Inicio -1


Existen momentos de tu vida en los que la razón no tiene sentido, pertenecen sólo al corazón y el corazón no sabe de explicaciones ni de motivos.

Sólo conoce lo que quiere, y lo que quiere es vivirlo.

Y él se estaba metiendo en mi corazón.


.

.


Marinette


—¿Todo bien con Luka?—

La voz de Adrien me distrajo de la melancolía en la que había quedado ensimismada luego de que Luka se retirara del lugar.

Era una noche un tanto complicada para mí.

Celebraba mi primer cumpleaños luego de romper con él y creo que eso me pesaba aunque hubiera intentado no reconocerlo.

Su voz, su mirada tan tranquila, tan profunda, era imposible que no devolviera a mí toda clase de recuerdos, de situaciones vividas, de sensaciones experimentadas.

Pero esa no era la peor parte. Ni tampoco la única.

Porque junto a esos recuerdos, regresaron la angustia y el vacío con los que había estado lidiando desde el momento en que abrí mis ojos esa mañana, cuando mis padres me despertaran temprano cantándome el cumpleaños y portando mi pastel favorito entre sus manos.

Esa noche, la noche de mi cumpleaños, sería la primer noche en más de un mes en el que llevábamos patrullando, en que me iría a dormir sin cruzar palabra con él, sin soportar alguno de sus chistes, sin compartir nada. Sería la primer noche que no vería a Chat Noir, justamente esa noche, una tan importante para mí.

Así lo habíamos decidido. Él tenía compromisos impostergables con su identidad civil, y yo… bueno, igual.

Pero, en cierta forma, no podía quejarme por cómo se habían dado las cosas. Al menos no había tenido que inventar excusas que pudieran jugarme en contra en el futuro, o arriesgara nuestras posiciones, pero no por eso se me hacía más fácil.

Me pesaba.

Ay, dios

Tenía tantas ganas de verlo… de que me brindara una de sus sonrisas, esas estúpidas y encantadoras sonrisas de casanovas tan insoportablemente seguras y tiernas a la vez…

¿Cómo no intenté algo? Que más daba, tampoco era como que podría haber compartido esto con él. Aún si se lo hubiera mencionado, o se lo hubiera propuesto, o quizás planeado…era imposible. Por un lado, él no sabía que hoy sería mi cumpleaños, no podía tener esta información mía por cuestiones de seguridad. Y, por otro lado, aún si lo supiera, no podría estar aquí conmigo. ¿En calidad de qué?

"Hola chicos. ¿A que no saben la sorpresa que les tengo? He invitado a alguien que les va encantar conocer. Les presento a … ¡Chat Noir, el protector de París! Mi compañero de… "

De nada.

Era una estúpida tan sólo de imaginarme la hipotética situación.

El día había sido largo. Eché mano a cuanto recurso estuviera a mi disposición para mantener esa sensación, esos pensamientos a raya la mayor parte del tiempo. Procuré no quedarme sola por más de cinco minutos. Procuré estar siempre ocupada haciendo algo, conversando con alguien.

Y lo estaba logrando, mi trabajo al que me negué a faltar, el cariño de mis padres, el entusiasmo de los chicos y, especialmente, las atenciones de Adrien; habían logrado en cierta medida que lo olvidara.

Sí, Adrien. La sonrisa con la que me recibió en el estudio esa mañana, esperándome con un capuchino de caramelo y chocolate suizo, mi favorito, en mi escritorio frente a un inmenso ramo de rosas rojas … Él era quien más me había ayudado.

Hasta que Luka apareciera… Desgraciadamente, mi adorado chico azul fue quien jaló el gatillo de mi loca cabeza, devolviéndome a ese lugar, regresándome a ese vacío.

Así que consideré que era la mejor decisión no volver al grupo cuando se retiró. Necesitaba unos momentos a solas para aclarar mis pensamientos.

Pretendía no convertirme en el aguafiestas de la reunión, porque sabía que no iba a poder ocultar mis emociones por un buen rato y tendría a todo el mundo pendiente de mí. Definitivamente no quería eso, no en una noche de fiesta, MI fiesta.

Y allí fue Adrien. No tardó demasiado en encontrarme.

Era consciente de que había estado observándonos conversar.

Observándome, precisamente.

Nunca dejó de hacerlo, aunque se lo hubiera pedido expresamente en cada oportunidad que pude, y si tan solo me atrevía a reprocharle algo sacaba el escudo de: "Pero si total nos queremos así".

¡Bendita la hora en que se me ocurrió decir eso!

Estaba particularmente atento a mí esa noche, tan dulce, tan cariñoso y tan… comestible vistiendo esa remera negra – maldita sea, creo que descubrió que me mataba cuando vestía de negro – que potenciaba cualquier otra cosa que estuviera sintiendo.

Si tan solo hubiera optado por la camisa blanca que le sugerí, por lo menos me habría ahorrado el creer ver a Chat Noir cada vez que se acercaba a mí para hablarme, que era prácticamente todo el tiempo, ya que no se apartó de mi lado hasta que Juleka me avisara de que Luka estaba allí, buscándome. Y creo que no le gustó ni un poco esa situación, a juzgar por la expresión en su rostro, cuando me separé de todos y fui al encuentro, sin siquiera aclarárselo.

