-¡¿QUE TE BESÓ?!

-¡Ssshhh! ¡Lady, baja la voz! No creo que a Pep le interese oír esto.

Los finos labios de su amiga se expandieron ampliamente mientras levantaba y bajaba las cejas sugerentemente.

-Vamos, Bonnibel, tú y yo sabemos que Pep es el más interesado en escuchar esta historia.

Bonnie reprimió un gruñido de disgusto y se tapó la cara con las manos, provocando una carcajada en Lady.

-¿Por qué sólo me pasan estas cosas raras a mí?

-Ay, Dios… Bonnibel entra en "modo Drama Queen" en 3… 2… 1…

Le dio un golpe en el hombro a Lady mientras ambas se reían.

-No sé por qué tanto alboroto, si hace poco estabas deseando que algo así pasara.

-Pues ya no. Sé que es un cambio caprichoso, inmaduro, infantil y todo lo que se te ocurra, pero no lo soporto.

Se tiró bocabajo en la cama cayendo al lado de donde estaba sentada su amiga. Lady le dio unas palmaditas en la cabeza. La miró de reojo sonriendo.

-Gracias, tus palmaditas son de gran ayuda.

-Sé que eres adicta a ellas, no lo niegues. Y bueno… ¿ahora qué?

-¿Cómo que ahora qué? Pues nada, no pienso volver a quedar con él, ni creo que él se me acerque.

-Yo creo que más bien al contrario. No te va a dejar, te fuiste sin decirle nada.

-¡Precisamente por eso!

-Bonnie, quedarte callada no significa "no".

Reflexionó durante un momento.

-Yo creo que está claro, cualquier persona normal se daría cuenta.

-¿Y no te ha demostrado ya que no es normal? No sé en qué estabas pensando cuando decidiste hacer eso.

-Supongo que pensé en una frase que me decía mi madre. "No hay mayor desprecio que no hacer aprecio".

Se produjo un silencio un poco incómodo. Bonnibel sabía qué pregunta vendría ahora.

-¿Has vuelto a hablar con ella?

Y ahí estaba. El ambiente se enrareció aún más.

-No.

Lady empezó a reprocharse tener esa bocaza. Lo mejor habría sido no mencionarla. A pesar de que se conocían desde hacía bastantes años, Bonnie nunca le contó mucho acerca de su madre, excepto que apenas tenían relación. Por lo que había visto era un tema que le afectaba bastante.

-Bueno… ¿Nos vamos ya?

-Pero si aún no es la hora.

-Venga, así te aireas un poco. No tiene que ser bueno estar todo el día encerrada en tu cuarto con tus juguetitos frikis. ¡Arriba, perezosa!

Bonnibel sonrió cuando su amiga le tiró de las piernas. Siempre sabía qué tontería hacer para animarla. Se levantó pesadamente y salieron de su casa. Lady parloteó sin parar hasta llegar al café de Tessa. Se sentaron en la terraza. Aquella tarde parecía que a todo el mundo se le ocurrió el mismo plan para disfrutar del buen tiempo y el sitio estaba lleno hasta los topes.

-¿Sigue en pie lo de las vacaciones?

-Por mi parte sí.

-¡Bien! No vale echarse atrás. Últimamente has estado un poco alejada de nosotros, al menos para ese fin de semana tienes que estar disponible.

-Ya sabes que estoy deseando salir de aquí. No os voy a fallar, tranquila.

-Parece que Tessa está saturada de trabajo hoy. Voy a por las bebidas, no te muevas de aquí y guárdales el sitio a los chicos.

Lady entró en el local casi dando saltitos. Bonnie la miró sonriendo y negando con la cabeza. Sacó su móvil y abrió la aplicación de Facebook. No es que lo usara mucho, pero en estas ocasiones era lo mejor para matar el tiempo. Lo veía más bien inútil, un simple medio para presumir o engordar el ego y hacer públicas las vidas, como si fueran tan especiales o importantes para importarle a los demás. Después de ver varias fotos de amigos en el extranjero, alguna curiosidad y tres o cuatro chistes malos se cansó y guardó el móvil. Lady estaba tardando más de lo normal. Se poyó en la mesa, mirando la gente que caminaba por el paseo marítimo. Llevaba así un par de minutos cuando creyó reconocer a alguien. Alta, delgada y con el pelo larguísimo. Se irguió al reconocer en esa chica a Marceline. Esperó a que se girara, pero cuando lo hizo y Bonnie levantó la mano para saludarla, Marceline miró hacia otro lado, volviendo su mirada al frente. Bonnibel se quedó con cara de tonta, cortada ante el feo, aún con la mano medio alzada. "No me habrá visto" intentó tranquilizarse.

Lady regresó al momento con los refrescos y de nuevo se zambulló en una conversación que parecía más un monólogo que otra cosa. Bonnibel estaba abstraída pensando en lo que acababa de pasar. No había podido convencerse de que no la vio, estaba segura de que ambas se habían quedado mirando por un momento. No se lo había imaginado. Pero si realmente le negó el saludo, ¿por qué sería? No le había hecho nada. Tampoco recordaba que le dijera nada malo. Entonces recordó que la última vez que se vieron Marceline se fue molesta casi sin despedirse. "¿Debería ir a hablar con ella? No, que se aguante, es ella la que no ha querido saludarme. Será maleducada… ¡Tendría ser yo la que no la salude, después de lo borde que ha sido conmigo! A pesar de que estos pensamientos eran bastante ciertos una vocecilla en su mente le repetía: "Si voy ahora aún estaré a tiempo de alcanzarla." Intentó desechar esta idea. No podía seguir haciendo la tonta.

