CAPÍTULO IV – "CELOS"
Akaashi caminó a su casa por la ruta más larga, recorriendo las calles que lo vieron crecer, desarrollarse, transformarse y construirse en la persona que es hoy, se siente perdido en el paréntesis de ser niño y hombre… más niño. Piensa en lo mucho que le gustaría que su única preocupación fuera no perderse un minuto de Doraemon, y que su madre no descubriese que escondía pedacitos de zanahoria al vapor en la servilleta, pues no lo entraban ni a la fuerza
Y ahora todo es diferente, coloreado de un matiz que le resulta extraño, incomodo, se cuestiona cada una de sus palabras. cada uno de sus pasos. cada mirada. de estos últimos días.
Trata, Dios sabe que trata!, pero no puede evitar culparse de algo intangible, no tiene certeza de donde las cosas escaparon de su control. Se siente pesado, agotado y ansioso, la sensación es comparable a cuando sólo quieres llegar a tu casa y el transporte público colapsa de la nada y debes esperar y esperar a que venga el técnico de quizás que otra estación y tus piernas no dan más, no hay ningún asiento cerca y si lo hubiera tampoco puedes usarlo porque seguramente hay alguien que lo necesita más que tú, claro que ahora no eran las piernas las que no le daban más a Akaashi, era otro músculo.
Sale de ese trance de culpabilidad sólo al sentir la familiaridad de las calles adyacentes a su hogar, podría dibujarlas con los ojos cerrados, pues… a pesar de no ser el chico con un millón de amigos, nunca rechazó una oferta de los niños del barrio a algún paseo, o aventura de exploración, caza de escarabajos o tantas otras cosas que ahora le resultan lejanas pero adorables.
Si le dieran un dólar por cada vez que aquellos ojos azules han cruzado por su cabeza este día, Bokuto tendría más dinero del que quisiera admitir, sobre todo después de la peor despedida que él mismo pudo ofrecer.
—Si serás idiota, es que te costaba mucho poner la cabeza fría y explicarle la cantaleta del rendimiento ?, Que si no estaba descansado no iba a poder ofrecer lo mejor como el setter titular de Fukurōdani?, y el rollo de dar una buena imagen como anfitriones?, —Bokuto sabía( porque el mismo había hilado ese pensamiento antes, y si él tenía la avidez mental de 10, Akaashi tenía 1000) que no era una razón de peso suficiente, pero podría servir para camuflar un poco su interés en que no saliera con otra persona que no fuera …él.
—Ya está— dijo con determinación mientras rebuscaba entre su bolso el móvil para teclear y deshacer, teclear y deshacer, hasta finalmente enviar y lanzar lejos de su campo visual el aparato.
Demasiado tarde aquella larga noche, una luz se enciende sobre la mesita de noche anticipando la vibración de su teléfono.
—Diga? … responde Keiji con voz suave y adormilada.
— Hola ! sé que te resultara extraño que te llame, pero es que me la ha ganado la cotilla y llevo días con insomnio, cuéntame que piensas hacer — la voz se escucha forzada casi mal ensayada.
— Komi-San?, que hora es? pasó algo ? a qué te refieres con cotilla?
— Disculpa lo tarde, no quería molestar — ahora la honestidad se hace presente y Akaashi lo nota
— No te preocupes, estoy un poco perdido, que quieres que te cuente?
— Tu sabes… esto… mañana irás?
—Aun lo estoy pensando
Akaashi no se puede engañar, se conoce demasiado, aunque diga que aún está pensando si asistir o no, o que pensará alguna excusa, o que no es seguro(lo cual es cierto), sabe que no podría dejar esperando a una persona que pudo haber luchado con miedos e inseguridades para acercarse a él, aunque no le termina de hacer gracia eso de coaccionar un encuentro sin esperar una respuesta de su parte, así que mientras escucha sus palabras decir : — Aún lo estoy pensando… — sabe que si o si mañana tiene que resolver aquel asunto a medio día, por precaución le dejaré una nota a mamá en mi habitación, en plan "mamá si no he vuelto a casa para la cena, he sido secuestrado por alguien que me dejó una nota en el casillero del gimnasio, los quiero mucho . K.A" — ó ... Podría aceptar la propuesta de Bokuto. Llamarle y … —se detuvo a mitad del pensamiento, a mitad de sonrisa para auto-reprenderse por albergar esperanzas en algo que sólo pinta para doler.
Komi le interrumpe en medio de cavilaciones y cálculos — ya .. ya.. y emm a qué hora es esto ? —
Akaashi se pregunta si debería compartir este tipo de asuntos privados con otras personas, sobre todo si involucra a otro individuo, pero viéndolo de otra forma, un testigo más en caso de su posible desaparición no es algo que se permite rechazar, así que satisface la curiosidad de su compañero, y si además puede entretener su insomnio, la balanza termina de caer — A mediodía.
