El pestillo
Esta vez, a la vuelta, Lily y Sev no se entretuvieron paseando por el río. Cuando llegaron, casi a las doce, Petunia estaba desayunando en la cocina y la saludaron al pasar por la puerta. Ella, sin decirles ni hola, le espetó a Lily:
-Ha llegado uno de esos sucios pajarracos con una carta para ti – tendiéndole el sobre – Se ha quedado esperando no sé qué y he tenido que echarlo a manotazos.
"Como tendré que hacer yo con la carta de Malfoy," pensó Sev.
-¡Es de Cecile! – exclamó Lily - ¡Desde Hogwarts! Seguro que Remus también nos ha escrito – y a su hermana - Gracias, Petunia, por recogerla – y a Sev – Esta tarde tenemos que comprar también comida para las lechuzas – y a Petunia – Nos vamos a mi cuarto a estudiar, que ya casi no nos queda tiempo.
Sev se había mantenido en silencio, estudiando atentamente el gesto de desprecio que Petunia les dedicaba. Cuando subieron al dormitorio y Lily cerró la puerta, él le dijo:
-Es mejor que hoy nos dediquemos a estudiar, va a vigilarnos.
-¡Que haga lo que quiera! No va a enterarse de nada, tenemos el pestillo. Además, para el poco tiempo que nos queda no merece la pena ponernos con los deberes – ya cerraba el pestillo y se aferraba a su nuca para besarlo.
"Bueno, es su familia, sabrá cómo manejarlos. Y son tan dulces estos besos, en el Refugio de la Princesa..." Ella le sacó el jersey y ya comenzaba a desabrocharle la camisa. Él le aferró la muñeca.
-No, Lily. Me da que va a intentar entrar. Es mejor que estemos vestidos para abrirle si llama a la puerta.
Ella puso gesto de decepción.
-Jo, Sev… sólo tendremos hasta el jueves. Después mis padres estarán en casa…
-¿Quién es el especialista en seguridad? – ahora el autoritario fue él – Si nos pillan, quizá no tengamos ni eso, podrían prohibirme venir. Vamos a ver qué pasa hoy, y mañana ya veremos.
Así que se conformaron con quitarse los jerseys y tumbarse en la cama vestidos, se besaron el poco espacio de piel que les quedaba a la vista y se acariciaron intensamente por encima de la ropa. Cuando más acalorados estaban oyeron la manilla de la puerta.
-¿Has visto? – susurró Sev – Si llama, gana tiempo – mientras se levantaba y se abrochaba la camisa.
Lily bufó e hizo lo propio. La manilla se movía cada vez más insistentemente, y pronto oyeron los golpes de nudillos.
-¡Lily! ¿No vas a ayudarme a hacer el almuerzo? – gritó Petunia del otro lado.
"Excusas, sabe de sobra que ya está hecho." Estaban poniéndose los jerseys.
-¡Ya está hecho! ¡Hay que calentarlo a la una!
-¿Y qué estáis haciendo encerrados?
Se miraron y se pusieron a arreglar la colcha.
-¡Estamos estudiando, ya te lo he dicho!
-¡No hace falta encerrarse para estudiar! ¡Ayer no lo hicisteis!
-¡Porque estaban los papás y sabíamos que no nos molestarías!
Sev ya estaba sentado al escritorio, con un libro abierto y pergaminos sobre la mesa. Le dijo:
-Asómate a la puerta, pero no la dejes entrar a no ser que se ponga violenta.
Lily abrió, su hermana la miraba con odio y desconfianza.
-¿Crees que me chupo el dedo? Sé que no estabais estudiando. Mira que liarte con el grasiento, ¿no había bichos raros menos asquerosos? Ya llevaba años esperándolo, tal para cual.
Sev, que quedaba de espaldas a ella, aguantó el chaparrón sin girarse e intentando contener la risa.
-Mira, hermanita – respondió Lily con profundo desprecio – Lo que hagamos Sev y yo no te incumbe en absoluto, por eso papá ha puesto el pestillo. Si tan mal te sienta, ajo y agua. Y no pienso abrirte cuando nos molestes, así que ve acostumbrándote.
"¡Toma! Esa es mi leona."
Y le cerró la puerta en las narices, volviendo a pasar el pestillo. Todavía la oyeron:
-¡No vas a salirte con la tuya! ¡Pienso chivarme! ¡No tenía bastante con un monstruo en casa, ahora encima tengo que aguantar a dos!
Sev murmuró, todavía conteniendo la risa:
-Shhh… no le respondas. Ya lo has hecho perfecto.
-Ya… Pero tenías razón, va a contárselo a mis padres.
