Miraculous Ladybug y sus personajes no me pertenecen. Son creaciones de Thomas Astruc (muchas, muchas gracias!).
Esta historia es de mi autoría y se encuentra basada en la serie Miraculous Ladybug y sus personajes. Si consideran que algo no se entiende o detectan errores en la escritura, por favor, haganmelo saber para que lo corrija de inmediato.
Antes de comenzar...
Publiqué este fic ayer, 01/11/19, algo apurada por lo que no lo revisé lo suficiente y me quedaron errores en la presentación, en la imagen seleccionada, en la introducción, en fin, totalmente desprolijo de mi parte. ¡Mil, mil disculpas a los que ayer lo leyeron por primera vez! Ahora sí, acomodé todos esos detalles que me incomodaban y dejé todo como me hubiera gustado que quedara de primera.
Nuevamente, disculpas, espero que no se hayan llevado una mala impresión. ¿Me dan una nueva oportunidad? ¿Si?
Espero lo disfruten
Introducción
Te propongo un juego es un arco del fic Inevitable, también de mi autoría. Mientras escribía el capítulo Agreste, de Inevitable, se me ocurrieron situaciones y escenas que no funcionaban para el hilo argumental de dicho fic pero que, a mi gusto, no eran descartables.
Así que, en los momentos de bloqueos, me propuso jugar con esos trocitos de historia y surgieron algunos drabbles y pequeños one shot. Unc cosa llevó a la otra, y terminé dándole sentido a las escenas aisladas conectándolas y formando esta nueva historia. Me gustó lo que quedó y aquí lo comparto.
Te propongo un juego se desarrolla años después determinar la preparatoria, con Marinette y Adrien ya,podría decirse, como adultos jóvenes de veintiun años y más experiencia. Personalidades más seguras,más sueltas y algo más osadas, sobre todo para Adrien que comienza poco a poco a confundir a una Marinette que, convencida de haberlo superado y estar enamorada de Chat Noir, se arriesga a jugar con él.
La historia es un Adrinette con todas las letras (sí,sí, sé que en temporada 3 de la serie mataron por completo este ship, pero la historia no se desarrolla allí,así que...) que arranca precisamente desde el capítulo Veritas del fic Inevitable, contando trocitos de esa historia que quedaron escondidos y abriendo una nueva línea con otros desenlaces. Ambas historias estarán conectadas pero serán diferentes.
Espero que les guste. Si quieren tomarse unos segunditos de su tiempo luego de leer y dejar sus reviews, yo totalmente agradecida.
Sin más que decir, comencemos...
Inicio 0
Toda historia tiene un inicio, un desarrollo y un final.
Bueno, la mía con él tiene varios inicios, dependiendo desde que parte quiera comenzar a contar. Porque con él, aunque no lo crean, las cosas nunca son lo que parecen. Y yo, simplemente sigo volviéndome loca a su alrededor.
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Marinette
—Esto no… no está bien…— La voz brotaba desde mi garganta como un suspiro, apenas imperceptible entre medio de mis gemidos y mi pesada respiración. Él, perdido en mi cuello, mordiéndome el lóbulo de la oreja, bien podía escucharme, pero no tomaba en serio mi reclamo.
¿Cómo hacerlo si mientras me devoraba todo lo que alcanzaba en esa posición contra la pared de la entrada a su departamento, yo me aferraba a él enredando los dedos en sus cabellos, como si fuera mi oxígeno? No, la verdad ni yo me lo tomaría en serio.
Mi cuerpo le estaba dando el mensaje precisamente contrario al de mis palabras. ¿Cuál creen que él entendería mejor?
—Adrien… esto…—
No me dejó decir más, cerró mi boca devorándola con la suya, hundiendo su lengua para llenarme con su saliva y sabor, otra vez. Seguí intentando decir algo, pero lo que fueran esos sonidos, se perdieron en su garganta y se transformaron en un gemido cuando sentí que había logrado deslizar una mano por debajo de mi blusa.
