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Besos

Capítulo 3

Los meses pasaron sin problemas, Sakura recupero el peso perdido y su vientre comenzó a hacerse notar, hablaba con Irean o sus cuñadas dos o tres veces a la semana para mantenerlas al tanto. La aseguradora le entrego a la castaña millones por la póliza de seguro de vida de Syaoran, dinero que se negaba a tocar. El segundo trimestre comenzó y al fin se animó a ir a su departamento, el chofer que Irean le había obligado a aceptar la llevo, dejándola sola.

No tardó mucho en comenzar a llorar, estaba justo como ellos lo dejaron la última vez que estuvieron en él. El ramo de rosas que de diera apenas el día antes no estaba en el florero de la entrada, recuerda que Tomoyo le dijo que ya estaban marchitas y se deshizo de ellas cuando le buscara ropa para quedarse en casa de su padre. Entro a la cocina y sus incontables recuerdos invadieron su mente, camino por el pasillo llegando a la habitación que antes compartiera con él, noto una de sus camisas al borde de la cama, la tomo entre sus manos y abrasándose a ella aspiro su aroma. Aun olía a él, a su perfume embriagador. Abrió la puerta del closet, su ropa en perfecto orden, sus zapatos en sus lugares, no pudo contener más las lágrimas envolviéndose en un desgarrador llanto se dejó caer al suelo abrasando aun la camisa que conservaba su fragancia.

No estaba segura de cuánto tiempo tenía allí, solo noto que ya no salían lágrimas de sus ojos. Solo veía un punto fijo en el closet que contenía la ropa de su amado. La voz de Tomoyo fue lo que la hiso reaccionar, regresándola a la realidad.

Los meses continuaron pasando, cada vez que tenía una cita con el doctor llamaba a su suegra para ponerla al tanto de cómo iba la salud y bienestar de su nieto. En el séptimo mes su energía decayó de pronto, simplemente se cansaba con facilidad. Tras llegar a casa del trabajo un día Sakura se quedó dormida en el sillón de la sala de su padre. Había decidido quedarse con él mientras él bebe llegaba, al día siguiente se levantó sin mucho ánimos para ir al trabajo pero igual quería ir.

-No creo que debas trabajar hoy, Hija –comento Fujitaka mientras la veía desayunar.

-Estoy bien papa, no es nada.

-Hija te ves muy cansada, desde hace días he notado que te sobre esfuerzas, tienes que cuidarte…

-Estoy bien papa ya te dije –lo interrumpió.

-insisto –Sakura se puso de pie tratando de evitar el seguir discutiendo, pero se quedó paralizada viendo el umbral de la puerta. La figura del Syaoran con el ceño fruncido y la miraba fijamente era lo que veía. Volvió a sentarse lentamente.

***Flash Back***

-¡Basta Sakura! Ya hemos hablado de esto. Cuando estemos en China no tendrás que trabajar, ni siquiera tienes que trabajar aquí. No sé porque insistes en hacerlo.

-No puedo estar de brazos cruzados, mi padre nos enseñó a trabajar por lo que queremos. Y cuando estemos en China Trabajare, igual y no quieras.

-¿Sabes qué? Tú ganas está bien. Cuando nos vallamos a vivir a China trabajaras en la corporación.

-¡Claro que no! Nadie me tomaría enserio. Es como aquí, ¨la esposa del dueño¨ prefiero trabajar en cualquier otro lugar.

-Amor, ¿Enserio crees que trabajar en cualquier empresa en China es lo mismo que aquí?

-¿A qué te refieres?

-Los únicos Li que quedan a parte de mí, son mis hermanas y claro Mey, pero ella se casara en unos meses. Cuando te presentes como Sakura Li, no tardaran para darse cuenta de que están en frente de la esposa de Syaoran Li, el último descendiente.

-¿El ultimo? –el castaño asintió.

-Por lo que no importaría si trabajas en la corporación o trabajas en cualquier otra parte, te trataran igual.

-Y, si eres el último Li, ¿Por qué no quieres tener hijos?

