Hola mis lectores, se que esta es una historia diferente, gracias por el apoyo, significa mucho para mi, debo decirles que esta historia ya esta terminada, no es algo que estoy escribiendo ahora. espero que la disfruten, y tengan la mente abierta a las cosas nuevas, no me Mante por lo que le hice al castaño. yo lo amo, jeje pero era por la historia.
Besos.
Capítulo 2
Una semana después la noticia de que el ultimo descendiente Li había fallecido, Sin dejar heredero no tardo en llenar las primeras plana de todos los noticieros. Yya que a pesar de sus años juntos no tuvieron hijos. Según los deseos del castaño sus restos fueron quemados, una ceremonia en su honor fue brindad en el templo, Irean, sus hijas con su esposos y por supuesto Meilling hicieron acto de presencia.
Tras agradecer a todos Sakura se acercó a Irean con una vasija de cerámica china donde estaban las cenizas de su amado, se las entregaba a su madre para que las llevara a casa. Entendiendo perfectamente el dolor de su nuera la dama se negó rotundamente alegando que el deseo de su hijo era estar al lado de ella.
Después de todas las formalidades la familia regreso a su país con un enorme vacío en sus corazones, por otro lado Sakura se tomó otra semana en el trabajo, todos esos días se estuvo quedando en su vieja habitación en la casa de su padre, casi no salía de ella, no había vuelto a su departamento. Tomoyo fue la que recogió algunas de sus pertenencias necesarias.
El domingo llego y su padre preocupado subió a llevarle el desayuno.
-Hija –abrió la puerta lentamente asomando la cabeza- Sakura, hija te traje el desayuno –aún estaba acostada, un retrato del castaño en el escritorio frente a la cama junto a sus cenizas- es un bonito día para salir a dar un paseo –comento el hombre dejando la bandeja en el escritorio- hija.
-No tengo hambre –se encogió entre las sabanas.
-Hija, sé que es doloroso perder a un ser amado. Pero no es razón para detenerte. Mírate has perdido mucho peso estos días.
-Simplemente no puedo Papá –su voz se quebraba.
-Cuando murió tu madre sentí que mi mundo se acababa, pero tu hermano y tú eran la razón para seguir adelante.
-Syaoran y yo estábamos intentando tener hijos –confeso sentándose en la cama.
-No sabía.
-No queríamos decirle a nadie hasta que sucediera. Teníamos más de cinco meses sin protección y aun nada –comenzó a llorar- no tengo nada para seguir adelante, me dejo sola papa, me siento sola.
- Hija –la abrazó- Claro que no estás sola, estoy aquí contigo, también están tu hermano, su esposa y su hijo, Tomoyo, Eriol, Sonomi, todos tus amigos y por supuesto que la familia de Syaoran está junto a ti si la llegaras a necesitar. Pero no puedes encerrarte en esta habitación por siempre.
-Pero duele –se aferró a él con fuerza.
-Lo sé, pero míralo de esta forma –se separó de ella verla a la cara- a Syaoran no le gustaría verte así –limpio sus lágrimas con las manos- Tu madre me hizo prometer le que no lloraría su muerte. Casi puedo jurar que a él no le gustaría ver esos hermosos ojos rojos por las lágrimas. Sé que eres fuerte hija. Hazlo por él –Sakura pareció meditarlo, miro el retrato de su amado y la vasija en la que estaban sus cenizas.
-Supongo –susurro. Fujitaka dejo a su hija desayunar y meditar un poco.
Más tarde Tomoyo llego y logro hacer que saliera al patio trasero, la brisa era fresca, el sol brillaba en lo alto del cielo azul completamente despejado. Mirando las flores que con tanto cariño su padre cuida. En ese momento tomo la decisión. Seguir adelante, el amor por el jamás se ira, pero mejor tener su dulce recuerdo.
Esa misma semana retomo su trabajo, era consultora financiera, trabajaba para una firma privada, a pesar de que Syaoran podía mantenerlos a ambos ella siempre prefirió trabajar de manera independiente a él y su familia. Syaoran trabajaba como gerente de una sucursal de las corporaciones Li en Japón, la única, que ahora era dirigida por quién fuera el subgerente. Los días pasaban y aunque Sakura no sonreía como antes, el estar ocupada con trabajo la hacía sentir mejor.
