Se aserca el final de la historia 2o 3 caps más y termina

Quiero decir que Erwin, Bella y yo éramos los tres primeros de la clase de graduados de la Escuela de Derecho. El momento del triunfo estaba a mano.

Entrevistas de trabajo. Ofrecimientos. Conversaciones para hacer pinta. Por todas partes parecía dar vueltas alrededor de mí alguien agitando una bandera que decía:

«¡Trabaja para nosotros, mellark!».

Pero yo seguía solamente las banderas verdes. Quiero decir, no era totalmente torpe, pero eliminaba las alternativas de prestigio, como presentarme para magistrado; y las alternativas de servicio público, como el Departamento de Justicia, en favor de un trabajo lucrativo que sacara de nuestro maldito vocabulario la sucia palabra «ahorrar».

Tercero como había salido, tenía además una inestimable ventaja para competir por los mejores puestos legales. Era el único tipo entre los mejores que no era judío

Me sentía como un chico que acaba de sacar un premio y amaba cada minuto de eso.

Hubo una oferta especialmente intrigante de una firma de Los Ángeles. El reclutador, señor…, (Obvio su nombre, ¿por qué arriesgar un pleito?),

persistía diciéndome:

«muchacho, aquí lo conseguimos todo el tiempo. Día y noche. ¡Te aseguro que hasta nos lo podemos hacer mandar a la oficina!».

No era que estuviésemos interesados en California, pero me hubiera gustado saber precisamente a qué se refería el señor…

A katniss y a mí se nos ocurrieron algunas disparatadas posibilidades, pero para los Ángeles posiblemente no fueran lo suficientemente disparatadas. (Finalmente conseguí sacarme de encima al señor…diciéndole que realmente «eso» no me importaba para nada. Se quedó con la cola entre las piernas).

Actualmente habíamos resuelto permanecer en la Costa Este. Como se vio, aún teníamos docenas de fantásticas ofertas de Boston, Nueva York y Washington. En cierto momento katniss pensó que Washington sería bueno («Así ves si te gusta la casa Blanca, peet»), pero yo tiraba para Nueva York. Y así, con la bendición de mi mujer, finalmente di el sí a la firma de Jonas y Marsh, una prestigiosa oficina (Marsh fue antes procurador general) orientada hacia las libertades civiles. («Puedes obrar

bien y hacer el bien al mismo tiempo»; dijo katniss). También ellos realmente me deslumbraron. Quiero decir, el Viejo Jonas vino a Boston, nos llevó a comer al súper chic Pier Four y le mandó a katniss flores al día siguiente.

Katnis anduvo como una semana cantando una especie de jingle que decía:

«Jonas, Marsh y mellark». Le dije qué no tan rápido, y ella me mandó a freír espárragos porque yo probablemente entonaba el mismo cantito en mi cabeza. No necesito decirles que ella tenía razón.

Permítanme mencionar, sin embargo, que Jonas y Marsh pagaban a peet mellark 11 800 dólares, el sueldo absolutamente más alto recibido por ningún miembro de nuestra graduación.

Ya ven: resulté tercero sólo académicamente.

CAMBIO DE DIRECCIÓN

Desde el 1.º de julio de 1967

Peeta mellark IV y señora

se trasladan al 263 East 63rd. Street,

Nueva York, N. Y. 10021

—Es tan nouveau riche —se quejó katniss

—Pero es que nosotros somos nouveaux riches —insistí.

Lo que se agregaba a mi sentimiento de triunfo eufórico sobre todas las cosas, era el hecho de que la cuota mensual que pagaba por el coche ¡estaba condenadamente cerca del total de lo que pagábamos por el apartamento en Cambridge! Jonas y Marsh quedaban fácilmente a diez minutos caminando (o contoneándome, puesto que prefería esto último), y a la misma distancia había interesantes negocios como Bonwit's y otros, donde insistía para que la desgraciada de mi mujer inmediatamente abriera cuentas y empezara a gastar.

¿Por qué, peeta?

¡Carajo, katniss, porque quiero sacar provecho de eso!

Me asocié al Harvard Club de Nueva York, propuesto por Raymond Stratton, 1964, recién regresado a la vida civilizada después de haber abatido algún Vietcong

(«No estoy muy seguro si eran Vietcong actualmente, así que abrí fuego hacia los arbustos»). Ray y yo jugábamos al squash al menos tres veces por semana, y por mi parte hice una anotación mental: darme un plazo de tres años para ser campeón del club. No sé si simplemente porque yo había renacido en territorio de Harvard, o porque las habladurías de mis éxitos en la Escuela de Derecho andaban dando vueltas por ahí (aunque nunca me jactaba acerca de mi sueldo, en serio), pero mis amigos me «descubrieron» una vez más. Nos habíamos mudado en el apogeo del verano (yo tenía que hacer un curso atorado para el examen de los tribunales), y las primeras invitaciones eran para los fines de semana.

