Bueno, a decir verdad esta idea surgió una tarde cualquiera mientras conversaba con uno de mis mejores amigos, Eien no Hiryu, cuya obra está ligada a un pequeño verso que creé cuando tenía unos 14 años, llevado de la mano de la lujuria, pero que actualmente es algo más hermoso y bello... dicho todo esto, ¿Podría esta historia considerarse como spoiler de lo que viene?... Pues no tengo ni idea.

Highschool DxD

Heavenly.

Outmutverso.

One-shot.

Todos tenemos talento.

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-[Prólogo: una hoja más]-

En alguna parte del multiverso, una hermosa hoja de color anaranjado se desprendió de la rama a la que estaba sujeta; comenzando a dar unas cuantas volteretas en el aire, en dirección al suelo. Sin embargo, nunca llegó pues una mano la sostuvo con extrema delicadeza, los dedos fueron hasta la base de la misma, agarrándola como si se tratara de un trofeo.

El órgano de aquella planta se reflejó en una pupila morada, que lo observó con fascinación y cariño.

"La primer hoja del otoño doscientos sesenta mil..."

Musitó un hombre con cabello rojo, sonriendo. Con la única mano libre que tenía, manifestó una pequeña esfera de agua; la hoja en su derecha fue sumergida en la prisión, la cual ganó el número que había dicho, constituido por burbujas. Satisfecho con su nuevo souvenir, desapareció el trofeo, enviándolo a la sala especial de su castillo. Outmut caminó por el pequeño sendero, disfrutando de los árboles que tenía a su alrededor; gran parte de sus hojas estaban teñidas de tonos anaranjados, marrones, amarillos e incluso rojos, mezclados con verde.

El otoño en su dimensión ya había llegado, y aquella fue la primera de todas.

Una risa satisfactoria salió de sus labios, pocas eran las ocasiones en las que tenía oportunidad alguna de llegar antes de que la hoja callera al suelo, para verla con sus propios ojos. Y pese a que podía perfectamente manipular el tiempo para verla por si mismo, le quitaba valor y autenticidad a aquellas hermosas experiencias, ninguna igual.

Al acercarse a su morada, sus pies dejaron de pisar el suelo; como si hubiera escaleras invisibles, comenzó a subir en dirección a la planta alta, donde estaba su balcón. Vegetación preparándose para la temporada comenzó a llenar su vista, para cuando hubo terminado, parecía estar observando como si todo estuviera siendo quemado, para su gracia.

La naturaleza era realmente hermosa y misteriosa.

Sentándose en una silla frente a tan hermoso espectáculo, hizo surgir su esfera de cristal, para ver a sus hijos e hijas. No sin antes haber mirado el centro de su jardín, donde en una peqeña colina descansaba su espada, brillante como siempre, intacta y manteniendo a todos los ya idos en sus propios paraísos personales, por muy variados que fueran unos de otros.

"Veamos como están el día de hoy..."

Dijo el celestial, dejando su espalda apoyarse en el respaldo, su material comenzando a brillar, primero visitaría como siempre, el reino de los dragones. Algo dentro de él le decía que iban a suceder cosas interesantes esta vez.

Y pese a que tenía razón, tristemente no era en su universo, sino en el que se había basado.

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-[Fragmento 1: el problema con solución divina]-

Los rayos del sol bañaban la ciudad de Kuoh en un hermoso día soleado, el sol estaba en su punto más alto, marcando las doce del día. El verano, para muchas personas, era una piedra puntiaguda en el zapato, pero para otros como los niños significaba el inicio de las vacaciones, la libertad, no más tareas ni complicaciones, estudios ni nada por el estilo, solo diversión, agua, piscinas, juegos y comida provenientes de todas las direcciones.

Pero no todos tenían la libertad de aquello, especialmente Hyodou Issei, quien observando su ciudad natal desde la azotea de su hogar, permitía al viento pegarle en el rostro al mismo tiempo que la bella voz de su esposa le endulzaba los oídos.

"¿Entonces, ya tienes algo planeado para el fin de semana?"

Cuestionó Arturia Pendragon desde el otro lado de la línea, su amada rey de los caballeros había estado inscrita en un gimnasio desde hacía poco más de una semana, acontecimiento que cuando ocurrió, no pudo creer ni comprender. ¿Por qué pagar para ir a ejercitarse, cuando su enorme casa ya tenía un gimnasio que más de un miembro ocupaba a la vez?, precisamente ese fue el problema de la rubia.

Quería salir y tener algo de tiempo para ella sola, conocer alguna parte nueva de la ciudad en lugar de permanecer siempre en el hogar, y por supuesto, el ojirrojo aceptó encantado, su mundo entero no era un adorno y ciertamente no quería tenerla como pájaro enjaulado.

El suspiro que soltó fue una negativa rotunda, la ojiverde había aprendido bien a conocer a su amado en todo el tiempo que llevaban juntos, Issei no se complicaba la vida en muchas ocasiones, pero ciertamente cuando estaba involucrada tanta gente, era momento de ponerse los pantalones, los zapatos y todo el smoking de la preocupación recién planchado.

¿Por qué?, porque se acercaba su cumpleaños, no solo el suyo, sino también el de su hermana mayor.

Issei: Hablé con Azazel antes de que me llamaras... también con Rias, e incluso con Michael -respondió, mientras su mano libre alzaba un dedo conforme salían los nombres de su boca, el ambiente pareció incrementar en peso una enorme cantidad de kilos, si bien no podía verla, Issei sabía que el rostro de su querida Turi no era el mejor, como él, entendía la gravedad de la situación- Ninguno de ellos puede hacerme un pastel así de grande en menos de una semana.

"Hmnght... cariño, estás bien jodido... "

Efectivamente, lo estaba. El solo mencionar que era su cumpleaños le hizo añadir inmediatamente los nombres de Michael, Gabriel y Uriel a la lista, Azazel por lo menos le había dado una mini-alegría al decirle que no iba a invitar a nadie más, y si bien Rias ya había estado invitada, lo más probable era que Sirzechs hubiese estado escuchando -sepa dios como- y fuese a venir junto a Grayfia y Millicas, por lo que podía añadir también los nombres de Zeoticus y Venelana a las invitaciones, y unos cuantos pisos al maldito pastel.

Un jodido pastel de vainilla y fresa -sabores que no combinaban para nada- de cinco putos pisos, ¿cómo era que se la arreglaban sus padres cuando Aria y él eran unos niños?, simple: solamente traían un pastel pequeño para cada uno, su memoria recordaba perfectamente las pataletas que hacía la castaña cada vez que no le gustaba alguna comida, recurriendo a él para finalizarla.

Por supuesto, a sus veinticuatro años de edad -que el martes serían veinticinco- Issei tenía que planificarse su propia fiesta de cumpleaños, Aria podría haberlo estado ayudando, pero ella no tenía los pies en la tierra tampoco, estaba más concentrada en imaginar que era una astronauta todas las noches, o hacerse la estrella número uno imbatible del inframundo, incluso si no conocía personalmente como se veía Ddraig, podía imaginar la cara de vergüenza que ponía cada vez que Aria entraba al campo de guerra; si bien no le gustaban las chicas mágicas y no podía relacionársela con una, parecía más que nada que estuviese bailando o se creyera en un videojuego.

Aria era una inmadura de campeonato, por ello no podía contar con ella para ayudarle a planificar su fiesta de cumpleaños.

"¡OOOONIIIIIIIIIIIIII-CHAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAN!"

Arturia soltó una risita por su teléfono, al mismo tiempo que un quejido de desesperación escapaba de los labios de su marido. Amaba mucho a Aria, con toda su incestuosa alma, pero a veces le sacaba de sus casillas y le daban ganas de darle una paliza como en sus infancias cuando jugaban a las luchas con Irina, no solo por el pedestal en el que se había puesto a si misma, sino porque no entendía lo imprudente que podía llegar a ser a veces.

Issei: no cuelgues, voy a dejar la llamada en espera -suplicó, preparándose mentalmente para recibir a Aria. Sus pasos comenzaban a escucharse cada vez más y más fuertemente, similar a una maldita película de terror, estaba subiendo las escaleras poco a poco, el moreno -quien tenía los párpados bien abiertos- sentía como si estuviesen martillándole la frente.

Más cerca.

TAP TAP TAP

Las botas de su hermana estaban sonando cada vez más cerca, y Hyodou Issei no supo si fue por el sol y los cuarenta grados que hacía, o porque se sentía algo nervioso por la pronta confrontación, pero una gota de sudor enormemente pesada descendió por su nuca, muy probablemente esa lagartija carmesí estaba dándole unos cuantos consejos a la castaña de qué decirle una vez se abriera esa puerta.

TAP TAP

Los pasos se detuvieron, como una bestia que evaluaba cuando debía atacar. Lo único que ahora escuchaba eran los latidos frenéticos de su corazón.

El pastel, el pastel, el puto pastel.

Repetía su consciencia mil quinientas veces por segundo. Ahora mismo, podía decirse que había consumido una bala de cañón y le intentaba tirar al piso, o que tenía zapatos de cemento en medio del mar. En cualquier momento esa puerta iba a abrirse e iba a tener que tomar el rol de hermano mayor que no debería de corresponderle, para intentar calmar a su hermana y hacerle entender de forma racional, que no podía simplemente sacar un pastel de vainilla con fresa perfectamente hecho de su manga como de seguro creía que podía.

Debí haber tomado clases de respostería

Pensó el menor de los mellizos H, siendo este su último acto de voluntad antes de que la estruendosa tormenta con el nombre "Aria" azotara el barco en el que iba navegando.

WHAM

La puerta se abrió bruscamente, en su cabeza una ola del tamaño del Monte Everest cayó sobre él, empapándole por completo para arrastrarle al fondo del océano. Aria entró irradiando alegría como era común en ella, pero también poseía un aura de impaciencia mezcladas con adrenalina. Los ojos mieles de la fémina y los carmesíes del muchacho se encontraron, iniciando una guerra de miradas que duró varios segundos.

Aria: ¡Onii-chan de Aria! -dijo ella, iniciando la conversación con su clásico tono animado. Su brazo se alzó, y le apuntó con el índice como si se tratara de una flecha, la portadora del dragón rojo sin darse cuenta, había hecho sentir a su hermano menor como si estuviera en un juicio, al borde de ser condenado a la silla eléctrica, solamente porque no tendría una respuesta satisfactoria para ella, Aria sonrió- ¡¿Cómo va nuestra fiesta de cumpleaños?!, ¡díselo a Aria, ya mismo!

Vaya suerte tenía de que su madre no estuviera allí parar tirarle las orejas por estar usando su muletilla. Aria no era estúpida, cada vez que Hanako no estaba presente, abusaba de su propio nombre todas las veces que pudiera, los viejos hábitos nunca mueren decían por allí, y ese podía aplicársele perfectamente a la mayor del dúo. Issei retrocedió unos pasos, nunca deseando tanto como en ese momento tener a alguien que sacrificar para que su hermana pudiera enfocarse en aquél pobre diablo, pero ahora estaba solo.

