—¡Pero katniss! ¡No es una Secretaría de Estado, después de todo!
Finalmente estábamos de regreso a Cambridge, gracias a Dios.
—Sin embargo, peeta, podrías haber mostrado más entusiasmo.
—Lo felicité.
—Fue enormemente generoso de tu parte.
—¿Qué pretendías, por amor de Dios?
—¡Oh, santo cielo! —replicó ella—. ¡Todo esto me enferma!
Anduvimos un buen rato sin decir palabra. Pero algo andaba mal.
—¿Qué es lo que te enferma, kat? —pregunté como si se me ocurriera al cabo de un momento.
—La forma chocante en que tratas a tu padre.
—¿Y qué hay acerca de la forma chocante en que él me trata a mí?
Ya había abierto una espita. O, mejor dicho, la compuerta de un dique. Para que katniss se lanzara a una ofensiva en gran escala sobre el amor paternal. Ese total sindrome ítalo-mediterráneo. Y cómo había sido yo de insolente.
—Lo molestas, lo molestas y molestas una y otra vez —dijo ella.
—Es mutuo, Kat. ¿No lo notaste?
—No creo que te pares ante nada, con tal de molestar a tu viejo.
—Nada puede molestar a Oliver mellark III. Nada.
Salvo que te cases con katniss everdeen.
Conservé la calma suficiente como para entrar en el aparcamiento de un restaurante de mariscos. Entonces me volví hacia katniss muy enojado
—¿Eso es lo que piensas? —pregunté.
—Pienso que es parte de ti —dijo suavemente.
—¿No crees que de verdad te quiero? —salté.
—Sí —contestó siempre con suavidad—. Pero, de un modo bastante curioso, también amas mi status social negativo.
Sólo podía pensar en decir no. Lo dije varias veces y en varios tonos de voz.
Quiero decir que estaba tan trastornado que hasta consideré que podía haber una posibilidad de verdad en esa horrible insinuación. Katniss tampoco estaba en buena forma.
—Yo no puedo juzgar, peeta. Pienso que es parte de ti. Es decir, yo sé que no sólo te quiero por ti mismo. Quiero tu nombre. Y tu número.
Ella miró hacia afuera y yo pensé que iba a llorar. Pero no lo hizo, terminó su pensamiento:
—… después de todo, es lo que eres.
Me quedé allí un rato, mirando un cartel de neón intermitente: «Almejas y ostras». Lo qué más me había gustado de katniss era su habilidad para ver dentro de mi mismo, para entender cosas que nunca necesité concretar en palabras. Ella estaba haciendo eso aún, justo ahora. Cristo, ella ya habia hablado de frente sobre mi imperfección y a la suya propia.
¡Cristo, qué indigno me sentí! No supe qué cojones decir.
—¿Te gustaría una almeja o una ostra, kat?
—¿Te gustaría un sopapo en la boca, Preppie?
—Sí —dije.
Ella cerró su puño y lo puso suavemente en mi mejilla. Lo besé, y mientras trataba de abrazarla, ella se escurrió y ordenó como una mujer gángster:
—¡Conduzca solamente, Preppie! ¡Vuelva al volante y empiece a manejar!
Así lo hice.
Mi padre requirió una comida con migo pocos días después
Los comentarios básicos de mi padre giraban acerca de lo que él consideraba rapidez excesiva. Prisa. Precipitado. No recuerdo sus palabras exactas, pero conozco bien el texto de su sermón durante nuestro almuerzo en el Harvard Club, concerniente en principio a que yo comía demasiado ligero. Yo sugerí que ya era un adulto. Estábamos, como dije, almorzando en el Harvard Club de Boston., estábamos rodeados por su gente. Sus condiscípulos, clientes, admiradores y demás.
Era una situación prefabricada, si alguna vez hubo una. Si realmente se prestaba atención, era posible oír a algunos de ellos murmurando cosas como, «Allí va Oliver mellark » o «Ése es mellark, el gran atleta».
Mantuvimos todavía otro round de nuestra serie de no-conversaciones. Sólo la no muy específica naturaleza de la charla era evidentemente conspicua.
—Padre, no has dicho una palabra acerca de katniss.
