Inicio 0 El después


Lo que deba ser, será, y lo que no allí quedará.

Es de necios contrariar esa voluntad.

Mi resistencia estaba en la razón. El resto de mí ya había dicho que sí.

Sólo faltaba yo.


.

Ya se van enterando como llegamos a la noche triple X ¿no? Perdón, al "Inicio 0" para seguir con el orden, así no los confundo.

Recordemos ese momento caliente, enredados en el amplio sillón, él sobre mí, yo envolviéndolo con mis piernas, mis brazos. Y ahora deténganse ahí. Tomen esa imagen de nosotros enloquecidos, haciéndonos el amor, jugando, pretendiendo que estábamos con alguien más.

Eso último, "pretendiendo que estábamos con alguien más". Que detalle, ¿eh?

Astuto, Adrien, muy astuto.

Verán, el muchacho se había vuelto bastante hábil en los asuntos del amor. Tenía unos cuantos trucos debajo de la manga y parecía que todos, absolutamente todos, le funcionaban conmigo.

Así que les pido que volvamos a ese punto, porque ese inicio todavía no había terminado.

Quedan un par de cositas más que contar para que entiendan por donde andaban las cosas entre nosotros.

Aunque claro, yo todavía no me enteraba del todo.

.

.


Marinette


—¡Ay! ¡Mierda!— maldije prácticamente susurrando cuando me golpeé la cabeza al tratar de salir de debajo de la mesa ratona, situada en frente al amplio sillón en el que, bueno, habíamos hecho de todo.

Ahí estaba yo, gateando por el suelo, desnuda, buscando mi ropa.

Poco podía ver en penumbras, y sumado a mi urgencia por salir de ahí sin despertarlo, no me estaba resultando una tarea fácil. Y, para complicarlo aún más, nuestras ropas estaban dispersas por todos lados, mezcladas y poco conocía el departamento o piso en el que estaba.

¿Poco? ¡Nada! No lo conocía en absoluto, únicamente podía percatarme apenas del tramo desde la puerta hasta el sillón que fue lo que llegué a apreciar al entrar. Y el sillón, ¡uf, si! a ese sí lo conocía.

"Marinette, ¿Qué hiciste? ¿Qué mierda hiciste?"

Me era imposible dejar de recriminármelo una y otra vez desde que despertara abrazada a un Adrien desnudo y cobrara conciencia de todo lo que había pasado.

No me estaba quejando, había sido genial. Pero ¡qué digo! Todo lo sucedido fue simplemente fabuloso. No consideré que esto pudiera ocurrirme con él ni en mil años. A ver, no es que nunca lo hubiera fantaseado, pero no entraba dentro de las posibilidades de mi realidad ni remotamente, ni aunque hubiera alineado el doscientos por ciento de mis acciones para conseguirlo.

Y cuando no hice nada, cuando mi atención estaba en alguien más, ¡pafate! Ahí estaba, siendo devorada por él.

Bueno, devorada así como una pobre víctima, debía reconocer que no. Ambos hicimos y dejamos hacer para llegar a este punto. Pero, aun así, sentía que por un momento de debilidad esta vez había dejado que todo se complicara entre nosotros al permitir que me enredara en otro de sus estúpidos juegos.

¿Qué demonios estaba pensando cuando accedí? ¿Acaso pensaba?

¡Oh, sí! Sí pensaba. ¡Pero no con la cabeza!

"Es tu amigo, es tu jefe, ¡tú jefe Marinette! Y está enamorado de otra. ¡Y estás enamorada de otro! ¿¡QUE CARAJOS ESTABAS PENSANDO!?"

Sí, realmente era insoportable como crítico.

Detuve unos segundos mi búsqueda frotando entre mis dedos la prenda que había logrado retirar de debajo de la mesita y no se sentía mía. La acerqué a mi rostro para apreciar su aroma.

Sí, era de Adrien.

Mis ojos se cerraron cuando el aire cargado me inundó. Allí estaba su perfume, el que usara esa noche, esa mezcla de esencias amaderadas y acuáticas combinados con el de su piel, tan…sí, sí, me provocaba de todo. Devolvía a mi mente fragmentos de imágenes de instantes atrás y toda clase de sensaciones comenzaban a formarse en mi vientre.

No pude evitar sonreír y sentirme tentada a girar para verlo, aún con su remera en mi rostro. No lo tendría que haber hecho, sabía que era vulnerable ante él, pero de todas formas lo hice.

¡Mierda! Ahí estaba, dormido en el sillón, completamente desnudo, recostado sobre su costado, las espaldas apoyadas al mullido respaldar, con el brazo de debajo de su cuerpo que funcionara como mi almohada, aún extendido como si estuviera aguardando por mí.

Se veía tan apacible, tan…exquisito, que tranquilamente podría haber regresado a su lado y quedarme allí para siempre.

Sí, había sido fabuloso todo lo que habíamos hecho. Si tan solo…no, no, no, dejémoslo ahí.

Sacudí la cabeza para devolverme a la realidad.

"¿Tan fácil soy?"

No, no lo era. Pero sí con él.

Estaba segura de haberlo superado completamente cuando inicié a trabajar en su proyecto, pero debía reconocer a estas alturas que todavía su presencia tenía ese efecto en mí, de derrumbar cualquier clase de autocontrol.

¡Mierda! Alya tenía razón.

Bueno, por lo menos ya no me volvía una loca torpe y tartamuda a su alrededor. Ahora era una mujer comportándose normal, una mujer a la que le resultaba muy sexi su jefe y… ¡Carajo! Ahora era peor.

Se me había tornado difícil resistirme a sus juegos si relajaba mis defensas aunque sea sólo un poco. Peor, debía irme enterando que, con lo sucedido, me sería imposible resistirme a él.

Y me parecía que ya no me serviría de nada echarle la culpa a su terrible parecido con Chat Noir. Debía comenzar a considerar seriamente esta nueva situación, porque cuando iniciara la semana continuaríamos trabajando juntos, con esa cercanía, con esa complicidad que ya había tornado nuestra relación más íntima, casi única.

¿Y ahora qué? ¿Cómo seguiríamos? ¿Se arruinaría todo?

¿O… quedaría como si nada?

Tal vez para él sí. Para un tipo como él, con todas a su favor, esta clase de noches debían ser moneda corriente, ¿no? ¿Por qué conmigo sería diferente?

¡Ay no! ¿Qué había hecho?

Dolía reconocer esa posibilidad. Pero parecía funcionar perfecto para renovar las energías en mi retirada porque mis manos se movían más rápidamente con cada uno de esos tortuosos pensamientos asaltándome.