Un mes paso desde la muerte del castaño, a diferencia de todos los días ese en particular no se estaba sintiendo bien, durante el desayuno estuvo sintiendo un asco inexplicable, de tal modo que opto por un simple jugo de naranja. En una junta sintió como todo se puso de cabeza de un momento a otro. Más no fue razón para dejar de trabajar. Varios días más pasaron de la misma manera, entre ellos uno que otro le hacía una visita al baño y terminaba devolviendo su almuerzo. Justo uno de esos días tuvo una reunión. En compañía de su jefe y otros compañeros, discutían cual era la mejor opción para uno de sus clientes, si ¿Remodelar o vender? En medio de la explicación de las gráficas sobre el estudio de mercado que hacia uno de los chicos sintió como toda la sala de juntas se puso de cabeza, afinco sus brazos a la mesa para sostener su cabeza. Tratando de respirar profundo y volver a prestar atención a lo que explicaban.
-Li, ¿Se encuentra bien? –pregunto su jefe algo preocupado, había estado al tanto de ella desde lo sucedido. Al igual que había notado su extraño comportamiento de los últimos días.
-Sí, no es nada –dijo levantando la cabeza para que pudieran retomar la exposición. Pero no tardo mucho volver a sentir que todo daba vueltas esta vez mareándola por completó haciendo que callera inconsciente resbalando por el sillón en el que estaba, quedando en el piso.
-¡Llamen a los paramédicos! –ordeno él dueño de la compañía acercándose a ella. Cuando los paramédicos llegaron lograron despertarla, tomaron sus signos vitales y todo parecía normal, le hicieron algunas preguntas de rutina, por ultimo le recomendaron que fuera a ver a su médico. Cosa que estuvo en total acuerdo su jefe y le dio el día siguiente para que fuera a consulta.
Tenía toda la mañana en el consultorio de doctor, no podía dejar de mover su pie la última vez que estuvo en el hospital dejo de estar casada a… Viuda –suspiro- aun le dolía utilizar esa palabra. Lo que le interesaba en ese momento es salir lo más rápido de ese lugar. ¿Qué podría tener para estar sentada por segunda vez en el día en el mismo consultorio médico?
-Disculpe la tardanza Señora Li –dijo el Doctor al entrar- ¿Cómo se ha sentido esta tarde?
-Nerviosa, sin ofender pero me gustaría tener los resultados he irme a casa –el hombre sonrió levemente.
-Señora Li, tengo sus resultados aquí, hablaremos de ellos y luego podrá ir a su casa y descansar.
-Perfecto.
-Bien, veamos que dicen –comenzó a ver las páginas que tenía en el folder- tendré que indicarle un complejo vitamínico, tiene anemia leve –la castaña bajo la mirada, claro que tenía anemia apenas estaba comiendo- suplemento de hierro y… valla –levanto la vista para verla a los ojos- Felicidades, está embarazada –las palabras del doctor le cayeron como balde de agua fría, más bien helada- ¿Señora Li? ¿Se encuentra bien?
-¡Papá! –Grito la castaña en cuanto entro a la casa- ¡Papá! ¡No lo vas a creer!
-¿Que pasa hija? –pregunto preocupado Fujitaka pero al ver la sonrisa en el rostro de su hija quedo más confundido.
-Lo hiso papá, lo hiso.
-¿De qué hablas hija? No te entiendo.
-Me dio una razón para seguir –dijo abrazándolo- Syaoran, lo hiso papá –dijo comenzando a llora pero esta vez no eran lágrimas de tristeza.
-¿Hiso qué? –volvió a preguntar tomando a su hija por los hombros para que la mirara a los ojos.
-Me dejo una razón para seguir. Acabo de venir del médico, estoy embarazada. ¡Papá estoy esperando un hijo de Syaoran! –Fujitaka la abrazo con fuerza.
-Te dije que tenías que seguir adelante. Syaoran estará orgulloso de ver a su hijo crecer.
-Seguro que sí, Papa yo… -un pensamiento invadió su mente- Verlo crecer –susurro.
-¿Hija?
-¡Debo llamar a Irean! Tiene que saberlo –comenzó a buscar su teléfono en la cartera. Cuando lo encontró justo con el número en marcado rápido se detuvo.
-¿Qué pasa? –pregunto al ver que no se movía.
-¿Y si no me cree?
-Hija, ¿La creatura que está dentro de ti es de Syaoran?
-¡Claro que sí! Syaoran lo era todo para mí.