-Bueno… habrá que esperar su reacción. Le has abierto a tiempo para que viera que estábamos vestidos y yo sentado al escritorio. No tiene mucho que contar, la verdad, y nos ha dado la coartada perfecta para no volver a abrirle. Ahora a ver qué pasa cuando se chive, porque puedes estar segura de que lo hará. ¿A qué hora llega tu padre de trabajar?
-Buf… viniendo en autobús, no antes de las siete.
-Perfecto. Hemos de estar de vuelta antes de que pueda encontrarse a solas con él. Así que deberemos salir de Diagon sobre las seis.
-Ya…
-No me lleváis a casa, venimos aquí. Y en lugar de subir a estudiar, nos quedamos en la sala hasta la hora de la cena. He de estrechar lazos con tus padres, y además, claro, evitar que se quede a solas con ellos.
-Ya, pero mi madre se pondrá a hacer la cena y el almuerzo de mañana.
-Claro. Entonces ayudas a tu madre a cocinar y yo me quedo con tu padre.
-Ajá…
-Después me iré como ayer y tú sigues vigilando. Seguramente esperará a que te vayas a la cama.
-Sí. Siempre se acuesta más tarde que yo a no ser que esté enfurruñada y se encierre.
-Vale. Entonces vas a tener que hacer de espía. Vete a la cama temprano, tampoco demasiado, que no resulte sospechoso. Puedes poner la excusa de que hoy casi no nos ha dado tiempo de hacer nada o que tienes que responder a Cecile. Subes aquí y cierras la puerta, que la oigan, pero vuelves a bajar. No creo que se tome la molestia de cerrar la puerta de la sala, así que te escondes ahí y escuchas lo que hablen. Te va a resultar fácil, porque tu hermana es de todo menos discreta y no va a hablar en susurros, más bien creo que se va a alterar. Si sientes a alguno levantarse, vas a la cocina, que está al lado, por un vaso de agua, así nos enteramos de la reacción de tus padres. Por cierto, es importante, ¿sabe tu madre lo de la poción de Poppy?
-Sí, claro. Cuando me hice mujer me habló del tema y yo se lo conté.
-Genial. Eso suele ser lo que más preocupa a los padres de hijas adolescentes.
-Claro.
-Y como ya saben que por ese aspecto no hay ningún problema, no creo que se pongan en contra de que nos veamos aunque crean a tu hermana. Más bien al contrario, pienso que se van a alegrar por cómo me están tratando. Al fin y al cabo, ya tenemos edad, nos quedan meses para los diecisiete. Si no tuviéramos en el colegio los problemas que tenemos, yo mismo daría la cara y se lo diría.
-¿En serio, Sev?
-Sí. De hecho, creo que a mi madre se lo voy a contar. Ella ya conoce todo el percal y al menos así le daría una alegría. ¿Te parece bien?
-Me parece genial.
-Vale, entonces todo correcto. ¿Leemos la carta de Cecile? Bueno, léela tú primero, por si hay secretillos de chicas.
-Vale, y te voy contando.
Lily abrió el sobre. Había una sola carta de ambos, Cecile y Remus. Les contaban que estaban encantados de tener tanto tiempo libre para estar juntos, que paseaban por el Bosque y Remus le estaba mostrando todos sus rincones favoritos de sus correrías.
-Ese lobo…
Y por las noches se desilusionaban en el sofá de la Sala Común y gracias a las pociones de Sev pasaban horas…
-Buf… vamos a tener que comprar más ingredientes – suspiró – Y conjurarles un Fidelius.
-Pero… entonces ya sabrían que nosotros también tenemos uno.
-Lily, Remus ya lo sabe desde hace mucho tiempo…
Y le contó cómo había ido deduciendo la existencia del mapa.
-Buah… Sev. Por eso nunca nos han pillado y llevan todo el curso sin cogerte.
-Pues sí, tu amigo el lobito es quien más se está sacrificando.
"Y Lauren," pensó Sev.
"Y tu aliada leyendo a los serpientes," pensó Lily.
-Hemos de descargarle de ese peso.
-No sé, Lily. Sería forzarlo a desvelar algo que todavía no quiere decirnos, con el mapa en sus manos es como estás más segura, y de paso también me protege a mí de los otros impresentables. Pienso que no aparecemos sólo tú y yo en él, sino todo el mundo.
-¿Todos los alumnos del colegio?
-Sí, y los profes, y Filch por las noches…
-Claro, por eso a nosotros dos nunca nos ha pillado.
-Eso, no le digas nada por el momento, quizá todavía sienta que traiciona a los otros si nos lo dice. Pienso que debió llevarles años confeccionarlo, es muy difícil, la verdad es que también son magos de mucho talento. Han confeccionado un mapa y se han hecho animagos por su cuenta.
-Buah, Sev… Nunca lo habría esperado de ti, halagando a tus hostigadores.