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Sí, así es, no se equivocan.
La que estaba con los cabellos revueltos contra la pared completamente excitada era yo, y el escultural caballero alto, de espaldas anchas y cabellos dorados que me envolvía manteniéndome en esa posición y que ahora intentaba quitarme el abrigo, era Adrien.
Sip, así estaban las cosas en ese momento, total, simple y completamente calientes.
¿Si estábamos saliendo? No, no, para nada.
En realidad yo estaba trabajando con él en la firma Agreste. Para él, si somos precisos. Trabajábamos juntos, el día completo. Él y yo, mano a mano. Y sí, estaba segura que iba a ser un tanto "complicado" el lunes cuando me presentara a mi jornada y él abriera la puerta de nuestro estudio.
Ya me estaba imaginando la escena: yo completamente roja, del cuello a las orejas con un "¿ho-ho-ho-la?" imposible de terminar de armar mientras lo observaba y recordaba todo esto que me estaba haciendo.
Pero no nos adelantemos. Ahora, dejemos que las cosas sucedan.
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Me despegó de la pared lo suficiente como para tener espacio para que mi campera se deslizara hacia el suelo, y la acompañara la pequeña cartera en la que llevara siempre a Tikki. ¡Pobre Tikki! Seguramente se debería haber asustado (o aliviado) cuando llegó al suelo abruptamente. Pero estaría bien.
Gruñó cuando advirtió que tenía los hombros desnudos. Vestía una blusa suelta sin mangas ni espalda recogida al cuello. No es que no lo supiera, ya me había visto esa noche, habíamos estado prácticamente juntos todo el tiempo. Pero ahora era distinto, una cosa era ver la piel y otra totalmente diferente era tenerla toda a merced de sus dedos, de su boca, de su lengua y dientes porque, sí, me recorría con todo eso.
—Eres hermosa…— Me dijo con su voz ronca, cuándo se despegó de mí por unos instantes, antes de inclinarse para tomar mis muslos con sus grandes manos y alzarme en un único movimiento, depositándome sobre sus caderas.
¡Oh! Genial.
Ahora podía sentirlo en mis nalgas, debajo de la ropa. Y cuando digo sentirlo, me refiero a sentir esa parte, completamente duro, contra mí, ahí abajo. Debo admitir, me encantó. Ese simple movimiento hizo que me hirviera todo y aumentaran mis ansias de apurar el asunto para pasar al siguiente nivel.
¡Ja! Ahí me tienen, "apurando el asunto", la valiente Marinette, saltándome el juego previo. Así de caliente me estaba poniendo ese chico.
Era realmente fuerte, nada le costó comenzar a caminar conmigo encima, prendida de sus caderas y espaldas, y él tratando de seguir besándome en cada paso que daba en dirección a lo que creo que era un amplio sillón doble.
Y yo haciéndoselo difícil, porque simplemente podía. En esa posición tenía algo de control y me encendía aún más ver la excitación y frustración en sus afiebrados ojos al no lograr alcanzarme.
No sé cuánto tramo recorrimos, la verdad no observé demasiado el departamento al entrar ¡como si hubiera podido! Estábamos a oscuras, iluminados lo suficiente por la luz que provenía de afuera y entraba por el amplio ventanal que daba al balcón. No estaba mal, dejaba ver lo que había que ver y escondía esos detalles que siempre queremos esconder las mujeres, algún rollito, celulitis, o lo que fuera que nos hiciera sentir inseguras. Él… él no tenía que esconder nada, estaba real y completamente bueno.
—Adrien…esto no está bien — Aproveché antes de que lograra algo más.
—Tienes razón. — Por fin respondió entre besos, pero no se detuvo.
