resto de sus compañeras de clase, estaba fantaseando con el chico recién llegado. Poco a poco se fue desencantando y el embrujo que ejercían las palabras de Ricardio sobre ella se rompió de golpe. Ahora al mirarlo sólo lo veía como alguien molesto atento a la más mínima oportunidad que se le presentara para rozarse con ella.
-¿Qué te parece si vamos a ese pub nuevo a bailar? Me han dicho que ponen buena música.
-No puedo llegar a casa muy tarde.
-Yo estoy seguro de que no te pondrán pegas si llegas un poquito tarde. Venga, si es por hacer algo nuevo.
Ya se imaginaba qué pasaría si seguían su plan: Ricardio no tardaría en aprovecharse del ambiente oscuro del pub y de la aglomeración de gente para pegarse a ella como una lapa. Pensó rápidamente en una solución para quitárselo de encima.
-Te digo que no puedo. ¿Qué tal si lo dejamos hoy en tomarnos un helado? Ya sabes, algo tranquilo.
La miró fastidiado. Ella aprovechó para separarse.
-El mío de fresa, por favor. Aquí tienes el dinero. Te espero aquí sentada.
Sonrió por contentarlo un poco y respiró aliviada cuando vio como cruzaba la calle y se alejaba a comprar los helados. Si el muy rastrero no se hubiera presentado en su casa contando lo que le dio la gana todo se habría zanjado la semana pasada.
"Quizás debería decirle que me han llamado y que tengo que irme cuanto antes. No, es una excusa muy barata, seguro que no se la tragaría" Por unos minutos siguió pensando en cómo librarse de él mirando fijamente al suelo. Tan abstraída estaba que no se dio cuenta de que alguien se sentó a su lado.
-Así que eso que te tenía tan "ocupada" era tu novio, ¿eh? Podrías habérmelo dicho, princesa. Lo habría entendido perfectamente, no hacía falta que te hicieras la interesante.
Levantó la mirada y se encontró con Marceline. Llevaba el pelo recogido en una coleta, dejando ver unas orejas un poco puntiagudas y perforadas con varios piercings. Su sonrisa delataba que se estaba divirtiendo bastante con la situación. Bonnie frunció el ceño, molesta por su interrupción.
-No es mi novio.
-¿Ah, no? Para no serlo se os veía muy agarraditos.
-¡Si ni siquiera me gusta! Ya me gustaría no tenerlo cerca.
-Pues para empezar lo estás haciendo mal. Verás, si te pones ese vestido no me extraña nada que el pobre no se resista a acercarse tanto a ti.
Sin querer Bonnibel bajó la mirada hacia el vestido rosa, como si no se acordara de lo que llevaba puesto y tuviera que asegurarse de que no había nada malo. No era nada del otro mundo, ni siquiera llegaba a ser algo provocativo.
-¿Habrá alguna vez en la que me encuentre contigo y no acabes riéndote de mí?
Marceline levantó las cejas sorprendida ante lo ofendida que sonaba.
-No me río de ti, Bonnie, más bien era un cumplido. Te sienta muy bien.
Miró a otro lado cuando sintió un calor sofocante en la cara. Podía imaginarse perfectamente la sonrisa burlona que estaría poniendo en estos momentos la morena. Intentó cambiar de tema.
-¿Y tú qué haces aquí? ¿No estabas castigada?
-Estar encerrada todo el verano en una casa es un castigo demasiado inhumano y eso lo sabe hasta mi padre. He salido a dar una vuelta. Él está aquí ahora y no me apetecía aguantar más sermones.
Cuando terminó de explicar la situación un tanto distraída, le dio un empujoncito con el codo para llamar su atención.
-Oye, ¿ese que está tonteando con la dependienta de la heladería no es tu novio?
Señaló a la acera de enfrente. A través del gran escaparate pudo ver a Ricardio apoyado en el mostrador hablando muy cerca con una chica que no paraba de reír. Eso precisamente era lo que hizo que se desencantara con él. Lo único que sabía hacer era ligar con toda mujer que se le cruzara para ver qué podía conseguir. Le daba asco imaginar cómo presumiría de todas sus "conquistas".
-Sí, es él.
Marceline notó el enfado de la rubia, que ni siquiera se molestó en aclarar de nuevo que no eran nada. Apoyó su mano en el brazo de Bonnibel.
-No quiero que te siente mal, pero si no te gusta, ¿qué haces aquí con él?
-No me queda elección. Se ha metido en el bolsillo a mi padre. Hasta Pep me anima a que salga con él.
Se produjo un breve silencio, como si estuviera eligiendo con cuidado qué palabras decir.
-Nadie debería decidir sobre lo que haces y menos en estos asuntos, ¿lo sabes verdad?
La miró desconcertada. De pronto Marceline había cambiado el tono de voz y parecía totalmente consciente de lo que decía, hablando muy en serio.
-Venga, levántate. Si nos vamos ahora podemos darle esquinazo – dijo poniéndose en pie.
-No, yo me quedo aquí. Ya sabré manejar la situación sola.
Marceline apretó los labios. Con un tono que casi parecía dolido dijo un escueto "Como quieras" y se fue sin esperar respuesta.
Ricardio volvió con un cucurucho de fresa y un granizado para él. Se lo ofreció a Bonnibel mientras miraba a la muchacha que se alejaba de ellos.
-¿Con quién hablabas?
Bonnie se giró para mirar a Marceline, que empezaba ya a perderse a lo lejos.
-Era una turista. Me ha preguntado por el hostal. ¿Nos vamos?
Se levantó rápidamente y comenzó a caminar mientras el muchacho la seguía con la mirada aún fija en la joven que se paseaba en dirección contraria a ellos. No tenía por costumbre mentir, pero por la forma en que la miraba Ricardio sabía que no tardaría en perseguirla. "Lo hago para ahorrarle el mal trago de aguantarlo. Sólo le estoy haciendo un favor." Se repetía aquello para convencerse. En el fondo no quería ver a Marceline siendo acosada por él. Aunque sabía que ella no tendría ningún reparo en despacharlo rápidamente, le entraba una sensación extraña al imaginarse a la morena prestando su atención a otro. Y no eran celos. No podían serlo, ella no tenía ningún interés en Ricardio. "No, no, definitivamente no son celos."
El resto de la tarde la pasó bastante ausente y respondía con monosílabos a todo lo que le decía. Ya cuando anochecía empezó a guiar sus pasos hacia su casa y una vez alcanzada la entrada comenzó a despedirse del chico.
-Lo he pasado bien, Bonnibel. Aunque queda pendiente lo de ir a bailar. Lo dejamos para la próxima, ¿vale?
Bonnie puso los ojos en blanco y se limitó a cruzarse de brazos. Prefirió no responder, de todas formas daba igual lo que dijera.
-Bueno… Ya nos veremos.
Seguidamente se puso de puntillas para abrazarla. Al intentar separarse, Bonnie sintió que Ricardio no la dejaba ir y sin previo aviso notó unos labios gruesos presionando en su boca. Apretó fuertemente los labios, cerrándolos por completo, y empezó a empujarlo para que la soltara, pero sólo consiguió que Ricardio cerrara más aún el círculo de sus brazos para mantenerla cerca. Miró la farola situada frente a su puerta y pensó en lo lento que pasa el tiempo según para qué cosas. Se preguntó cuánto tiempo más tenía que estar aguantando la urgencia con que apretaba su boca contra la suya hasta que se cansara y la soltara. Cuando finalmente la dejó ir lo miró enfadada, se dio la vuelta y entró en su casa pegando un portazo.
