"O se tiene demasiada inteligencia para tener corazón, o se tiene demasiado corazón para ser inteligente".
-Auguste Villiers de L'Isle-Adam.
Disclaimer: Kakashi y Rin no me pertenecen, el dolor que les causo ambos, sí.
Este relato participa en el Fictober organizado por "Akumas de Hagoromo" y sus ganas de entretenernos.
—Es que... Realmente nunca lo hablamos, Rin.
Por azares del destino o una mala decisión, lo que tanto evitaban estaba pasando. Kakashi y Rin, cada cual tras la bocina del teléfono, danzaban sobre la herida que les unía a ambos. Cinco años enteros desde que la relación se rompió, lágrimas de las que ya no llevaban cuenta y esas veces en las que el corazón pudo al cerebro, el instinto al orgullo y ambos terminaron enredados en el acto hedonista de amarse y no.
—Contigo nunca se pudo hablar.
Kakashi apretando los labios, tolerando la respuesta manchada de reproche. Rin no necesita verlo para dibujarlo la expresión, le conoce; sabe que ese silencio escuda el malestar que le ha provocado la franqueza en sus palabras y no se arrepiente. Al final, él ha tocado el tema y ella no piensa ser la que huya, si es necesario frotar sobre la carne rota, si Kakashi lo quiere, ella lo hará.
—Rin. Me da miedo volver a llenarte de disculpas, sé que no quieres oírlas...
—Ni las necesito, Kakashi.
—Aun así...
Le interrumpe, salta la educada conversación para defenderse del peligro. Nohara, aunque tenga los escudos arriba, sabe que no debe jugar contra las flechas que Kakashi casi ruega por lanzar. Quiere cortar la llamada por momentos, pero logra recomponer el temple y modula la voz, no va a perder el norte por algo que tiene demasiado años enterrado en el jardín. De fondo, se escuchan los claxon y Rin arruga la nariz, inconforme con ello.
—Kakashi, cuelga el teléfono. Hablaremos cuando estés en casa.
—Tengo los manos libres.
Ella refunfuña algo que él no entiende, pero le hace sonreír. El tono, ese tono de berrinche contenido cuando algo no se hace como le gusta, todo eso es tan Nohara que le sacude un poco el corazón. Dentro de sí mismo, el soliloquio le remarca que extraña aquello; la calidez, el refunfuño... A ella.
Vuelve a haber silencio de ambos lados y Hatake se recuerda que ha sido él el de la idea de meterse descalzo al infierno y entonces vuelve a hablar.
—Rin, sabes que me encantaría dejar de ser el idiota que te fue infiel; jamás voy a perdonarme eso.
De nuevo el mutismo que aturde. Kakashi incluso quita la vista del camino para asegurarse de que la llamada siga en curso. Paranoia que aumenta, pues si se hubiera cortado, al menos tendría a qué echarle la culpa del silencio. Él suspira y la pesadez de su alma remueve incomodidad en Rin, orillándola a responder de forma abrupta.
—El que creas que todo radica en tu infidelidad, solo afirma lo idiota que sigues siendo.
Esta vez el reproche ha sido sustituido por la molestia, Kakashi conoce de tiempo ese tono y sabe que Nohara está al borde de oprimir el botón rojo... Pero al menos, se ha expresado. La mano izquierda deja de tocar el volante cuando Kakashi se soba la nuca, la frustración le comprime el cuello, incluso siente su mandíbula tensarse.
—Habla conmigo, sólo eso. Necesito entender.
Las palabras bien colocadas y con esa ambigüedad adrede, hace que Rin explote. Vomita la información añejada y todos esos monólogos entre llantos que sólo las almohadas tuvieron la desdicha de escuchar. Lo que se calló, lo que Kakashi no le dio oportunidad para decir, sale en un manantial de palabras atropelladas que quizá no hilan tanto, pero dicen todo.
—¿Entender, Kakashi? —deja dos segundos de pausa y traga fuerte antes de avanzar— Sabes, lo peor es que cuando me enteré yo te excusaba, culpándome también a mí de alejarme. De hecho lo hago, sé que yo tuve mucho que ver en soltar esta relación y dejar la brecha enorme donde ella terminó colándose. Dejé de hablar contigo, de salir, de pasar tiempo... Dejé hasta de darte sexo como forma de desquite por tu ausencia. Incluso comencé a salir con otras personas.
La voz le tiembla, sus ojos lloran. Kakashi no lo ve, pero está seguro; sabe que ella tiene la nariz roja y que se muerde los labios para buscar que el dolor le regrese la calma. Nohara encarando siempre lo que le hace daño y él siempre evadiendo a la primera de dolor. Pero esta vez no, por una vez, aunque sea la última, va a enfrentarlo.
—No, Rin. Tu mejor decisión fue dejarme. Yo no valía la pena.
Del otro lado se escucha un quejido que, por ahogarse con la palma de la mano, se vuelve un sollozo lastimero. Kakashi frena de golpe y luego se estaciona, siente que algo le oprime el pecho y ni siquiera se atreve a respirar con normalidad.