Keiji no recuerda en que momento de esa noche se despidió de Komi-San, si pudo conciliar el sueño inmediatamente después de eso o si dio vueltas hasta la inconsciencia, tampoco recuerda si soñó con perderse en un bosque inmenso o si durmió de un tirón, la única certeza de esa mañana era que si pudiera elegir, elegiría seguir durmiendo un par de horas más….
Al bajar a desayunar se encontró con unos ojos inquisitivos, una ceja levantada y un intento mal disimulado de su madre para subirle el ánimo. Siempre era igual, parte de esa rutina materna llena de amor, que salía a flote si tenía un mal partido, si la fiebre no bajaba, o cuando su gatito escapó y no probó bocado por una semana, menos mal que Sora apareció al sexto día o desayunar panqueques con Nutella todos los días le habría pasado la cuenta a su capacidad de rendimiento cardiovascular.
— No tienes que …
— Si, si tengo, porque no has comido bien, y esos ojitos que me demoré 8 meses y 2 semanas en sacar a este mundo, no me van a mirar ahora y decirme que no me moleste en consentirte un poco Keiji.
Su madre era la persona que más admiraba en este mundo, con un carácter fuerte, y sin rodeos, siempre iba y decía las cosas como una flecha, sin cortarse nada, pero en el fondo tenía un corazón de caramelo derretido, que podría elevar la glucosa de toda la región de Kanto. Le gustaría que le hubiera heredado aunque sea un poquito de su carácter y ferocidad, y si estamos en pedir cosas, también le gustaría que le diera un poco de ese valor que le sobra para enfrentar los ojos de Bokuto 5 días y 4 noches en el campamento de la próxima semana.
Sabiendo que no puede rebatir nada de lo que ella le dijo, ni convencerla de que está de lo más bien, asiente en silencio y come esa calórica comida que lo abraza desde adentro.
Hasta que Akaashi estuvo frente a su armario titubeante si vestir formal, o casual o si combinar sus vans color navy con la camisa blanca que usaba para asistir a los bautizos y celebraciones de sus primos pequeños, o si debería intentar hacer algo con su cabello que parecía que nunca abandona esa anarquía impropia de su personalidad asimiló que esta sería su primera cita. en la vida.
Sin querer llevo una mano a su rostro y se sentó en el borde de su cama, sintiendo que quizás esto es más de lo que podía sacrificar por no querer ser descortés.
"Medio día en punto- Café "BonBons" - mi deuda está saldada - H.K"
Bokuto se levantó con el mensaje que necesitaba para terminar de convencerse de que haría lo correcto, que era sólo precaución y ningún otro sentimiento confuso.
Mientras se vestía completamente de negro como un ninja, haciendo juego con el espíritu de su misión, repasó los detalles de su plan… llegaría 20 minutos antes porque Akaashi tenía una manía con la puntualidad que lo hacía llegar a todas partes 10 minutos cronometrados antes de la hora acordada y que era demasiado considerado para que esta fuera la excepción, el pecho le dio un salto y se preguntó si la otra persona llegaría tarde haciéndolo esperar, —enfócate Kotaro— se auto llamó a tierra antes de que su cabeza se fuera volando como los pajaritos.
Se dijo que si era una chica, se retiraría apenas supiera que Akaashi estaba a salvo, se repitió 2 veces que las posibilidades de que otro chico se fijara en Akaashi eran muy poco probable porque eso no pasa en las comedias románticas, y que en el mejor de los casos, Akaashi podría conseguirse una novia y deshabitaría sus pensamientos en los que vive sin pagar renta.
Se miró en el espejo del recibidor, notando que el negro le quedaba bien, quizás se estaba pasando un poco con el gorro tejido, cuando estamos en plena primavera, pero su cabello se veía desde 2 cuadras a la redonda y eso era su orgullo- rió.
Cogió un sándwich listo y un botella de isotónica, no era el mejor de los desayunos pero pretendía evitar hacer demasiado ruido para no despertar a su hermana, tenía la certeza de que le llenaría de preguntas y seguramente no podría convencerla de que esta es la última moda entre los adolescentes japoneses.
