Hayley despertó abriendo los ojos, lentamente aturdida. Gimiendo se frotó los ojos. Su visión era borrosa, y todo se sentía... más lento de lo habitual. Lo último que recordaba era una mano aferrándose a uno de sus brazos, y un pinchazo en su cuello. Con cuidado se incorporó quejándose del dolor en la cabeza que la golpeó mientras se movía.

Cuando el dolor pasó, comenzó a reconocer su entorno. Estaba en una habitación, que no era la suya. La cama donde estaba sentada estaba llena de peluches, también había un televisor en la esquina, una pequeña mesa contra otra pared cubierta de papel en blanco y lápices de colores... Pero aparte de eso no veía nada familiar. Su labio inferior comenzó a temblar y su visión se volvió borrosa. Abrió la boca dejando escapar un fuerte gemido, mientras intentaba utilizar su telepatía, pero se sentía mareada y aturdida. Era como si sus poderes estuvieran debilitados por el momento.

El sonido de la puerta abriéndose hizo que se levantara de la cama rápidamente, y se acurrucara en la pared más alejada.

"Hola Hayley, por fin despertaste." Shaw saludó a la niña, que estaba acurrucada en el rincon más alejado de la habitación llorando sin descanso. Él cerró la puerta detrás de él antes de acercarse lentamente a ella, quien al ver su cercanía apretó su agarre en sus rodillas.

"Quiero irme a mi casa." dijo Hayley en voz baja.

"Entiendo eso, Hayley... Y volverás a casa pero no ahora." Shaw respondió extendiendo su mano hacia ella, pero la niña se encogió lejos de él.

"Quiero ver a mi papá." Hayley pidió.

Shaw inclinó la cabeza hacia un lado, pensativo. "Y como te dije lo verás, pero a su tiempo." aseguró antes de sonreír un poco. "Por ahora estarás conmigo por un tiempo, hasta que termine de hacer un trabajo. Y cuando lo haga volverás a tu casa."

Los ojos de Hayley se humedecieron de nuevo, aferrándose más a sus rodillas. "Eres una mala persona." fue lo único que dijo con la voz entrecortada.

"No tengas miedo, no voy a hacerte daño." dijo Shaw ganándose que lo mirara fijamente.

"Le hiciste daño a Erik, cuando era un niño." Hayley susurró con ojos llorosos. "Él me dijo lo que le hiciste."

Shaw se quedó en silencio unos segundos antes de suspirar. "Como tú, Erik era demasiado joven para entender que los genes son la llave que abren la puerta a una nueva era. Un nuevo futuro para la humanidad. Evolución. Yo sólo intentaba ayudarlo. Eso fue todo lo que hice. Quería ayudarlo."

"No te creo." Hayley dijo en voz baja después de un corto silencio.

Shaw asintió antes de negar con la cabeza. "Está bien por ahora. Tal vez más adelante." él se puso de pie antes de tenderle su mano, con la palma hacia arriba. "Por ahora quiero que vengas conmigo y me muestres tus habilidades."

"No puedo hacerlo." Hayley negó con la cabeza. "Desde que desperté no he podido utilizar mis poderes."

"Eso es porque te falta comer algo." Shaw respondió. "Vamos, a buscar algo para que recuperes tu energía."

Hayley se apartó de él con una mirada de desconfianza, pero tenía ganas de comer algo. Cuando él no se movió hacia ella, se inclinó lentamente hacia adelante y agarró su mano poniéndose de pie.

Shaw enseguida la guió fuera de la habitación, en dirección de la cocina. Cuando llegaron allí soltó su mano, dejandola parada sola mirando a su alrededor. "Por ahora lo que puedo darte es chocolate." le dijo él sacando una barra de la estanteria cercana, antes de tendersela a la niña. "Come el chocolate. Es bueno. Directamente de Rusia."

Hayley agarró el dulce mirándolo unos segundos, antes de abrirlo y darle la primera mordida.