No voy a negarlo, me encantaba hacerlo renegar un poquito, al fin y al cabo, él siempre estaba provocándome ¿no?

A pesar de todo, de mi estado, mi sensibilidad y el aura negativa que intentaba ocultar de todo el mundo, me alegró que me siguiera. No sabía si iba a hacerlo pero lo esperaba.

Simplemente adoré que se apareciera de repente a mi lado. Sonreí en ese momento, aunque no permití que lo viera, eso contaría como una victoria para sus constantes coqueteos y no quería darle con el gusto.

Esos jueguitos suyos, tan provocativos, tan parecidos a los que Chat Noir me hacía cada vez que tenía oportunidad, con Adrien se habían vuelto más sofisticados y, en la mayoría de las veces, quedaba atrapada en ellos con el único resultado de todos los colores en mi rostro y su sonrisa victoriosa antes de detenerse y dejarme recalculando mi próxima reacción.

Me ponían nerviosa, me enfurecían y… me encantaban.

Si me sinceraba, ya le había tomado el gusto a encontrarme con sus ojos en mí, a adivinar cómo se las iba a ingeniar ese día para provocarme.

Juro que me parecía que a veces se contenía de tocarme o de intentar algo más que sólo mirarme. Y tan sólo de considerar si quiera esa opción, mi estómago parecía llenarse de toda clase de sensaciones.

Y me fascinaba. Simplemente quería más, cada vez más y no me controlaba en exigirlo y él… él no dudaba en dármelo, cada cosa que insinuara, subiendo el nivel en cada movimiento.

¿Qué mierda estaba haciendo…?

.~..~..~. .~..~..~..~..~..~..~..~..~..~..~..~..~..~..~.

Definitivamente, esa noche fue la más complicada de mi nueva relación con Adrien.

Bueno, la más complicada hasta ese momento, mis queridos lectores. Porque si todo entre nosotros era diferente desde que comenzáramos a trabajar juntos, no se imaginan como estaban las cosas a partir de aquella conversación en la que nos expusimos en un intento de sinceramiento.

No fue la única ni la peor, sólo la primera.

Porque hubo más, muchas más.

Algunas arrancaban con un comentario al pasar y otras se daban luego de que él desplegara el juego del día y terminara haciéndome enfurecer. Y me parecía que había descubierto que cuando me enojaba, no me medía con las palabras y terminaba conociendo más de mí que de cualquier otra forma.

¡Mi error! Lo asumía. No contaba con que Adrien se hubiera vuelto tan… astuto.

Aunque, debía reconocer, tenían sus ventajas. Yo me exponía, sí, cada vez más. Pero gozaba en mi haber con algunos trucos y él no podía lograr más si no soltaba algo en el proceso, por lo que, si bien la mayoría de las veces perdía yo en estas clases de batallas de seducción, me permitieron conocer a un Adrien que no le dejaba ver al resto de las personas.

Un Adrien que era profundo, osado, seguro y vulnerable al mismo tiempo, apasionado y que, definitivamente, era mucho, muchísimo más interesante que aquel que conociera en mi adolescencia.

Y, no voy a negarlo, se había vuelto por lejos, terriblemente ca… Ejem, vamos a decirlo con decoro, su físico había mejorado notablemente. Más atlético, músculos más marcados, un rostro más más masculino, una mirada más profunda y menos ingenua… en fin, no me hagan seguir.

Sí, estos juegos, estas batallas, estaban volviéndose peligrosas porque, aunque me esforzara en pensar que lo que me hacía sentir estaba provocado por su terrible parecido con Chat Noir, ya no era totalmente cierto.

Porque, para mi desdicha esa noche, Adrien le estaba ganando a Chat otra vez.

Aunque todavía no me quería enterar.

.~..~..~. .~..~..~..~..~..~..~..~..~..~..~..~..~..~..~.

—Sí, todo bien.— Le respondí y elevé unos centímetros la muñeca en la que reposaba la delicada pulserita dorada con dijes de mariquitas que Luka me acabara de dar como obsequio.—Vino a darme su regalo—

Mariquitas, juro que a veces me parecía que Luka sabía todo de mi otra vida de superhéroes, pero nunca dijo nada.

Sonreí volviendo a mi posición de lamento, apoyada sobre el barandal de la segunda planta del Grand Palais, lugar en donde Boris Brejcha daba su espectáculo de electrónica esa noche. Entramos cortesía de Nino, para una fiesta de cumpleaños inolvidable.

Y tenía razón. Sería inolvidable.

—Perdona, pero no se nota. ¿Él te hizo...?— Preguntó sin ocultar su molestia por lo que creía que había sucedido.

—No, nada. No me hizo nada malo. Soy todo yo esto que ves —

Adrien apoyó las caderas sobre el barandal, a mi lado cruzando los brazos por encima del pecho, de espaldas a la gente, mirándome.

—Sí, a veces es difícil volver a ver a los ex, ¿no? —

— ¡Ni que lo digas! Sobre todo cuando fue una buena historia. —

Asintió apretando fuerte sus labios para mantenerlos cerrados. Me imagino que algo quería acotarme, pero no lo hizo. Se tomó unos instantes antes de volver a hablar y creo no equivocarme al afirmar que cambió lo que iba a decirme.

