X-Men: "Apocalipsis."
Resumen: Apocalipsis, el mutante más poderoso, despierta tras miles de años de letargo y pretende destruir a toda la humanidad. Para lograrlo, recluta a un equipo de peligrosos mutantes, encabezados por Magneto. Sólo un grupo de jóvenes mutantes, dirigidos por el Profesor X y Místique, podrán impedirlo.
""Mutantes, nacidos con habilidades extraordinarias, y aún así, son niños, tropezando en la oscuridad, buscando orientación. Un regalo a menudo puede ser una maldición. Dale alas a alguien, y pueden volar demasiado cerca del sol. Dales el poder de la profecía, y pueden vivir con miedo al futuro. Dales el mayor regalo de todos, poderes más allá de la imaginación, y pueden pensar que están destinados a gobernar el mundo""
(Cinco años atrás.)
Tenía miedo.
Tenía miedo de dormir y que su mente se llenara de imágenes. El solo hecho de ver el atardecer le aterraba. No quería que llegara la hora de ir a la cama. La pequeña, sentada en la orilla de la fuente, comenzó a temblar ligeramente mientras observaba el sol muriendo en el horizonte. Había salido al patio del instituto para estudiar fuera con tranquilidad pero el tiempo se le había ido entre los dedos. Ahora miraba abstraída el crepúsculo que le presagiaba pesadillas con seguridad.
Hayley sintió una mano sobre su hombro. Ella gimió del susto y se sobresaltó.
"Lo siento." se disculpó Charles inmediatamente, retrocediendo ligeramente la silla de ruedas. "No quería asustarte."
"No, yo..." Hayley negó con la cabeza. "Estoy bien."
"La cena pronto estará lista. Todos han entrado. ¿Qué haces aquí afuera tú sola?"
"Ah... estaba estudiando." Hayley le mostró su libro y el cuaderno.
"Es mejor que entres." Charles le recomendó.
Hayley asintió, tomando sus cosas contra su pecho y caminó lentamente al lado de su joven padre. Ya habían pasado varios meses que habían comenzado las clases nuevamente en el Instituto Xavier y a pesar de que todos la recibieron con una sonrisa, fueron los demás estudiantes que no precisamente la recibieron de buena manera.
"¿Has hecho amigos?" Charles rompió el hielo con una pregunta interrumpiendo los pensamientos de la niña.
"Uhm... lo estoy intentando." Hayley murmuró.
"Tomaré eso como un no." Charles dijo sacudiendo la cabeza.
"No es tan fácil, papá." Hayley se sonrojó. "Los demás creen que soy rara. Creo que me tienen miedo." ella bajó los ojos al suelo, avergonzada.
"Estoy seguro que con el tiempo se acostumbrarán." Charles dijo en tono calmado.
"Yo no creo eso." Hayley dijo pensando brevemente las miradas que había recibido.
"Yo creo que sí." Charles respondió con seguridad. "Eres una persona muy amable..."
"Eso es lo que se supone que diría un padre para animar a su hija." Hayley lo interrumpió.
Charles se rio ligeramente. Cuando entraron al recibidor, Hank los abordó a los dos.
"Charles, creo que deberías ver algo en mi laboratorio." Hank se veía un poco cansado. "Es sobre el Jet, tengo algunas dudas que quisiera preguntarte."
"Discúlpame, Hayley, te alcanzo luego." Charles dijo mirando a su hija con pesar.
Hayley asintió tímidamente y se alejó de los hombres, encaminándose hacia el comedor por sí misma.
Entretanto, Hank y Charles siguieron su camino rumbo al laboratorio. "¿Hayley lo está llevando bien?" preguntó Hank, volteando hacia atrás de vez en cuando.
"No mucho." Charles dijo un poco preocupado. "Pero estará bien."
El barullo del comedor hizo que Hayley sintiera náuseas. Sabía que todos hablaban de ella. Todos los estudiantes que estaban ubicados en las mesas se separaban para no dejar ningún lugar libre, para que ella se sentara. Ella no era tonta, lo notaba. En un plato se sirvió dos panes y les agregó jalea con mantequilla de maní, además tomó una pequeña botella de leche y salió del comedor sin voltear a ver a nadie.
Caminó fuera de la escuela. No había nadie y eso estaba mejor. Prefería estar sola. Buscó un lugar cómodo para cenar y lo encontró sobre una banquilla libre. Se sentó y puso las cosas a un lado de ella. Suspiró cansadamente. Venía repitiendo eso casi desde que empezó la escuela. Decidió dejar de sentir pena por sí misma y tomó el sándwich, dándole una mordida. De alguna manera la dulzura de la jalea la animó un poco.
Hank le había llenado la cabeza a Charles sobre cosas de aviación, naves, cables, protocolos de seguridad, tecnología, armas y demás detalles pertenecientes al X-Jet. Entró a su habitación para quitarse el saco y ponerse algo más cómodo. Observó que las puertas de su balcón estaban abiertas y decidió salir un momento para respirar aire fresco. El barandal negro era lo suficientemente bajo para permitirle que sus ojos descubrieran a una chica solitaria que conocía muy bien comiendo en medio de la penumbra. Sonrió levemente con tristeza. Desde que había comenzado las clases, tuvo problemas para hacer amigos debido al inmenso poder que tenía dentro de ella.
"Hayley. Realmente no lo estás llevando nada bien, ¿verdad?" suspiró largamente y miró el cielo nocturno. Estaba despejado, las estrellas brillaban. Bajó la vista y se sorprendió al comprobar que su hija al parecer había terminado sus alimentos y se había levantado, ahora lo miraba confundida desde abajo. Ella caminó hasta acercase al balcón.
"Estaba cenando con... con Julie." Hayley mintió, y a Charles le pareció que era la mentira más tierna que había escuchado. "Solo que... tuvo que irse. Yo... no estaba sola."
Charles asintió. "Me alegra que hagas amigas."
"Yo también." Hayley levantó levemente la comisura de sus labios. "Buenas noches, papá."
"Buenas noches, Hayley."
Esa noche Hayley no solo soñaba con el fin del mundo. Soñaba que él no estaba con ella. Eso era lo que la aterraba más. Que su padre no estuviera cerca.