Ya lo tenía decidido, ¿para qué darle más vueltas? Me iría, tomaría distancia de él durante el fin de semana, nada de reuniones de último momento, no llamadas, no textos. Tendría el tiempo para meditar todo esto tranquila en mi habitación buscando la mejor forma de resolverlo o acomodarlo, torturándome un poquito en el proceso. El lunes sería complicado, pero sería otro día en el que esta situación ya habría quedado lejos. Estaría más fácil enfrentarlo y aclararlo y ¡que no se repitiera!

Además, pronto me reencontraría con Chat Noir para nuestros patrullajes nocturnos y todo volvería a su lugar. Contaba con ello.

Lo vería y lo sucedido con Adrien quedaría como un incidente anecdótico. Eso, para conversaciones entre amigas, porque seguro que tendría que hablarlo, sé que me vieron y no se les va a pasar el hecho de que nos fuimos en medio de la fiesta, juntos, tomados de la mano después de besarnos.

Yo estaba enamorada de Chat Noir, por más que él fuera tan parecido, prácticamente igual y hubiera tanta historia entre nosotros. Bueno, una historia sólo mía pero historia en fin ¿no?

Ahora no lo amaba a él, amaba a Chat. Esta vez, era diferente.

Y punto.

No te olvides de eso.

En ese momento era mejor que me fuera antes de que despertara y me lo complicara aún más. Porque no estaba lista para enfrentarlo con todas mis dudas y considerando que me había vuelto particularmente indefensa a sus encantos.

Así que acomodé mis pensamientos en un costado y reanudé mi tarea. Seguí tanteando el piso con mis manos, desplazándome lentamente en cuatro patas al oscuro, intentado emitir el mínimo de sonidos.

Y lo estaba logrando, ya había ubicado unas cuantas prendas que no sabía si eran mías o de él. Pero por las dudas las tomaba igual, después me las arreglaría en el baño.

Momento… ¿dónde quedaba el baño?

¡La puta madre!

Esa idea me desconcentró y no advertí que había un bulto frente a mí. Me di de lleno contra una pesada silla de cuero estilo huevo, corriéndola y provocando un evidente chillido que, en el silencio de la noche, pasaba menos que desapercibido.

¿¡De donde salió!? Di un brinco hacia atrás asustada y algo enojada, aferrando a mi pecho las ropas que había logrado recoger. Adrien se despertaría y…

—Marinette, ¿dónde…? — Escuché detrás de mí.

¡Carajo!

Me congelé. Aún estaba desnuda y eso aumentó mi nerviosismo, me sentía como expuesta sin ropa. Necesitaba algo para cubrirme de inmediato, antes de que él se percatara de donde me encontraba y en qué condiciones. No iba a poder lidiar con su mirada, esa mirada que siempre utilizaba para desarmar mis trincheras.

¡Y menos desnuda!

Manoteé rápidamente de entre las prendas en mis manos su remera y torpemente me vestí con ella. Me quedaba grande. En él no lucía suelta, pero en mí debía sostener el escote ancho para que no se deslizara por mis hombros o mi pecho.

–¿Qué haces en el suelo? — Me preguntó con su voz ronca de recién amanecido. ¡Dios! Hasta su voz me incitaba.

Giré lentamente, quedando arrodillada a cierta distancia frente a él, apretando contra mi pecho el bollo de ropa que seguramente quedaría todo arrugado.

Me recorría con la mirada intentando entender que sucedía, procesando lo que pasaba aún somnoliento y en la oscuridad.

Bueno, ¡por lo menos una estaba a mi favor! No podría verme bien, apreciar mi rostro avergonzado y arrepentido, y yo tampoco a él, y así evitar que con sus ojos me hiciera caer de nuevo y…

—Ok Aura, enciende las luces estar — Dijo luego de aclarar la voz, y se encendieron dos lámparas de pie situadas en los extremos de lo que parecía ser un living, que era precisamente donde nos encontrábamos.

¡Mierda! Domótica. No contaba con eso.

Abrí grandes los ojos cuando se acostumbraron a la luz, apretujando aún más la ropa frente a mí, en un acto de defensa, creo. Si bien la intensidad de las luces era suave, ahora podría distinguirme bien. Y yo a él, completamente, sobre todo considerando la posición en la que estaba recostado. Y no me limité solo a su rostro.

La niña vergonzosa dentro de mí tiñó de colores mi semblante provocando en él una dulce y divertida sonrisa al percatarse de la expresión que se me acababa de formar. Tomó uno de los almohadones que aún quedaban sobre el sillón para cubrirse ahí, y sólo ahí. Yo le hubiera puesto un hiyab en ese momento, para resguardar mi compostura.

—¿Ya te vas?— Me dijo mientras se pasaba una mano por los alborotados cabellos desperezándose y desacomodándolos más. ¡Y hasta eso le quedaba bien!

—Eh…Sí. Así parece— Le sonreí tímidamente encogiendo los hombros, me ardía el rostro, aún no se pasaba mi sofoco.

—¿No pensabas despedirte?—

Pero, como si ya no tuviera poco con que lidiar, con esas palabras una nueva crítica se formó en mis pensamientos.

¿Debía considerarme una cobarde por irme a sus espaldas?

No.

Bueno, sí.

¡Pero es que me sería muy difícil enfrentarlo!

Seguro que intentaría alguno de sus… sus estúpidos trucos y no podría resistirme, porque ya me voy enterando que tiene una clase de magia sobre mí, y se veía tan lindo ahí, medio dormido, con sus labios hinchados, los músculos marcados y hablando de esa forma…

"¡Por dios mujer! ¡No seas tan fácil!"

—Es mejor así, ¿no? Funcionaría… ¿mejor?— Encogí un hombro insegura de mi respuesta.

—¿Mejor…? ¿Por qué?—

Me miró a los ojos, frunciendo el ceño. Lucía extrañado, como que no entendiera nada. Lentamente y con algo de torpeza, se incorporó en el sillón quedando sentado, mientras se sostenía con una mano el almohadón fijo en su entrepierna.

—¿Está todo bien? Digo, quieres irte así…De lo que pasó… ¿hay algo que no…?—

—No, no. — Lo interrumpí —Fue genial, créeme.— Rodé mis ojos sonriéndole y desvié la mirada, de verdad que me sentía avergonzada y nerviosa y vulnerable. —No es por eso…—

Y no completé mi frase.

Suspiré, no me atrevía a mirarlo. Se acababa de dar el momento que esperaba que no sucediera. ¿Cómo lo manejaría?

Yo ahí en el suelo, desnuda, cubriéndome sólo con su remera que me quedaba algo grande, y su aroma en mi cuerpo, y todo lo que me había hecho tan presente en mi piel, en mis pensamientos, con todo ese mar de dudas castigándome.