—Mándalos al diablo, peeta. Yo no quiero desperdiciar dos días hablando con un puñado de aburridos preppies.

—Okay, katniss, ¿pero qué les digo?

—Que estoy embarazada, peeta

—¿Lo estás? —pregunté.

—talvez, me he sentido cansada y algo mareada lo sabes, ayer te di un buen susto, así que quizás, casi estoy segura

Si ayer justamente después de la cena la encontré desmayada en la cocina y me dio un susto de muerte justo le obligue q comer un poco más de la cuenta y descansar más, talvez si este embarazada pienso y una sonrisa se refleja en mi cara.

Te molestaría estarlo?, digo es tu tiempo para seguir estudiando, en eso quedamos

No, no me molestaría torpe, me alegraría mucho tener un bebé, lo he estado pensando toda la semana, quiero que se parezca ha ti, rubio y de ojos azules, en esta nueva vida, ahora si nos lo podemos permitir, lo de estudiar vendrá después

Ya teníamos elegido el nombre. Quiero decir, yo lo tenía, y pienso que conseguí que katniss lo aceptara finalmente.

—Eh, ¿no te reirás? —le dije cuando introduje el tema por primera vez. Ella estaba en ese momento en la cocina (una cosa color amarillo té claro que hasta incluía un lavaplatos).

—¿Qué? —preguntó sin dejar de cortar tomates en rodajas.

—Me gusta realmente el nombre Bozo —dije.

—¿Estás hablando en serio? —preguntó.

—sii. De verdad me gusta.

—¿Llamarías Bozo a nuestro hijo? —preguntó de nuevo.

—Sí, realmente. De veras, katniss, es el nombre de un super-atleta.

—Bozo mellak —ensayó ella para juzgar.

—¡Cristo, va a ser un macho extraordinario! —continué, convenciéndome cada vez más con cada palabra que decía—. Bozo mellark, el más grande tackle de All-Ivy.

—Ajá… Pero peeta —dijo ella—. Imagina… sólo imagina que el chico no se clasifique.

—Imposible, kat. Los genes son demasiado buenos. De veras.

Lo decía sinceramente. El asunto Bozo había llegado a ser una de mis frecuentes fantasías mientras me pavoneaba hacia el trabajo.

Seguí con el tema durante la cena. Habíamos comprado una vajilla de porcelana danesa.

—Bozo será un machazo que sé calificará bien en seguida —le dije a katniss—. De hecho, si tiene tus manos, podemos ponerlo en la línea trasera.

Ella se contentaba con sonreír burlonamente, buscando sin duda que se escapara una falla que trastornara mi idílica visión. Pero faltando los trascendentes reparos, simplemente cortó la tarta y me dio un pedazo. Y todavía seguía escuchándome.

—Piénsalo, katniss—continué, siempre con la boca llena—. Más de cien kilos de viveza y de polenta.

—¿Más de cien kilos? —dijo—. No hay nada en nuestros genes que diga más de cien kilos, peeta

—Lo alimentaremos, kat. Altas proteínas, nutrición, todos los suplementos de dieta.

—¿Ah, sí? Y suponte que no quiera comer, peeta.

—¡Comerá, carajo! —dije ya un poco hinchado con ese chico que de pronto estaría sentado en nuestra mesa, sin cooperar con mis planes para sus triunfos atléticos—. Comerá o lo castigaremos

En este punto, katniss me miró a los ojos y sonrió.

—No si pesa más de cien kilos. No podrás.

—Oh —contesté, momentáneamente acorralado, pero dándome cuenta de inmediato—. No pesará tanto en seguida.

—Sí, sí —dijo katniss, ahora sacudiendo una admonitoria cuchara hacia mí—. Pero Pero cuando los pese, harvard, empieza a correr. —Y se rió como loca.

Es realmente cómico, pero mientras ella se estaba riendo yo tuve la visión de ese chico de cien kilos, en pañales, persiguiéndome por Central Park y gritando: «¡Sé más bueno con mi mamá, Preppie!». Cristo, espero que katniss no permita que Bozo

me destroce.