Shaw sonrió antes de acercarse a ella de nuevo. "Y bueno Hayley, mientras te comes el chocolate, puedes decirme que puedes hacer a pesar de leer mentes como tu padre."

Hayley lo miró cuidadosamente, dudando en decirle de sus poderes. Hasta el momento, él no le había hecho nada malo, pero no quería confiar en él. No cuando todo sobre él era... oscuro. ¡Ella no lo conocía! ¡No sabía dónde estaba! ¡No sabía nada! Papá está llegando, se dijo a sí misma. Eso, ella lo sabía. Vendrían por ella para llevarla a casa y tal vez podría quedarse en su habitación esa noche para no tener que dormir sola. Todo lo que tenía que hacer era esperar. Y sobretodo no hacer enojar al hombre malo, frente a ella. "Puedo levantar cosas con la mente, y copiar mutaciones..."

"¿Copiar mutaciones?" Shaw la interrumpió, interesándose enseguida en el tema. "Pero, entonces tienes más de una mutación..." se interrumpió antes de agacharse frente a la niña. "¿Puedes mostrarme como lo haces?"

"No lo sé." Hayley dió un paso hacia atrás. "Mi papá dice que es peligroso que lo haga cuando él no este."

"Oh, creeme, no vas a lastimarme." Shaw le aseguró. "Vamos, enséñame."

Hayley asintió y extendió su pequeña mano hacia el mutante, que la miró extrañado, pero terminó dándole su mano. La niña lo miró a los ojos unos segundos mientras copiaba su mutación.

Shaw esperó un tiempo, hasta que sintió que perdía parte de la energía de su cuerpo. La niña lo estaba obteniendo de él.

"Cómo..." se detuvo cuando Hayley retrocedió, sintiendo como si una descarga eléctrica la hubiera irradiado.

Ella se apartó de él y se miró las manos. Podía sentirlas hormiguear. Movió su mano para tocar la pequeña mesa a su lado. Y tan pronto como lo hizo, ésta voló hacia el otro lado de la habitación, destruyendo la pared.

Shaw se cubrió la boca, antes de soltar una pequeña risa, mientras miraba la pared destruída y luego a la niña que lo había causado. Ella había copiado su mutación.

"Sobresaliente." dijo Sebastián con voz contemplativa mientras miraba a la niña. "Creo que tú y yo... nos divertiremos mucho juntos, mi pequeña niña."


Ya habían pasado dos días y Charles aún no había encontrado ninguna pista del paradero de su hija. Casi no había comido nada. No le quedaba energía para hacer nada. Sólo lo justo para tener miedo. No recordaba alguna vez, haber sentido tanto miedo en su vida. Su interior se sentía como hielo, no podía dejar de temblar, sentía que iba a enfermarse. Cada vez que estaba seguro de que iba a vomitar, se inclinaba, pero sólo se ahogaba en lágrimas. Y sólo se debía al pensar en que Shaw la tenía, sólo Dios sabía para que propósito enfermo y retorcido.

Sebastian Shaw era un hombre hambriento de poder, y si éste se enteraba de lo que Hayley podría hacer... Simplemente no quería imaginárselo.

Su preocupación también estaba en su hija. Su pequeña niña. ¿Estaría asustada? ¿Se estaría preguntando por qué su padre no había impedido que algo así sucediera? ¿Alguna vez la traería a casa? ¿Alguna vez la encontraría? Y si lo hiciera, ¿estaría enferma? ¿herida? ¿viva?

Sus lágrimas fluyeron libremente, rehusándose a ser reprimidas. No sabía cómo manejar esa emoción tan poderosa y paralizante. ¿Con qué miedos había lidiado en su vida? ¿Cuándo realmente había estado perdido en cuanto a lo que podía hacer?

Había sentido miedo de muchas cosas, y aún así ese terror negro los empequeñecía a todos en comparación.