Y él ahí, desnudo, espectacular, con esa voz ronca de dormido, esa mirada tan dulce y desconcertada, y…¡basta!

Si seguía por ese camino esta vez caería nuevamente sin que él moviera un músculo si quiera, y no podía complicármelo más.

—Pero creo que es mejor que me vaya. E-estas cosas son así, ¿no? N-no lo compliquemos más, así que…Sí, mejor. Irme, eso, i-irme.— Dije rápidamente en mi mejor estilo Marinette nerviosa y me levanté del suelo con la mirada hacia otro lado, buscando el baño. Debía encontrarlo urgentemente.

—No quiero que te vayas, Marinette. —

Mis ojos se abrieron grandes y se clavaron en los suyos tras esas palabras tan claras, tan decididas. No sé si yo no lo entendía, él no me entendía o estaba demasiado nerviosa.

—¿No? Pero…¿no es que es así? —

—Es así ¿qué?— Y me sonrió. Se sintió como que comprendiera todo lo que me abrumaba.

Estiró su mano y tomó la punta de la remera que vestía jalándola para acercarme a él. Di unos pasos cortitos cuando un nuevo tirón hacia abajo me obligó a sentarme en el sofá, a su lado, a su alcance.

Y no tardó en ubicarse tras de mí, prácticamente rozando mi cuerpo, corriendo el almohadón de en medio. Claro, ¿para estar más cerca? ¿O para iniciar otro de sus juegos de provocación? No iba a adivinarlo, fuera lo que fuera, ya estaba nerviosa porque intuía que estaba a punto de desarmar cada una de las defensas que había logrado levantar mientras él dormía.

La remera se deslizó sobre uno de los hombros cuando me senté, dejándolo al descubierto. Con una suave caricia retiró los cabellos que aún lo cubrían y se inclinó lentamente para depositar un beso en el. Un delicado y tibio beso que provocó que mi piel se erizara.

Sí, de verdad, después de todo lo que me había hecho, ese simple beso en ese inocente lugar me hizo temblar.

—Te queda bien mi remera.— Y subió un poco más, llegando a la curva de mi cuello. — Y hueles bien… me encanta—

Allí justito, un lugar que en mí es extremadamente sensible, con otro tímido beso me estremeció, y no pude evitar que un suspiro se me escapara.

—¿Qué … qué estás… haciendo?—

—Acariciándote ¿o tampoco puedo ahora?— Iba a seguir, y yo estaba permitiéndoselo. ¿En serio?

Sí, él tenía esa magia, definitivamente la tenía.

Lo que temía iba a suceder, su aliento en mi cuello, subiendo, y esa sensación pesada y abrumadora que se formaba en el vientre quitándome el aire, enardeciendo los sentidos, creándose en anticipación a lo que ya sabía que él podía brindarme.

Pronto estaría completamente a merced de sus intenciones y, si algo de compostura quedaba en mi ser, sabía que debía detenerlo cuanto antes.

—Adrien… n-no conozco los códigos de esto. Yo...—

—¿Qué códigos?— Me dijo luego de deslizar un suave mordisco a la altura de la yugular.

¡Ay, por dios!

—Esto… — Hablaba entre jadeos — de… lo de …venir aquí— Suspiré, me acababa de morder el lóbulo de la oreja, ya sentía su lengua rosándolo, y me fascinaba eso — Yo… nunca hice…mmm …algo así, de una noche… no…—

—¿Crees que esto es de una noche?— No se salió de mi cuello, siguió recorriéndolo con sus labios tras esas palabras.

Y no lo detuve.

—¿No lo …es?—

—No para mí— Y me tomó el mentón girándome suavemente el rostro para encontrar mi boca con la suya.

¿Acaso dijo lo que oí?

No voy a negarlo, me gustaron esas palabras. ¿En serio? ¡Mierda! Pero acababa de empeorarlo todo aún más. Absolutamente todo. Estaba disfrutando de lo que me hacía, demasiado. Y, aunque continuara nerviosa, contrariada, no me resistí a ese beso. Le seguí la corriente abriendo mis labios para darle lugar y él lo tomó, lento, pero decidido.

Poco a poco aflojé la tensión con la que sostenía la ropa apretada a mi pecho, y él aprovechó para retirarla lentamente, arrojándola de nuevo al suelo y tomándome del hombro para girar el resto de mi cuerpo hacia él.

Se sintió simplemente grandioso cuando sus manos encerraron mi rostro, sosteniéndolo en ese lugar, inmóvil, dejando mis labios a merced de los suyos, que me acariciaban, que me llenaban con su sabor. ¡Y, por dios, nunca imaginé que iba a disfrutarlo tanto!

Y, cuando sus dedos se hundieron entre mis cabellos, cuando la vehemencia de sus movimientos comenzó a encender cada centímetro de mi piel, mi cuerpo promovió la rendición a sus encantos. Otra vez me tendría y, lo peor, es que lo deseaba.

¿En serio?

Esto iba a explotarme en la cara si permitía que siguiera su curso. Era una…una aventura, un caliente ¿desliz? Pero ya era suficiente. Por mi bien, por el nuestro, por nuestra relación… debía detenerlo.

—Esto…—Le interrumpí separando apenas mis labios de los suyos, cuando logré hacerme de algo de autocontrol —Me lo estás… complicando todo... —

Gruñó en mi boca, deteniéndose a duras penas, frenando sus movimientos pero no su cercanía. Sólo brindó el suficiente espacio para que pudiéramos hablar apoyando su frente en la mía, respirando pesado. Porque, si me conocía, sabía que venía una conversación detrás de esas palabras.

Y me conocía.

—No tiene por qué ser complicado conmigo —Me acarició.

—Adrien… por favor…—

Se contuvo de besarme nuevamente apretando sus labios, hundiéndolos en su boca. Asintió ante mi súplica, suspirando cuando pudo acallar su impulso.

—Perdón…no quiero incomodarte. Sólo que esto, tú y yo… nunca imaginé que se sentiría… — Una sonrisa temblorosa se dibujó en su rostro, carraspeando apenas, y me mató con esa sonrisa — Simplemente se siente correcto para mí y… — Chasqueó la lengua — Ya….puedes decirme lo que te molesta —

Me soltó tras esas palabras, alejando su rostro del mío.

Suspiré alzando tímidamente la vista cuando sentí el frío de su distancia en la piel de mis mejillas. Una parte mía, una gran parte, odió esa sensación. Lo quería, deseaba que siguiera besándome, pero sabía que tarde o temprano lo lamentaría.