Casi podía escuchar a Ddraig reírse de él.

¿Qué decir, qué decir?

Aria por supuesto, hizo relucir su nula paciencia, cruzándose de brazos y tomando una pose similar a su amigo Gilgamesh, la admiración de la Sekiryuutei por la Neo Hero Faction era enorme, he allí que hubiese adoptado algunos cuantos comportamientos o hasta frases de una manera tan... similar, que llegaba a ponerle nervioso.

Ahora mismo, lo que menos quería era más nervios añadidos a su carga.

"¿Y bien?, Aria espera su respuesta, Zashu-nii"

Insistió, comenzando a dar pisaditas con el pie derecho al suelo. Con todos los engranajes trabajando en el interior de su cabeza, el moreno volteó a ver al teléfono que dejó en la mesa, el nombre de Arturia seguía allí, con el temporizador avanzando. Oh, como quisiera que ella estuviera aquí, tal vez podrían cocinar juntos o pensar en alguna alternativa.

Arturia, su Turi, con quien tantas aventuras y mundos había recorrido a lo largo de su vida, tan poco tiempo y sin embargo tanto que contarle a Leone y Sunset cuando crecieran.

...

Poco a poco, el rompecabezas empezó a armarse, sus ojos a abrirse y las conexiones a aparecer; su amada rubia tenía un cabello dorado como el maldito sol, ¿quién más tenía el cabello dorado como el sol?, una mujer de ojos azules que ostentaba el título de reina y diosa, cuyo nombre no había resonado de su boca en mucho tiempo. Rokiya Hiroshkatu, la gobernante del "Reino de las nubes" en el universo gemelo al de ellos.

Y su pequeño hijo, Nekomata Hiroshkatu.

Fue ahí, gracias a un recuerdo olvidado, que Hyodou Issei halló la respuesta a sus problemas.

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Había sido un día bastante extraño a decir verdad, en aquella ocasión. Desde su estadía en los nueve reinos, Hyodou Issei y su amada Arturia Pendragon habían estado haciendo "de todo un poco", podría decirse. Desde entrenar con los líderes hasta simplemente ir y disfrutar del paisaje que, verdaderamente, era la belleza absoluta. En aquella ocasión, con el sol en el punto más alto, el moreno y su mujer estaban sentados en el suelo del jardín trasero del castillo Hiroshkatu.

Era la hora de almorzar, pero aquel día las cosas iban a ser diferentes; los sirvientes de la casa no fueron comandados por Rokiya para preparar el almuerzo como era costumbre, no.

Cuando Arturia le inquirió a la rubia sobre su actuar, la zorra de nueve colas bajó sus ojos de los documentos, mirándola con aquellos zafiros profundos cual océano, una mirada seria, pero que no denotaba superioridad, ni ninguna emoción irritante que se esperaría de alguien que la superaba en divinidad. No, Rokiya la observó como lo que era; una invitada de honor, con uno de los tesoros más grandes de su propia dimensión.

Rokiya: Mi pequeño está preparando nuestra comida el día de hoy -Anunció, soltando la bomba. Pendragon ladeó levemente la cabeza hacia la derecha, cargándola en su hombro. Su boca abierta con los labios torcidos de una manera extraña, Issei tuvo una expresión similar, ¿acaso había escuchado bien?, ¿Nekomata estaba preparando la comida para ellos?, sus expresiones no parecieron incordiar a la reina, pues cerró los ojos, negando levemente con la cabeza- Todos reaccionan igual. Puede que mi hijo no posea aptitudes mágicas, pero su creatividad y amor por la cocina compensan todo lo que le falta en ese campo.

Recalcó, con un leve tono de orgullo marcado en sus palabras. Gracias a que tenía una vista afilada, aún por las escaleras que les separaban del trono en el que estaba sentada su anfitriona, tanto Issei como su amada pudieron percatarse del sonrojo muy bien escondido que había tomado posesión de sus mejillas. El ahoge sobre Arturia se movió, indicando que ahora si, estaba intrigada. Nunca había tenido una opinión favorable de ese pequeño niño que, contrario a Ryu Mondragon y los otros siete herederos, estaba muy malcriado.

Si bien no le despreciaba ni era un niño engreído, su infantilidad dejaba mucho que desear para alguien que vivió una vida tan difícil, para Issei era la misma historia, ninguno de ellos tenía expectativas muy altas respecto a los dotes culinarios del pequeño Nekomata.

Sobre todo, porque era un niño... en edad divina, pero un niño claro está.

He allí la situación en la que estaban ahora marido y mujer; esperando sentados sobre una manta, con Kitsune en frente de ellos con las piernas cruzadas, aparentemente meditando. Sus orejas zorrunas se movían de izquierda a derecha de vez en cuando, captando algún sonido proveniente de alguna rama, o guardia cercano intentando alejar el aburrimiento.

"¿Aburridos?"

Musitó la de orbes color chocolate, separando los párpados de su ojo derecho para ver a sus amigos. Arturia frunció el ceño un poco, no de una forma enojada sino de una complicada, ¿sería muy descortés decirle que si?, teniendo en cuenta que habían pasado juntos unos pocos días con aquella niña, supuso que si. De todos modos, la pose que tenía junto a su estado actual llegó a intrigarla.

Arturia: ¿entrenas la mente, Kitsune? -cuestionó la portadora de Excalibur, Kitsune asintió con su cabecita, emitiendo un suspiro sin siquiera abrir los ojos. Le tomó unos segundos, pero pareció salir del estado semi-consciente en el que se encontraba, abriendo ambos ojos para enfocar toda su atención en la descendiente del rey Arturo, preguntándose si este pisaría la tierra en algún momento aquí donde ella residía.

"Efectivamente, Tía Arturia. Oka-sama medita conmigo cuando tiene tiempo, dice que sirve para enfocar la magia y hacerla más poderosa cuando estás combatiendo, la he visto pelear con Nana Moi- Metálica en varias ocasiones, y pese a que hay algo de diferencia en experiencia... sus magias en intensidades son muy parecidas"

Explicó la pequeña pelinegra, ladeando su cabeza en un gesto de amabilidad y solidaridad. Sonriéndole de regreso, Arturia asintió de igual manera, comprendía muy bien aquella lección, si bien no era tan buena en magia, podía ver los resultados de sus lecciones en sus combates o entrenamientos con su marido, habían estado luchando por mucho tiempo, y si comparaba sus primeras batallas donde estaba nerviosa -o hasta incluso asustada- con las actuales, el estar concentrada daba muchas ventajas.

Una mejor defensa, una mejor postura, ataques más certeros, decisivos, confiados.

Kitsune, quien había perdido interés total en su práctica, decidió hacer vida social. Sus tres colitas se irguieron detrás de su espalda, cosa que la pareja notó. Mentalmente, tanto el moreno como su amor sonrieron, ya habían aprendido a leer los comportamientos de aquella dulce niña, ahora era cuando iba a hacer algunas preguntas ya fuese de sus aventuras, sus vidas o su mundo.

No se equivocaban.

Kitsune: entonces... ¿ustedes tienen hijos también? -preguntó la pequeña, sus ojos irradiaban curiosidad. En el poco tiempo que había pasado con los Hyodou Pendragon, les había agarrado bastante cariño, e allí que se refiriera a Arturia como su tía, mientras que Issei se había ganado el alias de "I-nii", cosa que puso celoso a Neko y hasta a Moira en algún punto, pero terminaron agarrándoles cariño también.

Y era de esperarse, después de todo, Arturia e Issei eran, en resumidas palabras, un amor de personas. El moreno se llevó su mano a su mentón, recordando a sus dos tiernas pequeñas. Leone y Sunset, una de un año, la otra tenía unos cuantos meses de nacida, esperando a sus queridos padres allá en casa, separadas por una realidad completa. Las extrañaba bastante, aunque no podía decir lo mismo respecto a lo mucho que le gustaban tirarle su cabellera.

Issei: Si, una es una pequeña... con mis ojos, y el pelo de Turi -su mano viajó hasta la larga melena de su esposa, los mechones siempre de un tono amarillo precioso que parecía oro entraron en contacto con la piel de sus dedos, trayéndole paz. Arturia sonrió ante el gesto, el dedo índice de su mano fue enrollando pelo alrededor de si mismo, mientras que los otros cuatro solo jugaban con el resto.

La hizo reír, y él rió con ella. Kitsune, en silencio, contempló maravillada la interacción entre un marido y una mujer de cerca. Si bien, múltiples civiles o hasta incluso guerreros del ejército de su madre estaban casados o eran familias, jamás había tenido interacciones tan cercanas o directas con ellas. Al ser una artificial, no tenía un padre, por lo que, efectivamente, Issei era lo más cercano a una figura paternal que había conocido, pese a que su madre podía ser bastante masculina e intimidante a veces.

Pendragon detuvo su sonrisa, el gesto de su conyugue siendo reciprocado mediante miradas de amor, cargadas de pasión. Cargándose un poco sobre él, juntó sus labios en un beso amoroso, que duró unos segundos muy largos para ellos, y cortos para la niña que, lejos de sentirse asqueada, se sonrojó. Podía sentir de primera mano, aplicando sus lecciones de concentración, las auras que emanaban sus cuerpos.

Sus almas, incluso. La esencia espiritual de Issei estaba empapada en su totalidad por la de Arturia Pendragon, y ella de igual manera estaba mancillada por él de una forma tal, que casi parecían dos colores entremezclándose infinitamente. Para cuando el beso terminó, la de orbes azulados le suministró una mirada a la pequeña youkai como si fuera una maestra, o su propia hija.

"Y la otra nació hace unos meses, tiene el cabello de este tonto de aquí, y mis ojos. Se llama Sunset, Leone es su hermana mayor."

Kitsune se tomó la libertad de reír por la ironía. Su mentecita jugó con la idea del nombre, ¿ponerle "puesta de sol" a una niña con cabello negro como la noche?, que ironía tan adorable, de seguro iba a recibir muchos halagos cuando creciera respecto a ello, tal vez incluso algunos juegos o motes. De hecho, ella ya había pensado en uno muy bueno, llamarla "nochecita", gracias a su cabellera negrita.

Oh, no podía esperar para que se conocieran.

Justo cuando iban a preguntarle algo sobre ella o su pasado, las risas murieron. Desde la sombra del árbol cercano al cual estaban, una silueta amorfa comenzó a formarse; primero las piernas, luego el tronco, los brazos, la cabeza... hasta que terminó con los detalles. Luciendo su máscara como era costumbre, y su bello manto blanco como las nubes del cielo, Moira "Metálica" Koil se arrodilló en frente de su pequeña ama, así como de sus invitados.

Metálica: Kitsune-sama, Arturia-hime, Issei-dono -dijo la zorra de nueve colas blancas, alzando la cabeza para mirar a los presentes como saludo. Sus manos se extendieron a una ventana del castillo, y los ojos de Kitsune se iluminaron en alegría y expectación al saber que estaba apuntando hacia el cuarto de la cocina- Nekomata-sama ha terminado con la comida. Vendrá a servirles en un carrito.

