Capítulo 45


—¿Qué os ocurre? —Kin miró a Deidara, extrañada—. ¿Quiénes son aquellos? Parece que nunca habéis visto a nadie besándose.

El hombre se había quedado inmóvil como una estatua y ella lo zarandeó.

—Venid. —Deidara la tomó de la mano con fuerza y recorrió un trecho hasta las cocinas—. Aquí aprenderéis un oficio. Podéis empezar ayudando a la cocinera.

Kin abrió los ojos con sorpresa. ¿Ese hombre siempre estaba enfadado o era solo con ella?

—¡Haruno! —Lo detuvo antes de que escapara—. ¿Para eso me habéis traído? ¿Para qué os lleve la cocina?

El hombre se giró observando la sala con detenimiento y acabó fijando la vista en ella.

—¿No os gusta la cocina? —le preguntó con sorna—. Si lo preferís tenemos un telar. Seguro que encontráis por aquí algo...

—¿Por qué me habéis venido a buscar?

No podía entenderlo. Había visto la forma en que la miraba, el deseo en sus ojos. Le gustaba, lo sabía, sin embargo él no hacía nada por acercársele, fingía no ver cuando lo trataba de seducir. ¿Por qué se resistía de esa manera?

—Vos me pedisteis que os llevara conmigo. Esto es lo que os ofrezco, un techo, un hogar. —Dio unos pasos hacia ella—. En Haruno no os conocen. Nadie espera nada de vos. Pensé que estaríais agradecida de que os sacara de allí, si no es así...

—Sí, sí lo es. —Kin miró la sala. Había varias personas por allí que no parecieron reparar en ellos—. Os lo agradezco Haruno. Me quedaré en las cocinas, de ese modo no tendré que veros continuamente —le contestó mordaz.

—Mejor. Podrás empezar enseguida. Súbeme una bandeja con algo de comer.

—¿Quién yo? ¿Pero habéis dicho...?

—Que trabajareis en las cocinas. —Él enarcó una ceja—. Alguien debe subir la comida a mi dormitorio y deseo que seas tú.

—¡Entonces tendréis que soportarme! —le dijo, desafiante.

—¡Qué mala suerte! —respondió Deidara, volviéndose a la puerta con una sonrisa traviesa.

—Es difícil entender cómo la vida humana pende de un débil hilo, un delgado halo de aliento entre la vida y la muerte. Un suspiro de lo que ayer era y hoy no existe. La vida es efímera, a veces cruel y amarga. —El reverendo miraba al frente con los ojos clavados en el océano—. Otras veces su camino es corto e intenso. Pero Dios nos espera a todos... —Hizo una larga pausa y barrió con la mirada a los asistentes hasta dejarla fija en Yahico de Bruce—. ¡Resignación! El alma de Konan de Mar, descanse en paz. Tierra a la tierra...


🍀 Solo nos queda el epílogo.