Agradecí que se detuviera en ese instante, porque si se hubiera demorado un segundo más sobre mis labios…

No.

Esto era mejor que no siguiera. Ya me estaba…asustando demasiado.

—Yo… — Carraspeé — No suelo ser así…— Estaba nerviosa. Buscaba distancia, sólo buscaba enfriar esto, fuera lo que fuera.

—¿Ser cómo? —

—Tan impulsiva. Eso. — Sonreí apocadamente—Yo… no sé qué me pasó esta…esta noche…—

—Qué nos pasó, dirás— Su voz era tan dulce en ese momento que no pude evitar perderme en su mirada. — Yo no pu…—

—¡No sé qué vas a pensar de mí después de esto!— Le interrumpí rápidamente, antes de que dijera algo más que me destruyera.

Él simplemente me sonrió contemplándome con ternura.

—Yo…no soy…así— Había súplica en mis ojos, había temor, había desconcierto.

Y era mejor así. Sentirme de esa forma antes que caer nuevamente. Esto debía terminar allí mismo.

Bajé mi mirada para sacarla de sus ojos. Él me acarició levantando mi mentón para dejarme a su alcance otra vez.

— ¿Quieres saber que pienso de ti? — Me sonrió mientras su pulgar erizaba la piel de mis mejillas —Pienso que eres única.—

Suspiré. Es todo lo que pude responder. Me mordí el labio inferior tras sus palabras, perdiéndome en sus ojos nuevamente.

Sí, acababa de desarmarme.

Otra vez.

Mierda.

Tenía una mirada tan calma en ese momento, tan tierna, tan profunda, con sus cabellos revueltos, y su rostro apenas enrojecido por el sueño… Todo él sumado a la forma en que me hablaba, en que me comprendía demostrando lo mucho que me conocía.

Su calor, su aroma tan cerca de mí. Las marcas de sus besos sobre mi piel y esos ojos que me recorrían, que se hundían en los míos diciéndome todo aquello que sus palabras no podían, abriendo puertas en mi voluntad, puertas para dejarlo entrar. Era…perfecto.

Sí, podría enamorarme si me descuidaba.

¿En serio?

Sí, en serio.

¿Y Chat?

¡Mierda!

—Nos conocemos… dime, no estás así de angustiada por saber sólo lo que pienso de ti ¿no? —

Me congelé. Si me descuidaba…

—Vamos, puedes hablar conmigo—

Asentí tragando con dificultad.

—Es que… — Ahora sí estaba realmente nerviosa — La forma en que comenzó esto …tú dijiste que eras…me dijiste y… —

Suspiré tomándome unos segundos, buscando las palabras correctas para llenar mi boca abierta en espera a hablar, y no aparecían.

— ¡No sé qué me pasó! ¡No pude manejarlo! — Solté con velocidad, mirándolo con nerviosismo.

Sonrió dulcemente cuando me callé, brindándome una tibia caricia. — Me parece que ninguno pudo manejarlo—

—Es que…tu juego… yo...Cada uno estuvo… pretendimos estar con alguien más esta noche, y no sé si eso sea…—

—¿De verdad lo crees así?— Me miró entrecerrando los ojos, ladeando levemente la cabeza.

No me ayudaba con eso. Aflojé todo el cuerpo mientras una queja se escapó de entre mis labios. Le supliqué por una explicación con la mirada.

—Marinette, eres tan… Realmente me encantas…— Volvió a sonreírme, sacudiendo levemente la cabeza mientras se mordía apenas el labio inferior.

—Adrien…—

—No fue toda tu culpa, si eso es lo que te angustia— ¡Dios! ¿No metería la pata nunca?

—Es que esta noche estabas tan…— Gruñó en reemplazo de la palabra y creo que se comprendió mejor así — Tu simplemente tomabas todo de mí, cada mirada, cada caricia que te brindaba, cada movimiento que hacía…todo…No me detenías…—

Asentí. Tenía razón.

—Noté que querías más, que querías algo que no estabas dispuesta a admitirte…—Tragó dificultosamente antes de sonreír — Y no pude resistirme, perdona pero… sólo te dije lo que necesitabas oír para darte el permiso a… —

—¿¡Qué!? ¿Dices que…? — Me separé de inmediato quitando su mano de mi rostro, como si me acabaran de arrojar agua fría en la espalda. Esas palabras me enojaron, ¿qué me quiso decir? —¿Permiso? ¡No necesitaba tu permiso! —

—No, no te confundas — Rió por lo bajo tapando su boca con el dorso de la mano, inclinando apenas su rostro.

Se veía tan dulce alzando las cejas, con sus ojos tan verdes y sonrientes, que ni el enojo podía contener en mí. Debería haberme ido ahí mismo, mientras continuaba molesta, pero yo necesitaba escuchar su explicación. Luego, huiría. Sí, así sería. Lo bueno es que estaba por meter la pata y ¡genial! Así sería más fácil dar por terminada esta clase de "aventura".

—No el mío. Necesitabas el tuyo. — Suspiró —Y si me convertía en una fantasía, sabía que te lo darías.—

¡Mierda! Me atravesó con esa explicación. Ya la tenía ¿podíamos irnos? Pero no, acababa de dejarme más prendada de él que antes.

Mis pensamientos enloquecieron.

¿De verdad leyó eso de mí? No podía creer lo que me decía. ¿Cómo podía percibir eso? ¿Se creyó que lo deseaba a él? ¿EN SERIO? ¿En qué punto le transmití esa idea? Piensa Marinette, piensa.

Es que estaba tan…¡dios! ¡Hombres! Yo quería estar con Chat y él se volvió tan parecido, casi igual. Me sonreía igual, me miraba igual, me hablaba igual, me besó igual…

¿Besa igual? Momento… ¿acaso Adrien…? No, no, no, es imposible. ¡MIERDA!

Pero ¿¡cómo se atrevió!?

—¿Creíste que quería…? Yo no te dije eso…¿¡En serio!? — Lo miré con furia — ¡Te aprovechaste de mí! —

Él rio ante mi reacción como si la estuviera esperando, bajando la mirada mientras sacudía apenas la cabeza.

—Así que yo me aproveché ahora… — Volvió a reír mientras se pasaba una mano por el rostro y el cabello — Marinette… eres hermosa, juro que te besaría ahora mismo— Y se mordió el labio inferior.

—¿En sima te ríes? No…eres…te volviste…¡Me voy!— E intenté ponerme de pie en un salto. Intenté, porque su mano en mi muñeca me lo impidió.

—Ey…espera, espera. — Carraspeó para tranquilizarse —No me rio más ¿ves? — Y se señaló la cara haciendo un círculo en el aire.