¿Un carrito?

Pensaron al mismo tiempo los tres. ¿A qué se refería exactamente la mano derecha de la reina?, mientras que Kitsune pensó en un carro de aquellos que usaban para carros para transportar las cosas, Arturia e Issei pensaron en los carritos que utilizaban los restaurantes.

Curu curu curu curu~

El sonido de unas rueditas sonando llegó a los oídos del grupo. Cuando miraron hacia el horizonte, por el caminito de piedra se veía a un pequeño de cabello marrón, vestido con una yukata de color negro. Nekomata Hiroshkatu, el cocinero del día de hoy, estaba empujando un carrito metálico prestado por algún cocinero de entre todos los que poseía su amada madre.

¿Qué había preparado?, ninguno tenía idea, pues estaba cubierto por una manta color blanco que se removía con el viento por lo fuerte que estaba corriendo. Así es, ni siquiera el propio cocinero -que tenía una radiante sonrisa en su rostro- era capaz de contener la emoción, ya quería llegar para mostrar lo que con tanto esfuerzo había preparado.

Neko, en realidad, había llegado a amar con profundidad tanto a Issei como Arturia. He allí que, similar a como hacía su hermana mayor, les llamara de una forma cariñosa, aunque contrario a esta, los consideraba más sus tíos que un par de hermanos. Con solo unos cuantos meses yendo de reino en reino siguiéndolos a todas partes, tanto la de orbes verdes como su amor con pupilas carmesíes habían llegado a ser queridos por todos.

"¡Haha haha ha!~, ¡ya voy, Kitsu-nee, tío Ise, tía Turi!"

Gritó el pequeño, dejándose llevar por la adrenalina infantil y su propia emoción. Había tomado impulso suficiente como para ejecutar una táctica que le ayudaría a llegar más rápidamente, también porque había una pequeña descendiente en el camino de piedra, Issei, Arturia, Kitsune y Metálica se dieron cuenta inmediatamente de plan que tenía Nekomata.

Iba a dejar que el peso de su cuerpecito sirviera como impulso extra a su pequeño transporte.

Obviamente, eso era algo increíblemente arriesgado, tonto incluso. Pero esas dos palabras definían muy bien la mentalidad inmadura que poseía aquel diosecillo tan joven. Issei, intentando detener a su "sobrino" se puso de pie, llevando una de sus manos a la boca para que fungiera como un altavoz, esperando que alcanzara a escucharle pues aún estaba algo lejos de ellos.

Issei: ¡No lo hagas pequeño, las piedras del camino son muy desiguales! -exclamó el menor de los hermanos Hyodou, intentando hacerse oír por aquel descuidado. No obstante, solo fue una vil ilusión, porque Nekomata Hiroshkatu se recargó y bajó a toda velocidad por la pendiente, el sonido antes tranquilo de las rueditas se hizo estruendoso como engranajes.

Y, tal como había dicho...

CRRRCK~

"N-NYAHHHHHH"

Salió volando. La trayectoria recta sin obstáculos se había topado con una piedra no muy bien pulida, solo eso bastó para que Nekomata diera varias vueltas en el aire frente a todos sus conocidos, tanto el cuerpo del pequeño cocinero como su carrito se separaron, Kitsune abrió los ojos horrorizada, pues por las posiciones y la distancia haciéndose cada vez más pequeña, parecía que su hermanito iba a ser aplastado.

E iba a doler mucho.

Nekomata juntó sus párpados para cerrar los ojos, pensando tontamente que de esa manera podría mitigar el dolor aún si fuera solo un poco, esperando escuchar tres cosas; primero: el sonido de su cuerpo cayendo en las duras rocas del camino, segundo: el carrito cayendo ya fuese cerca o encima suyo, y por último: los gritos preocupados de su hermana y amigos.

. . .

Pero no pasó.

El temor dio paso a la incertidumbre. Temeroso con lo que pudiese encontrarse, dudó seriamente en abrir los ojos, al final optó por hacerlo, encontrándose con una vista inesperada; tanto su cuerpo completo, como su "transporte gourmet" estaban flotando en el aire, rodeados por una ligera ventisca. Sorprendido, miró hacia el grupo; Metálica tenía extendida una de sus manos hacia él, Issei estaba cruzado de brazos, con una mueca de decepción, Arturia simplemente negaba con la cabeza con los ojos cerrados, y Kitsu-nee... únicamente sonreía, con vergüenza.

Metálica: Nekomata-sama... -habló con un tono brusco y fuerte la albina, casi autoritario, que le hizo temblar al pequeño de manera ligera. Era su modo maternal enojado; ¿pero qué podía esperarse?, lo que había hecho fue una completa y total ridiculez. Bajando lentamente su mano, el chiquillo fue dejado en frente de ellos, mirando al suelo a sabiendas de la reprimenda que iba a recibir más tarde- Eso fue muy, pero muy imprudente.

Refunfuñó, evidentemente cabreada. Kitsune habría abogado por su hermano menor, pero no había caso alguno. Neko efectivamente había hecho una tontería, casi saliendo lastimado en el proceso. Era indefendible, por mucho que le quisiera. Moira Koil, detrás de su máscara y alias, tenía un rostro y aura de decepción que incluso llegaba a sentirse.

Iba a tener una charla muy larga con su pequeño amo una vez estuvieran solos él, Kitsune y Rokiya. Pero por ahora, tomando un suspiro, optó por simplemente dirigirse a la sombra del árbol por el que había llegado, bajo la atenta mirada de aquellos orbes chocolate brillantes, al borde de las lágrimas.

"Disfruten su comida. Nekomata-sama... no cometa más imprudencias, por favor"

Con esas últimas palabras, las sombras se tragaron a la usuaria de eoloquinesis, llevándola al interior del castillo.

Viéndose libre de la presión que generaba su guardiana, Nekomata suspiró, visiblemente más feliz. Dejando de estar encorvado, alzó la cabeza, sonriéndole a su hermana y amigos. Entendiendo perfectamente como Neko había restado importancia total al problema, decidieron hacer lo mismo, no estaban aquí para pelear después de todo. Neko colocó sus manitos en la manta blanca, volteando a ver a Issei, Arturia y Kitsune.

Era hora de añadirle efecto dramático a su presentación.

Neko: Desde las profundidades de casa... hecha con mis propias manos-nyah... ¡construida y cocinada con el mayor amor posible, para Kitsu-nee, tío Ise y tía Turi... les presento... -guardando el silencio tras decir sus nombres, el pequeño dios se dedicó a admirar, disfrutar, gozar y sentir las miradas expectantes que le regalaban aquellos ojos marrones, rojos y azules, los había intrigado, emocionado, y eso era suficiente para él, era hora de la comida- UNA LANGOSTAAAAA!~

La verdad fue revelada; debajo de la tela había un platillo bastante simple para las expectativas de Issei y Arturia; efectivamente, era el crustáceo mencionado, rodeado de unas cuantas lechugas perfectamente cortadas, alrededor del mismo se hallaban tres pequeñas fuentes con camarones fritos, un limón y algo de salsa. Emitía un olor en extremo atrayente, que hizo las orejas de Kitsune removerse con emoción.

Su hermanito nunca había hecho pescado hasta ese momento, así que esto era una novedad.

"Hmm... esto se ve delicioso, Nekomata"

Musitó el moreno, olvidando por completo el enojo que tenía con él por aquella tonta acrobacia. Arturia, feliz, asintió repetidamente siendo dominada por la comida, nadie prestó atención al rugido de su estómago, para su gran alivio. El castañito, por su parte, se sonrojó mientras se rascaba la mejilla, sus orejas gatunas levemente decaídas.

Como se esperaba, la descendiente del rey Arturo iba a ser quien primero probara aquel manjar. Bastaron solo dos zancadas para disminuir drásticamente la distancia entre ella y la comida, su mano, recordando perfectamente las partes comestibles de una langosta, fue por la cola. Agarrándola con los dedos, aplicó algo de fuerza para partir un trozo lo suficientemente grande como para satisfacerla.

Lo siguiente que vino, fue algo de limón, que no tardó en rociar sobre la carne.

Squishh~

Hizo el pequeño fruto al rociar su contenido sobre la carne carmesí. Pese a que su pulgar e índice estaban empapados ahora, no le importó en lo más mínimo a Arturia Pendragon, tenía hambre. Hubiera dado el primer mordisco, de no ser porque se dio cuenta de los tres pares de ojos a su alrededor; Issei tenía los brazos cruzados, sonriéndole amorosamente, los ojos de Neko brillaban como si se trataran de luces y, finalmente, Kitsune estaba con una ceja alzada, los labios curvados en una mueca de curiosidad.

Arturia: ah... eh... lo siento, ¿debí pedir permiso? -una pregunta que llegó tarde, bastante. Parte de la saliva ya se le estaba cayendo por la comisura del labio, tenía escrita la palabra "hambre" por toda la cara, ¿cómo se le había ocurrido que preguntar algo así era buena idea?, Issei soltó una risa enamorada, incrementando el bochorno que sufría su mujer.

Nekomata negó con la cabeza visiblemente emocionado, aún no se le habían pasado los efectos emocionales por el halago de Issei. Teniendo autorización por parte de todos, por fin aquella madre pudo darse el gusto que tanto estaba esperando. "Crunch" hizo la carne de la langosta cuando entró en su boca, a ojos cerrados, Arturia lentamente comenzó a degustarla.

Una mordida. Dos mordidas. Tres mordidas.

"¿Y bien, Tía Artunyah? ... ¿cómo está?"

Pese a que tenía confianza en sus habilidades culinarias, y podía ser abalado incluso por su hermana mayor, se sentía un dejo de preocupación en la voz del pequeño dios. Las gustos de todos eran distintos, así que no había regla alguna. Lo que podía disfrutar un grupo, otro podía odiarlo, principio aplicable a todo tipo de cosas, especialmente comida.

Y esos segundos de silencio le estaban haciendo dudar.

Issei, preocupado, colocó una mano en el estático hombro de su esposa, las dos cejas arqueándose como clara señal de su estado anímico. No era normal que tras comer algo, la Pendragon se quedara estática de esa manera. Casi parecía estatua, sus ojos estaban abiertos de manera anormal, ¿era sorpresa? sin duda alguna, pero la pregunta era... ¿estaba sorprendida para bien o mal?

La respuesta que buscaba llegó con una cabeza girando a un ritmo muy, muy lento hasta que pudieron mirarse fijamente.

"Ise... tienes que probar esto... es.. ¡MARAVILLOSO!"

Fue como un grito. Arturia incluso se inclinó hacia él, tomándole de la camiseta. Sus dientes terminaron por triturar los restos de carne, aún a milímetros del rostro masculino. Nunca había escuchado gritar de esa manera por comida a su dragoncita tragona, algo había en esa carne que la hizo saltar por los aires. Separándose de ella, se acercó al carrito.

Tomando una de las tenazas con las dos manos, usó su fuerza bruta para partirla, la carne blanda cayó sobre sus dedos, caliente y con un olor apetitoso. Sin esperar más -porque también tenía hambre, y Neko estaba saltando de la impaciencia- la llevó su boca con las expectativas bien altas.