Me arrojó sobre el sillón, caí rebotando, golpeando primero mis espaldas y luego el resto. Brazos flexionados a los costados, palmas arriba; completamente indefensa, mi negro cabello desparramado alrededor de la cabeza. Él le siguió después, metiéndose rápido entre mis piernas antes de que lograra cerrarlas o correrlas, apoyando sus caderas contra las mías, todo él en mi centro. Venía con todo el chico, no me daba tiempo ni para respirar.
Oh mi dios. Empujó contra mí frotándose y ¡por dios! que se sintió perfecto aunque aún la ropa permaneciera en su lugar.
—Estoy enamorada de él — Susurré al sentirlo antes de que pudiera besarme y aprisionara mi boca.
Necesitaba aclararlo. Desde que habíamos entrado a su departamento, sentía que estaba en falta, que era una "chica infiel" con alguien más. ¡Cómo si él no lo supiera! Sabía todo, o lo suficiente para entender que mi corazón le pertenecía a otro ahora. Aunque creo que no le estaba importando demasiado ese detalle.
—Y yo de ella— Me respondió para besarme luego callándome, posando el resto del cuerpo y su peso sobre mí.
Su corazón tampoco me pertenecía, eso me quiso decir. Soy tan sucio como tú.
No me daría tregua, definitivamente no, estaba totalmente decidido y, pensándolo bien, si ya habíamos llegado hasta este punto es porque yo también había aceptado su juego, y completamente. ¿Me estaba haciendo la recatada? Bueno, sí, un poquito, al fin al cabo era una dama, y las damas que se aprecian no son tan fáciles. ¿No?
—Espera…espera…tu…—Balbuceé entre medio de sus labios, al tiempo que llevaba mis manos a su pecho para frenarlo.
—Soy él esta noche ¿un descarado caliente? ¿No era así? — Me sonrió con malicia y deseo, con esa lujuria pesada y oscura y, juro, que sólo le faltaba el antifaz y esas estúpidas orejas de gato para ser igual a Chat Noir, el resto ya lo imitaba perfecto aunque no supiera realmente a quien estaba imitando.
—Me gustas — Dijo con voz áspera. ¿Me estaba hablando a mí o a ella? —No pienses, sólo déjate llevar.—
Ok, no pienso.
No me costó nada tomar su propuesta, nuevamente. Sí, esa noche era fácil. ¡Mierda!
Cerré mis ojos y me limité a sentirlo, olerlo, escucharlo, y era él, todo él, era Chat, y era Adrien, era una mezcla perfecta de los dos, y simplemente me encantaba. Me estaba derritiendo debajo de sus dedos. ¡Que importaba a quien le hablara!
Una ola de placer se formó en mi vientre, caliente, intensa y comenzó a subir acelerando aún más mi respiración, ahogándome, volándome la cabeza. Y ahí saqué el freno de la supuesta decencia de dama que intenté imponer.
Lo deseaba, ¡al demonio! Era una chica mala, sucia y mala, que se iba a tirar a su crush de adolescencia, actual amigo sexi devenido en jefe, imaginando que era alguien más, que era ese gato mujeriego y meloso que incondicionalmente estaba a su lado siempre y la volvía loca.
¿Complicado? ¡Nha! Así estaban las cosas.
Llevé mis manos a su rostro y lo tomé jalándolo contra mí para fundir desesperadamente mis labios en su boca, saboreándolo con todas las papilas de mi lengua. Gruñó entre mis labios al sentirme descontrolada, y bajé las manos por la nuca, por la espalda, cerrando mis dedos, rajuñándolo sobre la tela.
No tardé en comenzar a jalar de la remera para quitársela y no me hizo esperar. Se separó de mí, arrodillándose entre mis piernas, y en segundos su torso estaba desnudo frente a mí, con todos los cabellos revueltos.
—Wow — Es todo lo que pude decir ante la vista que se desplegó. No es que no lo hubiera visto antes, pero ahora, esa noche, todo eso que veía era mío.