No reía, pero tenía esa maldita sonrisa segura, y en control y sexi y… lo detestaba en ese momento.

—Te odio— Le dije apartándome de él, moviendo un poco mi trasero hacia la derecha.

—Odio es una palabra demasiado fuerte — Lo fulminé con la mirada y él lo entendió por qué asintió con un gesto de olvídalo pero nunca dejó de sonreír.

Parecía como que si lo estuviera disfrutando. — Marinette, tomate un segundo y piénsalo bien antes de juzgarme como lo hiciste. ¿Realmente crees que me aproveché? —

Lo miré. Él estaba clavado en mis ojos, sonriendo, y ahora se pasaba un dedo por los labios. Y se veía tan…¿Me estaba jodiendo? Seguía furiosa y más aún porque sabía que iba a ceder ante su idea, que no podría resistirme.

Elevó las cejas esperando una respuesta de mi parte y yo rodé mis ojos con hastío, aunque sinceramente comenzaba a calmarme. Sí, ya estaba actuando su magia otra vez. ¡La puta madre!

— Podrías haberme abofeteado cuando te besé — Se acercó nuevamente a mí — Pero no lo hiciste. —

Sí, no lo hice. En respuesta a su beso yo lo besé con mayor intensidad, y lo besé a él.

Y cuando me invitó a irnos, sabía a qué nos íbamos, y sabía que me estaba yendo con él. Y simplemente lo seguí, quería seguirlo, me provocaba como nunca lo que estaba haciendo.

La reputisima madre.

–No. No lo hice.— Suspiré derrotada.

Casi instantáneamente me remonté a ese momento en la fiesta en el que inició todo con sus palabras "Soy él entonces".

Ese juego, cuando me lo propuso me estremecí. Sinceramente en ese preciso instante, mientras bailábamos seduciéndonos, estaba esperando que me insinuara algo, ansiaba un movimiento de acercamiento de su parte, contaba con eso.

¿Realmente deseaba a Chat? Piensa Marinette, ¿Qué sentías?

Recuerdo sus ojos, me mataba la forma en que me miraba, como me recorrían mientras me movía para él, con brillo, con celo, me excitaba sentir que me deseaba… Adrien a mí. No era Chat, era Adrien.

Y sentía lo mismo, pero no podía faltarle. Estaba enamorada de Chat Noir y Adrien me provocaba.

Cómo lo deseaba esa noche. Sus labios, su voz profunda, sus verdes ojos… toda mi piel se erizaba bajo sus manos. Me remontaba a mis quince cuando él era todo lo que añoraba.

Pero no era correcto. Ahora estaba enamorada de ese gato idiota.

"Soy él entonces".

Sus palabras. Poner a Chat Noir en su piel. Poco me costaba unirlos…

¿Acaso necesitaba una excusa para atreverme con él?

¡Carajo! ¡Carajo! ¡CARAJO!

Una expresión de culpa mezclada con una pizca de fascinación se dibujó en mi rostro. ¿Cómo pudo leer eso de mí? Ni yo tenía idea de lo que en realidad me pasaba. O no quería tenerla, que era distinto.

¿Cuándo se volvió tan…astuto?

—Moría por besarte. Qué bueno que no me detuviste.— Y me sonrió. Se sintió como una caricia aunque no me tocara.

Le clavé los ojos. Ya no podía estar enojada. Al menos no con él, acababa de caer en la cuenta de que tenía razón. Y me gustaba este nuevo Adrien tan perceptivo, tan determinado, tan en control.

Si me descuidaba ¿qué más podría leer?

—Adrien, cuando llegamos aquí… ¿estabas jugando?—

— Me estabas volviendo loco. — Su sonrisa tembló. Ya no lucía tan segura. —No me imaginé que llegaríamos tan lejos, Marinette. Lo deseaba pero…— Me acarició tras esas palabras, acomodando mechones de mi cabello detrás de la oreja. — Créeme, no planeé esto. Pero no me arrepiento, de nada. Sólo espero que tú… tampoco.—

Negué suavemente. No me arrepentía pero sí me estaba asustando.

En ese punto en el que estábamos, él tan decidido conmigo y yo tan a merced de sus caprichos, con tanto en juego, ambos con una historia abierta detrás de nosotros, esas palabras no me calmaban.

Le sonreí con timidez. Había quedado colgada de sus ojos, de todas las micros expresiones que se dibujaban sobre su rostro mientras me hablaba. No pude evitar sonrojarme apenas, pero no por apocamiento. Era otra cosa, más cálida, más profunda que, por un segundo, me aterrorizó.

Así que saqué el escudo más vil y efectivo que encontré.

—Pero estamos enamorados de ellos…—

Asintió con una sonrisa opaca, incómoda, que ocultó rápidamente; pero yo, tan pendiente de él, pude descubrirla antes de que desapareciera. No le gustó la mención de Chat Noir, aunque viniera terriblemente disimulado detrás de la palabra "ellos".

—Sí. Pero aquí estamos sólo tú y yo.— Y alzó su mirada posándola en mí, sin sonrisa, sin dulzura. Una mirada intensa, fuerte, que parecía marcarme mientras me atravesaba. —Estás conmigo ahora. —

.~..~..~. .~..~..~..~..~..~..~..~..~..~..~..~..~..~..~.

Y ese fue un auténtico reclamo sellando claramente su territorio. Porque así se sintió, como si tomara posesión de lo que le correspondía en ese preciso momento. Y, no pregunten que fibra retrógrada en mí tocó, pero me fascinó.

.~..~..~. .~..~..~..~..~..~..~..~..~..~..~..~..~..~..~.

Elevó su mano y me acarició tras esas palabras, hundiendo lentamente sus largos dedos entre mis cabellos. Lo miré y mis ojos se relajaron ante el toque de sus yemas. No pude evitar inclinar la cabeza para apoyar mi mejilla en su palma.

—No te das una idea de lo hermosa que eres. — Me dijo acercándose a mí.

—Estás… ¿estás jugando conmigo ahora?—

—No—

Y me besó cerrando la conversación, un beso que comenzó dulce pero no demoró en cargarse de urgencia, y terminó con sus dientes acariciando mi labio inferior con un mordisco, mientras empezaba a halar la remera hacia arriba.

No pude contener un suave gemido, él se sentía tan bien, su aroma, su piel caliente, su contacto. Estaba desarmándome otra vez. Dudaba, me aterraba esto que me estaba haciendo sentir, pero también me fascinaba.

Alcé los brazos cuando llegó con sus manos a la altura del pecho, facilitándole el trabajo de dejarme desnuda otra vez.

Definitivamente sería fácil para él.