Munch... munch... munch...

Aparentemente, lo que vino a continuación la morena lo anticipaba. Porque, sonriendo de una manera confiada, miró a su hermano menor al mismo tiempo que él. Issei había probado muchas cosas en su vida, era un cocinero experto también, de hecho era él quien hacía los platillos de su esposa la mayoría de las veces -por no decir casi todas-, pero nunca...

Nunca había degustado algo tan diferente y especial como esa langosta.

Issei, con los párpados abiertos, colocó ambas manos muy fuertemente en los hombros de Hiroshkatu menor. Neko, sorprendido, pero para nada asustado, contrarrestó su mirada de respeto usando una de alegría, mostrando sus dientes blancos y aquel brillo especial cada vez que hacía un platillo. Era este el momento que estaba esperando, cuando halagaban su comida.

Hyodou, asintiéndole, apretó suavemente su agarre pese a ser firme.

"Muchacho... esta es una de las mejores langostas que he comido... "

.


.

Sus ojos estaban igual de abiertos que ese día en el cual probó por primera vez algo creado por esas pequeñas manos. Issei dejó sus recuerdos atrás, volviendo a cerrar el baúl para mirar a su impaciente hermana mayor, ya no estaba tan nervioso como antes. Nekomata era su salida a este predicamento, si había alguien que podía hacer un pastel como el que necesitaba para su cumpleaños, era él.

Ya no había problema alguno.

Aria vio a su hermano cambiar la postura, caminando lentamente hacia ella para agarrarla del hombro derecho. Subiendo la mirada, vio la confianza que tenía ahora mismo, ya no estaba preocupado, ni temblaba. Algo había cambiado en esos segundos donde estuvo viéndola como perrito degollado.

Issei: tu tranquila, Aneue -dijo él a la Sekiruuytei, caminando hasta la mesa donde había dejado su teléfono, mirando la pantalla. Arturia todavía estaba esperando su regreso. Poco a poco caminó hacia la puerta, pasándola de largo- tengo todo bajo control, así que solo espera. Nuestra fiesta será maravillosa, te lo prometo.

Queriendo escuchar más, la de ojimiel se dio la vuelta inmediatamente, ofuscada. ¿Solo eso iba a responderle?, ¡era prácticamente dejarla con la intriga sin detalle alguno!, no obstante, Issei ya no estaba ahí. Caminando unos cuantos pasos para llegar a las escaleras, le buscó con la vista. Solo encontró oscuridad y escalones, ni rastro de su hermanito.

[No está, chica. Se ha ido, debió usar una grieta dimensional] -comentó el dragón rojo a su portadora, escuchándola emitir un bufido. Aria, impaciente, emocionada, molesta y muchas cosas más, comenzó a bajar las escaleras dando pasos pesados, los cuales emitían ecos. Ddraig observó su comportamiento con un rostro tranquilo, cerrando los ojos en su paisaje mental, preparándose para dormir nuevamente- [No deberías estar tan furiosa. Es tu hermano, sabe muy bien lo que hace. Si dice que todo está bajo control, lo está]

Por supuesto, Aria hizo oídos sordos a lo que dijo su compañero de batalla. Para ella, Issei onii-chan solo estaba huyendo para evitar confrontarla respecto a los planes para su fiesta. Tal vez fuese irracional algunas veces, o incluso ingenua, lo admitía. ¿Pero no querer contarle algo aunque fuese pequeño e insignificante?, era una injusticia total.

"Voy a acusarlo con Okaa-chan..."

Sonriendo ante la imagen mental de su hermano siendo tirado de orejas por su madre, la primer Hyodou empezó su descenso a los primeros pisos del hogar, no decidiendo prestarle más atención al asunto por el momento. Ya luego podría intentar sacarle todos los dulces a la piñata.

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-[Fragmento 2: Las emociones explosivas de un cocinero]-

Tap tap~

Una vez tocó el suelo tras salir de la grieta dimensional que había creado, Issei Hyodou miró con nostalgia evidente las estructuras blancas del Reino de las nubes. ¿Cuando fue la última vez que estuvo aquí?, el tiempo de su propio universo y el de la creación de Outmut funcionaban de manera distinta, pero no podía culparse ni a él ni a ellos, después de todo Outmut creó la vida para entretenerse a si mismo, he allí que los youkais de los nueve reinos y sus gobernantes vivieran tanto, y el tiempo pasara más rápido aquí que en su hogar.

"Será mejor ponerme en marcha..."

Susurró, empezando a caminar en dirección al castillo Hiroshkatu. Issei saludó a algunos cuantos zorros que, tal como esperaba, seguían comportándose y viviendo como la última vez que estuvo allí presente. Pese a que estaban avanzados tecnológicamente, contrario a los dragones del reino de los volcanes y la familia Mondragon, aquí las cosas todavía funcionaban de una manera algo primitiva, pero no por ello era malo.

Tenía un aire natural, vacacional, utópico incluso.

Rokiya se había esforzado mucho para lograr y mantener una paz como aquella, aunque no todo era color de rosas, pues siempre habría revoltosos en todas las civilizaciones e imperios, las cosas si lo parecían y seguirían pareciendo durante mucho tiempo más.

El color azul rey de la madera en las puertas le recibió junto a dos guardias, un zorro de cabello azul junto a uno de cabello morado. Ambos Youkais observaron a Issei por breves segundos antes de sonreírle como saludo, moviendo la cabeza hacia abajo. El moreno, respondiendo con un gesto similar, entró una vez las puertas se le fueron abiertas.

El salón real estaba tal y como recordaba, la alfombra roja en el piso que terminaba en frente del trono, los retratos de las generaciones anteriores colgadas en las paredes a su alrededor.

Y ella, siempre sentada en esa silla, nunca desocupada.

"Rokiya"

Habló Issei Hyodou a su amiga, las orejas de la rubia se alzaron al escuchar su nombre, por lo que bajó de inmediato los pergaminos que le trajeron sus sirvientes esta mañana. Sus ojos azules, que parecían tener un pedazo del mar, se fijaron en él. Dos segundos, tres segundos, luego sonrió, poniéndose de pie para bajar hasta estar en frente suyo.

Extendió su mano, y él la estrechó con gusto, empezando a mover los brazos de arriba hacia abajo.

Toda una total novedad el ver al moreno en sus dominios solo, no con Arturia. Haciendo un repaso por sus memorias, la fémina comenzó a hacerse una idea de lo que quería, pero primero las presentaciones.

"Issei. Es un gusto verte de nuevo, ¿pero por qué no está Arturia contigo?, ¿ha pasado algo?"

Directa, como siempre. Riendo levemente mientras le soltaba la mano, el protegido de Izanagi se rascó la mejilla, ¿tan obvio era?, ¿o es porque Rokiya era demasiado astuta?, probablemente eran las dos cosas, mejor no decir nada que podría llegar a ofenderla. Recorriendo los pasillos con la mirada, observó algún indicio de la presencia ya fuese de Metálica, Kitsune o Nekomata.

Nada.

Issei: En cuatro días es mi cumpleaños, y el de mi hermana mayor, necesito un pastel de unos cinco pisos, y quería pedirle ayuda a Nekomata -contestó, explicándole la situación. La Hiroshkatu ganó un rostro de estupefacción por unos segundos, pero rápidamente este cambió a uno de alegría, orgullosa. Tal vez su hijo no fuese el mejor mago, pero el que estuviesen pidiéndole ayuda la llenaba de gozo, Issei, no captando la sonrisa de su compañera, observó alrededor- entonces, ¿dónde está?

"Neko-chan está arriba, Kitsune sube a mostrarle el sistema solar de vez en cuando, estoy seguro que los dos amarán verte"

Replicó, comenzando a subir las escaleras de regreso a su silla. Issei agradeció el gesto, aventurándose a uno de los pasillos que, según recordaba, llevaba a las escaleras del segundo piso. Rokiya sonrió mientras volvía a acomodarse en su trono, cogiendo una vez más sus documentos. Las cosas iban a tomar un rumbo muy interesante, su mente ya se estaba haciendo unas cuantas preguntas.

¿Dónde cocinaría su pequeño?, ¿aquí, o en la casa del moreno?, ¿serían estos 4 días suficientes para hacer un pastel de cinco pisos?, ¿o iba a hacerlo en el día del cumpleaños?

Fuera cual fueran las respuestas, esas solo las tenía su pequeño castañito. Lo más que podía hacer, era apoyarlo y brindarle algunos de los chefts personales en caso de que necesitara ayuda, pero lo dudaba enormemente. Neko amaba la cocina casi tanto como mirar a Saturno, esto iba a ser pan comido.

O al menos, eso pensaba.

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Kitsune observaba con una sonrisa en el rostro la expresión que había adoptado su pequeño hermano menor. Frente a ellos, abierta en forma de rectángulo, una pequeña porción del sistema solar estaba siendo proyectada, aunque pese a mostrar todos los planetas, la de orbes marrones alcanzaba a distinguir entre los iris de Nekomata el reflejo de las rocas de Saturno.

El planeta favorito de su pequeño hermano, y el que más le gustaba ver.

"¿Lo estás viendo, Kitsu-nee?... es hermoso..."

Musitó el príncipe, pese a que no le gustaban aquellos títulos, ni las joyas. Bueno, no es como si su madre o alguno de sus ancestros las hubiera utilizado. La zorra de cinco colas asintió cerrando los ojos, no molestándose en que su hermano la viera, sumiéndose en la nostalgia: antes, solía ser Metálica quien efectuaba aquél espectáculo cuando eran unos niños y ella estaba empezando a descubrir sus poderes.

Ahora, que podía considerarse una maga de rango medio, era ella quien entretenía a su hermano durante las tardes, hermano cuya expresión y fascinación por las estrellas y el vacío del espacio no habían cambiado en absoluto. ¿Quién era ella para juzgarlo?, si bien, no llegaba tan alto como la suya, Kitsune admitía sin problema ni vergüenza alguna que el vacío infinito del cosmos era una de las mejores creaciones de Outmut.

"Tal vez debería hacer comida con nombres espaciales..."

Su única cola gatuna empezó a moverse, al igual que sus orejas. Kitsune alzó una ceja, imaginándose a su hermanito intentando replicar una galaxia con distintos tipos de comida o carne, hasta incluso planetas. Postres sería la mayor opción, tal vez un batido o usar chocolate, diablos, podía verlo incluso haciendo planetas, a veces la creatividad de ese pequeño bribón no conocía límites.

Kitsune: en serio, Neko-nii, deberías empezar a escribir todo lo que has creado -propuso por millonésima vez la hija mayor de Rokiya, dejándose caer en la almohada que había puesto detrás suyo, su rostro mostrando algo de decepción. Todo ese conocimiento, esas ideas y recetas, esa creatividad culinaria... creaciones de un solo uso, olvidadas tiempo después, como si nunca hubieran existido- Ya ni siquiera recuerdas lo que preparaste la semana pasada cuando cenamos.

No hubo respuesta.