_''_

hay una cierta ironía envuelta en los casos de los tipos que pasan los primeros años de su vida sexual preocupados por no dejar embarazadas a las chicas

(y cuando yo empecé se usaban los preservativos), y que cambian luego sus pensamientos y se obsesionan a favor de la concepción, no en su contra.

Katniss separó cita médica para confirmar nuestras sospechas y empezar a prepararnos para su embarazo que ciertamente no se le notaba nada por el momento.

Katnis se hizo un análisis el lunes , yo la acompañe por un rato y después me fui a trabajar

(estaba fantásticamente inmerso en el mundo legal). El doctor Sheppard llamó a katniss otra vez el viernes, explicándole que su enfermera había cometido un error y que necesitaba examinar unas pocas cosas otra vez. Cuando katniss me contó lo de la nueva visita pensé que talvez pasaba algo La coartada de la metida de pata de la enfermera es bastante trillada.

Cuando el doctor Sheppard me telefoneó a Jonas y Marsh, ya estaba casi seguro de que algo pasaba

Que pasa doctor

Necesito hablarle en mi consultorio pero a solas

El bebé biene mal?, no está embarazada?,

No ahí ningún bebé Sr. Mellark t vez sea difícil incluso imposible que katniss se embarace, ciertamente no lo recomendaría., No puedo hablar más venga a mi consultorio y le diré todo.

¿Podría, por favor, pasar por su consultorio al volver a casa?

Peeta: si, si claro

Cuando escuché que no Hiba a ser una triple conversación («Hablé con la señora mellark más temprano»), mi sospecha se confirmó. Katniss no podría tener chicos. Sin embargo no lo digas tan categóricamente, peeta; recuerda que Sheppard mencionó que había cosas como cirugía correctiva y demás. Pero no podía concentrarme para nada, y era tonto esperar hasta las cinco en punto. Lo llamé a Sheppard y le pregunté si me podía atender más

temprano. Dijo que sí.

—¿Sabe usted de quién es la culpa? —le pregunté sin medir las palabras.

—Realmente… yo no diría culpa, peeta -contestó.

—Bueno, okay: ¿sabe usted cuál de nosotros no esta bien? Yo pensando en infertilidad

—Sí. Katniss

Yo había estado más o menos preparado para esto, pero la determinación con que el doctor pronunció sus palabras me derribó. Él no decía nada más, de modo que pensé que quería alguna clase de manifestación de mi parte.

—Okay, entonces adoptaremos chicos. Quiero decir… lo más importante es que nos queremos, ¿verdad?

Y entonces me dijo.

—peeta el problema es más serio que eso. Katniss está muy enferma.

—¿Quiere definir «muy enferma», por favor?

—Se está muriendo.

—Eso es imposible —dije.

Y esperé que el doctor me aclarara que todo había sido un horrendo chiste.

—Es así, peeta —dijo—. Siento enormemente tener que decirle esto.

Insistí en que había algún error, quizás esa idiota de enfermera suya se había confundido otra vez .

Contestó con toda la compasión que podía que el análisis de sangre de katniss había sido repetido por tres veces. Que no había ninguna duda en cuanto al diagnóstico. Que él, por supuesto, tendría que derivarnos a un especialista De hecho, podía sugerir…

Moví la mano para cortar. Necesitaba silencio por un minuto. Sólo silencio para dejar que todo eso tocara fondo. Entonces se me cruzó una cosa.

—¿Qué le dijo a katniss, doctor?

—Que los dos estaban muy bien, que solo es algo de anemia

—¿Se lo creyó?

—Creo que sí.

—¿Cuándo tendremos que decírselo?

—En este momento… depende de usted.

¡Depende de mí! Cristo… Lo que es en este momento, yo ni siquiera atiné a responder.

El doctor explicó que la terapia que se conocía para el tipo de problema de katniss era meramente paliativa —podía aliviar, posiblemente retardar, pero había pocas posibilidades, era más probable que no fuera marcha atrás la enfermedad, se había descubierto muy avanzado su cáncer —. Así que en este punto dependía de mí.

Pero en ese instante lo único que podía pensar realmente era en lo terrible que resultaba toda esa inmunda cosa.

—Tiene sólo veinticuatro —le dije al doctor gritando, creo. Él asintió, muy pacientemente, sabiendo demasiado bien la edad de katniss pero comprendiendo

también la agonía que esto significaba para mí. Finalmente me di cuenta de que no podía seguir sentado para siempre en la oficina de ese hombre. De modo que le pregunté qué hacer. Quiero decir, qué debería hacer yo, Me dijo que actuara tan normal como fuera posible durante el mayor tiempo posible. ¡Normal! ¡Normal!