Un par de minutos
Sev se levantó temprano, pero había dormido como un tronco y estaba descansado y en paz. "La charla con mi madre me ha sentado tan bien, me ha tranquilizado en muchos aspectos, ahora sé que he hecho bien las cosas y que tengo la intuición suficiente para seguir en la dirección correcta."
Se duchó y secó el pelo al máximo con la toalla. "Me llevaré una a Hogwarts, allí no hay, cuentan con que nos sequemos con la varita y es un engorro." Eileen terminó de secárselo con la suya antes de irse a trabajar.
Se vistió. "Por primera vez con ropa nueva, que yo recuerde, en mi casa, exceptuando el uniforme del colegio." Volvió al baño a mirarse en el espejo y ensayó la postura que le recomendara su madre. "La camisa azul marino y el jersey negro de pico me sientan bien, y tiene razón, parezco más alto y más fuerte, más poderoso. Y me siento, por primera vez en mi vida, si no guapo, al menos sí deseable." Se sonrió a sí mismo satisfecho.
Desayunó como un príncipe. "Mi madre tiene de todo y ya ha dejado la cocina encendida." Té, tostadas que hizo a la plancha, manteca y mermelada. "No me gusta el dulce, pero ésta no lo es, es de naranja amarga y me encanta."
Metió en la mochila el libro de Defensa y el de Pociones anotado. "No pienso pasar las cuatro horas 'de pestillo' como dice Lily, y ambos necesitamos la asignatura para los TIMOS, así puedo dejarle que anote las modificaciones de las recetas de principio de curso y de después de fastidiarse el complot."
Se puso el abrigo del padre de Lily y estrenó por fin su nuevo paraguas, de camino a su casa se esforzó por caminar derecho. "Es otra sensación, como cuando lucho, me cuesta un poco, pero es por la mala costumbre." Atravesó el parque vacío bajo la lluvia. "El parque donde la conocí…" Cuando llamó a la puerta a las nueve en punto, se abrió de inmediato. "¡Me ha estado esperando aquí mismo!"
-¿Qué te has hecho…? Estás distinto…
"Vaya… ¿tanto se nota?"
Lily llevaba un bonito pichi granate con una camisa blanca debajo.
-Estás muy guapa con esa ropa.
-Ya… Esto no me lo habías visto, me lo regalaron mis padres por Navidad. Anda, pasa y quítate el abrigo, lo llevas húmedo.
Sev se lo quitó y lo colgó del perchero.
-¡Qué guapo! Con la ropa nueva… Te sienta genial, mejor que la que te compré en Navidad.
Sev sonreía para sus adentros.
-Dame besos.
Ella hundió los dedos en sus cabellos para acercarlo a sí y lanzarse a su boca, pero se interrumpió.
-Wow… Sev… qué suave tienes el pelo… - se lo peinaba con los dedos – Me encanta – lo miraba con adoración.
Él la enlazó por la cintura y la atrajo hacia sí, se besaron. "Pero esta vez ella me acaricia la cabeza con aquel deseo e intensidad que fingió cuando me curó las cicatrices, y no sólo eso, también me besa así. Ahora es auténtico, y me ha bastado con cambiar de champú." Pronto ambos jadeaban, ella se separó.
-Buah… Sev… No sé cómo lo haces, pero cada día me gustas más. Quizá tienes frío y no te he ofrecido nada. ¿Has desayunado? ¿Quieres un té?
"Su mirada de intenso deseo no ha cambiado mientras me pregunta, y sigue con las manos enterradas en mi pelo." Él la miraba igual, y simplemente negó.
-Pues vamos arriba…
Lo soltó y lo tomó de la mano, y en el breve trayecto a través de la casa y por las escaleras, entendió. "Si me dejo hacer como aquel día, en lugar de darle prioridad como lo hago siempre, no voy a tener que pedirle nada, porque realmente me desea, pero normalmente, cuando llega mi turno, ella ya está satisfecha y por eso no se muestra tan intensa. Y además, la ropa que lleva hoy no es como la que suele ponerse, fácil de quitar."
Ya habían llegado al dormitorio. "La cama está abierta." Ella cerró la puerta y el pestillo y lo empujó para que se sentara. Se arrodilló frente a él y comenzó a desatarle una bota, mientras él lo hacía con la otra. "Ella va en pantuflas." Le sacó también los calcetines. "Buf… por suerte acabo de ducharme." Le acariciaba los pies.
