CAPÍTULO 06

Ella dudó entre sentarse o mirar a través de la ventana. Se decidió por esto último. Con pasos decididos, alcanzó la distancia que la separaba del frío cristal y, sacándose un guante, corrió con suavidad la resbaladiza tela que se escapaba de entre sus dedos. Visitar a su cuñada en York una vez a la semana se había convertido en una costumbre.

Aprovechaba los viajes del esposo para pasar una tarde con ella. Era de las únicas personas que la comprendía, que no la juzgaba.

Candy se alejó de la ventana, y soltó un suspiro largo. Todo se había complicado mucho para ella. Tras su marcha de Kevington Cross, había vuelto a ver a Albert Andrew en cada ocasión, y el hombre era cada vez más persistente, más agudo, y más posesivo en arrancar de ella respuestas físicas. Candy estaba de los nervios porque con solo mirarla lograba excitarla, llenarla de ansia y de anhelo, y Anthony venía a sumar otra dura prueba a su paciencia. En la última tarde que habían conversado camino del parque a Battlefield, se había sacado un anillo del bolsillo, se había puesto de rodillas, y le había pedido matrimonio por cuarta vez. No estaban solos, muchos paseantes se habían quedado mirando la escena, y ella se había enfurecido porque Anthony pretendía meterla en un apuro. No soportaba que la manipularan. Le había dejado claro en varias ocasiones que no tenía intención de comprometerse con él, ¿por qué entonces seguía presionándola?

—Buenas tardes, Candy.

Ella se volvió con las mejillas ruborizadas.

—Hola, Annie, tenía muchas ganas de verte —dio los pasos que la separaban del sillón—. ¿Has tenido una buena semana? —le preguntó cortés.

—Mejor que la tuya, por lo que deduzco de tu sonrisa —respondió la otra, y, ese comentario, le arrancó una mueca.

Tomó asiento, y esperó que su cuñada hiciera lo mismo. Su semblante estaba inusualmente serio.

—He podido visitar a Dave aunque por poco tiempo, y luego me desplacé al colegio de señoritas para visitar a Mary, estoy deseando que llegue la época festiva y disfrutar con ellos. —Puedo imaginarlo —respondió la cuñada.

—He tomado una decisión importante.

—Todas las decisiones que tomas son importantes.

Candy cuestionó la respuesta.

—¿Decidir sobre los diferentes tés es una decisión importante? —preguntó aguda.

—Quería decir que todo te lo tomas demasiado personal —respondió Annie.

Candy esperó a que le sirviera la taza de té. A continuación pasó a explicarle el incidente en el parque con Anthony Andrew, el anillo, y los paseantes que habían observado toda la escena. Lady escándalo había vuelto a saltar de boca en boca.

Annie silbó al escuchar el relato.

—Lord Andrew es un embaucador.

—Por ese motivo he decidido tomar la iniciativa, pero antes de llevar a cabo la importante decisión que he tomado, quiero conocer tu opinión al respecto.

—Mi opinión no es relevante —su respuesta no la amilanó:

—Sí, lo es —dijo muy seria—. Anthony es maravilloso —hizo una pausa muy significativa—. Me hace reír —otra pausa—. Y por fin he decidido dar el paso. —Candy comenzó a balancear el pie con impaciencia. Annie seguía mirándola callada.

La mujer sonrió.

—¿Estás segura?

Candy bufó incrédula.

—Al principio pensé en devolverle el bochorno que me hizo pasar. Que me pusiera de nuevo como noticia entre los chismosos, me soliviantó, y tras meditarlo mucho, he decidido convertirlo en mi amante.

Annie comenzó a tamborilear con los dedos en el escritorio, señal inequívoca de que lo que le estaba revelando Candy era trascendental.

—No necesitas mi aprobación, pero, ¿por qué convertirte en su amante y no en lady Andrew?

Candy se ofendió:

—Si deseara matrimonio, hace mucho tiempo que estaría ya otra vez casada, pero no es el caso —la cuñada no se inmutó—. Siempre me estás animando a que me lance… y Anthony me gusta.

—Por fin lo admites —dijo Annie sonriendo.