¿Y la impotencia? Había estado en muchas situaciones en las que el resultado parecía sombrío, pero siempre había sabido cuál era su función y qué podía o no podía hacer para ayudar a la situación. Pero eso fue diferente. Hayley...

Ella solo tenía siete años. No la habían atrapado durante una misión peligrosa en la que conocía los riesgos. ¿Qué podría hacer en su defensa si Shaw quisieran algo de ella?

Apenas notó que estaba recogiendo aire en sus pulmones, pero unos segundos más tarde lo dejó salir todo. Su desesperación, su miedo, su pena, su frustración, su agotamiento; todo salió en un largo y penetrante grito que solo hizo eco en la habitación de Cerebro.

A él no le importaba. No sabía qué más hacer. Estaba cansado. Charles Xavier estaba cansado. Sólo le quedaba la oscura verdad de que su hija, su pequeña niña, se había ido. ¡Y él, su padre, no podía encontrarla!

Le habían robado su hija, y ni siquiera podía pensar con claridad, no podía entender por qué Shaw se había fijado en ella, quien no tenía idea de lo sucedía. Entre el miedo y el agotamiento, no se dió cuenta cuando Raven había entrado en silencio. Levantando la mirada la vió a unos pasos de él con los brazos cruzados y lágrimas acumuladas en sus ojos.

Charles estaba tan abatido por la pena que ni siquiera pudo soportarlo. Él se inclinó hacia adelante, al mismo tiempo que ella se acercó y envolvió sus brazos alrededor de él a modo de consuelo. Ella pasó las manos por su espalda en lo que probablemente esperaba que fuera de una manera calmante.

"No puedo encontrar nada, Raven." murmuró él. "Necesito que mi hija regrese."

"Nosotros vamos a encontrarla, Charles." dijo Raven después de un largo momento. Ella se separó del abrazó para mirarlo a los ojos. "Tienes que ser fuerte por Hayley. No te puedes derrumbar ahora, cuando más te necesita."

Charles asintió levemente, limpiándose el resto de las lágrimas, antes de desviar su mirada hacia Cerebro una vez más. "Tienes razón, no puedo derrumbarme ahora que ella necesita de mí. No dejaré de intentar buscarla hasta que de con ella." con esa nueva determinación se colocó a Cerebro en la cabeza e intentó una vez más buscar alguna pista de la niña. Como las veces anteriores sólo recibió silencio, hasta que se detuvo a mitad de camino cuando por fin encontró las ondas cerebrales de Hayley. "¡Raven encontré a Hayley!"

"¿Qué?" Raven se acercó a su lado, esperando en silencio cuando vió a Charles sumergido en Cerebro.

"No entiendo, estoy tratando de comunicarme con ella, pero algo me detiene." Charles murmuró cuando su visión nadó hasta que pudo entrar un poco en la mente de su hija, quien no tenía idea que él estaba presente.

Por sus ojos vió que estaba en una especie de habitación, y frente a ella estaba Shaw con su casco puesto. Él le dió algo que ella agarró con cierto recelo. "Eso es por tu buen comportamiento de hoy Hayley." dijo el mutante con una sonrisa. "Cuando regrese, quiero que me enseñes todo lo que sabes hacer, ¿está bien?"

Hayley se quedó en silencio, asintiendo solamente. A lo que él sonrió una vez más antes de pasar junto a ella, acariciando su cabeza ligeramente. "Nos veremos más tarde."

La imagen se desvaneció y Charles juró por lo bajo, sabiendo que Shaw estaba reteniendo a Hayley donde no podría usar la telepatía, por eso le había costado tanto contactar con ella.

"¿Qué pasó?" Raven preguntó con ansiedad cuando él se quitó el casco de la cabeza y movilizó algunos controles de la mesa frente a ellos. Una de las pantallas se abrió revelando un punto rojo que titilaba en una parte del mapa.

Charles suspiró con alivio antes de sonreír por primera vez en 48 horas. "Ahí está nuestra niña." susurró antes de mirar a Raven. "Ve por los demás, y diles que se preparen. Saldremos en una hora."