-Incluso tienes los pies bonitos, nunca me había fijado. Túmbate, hoy te toca a ti primero.
"Bien…" Lo hizo.
-Vamos a buscar las zonas erógenas que decía ayer el libro, no me creo eso de que tú no sientas tanto como yo. Quizá no sabes dónde ni cómo te gusta porque no lo has probado, como me pasaba a mí.
Estaba arrodillada a sus pies, masajeándolos. "Debió leer el párrafo."
-Tienes que ayudarme, como hago yo – dijo ella - ¿Te gusta así?
-Sí…
-¿Un poco más fuerte?
-Vale…
"¡Merlín! Sólo los pies…"
-Prueba con la uña – dijo él.
Ella lo hizo a lo largo de toda la planta. "Un escalofrío de cosquillas y placer."
-¿Así?
-Sí… Sigue como antes.
Ahora alternaba el masaje con los arazaños, que llegaban cuando menos se lo esperaba.
-Cuando te canses me avisas – dijo ella.
-Buah… me pasaría así toda la mañana. Cuando te canses tú.
Ella sonreía satisfecha, siguió un poco más y terminó con besos en los dedos.
-Mañana más, vamos a probar otra cosa.
Subió a la cama y se tendió a su lado. Lo besó profundamente hasta arrancarse jadeos de nuevo. "Me sorprende que no intente quitarme la ropa." Se separó de él y recorrió con besos su mejilla hasta enterrarse en su cabello.
-Ah… qué bien hueles – le susurró al oído y le mordió el lóbulo de la oreja.
"¡Buah!"
-Sí…
Ella rio, y continuó mordisqueando y succionando.
"Sólo la oreja…"
-¿Te gusta?
-Mucho.
-¿Y esto?
Le recorrió los pliegues con la lengua.
"Buf… por suerte también me las he lavado."
-Increíble…
Volvió al lóbulo y ahora le acarició el cuello con las uñas, cerca de la nuca. "Lo que me hizo Lauren." Él volvió la cabeza, ofreciéndosela, y ella alternó mordiscos y caricias con las uñas. Después le giró el rostro para encararlo y volvió a besarlo.
-¿Qué más quieres? – le preguntó ella.
"No le dio tiempo a leer más… qué mona." Él se incorporó para quitarse el jersey.
-Muérdeme el cuello - echando la cabeza atrás.
Ella lo hizo, como tantas otras veces. "Pero ahora es diferente, no me siento obligado a corresponder al instante ni a controlarme. Sé que me hará lo que quiera y hasta donde quiera." Le desabrochó varios botones, para hacerlo también en las clavículas. "Ya comienzo a sentirme crecer." Jadeaba ligeramente.
-¿Quieres que te quite le camisa?
-Sí… pero despacio, y me acaricias como tú sabes…
Le desprendió otros dos botones, se puso a horcajadas sobre él y recorrió su pecho y sus hombros con caricias tan intensas como aquella vez. Le decía:
-Cada vez estás más fuerte, cómo se nota lo que entrenas…
Le desprendió otro botón y lo acarició del estómago a los costados. Ella lo sentía crecer debajo. Él no la miraba, abandonado. Inesperadamente, le pellizcó los dos pezones a la vez.
-Ah… - gimió él.
-Vaya… a ti también te gusta aquí…
Se inclinó para mordérselos y succionar como él le hacía a ella y sintió que crecía más contra su vientre. Lo deseó, pero se contuvo, hoy le tocaba a él.
Se incorporó de nuevo y le desprendió los botones que quedaban. Le acarició el vientre, pasando los pulgares por debajo del pantalón. Él jadeaba más intensamente.
-¿Quieres también en la espalda?
-No hace falta... quítame el pantalón…
Le sacó el cinturón lentamente, le desabrochó cada botón acariciándolo levemente. Como el hierro. Él levantó las caderas para que le sacara los pantalones, ella se los quitó, volviendo a ponerse a horcajadas sobre sus piernas. Lo acarició como antes, por debajo de la cinturilla, pero sin tocar la serpiente. Después introdujo las manos por abajo, con caricias muy intensas en el límite de los muslos.
-Me estás volviendo loco…
"Eso quería…" pensó ella.