Candy continuó:

—¿Te estoy decepcionando? —se atrevió a preguntarle.

Annie negó. Tras quince años de viudez, ella había esperado que su cuñada rehiciera su vida, pero, casándose de nuevo. Que decidiera tomar como amante al hijo pequeño del duque de Letterston, la preocupaba enormemente.

—¿Estás segura?

—Sinceramente, no, pero será la forma más rápida de hacerle desistir de casarse conmigo: los nobles no se casan con sus amantes.

—En eso tienes razón.

La cuñada la instó a que continuara:

—Voy a seducirlo, pero tendré que hacerlo pronto y dudo dónde citarlo para lograrlo —Annie se atragantó con el trago de té.

—Estás loca.

—No, no lo estoy, no puedo seducirlo en mi casa ni en la suya, y me niego a tener un encuentro en un hotel donde los chismes no corren, vuelan.

—En Lake Crest —le sugirió la cuñada.

Lake Crest era una pequeña propiedad a orillas de un lago. Pertenecía a la propiedad del esposo de Annie.

—¡Qué buena idea! Es el lugar perfecto: ofrece intimidad, oscuridad, y después, cada uno a su casa —Annie la escuchaba en silencio—. Lo tengo todo planeado. Enviaré un carruaje a buscarlo, que lo llevaré a Lake Crest —la mujer seguía sin decir nada—. Me estás poniendo nerviosa.

Ella carraspeó con cierta incomodidad.

—¿Por qué seducirlo? —insistió la cuñada que no había quedado convencida del todo con su explicación anterior.

Candy volvió a acomodarse en el sillón intentando encontrar la postura justa.

—Porque sé que lo haré desistir. —El silencio que sobrevino la irritó pues quería una respuesta—. Ahora mismo parece que le estoy hablando a esa gota de té que está sobre el azucarero.

—Me has dejado escandalizada, lo admito.

—Nunca tendría una aventura en Battlefield —se justificó ella.

Annie soltó un suspiro.

—Mi hermano ya no está, este es ahora tu hogar, no pasará nada si decides tener una aventura aquí en la mansión. Aunque admito que me escandalizas y diviertes a partes iguales. Candy apuró el té de su taza.

—Battlefield es el hogar de mis hijos —le recordó—. Además, ¿temes que Anthony considere a lady escándalo demasiado libertina?

Annie terminó por reír. Su cuñada era una mujer íntegra que no había protagonizado la mayoría de los escándalos que se le atribuían. Ella había insistido en múltiples ocasiones para que se buscara un amante y disfrutara de la vida, eso sí, de forma discreta. Le había guardado luto a su hermano demasiados años, pero ahora que había tomado la decisión de hacerlo, la cuestionaba.

—¿Quieres parecérselo? No habría nada de malo pues siempre llevas colgado el infame título que no te hace justicia, pero no eres así, y me preocupa la apariencia que quieres mostrarle a lord Andrew?

Candy tenía un motivo oculto para lanzarse a seducir a Anthony: su hermano mayor. Tenía los sentimientos enredados, y, tras analizar lo que sentía y pensaba, había llegado a la conclusión de que si él se lo proponía, ella terminaría cediendo a su seducción, por ese motivo había decidido utilizar a su hermano. Si ella se convertía en la amante de Anthony, el mayor la dejaría en paz, además, Anthony no representaba un problema para ella como Albert.

—Si es lo que realmente deseas.

La voz de su cuñada la trajo de nuevo al presente.

—Estoy convencida de que Anthony aceptará convertirse en mi amante, y desistirá de proponerme matrimonio —casi susurró las palabras.

—Entonces no necesita la aprobación de nadie.

—No sé por qué, pero la tuya me resulta importante.

La cuñada se quedó pensativa durante unos momentos.

—¿Por qué presiento que no me cuentas todo? —le preguntó Annie a bocajarro.

Ella meditó durante un instante largo antes de contestar.

—Te cuento lo más importante, el resto no tiene importancia.

—Podrías enamorarte de Anthony una vez que hayas intimado con él.

Si no estuviera el hermano mayor de por medio, sería posible, pero ese pensamiento no se lo reveló a Annie.

—No deseo comprometerme emocionalmente.