-Entonces no importa –asintió con una ligera sonrisa. Subió a su habitación para realizar la llamada.
-Señora, tiene una llamada desde Japón, es la señora Li, Señora.
-Pásamela –ordeno, ciertamente hablar con su nuera no era algo que tenía en la lista de cosas por hacer ese día- ¿Sakura?
-Irean, lamento molestarla, sé que desde le ceremonia ya no hemos hablado.
-Lo se querida.
-Lamento no a ver llamado antes. Yo…
-Lo sé, También lo lamento.
-Irean yo, quiero que sepa que ame a su hijo con todas mis fuerzas y que siempre lo amare. También la estoy llamando porque… -Respiro profundo- Syaoran y yo intentamos por meses que quedara embarazada –Irean la escuchaba en silencio- cada mes era una tortura para ambos cuando la prueba daba negativo. Pero, después de todo lo que ha pasado yo había olvidado por completo la regla y…
-¿Qué me quieres decir?-pregunto intrigada, nerviosa y sorprendida a la vez.
-Acabo de llegar a casa del médico, mi doctor confirmo que tengo alrededor de nueve semanas de embarazo.
-¿Estas completamente segura?
-Sí. Irean, yo quiero que mi hijo conozca a su abuela y sus tías, que comparta con ustedes, no quiero nada solo que estén en sus momentos importantes. Es lo único que pido, y claro si me permite dejar que lleve el apellido Li –por un momento ambas se quedaron en silencio.
-Por supuesto que puede llevar el apellido, es mi nieto ¿no?
-Si –dijo con gran alivio y comenzando a llorar otra vez- gracias.
-El honor seria mío el poder compartir con él, o ella.
-Gracias –susurro con nostalgia.
-Syaoran lo hubiera querido –ambas hicieron silencio- y… ¿Cómo te enteraste?
-Pues, yo no me había dado cuenta, aunque si me he estado sintiendo mal los últimos días nunca pensé que fuera por eso. No fue hasta ayer me desmayen en medio de una junta que mi jefe me obligo a tomarme el día de hoy para ir al médico.
-Por dios ¿Pero estas bien?
-Sí, aunque hubiera visto el escándalo, llamaron hasta a los paramédicos.
-¡Santo cielo Sakura! –escucho la risa de la castaña- y dime ¿Cómo te sientes?
-Bien, tengo que confesar que he tenido unas nauseas horrendas y mareos casi a toda hora aunque no me había desmayado, hasta ayer –Irean sonrió, recordando las veces que su hijo le hablaba del comportamiento infantil que solía tener Sakura.
-¿Que te dijo el doctor?
-Vera, me dijo que tengo anemia leve, pero que no me preocupe que es normal, me receto vitaminas, suplemento de hierro y calcio, también me dio una lista de alimentos que debo tener en mi dieta diaria, me sermoneo sobre la comida, y me dijo que las náuseas no se me quitaran hasta después del primer trimestre.
De esta manera, continuaron hablando por un largo rato. Al llegar la hora de la cena Touya y su esposa hicieron acto de presencia, ellos tenían un pequeño de cuatro años de edad quien también los acompaño.
-Hola hermano –Touya la miro como si fuera un fantasma, la sonrisa y el brillo en sus ojos eran notorios. La miraba como si fuera un monstruo mientras hablaba con su esposa en la sala y el ayudaba a su padre a servir la mesa.
-¿Papá? –el tono de su hijo fue suficiente para saber que quería preguntarle, sonrió mirando a Sakura.
-Ella ya te lo dirá –la cena paso sin interesantes conversaciones para el menor de los hombres, definitivamente está más interesado en saber que le paso a su hermana en las últimas horas de no verla. Ya en la sala no pudo contenerse más.
-Enana –la llamo captando la atención de todos, ella lo miro con sus grandes ojos verdes- ¿Quién eres y que le hiciste a la llorona de mi hermana?
-¡Touya! –lo regaño su esposa.
-Está bien, no te preocupes. Hermano, estoy bien, soy yo.
-No te creo, ¿Dime que pasa? –su sonrisa se hiso más grande.
-Pasa, un milagro. Syaoran me dejo el mejor regalo que se le pueden dar a una mujer.
-¿Qué quieres decir Sakura? –pregunto su cuñada. El sonrojo en el rostro de su hermana fue suficiente respuesta para darse cuenta a lo que se refería.