-No tiene nada que ver una cosa con la otra, se puede ser talentoso y mala persona a la vez. Y pienso que el lobo pronto va a dejar de andar con ellos. ¿No ha cambiado Cecile su TIMO de Historia por Transformaciones?
-Sí.
-Es obvio, ¿no? Quiere hacerse animaga.
-¡Claro!
-Cada vez me parece más similar mi historia y la de Remus. Ambos sin amigos de pequeños, llegamos a Hogwarts y nos juntamos con los de nuestro año. A él en eso le fue mejor que a mí, pero yo te tenía a ti, así que aguantamos unos años. El punto de inflexión fue la Casa de los Gritos, nosotros comenzamos a pelearnos y él a ponerse en contra de sus amigos. Él se refugió en ti y yo en la esperanza de que me amaras, y respondiste a ambos a la perfección. A él dándole confianza y aceptación y facilitándole las cosas con Cecile, y a mí… ¿qué te voy a contar? Así que ambos estamos, gracias a ti, Lily, cambiando radicalmente nuestras vidas a la vez. Gracias al amor dejamos las malas compañías.
-Vaya, Sev… ¿En serio? ¿He sido tan importante?
-Por supuesto, y seguirás siéndolo, para mí eres la luz que siempre me ha guiado. Si te hubiera perdido, habría acabado muy mal. La noche que me perseguiste a las mazmorras me salvaste del abismo.
Lily lo abrazó, llorando de emoción.
-Nunca dejaré que te pase nada. Si tenemos que dejar el colegio, lo haremos juntos.
Sev no respondió. "Todavía dos años..."
-Vamos a seguir con la carta, pronto tendremos que calentar el almuerzo.
También les contaban que lo malo era que esa semana había luna llena el miércoles y Remus se iba a pasar malo un par de días. Se alegraban mucho de que pudieran estar juntos y tranquilos en casa.
-Sí, muy tranquilos. Ideando estrategias a todas horas.
-Ya… ni en casa nos libramos.
Les pedían que les respondieran con la lechuza del colegio que les habían enviado. Lo habían hecho tan tarde porque la escribieron juntos en la Sala Común de madrugada y no querían que les despertara muy temprano.
-Y la imbécil de mi hermana la ha echado de mala manera y sin darle de comer.
-Bueno, no te preocupes, mañana por la mañana les respondemos y les mandamos a Puck. La luna llena es el miércoles, todavía les llegará a tiempo para que puedan leerla juntos. Vamos a hacer esa ensalada, venga.
-Dame otro beso…
-Claro…
Bajaron a la cocina, Petunia estaba desaparecida. Se pusieron a hacer la ensalada y a Lily le sorprendió que Sev se desenvolviera perfectamente cocinando.
-Llevo haciéndolo desde pequeño, siempre ayudaba a mi madre, y cuando comenzó a trabajar hacía yo la comida. En el fondo, es como preparar pociones, ingredientes, cantidades, mezclas, el fuego, el tiempo…
-¿Y también utilizas para eso la intuición aritmántica?
-No… - rio – La intuición a secas, como contigo – la besó.
A la una en punto metieron el roastbeef al horno y Sev se interesó por cómo funcionaba y también por la cocina de gas, Lily se lo explicó. Petunia seguía sin bajar.
-Quizá tengamos suerte y no aparezca a almorzar, se quede encerrada hasta que nos vayamos. En ese caso, cuéntale tú a tu madre lo que ha pasado, y si no, se lo contamos en el coche. Así le demostramos que no tenemos nada que ocultar.
-Qué listo eres, Sev…
-Estoy aprendiendo de ti.
Pusieron la mesa para cuatro, Violet llegó y se lo encontró todo preparado.
-Muchas gracias, hijos.
"¡Hijos!"
-¿Y Petunia?
-Encerrada en su cuarto – respondió Lily - Se ha enfadado.
-Ya… - seria y comprendiendo - ¿Qué ha pasado?
Lily le contó lo ocurrido desde que habían llegado a casa, incluido lo de la lechuza y la posterior escenita, sin ahorrarse las acusaciones de Petunia ni los insultos que le había dedicado a Sev. Él no participó en la conversación, se dedicó a aliñar la ensalada, sacar el roastbeef del horno y llevarlo todo a la mesa. Violet le dijo:
-No sabes cómo lo lamento, Sev, me siento fatal…
-No te preocupes, Violet, a estas alturas, todo eso me resbala – dijo Sev.
-No has debido abrirle la puerta, Lily, para eso os pusimos el pestillo. Ella ya sabía de sobra que el almuerzo estaba hecho.
-Ya lo sé, mamá, pero se ha puesto a gritarnos a través de la puerta.