Inamovible, e imperturbable, sin saberlo, Neko estaba imitando a los humanos del siglo 21 cuyo único pasatiempo era ver la televisión. Kitsune, ladeando la cabeza, alzó su pierna para tocar la espalda de su hermanito, empujándole con cuidado en el proceso, la madera de su Geta arrugó parte del kimono de Neko, inclinándole levemente hacia adelante. No le prestó atención, de hecho, llegó a alzar la cabeza para seguir teniendo una vista prudente.

Mirando hacia el techo, la morena empezó a negar con la cabeza. Estaba en trance total, y a menos que viera un meteorito, nada salvo su madre iba a sacarlo de su pequeño mundo.

TOC TOC TOC

"¿Hola?... ¿Kitsune, Nekomata?"

No obstante, el destino quiso otra cosa. En un movimiento perfectamente sincronizado, gato y zorra observaron la puerta del cuarto, girando otra vez las cabezas para verse mutuamente, se lo preguntaron en silencio: habían escuchado la misma voz, no fue una imaginación. Solo había una persona que podía hablar así; perdiendo todo el interés en el espacio, Nekomata brincó del suelo para correr hacia su puerta, sonriendo ampliamente.

Neko: ¡tío Issei, tío Issei! -gritó repetidamente tomando la manilla con todas sus fuerzas, girándola hacia la derecha para abrirla, casi tiró la puerta en cuestión: si, ese cabello negro, esos ojos rojos, ese porte tan amable y esa cara... abriendo levemente la boca, el pequeño dios se tiró a los brazos de Hyodou, abrazándolo con toda la fuerza que encontró- ¡TÍÍÍÍOOOOOOO! ¡Nyah!~

Emitiendo un maullido, el cocinerito empezó a frotar su cabeza repetidamente contra el cuerpo del joven hombre, quien tras unos segundos, correspondió el abrazo riendo ligeramente. Sus ojos escanearon el cuerpo del chiquillo desde sus orejas erguidas hasta sus sandalias de madera, había crecido muy poco desde la última vez que estuvo allí, probablemente debía de estar entrando en los diez años de edad divina.

Kitsune, por el otro lado, se acercó con más lentitud y calma hasta el protegido de Izanagi, imitando el gesto de su hermano menor. Issei también observó a la pequeña, quien, como era de esperarse, seguía siendo más alta que el castaño, no había que pensar mucho para saber que estaba entrando en la adolescencia, de hecho, consiguió ver sus pequeños colmillitos sobresaliendo de su dentadura.

"I-nii, ha pasado tanto tiempo... ¿un mes para nosotros, no?"

Preguntó la de orbes marrones, no rompiendo el sandwich en el que habían puesto ella e Issei a Nekomata, quien empezó a ronronear y removerse cual gusanito, para gracia del par. Haciendo los cálculos, se atinó a asentir. Neko colocó sus manos en su cuerpo, empezando a fungir como palanca para intentar separar a los dos pelinegros, que tras jugar un poco con él mediante un abrazo más estrecho, finalmente decidieron por separarse.

Los dos hermanos se sentaron en el borde de la cama, con Issei en medio de ellos. Tal como Rokiya había dicho, una ventana mostraba el sistema solar de aquella dimensión, posiblemente conjurada por la propia Kitsune, o eso le decía la cara de orgullo que mostró cuando volteó a verla.

Neko: ¿qué haces aquí, tío? -preguntó visiblemente emocionado el youkai, rebotando en su propia cama de arriba a abajo mientras le miraba con los ojos brillantes, rebosante de emoción y adrenalina, sus dedos tomaron los del ojirrojo con fuerza, lejos de hacerle daño, Issei relajó sus músculos enternecido- ¡¿está la tía contigo?!, ¡¿vienen a entrenar?!, ¡¿cuántos años tienes ahora?!, ¡¿eres super duper fuerte?!, ¡¿viniste con tu hermanyah?!

Cinco preguntas... fueron menos que la última vez

Pensó para si el hijo de Aori y Hanako, sus cejas curbándose en una expresión enternecida. Su mano subió hasta la cabeza del chiquillo, empezando a acariciársela de una manera suave y relajada, como era de esperarse, ronroneos empezaron a salir de su boca poco a poco. Tras darle unos cuantos mimos al infante, suspiró, recordando el motivo de su visita que por breves instantes había olvidado.

"No, Turi está en casa, tampoco he venido a entrenar, si; soy más fuerte que antes, Aria está ocupada... y respecto a mi edad, de eso quería hablar contigo, Nekomata"

Los párpados cerrados hasta ese momento del principito se abrieron, su cabeza se ladeo ligeramente hacia la derecha, Kitsune irguió sus orejas al mismo tiempo que él, claramente ambos hermanos sintieron curiosidad por lo que había dicho. Tomando un porte más serio -pero aún así amigable- para con el menor, se puso de pie en frente suyo, solo para agacharse en una sola pierna, estando a su altura.

El destello en los ojos marrones del muchacho se incrementó inmensamente una vez tuvo frente a frente de manera directa los iris carmesíes del humano, aún si se trataba de un tema serio, Nekomata era incapaz de tomárselo de esa manera al cien por ciento, como era de esperarse, aquella cara repleta de emoción era su contestación, resignándose mentalmente, dio paso a la iniciación.

Issei: Escucha, Nekito... dentro de cuatro días voy a cumplir veinticinco años, no solo yo, sino mi hermana Aria -Notando como las extremidades del diosecillo se tornaban rígidas por la emoción, fue más rápido que él; el dedo índice de su mano izquierda se alzó para cerrarle la boquita, como si fuera un gato viendo un punto rojo, sus ojos rastreaban aquél- Si, puedes ir a la fiesta, de hecho, necesito que vengas, porque requiero de tu ayuda: no tenemos pastel, y pensé en ti para cocinarlo.

. . .

No tenemos pastel, y pensé en ti para cocinarlo

Todo desapareció en ese preciso momento. Pensé en tí para cocinarlo, pensé en tí para cocinarlo... pensé en ti para cocinarlo... en medio de toda esa oscuridad, se sintió como si Nekomata Hiroshkatu hubiera vivido ciento treinta mil años escuchando como los fantasmas del presente, pasado y futuro le acusaran susurrándole al mismo tiempo en un cántico ancestral aquella frase.

En su infinita imaginación, Nekomata se vio a si mismo montándose en un cohete azulado con las letras "adrenalina" despegando de su cuarto; su cabeza y la punta del susodicho destruyeron sin esfuerzo alguno el techo del castillo, dirigiéndose bajo la incrédula mirada de su hermana mayor y su tío hasta los cielos, el color celeste poco a poco cambiando a un tono oscuro, cruzando las dimensiones para llegar al espacio exterior de la realidad mortal.

Estaba llegando a Saturno, y justo cuando sus manos estuvieron a punto de tocar una roca del anillo, explotó en pedacitos, causando el final de su historia.

No obstante, en realidad, lo único que le pasaba era el constante temblor de su completo ser. Issei junto a la youkai observaban curiosamente el constante temblar del pequeño niño, el primero en reaccionar fue Hyodou, cuya cabeza se movió a la derecha para mirar a Kitsune, buscando una respuesta. No obstante, comprendiendo sus dudas, ella negó de izquierda a derecha, alzando los brazos.

Lo que le pasaba a Neko era un total misterio.

Preocupado, su mano derecha fue lentamente al rostro del jovencito, pero antes de que pudiera siquiera tocarle el rostro, este mismo le agarró con toda la fuerza que poseía los costados de la palma, tomándolo desprevenido. Issei Hyodou miró directamente los ojos de Nekomata Hiroshkatu, percatándose de las explosiones ocurriendo sin cesar en aquellas retinas.

Estaba a punto de explotar.

"¡LLÉVAME A LA COCINA, TÍO!"

Gritó con todas sus fuerzas, mostrándole su dentadura en forma de una sonrisa tan, pero tan grande que parecía la de un tiburón. Tomó unos segundos, pero al final, las carcajadas llenas de dicha y confianza emergieron desde lo más profundo de su garganta, asintiendo repetidamente, Issei acarició nuevamente la cabellera y orejas del diosecillo.

Como era de esperarse, Neko no le había decepcionado.

"Sabía que podía contar contigo, pequeño..."

Orgulloso, alegre y tranquilo, el menor de "los mellizos H" suspiró mentalmente, sintiendo una gran carga dejar sus hombros. Las cosas se habían solucionado, y ya podía ver una luz al final del túnel... ahora lo único que restaba, era esperar al día de su cumpleaños para enviar a Neko a la cocina, o eso estaba planeando. Había mucho que detallar, como en dónde lo iba a cocinar y si era realmente conveniente el hacerlo el mismo día de la fiesta.

No había tiempo que perder.

.


.

-[Fragmento final: La batalla de un verdadero repostero]-

El día había llegado.

Emergiendo desde un portal cuatro días más tarde, Nekomata Hiroshkatu aparecía en frente de la casa de Hyodou Issei, a su lado su hermana mayor quien, con sus orejas rígidas por la emoción, había ejecutado siguiendo atentamente las instrucciones de Metálica, su primera brecha dimensional. Por fuera, el pequeño recinto estaba como ella recordaba la vez que había venido de visita.

Pero por dentro, las cosas estaban animadas, podían sentirse los pasos.

La guardiana de la familia, por otro lado, fue la primera en dar dos pasos hacia adelante, sujetando las manos de ambos. Neko, quien era el más ilusionado de los tres, empezó a brincar cual cangurito en lugar de caminar, subiendo y bajando su peso completo en el brazo de la albina, quien no le reprimió en ningún momento. En su espalda, una pequeña mochila donde tenía sus propios utensilios de cocina.

"Es una pena que Oka-sama no haya podido venir..."

Comentó Kitsune, observando maravillada como siempre sus alrededores, la tecnología y la civilización del siglo 21 siempre había sido algo que la impresionaba bastante, en especial sus estructuras. Todo aún en los nueve reinos estaba con un aspecto medieval -incluso el reino de los volcanes- por lo que, incluso una mísera casa junto a la calle pavimentada, rodeada de otros hogares, era maravilloso.

Moira: Hiroshkatu-sama es una mujer ocupada, Kitsune-sama -replicó la albina, habiéndose quitado más por respeto que otra cosa su caso junto a la armadura que usualmente portaba. Issei le había dicho que fuera lo más casual posible, pero desde su perspectiva, una celebración ameritaba elegancia, por lo tanto, su elección terminó siendo un traje color grisáceo, aún oculto por su capa- No obstante, estoy segura de que hubiera amado estar aquí.

La pequeña morena perdió su entusiasmo al recordar a su madre, optando por simples asentimientos. Una vez estuvieron frente a la puerta, Neko fue el primero en separarse de ambas féminas, alzando su puñito.

TOC TOC TOC

"¡TÍOOOOOOOO!~, ¡YA LLEGAAAMOOOOOOOS!~

Gritó a todo pulmón sin siquiera contenerse, la peliblanca de orbes oscuros por poco y se adelanta para agarrarle de la boca, pero se contuvo al recordar que era relativamente temprano para estándares humanos: las tres de la tarde para ser más precisos. Suspirando, Moira y Kitsune se posicionaron detrás del muchachito, esperando a que se les abriera la puerta.