Se dejó caer sobre él y con un largo movimiento, llegó hasta su boca. Él gimió largamente, ella le mordió los labios.
-¡Merlín, Lily! No me hagas sufrir más…
Ella rio para sus adentros, tenía una sorpresa preparada.
-Vale, pero no te resistas a lo que voy a hacer.
"¡Rayos! ¿Qué será?"
Volvió a sentarse sobre sus piernas y le bajó la prenda interior. Él la miraba expectante, pero ella lo miraba a los ojos.
"No va a hacerlo con la mano…"
Ella avanzó hasta ponerse sobre él pero sin bajar todavía.
"Bueno, ella no se ha quitado la ropa interior."
Ella se inclinó de nuevo, mordiéndole el cuello. Cuando sus jadeos se volvieron intensos, bajó sus caderas sobre las de él. "¡Buaaah! ¡No lleva!"
-Lily, no.
-Shhh… es sólo para ti…
Ella se movía intensamente, como lo hacían por encima de la ropa, cada vez que alcanzaba su boca le mordía los labios. "Su humedad, mojándome entero… siento sus pliegues atrapándome… Ella también está muy caliente, pero así no va a llegar…"
Ella lo sentía recorrerla entera, deseándolo pero conteniéndose, como sabía que él hacía siempre.
-Lily, ponte como siempre y llegamos juntos.
-No, luego si quieres repetimos. Ahora te toca a ti.
"Vale…"
-Quítate la ropa.
Sin dejar de moverse, ella se sacó el pichi y se desabrochó la camisa. "No lleva nada debajo…" Volvió a tumbarse sobre él y a morderlo cuando alcanzaba su boca. "Los mordiscos, sus pechos rozándome, su humedad envolviéndome…" La aferró por las caderas y la movió a su propio ritmo para llegar. Gritó.
-Shhh… Petunia – dijo ella.
"Rayos…" Ella sintió sus latidos, mientras él la movía más lento. Se incorporó para mirarlo. Con los ojos cerrados y el rostro vuelto a un lado, con gemidos contenidos, largo… largo…
Cuando se recuperó, abrió los ojos y la miró. Sonreía satisfecha.
-¿Qué? ¿Ya crees que sientes tanto como yo?
-Ha sido el mejor hasta ahora, Lily… Gracias.
-Qué bobo, siempre dando las gracias por todo.
-Tú no has llegado.
-Pero me llega con que tú sí.
-Y te he mojado.
-¡Dios, Sev! ¡Qué pesado! No lo estropees ahora.
-Tienes razón, abrázame.
Lo hizo. "Nuestros cuerpos desnudos, piel contra piel. La humedad de ambos, mezclada por primera vez. La primera vez que no he tenido que contenerme. Pero aun así he desconfiado, no me he dejado llevar, podría haber sido incluso mejor." Al rato ella habló:
-Mi amor, siempre estás mirando por mí, y tienes que ser un poco más egoísta. Yo siempre me dejo hacer y te pido lo que me gusta mientras tú te aguantas las ganas, porque yo tardo más que tú. Tienes que dejarme que haga lo mismo por ti, si no, tampoco me quedo a gusto, pensando que tú te esfuerzas tanto y no lo disfrutas como yo.
"Lo mismo que me dijo mi madre anoche, pero Lily lo ha adivinado ella solita. ¿Intuición femenina?"
-¿Vas a dejarte llevar la próxima vez? ¿No tendré que volver a engañarte?
-No, cariño, tienes razón. Me ha encantado todo lo que me has hecho, ya has visto que me he dejado, pero me he asustado cuando me he dado cuenta de que no llevabas ropa.
-Ya… Pero a ti no te gusta con la mano tanto como a mí, y si te lo hubiera dicho no me habrías dejado.
-Pues no, porque pensaba que no seríamos capaces de contenernos, pero ya veo que sí. Ha sido fantástico sentirte, me envolvías, y tan mojada… Buah, indescriptible.
-A mí también me ha encantado aunque no haya terminado, tan suave, duro y caliente. Y cuando me has agarrado y me has movido tú… tan apretados el uno contra el otro, como si fuéramos uno… ¿Quieres repetir? Sólo de pensarlo…
"Claro, se ha quedado a medias y todavía está caliente, y yo ya estoy satisfecho y ahora no tendré que contenerme tanto. Pues parece que este sistema es incluso mejor."