A las 11: 30 am Bokuto ya estaba instalado entre los arbustos que cubrían la avenida principal, a pesar de que la vista desde el café no permitía que los comensales se percataran de un sujeto de casi dos metros vestido completamente de negro en una mañana de Sábado, la espalda de Bokuto queda a plena vista de los transeúntes de la calle posterior, quienes se debatían entre si era realmente un peligro, o quizás era una especie de cámara escondida, por lo que le dejaban estar sin más que una miradita curiosa…
Casi al dar el último sorbo a su bebida, reconoce inmediatamente a un nervioso joven, con caminar pausado y mirada baja. Era Akaashi. Bastó con que mirara su reloj para notar su propia molestia: — 15 minutos? estará muy emocionado seguro, agh, y que es esa pinta ? va a una primera comunión o qué ?, no pensé que fuera de los que se gasta un dineral queriendo impresionar a la gente que ni conoce, y que ni le da la cara… y que ni… — ES UNA CHICA! Kotaro se sorprende empuñando el brazo en el aire a modo de celebración…., se siente aliviado, cree que podría flotar hasta ese café, chocar los cinco con Akaashi, y largarse a entrenar un poco su elasticidad, que es su objetivo semanal.
Akaashi trata de demorar lo más que puede para usar el posible retraso como una excusa para evitar las agudas preguntas de su madre, se da mil vueltas, recogiendo su habitación, adelantando un par de deberes, y debate en si ponerse el perfume que le han regalado por su cumpleaños o no, opta por lo primero, ya que lo mínimo que puede hacer, es llegar presentable.
A pesar de que trató de extender lo más que pudo su salida, le pica la muñeca donde lleva el reloj, ya que ser impuntual es algo tan extraño, que ni poniendo esfuerzo y dolo, logra su cometido, opta por escribir la nota indicando sus planes y dirección , la pega en el espejo de su baño, para que sólo en caso extremo sea una pista valida, ya que lo que menos quiere es preocupar innecesariamente a sus padres. Toma carrera rauda por las escaleras, despidiéndose sólo con un: — Mamá, vuelvo pronto, estaré con los chicos del equipo, llevo mi móvil, te quiero !
Ve a su madre asentir mientras tiene una oreja pegada al teléfono de la cocina, que le hace un gesto con un pulgar hacia arriba, todo ha salido bien… hasta ahora!
Akaashi decide caminar, es un fan de la actividad física y de lo mucho que le permite poner orden a su cabeza, planea el discurso que dará a la persona que lo ha citado, pero más importante, planea que le dirá a su madre a su regreso, ya que sabe que ha contado con suerte al salir, pero cuando vuelva es imposible que su madre no le pregunté por qué ha salido tan temprano un sábado sin avisarle, cuando planificación es su segundo nombre.
Llega demasiado pronto y los nervios no se han disipado del todo, quiere levantar la vista, e invocar un poco del ADN de su madre en situaciones de estrés, pero fracasa rotundamente cuando nota que al café al que lo han citado es muy elegante para como va vestido: — Debí ponerme un blazer — musita bajito, para sí mismo. — Y mis zapatos de ves…
— El señor Akaashi Keiji? — lo interrumpe una joven en sus veintitantos de delicadas facciones y hoyuelos de sonrisa.
— Si— dice firme y sin pausas continua — Agradezco mucho su invitación pero quisiera rechazarla cordialmente, espero que me disculpe, pero me tengo que ir…
Antes que Akaashi termine su discurso con una reverencia la chica rompe en una risa, que se coarta inmediatamente ya que no es propio del lugar y varios pares de ojos sobre ella se lo hacen notar con reprobación
— Disculpa, disculpa, es que me alagas, pero eres muy joven para mi… — trata de recobrar su compostura pero aún con la risa a flor de labios le dice — Mi nombre es Sai, y soy la encargada de gestionar tu visita a nuestro café, si me permites te llevaré a tu mesa… me acompañas?
Akaashi ha sentido su cara pasar por todos los colores posibles, y sólo puede asentir y sentirse avergonzado a la vez.
Sai lo lleva a un sector de la terraza urbana donde todas las mesas están ocupadas por al menos un cliente, Akaashi busca entre aquellos sin compañía quién podría ser el remitente de su misteriosa invitación, pero no logra ver a ninguna jovencita de su edad y no quiere suponer que está rompiendo corazones de veinteañeras…. otra vez.
Bokuto palidece, el sentimiento de alivio se le escapa como agua entre los dedos, siente un calor en los oídos muy extraño, tensa todo su cuerpo, trata de contener la respiración para calmarse, sus ojos se centran únicamente en la escena frente a él, ve a un estúpido sujeto de casi 10 estúpidos centímetros más alto que Akaashi ofreciéndole una estúpida silla frente a él, en ese estúpido café.
Akaashi asiente para no cometer el mismo error que hace un rato, y quizás sentarse y respirar le ayude a ordenar su cabeza, no emite palabras, sólo observa al joven rubio con mirada esmeralda, supone que debe tene años más que él, y hay algo en ese lunar sobre su ceja derecha que le produce cierta familiaridad, no se da cuenta y las palabras salen de su boca sin que pueda formularlas de una manera gentil.