—¿Y qué se puede decir? Nos la has presentado como un hecho consumado, ¿no es así?
—Pero ¿qué es lo que piensas tú, padre?
—Pienso que katniss es admirable. Para una chica de su extracción, llegar a radcliffe…
—Vamos al grano, padre.
—El caso no tiene nada que ver con ella —dijo— sino contigo.
—¿Eh? —dije yo.
—Tu rebelión —agregó—. Desde la muerte de tu hermano Eres un rebelde, hijo.
-padre, no veo por qué casarse con una preciosa y brillante chica de Radcliffe ha de ser rebeldía. Ella no es ninguna hippie medio loca, digo…
— tu madre y yo hablamos del tema son muy jóvenes , necesitan más tiempo, conocerse más
Ah, llegábamos al tema por fin . El maldito nudo de la cuestión.
—¿Qué te fastidia más, padre? ¿Que sea católica o que sea pobre?
Él respondió en una especie de susurro, inclinándose hacia mí:
—¿Qué es lo que más te atrae?
Estuve a punto de levantarme e irme. Se lo dije.
—Quédate aquí y habla como un hombre si quieres tanto fingir ser uno casándote —dijo él. ¿Para oponerme a qué? ¿A un muchacho? ¿A una chica? ¿A un ratón? De todos modos me quedé.
El hijo de… mostró una sonrisa cuando vio que me quedaba.
Podría decir que lo consideró como otra de sus victorias sobre mí.
—Sólo te pediríamos, tu madre y yo en esto estamos de acuerdo Peeta, te pediríamos que esperes un tiempo —dijo Oliver mellark III.
—Define «un tiempo», por favor.
—Termina la Escuela de Derecho. Si esto es verdadero, podrá superar la prueba del tiempo.
—Es verdadero. ¿Por qué narices someterlo a una prueba arbitraria?
Mi deducción era clara, creo. Me estaba alzando contra él. Contra su arbitrariedad. Contra su compulsión para dominar y controlar mi vida.
—peeta—él empezaba un nuevo round—. Eres menor…
—¿Menor para qué? —Me estaba poniendo furioso.
—No tienes todavía veintiuno. No eres legalmente un adulto.
—¡Guárdate tus minucias legales!
Quizás algunos comensales vecinos oyeron esta observación. Como para compensar mi barullo, Oliver mellark III lanzó sus siguientes palabras en un murmullo:
—Si te casas con ella enseguida, no te voy a dar ni la hora. Olvídate de mí dinero,¿ quién le importaba si alguien escuchaba?
—Padre, tú no sabes ni la hora del día en que vives, no necesito tu dinero
Salí de su vida y comencé la mía.
Faltaba todavía la cuestión de Cranston, Rhode Island, una ciudad situada al sur de Boston, casi a la misma distancia que Ipswich, sólo que Ipswich queda al norte.
Después de la debacle de la presentación de katniss a su potencial familia política (¿La tengo que llamar no-política ahora?» preguntó ella) no tenía ninguna confianza en mi encuentro con su padre. Es decir, en este caso yo estaría perturbando ese gran sindrome amoroso ítalo-mediterráneo, mezclado con el hecho de que katniss y su hermana eran su Adoración, mezclado con el hecho de que no tenían madre, lo que significaba opresivos vinculos anormales con su padre y hermana, Me erigiría contra todas esas fuerzas emocionales que describen los libros de psicología…
Además, el hecho de estar sin dinero.
Es decir, imaginen por un segundo a peeta mellark, un dulce muchachito de la otra calle en Cranston. Rhode Island. Viene a ver al señor Everdeen, un asalariado jefe de dicha ciudad, y dice: «Quisiera contraer enlace con su hija. Katniss ». ¿Cuál sería la primera pregunta del viejo? (No cuestionaría el amor de un mellark, puesto que conocer, a katniss es amarla, esto es una verdad universal). No, el señor everdeen diría algo así como: «mellark ¿con qué la va a mantener?».