-Sakura ¡Por Dios! Aún estamos jóvenes para eso. Ya lo hemos hablado –ella se cruzó de brazos haciendo un puchuelo, el suspiro- Ven aquí –la tomo por la cintura y se sentó en la cama sentándola sobre sus piernas- te he dicho que tendremos hijos cuando sea el momento, aun no siento que lo sea –ella aún seguía con el tierno puchuelo, no pudo contenerse y le dio un fugas beso en él, lo que provoco lo cambiara por una leve sonrisa y sus mejillas tomaran un tono carmín- te prometo que lo único que quiero es tener hijos contigo –pedo su frente a la de ella- aunque sea lo último que haga en el mundo antes de morir. Te juro que tendremos hijos. Y tú lo vas a cuidar.

-Lo haremos los dos –él sonrió y sin decir una palabra la beso suavemente.

***End Flash Back***

-¿Hija? –Sakura levanto la vista para ver a su padre y luego a la puerta. Acaricio su vientre- ¿Estás bien?

-Si. Llamare a la oficina, tienes razón, mejor me tomare el día de seguro puede sin mí.

A media mañana mientras leía un libro, un temblor de tierra estremeció medio Japón, en un principio no le tomo importancia, pero al día siguiente al llegar a la oficina todos la miraban de manera extraña -de seguro era por ausentarse- pensó, pero grande fue su sorpresa al llegar a su oficina. La misma junto a tres oficinas contiguas se las había caído el plafón del techo, con todo y las lámparas, esto durante el terremoto de ayer. Uno de sus compañeros resultó seriamente lastimado, y otro con varias cortadas porque estaban en sus lugares de trabajo durante el siniestro. Al abrir la puerta noto que justo encima de su sillón tras el escritorio los restos de lo que fueran una de las lámparas.

En ese momento recordó el ceño fruncido de su esposo parado en la puerta. Sin poder contenerse comenzó a llorar. Si hubiera ido a trabajar era muy probable que a la hora del temblor estuviera sentada en ese sillón y los que ahora eran restos de lámpara, pudieron causarle alguna herida.

Tal fue su conmoción que su jefe le dio el resto de la semana en lo que arreglaban la oficina. Además de que no quería que se esforzara de más en su estado. Por su parte la castaña nunca le dijo a nadie sobre lo que vio esa mañana.

Los meses continuaron pasando sin percances, la hora del parto llego. Interminables horas de angustioso dolor, fueron las seis horas más largas de su vida. Pero todo había valido la pena, tenía en sus brazos a su pequeño tesoro, su razón para seguir. Un hermoso niño sano y hermoso como ningún otro en el mundo.

-¿Puedo pasar? –una voz conocida inundo la habitación.

-Por supuesto –le dijo a la elegante mujer con una sonrisa- ¿Cuándo llego?

-Apenas hace una hora. Viene en cuanto Fujitaka me llamo –se acercó a la cama- ¿Ese es?

-Es su nieto –afirmo la castaña.

-¡¿Un niño?! –dijo con sorpresa y alegría. Sakura había decidió no saber el sexo del babe hasta el nacimiento. Sabía que fuere lo que fuere todos lo amarían igual.

- ¿Puedo? –pidió permiso para cargarlo. La castaña asintió.

-Ve con tu abuela, pequeño. Conoce la –le paso al pequero que movía sus bracitos por entre la frisada que lo cubría.

-Es hermoso –lo observo con detalle- Y ¿Cómo se llamara? –pregunto curiosa.

-Pues, quiero pedir su permiso para llamarlo Hein Xiao lang Li –Irean la miro sorprendida- Syaoran quería que si teníamos un niño se llamara como su padre y yo quiero que tenga el nombre de su padre. Si usted está de acuerdo Claro –se encogió de hombros, estaba algo nerviosa, por la repuesta que pudiera darle su suegra. Irean por su parte volvió a observar al pequeño en sus brazos.