De pronto... despertó de golpe y lo encontró allí, a su lado. Ella se sintió totalmente confundida y asustada, respirando descuidadamente, su pecho elevándose descontrolado.
"Hayley, solo fue un sueño." dijo Charles suavemente.
Hayley lo observó. Las líneas entre sus cejas castañas se fruncían y su voz le resultaba tan segura que realmente ella se puso a pensar que sí, que realmente solo había sido un simple sueño y nada más, como tantas otras veces.
Entretanto, Charles quería acercarse ya que no le gustaba verla alterada.
"¿Estarás bien, Hayley?" Hank observó a lo lejos, preocupado.
"S... sí." 'No, no quiero estar sola, por favor'. Contestó mentalmente y luego se sobresaltó un poco al ver que su padre la observaba. Había olvidado que muy probablemente le estaba leyendo la mente. "Lo siento. Yo... en verdad estaré bien." Quiso sonreír, pero no lo logró.
Charles volteó hacia Hank. "Está bien. Me quedaré con ella." indicó. El maestro de lentes dió un asentimiento con la cabeza, retirándose de la habitación.
"No tienes que quedarte." musitó Hayley avergonzada.
"Sí que tengo." respondió Charles casi al instante en que ella formuló su oración, mirándola fijamente con sus ojos azules. "Si no lo estabas llevando bien debiste decírmelo. No quiero que vuelvas a ocultarme tus problemas, Hayley. Yo puedo ayudarte."
Hayley se le quedó viendo pensativamente. Ella no sabía cómo es que siempre él lograba transmitirle confianza y serenidad a su persona. Era como si con solo verlo pudiera estar mejor, como si el mismo oxígeno se volviera más respirable y limpio. Apretó las manos en puños, intentando soportar las ganas que tenía de abrazarlo en ese instante. Se estaban acercando, pero aun no conllevaba a los abrazos seguidos y esas cosas, no todavía. Pero aun así sentía unas ganas profundas de abrazarlo. Se sonrojó totalmente cuando Charles le sonrió cálidamente de medio lado.
"Puedes hacerlo." Charles aceptó después de leer su mente.
"¿Qué cosa?" Hayley sabía de lo que hablaba y aun así se hizo la desentendida. Sintiendose tan ridícula.
"Hayley." Charles alargó su mano, colocándola sobre la mejilla de su hija. "Yo sé todo sobre ti. No tienes que esconderme nada. No puedes esconderme nada, cariño." Corrigió con dulzura. Le puso un brazo sobre el hombro y ella, torpemente, fue acercándose hasta poner su frente contra su hombro. Charles la rodeó con sus brazos. "No estás sola, cariño."
Hayley cerró los ojos, disfrutando de la sensación tan tranquila que solo su padre le podía transmitir. Su corazón empezó a latir más rápido de lo normal. Luchó con todas sus fuerzas para no pensar en eso ya que él podría verlo dentro de su mente.
"Duerme ya." sintió el aliento de su padre cerca de su oído.
Hayley se estremeció un poco y se separó de él. "No quiero dormir."
"Yo estaré aquí." Charles le prometió lealmente al tiempo en que tomaba un mechón largo de cabello y lo acomodaba detrás de su oído. "No habrá pesadillas ésta noche. Lo prometo."
Aprensiva, Hayley volvió a acomodarse bajo las cobijas, volteándose de lado. Por su parte Charles volvió a su silla de ruedas, quedándose cerca de la cama.
Ella lo observó. "¿Papá?" habló tímidamente. "Gracias."
Charles le dedicó una sonrisa pasiva y luego se puso el dedo índice y el largo sobre la sien.
"Buenas noches, Hayley."
Hayley percibió su voz suave, de alguna manera aquello la adormiló enseguida y cayó sin remedio dentro de un sueño profundo quedándose dormida en un par de segundos.
Charles la contempló unos instantes más. Alargó una mano hacia el rostro de su hija y le acarició delicadamente una mejilla con la yema del dedo índice. El toque la hizo moverse entre sueños. A Charles le parecía tan indefensa cuando dormía. La dejó en paz, retrocediendo. Miró por la ventana. La luna ya estaba muy alta y bostezó. Se quedó observando el astro plateado detenidamente, concentrado, y se preguntó si Hayley seguiría estando a su lado por muchos años.
Algo dentro de él le decía que sí. Que estarían cerca por mucho tiempo. Era extraño, pero sentía como si ella le quitara la vida de a poco, como si ella fuese letal para él. Volteó de nuevo hacia la razón de su vida. Era tan cándida y dulce. No. Charles sonrió de medio lado. Ella, tan dulce, no era ningún peligro para él ni para nadie. Solo había que ver su tierno rostro. Era Hayley Xavier. Su pequeña Hayley no le haría daño a nadie.
A los días siguientes Hayley se acercó a la oficina de su padre y lo vió concentrado en unos papeles que estaba leyendo. Lo que fuera parecía importante. Al parecer escuchó sus pensamientos porque enseguida levantó la mirada.
"¿Hayley?" Charles observó a su hija parada allí, con carpetas en las manos y un bolígrafo detrás de la oreja.
"Hola." Hayley saludó terminando de entrar a la oficina. "Perdón si te estoy interrumpiendo. Yo solo pasaba por aquí."
"Tú nunca interrumpes cariño." Charles le sonrió mientras se alejaba de su escritorio y se acercaba a ella. "¿Pero que haces aquí? ¿No deberías estar en una clase ahora mismo?"
Asintiendo, Hayley miró hacia el suelo, sus carpetas acercándose a su pecho mientras parecía abrazarlas con fuerza. "Si, es solo que... Escuché a algunos de los otros estudiantes hablar sobre mí. Decían... solo... que era un bicho raro."
Suspirando, Charles supo cómo se sentía su hija. Aferrándose a una de sus manos por completo, condujo a Hayley hacia el asiento que estaba frente a su escritorio, mientras la niña se llevó las manos a los ojos, dejando caer las carpetas en su regazo, mientras se limpiaba las lágrimas amenazantes.