-La próxima vez, no le hagáis ni caso, vosotros a lo vuestro. Al final no os ha dejado estudiar tranquilos el poco rato que os quedaba. Voy a llamarla a almorzar pero no pienso insistir, sólo faltaría que siga rabiosa y os la monte otra vez.
Mientras Violet subía a llamar a Petunia, Lily y Sev se dedicaron unas miradas y sonrisas muy cómplices a ambos lados de la mesa, mientras él cortaba en perfectas e idénticas lonchas el roastbeef. Cuando Violet volvió, ya tenía servido su plato.
-Gracias, Sev.
-Gracias a ti por invitarme a almorzar.
Violet suspiró.
-Nada, ni siquiera me ha respondido, no sé qué hacer con ella. Se ha acostumbrado a estar sola con nosotros y cuando viene Lily le falta al respeto continuamente, no comprendo a quién ha salido. Tiene todo lo que se le antoja y la casa para ella sola casi todo el año pero no le basta con eso, siempre quiere ser el centro de atención. Y es así desde que Lily comenzó con la magia. ¿Ya te trataba así cuando os veíais, Sev?
Ambos estaban alucinando por el hecho de que Violet estuviera hablando mal de su hija ante ellos. A la pregunta directa, él fue sincero:
-Sí, desde el principio, pero por entonces me enfrentaba a ella y me defendía. Ahora ya me da igual.
-Eso explica que no quisieras venir por aquí a menudo, y tu actitud de ahora demuestra que a pesar de ser tres años menor, eres mucho más maduro. Creo que intentando compensarla por no ser bruja como Lily la hemos malcriado.
Ambos pensaban que así era.
-No dejes de venir a casa por esto, Sev – continuó Violet - Esta noche hablaré con Peter y la pondremos en su sitio.
-Gracias, Violet, pero no es necesario, no quiero crearos un conflicto. Habladlo si queréis, y si supongo un problema, me lo decís y en paz.
-No, no. No eres tú el problema, igualmente se ceba con Lily aunque tú no estés. En Navidad ya tuvimos que cortarla la misma noche que llegó, después del mal trago que había pasado contándonos los problemas que teníais y hablando con tu madre.
"Vaya… así que lo pasó fatal esa noche. Y recuerdo que tomé la baya cuando ella todavía estaba en el Expreso y no me enteré de nada, no me lo contó." La miró con pena y ella le respondió con una sonrisa triste.
-Claro, Sev – intervino Lily – Si no vuelves, todavía va a pensar que se ha salido con la suya y se va a poner aún más insoportable.
-Has dado en el clavo, hija, hay que bajarle los humos de una vez – dijo Violet - Y si no le gusta que se aguante, que salga con sus amigas o se encierre en su habitación, que a ella no va a molestarla nadie. Para el poco tiempo que te tenemos en casa, no pienso consentir que te lo amargue.
Cuando acabaron de almorzar recogieron la mesa. Sev pensó, "Voy a fregar los platos, me apetece mirar por la ventana mientras lo hago." Pero Violet le dijo:
-Gracias, Sev, pero déjalo, no perdamos tiempo. No sabéis cuánto puede llevaros encontrar los libros y todavía tenéis que ir a cambiar el dinero a Gringotts. Que lo haga Petunia si se le antoja, porque además apenas me ayuda en casa, ni cuando está de vacaciones hace el almuerzo, me toca dejarlo preparado de noche para el día siguiente.
"Ha hablado en segunda del plural, quizá no venga con nosotros al callejón." Sev se secó las manos con un paño y salió de la cocina. Se pusieron los abrigos.
-¿Llevas el dinero, hija?
-Sí, mamá.
-Cambiad todo lo que te quede. Si os hace falta más dinero muggle ya os lo daremos.
-Bueno, mamá, por favor, si con esto nos llega para todo un año.
-Eso no lo sabes, hazme caso, los libros son caros. Si después de comprarlos os sobra mucho, volvéis a cambiarlo.
"Lily lleva mucho dinero y ha hablado de que lo cambiemos nosotros, no viene. Habrá que devolverles algo, para libros e ingredientes creo que nos llegará con lo que llevo yo de La Guardia y Lauren. Estoy un poco avergonzado, encima poniéndome el abrigo de Peter."
Salieron a coger el coche y Lily le dijo:
-Monta tú delante, Sev, seguro que nunca has ido de copiloto.
"Pues no, pero quizá me dé miedo."
-No, Lily, ve tú.
Ella ya abría la puerta de atrás.
-Anda, prueba, seguro que te gusta.
"Vaya si me gusta. La sensación de velocidad, la visión amplia, pero sobre todo… las caricias que me está haciendo en la nuca, mientras intento mantener una conversación coherente con su madre, que está concentrada conduciendo…"