Y ahora imaginen la lógica reacción del señor Everdeen si mellark le informara que las cosas serían al revés, al menos durante los próximos tres años: ¡era su hija quien debería mantener a su yerno! ¿No le mostraría a mellark el buen señor Everdeen, la puerta de calle? O más: ¿no lo sacaría a empujones si mellark no tuvierai mitamaño? Apuesto a que lo hubiera hecho.
Esto puede servir para explicar por qué, en ese domingo de mayo por la tarde, yo obedecía todas las señales de límite de velocidad, mientras íbamos hacia el sur por la ruta 95. Katniss, que disfrutaba de mi serenidad para conducir, se quejó en un momento de que yo iba a ochenta en una zona de cien kilómetros por hora. Le dije que necesitaba asentar el coche, cosa que no creyó en absoluto.
—Dímelo una vez más, kat.
La paciencia no era una de las virtudes de katniss, y ella se rehusó a mantener mi confianza repitiendo una vez más las respuestas a todas las preguntas que le había hecho.
—Sólo una vez más, kat, por favor.
—Lo llamé. Hablé con él. Dijo okay. En inglés, porque como te dije y aunque no lo creas él no sabe una maldita palabra de italiano, excepto unas pocas maldiciones.
—¿Pero qué quiere decir okay?
—¿Me vas a contar que la Escuela de Derecho de Harvard ha aceptado a un hombre que no sabe ni siquiera definir «okay»?
—No es un término jurídico, kat
Ella tocó mi brazo. Gracias a Dios, entendí eso. Aún necesitaba aclaraciones, sin embargo. Tenía que saber en qué estaba.
—Okay puede también significar me aguanto.
Ella encontró caridad en su corazón para repetir por enésima vez los detalles de la conversación con su padre. Él era feliz. Él nunca había esperado, cuando la mandó a Radcliffe, que volviera a Cranston para casarse con el chico de al lado (quien, por otra parte, se lo había propuesto antes de que se fuera). Al principio se
mostró incrédulo de que el nombre de su prometido fuera peeta mellark Entonces aconsejó a su hija no violar el undécimo mandamiento.
—¿Cuál es? —le pregunté.
—No mentir al padre.
—Oh.
—Y eso es todo, Peeta. De veras.
—¿Sabe que soy pobre?
—Sí.
—¿No le importa?
Al menos tú y él tenéis algo en común.
—Pero sería más feliz si yo tuviera un poco de pasta ¿no?
—¿No lo serías tú?
Me quedé callado por el resto del viaje., Mientras katnis comentaba que quien estaba verdaderamente entusiasmada de conocerme era su hermana prim pero no la veríamos sino hasta la mañana siguiente ella acudía ha una clínica local como voluntaria de vez en cuando cada que está en casa pues quería estudiar medicina, sin saber que vendríamos por avisar tan de improviso se había comprometido un día antes así que la veríamos casi hasta antes de marcharnos un día después pero definitivamente la veríamos pues estaba ansiosa de conocerme.
Katniss vivía en una calle llamada Hamilton Avenue, una larga línea de casas de madera con muchos chicos frente a ellas, y unos pocos árboles agonizantes.
Con sólo conducir por ahí, buscando un lugar para estacionar, me sentí como en otro país. Para empezar, había mucha gente. Junto a los chicos jugando había familias enteras sentadas en sus porches aparentemente sin nada mejor que hacer ese domingo, que mirarme estacionar mi MG.
Katniss se bajó primero. Sus reflejos eran increíbles en Cranston, como una pequeña y rápida gatita saltona. Hubo algo así como un organizado murmullo de aprobación cuando los mirones de los porches vieron quién era mi pasajera. ¡Nada menos que la gran everdeen! Cuando escuché las bienvenidas que le dedicaban, me dio casi vergüenza salir.
—¡Hola, katniss! —oí que chillaba, con gran gusto, una especie de matrona.
—¡Hola, señora Capodilupo! —gritó katniss a su vez. Bajé del coche. Pude sentir los ojos sobre mí.
—Eh, ¿quién es el chico? —gritó la señora Capodilupo. No eran muy sutiles por aquí ¿eh?
—No es nadie —contestó katniss. Cosa que resultó espléndida para mi estado de animo.
—Quizás —volvió a chillar la señora Capodilupo—. ¿Pero la chica que está con el es realmente alguien?