Hayley por otro lado comenzó a caminar por la habitación, estaba asustada. No quería que ése hombre llamado Shaw regresara. Ella quería irse a casa y regresar con su papá y su tía. Había intentado usar su telepatía pero algo en ésa habitación donde estaba no se lo permitía. Tal vez si intentara utilizar la mutación de abrir portales, podría salir de allí. Era peligroso, pero tenía que intentarlo. Ella se asomó por la pequeña ventana mirando los árboles de afuera, y con ésa imagen grabada en su mente, dió un paso atrás y juntó sus pequeñas manos intentando abrir el portal. Al principio sólo se formáron unas pequeñas chispas sin forma, hasta que después de varios intentos logró que se abriera un portal de la mitad de su tamaño. Ella lo calculó, indecisa de si pasar al paisaje natural que veía desde ahí y que el portal se cerrara picándola en dos como lo había hecho la pequeña estatua de la primera vez que les había enseñado a su tía Raven y a los demás el mismo poder. Pero como había dicho antes no tenía opción, si quería irse de allí. Cuando se dispuso a saltar la puerta de la habitación se abrió revelando a Ángel y Riptide entrando. Pero antes que ambos le dijeran algo ella saltó desesperadamente al portal, cayendo al otro lado, pero no sin que el portal se cerrara antes de que ella saliera por completo, rozando parte de su pierna.

Hayley con un quejido por el dolor, miró mejor su pierna, que se había salvado de ser cortada, pero no la parte baja de su pantalon. Tenía varios rasguños en la piel que resumaban un poco de sangre, pero por lo demás estaba bien. Y sabía que no podía quedarse ahí, no cuando la habían visto irse. Así que se puso de pie y miró a su alrededor, preguntándose hacia dónde debía ir. Había árboles por todos lados. Cojeando un poco comenzó a correr tan rápido como sus piernas podían llevarla, entremezclándose entre los árboles. Tiempo después se detuvo a medio camino mirando a su alrededor, preguntándose hacia dónde debía ir ahora. Había colinas por todos lados. No había nada más que árboles ante ella. Respiró hondo antes de ver algo a lo lejos. Frunciendo el ceño, se llevó una mano a la frente mientras el avión se acercaba, encontrando un camino despejado para aterrizar y se abrieran las puertas, bajando una rampa. Para su sorpresa y alivio la persona que salió fue su padre que bajaba la rampa mientras miraba ansiosamente a su alrededor. "¡Papá!"

Ése grito fue suficiente para curar a Charles. Su pecho se agitó cuando vió a su pequeña niña correr hacia él. Solo se inclinó un poco para atrapar a Hayley, tirándola a sus brazos mientras sus piernas se envolvían alrededor de su cintura y su mano acunaba la parte posterior de su cabeza, acunándola cerca de él. "Hayley... mi amor..." susurró con voz entrecortada por el alivio de tenerla una vez más en sus brazos. Él intentó separarse del abrazo para verla a los ojos, pero ella se aferró más a su cuello. "Cariño ¿estás bien?"

Raven se acercó a ellos, con los otros siguiéndola mientras miraba a Charles y Hayley con una sonrisa aliviada.

La breve felicidad y el alivio de todos fue interrumpida cuando un fuerte viento arreció alrededor separándolos en direcciones opuestas. Charles manteniendo a Hayley en sus brazos, tropezó hacia atrás y levantó la mirada, viendo al mutante que controlaba el viento, que sin dudarlo lanzó otra ráfaga de viento tan intenso que dispersó a todos los mutantes en diferentes partes del bosque. El telépata corrió en la dirección opuesta del avión viendo imposible por el momento subirse en él. Mientras tanto comenzó una lucha entre ambos bandos de mutantes, al mismo tiempo que padre e hija se ocultaron detrás de una colina, cuyos árboles eran los únicos que los mantenían ocultos por un momento. "Silencio." instó a Hayley con voz suave cuando la dejó en el suelo. "Está bien, todo está bien..."

