Capítulo 43


El otoño había llegado y las hojas de los arboles comenzaban a caer en una profusión de tonos amarillos y dorados cubriendo los caminos de la aldea, mientras el viento silbaba con suavidad entre las ramas.

Varias de las calle principales se habían empedrado y estaban engalanadas con bellos jardines con algunos bancos. Según Sasuke, habían aprovechado el asalto para hacer mejoras y la verdad es que había resultado todo un acierto.

El olor que desprendía la hierba verde y húmeda de los parques, la sensación de placer de hallarse en un sitio bonito, todo estaba contribuyendo a que Noun Untouchable se convirtiera en una gran ciudad.

La temperatura se había vuelto demasiado fría como para salir a la calle sin ropa de abrigo y aunque la mayoría de los guerreros no parecían advertirlo, Sakura sí lo hacía. Tenía las manos heladas y posiblemente la punta de la nariz colorada. Apretó la capa contra sí y cerró los ojos cuando llegó hasta el puente, allí el aire golpeaba con fuerza y las faldas se enrollaban en sus piernas complicando su marcha.

Sakura descansó sobre el puente apoyando una mano sobre su pequeño pero abultado vientre. Recién había comenzado a descubrir los movimientos de su pequeño y disfrutaba con cada uno de ellos buscándolos con persistencia.

Matsuri la había acompañado hacer unas diligencias con los aldeanos. Sus visitas se habían alargado hasta tarde pues a uno de los chiquillos le había picado un bicho y se encontraba bastante débil. Kabuto había salido en busca de las hierbas que pedía el curandero y cuando por fin el niño se halló más relajado, aunque con un feo emplaste, ella se había marchado. Estaba un poco preocupada por la reacción de Sasuke. No le gustaba que estuviera de noche en el pueblo y aunque siempre estaba protegido, últimamente había muchos viajeros que se detenían, o comerciantes que llevaban esa ruta.

Noun Untouchable pese a estar rodeada de empalizadas no dejaba de ser un pueblo donde muchos nobles se detenían a descansar en la posada, sobre todo ahora que la habían ampliado. También acechaban mucho los cazadores de recompensa y aunque con menos frecuencia, algún bandido que otro era apresado.

—¿Puedes, Matsuri? —Preguntó a la sirvienta que se había recogido las faldas con ambas manos—. Ya falta poco —le gritó. El ruido del aire al chocar contra el muro de la caseta del guardia era aterrador.

Matsuri agitó la cabeza indicándole que se fuera adelantando y Sakura no dudó en echar a correr hacia la casa. Apenas cruzó el puente el enorme semental de Sasuke se cruzó en su camino.

Sakura lo miró y la capucha de su capa cayó hacia atrás. Su cabello, ahora más largo después de cuatro meses, golpeó su rostro con furia.

Sasuke desmontó y le dio un azote al caballo enviándolo hacia las cuadras. El animal se conocía perfectamente el camino de regreso.

—¿Por qué tardabas tanto? —Le preguntó rodeando su cintura con cuidado—. Ya salía a buscarte.

—No te enfades, mi señor. El pequeño Tommy se encontraba mal. —Le relató lo ocurrido mientras caminaban hasta las gigantes puertas dobles de la entrada. Una vez que atravesaron los muros el viento pareció calmarse de nuevo.

—Deberías avisar, mujer.

—¿Estabas preocupado?

—Un poco, sí —asintió fingiendo que era mínima su preocupación cuando en realidad estaba aterrado cada vez que Sakura cruzaba los muros sin él.

—De haber sido más tarde te hubiera avisado, lo prometo. —Dejó que Matsuri, que acababa de llegar, recogiera su capa despidiéndola con una sonrisa—. ¿Hay noticias? —le preguntó aferrándose a la mano que Sasuke le tendía.

—Una carta de Carrick y otra de Haruno. Están arriba esperando a ser leídas.

Ambos subieron y mientras Sasuke disfrutaba de la tina que Hotaru había preparado, Sakura se sentó en un reposapiés de antelina azul, muy cerca de la bañera, con las cartas sobre su regazo.

Konan le relataba sobre su embarazo y lo bien que marchaban las cosas en su entorno, también se quejaba mucho de que Yahico la abandonaba con frecuencia.

—Es normal —contestó Sasuke con la cabeza apoyada en el borde—. Yahico tiene que estar al tanto de todas las cosas del estado. No olvides...

—Que será el rey de Escocia —terminó de decir Sakura. Sasuke puso los ojos en blanco con una sonrisa traviesa.