Cliink~

Ocurrió más rápido de lo esperado, incluso con la música.

.


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10 Minutos antes, dentro de la casa, las cosas iban... relativamente bien, para los estándares de Hyodou Issei en un día tan ajetreado. Su querida Arturia estaba a su lado, como si fuera una segunda al mando, él se sentía -si bien era la estrella principal de hoy junto a su melliza- como un general en pleno campo de guerra, armando la estrategia, siendo todos los invitados que iba a tener sus enemigos a vencer en esta batalla.

Una idea bastante... acertada.

"Ise-sempai, ¿dónde llevo esto?"

La voz de Shirone Toujou le sacó de sus pensamientos. La pequeña gatita tenía sus orejas y cola reveladas, vistiendo una camiseta blanca y unos shorts negros hasta sus rodillas producto del calor, entre sus manos habían varias bebidas de tres litros, sujetadas por los alambres de plástico. Eran paquetes que, un ser humano normal no podría llevar sin lastimarse los dedos.

Pero hablaba con una Nekoshou.

Antes de poder contestarle, la mano de su mujer se posicionó en su hombro derecho, impidiéndole continuar con sus planes. Arturia observó sonriente a su marido, asintiendo con la cabeza en entendimiento. Era turno suyo para tomar control de la situación, con tal de quitarle algo de peso a su carga. Pendragon apuntó a las ventanas abiertas que daban al patio del hogar, una mesa extremadamente larga con mantel colorido estaba siendo preparada por los padres del pelinegro.

Arturia: A la mesa del patio, Shiro -replicó Arturia, y como si fuera un soldado, la demonio del clan Gremory marchó a pasos largos hasta la mesa, bajo la atenta mirada de la heredera de la casa Pendragon. Hubiera vuelto la cabeza para observar nuevamente a su esposo, de no ser porque notó la inconfundible cabellera oscura de su pequeña hija: Sunset iba detrás de la torre, sosteniendo entre sus manitos una hamburguesa y otra bolsa con pollo frito, el ahoge en la cabellera dorada de la rey de caballeros se irguió como una antena- ¡alto allí, jovencita!, ¿se puede saber de dónde sacaste todo eso?

Sunset volteó a ver a su madre con su clásico rostro inexpresivo. Los labios de su pequeña boca estaban repletos de restos, una gota de sudor descendió por la nuca del ojirrojo. El metabolismo inhumano que poseía su hija gracias a los genes que le otorgaron era una cosa impresionante, aún si Leone era igual de tragona, algo había pasado en la pequeña Sunset para que nunca se la viese sin algo con lo que atiborrarse la boca.

MUNCH

Mordiendo otra vez su hamburguesa, señaló detrás de ella. Saji estaba friendo en un pequeño puesto algo de pollo, el mismo que traía Sunset. Tanto marido como mujer ganaron un rostro de incredulidad, segundos que su segunda hija aprovechó para huir al patio tras la chiquilla de ojos color amarillo, buscando algo para beber. Arturia miró a Issei, quien levantó los brazos, sin entender.

Issei: Yo no lo... osea... YO lo invité, todo el grupo de Sona está invitado -contestó en su defensa, llevando su mano hasta su pecho en un gesto de solemnidad y solidaridad. Por la cara del rubio, el olor del pequeño puesto que le asignaron era hastiante, cosa que le hacía sentirse un poco mal- Pero jamás sería tan miserable como para solo invitarlo para que esté dando bocadillos, Turi. No tengo ni idea quién-

"Fui yo"

La voz de Sona Sitri volvió a callar al cumpleañero. Este, por millonésima vez, giró la cabeza para observar a la morena, quien ajustándose sus gafas, iba siempre al lado de su querida mano derecha, Tsubaki. Sin esperar ni una sola pregunta por parte de Arturia o su conyugue, alzó un dedo como orden de que se callasen.

"Antes de que me digan algo, necesitan tantas manos como sea posible. Solo piensa en la cantidad de invitados que vas a tener, Hyodou Issei. Necesitarás mucha ayuda, y creo que estás al tanto de lo caprichosa que puede ser tu hermana"

Con eso se lo ganó todo. Ese iba a ser su regalo, estaba más que claro: ayuda. Lo que más necesitaba en estos momentos, iba a ser lo que se le otorgaría, sin precio alguno... vaya que grandes amigos tenía. Riendo un poco, se agradeció con ambas pelinegras, estas marchándose de allí no mucho después, probablemente a alguna otra parte de la casa.

Marido y mujer se pusieron a caminar por la planta baja, observando su alrededor; Leone estaba ayudando a pegar unos cuantos globos con cinta a la pared, Asia estaba cargando una piñata, incluso podía ver a Akeno vestida con un delantal y un paño en la cabeza saliendo de la cocina tras hornear unos cuantos muffins como aperitivos, las cosas estaban marchando bien.

Lento, pero bien.

"¡FU HAHAHAHAHA!, ¡Mongrel, la pista de baile que pediste es asombrosa!"

La inconfundible risa y voz del rey de los héroes fueron sus cartas de presentaciones; bajando las escaleras desde la planta de arriba, el descendiente del original llegaba vestido con su atuendo veraniego; una camisa azul, pantalones blancos y zapatos negros. Manchas oscuras en múltiples partes de su cuerpo indicaban sudor, cosa común, había estado bailando después de todo.

Issei: Me alegra saber que te gustó, doradito -replicó rascándose la cabeza el de orbes rojizos, al menos haber aprovechado la contribución de Azazel para el día de hoy había sido una buena idea. Lo único que le molestaba era el sistema de sonido, pues no deseaba molestar a los vecinos, aún con algunas runas para amortiguar en las paredes, estaba seguro de que con semejante estéreo algo de sonido iba a colarse hacia afuera- por cierto, ¿por qué tienes tu tablet?

La sonrisa que le dio el usuario de Gate of Babylon no fue para nada una buena señal. Dentro de él un sentimiento de arrogancia mezclado con maldad empezó a nacer en lo más profundo de su estómago, subiendo hasta salir por su boca de la forma más predecible que podía haber, tratándose de alguien como Gilgamesh.

"¡FUHAHAHA HAHA!, ¡PORQUE YO SOY TU DJ Y ESTE ES MI PANEL DE CONTROL!"

Tanto Issei como Arturia abrieron los ojos enormemente, registrando su título. ¿Gilgamesh, el DJ del día de hoy?... eso significaba que tenía control absoluto del sistema de sonido en esa pequeña abominación tecnológica. En cámara lenta, el brazo del rubio empezó a alzarse, sus dedos poco a poco se acercaron a la pantalla, preparado para iniciar la catástrofe sin que alguno de ellos pudiese detenerlo.

¡BRAAAAAVE SHIIIIINE!, ¡te wo nobaseba mada STAY THE NIIIIGHT! kizu darake no yoru, YOU SAVED MY LIIIIIFE

La letra compuesta por su madre emergió con todo el poder posible de los speakers, aún estando arriba, la pareja y varios otros se taparon los oídos. Gilgamesh, por supuesto, no lo hizo, es más; llegó a reír conforme el cantante continuaba, aunque claro, su voz fue totalmente superada por el instrumental de la canción. Desde el patio, Hanako se avergonzó en extremo, incluso tapándose la cara con las manos, manchando los cristales de sus gafas en el proceso.

Aori rió un poco, abrazando a su mujer.

WHAM

Gilgamesh: ¡AUCH! -siendo víctima de una palmada en su nuca, el rey de los héroes fue sacado de su estado jubiloso. Visiblemente molesto mientras sobaba la zona golpeada, volteó a mirar hacia atrás; ojos morados, cabellera verde y un manto blanco le recibieron, acompañados con una expresión de decepción clara y un movimiento de negación. Enkidu le quitó su tableta, bajando considerablemente el nivel de la música hasta que terminase siendo algo aceptable- ¡¿Qué diablos te pasa, Enkidu?!

El peliverde volvió a mover su cabeza de derecha a izquierda, su silencio sepulcral junto a esa mirada cortante hirieron levemente el ya de por si gigantesco orgullo del ojirrojo, haciéndole gruñir. Devolviéndole su tableta, le dio la espalda para irse, cualquiera con media neurona se hubiera dado cuenta de que había instaurado la ley del hielo como castigo, pero no Gilgamesh.

Él, exigiendo respuestas, comenzó a seguirlo mientras repetía incansable su nombre.

Suspirando, Issei metió uno de sus dedos dentro de su oreja, confirmando para su gran alegría que no estaba sordo.

Arturia: Vaya imprudente... tal vez eso le enseñe una lección -Musitó la hija de Uther y Anarah, golpeándose un poco las orejas. Issei asintió, aunque sus ojos no se apartaron de la madera del piso, cosa que ella notó. Su esposo estaba preocupado, ya podía hacerse una idea de qué: todo estaba yendo a la perfección y la avalancha de invitados no había llegado todavía, pero había una cosa que faltaba. Tomándole la mano para hacerle reaccionar, Arturia observó fijamente el rostro de su esposo- Tu tranquilo... ya sabes cómo es Nekomata... él va a estar aquí antes de lo que piensas, nunca nos decepcionaría.

TOC TOC TOC

"¡TÍOOOOOOOO!~, ¡YA LLEGAAAMOOOOOOOS!~

Clarividencia EX triple plus al ataque.

Yéndose a abrir la puerta en una estela de humo, Issei sintió todas sus preocupaciones irse a la tumba cuando vio al pequeño Nekomata acompañado por Moira y su hermana mayor. Internamente se sintió decepcionado de que Rokiya no estuviese presente, pero mentiría si dijera que no se lo esperaba. Abriendo sus brazos, rodeó con los mismos a ambos chicuelos, dándoles la bienvenida.

Moira, por el contrario, simplemente le estrechó la mano, el humano conteniendo los deseos por cuestionar su atuendo.

Aún si el procedimiento estándar era saludar a todos los que tuviera en su camino, tanto Neko como Issei no podían esperar ni un solo minuto más para que el chicuelo fuese a la cocina, tanto fue así, que el muchacho prácticamente le tironeó la camisa en busca de atención, aún poseía aquella determinación y ese fuego fatuo impropio de él en esas pupilas marrones.

Neko: ¡¿DÓNDE ESTÁ LA COCINA, TÍO ISE?! -demandó, casi como si se tratara de un dios hablándole a su vasallo, sus labios tenían una sonrisa de oreja a oreja, sus manos arrugaron aún más la prenda de vestir del joven padre, aquella expresión era casi como la de un tiburón o depredador, que le hizo sudar un poco... Nekomata estaba tomándose demasiado en serio su tarea- ¡PUEDO OÍR EL HORNO-NYAH!, ¡ME ESTÁ LLAMANDO!