"Sé cómo te sientes, Hayley." le susurró Charles como una promesa moviendo su mano hacia arriba y hacia abajo de su brazo en lo que esperaba que fuera algún tipo de movimiento tranquilizador. "Sabes que hubo un tiempo en que los mutantes no eran aceptados. Los humanos solían susurrar con disgusto al verlos, pero las cosas están mejorando ahora. Sabes que esos otros alumnos te tienen miedo porque eres poderosa, pero ellos no te conocen. Ellos no saben nada de ti."
"No quieren." declaró Hayley cuando Charles le sonrió con tristeza y le echó un mechón de pelo castaño detrás de la oreja. "Lo intenté, papá. Pero es difícil." respiró hondo antes de hacer una pequeña mueca. "Estoy haciendo todo lo posible para hacer amigos, pero nada parece funcionar. Tal vez deba aceptar estar sola."
"No." Charles sacudió la cabeza rápidamente. "Honestamente, puedes sentir que estás sola, pero te prometo que no lo estás. Me tienes a mí. Y sabes que si alguna vez necesitas hablar, como ahora, entonces sabes dónde estoy. En cuanto a los otros estudiantes... bueno... veré si puedo tener una conversación con ellos."
"No." dijo Hayley con prisa, su cabeza sacudiéndose de un lado a otro. "No quiero que hables con ellos porque sabrán que dije algo. No quiero que lo sepan y me odien más por eso."
Charles le dio a la niña otra sonrisa triste. "Entonces no lo haré, pero intentaré ayudarte, de una forma u otra. Te lo prometo."
Hayley asintió de nuevo y respiró hondo, limpiando sus ojos de las lágrimas una vez más antes de darse unas palmaditas en los muslos y mirar hacia la puerta de la oficina, al mismo tiempo que Hank apareció.
"Oye Charles ya..." él maestro se interrumpió al ver a Hayley. "Oh, lo siento, estoy interrumpiendo..."
"No Hank, yo ya me iba." Hayley le dió una sonrisa mientras agarraba sus carpetas y se ponía de pie. "Tengo que ir a mi proxima clase." dijo antes de mirar a su padre. "Te veré más tarde."
"Por supuesto que si." Charles le dio una sonrisa final antes que ella saliera de la oficina para ir a su lección.
Hank miró a Hayley alejarse por el pasillo antes de mirar a Charles. "¿Está todo bien?"
"No, no lo está." Charles dijo en tono pensativo. "Al parecer sigue teniendo problemas con los demás estudiantes por ser diferente a ellos. Y lo peor es que no puedo intervenir como quisiera, porque Hayley no quiere que nadie sepa que ha acudido a mí. Desearía que los otros estudiantes pudieran ver lo que nosotros podemos ver. La verdad no se como ayudarla."
"¿Tal vez deberías dedicarle más tiempo a ella y ayudarla a aprender a controlar sus poderes?" declaró Hank.
"No es mala idea." Charles estuvo de acuerdo con él. "Últimamente no le he dado la atención que ella necesita. ¿Quizás podría llevarla a algún lado también? Alejarla de la mansión."
"Buena idea." estuvo de acuerdo Hank. "Solo asegúrate de que ninguno de los otros alumnos piense que está siendo tratada de manera diferente solo por ser tu hija."
"Oh, seré muy discreto." dijo Charles antes de encogerse de hombros. "Bien, ahora encarguemonos de nuestro tema en cuestión."
Más tarde Hayley caminó a la cafetería como siempre sola. Caminando hacia su mesa notó que alguien la miraba. Un chico de pelo oscuro. Ella no lo conocía, pero parecía mayor que ella.
'Maldita sea es guapa la niña.' dijo el chico.
Hayley se estremeció, estaba siendo mirada por un niño mayor que ella. Sólo tenía diez años.
'Que perra.'
Hayley se dió la vuelta, buscando la fuente de la voz.
'Eres una puta.'
'Espero no fallar esta vez.'
'Sólo una vez más.'
'Vamos conseguir un alto puntaje.'
'¿Siempre tiene que ser tan extraña?'
'El que sea hija del profesor no deja que sea un monstruo sin control alguno.'
El corazón de Hayley comenzó a acelerarse. La habitación comenzó a dar vuelta en círculos, girando en su visión, así que empezó a hiperventilar. Las voces se hicieron cada vez más fuertes y las escuchaba. Los escuchaba a todos. Ella dejó caer su bandeja de comida que se estrelló contra el suelo. Las caras de todos giraron hacia ella y la cantidad de voces en su cabeza aumentó, sin poder detenerlos. Ella puso sus manos en su cabeza y cayó de rodillas al suelo. Tantas voces. No podía pensar. No podía escucharse pensar. Todo lo que oía era la voz de la presencia en su mente... Abrió los ojos y soltó un grito largo y terrible.
"¿Más avistamientos mutantes recientemente, Charles?" Hank le preguntó.
Charles estaba frente a la ventana con las manos juntas. "Cerebro ha detectado alguno recientemente."
"Parece que perdemos más y más mutantes ante las autoridades." Hank murmuró.
Charles giró su silla de ruedas por lo que estaba frente a su amigo. "Confía en mí, Hank. El mundo nos aceptará un día por lo que somos." dijo suavemente antes de fruncir el ceño y mover un poco su cabeza hacia un lado.
"¿Qué pasa?" Hank preguntó extrañado.
"Hayley." fue lo único que dijo Charles en tono preocupado.
Ante el grito de Hayley cada ventana de cristal se rompió. Vidrios llovieron sobre todos los niños. Todos gritaban y corrían.
Charles y Hank llegaron para ver una escena horrible. La cafetería había sido destrozada por algún tornado. Las mesas y las sillas giraban alrededor de una figura en el centro de la habitación. Era Hayley. Estaba sentada en el suelo con las manos en las orejas. Cuando alguien se topó con ella. Sus ojos se abrieron revelando que brillaban las llamas, extendiéndose para cubrir los blancos y las pupilas. Su pelo se enroscaba alrededor de su cara ondeando como en un tornado personal.
"Dios mío." Hank murmuró alarmado.
"¡Hayley!" Charles la llamó enseguida.