— ¿Sabes? Si fue una buena historia, quédate con eso. Quédate con las cosas buenas. No te sientas mal por lo que ya no es, hay una razón para todo ¿no? Para lo que se queda y para lo que se va. — Y me sonrió, todo su rostro se iluminó tras esa sonrisa.

Me encantaron esas palabras. Habían salido desde un lugar que sólo quien lo conociera como yo lo estaba haciendo, sabía que era profundo, no de libro de autoayuda. Provenía de su propia experiencia, de su dolor.

Lo miré apretando los ojos.

— Mierda…no eres sólo una cara bonita después de todo, ¿eh? — Y reímos.

—Mmmm… a veces creo que alguien se llevó a la Marinette que conocía. Esta es mala.— Entrecerró los ojos arrojándome una mirada acusadora mientras me picaba la nariz con el dedo índice.

—No te hagas, te gusta más esta que la de la preparatoria. —

—Definitivamente — Y giró rápidamente para copiar mi posición dejando descansar todo el peso del cuerpo sobre los codos.

Apoyó su hombro contra el mío acercándose aún más. Y no tardó en formarse esa sonrisa tan estilo Chat, mirándome como si me estuviera atravesando.

Me mataba cuando hacía eso.

Y aunque adoraba toda su predisposición para levantarme el ánimo, me sentía particularmente vulnerable en ese momento y él estaba siendo tan… tan perfecto, que cualquier cosa que hiciera iba a complicar aún más lo que me estaba pasando. Y no contaba con la suficiente energía para lidiar con las consecuencias si no lograba desarmar el juego que quisiera iniciar.

—Deberías irte. — Le arrojé rápidamente —Seguir divirtiéndote con los chicos.— Lo estaba echando.

Sí, fue tan frío como sonó. Toda una perra. Pero necesitaba desesperadamente desarmar lo que sea que fuera a hacer.

—Estoy loca esta noche — Alcancé a acotar, antes de agachar la cabeza para esconderme de su escrutinio, porque sabía que iba a hacer eso.

—Mmmm… maltrátame todo lo que quieras, sabes que no voy a dejarte sola. — Y giró su rostro hacia mí clavándome esos hermosos ojos verdes que últimamente me estaban haciendo bajar todas mis puñeteras defensas.

Me mordí el labio inferior al advertirlo. ¡Dios! Me encantaba que fuera tan insistente conmigo. Pero esa noche, no me convenía en absoluto.

Me tapé la cara con ambas manos antes de que notara que estaba comenzando a ruborizarme.

—¡Ay, no! Ahí estás de nuevo. ¡Te dije que no me miraras así!—

Rodó sus ojos con hastío, pero sonreía. El muy desgraciado sabía que iba a provocarme eso, me conocía y demasiado. Y eso también me gustaba.

—¿Vamos a empezar otra vez con eso?—

Asentí entre mis manos. No quería ni mirarlo.

—Marinette…—

Negué sin desarmar mi posición. — Vete.—

—Ya…Marinette…sabes que... —

—No quiero— Y cerré aún más los dedos para terminar de ocultarme.

—Ey, linda...— Me dio un empujón con su hombro sobre el mío, para despabilarme.— Mírame.—

—No.—

Se carcajeó mientras agachaba la cabeza buscando con la mirada de entre mis dedos mis ojos— ¿Pero qué te…?—

—¡Es que esta noche me lo recuerdas mucho!— Le interrumpí hablando rápido, muy rápido, como si soltara una bomba y saliera huyendo.

Separé apenas los dedos que descansaban apretados sobre mi rostro, para brindarme el espacio suficiente y lograr observar su reacción sin exponerme del todo. No iba a gustarle lo que eso significaba cuando cayera en la cuenta de a quién me refería. Lo sabía.

—Ah…ahora entiendo — Su expresión cambió, se ensombreció por completo. Ya no había más picardía, ni sonrisas, ni provocación.

— Luka no es el problema. Estás así por el "chico misterioso". El que me comentaste el otro día—

Asentí.

—Bien.— Es todo lo que dijo antes de contraer el ceño centrando su mirada en la gente, alejándose de mí aunque no se moviera ni un milímetro de su posición.

Si habíamos logrado crear alguna clase de burbuja de calidez con nuestras bromas, en ese preciso instante acababa de hacerla añicos. Era experta en eso, en romper los buenos momentos con mis chicos. Sí…especialmente buena.

Él suspiró. Lo observaba de reojo, no me atrevía a hacer nada más. La tensión que se había generado en ese momento se sentía dolorosamente incómoda. Y la verdad, me pesaba demasiado. Pero era lo mejor, porque en esa noche juro que sus ojos, sus palabras, su aroma, me aterrorizaban.

—Dime — Me sobresalté al oírlo.— Si tantas ganas tenías de estar ésta noche con él, ¿Por qué no lo invitaste?—

Sonó mal. Eso fue un reproche. Sabía que estaba enojado y que no era precisamente eso lo que me quería decir, pero supo contenerse. Y me resultó adorable.