— Tú.. de donde nos?
—Mi nombre es Hiryū Kaori, pero prefiero que me llames Kaori— esbozando una sonrisa nerviosa
Akaashi está imposibilitado de hilar fino como siempre, así que sigue con la táctica actual de preguntas y respuestas
—Comprendo, pero de donde nos conocemos? tu cara me resulta familiar— dice tratando de desenredar la maraña de rostros que se le han cruzado en el último año
—Fukurōdani, premiaciones deportivas.. varias …
Kaori al ver que Akaashi parece no ubicarlo completamente en sus recuerdos, con el ego un poco herido, continua….
—Soy el capitán del equipo de …
—Basquetball— completa Akaashi
Akaashi está sorprendido por varios motivos, no logra comprender como al tipo que llaman la promesa de Kanto, se podría interesar en alguien tan común cómo él, cuando es conocido que tiene más admiradoras que los hermanos Miya juntos.
Cierto es que ahora le hace sentido el anonimato, ya que a pesar de los tiempos que corren, algunas personas siguen teniendo sus reservas sobre cosas que no le incumben como con quién sale uno y con quién no.
Lo felicita mentalmente, en un lugar como ese sería raro coincidir con alguien que los conozca… pensado esto y con las ideas más claras puede apegarse a su plan llenando el silencio incomodo, suelta sin más…
— Agradezco mucho su invitación pero quisiera rechazarla cordialmente, espero que me disculpe, pero me tengo que ir. - Al levantarse arrastra ruidosamente la silla metálica, quizás no es la salida con más gracia, pero tiene un plan y piensa aferrarse a el con garras y dientes, una vez librado del radio íntimo de la mesa intenta hacer una reverencia para encaminarse a casa, se conoce y sabe que necesita dejar asentar todo lo que ha pasado en tan corto espacio de tiempo, Akaashi necesita salir de ahí por una sencilla razón. tiempo.
Está convencido que prolongar este encuentro lo haría contar como cita, y es justamente eso lo que no quiere. Al menos no por ahora.
Anota mentalmente escribirle una disculpa por lo lastimoso que ha resultado este encuentro, pero espera que entienda que su corazón es tonto, y que le ha reservado su primera cita a un tonto que no lo quiere ni una décima parte de lo que él sí.
Akaashi se voltea a la salida, sin mirar, porque sabe que está siendo lo más descortés que ha actuado en la vida, pero le guarda una fidelidad férrea a otro idiota, y él es el más idiota de la ecuación.
Kaori en un reflejo le sujeta la muñeca a Akaashi pidiéndole que le conceda esta cita, y que no le pedirá nada más, sólo una oportunidad de conocerse, sin presiones … no alcanza a terminar la frase cuando siente un pinchazo ardiendo en el lado izquierdo de la cara, el impacto es tal que rompe la silla a su espalda contra el suelo, todo da vueltas y la gente a su alrededor lanza un grito ahogado en general, como si asombrarse fuera de poca clase.
—Nos vamos! — profiere Bokuto fuera de sí, agarrando a Akaashi con una fuerza sobrante — Tú... ni te atrevas a seguirnos idiota, le lanza a Kaori que aún yace estupefacto en el suelo, mientras los trabajadores le ofrecen ayuda y amenazan con llamar a la policía.
Akaashi se voltea para verificar el estado de Kaori, este le señala que está bien, que no se preocupe, que él se encarga de todo, esto cargado con una mirada de preocupación, como si creyera que Bokuto podría hacerle daño a él, y no le importara que hace 2 minutos le hubieran partido la cara.
Llevan caminando en silencio un par de minutos, Bokuto no le ha soltado la muñeca, pero Akaashi podría jurar que calcinar con la mirada era la única habilidad que no conocía de la estrella de su equipo.
Cuando llegan a una intersección sin transeúntes, se refugian en toda la privacidad que unos contenedores de basura les pueden brindar. Akaashi está furioso, como nunca antes en su vida, a pesar de lo que la mirada de Kaori le podría sugerir, no tiene miedo, jamás le tendría miedo a Bokuto, lo conocía bien, más que bien, menos de lo que le gustaría, pero jamás pensaría que Bokuto lo podría golpear.
Decide llevar la voz de la razón porque sabe que Bokuto-San ahora necesita calmarse y respirar, y a él no le importa rellenar el espacio entre ellos con palabras de calma.
—Bokuto-San… comienza Keiji, tratando de buscar su voz más apacible.
— Se la ibas a chupar a él también? — interrumpe Bokuto, con la voz ronca, cargada de rencor.
—Qué ?—Akaashi se siente morir, y es Bokuto quién lo mata a cada palabra.