Hayley se puso de pie lentamente y los miró, sus ojos que habían sido de un verde brillante, ahora eran de un rojo que no era natural. Su piel parecía brillar desde dentro y sus venas se destacaban alrededor de sus ojos y cuello, dándoles una mirada oscura, ella comenzó a reír amenazadoramente ante las expresiones de confusión y horror en Hank y Charles.
La mano de Hayley se movió y ambos fueron lanzados lejos de ella, sus cuerpos golpeando la pared con una fuerza violenta. Charles vió a otros niños que debieron quedar atrapados en el estallido telequinético de su hija. Algunos estaban aturdidos y otros inconscientes. Hank gimió cuando se puso de pie y ayudo a Charles en su silla de nuevo.
El suelo temblaba debajo de ellos. Los ojos de Hayley todavía brillaban de un oro ardiente. Su pelo se movía alrededor con fuerza. Las sillas y las mesas comenzaron a girar alrededor de ellos como si estuvieran atrapadas en un tornado.
"¡Charles debemos salir de aquí!" Hank dijo con temor sin apartar su mirada de Hayley. "¡Ella está fuera de control!"
Charles puso su mano al lado de su cabeza enseguida. 'Hayley amor, ¡escúchame!'
La cabeza de Hayley se desvió hacia él de nuevo, una línea tenue arrugando su frente.
'¡Sé que estas escuchándome, debes luchar y volver conmigo cariño. Vuelve conmigo por favor!' Charles le suplicó, y segundos después vió lágrimas rodando por la cara de su hija.
"Ayúdame." ella pidió asustada. Y luego gritó más fuerte que antes agarrando con fuerza su cabeza.
'Está bien. Estoy aquí. Debes parar. Debes controlarlo. Deja que te ayude.' Charles le dijo suavemente acercándose de nuevo a la mente de ella. Después de un tiempo pudo sentirla empezando a relajarse. Todos los objetos que giraban en el aire se congelaron y fueron bajados lentamente al suelo. La luz dorada se desvaneció en los ojos de Hayley y regresaron a su verde regular.
Los ojos de ella se abrieron con horror cuando vio lo que había hecho. Su mirada se desvió hacia las dos únicas personas en la habitación. Soltó un jadeo al ver a su padre y a Hank. Uno mirándola con temor puro y el otro con preocupación.
"Lo siento." ella tiró sus brazos alrededor de su cuerpo apretándolo con fuerza.
"Tranquila. Nadie resulto herido." Charles le dijo acercándose lentamente a ella.
"Perdí el control." Hayley susurró alejándose con ojos llorosos, mirando la sangre que goteaba por un lado de su cara. "Estás sangrando."
"Es solo un rasguño." dijo Charles desechando la preocupación de su hija y de Hank que se inclinó para ver el corte.
"¡Eso es más que un rasguño!" Hayley dijo con voz temblorosa alejándose más. "¡Pude haberte matado!"
"Hayley..." Charles la llamó notando como empezaba a entrar en pánico. Pero ella lo ignoró hablando sin parar.
"Soy peligrosa." Hayley murmuró para sí misma.
'Hayley mírame.' Charles llamó su atención por su mente, antes de hablar en voz suave. "Cariño mírame." el tono suave llamó la atención de Hayley que siguió respirando sin control. "Cálmate, todo está bien."
"Yo no quise hacer esto." Hayley susurró con voz temblorosa ahogada por el llanto. "No quise hacerlo... No sé qué paso."
"Lo sé. Amor lo sé." Charles le aseguró en voz suave un poco ahogada por aguantar las ganas de llorar al verla en ese estado. "No te estoy culpando. Sé que no quieres lastimar a nadie."
"Tengo miedo." Hayley dijo. "Tengo miedo de lastimarte."
"No vas a lastimarme." Charles le aseguró antes de extender su mano a ella. "Por favor acércate, necesito tocarte." Hayley miró su mano con temor. Charles se inclinó más. "No me vas a lastimar, te lo prometo, solo vas a hacerme sentir mejor, por favor amor toma mi mano." ella dudó pero para su alivio extendió su mano temblorosa hacia la suya. Enseguida que la sintió se aferró a su mano con fuerza, acercándola hacia él. Cuando ella quedó a su altura la rodeó en un abrazo fuerte.
"Lo siento." Hayley dijo entre lágrimas aferrándose a él con fuerza. "No quise hacer ésto. No quise lastimarte."
"Lo sé." Charles murmuró para tranquilizarla. "Lo sé."
"Por favor déjame inconsciente." Hayley le pidió haciendo que Charles se alejara del abrazo para mirarla confuso. "Hay una voz en mi cabeza que sigue susurrándome. No deja de hablar. Por favor papá hazlo, no tengo fuerza para retenerla ahora."
"Está bien." Charles aún confuso asintió poniendo sus manos a cada lado de su cara. "Duerme." él susurró y enseguida quedó inconsciente cayendo hacia adelante en Charles que la agarró enseguida. "Debemos llevarla a su habitación. Inmediatamente." le dijo a Hank que había estado rezagado.
Hank asintió y levantó a la niña con cuidado y sin esfuerzo. Así ambos se la llevaron a su habitación.
Charles Xavier se sentó a la cabeza de su hija Hayley Xavier. La niña de diez años aún estaba inconsciente de su último episodio telepático. Sus manos estaban a cada lado de su cabeza, sintiendo que era necesario protegerla de sí misma. Sus habilidades telepáticas eran demasiado... inestables. Ella no podía controlarse. Tenían que tener cuidado. Si Hayley perdiera el control lo que sucedió antes podría volver a suceder.
"¿Cómo está ella?" Hank preguntó desde el otro lado de la habitación.
"Estable." Charles dijo en voz baja. "Estoy poniendo algunos bloqueos mentales en su mente para mantener a raya sus capacidades telepáticas."
"¿Eso es sabio?" preguntó Hank.
"Desafortunadamente lo es." dijo Charles. "No he visto a alguien tan poderoso como Hayley. Sus habilidades están más allá de las mías."
"¿Entonces por qué refrenarlos?" Hank se acercó lentamente. "¿No podrías enseñarla a controlarlo?"
"Ella es demasiado joven Hank." Charles dijo sacudiendo la cabeza. "Viste de lo que es capaz. Casi mata a todos."