—Sabes que no puedo. Él no…—

—Sí, sí… — Batió la mano en el aire restándole importancia —Él no sabe nada. También me lo dijiste. Y no lo sabe porque eres una cobarde, como lo fuiste conmigo—

Y me sonrió con ironía tras escupirme esas palabras. Esta vez no se había contenido tanto.

—¡Ey! — Reaccioné. — Eso está de más. No te pases. Tú también tienes una "dama misteriosa", no vengas a hacerte el superado —

Sí, sí, también lo sabía, aunque no sospechaba ni un poco de quien podría estar hablando cuando me contaba de ella.

–Sí, pero ella sabe lo que siento.— Otro reproche, con cara de reproche, tono de reproche y bronca de reproche.

Iba a contestarle con un "y aún así no te elige", pero eso sería muy cruel, ¿no? Una cosa es molestar y otra lastimar. Y Adrien no me lastimaba, nunca.

Suspiré aflojando el cuerpo. Él me imitó. Creo que a ambos nos había tensionado esta clase de pelea de ¿enamorados? Parecía eso. Pero no lo era.

Para nada.

—Supongo que da igual, ¿no? Que lo sepan o no lo sepan… de todas formas aquí estamos, solos, extrañándolos. — Sonreí tímidamente.

Me devolvió la mirada unos segundos después, una algo más dulce que instantes atrás.

—Bueno, solos, solos, no estamos. Por lo menos, yo estoy contigo. —

Lo miré. No había provocación en sus ojos, pero sus palabras definitivamente no fueron inocentes.

—Tienes razón. — Chasqueé la lengua entre mis dientes. Se lo reconocía, en ese punto estaba en lo cierto. — Aquí estamos, tú y yo juntos, lamentándonos por no estar con ellos.—

—Que yo sepa, no me he quejado de eso…—

Lo miré entrecerrando los ojos. ¿Es que no me iba a dejar pasar una?

—Bueeenoooo…como digas. A ver, que tal queda así— Carraspeé— Aquí estamos, tú y yo juntos, mientras "yo" me lamento y tú me escuchas.— Lo miré sonriendo con sorna. — ¿Mejor así?—

—Perfecto— Y me devolvió la sonrisa por un instante, antes de desviar su atención hacia otro lugar borrando cualquier mueca de diversión de su rostro.

Y…otra vez la burbuja fuera.

Otra vez el silencio instalándose, generando distancia en cada segundo en el que permanecía apoyado en esa baranda, en medio nuestro, alejándonos más y más. Y ya no me gustaba eso.

— Adrien…—

—¿Mmmm…?—

—¿No te pasa a veces que…que sientes que buscamos complicarnos las cosas?— Mi miró entrecerrando los ojos. —Bueno…hablo por mí…—

—Sí. Siempre digo que la gente busca la mejor forma de arruinarse la vida…—

Reímos.

—Buena frase…Muy buena— Suspiré. — Es que… No sé, míranos a nosotros, con todo ese pasado "misterioso" — Carcajeó por lo bajo al observarme hacer conejitos en el aire con los dedos —Todas las idas y vueltas y ahora…a-aquí, siendo tan cercanos, con esta sintonía, esta complicidad… No sé …¿entiendes a lo que voy?—

—Nop— Y era cierto, su mirada me lo decía.

Suspiré nuevamente aclarando mis pensamientos.

—Digo que… a veces pienso que …como que ahora las cosas serían más fáciles entre nosotros sin ese pasado…N-no sé…Digo…—

Giró de repente hacia mí. Tenía toda su atención, pero me sorprendió la forma en que me miró, como si él hubiera advertido algo entre mis palabras que yo no. Y eso, me puso alerta. Me iba a mandar una de las mías, estaba segura. ¡Si hasta tartamudeaba otra vez!

Ésa era una señal. Debería haber cerrado la bocota en ese momento. ¿Por qué no podía simplemente aguantarme que las cosas quedaran tensas? ¿O porque no le dije simplemente 'regresemos a bailar' poniendo mi mejor sonrisa fingida de fotografía?

No. Elegí sincerarme. Y la seguí.

—Digo, a veces creo que todo…la forma en que nos sentimos, que n-nos provocamos… Digo, sería tan fácil si tan solo nosotros simplemente nos relajáramos y reco…— Y me detuve.

¡Carajo! La cara me hirvió solo con considerar lo que seguía en la frase. ¿En qué mierda estaba pensando cuando casi digo lo que iba a decir?

Así que opté por callarme justo ahí, como si ya no hubiera soltado demasiado. ¡Basta de regalar dichos que luego serían usados en mi contra!

Pero ya era tarde para eso.

—Si tan solo nosotros ¿qué?— Exigió sin disimulo. Su mirada fue determinada.

—Nada — Giré mi rostro hacia otro sector para quitarme de su campo visual, hurgando en mis pensamientos y encontrar algo que decir que completara esa frase urgentemente, no podía dejarlo librado a la suerte, sino lo aprovecharía

— Quise decir que…que ambos deberíamos reconocer que… que tenemos co-corazones… locos. Eso, l-locos. — Balbuceé como pude. Y una tímida sonrisa se esbozó en mis labios como cierre a toda la estupidez.

Él sonrió de lado mirándome de esa forma que…nada. Se había dado cuenta que cambié lo que iba a decirle, pero me siguió el juego.