—Siempre dices lo mismo —continuó ella, inclinándose hacia él y besándolo en la frente. Volvió a sentarse recogiendo la otra carta—. La de Deidara. —La agitó. ¿Qué pondría? ¿Había llegado Naruto? ¿Qué había dicho Temari? ¿Se casarían?

Desplegó el papel con una sonrisa. Le extrañó que apenas se tratara de un par de párrafos.

—¿Qué ocurre? —la vio fruncir el ceño.

—Deidara se ha vuelto definitivamente loco.

Sasuke se incorporó un poco en la bañera y una tanda de agua se desbordó sobre la alfombra.

—¿Qué dice, mujer?

—No dice nada de Naruto ni de Temari.

—¿Y?

Sakura seguía leyendo y sus ojos se agrandaron sorprendidos. «La última vez que estuve allí se me olvidó decirte que el hijo que espera Kin no es de Uchiha.»

—¿Qué ocurre, mujer?

—¡Que no dice nada de nada! —se quejó, enfadada—. Bueno, aparte de que tú no eres el padre del hijo de Kin.

Sasuke arqueó las cejas y se pasó un paño sobre los brazos.

—Ya lo sabía.

Sakura levantó la cabeza, observándolo.

—¿Lo sabías? ¿Desde cuándo? ¿Por qué... por qué no me has dicho nada?

—No pensé que tuviera mucha importancia. Kin se lo confesó a Sai el día que Deidara la llevó al monasterio.

—¿No piensas que a mí me podría haber apetecido saberlo?

—¿Por qué?

—Me moría de la rabia al pensar que mi bebé... —Se miró la barriga con dulzura— no iba a ser tu primer hijo.

—Sakura, siempre hubiera sido nuestro primer hijo: el heredero.

—¡No lo digo porque fuera a ser el heredero! ¡Eso ni siquiera me importa!

—Lo sé, mujer. Sé perfectamente lo que quieres decir.

—¿Tú eres celoso, Sasuke?

Él la miró extrañado, pensativo. Como no hablaba, Sakura comenzó a taladrarle con sus fríos ojos verdes.

—¿Y bien, Sasuke? ¿Eres celoso?"

—No lo sé. —Se encogió de hombros y volvió a meterse de lleno en la bañera—. Supongo que sí. Por lo menos el día que se casó tu amiga y te paseaste con Ken me puse celoso.

Sakura sonrió, agitando la cabeza.

—¡Eso es mentira! Aquel día me vigilabas por si quería asesinarlo.

—Eso también. —Amplió su sonrisa y soltó una carcajada cuando la joven metió la mano en el agua y le salpicó el rostro. Con fuerza agitó la cabeza y las gotas que se deprendieron de su cabello mojaron a Sakura.

—Voy a ver si no tardan en subir la cena —le dijo ella, limpiándose a su vez—. Sasuke, por cierto, que Deidara dice que va a buscar a Kin.

—¿Qué le pasa a tu familia? —le preguntó, divertido—. ¿Os habéis vuelto todos locos? Naruto pierde la cabeza por tu hermana, y no sé por qué no le encuentro nada de especial...

—Tú no tienes que encontrarle nada especial —atajó ella con gesto huraño. Sasuke se echó a reír. De modo que la celosa era ella. No entendía por qué. Sakura era la única persona con la que el compartiría su vida, no había mujer más hermosa que su esposa—...Y ahora Deidara va a ver a Kin. ¿Sabes? No creo mucho en esa relación, en caso de que ella acepte... ¿se convertiría en...? —se atragantó.

—En la señora de Haruno —terminó de decir Sasuke—, a eso me refería con locos. Sería mejor que Deidara lo pensara con cuidado.

—Tienes razón. —Sakura se rascó la cabeza absorta y se encogió de hombros. Deidara ya era mayor para saber lo que quería, así es que ella no pensaba meterse. No sabía cómo reaccionaría Temari, pero seguramente su hermana se hallaría tan ocupada con Naruto que ni prestaría atención—. Voy a ver la cena. ¡Tengo muchísima hambre!

Tommy, al día siguiente, estaba mejor y más recuperado. Aún no podía levantarse pero sus amigos le hacían compañía constantemente.

—Os lo agradeceré siempre, mi señora —le decía la madre de Tommy una vez más—, estas mantas nos vienen muy bien para este invierno. Sois muy buena con nosotros. —Cuando le cogió de la mano Sakura se sintió ruborizar y la apartó con un suave gesto.

—Hacedme saber cómo va la recuperación de Tommy —le dijo antes de acercarse a Matsuri.

—Lo haremos. Mil gracias, milady.