—¿Qué haces?— Logré preguntar cuando nos separamos apenas para que la prenda abandonara mi cuerpo.

—Intento hacerte el amor de nuevo —

Y ahora me empujaba con su cuerpo para recostarme en el sofá a medida que avanzaba sobre mí besándome.

—Adrien…—

—¿Quieres que me detenga?— Alcancé a oír detrás de mi cuello, brindándome una explícita oportunidad de finalizar nuestro encuentro.

Quise decir algo más, pero no pude. Sólo aire escapó de mi boca, aire pesado, húmedo. Ya no huiría y definitivamente no lo detendría. Lo había conseguido otra vez.

Y entre medio de sus caricias no pude evitar pensar en Chat, en que iba a suceder cuando lo viera en la ronda de la próxima noche, que iba a sucederme luego de haber vivido todo esto con Adrien, de lo que acababa de descubrir.

¿Me rescataría? ¿O me sentiría culpable?

Peor ¿Los uniría en mi mente otra vez?

¡Ahh! ¡Van a volverme loca!

Pero, por alguna razón, no podía retener su imagen en mis pensamientos. Aunque lo intentara una y otra vez, Chat se desdibujaba a medida que Adrien seguía avanzando con sus besos, y con todo eso que me encendía tan rápido y que él estaba haciendo por todo mi cuerpo.

¿Y cuando él la viera? ¿Qué pasaría? ¿Y si ella le correspondía? Si ella lo besara… ¿se olvidaría de mí? No me gustó lo que provocó ese pensamiento, lo experimenté como una punzada aguda, un picor ácido en el corazón.

Iba a costarme caro. Esto que hacíamos, que estaba genial y que no sabía que carajos era, iba a costarme muy caro. Debería haberme ido de aquí cuando pude, sin tantas explicaciones. ¿Cómo permití que me convenciera y…?

¡Oh, por dios! Me acababa de envolver otra vez con su lengua.

En ese instante, una ola de placer de esas que te estremecen, me atravesó devastando todos los interrogantes, dudas, miedos que me estaban abatiendo; dejando mi mente en blanco. Bueno, en blanco completo no, dejándome prendada de él y de lo que hacía, ansiosa por lo que le siguiera, porque si algo había aprendido de él en este tiempo que lleváramos trabajando juntos, es que cuando comenzaba con algo no se detenía hasta conseguirlo.

Y ¡por dios! sí que sabía qué hacer para conseguir de mí lo que quisiera.

Le tomé los cabellos en un intento reflejo para detenerlo, aunque eso ya no estaba en discusión. El siguió adelante, intensificando sus movimientos. Gemí retorciéndome bajo su agarre. Realmente había descubierto en qué punto exacto me quebraba.

—Creo que deberías… detenerte…— Supliqué, pero por las dudas también arqueé mi espalda, para que el mensaje fuera claro, ¿no?

Se detuvo. Pero sólo para salir de mi centro y recorrerme con la lengua desde mi desnudo pubis hasta mi cuello, depositándose en mi boca al tiempo que se acomodaba entre mis piernas y empujaba suavemente para entrar en mí.

Y yo lo recibí, estaba lista, completamente lista, desde que comenzara a besar mi cuello. ¡Mierda! No podía tener ese poder sobre mí, no podía calentarme de esa forma. ¿Qué demonios hacía?

—Oh…sí...— Encogí mis rodillas para envolverlo con las piernas, brindándole todo el espacio que necesitara para tomarme. Definitivamente no iba a poder contener nada con él.

Me sonrió con esa sonrisa tan felina, tan segura, tan en control y endemoniadamente sensual, que hasta le quedaba mejor a él que a Chat, mientras se movía entrando en mí suavemente una y otra vez para que mi cuerpo se acostumbrara a él.

—¿Realmente quieres que me detenga?— Fue retórica la pregunta, no hacía falta una respuesta.

Empujó nuevamente y yo simplemente gemí.

Nunca había sido tan fácil de convencer, tan fácil dejando hacer de mí, entrar en mí a antojo, nunca.

Hasta que llegó él, claro.

—Voy a …odiarte cuando …esto… termine—

—No, no lo creo.— Y empujó con más fuerza, justo, exactamente como me gustaba.

Me destruyó con eso. Gemí desvergonzadamente. Menos mal que estaba decidida a irme y a evitar esta clases de cosas, sino, no sé qué hubiera pasado. Ironía aparte.

Me besó ahogando en su garganta mis quejas de placer, porque ya no podía contenerlas. No, ya no.

.~..~..~. .~..~..~..~..~..~..~..~..~..~..~..~..~..~..~.

Ahí íbamos de nuevo. Y ¡por dios! estaba tan genial.

Recuerdo cuando Alya me advirtiera que tuviera mucho cuidado al trabajar con él y yo "¡Es pasado! Pasado y cerrado." "Estás exagerando" "Va a ser como trabajar con un amigo."

¡Ja! Sí, como no.

A ver, no me malinterpreten, no estoy en contra de la amistad con derechos, me parece fabulosa, siempre y cuando se quede ahí. Pero esto que estábamos haciendo se sentía demasiado… peligroso. Había mucho en juego entre nosotros, había una historia que cada uno tenía que seguía abierta y que, poco a poco, se comenzaba a mezclar con esta, con nuestra historia.

Debo admitir que me desconocía completamente en esos días. Me gustaba mucho, pero mucho, mucho, demasiado lo que estábamos haciendo. Así que por un rato me di el permiso –sí, le hice caso- simplemente a sentir. Ahora iba tirármelo de nuevo, bueno, en realidad, creo que lo iba a hacer él conmigo.

Aunque, como dije, me desconocía a mí misma. Todo podía pasar.

.~..~..~. .~..~..~..~..~..~..~..~..~..~..~..~..~..~..~.

—Me gustas...— Le decía entre jadeos — Me gustas… mucho…—

Él no podía decir nada. Sólo me miraba, como podía, y respiraba, sí, se concentraba en respirar mientras me tomaba con fuerza de las caderas, manteniéndose ahí, todo trabado, con la piel brillosa por el sudor.

¡Mierda! Estaba perfecto.

Y yo cabalgando sobre él, totalmente fuera de control, afirmándome en sus manos que me sostenían firmemente por las caderas, fijas en ese lugar, apoyándome en su pecho.

Sabía que esto iba a pasar.

—Eres… salvaje…— Pudo llegar a decir antes de contraer el ceño. Sabía que se estaba aguantando, me estaba esperando.

Él tenía ese efecto en mí, de hacerme pasar de la niña dulce, tímida y vergonzosa a una especie de ninfómana descontrolada. Me parecía que le volvía loco esa dualidad porque se transformaba cuando comenzaba a tomar el control.