Hank miró a la niña. Ella estaba tranquila y en paz ahora. Su respiración era uniforme.
"Temo por todos." Charles continuó. "Ésto es para su protección y para todos los demás." se inclinó hacia su hija y cerró los ojos comenzando a poner las barreras.
Después de un tiempo Hank salió de la habitación dejándolo solo.
Mientras colocaba las barreras en la mente de Hayley, se desvió a unos recuerdos de ella que llamaron su atención.
La primera escena fue de una niña de siete años de aspecto normal con cabello castaño y ojos verdes que caminaba a casa desde la escuela. Como siempre solitaria, mientras otros niños a su alrededor iban acompañados de sus amigos o sus padres.
Entonces el tiempo se ralentizó. Vio que un coche daba la vuelta a la esquina parecía salir de la nada. En cámara lenta vio que el coche se acercaba a la niña llamada Etta. Hayley abrió la boca para gritarles a ambas, pero fue muy tarde. Hubo un sonido terrible. El sonido del impacto. El cuerpo de la niña Etta voló a través del paso de peatones en medio de la carretera. El auto se detuvo con un chirrido. Hubo un momento de shock silencioso antes de que Hayley viera como la niña Lisa corriera hacia su amiga.
"¡Etta!" Lisa lloró.
Hayley se encogió al ver a la niña de su escuela tendida en el suelo, rota. Había sangre saliendo de una herida en la cabeza. Parecía que había unos cuantos huesos rotos. Mientras Lisa lloraba Hayley empezó a sentir. Tenía una sensación terrible. Su corazón comenzó a latir con fuerza en su pecho y luego lo sintió. Ella sintió el dolor de la niña Etta. La herida en la cabeza y el estómago, los huesos rotos. Incluso vio su propia cara mirándola. Hayley comenzó a hiperventilar. Podía sentir a Etta muriendo.
'Voy a morir' una voz susurró en su cabeza. Hayley apretó los dientes, su corazón amenazando con salir de su pecho.
Hayley sintió morir a Etta. Vió todo lo que la niña había visto. Ella caminando detrás de ellas en la acera. El breve destello del auto acelerando para golpearla. Ella sintió el impacto. Sintió cada herida y hueso roto que había recibido y la había sentido morir. Hayley se aferró a su pecho y jadeó por respirar. Sentía que su corazón iba a explotar, pero todo lo que podía sentir en lo profundo era el dolor, la conmoción. Y la ira. Hayley soltó un largo y terrible grito por el dolor. Un grito que sacudió el suelo debajo de ella. Algo peculiar sucedió. Todo el farol en la calle explotó en una ducha de vidrio.
Luego la escena cambio a otra. Hayley estaba en el auto con sus tíos, mientras estos discutían.
"Creo que será mejor que la regresemos con su padre." Richard le dijo a Mariana.
"Ya basta Richard..."
"No, no me callaré..." Richard dijo con enojo. "Hayley está fuera de control, necesita ayuda..."
"Su padre no puede cuidarla Richard..." Mariana replicó molesta empezando una discusión con su esposo.
'No debí haberla traído con nosotros... Debí haberla dejado con su padre. No debería estar cerca de nosotros, es un peligro para todos.' decía Mariana en su mente.
Después de leer la mente de su tía Hayley no quiso escuchar más. Con rabia puso sus manos en sus oídos tratando de tapar las voces de Mariana en un intento desesperado de calmar la tormenta que se estaba formando rápidamente en su mente. Sus pensamientos crecieron rápidamente en volúmen hasta que se sintió como si fueran monstruos enojados, rectos en su mente, el sonido solo se hizo más aterrador y visceral. Solo podía mantenerse a raya durante un tiempo. Si ella no se calmaba, era solo cuestión de tiempo antes de que perdiera el control. De la nada una voz suave dentro de ella, susurró en su joven mente. 'Déjame salir y haré que se quede en silencio.' le dijo la voz a Hayley. Retorciendo sus pensamientos, alimentando la ira y el resentimiento provocado por el pensamiento de su tía. 'Déjame ayudarte, confía en mí.'
"No, silencio." Hayley aún con los ojos cerrados y las manos tapando sus oídos no se dió cuenta que su piel comenzó a tomar ciertas grietas rojas. Se balanceó de un lado a otro en su asiento, como si el movimiento de alguna manera pudiera silenciar el sonido. Ella necesitaba silencio o explotaría.
El ambiente en el auto cambió enseguida. La radio del auto empezo a cambiar de emisora sin detenerse y las cosas que iban dentro del auto empezaron a flotar. "Silencio..."
"¡Hayley basta!" Mariana se volteo para mirar a la niña y sus ojos se abrieron con temor al ver las pequeñas grietas rojas en su piel que brillaban.
"¡SILENCIO!" gritó Hayley y así, atormentada por las voces uso su poder sin darse cuenta.
Ésto involuntariamente hizo que Mariana se durmiera al volante del automóvil, perdiendo el control del auto que giró saliéndose del carril hacia un auto que venía en sentido contrario. En cámara lenta el auto impactó contra el otro. Hayley no escuchó el sonido terrible del impacto, ni los gritos de Richard. En su mente solo escuchaba la voz extraña que le decía que todo estaría bien mientras sin darse cuenta su telequinesis formó una barrera protectora a su alrededor, protegiendo su cuerpo de los fragmentos de metal y vidrio que se separaron del auto en medio del choque. Por otro lado el auto volcó y volcó hasta que se detuvo.
Hubo un momento de completo silencio después, que obligó a Hayley a abrir los ojos a la horrible realidad. La angustia mental siguió cuando se dio cuenta que había perdido el control de sus poderes, obligando a su tía a perder el control del auto. Sus poderes se extendieron, buscando la mente de su tía, y se quedó mortificada al descubrir que no había respuesta. Sólo una oscuridad vacía y sin vida. La niña miró impotente desde atrás mientras su tía colgaba, sin vida en el asiento delantero. Ella estaba muerta. Estaba muerta y todo había sido su culpa.