—No son locos. Nos vuelven locos. — Suspiró — Dicen que el corazón quiere lo que quiere el corazón, ¿no?.—

Hizo una pausa tras esas palabras, para voltear hacia mí nuevamente y clavarme su mirada de la manera de la que siempre me quejara. Iba a provocarme con lo que siguiera, lo sabía.

— Solo hay que estar abierto a eso… Marinette.—

Mi nombre pronunciado de esa forma cerrando una frase tan contundente, sonó devastador. Sonó a exigencia, a demanda impaciente de una decisión. Otra vez estaba ahí, ganándome, incitándome, llevándome al límite.

Mierda.

Y lo consiguió, había logrado tomar algo de ventaja de mi frase sin terminar dejándome al borde del precipicio. Y no debería haber sido tan grave pero por alguna razón, ni respirar podía. No mientras tuviera sus ojos en los míos. Se sentía como si pudiera leer mis pensamientos y me aterrorizó sólo de considerarlo, aunque eso era imposible.

Era imposible…

Sí, sí. Pero por las dudas, lo corrí de mi mente colocando a Chat en el medio para despabilarme, para recordarme de quien SI me debería volver loca. Porque, si se hubiera inclinado aunque sea un poquito hacia mí en ese momento, creo que no hubiera podido resistirme a besarlo.

Estoy frita. Refirta.

—Estás pensando en él, ¿no?—

"¿¡Qué!? ¿¡Qué acababa de decirme!?"

Tuve que pestañear. Me había aturdido con esas palabras. No pude evitar ahogarme con mi saliva al inspirar una bocanada de aire para hablar. Empecé a toser repetidas veces apoyando mi mano en el pecho, para darle más dramatismo a la situación, mientras me ponía roja.

Adrien reía al tiempo me daba pequeños golpecitos en la espalda.

—¿Qué…? — Carraspeé para tranquilizar los espasmos —¿Qué dijiste?—

—Es que me miraste de la misma forma en que me miras cuando hablas de ese chico. Supuse que pensabas en él, ¿no? —

No quería responder a esa pregunta, pero sabía que él no iba a desistir y subiría de nivel y quedaría nuevamente atrapada en uno de sus juegos y terminaría sincerándome aún más allá de lo que estuviera dispuesta a revelar hasta conmigo misma.

—No, bueno… ¿sí? — Encogí los hombros achicando los ojos — ¿Un poquito? — Mis mejillas ardieron.

Me avergonzaba reconocerlo. Él bajó la mirada intentando sonreír, lográndolo apenas. Era evidente que mi respuesta le molestaba, hasta podría decir que le hería. Creo que en el fondo sólo lo había dicho para provocarme y esperaba equivocarse.

Y la verdad, ya no se sentía tan bien esta situación, esta clase de sinceramiento me estaba picando en el corazón.

—Perdona. No quiero mentirte. Es que eres tan… tan parecido y me es…Perdona. — Sacudí la cabeza —Definitivamente me convertí en el aguafiestas de la noche para ti. Es mejor que…—

—Realmente le echas mucho de menos, ¿no? — Me interrumpió, con sus palabras, con su mirada, con todo su lenguaje corporal.

Lo miré y no pude responder con una explicación. La voz no me salió. Me limité a asentir con la cabeza una única vez. Y luego de eso, simplemente quedamos en silencio, inmóviles uno al lado de otro, perdiendo nuestra atención entre medio de la gente.

Purple Noise comenzaba a sonar y me encantaba esa canción, tan distintiva del DJ de la noche. Pero apenas la registraba, como si estuviera sonando pero a lo lejos. Lo único que podía hacer era observarlo de reojo tratando de adivinar en qué estaba pensando Adrien en ese momento.

Su rostro no transmitía nada, se había vuelto especialmente hábil en ocultar sus jugadas. Y me aterraba cuando sucedía eso. Siempre venía algo peligroso para mí cuando no lograba leerlo.

—Dime, ¿Qué es lo que hago, lo que tengo que más te lo recuerda?— Rompió el silencio, girando hacia mí, aún ilegible.

¡Lo sabía! ¡Lo sabía! Ahí venía otro de sus jueguitos. Me sentí de papel en ese momento.

—¿Co -Cómo?—

—Todo el tiempo me dices que te lo recuerdo. — Carraspeó —Bueno, quiero saber qué exactamente de mí te lo recuerda. —

—Adrien ¿de verdad me estás pidiendo eso?— Me descolocó. No sabía si quería responderle, porque creo que ni siquiera yo conocía la respuesta exacta, ni para mí misma.

Él asintió determinado.

Entrecerré los ojos para escrutarlo, como si estuviera buscando sobre su piel una excusa para escaparme. Pero, casi automáticamente, puse toda mi razón en ubicar su respuesta.

¿En serio? ¿Iba a ceder?

¡Puta madre! Iba a hacerlo. Cedería. Haría lo que me pedía. No sé qué clase de magia tenía sobre mí, pero últimamente nunca podía negarme a sus ideas.

Y allí estaba, buscando la respuesta mientras lo recorría con la mirada y los unía nuevamente en mis pensamientos.

Veamos…¿sería su u cabello? Dorado, revuelto, suave. Sí, podía ser.