-Sí, mi amor, dime cómo quieres. ¿Igual que antes o tú debajo?
-Buah, sí… yo debajo, sintiendo tu peso.
Ya se apartaba tumbándose de espaldas. Él se sacó la ropa interior que ella no le había quitado del todo.
-No te quites la camisa… Me encanta el contraste de tu piel con la ropa oscura.
"Lo sabía… Sólo viendo cómo me mira y anticipando la sensación ya me siento crecer de nuevo." Tumbado de costado a su lado, la emprendió con sus pechos con la boca y con la mano palpó su humedad. "Ella gime muy quedamente, pero sé que es por Petunia. Está a punto." Y él lo estuvo también en pocos segundos.
Él se incorporó, bajó de la cama a los pies. Ella lo miró, expectante. Recorrió sus piernas con las manos hasta las rodillas, clavándole los pozos ardientes de deseo, y se las separó bruscamente, con lo que ella ahogó un grito. Él sonrió maléficamente. "Aquí la tengo, frente a mí, aunque no puedo apreciar todavía todos sus recovecos."
Subió a la cama de rodillas entre sus piernas y recorrió la parte interior de sus muslos con caricia intensa, deteniéndose en las ingles, que masajeó con los pulgares. Se miraban alternativamente a los ojos y a sus fuentes de placer, ambos locos de deseo, ella expectante y jadeante.
-Sev… eres un dios… hagas lo que hagas me pones a cien…
"Pues ahora vas a ver." Llevó los pulgares hasta su jardín de fuego y separó los primeros pliegues, descubriendo su botón pero sin tocarlo, esperó a que entendiera. Ella, si hubiera podido, habría gritado anticipando lo que venía a continuación.
-Ven… - le dijo extendiendo los brazos hacia él, para que pudiera dejarse caer.
Él lo hizo. Ella lo sostuvo por los hombros, al tiempo que sentía cómo se encajaba directamente en su centro. Él retiró las manos y la aferró por las caderas, a un tiempo que ella doblaba los brazos para que se uniera también el resto de sus cuerpos.
Lo tomó también por la parte baja de la espalda, clavándole las uñas. Él se movió al ritmo que a ella le gustaba, conteniendo los gemidos en su oído. Empapados, de antes y de ahora, apenas le costó un par de minutos hacerla llegar. "Siento sus latidos como nunca, como si fueran míos." Cuando acabaron, se detuvo, pero ella le dijo, apremiante.
-No pares… hazlo más rápido… como antes…
Esta vez la obedeció, siguió embistiendo con más ímpetu y ella continuaba clavándole las uñas y empujándolo al ritmo de él. Pensó que lo hacía para ayudarlo a acabar de nuevo, pero ella seguía conteniendo sus gemidos a duras penas en su oído.
"Ya ha acabado y le sigue gustando." Otro par de minutos y la sintió llegar de nuevo. "Buaaah…" Lo que provocó que él también lo hiciera. Se incorporó para mirarla mientras estallaban juntos… adorándose. Fue mejor todavía que antes para ambos.
-Te amo…
-Te amo…
Se dejó caer de nuevo sobre ella, enterrándose en su melena. Esta vez se quedaron largo rato como estaban, les costó mucho más recuperarse. Al fin él habló:
-¿Qué ha sido eso, Lily?
-No lo sé. Cuando he acabado quería más y he vuelto a llegar más fuerte todavía.
-Qué raras sois las chicas.
-Bueno, así estamos empatados y hemos acabado juntos. Hay que hacer siempre como hoy.
-No sé si lo aguantaría.
-Ya, yo también estoy reventada.
-¿Dormimos juntos un rato? Todavía no son ni las diez.
-¡Vale! Qué ilusión me hace, Sev, es perfecto.
-Pero también hay que estudiar un poco. Si ponemos el despertador, ¿lo escuchará tu hermana?
-No, suena bajito. ¿A las once?
-Sí.
Mientras ella ponía el despertador, él los cubrió a ambos con la ropa de cama.
-Sev… qué bien… esta noche las sábanas olerán a ti.
Se acurrucaba en el hueco de su hombro y lo abrazaba. "Yo suelo dormir boca abajo, pero me siento tan en paz, tan lleno, tan amado, en la cama de la Princesa, donde nunca soñé estar…" que tardó, como ella, apenas un par de minutos en dormirse.