"Que sorpresa encontrarlos aquí."

Al levantar la vista, Charles vió a Ángel que los miraba a ambos, claramente satisfecha de que los había encontrado. Él guardó silencio, pero Hayley sintió que la ira se apoderaba de ella y moviendo su propia mano hacia su sien, se enfocó en la mutante que flotaba sobre ellos mientras parecía preparada para lastimarlos. Pronto se encontró dentro de sus pensamientos mientras hablaba en voz baja. "Duerme."

La simple palabra vino de ella y Charles miró como la joven mutante hizo lo que ella había exigido. Su ceño se frunció. Había tratado de llegar a su mente, pero Hayley lo había superado. Ella había controlado su mente. "Hayley." susurró su nombre con admiración.

"Nos iba a hacer daño." informó Hayley con voz temblorosa.

Besándola con dureza en la frente, Charles regresó su atención a la lucha entre sus mutantes contra Riptide y ahora Azazel que había hecho aparición de repente. Su verdadera preocupación estaba en que Shaw también hiciera aparición.

"Papá..." Hayley arrastró su atención hacia ella, notando la ansiedad en su mirada. "¿Qué hacemos ahora?"

"No lo sé." respondió Charles sinceramente. "Pero necesitamos regresar al avión ahora mismo."

En ése momento sin ellos saberlo Azazel desapareció de la lucha, y Erik se tensó al ver el mutante rojo aparecer detrás de Charles. "¡Charles!" gritó, notando que la criatura roja extendía su mano hacia ellos.

Charles se volteó a tiempo para ver al mutante, y agarrando a Hayley se movió con prisa, haciendo todo lo posible por mantenerse alejado de las extremidades extendidas del mutante rojo. Al mismo tiempo Erik movió su mano apresuradamente moviendo una viga de metal cercana, golpeando al mutante haciéndolo desaparecer nuevamente.

"¡Raven!" Charles llamó a su hermana. "¡Sáca a Hayley de aquí! ¡Erik, Hank y yo nos encargaremos de ellos!"

"¿Por qué no vienes?" preguntó Hayley renuente de separarse de él.

"Porque necesito ayudarlos." le dijo Charles mirándola a los ojos. "Y necesito que vayas con ella y te mantengas a salvo por mí. ¿Está bien?"

Cuando Hayley asintió, Charles besó su mejilla, antes de entregarsela a Raven que no dudo en correr en dirección del avión. Al mismo tiempo que Azazel apareció en el mismo lugar donde habían estado Charles y Hayley anteriormente, solo para ver que la niña no estaba.

Charles presionó sus dedos contra su sien, tratando de controlar al mutante, pero éste desapareció nuevamente. Antes de reaparecer frente a Raven que llevaba a Hayley.

"¡Raven!" gritó Charles, su mente distraída cuando vió al mutante cerca de su hija. Tanto él como Hank intentaron correr hacia ellas pero Riptide y Ángel que había despertado del sueño se interpusieron en el camino impidiendoles que se acercaran.

Raven se alejó unos pasos del mutante rojo mientras éste caminaba hacia adelante, desapareciendo a medida que avanzaba.

La rubia miró alrededor atentamente a que apareciera una vez más. Le tomó solo unos segundos antes de que lo hiciera. Su mano la abofeteó con dureza obligándola a soltar a Hayley, que cayó al suelo con un grito y un quejido cuando toco el suelo.

Aprovechando la distracción de todos Azazel logró por fin agarrar a la niña por uno de sus brazos y desaparecer llevándola a la parte más alejada del bosque fuera del alcance de todos.

"Déjala ir." exigió Charles mirando fijamente al hombre que tenías ambas manos sobre los hombros de su hija y no sabía qué hacer. No mientras sus manos estuvieran sobre ella.