—Él sabe —replicó katniss.
Entonces se dio vuelta para satisfacer, a los vecinos del otro lado.
—Él sabe —dijo a todo un nuevo grupo de admiradores suyos. Tomó mi mano
(yo me sentía un extraño en el paraíso), y me condujo por la escalera hacia el 189 A de Hamilton Avenue.
Era un momento desgraciado.
Yo estaba parado allí mientras katniss decía: «Éste es mi padre». Y Phil Everdeen,
un rústico (un metro setenta y cinco y setenta y cinco kilos) de Rhode Island en las postrimerías de sus cuarenta y tantos años, extendió la mano.
—¿Cómo le va, señor?
—Phil —me corrigió—. Yo soy Phil.
—Phil, señor —repliqué mientras continuaba sacudiendo su mano.
Fue también un momento espantoso. Porque entonces, cuando soltó mi mano, el señor Everdeen se volvió hacia su hija dando un grito increíble:
—¡katniss!
Por una décima de segundo no pasó nada.
Y luego ellos se estaban abrazando. Fuerte. Muy fuerte. Balanceándose de un lado a otro. Todo lo que el señor everdeen podía ofrecer de ulterior comentario era la (ahora muy suave) repetición del nombre de su hija: «katniss». Y Prim estará feliz de verte.
Y todo lo que su hija-graduada-en-Radcliffe-con-honores podía ofrecer de respuesta era: «Phil». Si , Definitivamente… yo era el tipo que sobraba.
Un detalle de mi crianza me ayudó a salir a flote esa tarde. Siempre me habían sermoneado sobre el hecho de no hablar con la boca llena. Desde que Phil y su hija seguían conspirando para llenar ese orificio, yo no tenía que hablar. Debo haber comido una cantidad récord de masas italianas. Más tarde diserté largamente sobre las que me habían gustado más (no comí menos de dos de cada clase, por miedo de
ofenderlos), para deleite de los dos Everdeen.
—Él es okay, —dijo Phil Everdeen a su hija.
¿Qué significaba eso en el ambito Ítalo americano?
Yo ya no necesitaba que me definieran «okay», tan sólo quería saber cuál de mis pocas y circunspectas actitudes me había ganado ese afectuoso epíteto.
—¿Me habían gustado las masas apropiadas?compradas especialmente para la ocasión pues se enteró por katnis que me interesaba por la cocina y repostería , que mi secreto es que quise ser chef pero los negocios familiares me inclinaron por las leyes , así que el Sr. Everdeen consiguió las mejores galletas italianas de la región en una panadería del que además era un pequeño inversionista, el Sr Everdeen era socio tambien de un restaurantbar pertenecientes al padrino de las chicas haimitch y su esposa Effie , trabajaba además como asalariado para una empresa de manera fija .
—Te dije que era okay, Phil —dijo la hija del señor Everdeen.
—Bien, okay —dijo su padre—. Pero aún tenía que verlo por mí mismo. Ahora lo veo. ¿peeta?
Se dirigía a mí.
—¿Sí, señor?
—Phil. —¿Sí, señor Phil?
—Eres okay.
—Gracias, señor. Me alegro. Realmente me alegro. Y usted sabe lo que siento por su hija, señor. Y por usted, señor.
—peeta, —interrumpió katniss—. ¿Puedes dejar de parlotear como un estúpido preppie, y…?
—katniss —interrumpió el señor everdeen—. ¿Puedes dejar de decir palabrotas?
El es un huésped, durante la cena (las masas fueron simplemente una merienda), Phil trató de mantener una conversació seria conmigo acerca de ya-saben-qué.
Por alguna razón pensó que podría efectuar un acercamiento entre los mellark
—Déjame hablarlo por teléfono, de padre a padre, —suplicó.
—Por favor, Phil, será una pérdida de tiempo.
—No puedo quedarme aquí sentado, y permitir que un padre repudie a su hijo. No puedo.
—Sí. Pero yo también lo repudio, Phil.
—No quiero volver a oírte hablar así —dijo enojándose genuinamente—. El amor de un padre debe ser apreciado y respetado. Es raro.