Quiso arrojarse nuevamente a mí, pero lo detuve posándole una mano en el abdomen. Realmente quería deleitarme con su limpio y trabajado pecho, las abdominales totalmente marcadas una por una, ese corte en V dibujado tan espectacularmente en las abdominales inferiores que tentaban a seguirlas más hacia el sur, indicando el camino correcto al centro del placer.
Dios… estaba todo terriblemente definido, trabajado, y agitado, y suave, y caliente debajo de mis dedos.
—¿Te gusta lo que ves?— Y me sonrió muy, demasiado, seductoramente. Un gesto tan de Chat.
Sí, sí, lo imitaba a la perfección.
—Me encanta.— Tuve que humedecerme los labios antes de hablar. ¡Y como para que no!
Lo acaricié con ambas manos, recorriendo todo lo que se me ocurriera, gruñó cuando llegué al límite del pantalón. No tuve que hacer nada, lo miré, y pude apreciar que se asomaba. Le clavé mis ojos en los suyos mordiéndome el labio inferior, una sonrisa se me dibujó cuando comencé a desabrocharle rápidamente uno por uno los botones de esa prenda, para darme el espacio necesario y deslizar sin decoro una mano tomándolo completamente, cerrando mis dedos con fuerza. Hervía entre mis dedos.
—Marinette… — Suspiró cuando comencé a moverme lentamente de arriba abajo.
Sí, dijo mi nombre. No el de ella. Tampoco sabía cómo se llamaba ella, nunca me lo aclaró. Pero podría haber dejado escapar otra palabra, otro nombre, un sonido, otra cosa. No, dejó que fuera mi nombre el que se formara en sus labios acometido por el placer que le brindaba ese simple movimiento.
Me dejó obrar un rato, disfrutando de mi contacto mientras me miraba a los ojos. Con la otra mano jalé de su pantalón para liberarlo más y me respondió empujando, profundizando el movimiento entre mis dedos. Gemí, no es que sintiera algo diferente, pero me encantaba verlo así.
Se inclinó levemente sobre mí y yo profundicé los movimientos, hasta que me tomó la muñeca y lentamente me detuvo. Lo miré, estaba encendido, jadeaba y me comenzaba a sonreír.
—Mi turno. — Dijo y se terminó de formar esa típica sonrisa lujuriosa y pesada, y seductora, e irresistible y aterradora.
Oh oh. Retiró mi mano de su pene y la llevo sobre mi cabeza.
Antes de que quisiera intentara decir o hacer algo más, sus dedos me recorrían pesadamente, arrastrando la blusa al subir por mis costillas, quitándomela. No vestía brasier, la clase de prenda que llevaba esa noche estéticamente no me lo permitía, así que esa simple acción dejó mi torso completamente desnudo en un único paso.
Y parece que le encantó, porque se abalanzó sobre mi piel recorriéndola con sus besos, con su lengua. ¡Por dios! Las cosas que hacía sobre mis pechos. No podía evitar gemir y enroscarme en sus cabellos.
Ahora sus manos jugaban con el borde del pantalón, era obvio que no tardaría en querer llegar ahí. Cuando comenzó a jalar para bajarlos caí en la cuenta de que pronto estaría completamente desnuda, que me podría observar sin ninguna clase de barreras, y que podría poseerme.
No es que me faltara experiencia, pero sí variedad. ¿Cuántos hombres hubo en mi vida? Uno, Luka. Bueno, ahora habría dos, Luka y él. Pero todavía no habíamos llegado a ese punto, y me estaba poniendo nerviosa.
Me aterré cuanto la pretina se deslizó de entre mis piernas llevándose con ella mi pequeña braguita, y salió expulsada dejándome totalmente expuesta.
Y él, arrodillado frente a mí tenía un panorama completo. Me tapé la cara con las manos y junté las rodillas cuando pude percatarme de la mirada con la que me recorría, una mirada pesada, encendida que me estaba haciendo de todo sin tocarme, que se tomaba su tiempo para registrar cada centímetro. Sentía que ardía, pero de vergüenza.