"Ni siquiera pienses en utilizar tu mutación." Azazel dijo entre dientes cuando sus otros compañeros se pararon cada uno a su lado. "Si lo haces con una mano podré romperle el cuello." declaró aferrándose al cuello de la niña que emitió un jadeo nervioso.

"¡No!" Charles gritó dando intintivamente un paso adelante. "Déjala... déjala ir..." sus ojos cayeron en su hija quien tenía lágrimas cayendo por su rostro mientras permanecía quieta, completamente aterrorizada mientras sollozaba. "Por favor no le hagas daño..." mientras hablaba aprovechó para entrar en la mente de Raven y los demas suplicando que no hicieran un movimiento antes de que encontrara los pensamientos de su hija. 'Hayley.'

'¿Papá?'

Respirando hondo, Charles continuó comunicándose con la niña. 'Amor, necesito que hagas algo por mí, ¿si? Necesito que intentes congelar al hombre que te está reteniendo. Necesito que lo congeles y luego escapes de él. ¿Crees que puedes hacer eso por mí? Mantenlo congelado por mí para que ambos podamos detenerlo, ¿de acuerdo?'

'No sé cómo hacer eso.' Hayley susurró con voz temblorosa.

'Lo detendremos juntos, cariño. Sólo necesito que intentes hacer ésto por mí para que podamos detenerlo. Sólo trata de congelarlo.'

Hayley asintió lentamente ante la mirada atenta de su padre antes de respirar hondo y concentrarse, haciendo lo mejor que pudo para hacer lo que le había pedido. Entonces comenzó a buscar la mente del mutante rojo, lentamente asumiendo sus pensamientos mientras fruncía el ceño con concentración. Hasta que logró entrometerse congelandolo rápidamente. Huyendo de su agarre, se movió hacia Raven al mismo tiempo que Erik se adelantó lanzándole una hoja de metal a Riptide que había intentado agarrar la muñeca de la niña. Mientras Raven agarró a Hayley manteniedola a una distancia segura de la lucha que continuó cuando Azazel se liberó del poder de la niña.

Éste desapareció y reapareció nuevamente cerca de las chicas, pero una lanza de metal se interpuso en su camino. Erik movió su mano hacia afuera, mientras movía su palma abierta lanzandole todo lo que fuera de metal al mutante rojo.

Los metales continuaron cayendó sobre el mutante y Azazel supo que tenía que desaparecer nuevamente. No tenía forma de llegar a la niña. También podía sentir al telépata, que de alguna forma había escapado del ataque de Riptide y Ángel, tratando de controlar su mente, solo fallando debido a lo metales que interrumpía sus esfuerzos. Los ojos de Azazel se encontraron con los de Raven y Hayley antes de teletransportarse hacia Riptide y Ángel sacándolos de allí de una vez por todas.

Con un suspiro aliviado Charles buscó a su hija. El alivio voló por sus venas una vez que la vió corriendo hacia él. Ni siquiera le importó que arrojara su cuerpo contra el de él envolviendo sus brazos alrededor de su cuello mientras la acunaba contra su cuerpo. "Hayley, está bien, amor, te tengo." le prometió mientras sentía que podía respirar normalmente una vez más, la clara imagen de la mano del mutante rojo en su cuello sería una imagen que le costaría olvidar en el corto plazo.

"Pensé que me llevaría." murmuró Hayley con voz temblorosa. "Pensé que me alejaría de ti una vez más."

"No, amor." dijo Charles, con voz suave logrando lentamente alejarse un poco para mirarla a los ojos. "Nadie te alejará de mi, nunca." besándola duramente en la frente, la acercó para otro fuerte abrazo.

"¿Se ha ido?" Hank preguntó no creyendo por completo que se había ido el mutante rojo.

"No lo sé. Pero tenemos que irnos." Erik intervino mirando alrededor con desconfianza. Todo lo que necesitaba ése mutante era un toque. Un toque y Hayley estaría de vuelta con Shaw. De regreso con el hombre que le había hecho tanto daño años atrás. "No debemos quedarnos aquí."