Sakura llegó hasta la sirvienta y soltó un cansado suspiro. Ya no aguantaba estar tanto tiempo de pie y los tobillos tendían a hinchársele por la noche.

—Nos vamos ya, Matsuri —le dijo, colocándose la capucha sobre el rostro.

—Buenas tardes, Lady Uchiha. —Sakura se giró al no reconocer aquella voz inmediatamente. Sus ojos se dilataron cuando descubrió al sujeto y dio un paso atrás, chocando con Matsuri.

—Mi señora...

—¡Márchate, Matsuri, corre! —la empujó.

El hombre se lanzó hacia Sakura y le rodeó la cintura con un brazo, aplastándola con fuerza.

—Te dije que nos volveríamos a ver, ¿verdad?

La muchacha luchó inútilmente contra él y se vio arrastrada hasta el final de la calle donde esperaba un caballo.

Sakura gritó aterrada, pero guardó silencio cuando la hoja plateada pasó ante sus ojos amenazantes.

—¡Soltadla! —exigió el reverendo, que se hallaba con la madre de Tommy y corrían hacia ellos.

—Quiero dinero —exigió el hombre, rodeando el cuello de Sakura con un brazo—. Padre, ¿es esa su mula?

—No voy a permitir que salga de aquí con mi señora. —La madre de Tommy, una mujer alta, fuerte y rolliza, se había armado con una hoz y se acercaba con paso firme. Más vecinos comenzaron a salir de sus casas, y por primera vez Kidōmaru se dio cuenta de que no había trazado el plan como debía. ¿Cómo se le ocurría querer raptarla en medio de la calle? ¿A la luz del día?

¡Maldición! Había estado esperando cualquier oportunidad. En la noche hubiera sido más seguro, pero la damisela a esas horas ya estaba en su casa, y difícilmente podría haber llegado él hasta la misma fortaleza.

Al verla en aquel momento, había reaccionado sin pensar y lo había conducido a esa situación en que cada vez más gente se congregaba en torno a ellos.

—¿Es esa su mula? —volvió a preguntar mirando su bayo que estaba a tan solo dos pasos. No podía llevarse a la mujer, y menos cuando varios hombres habían aparecido a caballo por el gigantesco portón de la fortaleza.

—Llévesela —le dijo el padre—, pero no creo yo que llegue muy lejos.

—Decidle al Uchiha que necesito dinero. —Estrujó con la mano en la que llevaba el puñal varios mechones del cabello de la joven como si tratara de recordarle que fue él quien le cortó su larga trenza.

—¡No puede llevarse a mi señora! —Se quejó Matsuri tratando de cogerle del brazo—. ¡No pienso permitirlo!

—Será en otra ocasión —susurró el hombre en el oído de Sakura. Ella creyó que la cortaría la garganta tal y como se lo había visto hacer a su compañero en aquella cabaña, en cambio sintió como la empujaba al camino cayendo sobre las rodillas y las palmas de las manos.

—¿Se encuentra bien, milady? —Las mujeres la ayudaron a levantarse y cuando Sakura se quiso dar cuenta el hombre ya había montado sobre la bestia y galopaba hacia el norte seguido por dos de los jinetes que guardaban la ciudad.

—¿Quién era ese hombre?

—¿Le conocíais?

—Pasad a la casa a tomar asiento.

—No gracias, estoy bien. —Sakura, asustada, se giró en redondo observando los rostros preocupados de la gente—. Estoy bien —repitió—, tengo que regresar a casa, por favor...

Sakura perdió el sentido y cayó desmayada sobre el suelo.

Los cascos del caballo de Sasuke golpearon el piso con estrepito al atravesar el puente. Un centinela le había avisado de lo ocurrido y cabalgaba como loco hacia su esposa.

Al llegar hasta el círculo de personas, el miedo se apoderó de él. Se abrió paso hasta Sakura que estaba siendo alzada en ese momento por otro guerrero.

—¡Un hombre quiso llevársela! —lloró Matsuri.

—Estaba loco si pensaba que lo consentiríamos —dijo alguien más. La verdad es que Sasuke no prestó mucha atención porque su mirada se hallaba clavada en el pálido rostro de Sakura.

—Se ha desmayado —le contó el reverendo y Sasuke suspiro con alivio.

Tomó a Sakura de los brazos de aquel guerrero y pasó a la cabaña de Tommy para colocarla sobre una cama.

El sanador que aún estaba allí corrió a reconocerla.

—¡Lo han detenido, laird! —dijo Matsuri que llegaba tras él—. Lo llevan a los calabozos.

Sasuke asintió, golpeando con suavidad el rostro de Sakura para que despertara.