"Todavía no sé por qué estoy aquí." Erik murmuró bajando del auto mirando el vecindario.

"Estás aquí porque te necesito." Charles le respondió cerrando la puerta del auto antes de encaminarse al numero de la casa de Mariana. "Según la información que tengo de la niña, sus poderes son... extraños."

"¿Y no pudiste obtener más información por teléfono?" Erik le preguntó.

"Sí, podría, pero no quise. Necesito estar presente." Charles se encogió de hombros, recordando la breve conversación que había tenido con la hermana de Lindsay, su antigua novia de la adolescencia. Y que según Mariana, tuvo una hija que podría ser suya. Él sacudió la cabeza para despejarse, sabiendo que no era momento de distraerse con ése pensamiento. No hasta que viera a la niña con sus propios ojos.

"¿Cuántos años tiene ésta niña?" Erik preguntó mientras se acercaban a la casa. "¿Y cuando descubrió sus poderes?"

"Tiene siete." Charles respondió mirando alrededor de nuevo. "Y al parecer descubrió sus poderes no hace mucho."

"¿Y sólo estamos descubriendo sobre ella ahora?" Erik se volvió mirando a Charles. "¿Y según la mujer que te contactó dice que la niña es tu hija?"

"Así parece..." Charles le respondió pero se interrumpió cuando vió un auto en la calle flotando de la nada a pocos centímetros del suelo.

"¿Qué rayos?" Erik murmuró viendo lo mismo. "No me digas que la que hace eso es esa niña por el amor de Dios."

"Si lo digo. Puedo sentirla aquí." Charles golpeó su sien una vez. "Ella es poderosa, puedo asegurarte eso. No puedo obtener mucho más, sin embargo." su frente se arrugó en concentración tratando de buscar la mente de la niña, sin ningún resultado. "Su mente está bloqueada, es como si tuviera una pared en su cabeza. Ella es especial."


Un golpe en la puerta hizo que Richard y Mariana saltaran. Cuando abrieron, encontraron a dos hombres jóvenes de pie frente a su puerta. Uno con ojos azules helados y el pelo peinado hacia atrás. El otro con ojos azules amables y con el cabello peinado a un estilo muy cuidado y con rasgos parecidos a Hayley.

"Mariana, es bueno verte de nuevo." Charles saludó a la mujer que solo asintió, antes de mirar a Richard y tenderle la mano. "Soy Charles Xavier. Éste es mi colega Erik Lehnsherr." dijo presentando al otro hombre.

"Encantado." Erik dijo fríamente, sacudiendo la mano del humano.

Mariana perdió las palabras por un momento antes de invitar a los hombres que no parecían sorprendidos por los objetos flotantes en su vecindario. Cuando se sentaron frente a ellos cruzó las manos en su regazo. "Bien, como ya sabes lo que te dije por teléfono Charles, Hayley es tu hija..."

"Antes de que comencemos con ése tema... Sera mejor que nos enfoquemos en lo más urgente." Charles interrumpió incómodo y un poco nervioso, no queriendo entrar en ese tema. Aún no podía creer que tal vez podría ser papá. "¿Cuándo comenzó la niña a mostrar sus habilidades mutantes?"

"Hace dos meses. Después de un accidente automovilístico." Richard respondió.

"¿Accidente automovilístico?" Charles preguntó asombrado.

"Tu hi..." Mariana sacudió la cabeza interrumpiéndose antes de continuar. "Hayley presenció la muerte de una de sus compañeras de escuela después de que fue atropellada por un automóvil. Ella dijo que había sentido a la niña morir."

Erik levantó una ceja a Charles. "¿Qué más puedes decirnos?"

"Ella dijo que de vez en cuando oye los pensamientos de la gente y se asusta, y que puede... mover objetos sin tocarlos."

Charles miró los autos afuera, flotando a unos centímetros del suelo.

"Ella es muy poderosa." susurró Erik mirando a Charles que solo asintió.

"¿Qué pasará con esta enfermedad que tiene Hayley?" Richard preguntó.

"¿Enfermedad?" Erik se tensó enseguida.

"Richard." Mariana replicó, no gustandole llamarle a lo que le sucedía a su sobrina una enfermedad.

"No, Mariana." Richard omitió a su mujer. "Necesitamos saber si hay alguna manera de curar ésto."

"¿Curar? ¿Cree que la niña está enferma, señor Brown?" Erik miró a la pareja, tomándose de la mano. "Ser un mutante no es una enfermedad. Es un regalo."

"Erik." Charles llamó a su amigo para que se calmara, antes de mirar a Mariana. "Desafortunadamente, no hay nada que podamos hacer por Hayley. Ser mutante no es curable... Es algo con lo que se nace."

"Bien." Mariana le dijo. "Entonces tendrás que ayudarme con ella, ya que es tu hija y no sé qué hacer para ayudarla."

Charles se quedó en silencio en sus pensamientos, no podía explicar el miedo que de repente sentía en ese momento al enfrentar la realidad de que Hayley en realidad fuera su hija. Así miro a Mariana de nuevo. "Quizás sería mejor hablar con ella. ¿Podrías llamarla para que pueda hablar con nosotros a solas?"