Y era todo un caballero, se esforzaba por que no me quedara con ganas de nada, lo que yo aprovechaba en demasía. Por eso sabía que, en ese momento, debía considerarme una terrible mujer si lo hacía aguantar más.

Me incorporé quedando totalmente sentada sobre él, y llevé una mano a mi centro para estimularme sin dejar de moverme, quería apurar mi orgasmo y sabía cómo hacerlo.

—Mari…nette… estás…— Su mirada enloqueció cuando advirtió mi movimiento. Pero, estaría bien, sólo debía aguantar un poco más.

Separó una de sus manos de mi cadera, y comenzó a acariciarme, primero el vientre, luego mis pechos, mi cuello, dejándola ahí, envolviéndolo con sus largos dedos todo lo que más podía en esa posición, aferrándome a ese lugar, a él. Gemí ante ese toque. Era simplemente perfecto, la combinación de estímulos era única.

Mis movimientos se intensificaron, todos, mis estocadas, mis dedos ahí abajo, mis gritos. Ya no podía ver nada. Sólo sé que ahí estaban sus verdes ojos cuando exploté, y su rostro con una expresión totalmente sublime.

Y ¡por dios! fue el mejor orgasmo que había tenido en mi vida.

Nunca voy a olvidar sus gestos cuando él llegó, segundos después de que yo lo hiciera. Realmente se estaba aguantando y mucho. La forma en que sus gemidos salieron desde su garganta, intensos, graves. La fuerza con la que hundió los dedos reteniéndome en ese lugar para que él llegara a lo más profundo. Y como se estremeció, cerrando los ojos, contrayendo el ceño.

Me fascinó.

Quedamos unos segundos sostenidos sólo por el placer que aún vibrara por nuestra piel y luego me desplomé sobre su pecho cuando relajó el agarre de sus dedos sobre mis caderas, agotada, completamente mojada por mi sudor y agitada. Era alucinante.

—Eso fue... excelente— Me dijo entre jadeos.

Lo busqué torpemente para besarlo. Y luego quedamos así, colgados uno de los ojos del otro, agitados. Retiré con caricias algunos cabellos que se le habían adherido a sus transpiradas mejillas, mientras él delineaba mi cuerpo con sus manos, aún unidos en lo profundo, calmando de a poco nuestras respiraciones.

—Eres un desgraciado…— Le arrojé sonriendo, ya más tranquila, mordiéndome el labio inferior.

—¿Por? — Me envolvió con los brazos, comenzando a reír por lo bajo.

—¡No te rías! ¡Es en serio lo que te digo!—

—Lo sé, lo sé…pero estás tan hermosa, toda roja, cansada y …—Empujó sus caderas contra mí luego de presionar mi trasero con sus manos. Aún seguía dentro mío y ese movimiento me estremeció.

—Oh…mierda…— Cerré mis ojos para disfrutarlo —…quédate quieto que…— Empujó nuevamente presionando aún más mis glúteos. Gemí con una risita.

—Me encanta como te pones cuando hago esto.—

Echamos a reír cuando se detuvo y lo reprendí con la mirada, sin separarnos, si despegar nuestros cuerpos, sin corrernos de esa posición.

—Me lo hiciste otra vez — Arremetí cuando pude tranquilizarme.

—¿Recién? ¿Tu arriba mío?—

—¡Sí! No te hagas el que no entiendes.—

—Se sintió como si tú me lo hicieras, no sé, digo… Ahí arriba —Se mordió el labio inferior mientras fruncía su nariz entrecerrando los ojos.

—¡Tu empezaste!—

—Sí, lo admito, pero no ofreciste demasiada resistencia que digamos. — Me sonrió de lado, divertido —Te me quisiste escapar ¿eh?, no iba a permitirlo —

Suspiré. Le di un beso antes de acariciarle el rostro. Todo esto que estábamos haciendo y que no sabía cómo llamarlo, se sentía genial, intenso. Traspasaba más allá de las fantasías, más allá de lo físico, se sentía en lo profundo.

En mí estaba generando algo que… decidí no racionalizarlo demasiado en ese momento.

—Adrien…— Tomé una bocanada de aire antes de hablar, él alzó las cejas en señal de que me escuchaba sin dejar de acariciar mi cuerpo — Va a estar complicado el lunes…¿no?—

—Quédate tranquila, me recupero rápido.— Y me sonrió sugerentemente.

—¿Qué? — No entendí.

Se mordió el labio inferior empujando nuevamente dentro mío.

—¡Idiota!— Ahí había caído. Le di un tincazo en la nariz, es lo único que podía hacer en esa posición —¡No me refería a eso! —

—¿Ah, no? ¿A qué te referías?—

—¡A trabajar juntos! ¡Eres mi jefe! Entérate,¡dha! — Y le abrí grandes los ojos.

—Mmmmm… interesante. ¿Quieres que juguemos a eso también? Mira que vas a tener que obedecerme en todo sino…—

—¡No! ¡Dios, tienes la idea fija! Quítate eso de la cabeza por un rato. Ya no deberías estar tan … caliente —

Intenté deslizar mis brazos de su agarre para hincarle los dedos en las costillas y reprenderlo, pero no me dejó. Me tomó con fuerza y me giró para quedar sobre mí.

Y aún estaba dentro mío. Si, tenía razón, se recuperaba rápido.

—Siempre voy a estar caliente contigo, entérate de eso. — Y me sonrió de esa forma tan Chat y peligrosa.

Oh oh.

Tomó mis manos y las sujetó sobre mi cabeza, inmovilizándome, mientras intentaba besarme. Yo lo envolví con las piernas rápidamente y lo apreté con fuerza por los costados. El entrenamiento como Ladybug me había conferido una notable fuerza, sobre todo en las piernas.

Él se quejó de dolor, riendo en mi boca, pero no me soltó.

—¿Crees que vas a volver a hacérmelo de nuevo?— Le sonreí victoriosa mientras comprimía un poco más.

Pero él también era fuerte. En ese momento comenzó a moverse, a pesar de la firmeza con la que lo oprimía. Y ahí estaba otra vez esa sonrisa felina y su mirada pesada, y sus ojos encendidos, esos profundos y verdes ojos.

—Totalmente—

Ya me había ganado, y comenzaba a desarmarme nuevamente.

Me sentía satisfecha, él se había encargado de eso espectacularmente, aunque no fuera a reconocérselo. Pero aún perduraba en mí esa extrema sensibilidad que un buen, excelente, orgasmo deja tras de sí. Y él, moviéndose de esa forma, provocaba cada una de mis terminales nerviosas. Sabía que hacer para excitarme otra vez, sabía cómo mirarme para evitar que me resistiera.