Ahora si deseaba que Gilgamesh tuviese la música al máximo volumen. Moira reprimió los deseos nacientes en su ser por tirarle las orejas a Neko, callándose y cerrando los ojos para evitar ver algún rostro de estupefacción de un invitado cualquiera. Kitsune, por el otro lado, ya se había adentrado en la casa, yendo a saludar a Arturia mediante un abrazo cariñoso.

"Claro... claro... está por aquí"

Tomándole la mano, el moreno movió ligeramente su cabeza hacia la albina, quien replicó con el mismo gesto. Issei se llevó a su "sobrino" bajo la atenta mirada de su guardiana, quien, incapaz de ocultar el sentimiento de preocupación que había nacido dentro de su corazón, solo atinó a rogarle a Outmut y cualquier otra deidad en aquella realidad que todo saliera bien.

El destino de esa fiesta dependía de Nekomata-sama después de todo.

.


.

"Subarashi..."

Fue la palabra que escupió el pequeño diosecillo, observando maravillado el gigantesco cuarto que tenía la casa como cocina. Si bien, la del castillo de su madre también era un lugar grande, no dejaba de tener modestia... pero aquel sitio, repleto de lugares para lavarse las manos, refrigeradores, utensilios, parrillas, hornos y demás, superaba por completo lo que él estaba esperando.

El humano detrás suyo se rascó la nuca visiblemente apenado, estrellas salían a montones por los ojitos del castañito como si fuera un niño en una juguetería, un paralelismo muy acertado, pues estaba sintiéndose de una manera muy similar.

Issei: me tomé la libertad de poner unos cuantos sellos y hechizos en este lugar -comentó, caminando para observar con más detenimiento el lugar donde generalmente hacía manjares para su esposa o cualquier otra de sus parejas, de vez en cuando había intentado cocinar al lado de su madre, pero había sido en vano producto del enorme sitio, que terminó abrumado a la ojirroja.

BZZZZT BZZZT~

La vibración de su teléfono le trajo de regreso al mundo real; sacándoselo del pantalón, Issei se encontró con un mensaje de parte de Rias, quien, al lado de Akeno, Irina, Asia y Xenovia habían sido encargadas de mantener a Aria tan lejos de casa como fuese posible hasta que todo estuviese listo, misión que al parecer, no estaba resultando muy bien.

Era su turno de intervenir, por lo que Arturia y sus padres tendrían que tomar control total del hogar.

"¡Tengo que irme Nekito, dejo el pastel en tus manos!"

Exclamó, saliendo a todo dar, su destino siendo el parque de diversiones del cual, según Rias, Aria ya estaba harta. Por supuesto, Neko no le escuchó en absoluto, en su lugar, movió su colita de izquierda a derecha, detallando lo mejor posible en su cabeza un mapa de todo lo que veían sus ojos. Poco a poco, sus labios se transformaron en una sonrisa.

Vainilla y Fresa-nyah...

Pensó, caminando hasta el refrigerador. Un pastel de cinco pisos para todos los invitados era lo que debía de hacer, con esa combinación. Por suerte, los cinco moldes ya estaban listos para ser llenados hasta el tope. Las puertas fueron abiertas, y un mundo de ingredientes fue revelado ante los ojos del castañito, quien, por obvias razones, no pudo reconocer todo en su totalidad.

Era natural, no sabía nada del Mundo Gourment después de todo, así que solo se concentró en sacar los ingredientes necesarios para el primer piso, el más grande de todos.

"Tres barras de mantequilla, azúcar, muchos huevos, sal, leche, ¡harina y polvo para hornyahr!"

Todo fue directo al piso, producto de su incapacidad para cargarlo por sí mismo. Una vez listo los ingredientes, comenzó arrastrando con la derecha la bolsa del azúcar y las barras de mantequilla a la escalera previamente dejada para él, no es que fuese un enano, pero tampoco es como si Issei fuese un hombre bajo o él tuviese la estatura de un adulto.

Poco a poco, todo llegó a su destino; Neko tomó el molde con sus dos manos, observándolo atentamente. Un sentimiento de emoción y nervios se mezclaron dentro de su corazón, por supuesto, les dio la bienvenida con la mayor humildad posible, no siendo capaz de escuchar nada de lo que se pusiera afuera o ellos algún sonido. Estaba totalmente aislado del exterior.

Suspirando, sonrió mientras tomaba una servilleta, manchándola con aceite.

Y el pequeño cocinero empezó a engrasar el fondo del molde, esparciéndolo poco a poco, pensando en todos los que contaban con él; en Issei, en Aria, en su hermana, su madre, Moira... pero sobretodo, en los dos primeros.

"Todo esto lo haré por ustedes..."

Se dijo para sí, sus orejas empezando a moverse junto a su colita, su bracito girando en círculos constantemente. La mantequilla al lado suyo poco a poco empezó a entrar en temperatura ambiente.

El artista ya había empezado su trabajo.

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Aria Hyodou había tenido todo lo que había deseado desde... siempre.

Claro, eso debió haberla convertido en una chica desagradable, creída, egocéntrica y malcriada, pero gracias a lo-que-sea su familia estuvo allí para bajarla de su pedestal cuando más lo necesitaba, o más específicamente, los puñetazos de su hermano mayor la sacaron de la nube en la que se había puesto con todo su santo derecho, trayéndola de regreso a la tierra. Le había devuelto la humildad, en resumidas cuentas.

Pero eso no quitaba el hecho de que, cada vez que todo salía como ella quería, sintiese una satisfacción gigantesca, como si el mundo entero aún estuviera sirviéndole cosas en bandeja de plata.

Ddraig, por supuesto, se mantuvo callado. Hoy era el día más especial de su compañera, y el de su hermano también. Tenía el derecho de sentirse así, por lo que, sonriendo, cerró los ojos, dejándola ser tan malcriada como quisiera y fuese posible.

Sentada en el extremo derecho de la mesa, fungiendo como cabecera, estaba al lado de su hermano, teniendo puesta una corona color azul con el número 25 y él una roja. El cielo ya estaba oscuro, y sin embargo, nadie tenía deseo alguno por irse a acostar, especialmente ella, que con su apetito voraz gracias a su compañero, había podido comer tanta azúcar como quiso, teniendo espacio de sobra para el evento principal.

Aria: ¡Ya es hora del pastel!, ¡¿verdad, onii-chan?! -exclamó, observando al moreno con sus ojos brillantes de la emoción, cual dos luceros. El ahoge en la cabeza de su cuñada se puso rígido como una antena, preocupada. No es que desconfiara de Neko, pero la tarea que se le había encomendado era difícil y compleja, sobre todo porque nadie había tenido noticias suyas desde que le vieron entrar por esa puerta.

Moira y Kitsune se miraron entre ellas discretamente, girando sus ojos.

Aori y Hanako, por debajo de la mesa, se agarraron las manos con toda la fuerza que pudieron. Issei sintió una gota de sudor bajarle por la nuca, pensando en si tal vez hacer más carne para los invitados sería una buena forma de satisfacer sus paladares, en el caso de su hermana, podría ofrecerle algún muffin de fresa para saciarle el estómago, siempre y cuando nadie más la apoyara en la idea.

"Estoy de acuerdo"

La voz de Rias Gremory se hizo presente, sentada en frente de sus dos padres y su hermano, con su servidumbre al lado suyo. Limpiándose los restos de frituras de los labios, observó con evidente entusiasmo a su antiguo peón y amante, mirada que compartían todos los demás de su séquito, incluso Shirone, pese a su dificultad para expresarse, los dulces eran su debilidad.

Oh joder... Neko no ha dado señales de vida

La preocupación comenzó a implantarse en el rostro y alma del moreno, ¿qué hacer?, no tenía noticias algunas de aquel pequeño chicuelo, mucho menos de su progreso, pero eso era culpa suya. Había otorgado total libertad en aquella cocina, si bien no dudaba de sus habilidades culinarias, no podía decir lo mismo del tiempo. ¿Qué tal si no había terminado todavía?, ¿si había metido la pata en la preparación?

La risa del rey de los héroes resonó por todo el patio, entre sus dedos una copa dorada cargada con alcohol hasta el tope, derramándose en el pasto por sus movimientos tan abruptos.

Gilgamesh: ¡Una fiesta no es una fiesta sin un pastel de cumpleaños, Mongrel! -exclamó, alzando ambos brazos hacia arriba en un gesto de emoción, como si acabase de dar un discurso, rápidamente se llevó su copa a los labios, bebiéndose todo el vino de un solo trago, para luego estrellarla fuertemente contra la madera de la mesa, mirando animadamente al ojirrojo- ¡Vamos, trae el pastel!, ¡pastel, pastel, pastel!

La diosa de venus, intrigada, recordó al pequeño castañito habiendo sido llevado a la cocina por su pareja en persona. Había oído de la boca de Arturia que su cocina era exquisita, cosa que, Issei por supuesto, secundó sin titubeo alguno. Mentiría si dijera que no apoyaba la idea, por lo que, dejándose llevar por el comportamiento que estaba teniendo el rey de los héroes, comenzó a aplaudir mientras repetía la palabra pastel.

Pastel, pastel, una y otra vez.

Ereshkigal, dubitativa al principio, fue atrapada por la emoción como una reacción en cadena; sus palmas comenzaron a chocar al unísono con las de su hermana menor, imitándola segundos después. Luego se unió Enkidu, tras él Siduri, después Kiba, Akeno, Asia, Irina, Xenovia, los padres de Rias, la susodicha, incluso Sirzechs aunque en menor medida, controlando su tono de voz pues sino Grayfia le tiraría las orejas.

Así siguió la explosión de emoción, hasta que casi toda la mesa estuvo clamando por pastel.

"¡Pastel, Pastel, pastel, pastel!"

Acorralado, Issei miró a su hermana por una última vez esperando que le comprendiera; pero solo se encontró con sus ojos amielados, los de su querido padre, mirándole con una emoción tan grande que parecía estar al borde de la explosión, supo entonces que no le quedaba otra opción más que levantarse e ir a buscar a Neko él mismo.

O eso hubiera hecho, de no ser porque...

TÚ TÚRU TÚRU TÚUU~

Unos trompetazos salieron a todo dar desde el oscuro interior del hogar Hyodou. Efectivamente, el pabellón de una trompeta se estaba asomando de entre la oscuridad, iluminado por la luz de la luna; el color rojo se apoderó de la pálida piel de Moira "Metálica" Koil en ese momento, reconociendo aquél instrumento inmediatamente: era lo que su amo utilizaba para anunciar la comida, como si fuera el día de la ascensión a la espada de Outmut.

Desde el interior, Neko guardó su trompeta a un lado suyo, podía ver todas las cabezas mirando en su dirección, su atención totalmente concentrada en él. La adrenalina comenzó a recorrer su pequeño puesto, y Nekomata Hiroshkatu una vez más sintió la satisfacción de todo cocinero empezar a inundar cada célula de su ser tanto físico como espiritual.