"Por supuesto. Iremos por ella." Mariana asintió y los dos salieron de la habitación.

"Humanos idiotas." Erik murmuró molesto. "No es una enfermedad."

"Tranquilízate, Erik." dijo Charles. "Sólo tienen miedo."

"No tienen miedo por ella, Charles, le tienen miedo por lo que es capaz de hacer." dijo Erik con voz tensa.

Charles frunció los labios pero no respondió, sólo espero que llegara la niña.

Unos pasos se escucharon y Mariana entró junto a una niña en la habitación. Tenía brillantes ojos verdes y cabello castaño. A los ojos de Charles, tenía mucho parecido a Lindsay.

La niña se detuvo mirando a Charles y después a su tía. "¿Es él?"

Charles escuchó la pregunta de la niña que según era su hija.

"Si cariño." Mariana dijo antes de darse vuelta para mirar a Charles. "Él es tu padre."

"Es joven." La niña dijo ganándose una sonrisa de Charles.

"Si lo es." Mariana dijo antes de mirar a Charles que no apartaba la mirada de la niña. "Los dejo. Creo que tienen mucho de qué hablar." le dió una sonrisa a su sobrina, antes de caminar a la puerta y salir.

Charles dudó un poco antes de sonreírle a la niña.

"¿Me llevaras contigo?" Hayley preguntó de repente.

"Yo... Eso creo..." Charles titubeó, aun incrédulo de que fuera su hija.

Erik se rio entre dientes por la actitud de su amigo, era la primera vez que lo escuchaba titubear. "¿No vas a preguntar quiénes somos?"

"No es necesario." Hayley dijo mirando entre ambos. "Tú eres Erik Lehnsherr y él es Charles Xavier."

Erik rio de nuevo. "Me gusta ésta pequeña niña Charles."

Charles sonrió nuevamente hacia la niña. "¿Y tú eres Hayley Richter?"

Hayley asintió antes de mirarlos una vez más. "¿Se los han dicho?"

"¿Decirnos que?" preguntó Erik.

"Que estoy loca. Que puedo mover objetos y que oigo voces en mi cabeza." Hayley dijo. "Entre otras cosas."

"Ellos no creen que estés loca Hayley." dijo Charles seriamente.

"Tiene razón. Te tienen miedo. No creen que estés loca en absoluto." Erik intervino. "Te temen por completo."

Los ojos de Hayley se oscurecieron de repente al mismo tiempo que la luz en la habitación parpadeó y una taza en la mesa junto a ella se hizo añicos.

"Tranquila Hayley." Charles dijo suavemente tratando de calmarla.

Hayley al darse cuenta de lo que estaba haciendo respiró hondo dando un paso atrás y todo se detuvo. "Lo siento, no siempre puedo controlarlo."

"Está bien. Estamos aquí porque queremos ayudarte." Charles le dijo en voz suave. Luego frunció el ceño al sentir a la niña tratando de leerles la mente. "Es muy grosero leer mis pensamientos, o los del Sr. Lensherr, sin nuestro permiso." sonrió al ver la expresión perpleja de ella. "Nosotros somos como tu."

"¿Son... como yo?" Hayley frunció el ceño.

'Si Hayley. Somos como tú.' Charles le hablo en su mente.

Hayley se quedó sin aliento. "Eres un mutante."

Charles asintió. "Así es, soy un mutante. Un telépata en realidad."

"¿Creías que eras la única de tu clase, señorita?" Erik intervino en tono bromista. "También tenemos poderes."

Hayley negó levemente con la cabeza. "No creo que tengan poderes como los míos."

"Muéstranos lo que puedes hacer." Erik retó a la niña, intrigado por saber a que se refería ella al decir 'los poderes' en plural.

Hayley miró a Erik detallándolo seriamente. "Deme su mano, señor."

Erik dudó pero a regañadientes le dió la mano y de repente, la mesa comenzó a temblar frente a él.

"Erik..." advirtió Charles sus ojos moviéndose de la cara de la niña a la mesa.

Erik frunció el ceño, preguntándose si él era el que lo hacía temblar. Sin embargo, cuando la mesa fue levantada en el aire hasta que golpeó el techo con un pequeño ruido, en lugar de permanecer inmóvil como lo había ordenado con su mano levantada, lo supo. "No soy yo..." hubo un suave tirón en su mano, llevando sus ojos hacia abajo a la pequeña frente a él. Fue en ese momento que lo supo. Aunque aparentemente imposible, tenía que ser cierto. "Es ella."

El silencio sepulcral los envolvió una vez más. Después de una breve pausa, Erik arrancó su mano de la de ella, y vió como la mesa volvió a flotar, ésa vez no tan suavemente.