Gradualmente fue soltando mis manos para llevar las suyas hasta mi rostro y acariciarme las mejillas con sus pulgares, mientras lo sostenía al alcance de sus ojos impidiendo que me ocultara en la curva de los hombros.

Y ese simple acto potenciaba todo lo que ya me estaba haciendo sentir. Llevaba las cosas a un nivel que poco a poco se percibía como íntimo, exclusivo.

Y cuando, sin control, atinara si quiera a cerrarlos, susurraba en mis labios un "Mírame" tan delicadamente y con su voz más grave, que volvía inútil cualquiera de mis esfuerzos por desafiar esa dócil orden.

—Adrien…— Dije apenas con un hilo de voz.

—¿Mmmm?— Me respondió con esfuerzo, sin dejar de moverse, sin quitar su mirada.

—¿Qué… — Respira — que es… esto?—

No se inmutó ante mi pregunta. No cambió absolutamente nada.

—No lo sé…—

—Pero ella…y yo…—

—Olvídate de ellos…— Me interrumpió jadeante.

—Y él…que va a…—

—Me gustas Marinette… me gustas …mucho.— No me dejó terminar de armar mí frase y ahora sí cambió, intensificó sus estocadas y ¡por dios! me encantaba eso.

El muy desgraciado sabía que con ese movimiento borraría todas las dudas que me invadieron en ese momento.

Como dije, astuto, muy astuto.

—Adrien…yo… yo nunca te olvidé…— Alcancé a decirle antes de que con una nueva puja arrebatara lo último de control que me quedaba.

Sí, tenía que decirlo. ¿Era necesario? No, para nada. Pero él y sus malditos juegos y ¿por qué demonios tenía que cogerme tan bien?

¡Mierda!

Listo. Otra vez había perdido yo.

Su mirada se encendió en ese instante. Ahora había otra cosa en sus ojos, más profunda, más densa. Se detuvo apenas por unos segundos, yo simplemente temblé entre sus brazos exigiendo más de lo que estaba dándome. Se tomó ese tiempo para observarme, cada milímetro de mi rostro, cada pequeño gesto que le brindaba reclamando el placer que era mío.

Me acarició los labios con el pulgar y no pude más que abrirlos, esperando por los suyos. Contrajo el ceño como si ahora dudara en tomarme.

—Es real…—

Me susurró y se lanzó a mi boca cerrándola con sus labios reanudando con mayor ímpetu todo aquello que nos llevara a ese momento.

No entendí demasiado esas palabras. No podía hacerlo. Sólo gemí tras sus movimientos y él me besó absorbiendo mis quejas y entregándome las suyas. Y así continuaría todo el rato que estuviera haciéndomelo.

Esta vez fue lento, fue intenso, y no le exigí otra cosa. Esta vez quería sentirlo a él, a Adrien, quería hacerle el amor a lo que vivía debajo de su piel. Y creo que esos también eran sus planes.

.~..~..~. .~..~..~..~..~..~..~..~..~..~..~..~..~..~..~.

Nada volvería a ser igual después de esa noche. Habíamos arruinado todo lo que teníamos.

La culpa era de los dos, él por proponer y yo por dejar hacer.

Pero ¿era eso malo?

Ummm… mejor esperen a que esté de ánimos para contarles cómo sigue. Porque sí, sigue, y de todo. Y con todo.


Notas del capítulo

1) ¡No saben lo que costó este capítulo! Fue la unión de varios drabbles que había escrito con anterioridad y tuve que darles forma juntitos, una coherente. Me quedó algo más largo que los capítulos anteriores de este fic (¡6800 palabritas! *emoji tapando ojitos*), pero espero que lo hayan disfrutado. ¡Porque yo sinceramente lo parí! Bueno, ahora lo quiero mucho jajajaja

Cómo digo siempre, si leyeron algo que les parece que confunde o que quedaría mejor de otra forma, háganmelo saber, no me ofende. Si detectaron algún error ¡me avisan! Y lo corrijo de inmediato.

2) El perfume de esencias amaderadas y acuáticas que utilizaba Adrien en la noche de cumpleaños, corresponde a la fragancia "Invictus" de Paco Rabanne. Si alguien lo tiene o lo utiliza, bueno, podrán sentir el aroma de Adrien en la noche del pecado je je je Sino, les recomiendo que vayan a una perfumería y pidan una muestra. Funciona mejor sobre la piel que sobre un cartoncito, comentario aparte.

3) La silla estilo huevo que Marinette se lleva por delante, corresponde a una silla de diseño de Arne Jacobsen para Fritz Hansen, estilo "egg" para ser precisos. Búsquenla en Google y se podrán sacar la duda.

4) "OK Aura" es un comando de voz para la IA de domótica de Movistar Home, que se complementa con el sistema de iluminación inteligente de Phillips Hue para el control a distancia de la iluminación del hogar, tanto para el encendido como apagado de luces y su intensidad. Existe y es espectacular.

5) "Coger" en Argentina (mi país) se utiliza para llamar de forma vulgar pero no ofensiva al acto sexual, básicamente tener sexo. El equivalente en otros países a "follar"

6) Nuevamente, no entré en detalle sobre la profilaxis. Esto es ficción, no lo repitan en sus casas (al menos que tengan una pareja estable y "segura", o estén buscando bebés).

.

Van mis agradecimientos a todos los que leyeron y siguen leyendo y eligiendo tanto este fic como "Inevitable". Entiendo sino quieren dejar sus reviews, pero recuerden que me encantan y no saben cómo me alientan para sacar un capítulo tras otro lo más rápido posible. Así que... ¡dejen sus reviews! jajajaja

Y un agradecimiento especial para Serena Saori, AquaticWhisper, Mud-chan, leslaut, Mich Rangel e Isamar13. ¡Disfruté muchísimo de sus reviews! De verdad, los adoro.

AquaticWhisper, espero que con mis explicaciones por PM, haya quedado más claro el orden de los Fics y los capítulos.

Mud-chan, como siempre, la paso muy bien con tus reviews jajajaja

Isamar13, me guardo el beso, ¿eh? Ya veré cuando y como lo canjeo ;)

.

Trataré de sacar el próximo capítulo lo antes que pueda. Este fin de año me tiene bastante complicada con el trabajo, por eso voy algo más lento. ¡Pero seguiré firme!

Los quiero. Espero que les haya gustado y que hayan disfrutado el embrollo que tienen nuestros personajes favoritos.

Nos vemos pronto. AkiRoss


13/06/20 ¡Editado!