La voz de su amiga, que a oídos de Bonnie ya era casi un zumbido, se apagó de pronto sacándola de su bucle de pensamientos. La miró entonces.

-¿Estás bien? Llevas un buen rato callada.

-Perdona, me he ausentado por un momento. ¿Qué me estabas diciendo?

Lady sonrió de forma un poco forzada.

-No creo que te interesara mucho. Mejor cuéntame qué te está rondando.

-Es que he recordado que tengo algo que hacer.

-¿Ahora? Pero si ya van a llegar los demás.

-Es importante. Te compensaré, te lo prometo.

Lady la miró con cara de preocupación. Era bastante extraño verla sin su amplia sonrisa que achinaba más aún sus ojos ya rasgados. Siempre desprendía positividad y alegría y esto era lo que más apreciaba Bonnibel de su amiga.

-Oye, si estás así por el tema que saqué antes lo siento mucho, Bonnie. No era mi intención, de verdad que no.

-¿Qué dices? No seas tonta, no estaba pensando en eso y tampoco tienes que pedir perdón.

-Lo digo en serio. Lo siento muchísimo.

Bonnibel se levantó de la silla y le dio un fuerte abrazo a su amiga que correspondió con igual fuerza.

-De verdad que no es por eso. La próxima vez que salgamos invito yo a todo lo que quieras. Sea lo que sea.

-Te tomaré la palabra.

-¡Hazlo! Hablamos luego, ¿vale?

Le dio un último achuchón y se despidió sonriente. Caminó rápidamente, casi corriendo, subiendo la carretera que salía del pueblo. No tenía claro por qué lo hacía, ni siquiera sabía qué cara poner o qué decir cuando llegara arriba, pero eso tampoco parecía detenerla.

Siguió ascendiendo y tras unos minutos vio a la morena andando lentamente.

-¡Eh! ¡Oye!

Gritó para llamar su atención pero no parecía que la escuchara. Volvió a probar esta vez más fuerte.

-¡Ey! Espera un momento.

De nuevo fue como si no hubiera dicho nada. Se empezaba a sentir idiota por haberla seguido. Ya a pocos metros de ella gritó otra vez.

-¡Marceline!

Entonces la morena se paró y se giró sonriéndole.

-¿Sí?

La rubia acortó la poca distancia que las separaba un poco jadeante por el esfuerzo.

-Llevo un buen rato llamándote. ¿Estás sorda o qué?

-No, no lo estoy.

-¿Entonces por qué no me has contestado?

Otra vez recibió una sonrisa burlona.

-Quería saber cuánto tiempo tardarías en desesperarte. Por cierto, ¿te das cuenta de que es la primera vez que me llamas Marceline?

Calló un momento mientras recuperaba el aliento. No había caído en que hasta el momento nunca había pronunciado su nombre. Intentó dejar en un segundo plano lo otro que le dijo. Quizás si seguía ignorando esos pequeños ataques se cansaría y dejaría de hacerlos.

-¿No me has visto antes en el pueblo?

-Sí.

-¿Y por qué no me has devuelto el saludo?

Se encogió de hombros con indiferencia.

-No me apetecía. Además, tampoco quería interrumpir otra cita con tu novio.

-Por enésima vez, no es mi novio y no estaba allí con él.

-Vaya. ¿Qué ha pasado? ¿Os fue mal la última vez y lo habéis dejado? Por eso me has seguido tan desesperada, ¿no? Querías consejo y apoyo y no tenías a quien pedírselo.

Esto era lo máximo que podía aguantar. La miró con enfado pensando que se acabó de una vez por todas. No iba a seguir soportando como una desconocida se burlaba de ella cuando quería. Lo que más le pesaba de esta vez es que la había buscado ella. Hizo ademán de irse.

-Vale, vale. Lo siento, no te vayas. Sólo quería presionarte un poquito, no era mi intención enfadarte tanto.

Bonnibel la miró de reojo, sin creerse ni una palabra.

-Lo que te dije el otro día es verdad, Bonnie. Me caes bien y me resultas muy interesante, pero me pierden las formas.

La rubia intentó contener una sonrisa que no pasó desapercibida. La verdad es que para ella esta loca que apenas conocía también era lo más interesante que le había pasado en meses. Marceline dejó escapar una pequeña risa, aliviada ante la reacción de la otra chica.

-Te invitaría a pasar pero como ya te dije mi padre está en casa y es mejor ahorrarte el numerito de vernos discutir. Pero si quieres puedes venir mañana. Seré agradable, te lo prometo.

Sintió como su enfado se desinflaba casi sin esfuerzo. No sabía por qué Marceline ejercía ese extraño poder sobre ella, como si supiera justo qué decir para irritarla y qué cara poner para calmarla. Esto la preocupaba y la hacía sentir vulnerable. No quería dejarle ver esta debilidad para que no se aprovechara de ella.

-No te aseguro nada. Si no estoy muy liada, te haré una visita.

Marceline dejó escapar otra sonrisa torcida.

-No te hagas la interesante otra vez. Sé que vas a venir.

-Como sigas tirando de la cuerda vas a romperla – dijo la rubia en un tono un poco amenazante.

-Vale, vale, ya me callo – sonrió a modo de disculpa – Pues, ya nos veremos, Bonnie.

-Adiós, Marcy.