—Esa puede ser una actitud egoísta por tu parte.

Candy la miró fijamente.

—¿Por qué?

—Porque Anthony desea hacerte su esposa… —Annie dejó la frase inconclusa.

—He sido honesta y sincera con él.

—¿Por qué siento que no me dices toda la verdad?

Candy dio un respingo involuntario.

—No me juzgues, por favor —le pidió.

—No lo hago, es solo preocupación por mi parte.

Candy casi se arrepentía de haber compartido con su cuñada sus decisiones, pero era la única que había estado siempre apoyándola desde la muerte de Michael.

—La verdad es que los Andrew son bastante complicados, y si el hermano pequeño se parece al mayor, pienso que no será tan fácil de manipular como imaginas —expresó la cuñada.

Esa revelación despertó su curiosidad.

—No tengo intención de manipularlo —respondió con cierta acritud.

—Con los hombres Andrew no se juega.

—¿Por qué dices eso?

—¿No conoces la historia de Albert Andrew, el primogénito? —Candy hizo un gesto negativo con la cabeza—. ¿Por qué se marchó de Pembroke House, y renunció al ducado?

—No, no conozco la historia.

Annie hizo una larga inspiración.

—Se enamoró de una plebeya de origen escocés, no tenía la aprobación de la familia, pero estaba decidido, y cuando saltó la noticia de que la había dejado embarazada, el escándalo fue mayúsculo, él, creyó erróneamente que la familia ahora sí la aceptaría, pero nada salió como esperaba. Y de repente, la mujer lo abandonó, y tiempo después terminó casada con su padre el duque.

Candy se recostó en la silla y la miró llena de incredulidad.

—¡Cómo es posible! —dijo casi sin voz.

—Susana Hudson no quiso esperar a que el primogénito la convirtiera en duquesa, atajó por la calle de en medio y sedujo al padre que terminó casándose con ella.

Candy estaba pasmada.

—Pero casada con el primogénito se aseguraba ser duquesa de Letterston.

Seguía atónita. Annie soltó un suspiro largo.

—Susana sabía que, de celebrarse su matrimonio con Albert Andrew, sería morganático, y que los hijos que tuvieran jamás podrían heredar ni sus títulos ni sus propiedades. Los hijos de George, su hermano, o los de Anthony, el hermano pequeño, serían los legítimos herederos.

Esa era una forma de proteger a las grandes fortunas y los ancestrales títulos.

—Pero tenía que estar enamorada, ¿no?

Annie suspiró.

—Como duquesa viuda de William Andrew tendrá acceso a una renta anual de treinta mil libras —Candy abrió los párpados con sorpresa—. Susana intuía que no terminaría casada con Albert porque la familia no iba a permitirlo, y como quería disfrutar de una lujosa vida, abandonó al hijo y sedujo al padre.

—¿Qué pasó con su embarazo?

Annie apretó los labios antes de responder.

—Solo puedo decirte especulaciones, pero estaba muy claro que si tenía al niño, ya no podría cazar al duque, y la gente cuenta que se deshizo de él.

Candy se llevó la mano a la boca para contener un gemido de espanto.

—Creo que le debo una disculpa a lord Andrew.

Recordaba todo lo que la había dicho en Kevington Cross, y se sintió mortificada. Candy se levantó del sillón y se acercó a la amplia ventana que daba al jardín. La última conversación mantenida con su cuñada la había alterado. Había tenido una mala impresión de Albert desde el mismo principio, y ahora se sentía culpable.

—Por eso me gustaría que llevaras cuidado con el hijo pequeño.

—Anthony es adorable —respondió con voz baja.

—Solo ten cuidado…

...

Dios que idea tan descabellada! Me costaba entender a Candy con su idea de no querer casarse, pero para ella lo mas importante son sus dos hijos, tiene una vida demasiado cómoda y libre, por que complicarse la vida dándoles a ellos la figura de un padre que a lo mejor ellos no querrían? Supongo que cuando uno es madre, tu prioridad y principal preocupación es el bienestar de tus hijos. Pero convertir en amante a Anthony? Jesus! En fin.. veremos que pasa con su "maravillosa idea".