—Eres… hermosa— Me susurró antes de tomarme las rodillas y comenzar a abrirlas para tener acceso a ese punto. —Oh…estás completamente… eres…— No terminaba de decir nada, había reparado en que no había vello ahí abajo.
Sí, me gustaba depilarme completamente, se me hacía más, como decirlo, higiénico. Un error de mi depiladora un día, un grito y ahí estaba probando mi entrepierna completamente limpia como una niña de ocho años. Era raro al principio pero luego se tornó cómodo, sobre todo cuando llevaba el traje de Ladybug, no apretaba, no picaba.
A Luka lo enloquecía y ahora parecía que a Adrien también.
Deslizó sus dedos desde mi pubis hasta mi centro, tocándome suavemente, y quemaba. Yo no podía mirarlo, seguía con mi rostro detrás de mis manos. Hasta que sentí su aliento ahí, iba a ... ¡se supone que esas cosas no pasan en la primer cita! Pero esto no era una cita era…era un juego. Bueno, se supone que esto no pasa en un juego ¿en serio estoy pensando eso?, lo que sea ¡no pasa en la primera vez que estás con alguien! Y ¡oh dios! ahí estaba, hurgándome con su lengua.
— No deberías...no...esto...no está...— No podía decir mucho, quería pedirle que se detuviera, pero no me salía, mis palabras se desprendían sueltas sin hilvanar una idea coherente entre medio de mis gemidos y mi respiración agitada.
Arqueé la espalda, el muchacho sabía que movimientos hacer para volver loca a una chica y hacerle olvidar todo el pudor que podía auto limitarla. Poco a poco mis manos soltaron mi rostro, no era necesario tapar nada ya, y encontraron el camino a sus cabellos. Enredé los dedos y apreté con fuerza cuando hizo un movimiento barriendo todo con la lengua que simplemente me enloqueció.
Y en medio de todo ese calor mi cuerpo comenzó a advertir una nueva necesidad, comenzó a experimentar un vacío que sólo él podía completar.
—Adrien… te quiero dentro…— Alcancé a decirle casi sin voz.
Gruñó, esa simple frase lo desató. Se incorporó tambaleante, estaba excitado, su rostro enrojecido. Torpemente comenzó a quitarse lo que quedaba de ropa en su cuerpo. Volvió a mí y maldijo cuando recordó que faltaba algo, sí, la protección. Era un chico precavido.
Giró a buscar su pantalón, no lo encontraba, lo había arrojado detrás del sillón. Lo observaba mientras mi necesidad por él aumentaba. Sin decoro, deslicé una mano a mi entrepierna para acariciar mi clítoris, necesitaba mantenerme estimulada, quemaba, latía ahí. Ya no lo soportaba.
Cuando él se percató de lo que estaba haciendo su mirada cambió por completo.
—¡Mierda! ¿Vas a seguir sin mí? — No sé cómo explicarlo, había algo bestial en sus ojos en ese momento.
—Metemela…ahora…—
No sé cómo hizo ese chico para colocarse el condón tan rápido, pero lo logró y no había terminado de armar la palabra "ahora" cuando se acomodó entre mis piernas. Lo ayudé para que encontrara el camino más rápido aún, creo que lo deseaba más que él en ese momento.
—Oh… por…¡dios!...si… — Lo sentí llenarme en un movimiento.
—Eres…eres…perfecta — En una puja más estaba completando el poco espacio que le restaba de la estocada inicial.
Se movía lento, profundo, tomándome el rostro, acariciándome dulcemente. Pero a esa altura yo no quería eso. Lo quería salvaje, lo necesitaba alocado, y encontré la forma para llevar mis manos a su trasero y empujarlo, marcándole un nuevo ritmo, aclarándole que quería más.
—¿Te gusta duro, eh?— Me sonrió con malicia, con una terrible fascinación por lo que estaba demandando.