¿O sus ojos? Sus hermosos y verdes y profundos ojos. Sí, eso también, totalmente.

¿Y su sonrisa? ¡Oh mierda! Definitivamente ahí era un sí. ¿Su voz? ¿La forma en que me hablaba? Se habían vuelto terriblemente parecidos.

Y cuando pasaba cerca de mí, su aroma ¿había otra coincidencia? Oh, sí, ese era un sí rotundo.

¿Los juegos de seducción que usaba conmigo? Mierda, estaba complicada en ese punto, eran prácticamente los mismos.

¿Su cuerpo? ¡Carajo!

Acaso era… ¿todo?

Y ahí me congelé, el Grand Palais se hizo pequeño sobre mí.

Ésa era la respuesta: Todo. Era prácticamente igual a él, sólo le faltaba el antifaz y esas estúpidas orejas de gato y comportarse un poquito más sin vergüenza, y estábamos hablando de la misma persona.

Momento, ¿acaso Adrien era…? No, no, no, no, no. No podía ser.

—¿Todo?— Respondí tímidamente, encogiendo mis hombros y rogando hundirme en ellos lo suficiente para que mi cabello me ocultara. Vanamente esperaba que no me escuchara.

—¿¡Me estás cargando!? — Giró mirándome algo molesto, pero no pudo esconder del todo que le gustó mi respuesta.

— No, Marinette. No puede ser todo. ¿Te escuchas? — Se detuvo unos segundos clavándome una mirada que intentaba transmitir furia. Pero sus ojos brillaban, no estaba realmente enojado. —Si fuera así, si verdaderamente fuera todo… deberías estar considerando que estás enamorada de mí y no de él—

Hijo de puta.

No pudo decirme eso.

Todo en mí se paralizó ante esa revelación. ¿Podía acaso ser que nunca dejé de…amarlo? ¿Y que mis sentimientos por Chat eran en realidad porque lo veía a él en ese gato? ¿Y que al haberlo reencontrado enloqueció mi brújula otra vez?

No podía ser eso. Eran parecidos, eso era innegable. Pero no estaba enamorada de él. No, ya no. Intentaba confundirme. Este era otro de sus estúpidos juegos y quería hacerme caer. Esto no era así… esto no era…

¡No! No iba a volver otra vez a ser esa quinceañera que suspirara por su compañero mientras él iba tras otras. No, ya no. Eso era parte del pasado y que él fuera parecido al hombre del que SI estaba enamorada…sólo era una coincidencia…

Y…¡no podía haber dicho eso mirándome así!

Y seguía mirándome de esa forma. ¡Basta! Y…Dios…era tan, tan…

Ya no podía procesar algo más. Sinceramente, todo me daba vueltas. No estaba funcionando. Había quedado atrapada otra vez en sus juegos y esta vez el resultado no estaba siendo divertido, no para mí.

Tenía que salir de ahí de inmediato.

—Yo…mira… No e-es…así que…Olvídalo. No puedo más con esto…¿Sabes? Y-ya no puedo…— Me separé del barandal en el que estábamos apoyados bajando mi mirada al suelo — Yo… mejor me voy. —

Quería huir.

Y mi cuerpo respetó esa decisión sin preguntarme nada por que comenzó a moverse lo más rápido que podía en sentido contrario, lejos de él, atravesando la gente sin cometer sus típicos errores de torpeza.

Hasta que una mano aferrando mi muñeca me detuvo frente al primer escalón de una de las amplias escaleras que conducían hacia abajo.

—¡Marinette! Espera. No te vayas.—

Volteé, él se acercó inclinándose hacia mi oído para que lo escuchara por sobre las conversaciones de la gente y la música.

— Perdona, no quise presionarte así. Perdón… yo… Creo que me puse un poquito …¿celoso? — Intentó sonreírme, estaba nervioso.

—¿Celoso? ¿Tu? Pero si yo…—

—No me hagas caso. — Interrumpió —Soy un idiota a veces. Es tu cumpleaños, estás tan hermosa que…¿Sabes? Olvídalo. Olvídate de todo lo que te dije, de Luka, de él. Es tu cumpleaños, tu fiesta, estamos todos aquí por ti, porque te quie… te queremos. Deberías divertirte en vez de sentirte mal por alguien. —

Le sonreí. Otra vez, tan…perfecto.

Deslizó sus dedos desde mi muñeca y tomó mi mano, enredando sus dedos entre los míos.

—Entiendo lo que te sucede, de verdad, linda. Lo entiendo. — Se humedeció los labios. — Sé que hay veces en las que la vida no nos da lo que queremos, y eso duele. Pero te puedo asegurar, y mira que lo sé de primera mano, que si no te da lo que pides siempre te va dar lo que necesitas. — Suspiró brindándome un pequeño apretón en mi mano, la que mantenía aferrada a la suya.

— Marinette… toma lo verdadero que tienes frente a ti y se feliz de una vez por todas.— Y me miró.

Frente a mí lo tenía a él. ¿Qué me estaba queriendo decir?

—¿Vamos?— No me dio tiempo a nada. Me sonrió señalándome con la cabeza hacia abajo, hacia la pista central alrededor del DJ en donde se encontraban nuestros amigos.