Como si tal situación pudiera empeorar, se vió obligada a observar cuando su tío se desabrochó el cinturón de seguridad, cayendo al techo del auto en un intento desesperado de abrirse paso para sostener a su esposa muerta. Su piel estaba ensangrentada, hecha pedazos por el mismo vidrio y metal del que Hayley se había protegido. Ella intentó cerrar los ojos, bloqueando las imágenes y los pensamientos en su cabeza, pero sin importar lo que hiciera, sus poderes continuaron fuera de su control. Podía ver lo que estaba pasando, a través de sus propios ojos y luego a través de los de su tío. Una vez que envolvió sus brazos alrededor de su tía, él se quedó inmóvil y su mente se quedó en silencio. ¿Estaba muerto él también?
Y la última escena estremeció a Charles un poco. Era Hayley que no dejaba de llorar al recibir la noticia de que sus tíos estaban muertos. En la mente de la niña solo residía el miedo, el dolor y la culpa.
Charles se apartó de su mente y se secó las lágrimas que terminaron derramándose por sus mejillas. Ni siquiera se había dado cuenta mientras miraba sus recuerdos. No, él no los estaba mirando. Él los estaba viviendo. Era como si fuera Hayley, pero él también la estaba mirando. Miro a su hija que seguía dormida. Nadie debería tener que vivir algo así.
Acarició suavemente su rostro, antes de inclinarse y besar su frente con suavidad. "Te quitaré ese dolor Hayley. Todo estará bien. Lo prometo."
Hayley miraba por la ventana hacia el patio. Hacía una semana que había perdido el control. Prácticamente no había salido de su habitación desde entonces. Con un suspiro miró el reloj. Eran casi las cinco de la tarde. Tenía que ir a ver a su padre. Saliendo de su habitación miro a ambos lados del pasillo, asegurándose de que no había nadie allí. Desde el accidente la gente la había estado evitando más de lo normal. Cada vez que entraba en una habitación se volvía silenciosa. Después de que se iba escuchaba susurros.
Hayley cerró las manos en puños y se concentró en su respiración. Su padre le dijo que tenía que controlar sus emociones. A veces podían disparar sus habilidades. Ella bajó las escaleras y llamó a la puerta.
"Entra Hayley." escuchó desde adentro. Abrió la puerta y su padre giró su silla de ruedas y le sonrió.
"Buenas tardes." dijo con una amable sonrisa en su rostro.
"Hola papá." Hayley sonrió con nerviosismo.
Charles señaló una silla, y esperó que se sentara. "¿Cómo te sientes hoy?"
"Bien, creo." Hayley dijo encogiéndose de hombros.
"No es culpa tuya, Hayley. No quisiste que sucediera nada malo." Charles le dijo.
Hayley suspiró mirando sus manos, y había un ligero temblor en ellas. "Casi lastimo a todos."
"Mírame." Charles le pidió en voz suave. Cuando los ojos verdes de su hija se encontraron con los de él continuó. "No fue tu culpa."
"Pero es mi poder y..." Hayley se detuvo cuando lágrimas empañaron su visión. "¿Qué pasa si vuelve a pasar? ¿Qué pasa si vuelvo a lastimar a alguien?"
Charles se inclinó agarrando su mano. "Prometo que te ayudaré a controlar ésto."
"Tengo miedo." Hayley susurró, como una lágrima cayó en su regazo.
"Hayley no hay nada que temer." Charles pasó sus dedos por su cabello con dulzura. "Solo necesitas aprender a controlarte como todos los demás. Ésta escuela es para jóvenes parecidos a ti. Aquí podremos ayudarte. Tú lo sabes."
Hayley bajó la mirada al suelo. "Pero soy mala. Soy imprudente. Nunca te escucho. Soy una abominación absoluta. Tengo mala suerte. Terminaré siendo tu muerte..."
Charles frunció el ceño. "No te atrevas a pensar de esa manera sobre ti misma, Hayley. Eres imprudente, y no siempre escuchas bien, y eso es parte de tu encanto. No estás cerca de la mala suerte, cariño. Tuve la suerte de encontrarte. Escúchame, amor. Todos somos un desastre a nuestra manera. Todos tenemos nuestro pasado, tú sabes el mío, el de Erik y el de Raven. Nos hizo lo que somos y lo que eres. Tú eres una hermosa jovencita que tuve la suerte de tener como mi hija. Eres lo único y mejor que ha llegado a mi vida."
"Igual que yo." Hayley asintió con ojos llorosos. "Te quiero papá."
Charles sonrió. Él presionó sus labios contra la frente de ella y se retiró. "Yo también te quiero."
Hayley sonrió antes de bajar la mirada al suelo. "Está susurrando de nuevo."
Charles se quedó confuso al momento, antes de caer en cuenta de a qué se refería su hija. Ella le había contado de la extraña voz que había escuchado desde que sus poderes se manifestaron. Él agarró sus manos llamando su atención. "Puedo ayudarte con eso."
"¿Cómo?" Hayley preguntó interesada.
"Entraré en tu mente más profundamente que las otras veces." Charles dijo. "Intentaré colocar instrumentos telepáticos en tu mente para bloquear pensamientos aleatorios. Eso significa que no escucharás más pensamientos a menos que lo intentes. Después que aprendas a controlar y fortalecer tus habilidades mentales, esos bloqueos ya no serán necesarios." Charles esperó que no solo estuviera siendo optimista. Ya podía decir en ese punto que los límites de su hija eran pocos cuando se trataba de su mutación... si hubiera alguna. Y todo ese poder podría ser potencialmente catastrófico. Pero él conscientemente bloqueó esos pensamientos de la cabeza de Hayley para que ella no pudiera escuchar.
Hayley lo miró fijamente, llenándose de su expresión. "Entonces hazlo ahora."
"¿Estás segura de que quieres esto, Hayley? Puede que pasen años antes..."
"Sí." Hayley dijo desesperada ahora por dejar de escuchar la voz en su cabeza. "Estoy cansada, papá."
Charles suspiró profundamente. "Está bien, entonces, vamos a tu habitación, deberás estar relajada."