-¿Qué opinas pequeño? ¿Hein Xiao lang Li? –el pequeño hiso un leve ruido moviéndose otra vez- Creo que le gusta –comento mirando a Sakura son una sonrisa y los ojos cristalizados por las lágrimas la castaña estaba en el mismo estado.

-¿Cómo logro superarlo? –pregunto observando como ponía al bebe en la pequeña cuna a un lado de la cama- mi padre dice que solo necesito tiempo –suspiro.

-Cada persona tiene una manera diferente de enfrentar las cosas. La mía fue dedicarme por completo a cuidar de mi familia y el negocio familiar. La de tu padre fue enfocarse en sacarlos a ti y a tu hermano a delante.

-Sí, fue la palabra que utilizo.

-Todos lo extrañamos, no eres la única, pero tampoco la menos afectada. Ahora tienes un niño que depende de ti, no digo que no tendrás días duros, pero nos tienes a todos apoyándote.

-Lo sé. Ni siquiera he podido volver al departamento.

-Sakura, acabas de pasar por una experiencia bastante fuerte. El hecho de perder al hombre que amas, y tener a su hijo es demasiado para cualquiera. Estoy de acuerdo con tu padre en que necesitas tiempo.

-Aun duele.

-Lo sé querida. Lo sé. Como sé que saldrás de todo esto y criaras a un buen hombre –Sakura sonrió al imaginarse a su pequeño- Hay algo de lo que me gustaría que habláramos, comprendo que no sea el momento indicado pero solo estaré en Japón una semana, y antes de irme me gustaría una respuesta a lo que te propondré –la castaña la miro con atención- Veras, Sabes que ese pequeño es el último descendiente Li –Sakura asintió- me gustaría que creciera sabiendo sobre su familia, conociendo sus raíces. Me gustaría que ambos vinieran conmigo. En algún momento tenemos que hacer pública su existencia.

-Yo… Mi familia, mi trabajo, mis amigos.

-Entiendo que es una decisión difícil, por eso no me respondas ahora, tampoco te estoy pidiendo que tomes un avión conmigo la próxima semana, confieso que me gustaría una respuesta antes de hirme, pero puedes tomarte el tiempo que necesites. Solo prométeme que lo pensaras –la castaña asintió- Gracias.

-¿Por qué se quedara una semana?

-Debo verificar algunas cosas en la empresa, aquí en Japón, cosas rutinarias, puedes llamar me si necesitas algo.

-No he vuelto a la corporación –dijo con un tono melancólico.

-No me extraña. Bien, creo que ya es suficiente de charla debes descansar.

-¡Señora Li! –exclamo poniéndose de pie, la antigua secretaria de Syaoran al ver entrar a la castaña.

-Buenos días –respondió Sakura con una sonrisa.

-Es un placer tenerla aquí, ¿Puedo ofrecerle algo? ¿Un jugo? ¿Un café? O quizás ¿Un té? –Sakura negó.

-Estoy bien Gracias. ¿Se encuentra Irean? Vine a verla –ya había pasado una semana desde la visita de su suegra en el hospital, del nacimiento de su pequeño tesoro.

-Sí, la señora está reunida con los gerentes de márquetin, ya no deben tardar. Si gusta esperar –La castaña asintió y tomo asiento en el cómodo sillón marrón que se encontraba a un lado del escritorio de la morena- ¿Eh? Todos aquí extrañamos al señor, su-su partida fue tan repentina –comento temerosa de parecer imprudente- disculpe que lo diga pero el Señor Li aun siendo una persona recta, tenía un gran corazón.

-Lo tenía –dijo muy bajo apenas audible. Sintiendo una punzada en el pecho.

La puerta de la oficina que antes fuera de su esposo se abrió, dos hombres salieron, al observarla se detuvieron hicieron una reverencia a modo de saludo que ella acepto de la misma manera y luego se retiraron.

-Le avisare a la señora que usted está aquí –minutos después la dejo pasar, dudando en un principio en cruzar la puerta, sería la primera vez que lo hiciera en meses. Esta vez él no la estaría esperando detrás del escritorio.