—Especialmente en mi familia —dije.
Katniss se levantaba y se sentaba para servir, de modo que no estaba muy atenta a la conversación.
—Llámalo por teléfono —insistía Phil—. Yo me ocuparé de esto.
—No, Phil. Mi padre y yo tenemos instalada una línea fría .
—Oh, escucha, peeta. Se va a derretir. Créeme cuando te digo que se va a deretir. Ni bien llegue el día de ir a la iglesia…
En ese momento katniss, que estaba retirando los platos de postre, dirigió a su padre un portentoso monosílabo.
—papa…
—¿Sí, kat?
—Sobre eso de la iglesia…
—¿Sí?
—Mmmm… me parece que no hay nada que hacer ahí
—¿Oh? —preguntó el señor everdeen. Y entonces, cayendo instantáneamente en la conclusión equivocada, se volvió apologéticamente hacia mí.
—Yo… kat… no quise decir necesariamente Iglesia Católica, peeta. Quiero decir, como katniss sin duda te ha contado, que nosotros pertenecemos a la fe católica. Pero… quiero decir, tu iglesia, peeta. Dios bendecirá esta unión en cualquier iglesia, lo juro.
Miré a kat, que obviamente había olvidado cubrir este tópico crucial en su previa conversación telefónica.
—peeta —me explicó—. Hubiera sido una tontería decirle todo a la vez.
—¿De qué se trata? —preguntó el siempre afable señor everdeen.
¿Por qué fue justamente en ese preciso momento cuando mis ojos chocaron con laestatuilla de porcelana de la Virgen María, que estaba en un estante del aparador de los Everdeen ?
—Se trata de la cuestión de la bendición de Dios, Phil —dijo katniss apartando la mirada de él.
—¿Sí, kat, sí? —preguntó Phil, temiendo lo peor.
—Mmm… Nada que hacer —dijo ella, mirándome ahora para pedirme ayuda, una ayuda que traté de darle con los ojos.
—¿De Dios? ¿De ningún Dios?
Katniss asintió.
—¿Puedo explicarlo? —pregunté.
—Por favor.
—Ninguno de los dos es religioso, Phil. Y no queremos ser hipócritas.
Pienso que lo soportó porque venía de mí. Podría quizás haber sido más difícil si le dijera que es katniss quien no quiere involucrar la religión en nuestro matrimonio prefiere la parte lógica, un contrato entre dos personas, un acuerdo legal, ahora él era el tipo que sobraba, el extranjero. No nos podía mirar a ninguno de
los dos.
—Muy bien —dijo después de un muy largo rato—. ¿Podríais al menos informarme quién realizará la ceremonia?
—Nosotros —dije., Los votos los haremos nosotros directamente
Miró a su hija para verificar. Ella asintió. Mi declaración era correcta.
Después de otro largo silencio dijo nuevamente:
—Muy bien.
Y luego me preguntó, en la medida en que yo planeaba mi carrera de derecho, si esa clase de casamiento era —¿cómo es la palabra?— legal.
Katniss explicó que la ceremonia que teníamos en mente estaría presidida por el capellán Unitario de mi universidad («Ah, capellán», murmuró Phil), mientras el hombre y la mujer se dirigían el uno al otro.
—¿La novia también habla? —preguntó, como si de todo lo dicho ése fuera el golpe de gracia.
—Papa—dijo su hija—, ¿puedes imaginarte alguna situación en la cual yo me calle la boca?
—No, nena —contestó tratando de sonreír—. Me imagino que tendrás que hablar.
A la mañana siguiente mientras desayunábamos en una pequeña mesa desayunador cuando llegó como un pequeño tornado, de prisa y llena de entusiasmo Prim ( su hermana) escuchamos abrir la puerta
Prim : katniss, llegaron, están aquí?