Rin está quebrada, él está deshecho.
Apaga el auto, pero no baja. Ambas manos no se apartan del volante, como si apretar el agarre a este, le sopesara las ganas que tiene de darse un golpe. Rin solloza bajito, él la imagina abrazada a la almohada para disminuir el sonido del llanto; se le estruja el corazón. Por fin, ella aclara su garganta y Kakashi deja de respirar, sabe que lo que viene terminará de hundirle.
—Yo no iba a irme ¡tú decidiste por mí!
—Rin...
—¡No, cállate! Lo sano era dejarte, sí. Pero no quería hacerlo. ¡No iba a hacerlo!
Hatake suelta por fin el volante y se toma la cabeza con ambas manos. Escalofríos, nauseas, ganas de matarse... Todo concentrado en menos de un segundo. La saliva se le atora, pero no es capaz ni de toser, la lengua y el cerebro no coordinan para decir algo atinado; tan sólo vuelve a pronunciar su nombre.
—Rin...
—¡Dije que te calles! Yo no quería terminar contigo ¡Tú lo decidiste! ¿Lo recuerdas? "No debes estar conmigo, vas a sobrevivir y alguien te va a amar como mereces" —dramatiza en la voz, con el tono algo distorsionado de las lágrimas— Un montón de tonterías y te largaste. Yo quería enfrentar la situación, fuera para quedarnos juntos o no, pero intentar resolverlo. Pero claro, Kakashi Hatake que peca de inteligente debía decidir qué era lo que yo debía hacer.
No lo cree, pero lo entiende. Eso es lo que más le duele, haberse refugiado en culpas y terminar dejándole sola. No, Kakashi no se hundió, Kakashi se colgó la piedra del cuello y se lanzó al mar sin que nadie se lo haya pedido. Decirse idiota era ser bastante modesto; un imbécil declarado era la mejor definición.
—Quería... Hice lo que creí más inteligente; ayudarte a irte.
—¡Gracias! Pero yo no quería que fueras "inteligente", quería que me amaras.
La voz se le hace un hilo cuando termina la frase, respirando profundo contra la bocina, Kakashi capta y siente arritmia. Sabe que Rin ha roto los arneses de seguridad que estaban sosteniéndole y por la última frase, no tiene ganas de seguir.
Por fin él baja del auto e ingresa al jardín, recrimina mentalmente el que la reja esté abierta por su predisposición a las medidas de seguridad. Si la desesperación y las ganas de tirarse de un risco no estuvieran resonándole como campanas, se habría anotado mentalmente la necesidad de cambiar la reja por un portón.
—Rin, no tenía idea. Le aposté a lo que me gritaba mi cerebro.
Le habla esta vez con el teléfono contra la mejilla, sintiendo en la cercanía del móvil, algo más de intimidad con la voz que le responde del otro lado.
—Ojalá le hubieras apostado al corazón.
Por fin ambos se quedan en silencio, concentrados en lo poco que perciben de sonido detrás del celular. Rin ya no llora, parece que escupir la confesión le ha serenado. Kakashi medita en todo lo que escuchó, en lo que perdió por enfrascarse en culpas, como siempre. Alejar a Rin para hacerle más fácil la despedida es de los errores que más se iba a recriminar, eso y el tiempo, los años sin ella que le derruyen el alma.
Kakashi y Rin, Rin y Kakashi. Los que se sientan lado a lado y miran y no miran la televisión, los que duermen y no duermen cada que comparten cama.
Nohara se limpia la humedad que baja de sus ojos brillantes, respira hondo y exhala resignación. La mente vuela y recrea memorias para compararlas con lo que le duele en el pecho, entre lo que sí es y a la vez, ya no.
Va a hablar, a despedirse y desearle eso que corresponde, antes de que el botón rojo termine con la vulnerabilidad a la que se ve expuesta. Pero antes de romper el silencio, algo capta su atención y la maldición se le escapa bajito. Si se fija en lo positivo, al menos tendrá excusa para autoengañarse y colgar.
—Me hablan, creo que será mejor que dejemos esto, no le hace bien a ninguno, Kakashi.
La conciencia le pregunta qué queda después de la avalancha de sentimientos. Ella misma se responde que lo ama y no. Regresa el aliento a sus pulmones y vuelve a contener el corazón, echando tierra a lo que ya debería estar bien enterrado.
Kakashi por su lado, escucha tras la bocina el crujir de la madera de las escaleras bajo los pies de Rin. Él también suspira, aún no sabe qué tanto beneficio habrá tenido lo que llevan de charla.
—Rin...
—Ya te dije que me hablan.
—Ya sé.
Nohara detiene al instante sus intenciones de abrir la puerta, observando bajó la misma, la sombra que no deja que la luz se termine de colar.
—Kakashi...
—Quiero hacerlo, si aún hay tiempo, déjame hacerlo.
—¿Hacer qué?
—Amarte.
Nohara traga fuerte y aspira por la nariz. Conoce la respuesta a lo que Kakashi pregunta; un rotundo "¡No!".
Y sin embargo quita el seguro y abre la puerta...
Fin.