-Sakura querida, que sorpresa, ¿Por qué no llamaste? Yo pude a ver pasado por la casa.

-Quería hablar con usted en un lugar que pudiéramos tener privacidad.

-Ya veo, en ese caso toma asiento –Sakura hiso lo que pidió- y… ¿De qué quieres hablar?

-Vera, yo… -respiro profundo- sé que no hemos vuelto a hablar sobre su propuesta. También hay algo que no le mencione aquel día –Irean la observo con atención desde el sillón tras el escritorio- es que, cuando Syaoran y yo nos comprometimos me dejo en claro que quería en algún punto de nuestra relación, regresar a China para cumplir con sus obligaciones en la empresa, que si no estaba dispuesta a acompañarlo yo… -de repente un nudo se formó en su garganta y sus ojos se llenaron de lágrimas- Planeábamos ir a vivir a China en nuestro quinto aniversario de casados –una lagrima escurridiza rodo por su mejilla.

-¿Estás diciéndome que aceptas?

-Usted crio a un buen hombre, uno que ame con todas mis fuerzas y aun me duele su ausencia. Como le dije el día que supe que estaba embarazada, para mí sería un honor que comparta con él, que lo vea crecer, no esperaba que me pidiera tal cosa, pero… de cualquier manera Syaoran quería que usted estuviera presente en la crianza de nuestros hijos y yo… sé que usted me ayudara a que mi pequeño se parezca a su padre.

-Estaré encantada de que vivan conmigo en China.

-So-solo tengo una condición Irean.

-¿Cuál?

-Quiero trabajar, Syaoran insistía que no tenía que hacerlo, pero sin no hubiera tenido trabajo no sé cómo hubiera soportado todo esto –una ligera sonrisa casi imperceptible apareció en el rostro de la mujer.

- ¿Sabes? Hable con tu jefe hace un par de días. Veras, Syaoran me comento en algunas ocasiones lo buena que eres en tu trabajo y lo mucho que te gusta. Creo que podemos negociar esa parte.

-Entonces ¿No se opone a que trabaje? –Irean negó con la cabeza.

-Querida, yo trabaje al lado de mi esposo hasta que murió, para luego pasar a ser la cabeza y sustento de mi familia. No te puedo negar algo que no solo quieres hacer, sino que, eres buena en ello. Confieso que tengo algo pensado, pero me gustaría que habláramos de esto cuando estés en China.

-Está bien. Creo poder esperar –dijo aliviada de que aceptara.

-En ese caso, hay algo que también quería hablar. Tengo entendido que te niegas a recibir la compensación por la póliza del seguro de vidas de Syaoran.

-Es solo que me parece una suma, absurda, ese dinero no me regresara a mi esposo.

-Ya lo sé –Sakura miro su alrededor, estuvo varias veces en esa oficina, pero todas en compañía del castaño- Mira lo que encontré en uno de los cajones –Irean le paso un retrato de color plata, lo tomo y observo la foto, era ella, llevo una de sus manos a su boca, las lágrimas salieron sin permiso.

-Le pedí que la quitara, que no me gusta esta foto, pero él dijo que no, que le gustaba demasiado –en la foto estaba sentada en una mesa fuera de una cafetería, esa tarde salieron de compras, ella insistía en que el departamento que compartirían juntos le faltaba color. Él se paró a un lado y le tomo la foto, ella ni miraba a la cámara, lo veía a él. Por eso no le gustaba pero a él encanaba porque le recordaba que lo observaba a él. Sakura puso la foto en el escritorio.

-Hace años te di la bienvenida a mi familia, hoy la reitero, Sakura mi hijo te amo como a nada en el mundo y lo sabes, pero ahora tienes un hijo, una pequeña criatura que depende de ti y tus decisiones, de verdad es un placer que accedas a venir con nosotros.

-De cualquier forma estaba en nuestros planes –se encogió de hombros.

-Bien, ¿En qué tiempo crees que estés lista para viajar? No, mejor se lo preguntamos a tu médico no quiero que les pase nada, ni a ti, ni al pequeño durante el viaje.