Ha pasado toda una vida ^^" Perdón por lo del capítulo anterior. Ando bastante liada últimamente y subí el capítulo a medias, ni siquiera incluí una nota de autor que tenía pendiente xD

Hoy subiré un par de capítulos, espero que os gusten. Gracias por comentar! :D


Maldijo por dentro a la bocazas de Marceline, suspiró y se giró mostrando una sonrisa forzada, saludando con la mano a una chica de pelo castaño situada a unos metros. La muchacha, mucho más baja que ellas dos, se acercó y saludó efusivamente a Bonnie. Marceline no tardó en notar lo incómoda que ésta contestaba. Finalmente, la chica se percató de la presencia de la morena y se giró hacia ella.

-Perdona, ¿quién eres tú? – dijo con tono repelente mientras arrugaba ligeramente la nariz.

-Marceline, una amiga de Bonnibel.

-Ah… ¿Y cómo es que no te he visto antes? – Marceline intentó reprimir reírse al oír que casi sonaba ofendida.

-Bueno es que estoy viviendo aquí temporalmente, sólo hasta que acabe el verano.

-¡Vaya! ¿Cómo es que no me la has presentado antes Bonnibel? – se dirigió a ella pero más bien era una pregunta retórica porque tan pronto la soltó al aire ya empezó de nuevo con su verborrea – Se te nota que no eres de aquí. Aquí todo el mundo es tan… corriente – dijo haciendo un mohín de superioridad.

A estas alturas Bonnie ya sabía qué estaba pasando por la cabeza de la muchacha: creía haber encontrado en Marceline a una igual, alguien tan "sobresaliente" y "superior" como ella y ambas estaban atrapadas en ese pueblo. Por supuesto no podía dejar la ocasión de hacerse amiga de alguien así, alguien de quien presumir y con quien poder escapar de aquel ambiente.

-Pues ya que no conoces a mucha gente de aquí, – continuó – ¿por qué no te vienes con nosotras? Estamos organizando un pequeño viaje para salir de este sitio que es un aburrimiento total. Será el próximo fin de semana.

-Vaya, pues Bonnibel no me había dicho nada. Creo que me apuntaré, llevo poco tiempo aquí pero ya lo tengo todo visto.

-¡Genial! Ya te dirá ella más detalles. Os dejo chicas que voy con algo de prisa. Ciaooooo!

Cuando ya casi la perdieron de vista Marceline empezó a interrogar a Bonnie.

-¿Qué ha sido eso? – dijo entre divertida y desconcertada – ¿Quién es esa chica?

-LSP – dijo algo fastidiada – Lo sé, el nombre es ridículo pero ella prefiere que la llamen así. Si yo fuera ella también querría que me llamasen así antes que Laura Sophie.

-Sois muy especialitos aquí, ¿lo sabías? ¿Y a qué viene eso de invitarme sin conocerme?

-Bueno, ¿qué esperas? Eres la novedad de aquí. De todas formas te he visto rápida diciéndole que sí, no creo que te haya molestado la invitación, ¿no?

-Tú vas a ir – dijo eso de forma rotunda mientras se encogía de hombros, como si la respuesta fuera tan obvia y no necesitara añadir nada más.

Bonnibel dejó correr eso último. No quería darle más importancia de la que podía tener. Recondujo sus pasos casi automáticamente hacia la estación y una vez allí se sentó en un banco a esperar al tren. Ninguna dijo nada en todo el camino, ambas iban enfrascadas en sus pensamientos. Bonnie no podía evitar darle vueltas a lo que había pasado no hacía tanto. No entendía su enfado, sólo tenía claro que le molestó muchísimo la actitud de Marceline, cosa que no era una novedad a estas alturas. Sabía de sobra que su reacción fue irracional, casi ridícula, y que había quedado como una niña infantil. De nuevo había sido impulsiva y se reprochó esto, prometiéndose a sí misma refrenarse más, al menos delante de Marceline.

Un tarareo la sacó de su reflexión y cuando levantó la mirada y giró la cabeza se encontró con Marceline sentada a su lado mirándola fijamente.

-¿Qué miras?

-A ti. ¿Se te ha pasado ya el enfado?

-Supongo… – dijo murmurando.

-Entonces, ¿damos un paseo?

-No.

Marceline la miró con fastidio y Bonnie reprimió una sonrisa.

-¿Qué quieres ser de mayor? – dijo sin venir a cuento al poco tiempo.

-¿Qué quiero o qué voy a ser?

-¿A caso importa?

-Bueno, no es lo mismo… – esperó que le rebatiera pero Marceline sólo se quedó allí mirándola, esperando una respuesta – Quiero dedicarme a algo que tenga que ver con la ciencia. Desde pequeña me han interesado la física, la química y las matemáticas, pero supongo que al final acabaré heredando la empresa de mi padre. ¿Ves ahora la diferencia?

La llegada del tren la interrumpió. Subieron al vagón, que estaba casi vacío, y ocuparon los asientos. Tan pronto como lo hicieron, Marceline continuó con sus preguntas.

-Pero eso no es lo que quieres, es lo que quiere tu padre, ¿verdad?

-Mira, es complicado.

-Lo creas o no, te entiendo. ¿Sabes? Mi padre también quiere que me dedique al "negocio familiar". ¡Como si no tuviera a otra gente a la que poner al mando! Pero se lo he dejado bien claro: no quiero eso y no voy a hacerlo para contentarlo. Algún día lo comprenderá y si no lo hace es porque no ha querido. El problema es que hasta que eso pase tengo que escuchar sus sermones sobre qué debería hacer, qué está bien, que si el futuro, que si invierte mucho dinero en mi educación, que si blablablá – dijo medio riéndose.

Bonnibel la miró con curiosidad. En realidad parecía que compartían más cosas de lo que parecía.

-Entonces, ¿qué quieres ser? O mejor dicho, ¿qué quieres y vas a ser?

-Ya te lo dije, tengo mi propia banda. Seré una estrella del rock – Bonnie empezó a reírse y Marceline no pudo evitar avergonzarse un poco – ¡Hey! ¡No te rías! Ya lo verás, algún día encenderás la televisión o la radio y me escucharás cantar.

-Seguro que sí – rió de nuevo.

-Oye, ¿y yo encenderé la tele algún día y te veré jugar con tus juguetitos frikis de química? – dijo burlona.

-No creo que eso funcione así… Ya lo veremos.

Marceline pareció satisfecha con la respuesta. Estiró las piernas y las colocó en el asiento que tenía delante. Poco a poco se fue acomodando y acabó recostada sobre el hombro de su amiga. Bonnibel iba mirando el paisaje por la ventana intentando distraerse para disimular la sonrisa que llevaba y que no podía evitar.