Se acomodó llevando sus brazos a mis costados para tener mejor agarre e inició un movimiento más violento, embistiéndome más profundamente en cada puja sin dejar de observarme, sin perderse ni una de mis reacciones. Y ¡mierda! ¡mierda! ¡mierda! era espectacular, me era imposible mantener los ojos abiertos.
Se despegó apenas de mi cuerpo, contrajo las piernas trayendo sus rodillas más cerca de mis glúteos, lo que me obligó a elevar aún más los muslos generando un nuevo ángulo que le dio el espacio necesario para entrar con más brutalidad.
Ese movimiento fue completamente arrollador, se sintió tan intenso que perdí la noción de todo. No tenía idea de que le hacían mis manos o donde estaban, si le mordía el labio cuando lograba besarme, o era su cuello, o si simplemente gritaba demasiado fuerte. El placer que me invadía era apretado, caliente, me comprimía el estómago, hinchaba mi sexo, era tan excitante que se tornaba insoportable.
—Sí… gatito…sigue…— No controlaba nada, ni lo que decía.
Y menos cuando lo oía gemir, ese sonido grave, profundo, me destruía. Su masculina voz y la forma en que entraba en mí, la pasión con la que arremetía en cada movimiento, esto no iba a durar mucho más para mí.
Nunca fui una chica de orgasmo fácil, pero esta noche absolutamente nada de lo que yo creía de mí se estaba cumpliendo. ¿Era el juego? ¿Era que en mi mente estaba Chat? ¿O era que sabía que quien estaba encima haciéndomelo era Adrien?
No lo sabía, sólo podía sentir que estaba llegando, y era fuerte, y era explosivo, y justo en ese momento lo aferré a mis caderas apretándolo con las piernas, con una fuerza que no medía. En su espalda le correspondieron mis uñas y todo fue calor y espasmos, y su nombre repetido entre medio de mis gritos una y otra vez.
Sí, su nombre, no el de Chat, el suyo.
Y no pasó mucho más hasta que sentí su final en mí, me encantó como gimió en ese preciso momento, como se aferró a mis caderas clavándose más profundo. No pude verlo porque estaba perdido en la curva de mi cuello, pero se sentía delicioso.
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¡Uf! Sí, esa fue nuestra primera vez juntos, mi primera vez con Adrien. ¿Caliente no? No fue mi primera primera vez en sí, pero si con él. Con todo él. Siento un cosquilleo abajo con sólo recordarlo.
¿Que como llegamos a esa situación? ¡Qué buena pregunta!
Mmmm…todo inició con un estúpido juego en mi fiesta de cumpleaños. Noche, música, algún que otro elemento "relajante", él que estaba para partirlo y mi beso con Chat que se retorcía por dentro.
Y su juego, ese jueguito que me propuso. Y que yo acepté, claro.
Realmente no conocía ese lado de Adrien, lo ignoraba por completo, pero es tan… para que me entiendan, por momentos siento como si Adrien se estuviera copiando de Chat. ¿Loco no? Y me está volando la cabeza. Adrien y Chat juntos… ¡por dios! Sería como una fantasía hecha realidad.
Bueno, eso hizo Adrien sin saberlo, me propuso hacer realidad mi fantasía. Y lo tomé sin dudarlo. ¡Uf! Este chico siempre me pudo… sí, así es.
Creo que Alya tenía razón, porque ahora que lo pienso bien, no puedo echarle toda la culpa al juego, esa fue una excusa. Creo que todo inició unas semanas antes. Sí, sí, ahora que lo recuerdo las cosas se volvieron más "tensas" entre nosotros después de esa conversación.
Me acuerdo de ese día como si fuera ayer… Si, la forma en que me miró casi me devuelve a mis quince.
Pero ese, ese es otro inicio. Uno para contarlo tomando un café al lado de la ventana en un día lluvioso. Ahora, no llueve y necesito una ducha fría.
Editado 31/05/2020... sí, sí, estoy con esa cosa de editar... jajajaja