No dije nada. Asumió que mi silencio era un sí y no estaba equivocado.

Comenzó a bajar las escaleras sin soltarme, llevándome con él a través de la gente, abriendo camino con su cuerpo para que pudiera pasar cómodamente.

Sin demorar ubicó a nuestros compañeros que bailaban, se divertían y que nos recibieron con júbilo cuando nos vieron llegar, uniéndonos rápidamente a la ronda.

Él se acomodó a mí lado entre el grupo y me miró cuando comencé a moverme tímidamente al compás de la música y del resto de las personas que nos rodeaban. Le sonreí y me devolvió el gesto antes de que Alya apareciera, saltando animadamente y le tomara las manos alzándoselas para que bailara con ella.

Ella se veía tan bien junto a Nino y el resto, divertidos, y ahora Adrien se les sumaba. Todos los estaban, Juleka, Rose, Max, Kim y más allá Alix reía bailando junto a dos de sus nuevas amigas de universidad que había encontrado en la fiesta.

Adrien tenía razón, debía tomar lo verdadero que estaba frente a mí y disfrutar. Suspiré. Una sonrisa se dibujó en mis labios e invadió mi alma, y ahí, simplemente me relajé dejándome llevar por los sonidos rítmicos, por las luces, por la energía que emanaba del ambiente y de mis amigos que disfrutaban, que se movían a mí alrededor empujándome en ocasiones sin intención.

Cerré mis ojos para saborear con mayor intensidad las sensaciones que me provocaban el momento, el lugar, los sonidos, mis movimientos, y poco apoco todo se metió debajo de mi piel y se sentía grandioso. Alcé los brazos sobre mi cabeza, cruzándolos arriba, permitiendo que la luz de los laser atravesara los dedos, bailara entre ellos, como si pudiera tocarlos. Me encantaba esa imagen.

Sí, casi arruino mi noche, casi arruino esto.

Adrien tenía razón, otra vez la tenía. Y allí estaba frente a mi cuando abrí los ojos, siempre atento, delineando mis movimientos con su mirada, depositándose en mis ojos cuando los encontró atentos a él.

Me observaba de esa forma que siempre le reprendiera, pero esta vez me fascinó que así lo hiciera. Le sonreí al advertirlo y, casi sin notarlo, mis movimientos se hicieron más suaves, más sensuales.

Eso era lo que él me provocaba con sus juegos, con su sonrisa, con su mirada y ahora, en ese instante, poco me importaba ocultarlo.

.~..~..~. .~..~..~..~..~..~..~..~..~..~..~..~..~..~..~.

Si me preguntan si era consciente de lo que estaba haciendo, puedo responder que sí y que no.

Sí quería bailar con él, para él. Y lo estaba haciendo. Ya me había hartado de contenerme. Él me provocaba y yo ¿debía aguantarme siempre?

Y el no, ¿acaso él lo pasaría por alto? No lo sabía y tampoco sabía en ese instante hasta donde querría llegar conmigo esa noche.

.~..~..~. .~..~..~..~..~..~..~..~..~..~..~..~..~..~..~.

Sentí sus dedos enredarse en los míos llevándolos a él. Se mordió el labio inferior sonriéndome, mientras comenzaba a depositar mis brazos sobre su cuello, sin dejar de mirarme ni de moverse al compás de mis movimientos.

¿Me estaba seduciendo?

Totalmente, siempre lo hacía y ahora conmigo abierta a sus juegos, no iba a dejarlo pasar. No este Adrien tan Chat.

No dudé en acariciarle el cabello cuando lo tuve a mi alcance, él hizo lo mismo pero no se quedó ahí. Sus manos bajaron lentamente, casi sin tocarme, hasta mi cintura y, cuando llegaron allí, la tomaron envolviéndola con sus dedos, apretando con sus yemas la piel que se asomaba desde mi blusa al tener los brazos elevados, antes de acercarse un poco más a mí sin dejar de bailar, acompañando mis movimientos.

Me fascinaba lo que estaba haciendo. Mi piel en sus dedos, mis manos en su cabello. Su aroma tan cerca.

Sus ojos en los míos ahora, en mí. Sus ojos en mi boca, humedeciéndose los labios mientras recorría los míos con la mirada. Su sonrisa… ¡por dios! su sonrisa, acababa de derrumbar el último dejo de compostura en mí.

—Eres…eres igual …— Alcancé a susurrarle mientras metía mis dedos más profundamente entre sus cabellos.

—¿Si? ¿Lo ves a él en mí ahora?— Respondió con voz ronca. Esta vez no le molestó que lo mencionara.

Asentí mordiéndome el labio inferior. Mi mirada oscureció al escucharlo.

—Dime…— Se acercó más. Su sonrisa se volvió felina en ese momento, como si dentro de él algo se hubiera despertado. —¿Quieres que sea él esta noche? —

Tuve que dejar escapar un suspiro, el cual abandonó mi cuerpo casi en un jadeo.

¿Un nuevo juego? Sí, un nuevo juego.

¿Debía jugarlo? Tal vez no, pero cuando sentí sus dedos presionar sobre la piel de mi cintura nuevamente, me quemó y con ese placentero ardor cualquier advertencia que mi Marinette racional pudiera hacerme, quedó automáticamente silenciada.

