EPÍLOGO


La vida continúa

Sasuke no estuvo tranquilo hasta el momento que le anunciaron que podía pasar. Recordaría ese día durante el resto de su vida.

Su preciosa Sakura se hallaba recostada sobre la cama, hermosa, etérea, delicada. Los cabellos rosas brillaban sobre la blancura del limpio camisón que le acababan de poner y contrastaban con su piel marfileña. Ella lo miró y el brillo especial de sus ojos verdes lo volvieron a fascinar, y cuando ella bajó la vista pudo ver el pequeño bulto blanco que descansaba junto a ella.

Se le hizo completamente difícil respirar con normalidad, embargado por la emoción, estando a punto de echarse a llorar como un niño.

Sakura lo había invitado a acercase con una mano extendida y él obedeció sin poder apartar la mirada de ella. Estaba viva, había sobrevivido al parto.

Por fin pudo alejar los miedos que lo cegaron los meses pasados pensando en lo peor.

Al acercarse había visto la diminuta manita asida con fuerza a un dedo de Sakura.

¿Ese era su hijo? Ryu Kizashi Uchiha.

¡Era tan pequeño, tan diminuto, que lo temió!

Al levantar la vista se había encontrado con la de ella que lo miraba alegre. Era la primera vez que volvía a verla sonreír desde que murió su amiga. Hubiera dado cualquier cosa por que Sakura no se hubiese enterado de la noticia, por no haberse enterado él mismo, pero las noticias en Escocia viajaban con excesiva rapidez.

—Es un Uchiha —le susurró, descubriendo al niño para que lo observara mejor.

Sasuke no había podido evitar la sorpresa al ver el cuerpo rosado y la densa pelambrera rosa que cubría la pequeña cabeza.

No se cansó de observar a su esposa y a su hijo en toda la tarde, ni aun cuando todos sus hombres esperaban para festejar en el salón. Ni siquiera sabiendo que Temari estaba deseosa de ver a su hermana.

Ese día se olvidó del nuevo matrimonio: Deidara y Kin, que como siempre habían acabado discutiendo y se pasaron toda la noche reconciliándose en algún lugar de Noun Untouchable.

Dejó de lado en sus pensamientos a Kidōmaru, que fue juzgado y ejecutado por múltiples asesinatos y violaciones, y por herir y cortar el cabello de su dama.

Se desentendió de ser laird para convertirse en padre y esposo, disfrutando de cada palabra, de cada contacto, del suave crepitar del fuego en la chimenea, de los gorjeos del pequeño, de la risa dulce de su amada...

No quiso saber de nadie, excepto de la hermosa mujer que charlaba dicharachera haciéndolo reír. ¡El humor de esa mujer nunca dejaba de sorprenderlo!

Ese día la magia de una nueva vida, el nacimiento de un ser, lograba que todo lo pasado quedara allí, en el pasado.

Recordaría siempre el momento que cogió a su hijo entre sus manos y sintió su cuerpecito caliente y tierno. Cómo su pecho se hinchó de orgullo y su corazón latió con una tranquilidad que hacía mucho tiempo que no sentía.

—Es muy hermoso —le había dicho—, el niño más hermoso del universo.

Ella lo miró con una bella sonrisa pintada en su rostro resplandeciente.

—Pero has de prometerme, mi señor, que si algún día lo ves subido a unas gradas y echando agua sobre la cabeza de un pobre despistado, no le gritarás ni le asustarás.

Él soltó una carcajada, asintiendo. Depositó a Ryu junto a su madre y después se inclinó para atrapar el rostro de su esposa entre las manos.

—Ya estaba loco por ti, por tus ojos, por tu boquita. —La besó fugazmente y ella le enredó los dedos en el cabello—. Por ser como eres, valiente, fuerte... Señora, lograste convertirme en tu siervo y como tal, te ofrezco mi alma hasta el último aliento de mi vida.

—Hasta el último latido de mi corazón —había respondido ella.

Y sellaron su gran amor con un beso de amor verdadero.

FIN