"¡Yo soy la herida y el cuchillo!"
-Charles Baudelaire.
Disclaimer: Los personajes pertenecen a Kishimoto, yo no gano nada por ocuparlos, pero sufrir con ellos es suficiente para mi miserable corazón.
Este relato participa en el Fictober organizado por el decadente grupo "Akumas de Hagoromo".
Kurenai estaba anonadada. No podía creer que Rin le contara aquello como quien cuenta la receta de un pastel. Tampoco daba crédito que su amiga estuviese enterada de la infidelidad y hubiera tardado dos meses en terminar a su novio, de estar en su lugar seguro a la primera explotaría contra Asuma.
Pero Nohara estaba tranquila, incluso rechazó la opción de beber algo de alcohol y tan solo se refugiaba en el té y las galletas.
—¿Por qué no lo enfrentaste desde el principio? ¡Por Dios, Rin, viviste con él dos meses en silencio!
—¿Para qué?
—¡Para que se fuera al diablo!
La castaña negó con la cabeza y sonrió divertida ante la frustración de Yuuhi. El temperamento de la mujer no le permitía llegar al razonamiento que Rin saboreaba en sus labios y no podía culparla, era lo lógico en esa situación. Pero ella no era una mujer ordinaria, por tanto sus pensamientos no seguirían la línea de lo "normal" en esas cuestiones.
—Ya se fue al diablo.
—¡No es lo mismo! Dormías con él, sabiendo que había dormido con otra. Rin, sólo piénsalo, ya está hecho, lo sé; pero deberías meditar para que no vuelvas a permitirlo con nadie... Aunque lo ames.
Esta vez la risa de Nohara fue más sonora y hasta provocó que el té desbordara por la orilla de la taza en el brusco movimiento. Kurenai se cruzó de brazos y la miró con obvio reproche, mientras Rin secaba su reguero de té con una servilleta de papel.
—Escucha Yuuhi, no puedo pedir que lo entiendas, porque pensamos diferente; pero créeme, hice lo correcto.
—¿Qué es lo correcto? ¡Dime, porque no le veo pies ni cabeza!
Los ojos de Nohara viraron hacia un punto inespecífico de la habitación, divagando en el recuerdo de una semana atrás.
Flashback.
El sonido del cierre de la ultima maleta rompió el silencio en el departamento. Rin abandonaba este, luego de haber compartido cama, casa y vida durante tres años con quien pensó le acompañaría hasta envejecer.
Sacó todo lo que era importante llevar y lo puso en el maletero del auto de su padre. El profesor Nohara acarició el hombro de su hija, ofreciéndose a esperarla en lo último que le restaba por hacer, pero ella declinó la oferta de inmediato, apremiándole a que se marchara antes de que su ahora expareja, regresara al departamento.
Se dio una ducha en la bañera, soltando entre el agua perfumada las dos ultimas gotas saladas de su congoja. En su abismo perdió la noción del tiempo, hasta que el sonido de las llaves abriendo la puerta principal le devolvieron a la realidad. Abandonó la bañera desnuda, enrollándose con una toalla verde de los senos hasta los muslos y luego regresó a la habitación para cambiarse.
Ahí, Kakashi ya miraba el closet vacío. Rin no dijo nada, soltó la toalla que cayó al suelo, sintiendo los ojos de Hatake sobre su cuerpo desnudo.
—¿Desde cuándo lo sabes?
La ropa interior subió despacio, delineándole con el encaje blanco las curvas naturales. No se giró, contestando con voz nublada aquella pregunta.
—Desde siempre.
La base de la cama crujió, señal inequívoca de Kakashi dejándose caer sobre el colchón en gesto derrotado. Ella se terminó de vestir en el más incómodo de los silencios, hasta que la pijama color turquesa le cubrió la piel.
La cara de Kakashi vagaba entre el coraje y la tristeza, Rin retornó los pasos, subiendo de rodillas sobre la cama y abrazándole. Quizá fue eso lo que más le dolió a él, la forma amorosa en la que Rin se preparaba para irse. No pudo hacer otra cosa más que aferrarse a la cintura de la mujer, escondiendo la vergüenza de su rostro contra el vientre de esa chica que llevaba tres años dándole todo de sí misma.
—Mi amor... Yo, no sé, se me fue de las manos ¡lo juro!
Jamás pensó que aquello podía doler tanto, hubiera matado porque Rin le odiara, porque le gritara todo el rencor y no que le acunara entre sus brazos.
—Déjalo ya.
—No, no voy a dejarlo; quiero que me escuches, Rin.
—Dije basta... No voy a pasar mi última noche aquí, hiriéndonos con cosas que no podemos solucionar.
Los puños de Kakashi apretaron la tela de la pijama, blanqueándole los nudillos de la fuerza. Ella le empujó de a poco, hasta que la espalda de Kakashi estuvo completamente sobre la cama. En otras instancias él hubiera abogado por darse un baño y ponerse ropa cómoda, pero para las circunstancias, lo que menos le interesaba era la immocodidad de su atuendo.
Se dejó abrazar. Columpiando el ardor de la ruptura en la respiración tranquila de Nohara. Aspiró de la fragancia de su cabello, memorizó el calor que le emanaba de la piel. Todo hasta que la primera luz del día le cantó la sonata de despedida para ambos.
Rin abandonó la cama; él no despegó los párpados aunque estaba despierto, ella lo sabía, pero ambos fingieron. Era demasiado doloroso para Kakashi el mirarle marchar.
Y así acabó. Dejándole a él su calvario y a ella el alivio.
Fin de Flasback.
—Soltarnos con amor.
Kurenai le miró con duda y extrañeza, no daba crédito de lo que Rin acababa de confesar. Al final, sólo pudo sonreírle de forma triste, admirando la entereza mental de su amiga y el corazón inmenso que demostraba en esa forma de perdón que Kakashi no merecía.
—Sabes... Asuma me dijo que Kakashi está bastante mal por todo eso.
—Debe ser. Siempre le ha costado reponerse de las culpas; él es su propia herida.
—Me alegra que tú estés bien, Rin. Me preocupabas bastante.
—No voy a negar que estoy triste, pero ya voy sanando. Antes de que me dé cuenta, estaré entera de nuevo...
El tiempo se encargaría de lo consecuente, Nohara trascendió a la herida, conoció a Itachi y volvió a amar una vez más y para siempre.
Pero la herida de Kakashi jamás dejó de crecer... Aunque él estuviera negado a su existencia.
Y cuando Rin lució en el anular su compromiso vuelto una joya; Kakashi Hatake recordó aquel cuchillo que aún tenía clavado en el corazón.
Dolía cómo el infierno, sí. Pero verla feliz, era el paraíso.
Fin.