-acá en la cocina Prim (grito katniss)
Corrió de inmediato ha abrazar a katnis después saludo a su padre, para al final detenerse a mi lado y observarme detenidamente con una sonrisa en su rostro bastante contagiosa
: hola , eres peeta verdad , eres muy guapo, bien hecho hermanita , soy Prim hermana de katniss y tú cuñada
Hola Prim, mucho gusto
Mi hermana me ha hablado tanto de ti, en nuestras conversaciones telefónicas siempre, siempre aparecía tu nombre desde el primer día que te conoció y mira es raro en ella hablar tanto de alguien q no fuésemos padre y yo
- de verdad, te contó su enfrentamiento con migo en la biblioteca
-oh siii, definitivamente me habló de eso dijo riendo seguramente recordando lo que katniss le relato , le dijiste que ya lo habías visto rondar el lugar antes (dijo volteando a ver a katniss)
- Que?
- prim no creo que sea necesario que peeta se entere de eso
- Vamos katniss, se van a casar, déjame decirle
- No estoy segura que sea buena idea
- dime Prim… dime , ella no me ha contado nunca nada de eso
- no Prim (dijo katniss sonrojada,)
- Chicas ( dijo el padre de las Everdeen ) espero no sea nada malo, katniss espero que tu comportamiento fuese adecuado a tu inteligencia, se puede arrepentir del matrimonio (dijo en broma)
- eso nunca, nunca me arrepentiré de casarme con ella, la amo , deja que me diga kat o cuéntame tú
- Esta bien, cuéntale Prim (djo katniss algo apenada creo yo por mi declaración o talvez por lo que su hermana me diría )
- Pues una noche que me telefoneó y hablamos delo de siempre la escuela y su trabajo en la biblioteca esa vez en la plática abía una novedad me comentó de un chico rico y rubio que acudía últimamente frecuentemente en busca de libros y al que las chicas volteaba a ver mientras estudiaba , es un calavera seguramente me djo pues las entusiasma con su sonrisa y además comento que era divertido ver el show que representaban las féminas cada que el llegaba al lugar, imaginarás mi sorpresa un par de semanas después cuando me dijo que salía con tigo y que además eran ya amigos.
- Así que Kat, (dije moviendo mis cejas de arriba ha bajo un poco para jugar y quitarle seriedad al asunto, sé que ella estaba bastante avergonzada por esta confesión)cuando me acerque a preguntar por el libro tú ya sabías quien era yo
- No, tu nombre completo no pero es verdad que te había visto rondar el lugar y veía lo que provocabas en las chicas , me apiade de ti , decidí intervenir antes que alguna chica tonta y rica decidiera intentar algo contigo , lo que menos necesitabas era eso, tu necesitabas alguien inteligente y mordaz no alguien ,no alguna tonta aduladora y superficial dijo con firmeza
- Necesitaba alguien como tú?
- por supuesto, tu mismo lo deberías de admitir Harvard , me necesitas y además como dje antes me gustaste desde el inicio
-A mi también me gustaste desde el inicio Kat (dije abrazandola) , lo admito te necesito, (dje algo meloso está vez besándola en la mejilla)
- Bueno, bueno, continuemos con el desayuno dijo Phil , Prim sírvete y ven con nosotros a la mesa
- Si
-Como quisiera que estuvieran aquí haimitch y Effie , ahora están de vacaciones , ya los conocerán ellos son parte de esta familia dijo el Sr. Everdeen
- Claro que me gustaría conocerlos
Nadie me pudo quitar la sonrisa del rostro en todo esa mañana por la confesión de Prim, katniss me había notado con anterioridad en la biblioteca, había estado observándome, le guste desde el inicio, yo tan inseguro que estuve con ella todas esas primeras citas intentaba ocultarlo pero katniss es tan diferente a las demás que dudaba, claro naturalmente esto me da más confianza lo reconozco, justo al llegar hoy mismo a casa de katnis ella misma le decia a su vecina frente a mí que yo no era nadie y eso me molestó un poco, sé que lo hiso por no entrar en rumores y que no era verdad pero me lastimo escucharla decir eso, aveces creo que se siente obligada a casarse con migo pero recuerdo que es katniss a ella nadie la puede obligar a nada que no quiera, son solo mis inseguridades aún así siento que le estoy robando su futuro, le estoy robando París y por qué, por años de mucho trabajo jornadas laborales dobles para mantenernos nosotros y ha mis estudios, lo hablamos ella y yo, ella tiene ya un trabajo garantizado en la enseñanza y yo estare en trabajos de medios tiempos mientras estudio, cuando logré estabilidad al graduarme yo la mantendré y ella le tocará su turno de estudiar, música por supuesto, le pagaré la mejor escuela talvez julliard,, nuestro futuro será difícil y dudo pero no por mí por ella, no es justo para ella y tengo miedo que se arrepienta y vea que no valgo tantos problemas, sin embargo lo que me dijo Prim me hace feliz, me hace aferrarme a nuestro amor y me repito que katniss me quiere tanto como yo a ella y que no se arrepentirá
la mañana se pasó rápido , fue divertido estar con una familia tan diferente a la mía, Prim y el Sr. Everdeen me agradaron mucho y aunque llegó sin nada de valor , sin nada que aportar a este matrimonio solo llegó con mi persona y el inmenso amor que le tengo a katniss, aún así ellos me aceptaron fácilmente me alegra pertenecer a esta familia, mientras volvíamos a Cambridge, le pregunté a Kat cómo le parecía que había resultado todo.