Neko: ¡El pueblo clama-nyah... y el pueblo recibe lo que pide! -con esas palabras como su presentación, sus piernas empezaron a empujar; poco a poco la oscuridad disminuyó; mostrando un hermoso, enorme pastel de color amarillo producto de la vainilla, con crema sabor fresa en cada uno de sus pisos. Aria pegó un grito mientras se ponía de pie tirando la silla al suelo, sus manos dando un fuerte palmetazo. Una vez estuvo en frente de todos, el pequeño se detuvo, extendiendo los brazos al lado de su creación- ¡Les presento mi más grande creación!, lo llamo... ¡El sol rosita!

Con la mención del nombre, el grito de Aria se intensificó junto a su hambre, tanto así que su estómago rugió incluso. Issei se llevó una mano a su mentón, sorprendido. Moira sonrió con evidente orgullo, Kitsune sonriendo al lado suyo, asintiendo en aprobación, como era de esperarse, había logrado el desafío... no era un pastel gigante capaz de alimentar a millones, pero era más que suficiente para satisfacer a cada invitado de la fiesta.

Neko, alegre, abrió el compartimiento bajo del pequeño carro que había usado, revelando una hilera de platos junto a varios cubiertos.

"¡Coman, Coman-nyah!"

Alentó, separándose para que todos formasen una fila, y así lo hicieron. Uno a uno, los pisos comenzaron a bajar, hasta que gran parte del pastel estaba en los platos de los invitados, esperando a ser comido. Aria por supuesto, fue la primera en clavar su tenedor en la gruesa rebanada que había sacado; el interior del pastel estaba relleno con manjar, si bien era un pastel simple, se veía exquisito.

Acercándose el pedazo a la boca, mordió con anticipación, bajo la atenta mirada del cocinerito y su familia.

Una mordida, dos mordidas, tres mordidas.

Y entonces... nada.

Aria se quedó quieta como una estatua, sin moverse ni un solo centímetro. Aori miró a su mujer, ésta le miró devuelta. Ninguno de los dos había probado la comida de Neko antes, por lo que su preocupación al ver el estado catatónico en el que quedó su retoña era predecible.

Hanako: ¿Hija?... ¿estás bien? -la preocupación en el rostro de Hanako se hizo presente. ¿Tal vez no le había gustado la comida?, sus temores e instintos maternales incrementaron cuando, contra todo pronóstico, una lágrima descendió por el ojo derecho de Aria, bajando lentamente por su mejilla- ¿Aria?, ¿estás bien cariño?

La mencionada tragó lo que, hasta ese momento, había estado almacenando dentro de su boca. Ignoró por completo los rostros de sus invitados, para concentrarse únicamente el rostro de su tan querida progenitora, la mejor cocinera que había conocido en sus veinticinco años de vida, incluso mejor que las manos benditas de su hermano gemelo.

"Okaa-san... ¿tú hiciste esto?"

No se esperaba esa pregunta.

Negando con la cabeza, Hanako observó la rebanada de pastel en frente suyo. Ella no había entrado a la cocina en todo el día, ¿de qué estaba hablando Aria?, intrigada, usó su cuchara para partir un pequeño trozo, acercándoselo al rostro. Sus labios se separaron y, imitando los movimientos de su primer y única hija, se llevó el plato principal a la boca.

Munch... munch... munch...

Una mordida, dos mordidas, tres mordidas de nuevo.

Aori observó cómo halcón el rostro de su esposa, los colores poco a poco se le subieron al rostro, haciéndola enrojecerse. Su instinto de marido se activó cuando sus ojos se llenaron de lágrimas. Los labios de la madre con cabello negro temblaron cual niña pequeña, al mismo tiempo que se le nublaban los ojos. El índice y pulgar de su mano derecha fueron a la pata izquierda, quitándose sus lentes del rostro.

Posteriormente, se limpió los ojos utilizando una servilleta. Sabiendo que su amado pedía explicaciones, volteó para verlo con una sonrisa, intentando contener los deseos por liberar toda su nostalgia, dolor y alegría en frente de todos los conocidos de sus dos pequeños amorcitos.

"Esta es... la mano de mi madre..."

Ahora fue turno del ojimiel para descolocarse. ¿Su Suegra?, esto no tenía sentido alguno, ella llevaba fallecida muchísimo tiempo. Gilgamesh, habiendo presenciado las reacciones de los padres de su mejor amigo, sintió auténtica curiosidad por la cocina de aquel niñato, por lo que, como era de esperarse, también se metió un trocito a su boca.

E inmediatamente abrió los ojos a todo lo que podía.

El sabor, la textura... el sentimiento de familiaridad... era idéntico al de la receta de...

Gilgamesh: Oi, Enkidu... se honesto conmigo -llamó el usuario de Gate of Babylon, el peliverde dejó de olisquear su postre para mirar al rubio, ya se habían reconciliado -principalmente por la insistencia del rubio- por lo que no tuvo problema alguno en prestarle atención. Gilgamesh colocó su mano en el hombro de su mejor amigo, un rostro serio muy poco visto en su persona estaba siendo usado- ¿tú ayudaste a ese chiquillo a cocinar esto?

Como era de esperarse, obtuvo una negativa. Las dudas seguían llegando, junto a la confusión. Poco a poco, las cucharas y los tenedores se clavaron en las rebanadas, los rostros sorpresivos y las reacciones emotivas también continuaron, Barakiel y Akeno compartieron una penuria similar, pues, indudablemente, padre e hija reconocieron la mano de Shuri Himejima en aquel pastel.

Rias cuestionó a su madre, quien negó rotundamente con la cabeza el haber ayudado en algo. Sirzechs y Millicas Gremory observaron fijamente a Grayfia, quien contrario a estos, se mantuvo callada respecto a quién le recordaba aquel manjar tan exquisito, siendo capaz de contener sus emociones totalmente.

Issei, en efecto, tuvo el mismo ataque que su hermana mayor: el pastel indudablemente tenía la mano de su madre en él, pero ella misma había jurado no haber puesto participación alguna, ni siquiera había entrado a la cocina. Sunset y Leone cuestionaron a su padre al respecto, pero como su abuela, de igual forma les dijo que solo había entrado una única vez, cuando Neko había llegado.

El cocinero, por su parte, solo reía por cada mirada de sorpresa o incredulidad que recibía, mientras él mismo se alimentaba con su propia creación, el sentimiento de satisfacción que sentía dentro de su ser era incalculable.

Y estaba seguro de que lo mismo podía decirse para todos y cada uno de los que habían probado su pastel.

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-[Epílogo: El ingrediente secreto más bello del mundo]-

Dos horas más tarde, Issei Hyodou, quien había cumplido veinticinco años aquella noche ya terminada -pues eran las doce- reposaba en la silla donde cuatro días antes, había estado hablando con su mujer respecto a los planes para su fiesta de cumpleaños. Sus preocupaciones ya habían muerto totalmente, todos habían y seguían disfrutando la fiesta, habiéndose iniciado ahora la etapa del baile.

Él, por supuesto, había invitado a Arturia a bailar, pero no sin antes pedirle una charla al pequeño hijo de su amiga youkai, llevándolo ahí donde comenzó todo, donde pensó en él por primera vez.

Neko, quien estaba mirando Kuoh con su cabecita pegada a los barrotes de la barandilla, pensaba en su madre.

"¿Cómo lo hiciste, Nekomata?"

Sabía perfectamente que iba a preguntarle eso. Issei lo notó de inmediato, por la sonrisa que apareció en su carita; no era una sonrisa maliciosa, maligna o con algún atisbo similar. Sino, la sonrisa astuta de un pequeño infante feliz, que había sabido desde el primer momento como resultarían las cosas. Dándose la vuelta, a sabiendas de que la luna estaba detrás suya, quiso lucirse ante el hombre que más admiraba.

Neko parecía una silueta color negro, gracias a los rayos blancos y las estrellas en el cielo.

Neko: es simple, tío Issei... -replicó, con las manos en su espalda, sintiendo el viento cálido del verano nocturno pegándole cariñosamente. Su delantal, el gorrito que se había puesto y su cola se movieron, haciéndole cerrar el ojo derecho como si estuviera guiñándoselo- Solo hay una cosa en el mundo que puede llenar el corazón de las personas...

No obtuvo la respuesta de ese pequeño, pues él ya la sabía. Issei emitió una risa pequeña, asintiendo al comprenderlo todo. Sin duda alguna, ese pequeño chico estaba lleno de sorpresas.

Sin nada más que hacer ahí, ni ninguna otra cosa que hablar, se decidió a bajar las escaleras, yendo a encontrarse con su esposa, quien le esperaba impaciente para bailar algo de tango en compañía de todos los demás.

Viéndose completamente solo, Nekomata Hiroshkatu observó a la enorme luna. Llevando su mano hasta un bolsillo en su delantal, se topó con el frío metal de lo que buscaba; sus dedos se enrollaron alrededor de la pequeña joya, sacándola con el mayor cuidado posible.

Una sortija de matrimonio, adornada con unas bellas marcas celestes y moradas a su alrededor, como un patrón. Colocándosela en su anular, Nekomata la acercó hasta su nariz, aspirando la nostalgia y la alegría que le traía el olor inconfundible del cabello marrón de su amor más grande. Los ronroneos no se hicieron esperar, junto a una sensación de sueño y tranquilidad.

Donde quiera que estuviera... sabía que estaba orgullosa de él, e iba a escuchar atentamente todo lo que había tenido que hacer para conseguir terminar a tiempo su obra magna en cuestión de horas, siempre con una sonrisa, siempre verdaderamente atenta, siempre amorosa, siempre cariñosa.

Esa era una de las tantas cosas que amaba de ella.

Y no podía esperar para volver a verla, y contarle sobre cómo había puesto todo el amor posible en cada piso del delicioso pastel que había hecho para su tan querido tío, justo como aquella vez en que le regaló aquel pequeño pastelito salido desde lo más profundo y puro de su frágil corazón.

Fin.

"Muchos tienen la capacidad de cocinar y llenar el estómago, pero muy pocos pueden alimentar correctamente el corazón de las personas" – Eien no Hiryu 2020.

Fecha de inicio: Jueves 17 de Septiembre del año 2020, 16:37.

Fecha de término: Martes 10 de Noviembre del año 2020, 1:41.

Tiempo estimado de producción: 54 días.

Palabras totales: 13.956

Notas finales: Bueno, finalmente pude terminar este proyecto tremendo, por el cual tuve que pausar todo lo que estaba haciendo. Para los que ya estén acostumbrados a mi posteo "anual" como regalo para mi amigo Eien no Hiryu se preguntarán "¿qué es esta mierda sin sentido?", pues, no, no es mi regalo para él de 2021 ni mucho menos. Todo lo que acaban de leer, fue algo que hice yo porque quería y sentía que era lo correcto. Me tomó mucho tiempo, pero finalmente conseguí darle término y la calidad que deseaba, ¿cliché? tal vez, pero no puedo ocultar la enorme, enorme satisfacción que sentí al terminar esta historia, sentí que añadí mi propio granito de arena al extenso LORE que tiene y va a tener la trilogía de "Heavenly" que Eien está produciendo, pese a que esta historia no es canónica debido a las edades de los personajes. Sin nada más que decir, me despido de ustedes, y les deseo unas muy felices fiestas.