La mente de Charles estaba agitada, zumbando por una explicación de lo que estaba sucediendo. Levantó una mano a su sien, mirando a través de la mente de la niña y se quedó sin aliento por la cantidad de espacios en blanco y que faltaban elementos de tiempo. Sin embargo, logró captar la imagen de algo que la niña acababa de ver. Sus ojos se agrandaron cuando vió el análisis de las células, y cómo las había sentido de cerca, y las entendió, aunque no eran suyas. Encontró su respuesta. "Ella... aparte de leer mentes puede replicar otras mutaciones. El proceso es realmente confuso e imposible... pero notable."

Erik no pudo ocultar su sorpresa ante sus palabras. Nunca había oído hablar de que alguien obtuviera tal mutación. ¿Podría ser, que con esa habilidad, esa niña podría ser más poderosa que él... o Shaw, incluso?

"Eso lo descubrí hace días." Hayley les dijo nerviosa por sus reacciones. "Pero también se hacer otra cosa." cerró los ojos y cada objeto a su alrededor salió al aire, flotando en silencio. Incluso los autos en la calle estaban sobre el piso y simplemente subían más y más alto. Erik y Charles sintieron que el sofá en el que estaban sentados se elevaba en el aire. La niña abrió los ojos mirando a los dos hombres que flotaban sobre ella.

"Creo que tienes trabajo, Charles." Erik susurró aún sorprendido.

"Sí. Creo que sí." Charles asintió vacilante.


Los tíos de Hayley estaban en la cocina hablando con Charles Xavier y Erik Lehnsherr. Las puertas estaban cerradas, pero Hayley aún podía oír voces apagadas. Estaba sentada en la escalera esperando a que le pasara lo que le iba a pasar. Sabía que Erik y su padre vinieron por ella. Sabía que era una mutante y sabía que sus tíos estaban aterrorizados de ella. Tal vez pensaban que era un fenómeno. A lo mejor sí lo era. La puerta se abrió y las cuatro personas salieron. Ella se puso de pie y bajo los últimos pasos.

Charles fue quien se acercó parándose frente a Hayley. "Hayley. Sabes que vine para llevarte conmigo." cuando la niña asintió continuó. "Yo te ayudaré a controlar tus poderes y a usarlos para siempre..."

"O puedes quedarte aquí y todos los que amas se aterrorizarán." Erik dijo con una mirada fría.

Hayley miró a sus tíos. Desde ese día en el consultorio del médico con su tía supo que era diferente. Sabía que era capaz de muchas cosas. Había leído las mentes de sus tíos. Había escuchado sus voces incluso cuando no querían ser escuchados. Sabía lo que realmente pensaban de ella. Y además, no podía negar que quería conocer a su papá. Después de años preguntándose donde estaría, si seguía con vida, si se acordaba de ella. Y ahora que por fin lo tenía tan cerca no iba a perderlo, no otra vez. "Iré contigo."

Charles asintió con una pequeña sonrisa en su rostro. "Te daremos tiempo para conseguir tus cosas y despedirte."

Cuando salieron por la puerta, Hayley sin mirar a sus tíos subió a su habitación y sacó su maleta del armario. Le tomó veinte minutos empacar todo. Cuando terminó, miró su habitación, sabiendo que probablemente nunca la volvería a ver.


Después de esa reunión, Charles observaba a la niña de lejos mientras se despedía de sus tíos.

"Charles, ¿seguro que es tu hija?" Erik preguntó aunque las pruebas eran irrefutables.

"Estoy seguro ahora." Charles susurró. "Se parece mucho a su madre."

"¿Cómo se llamaba ella?" Erik preguntó intrigado.

"Lindsay, Lindsay Richter." Charles dijo sin dejar de mirar a su hija. "Mi primer amor de la adolescencia."

"¿Quién diría que ése primer amor, te dejaría un recordatorio de por vida?" Erik preguntó mirando a la niña.

"Mi pregunta es porque no me dijo que teníamos una hija." Charles dijo sintiendo cierta molestia por eso. No sabía las razones de porque Lindsay le había ocultado a su propia hija.

"Tal vez algún día lo sepas." Erik dijo antes de palmear la espalda de su amigo. "Por ahora te toca estrenar la etapa de ser padre."

"Si, lo sé." Charles asintió con rigidez.


Hayley se había quedado dormida en el asiento trasero, después de su larga conversación con Erik, que estaba intrigado por los poderes de la niña.

"Ella es muy fuerte Charles. ¿Lo sentiste?" preguntó Erik.

Charles asintió. "Es fuerte. Pero necesita ayuda."

"¿Qué quieres decir?"

"Ella no tiene control sobre sus habilidades telepáticas. Lo vi en su mente. Descubrió su capacidad telepática el día del accidente cuando murió su amiga. Se conectó con su amiga moribunda y casi pierde la vida." dijo Charles en tono pensativo. "Necesita aprender a controlar esa habilidad y yo le enseñaré a hacerle frente."

Erik rio entre dientes. "Por supuesto que puedes papá."

Cuando llegaron al lugar donde se quedaban Charles llevó suavemente a su hija a una de las habitaciones. Al llegar la colocó suavemente sobre la cama y allí se inclinó peinándole el cabello suavemente. "Prometo que te ayudaré a controlarte Hayley, es una promesa."