En la habitación de Hayley, Charles colocó suavemente sus manos a ambos lados de la cabeza de ella. "Trata de pensar en un buen recuerdo... tu cumpleaños, la Navidad." él cerró los ojos mientras empujaba hábilmente a través de la mente de Hayley en su núcleo. Para su sorpresa y asombro, vió la fuente de todo lo que le había sucedido a su hija: un gran pájaro de fuego, ni malvado ni del todo bueno; ardía con intensidad, emitiendo una luz que fluía a través de la esencia de Hayley. Pero también pudo ver que ella sufría por no estar acostumbrada a su poder. Era hora de establecer los parámetros.
Hayley respiró hondo y contuvo las lágrimas mientras ponía las manos sobre las de él.
Charles abrió los ojos brevemente. "Hayley, ésto puede doler. Pero una vez que termine, podrás irte a dormir. ¿De acuerdo?"
"Si." Hayley asintió y cerró los ojos.
"Voy a empezar ahora." Charles sintió una onda moviéndose en su mente y en la de Hayley, donde se detuvo firmemente. Luego otra. Y otra.
Hayley cerró los ojos con fuerza aferrándose a las manos de Charles. "Ay... eso duele..." otro bloqueo mental se cerró y sintió una sensación como un cuchillo clavándose en su cabeza. Chilló mientras se retorcía en la cama. Pero no se detuvo. Más cuchillos se atascaron en diferentes lugares; un dolor más agudo y abrasador cortando su cerebro mientras el mosaico de bloqueos se forzaba en su lugar. El cuerpo de Hayley se sacudió instintivamente contra el dolor, pateando sus piernas y apretando los dientes tan fuerte como pudo. Pero ella no le dijo que se detuviera. Quería que esa voz se fuera.
"Casi termino, Hayley." Charles susurró, aunque se mordió el labio para evitar gritar cuando las uñas de su hija se clavaron en el dorso de sus manos. Con cada nuevo bloqueo, ella apretaba sus manos cada vez más fuerte. Casi estaba rompiéndole la piel. Finalmente, el último bloqueo se forzó en su lugar, desplazando posteriormente todos los que lo rodeaban.
Los ojos de Hayley se abrieron de golpe con un gritó de dolor cuando sus dedos rasgaron las manos de Charles.
Charles dió un grito agonizante mientras le soltaba la cabeza.
Hayley se incorporó, cerrando los ojos con fuerza, mientras respiraba pesadamente y esperaba que el dolor disminuyera. Cuando el latido en su cabeza bajó, abrió los ojos y se encontró mirando sus manos. Sus uñas eran un lío sangriento y tenían lo que parecía piel atrapada en ellas. Rápidamente volvió a mirar a su padre, quien estaba jadeando de dolor cuando él detuvo la hemorragia de una mano con el rastrillo de la uña.
Hayley lo miró con los ojos muy abiertos. "¡Papá! ¡Lo siento mucho!" sin siquiera pensarlo, se levantó de un salto para ir a buscar una toalla húmeda de su baño.
A pesar del dolor en sus manos, Charles levantó la vista y se echó a reír cuando Hayley regresó. "Una experiencia un poco dolorosa para los dos. Está bien, Hayley." agregó cuando vió la expresión de remordimiento en la cara de su hija.
Hayley se dejó caer sobre su cama con un gran suspiro y cerró los ojos. "Está bien."
"¿Cómo está tu cabeza?" Charles preguntó enseguida.
Hayley se quedó en silencio con los ojos cerrados buscando la voz en su cabeza, pero ésta no estaba. No pudo evitar sonreír antes de abrir los ojos y mirar a su padre que esperaba pacientemente su respuesta. "Está en silencio."
Charles sonrió aliviado antes de dejar la toalla que le había dado Hayley encima de la cama. "Bien, entonces podrás dormir tranquilamente ahora."
"Sí." Hayley dijo sonriendo. "¿Te quedarías conmigo?"
Charles se quedó en silencio, recordando brevemente cuando ella tenía siete años y le había hecho la misma pregunta. "Por supuesto que sí."
Hayley asintió antes de cerrar los ojos. Charles espero pacientemente hasta que estuvo seguro que se había quedado dormida por completo. Con cuidado de no despertarla inclinó sus manos colocándolas a cada lado de su cabeza. "Sé que te prometí que nunca leería tu mente sin tu permiso, pero ésto amerita que rompa mi promesa." dijo cerrando los ojos concentrándose para entrar en la mente de su hija buscando la entidad que había bloqueado con barreras. Enseguida fue recibido por una fuerza de energía. La energía se apoderó de su mente tan fuerte haciéndole estremecerse de dolor. De repente, se desvió a un recuerdo que llamó su atención.
'Unos soldados aparecieron de la nada con armas en sus manos diciendo que la llevarían al orfanato. Uno de ellos y el jefe de policía hablaron. El soldado con calma mientras que el jefe de policía prácticamente le gruñía, claramente dudando que un orfanato mandara soldados a buscar a una niña. El soldado dio un comando. Y los demás soldados levantaron sus armas hacia los policías cuando una pareja de soldados salió a tomar a Hayley. Ella se alejó con miedo, mientras el jefe de policía se apresuró para agarrar a la niña, pero fue detenido por uno de los soldados que amenazó con matarlo. Su arma apuntaba directamente a su cráneo. El soldado agarro a Hayley aun cuando ella intento zafarse de él. Y fue entonces cuando Hayley explotó. Ella dejó escapar un grito y varios objetos explotaron, haciendo que el soldado la soltara por el impacto.
"¡Es la mutante que buscamos!" uno de los soldados gritó cuando Hayley salió corriendo de la habitación. "¡Consíganla enseguida! ¡Trask la quiere sin un rasguño!"
Hayley corrió lo más que pudo pero el lugar estaba rodeado por los soldados. Así que corrió a una habitación y se escondió debajo de uno de los escritorios.
"Busquen bien. No puede esconderse para siempre." se escuchaba las voces.
Hayley gimió, acurrucada debajo del escritorio en la habitación. Gracias a la telepatía de la niña los soldados estaban teniendo muchos problemas para encontrarla, pero Hayley sabía que no podía aguantar mucho. Ella no tenía el mejor control de su poder, especialmente cuando tenía miedo.
Su única esperanza era que no pensaran buscarla en ese despacho.