—Okay —dijo ella simplemente y eso me hizo sonreír de nuevo.
El señor William F. Thompson, Decano Asociado de la Escuela de Derecho de Harvard, no podía creer a sus oídos.
—¿Lo escuché bien, señor mellark?
—Sí, señor Decano Thompson.
No había sido nada fácil decirlo la primera vez. No era más fácil repetirlo.
—Necesito una beca para el próximo año, señor.
—¿Realmente?
—Por eso estoy aquí, señor. Usted tiene a su cargo la ayuda financiera ¿no es así, señor Decano Thompson?
—Sí, pero es algo curioso. Su padre.
—Él no tiene nada que ver, señor.
—¿Perdón?
El Decano Thompson se quitó las gafas y empezó a limpiarlas con su corbata.
Entre él y yo hay una especie de desacuerdo.
El Decano se puso otra vez las gafas, y me miró con esa inexpresiva expresión que sólo un Decano puede manejar.
—Esto es muy lamentable, señor mellark —dijo.
¿Para quién? —quise preguntar—. El tipo estaba empezando a usar la apisonadora.
—Sí —dije—. Muy lamentable. Pero es por eso por lo que lo vengo a ver, señor.
Me caso el mes que viene. Los dos trabajaremos todo el verano. Luego katniss mi esposa, enseñará en una escuela privada. Es un modo de subsistir, pero no alcanza sin embargo para pagar mi educación. Su cuota es bastante exorbitante, señor Decano thompson.
—Mmmm… sí —contestó. Pero eso fue todo.
¿Es que ese tipo no captaba la violencia del tema? ¿Para qué carajo pensaba que
estaba yo allí, con todo?
—Decano Thompson, quiero una beca. —Lo dije directamente. Por tercera vez
—. En el banco estoy absolutamente seco, y ya estoy aceptado en la Escuela de Derecho.
—Oh, sí —dijo el señor Thompson escudándose en un tecnicismo—. Pero la ultima fecha para ayuda financiera prescribió hace tiempo.
¿Qué podía satisfacer a este hombresillo? ¿Los detalles sangrientos del asunto quizás? ¿Era un escándalo lo que quería? ¿Qué?
—Decano Thompson, cuando yo presenté mi solicitud no sabía que sucedería esto.
—Es verdad, señor mellark, y debo decirle que realmente no creo que esta institución deba entrar en una disputa familiar. Y más bien penosa, como ésa.
—Okay, Decano —dije poniéndome de pie—. Ya veo adónde quiere llegar usted.
Pero no voy a aceptar hablar con mi padre para que usted pueda conseguir un edificio mellark para la Escuela de Derecho.
Mientras me daba vuelta para irme, escuché al Decano Thompson murmurar:
—Esto es desleal.
No podía estar más de acuerdo.
Venderé mi auto, un regalo de mi hermano y mi padre , demasiado lujo y mi vida ahora es otra , con el dinero pagaré parte de mis estudios me compraré un auto usado y económico, lo necesitaremos para movernos de un lugar a otro entre empleos y estudio pero esta vez nada ostentoso sino solo funcional , si eso es lo mejor, está decidido .