Asentí moviendo mi cabeza lentamente. Mi respiración era pesada y comenzaba a agitarse dejándome expuesta. Lo único que podía hacer era escucharlo y observar como sus labios se movían mientras me hablaba, mientras dibujaba esa sonrisa que me derrumbara, deseando desesperadamente tocarlos.

—Soy él entonces. —

Oh-dios-mío.

Algo se retorció en mi interior tras esas palabras, y vibró y me inundó de toda clase de sensaciones que me dejaron sin aliento, otorgándole a mi cuerpo autonomía para obrar más allá de mi lucidez.

Definitivamente, ya no controlaba nada, ni a mí misma.

Nunca me llegué a imaginar que tres simples palabras unidas en una más simple frase podían causar ese efecto en mí.

Él diciendo esas palabras. Él y su boca tan dulce, tan perfecta…¿a qué sabía? Moría por averiguarlo. Y mi cuerpo lo entendió obrando en consecuencia.

Una mano se deslizó desde su cuello hasta el rostro rozando la piel en su recorrido. Pero no se quedó quieta ahí. Mi pulgar delató mis intenciones al continuar su camino hasta el labio inferior, rozándolo tímidamente, casi temblando. Se olvidó que este Adrien leía todo demasiado bien y entendía a la perfección que esa mera caricia no era solo eso.

No sé en qué preciso momento sus manos tomaron mi rostro y lo elevaron para que sus labios alcanzaran los míos, pero sucedió. Ansiaba ese contacto pero no pude evitar estremecerme bajo el.

Suave, dulce, cálido, se posó sobre mí indeciso, dudando de si acaso este movimiento sería el correcto o el que diera por terminada la partida que había iniciado con él y con la noche cuando fuera a recogerme para llevarme a mi fiesta de cumpleaños, aun cuando le había dicho expresamente que no lo hiciera.

Temblé cuando se separó de mí por unos segundos titubeando ante la próxima movida. Creo que respondí a todos sus interrogantes cuando le tomé con más fuerza la nuca, jalándolo contra mí y aprisionándolo a mis labios que ahora se abrían para saborearlo mejor. Y su sabor era grandioso.

No tardó en aferrarse a mí, envolviendo mi cuerpo con sus brazos, y yo en enredarme en él para sentirlo completamente, no sólo con mi lengua. Y se sintió perfecto, como si cada uno de los pasos que hubiéramos recorrido esa noche nos llevara a este preciso y único instante.

—Eres tan… Marinette … vámonos de aquí— Me dijo cuándo a duras penas pudo separarse de mí.

No le dije nada, sólo lo miré como pude por unos segundos, y otra vez interpretó mi silencio como un sí. Porque lo era.

Me tomó de la mano y comenzó a llevarme hacia la puerta, afuera, a la parada de taxis.

Nos íbamos de la fiesta, de mi fiesta, sin demasiadas explicaciones, sin despedidas. Y se sentía grandioso.

Sí, definitivamente era él. Era Chat esa noche.

.~..~..~. .~..~..~..~..~..~..~..~..~..~..~..~..~..~..~.

Creo que no debo agregar nada más, ¿no? Es de público conocimiento lo que le siguió a esa propuesta.

¿Qué diablos estaba pensando en ese momento?

Creo que no estaba pensando, simplemente sintiendo.

Como bien dijo Adrien "el corazón quiere lo que quiere el corazón".

Aparentemente, mi corazón lo quería a él esa noche. Aunque lo disfrazara de Chat Noir para que mi puñetera razón no se metiera en el medio a interrumpir algo que se sentía fabuloso y que nos cambiaría la vida.

Aunque todavía, ni me atrevía a imaginar cuanto…


Notas del capítulo

1) Le di tantas vueltas y leídas y releidas a este capítulo para que queda exactamente como quería, que ya perdí la noción de si lo mejoraba en cada lectura o lo empeoraba. Dicho esto quiero pedirles que si leyeron algo que no quedó del todo claro o tiene errores, me lo hagan saber así pongo a mis deditos a trabajar en darle la vuelta de rosca que falte.

Sinceramente lo publiqué hoy por que ya me quemaba en las manos jajajaja

2)Boris Brejcha es un DJ de música electrónica, de Techno precisamente. Me encanta. Dio un show en Grand Palais, ese evento sucedió. Si les interesa pueden buscar el set en YouTube como "Boris Brejcha Grand Palais for Cercle", Y aprovechan a escucharlo mientras leen el capítulo ya que todo sucede durante dicho show ;P


Van mis agradecimientos a sus reviews para Mud-chan, AquaticWhisper, Mich Rangel, carmenaf999, leslaut y . Como siempre digo, me llenan el alma y me alientan a continuar, mejorando un poquito más cada vez. (Mud-chan,me encantan tus PM, jajajajaja)

Y gracias a todos los que leen y se mantienen atentos a esta historia, aunque no dejen su comentario. Les animo a que se tomen un segundito y me escriban un review aunque sea pequeñito, ¿si?

Los quiero. Espero que les haya gustado y que hayan disfrutado este capítulo leyendo como yo lo hice escribiendo.

Nos vemos pronto. AkiRoss.


13/06/20 ¡Editado!