"¡Sigan buscando!"
Hubo un choque en el pasillo y Hayley apenas contuvo un gemido asustado cuando uno de los soldados dejó escapar un rugido rabioso. Las pesadas pisadas hicieron eco en el pasillo, deteniéndose justo antes de la puerta, y Hayley sintió que su corazón se congelaba cuando el pomo giró lentamente. El miedo la mantuvo en su agarre cuando se dio cuenta de que su control se había deslizado y la iban a encontrar. Su corazón latía con fuerza y trató de pensar en una salida. En algún lugar para esconderse. Ella estaba aterrorizada. Ella tenía miedo de que la encontraran.
Sus ojos vieron un gabinete y corrió hacia él cuando la puerta se abrió y una voz dura sonó, paralizándola. "¡Quieta allí!"
Hayley se volvió, con los ojos muy abiertos, para enfrentar a un soldado.
"No te muevas." el hombre gruñó, moviéndose en la habitación amenazadoramente.
Hayley no pudo contener el gemido de miedo cuando el hombre se acercó a ella lentamente. A medida que él se acercaba, lo sintió. La presencia.
'Puedo ayudar Hayley... Déjame entrar...' la voz en su cabeza dijo.
'N-No... puedo manejar esto y-yo...' ella dijo antes de levantar su mano empujando al hombre haciéndolo chocar contra la pared, dándole tiempo de escapar de la habitación.
"¡Ahí está!" gritó un soldado alertando los otros.
'Te lastimarán... Déjame ayudarte, Hayley...' la voz dijo de nuevo cuando los soldados rodearon a Hayley.
"No... puedo hacer esto..." Hayley dijo. "No necesito..."
"¿Con quién estás hablando?" Uno de los hombres preguntó.
'Pero me necesitas... Déjame ayudarte, Hayley... Déjame salvarte...' la voz habló de nuevo.
Hayley sintió que su resolución se desmoronaba. Podía escuchar a los soldados gritarle, pero no podía entender lo que estaban diciendo. Su telepatía se estaba volviendo loca y podía escuchar una cacofonía de voces que gritaban en su mente, abrumando todo lo que era.
'Déjame salvarte, Hayley...'
Hayley asintió con la cabeza, se rindió, clamando por la presencia contra la que tanto había luchado.
"Necesito tu ayuda... p-por favor...!" '¡Ayúdame!'
En el momento en que las palabras salieron de sus labios, sintió que algo ardía y temblaba con el poder que se acumulaba en su interior. Algo dentro de ella levantó su cabeza y lo que momentos antes había sido una niña, ahora era algo completamente distinto.
Con una explosión de poder, los soldados fueron empujados lejos de ella, sus cuerpos golpeando la pared con una fuerza violenta. Todo lo que la rodeaba flotaba, ardía o estaba destrozada.
Sus ojos se volvieron de un verde brillante a un rojo que no era natural. Su piel parecía brillar desde dentro y sus venas se destacaban alrededor de sus ojos y cuello, dándoles una mirada oscura mientras los miraba, sonriendo ante la expresión de confusión y horror en sus rostros.
"¿Q-qué eres...?" uno de los soldados tartamudeó lentamente usando la pared para levantarse.
Hubo un momento de silencio y la cosa en la piel de Hayley parecía que realmente estaba considerando la pregunta. Luego su sonrisa se ensanchó y avanzó flotando hacia adelante, con una mirada maliciosa en sus ojos.
"Yo soy el Fénix." ella levantó una mano, gruñendo. "Y ustedes me aburren."
Y, de repente, había calor y fuego como ninguno que había visto y estaba vivo, girando y ondeando a su alrededor. Los objetos en el lugar solo alimentaban su furia y rápidamente consumía todo lo que encontraba en su camino.
A través de las llamas, los soldados podían distinguir a Hayley, no, el rostro triunfante del Fénix, una sonrisa sádica. Y había risas en el aire, un sonido agudo no infantil procedente del cuerpo de una niña.
Pero cuando el fuego finalmente lo alcanzó y los gritos llenaron el aire, la risa se rompió y hubo sollozos dolidos. Y los ojos rojos de Hayley se volvieron verdes otra vez y había horror en sus profundidades cuando vio la escena frente a ella y gritó de miedo. Ella se desplomó sobre la hierba, sollozando y acurrucándose en sí misma. No recordaba que había pasado. Como había sucedido eso. Solo que había dejado entrar la presencia. Confiado en ella.
Volviéndose a mirar los cuerpos de los soldados, tomó una decisión. Ellos no recordarían nada de lo que fuera que había sucedido, se olvidarían de todo por completo. Entonces, poniendo una mano en su sien, borró los recuerdos de todos los soldados y puso los nuevos recuerdos en su lugar, antes de huir del lugar desapareciendo para siempre.'
De repente, una profunda voz salió de todos los rincones del pensamiento. "¡¿Por qué estás en mi cabeza telépata?!"
Charles se estremeció de dolor otra vez, comprendiendo que había estado en el recuerdo de la presencia en la mente de Hayley que se hacía llamar Fénix. "Sé que eres lo que habita en la mente de mi hija. Hablemos, quiero saber que eres." esperó pero recibió solo silencio por un rato, hasta que la voz habló en tono seco.
"¡Fuera de mi cabeza telépata!" Fénix gritó de nuevo.
La fuerza sacó a Charles de su mente, que empezó a jadear en busca de aire, su cara vacía de color. Miró a Hayley y se aferró fuertemente a una de sus manos mientras se inclinaba dándole un beso en su cabello. "La primera vez que ésto sucedió tus ojos cambiaron de color, pensé que era otra de tus mutaciones, pero siempre fue ésta entidad dentro de ti queriendo salir. Lograste retenerla todos éstos años sin ayuda, pero ahora es más fuerte, pude sentirla." le dió a Hayley otro beso en el cabello cerrando los ojos con fuerza aún pudiendo sentir la fuerza que emitía la mente de su hija donde estaba bloqueada ésta entidad. "Aunque sea lo último que haga evitaré que salga a la luz." dijo con seguridad. "Te lo prometo." se inclinó esa vez besando la frente de Hayley.
