—¡Senku! ¡Encontré otra piedra rara! —le gritó Kohaku al rubio con puntas degradadas de color verde.
Senku suspiró y se dirigió hacia ella, agradecía la ayuda de Kohaku pero la mayoría de las veces que decía encontrar algo eran cosas normales, o cosas que él no necesitaba.
Como sea, decidió darle a la rubia el beneficio de la duda y revisó lo que había encontrado.
Se inclinó sobre la dichosa piedra, estaban a unos metros de un precipicio y más allá se encontraba el mar.
—Eso no es una piedra —dijo él, ahora interesado, se arrodilló a lado de aquella cosa puntiaguda, sacando una de sus herramientas de piedra.
Talló la tierra que cubría el objeto con un cuchillo de piedra y cuando por fin estuvo al descubierto, Kohaku y Senku tenían una expresión de sorpresa en su rostro.
Aquello era la punta de una espada de bronce que incluso pareciera brillar dependiendo del ángulo donde la vieras.
—Ayúdame a cavar —le dijo Senku a Kohaku, quien asintió, se arrodilló frente a él y juntos comenzaron a desenterrar la espada.
Estaban a medio filo de la espada cuando el suelo debajo de Senku se cuarteó y se derrumbó, dejándolo caer libremente a una pequeña cueva.
Kohaku estuvo a punto de caer también pero gracias a sus rápidos reflejos pudo alejarse a tiempo.
—¡¿Estás bien?! —le gritó ella al científico, inclinándose sobre el borde de lo que ahora era un foso.
El de ojos rojos asintió, aunque se encontraba en el suelo y cubierto de tierra, no apartaba sus ojos de lo que tenía frente a él.
Era un humano convertido en roca, más precisamente una chica, una chica que empuñaba la espada que habían estado tratando de desenterrar en un principio.
—¡Llama a Chrome! Vamos a sacarla de aquí.
No requirió mucho esfuerzo, el foso no era demasiado grande por lo que mientras Chrome y Senku la cargaban, Kohaku (que era increíblemente fuerte) la recibía y la ponía en la superficie.
—¿Qué es esto? —preguntó Chrome una vez que estuvieron fuera del foso, mirando la espada de bronce con profundo interés
—Una espada de bronce —le contestó Senku, inspeccionando también el arma, pues aquella espada tenía un estilo diferente a la katana japonesa.
Y mirando bien a la chica (cosa difícil pues en ese momento estaba cubierta de piedra), sus rasgos tampoco parecían del lugar, pensaba que era extranjera y estaba seguro al 10 mil millones por ciento.
Los dos científicos estaban muy ocupados pensando en aquello como para notar la posición que estaban tomando, fue por eso que sus ojos se abrieron con sorpresa cuando vieron el suelo bajo la persona convertida en piedra volver a cuartearse como cuando Senku cayó al foso, solo que estaba vez no había foso abajo, era un deslave directo al mar.
Kohaku tomó a los dos hombres por el cuello de sus ropas, saltando con ellos hacia atrás y alejándose de la zona que se derrumbaba. La chica petrificada cayó hacia atrás, directo al mar con el resto de los escombros.
La sorpresa a Senku le duró poco.
—¡Vale! Este es el plan, haremos un sistema de poleas, la parte en la que ha caído no es tan profunda por lo que Kohaku podría llegar con facilidad, atar la cuerda a su alrededor y salir, tal vez podamos sobornar a Ginro para que venga a ayudarnos a halar —decía el de ojos rojos, mirando a sus dos compañeros—. Dije que salvaría a todo el mundo de la petrificación, no puedo permitir olvidarme de alguien que probablemente se pierna en el fondo del mar si no la sacamos ahora.
Kohaku se adelantó unos pasos hacia el precipicio, con más cuidado que antes por si ocurría otro deslave.
—Está saliendo —murmuró ella.
—¿A qué te refieres? ¿Comenzó a flotar? —preguntó Senku, acercándose hasta donde ella estaba, al igual que Chrome.
Pero a lo que se refería Kohaku era a que una chica completamente despetrificada salía a la superficie del agua y nadaba hasta la costa.
Ve a Japón de vacaciones, será divertido, repetía Perceia Jackson en su mente con burla, mientras nadaba hacia la costa, en una de sus manos llevaba a Anaklusmos en forma de pluma, estaba desnuda, por lo que no tenía bolsillos en donde guardarla.
¿Lo último que recordaba? Una luz verde cegadora, mientras ella paseaba por una de las playas.
Y ella tenía malas experiencias con luces raras, por lo que había sacado su espada por puro instinto, lo siguiente que supo fue que estaba petrificada.
Estuvo consciente por ratos, pensaba en su familia y amigos, le rezaba a los dioses y nada.
Hasta entonces, que cayó en el mar, por fin tocando agua después de quien sabe cuántos miles de años.
Al ser una hija de Poseidón, el agua deshizo lo que fuera que la mantenía presa siendo una estatua y la regresó a su estado normal, excepto por la marca enorme que se expandía por toda su parte torácica, llegaba desde su hombro derecho hasta su cadera izquierda, pasando entre sus pechos.
—¡Oye, tú! ¡Alto! —escuchó que gritaba alguien de repente, llevándola a la realidad y haciendo que se detuviera en medio del agua.
Tres figuras se acercaban corriendo hasta la playa, el que gritaba era el más lento, un rubio con destellos de verde en su cabello.
Percy recordó que estaba desnuda, por lo que obedeció su orden y se quedó quieta, escondiendo su desnudez en el agua.
Eran dos hombres y una mujer que se reunieron un momento a discutir que hacer. Al final, pudo ver como el de cabello rubio se quitaba la parte superior de su ropa y se la daba a la única otra mujer ahí presente.
El castaño se dió la vuelta, dándole la espalda a Percy y entonces privacidad.
La chica rubia se acercó con una sonrisa amable, ofreciéndole la ropa del chico rubio.
Percy comenzó a acercarse otra vez, y cuando por fin pudo tocar la arena con sus pies, caminó normalmente.
Senku era un hombre de ciencia, pero gracias a la educación que había tenido en la escuela (donde enseñan un poco de todo hasta el momento en el que deciden irse por una rama en específico) pudo conocer algo de arte.
Él juraba que estaba a punto de darse la vuelta como Chrome, pero se mantuvo quieto en su lugar viendo como la chica salía del mar, su cabello eran tan largo que lograba tapar sus pechos, el agua goteaba por todo su cuerpo, sus ojos verdes bien podrían ser reflejos del mismo mar detrás de ella.
Y entonces recordó una de sus clases de arte, una obra llamada el Nacimiento de Venus por algún tipo italiano, él creía estar viendo la misma escena en vivo y en directo.
La chica se detuvo cuando el agua aún llegaba a su cintura, notando su mirada sobre ella, enarcó las cejas en su dirección y Senku recordó por fin sus modales, dándose la vuelta.
La chica de ojos verdes se reunió con ellos en la playa, ya estando medio vestida por lo menos, había escondido su pluma entre los pliegues de la ropa.
Abrió la boca, pensando largo y tendido.
—Gracias por ayudar —dijo ella en japonés, trabándose a mitad de la oración pero de igual manera pudiendo terminarla.
Senku sonrió, había acertado al pensar que era extranjera.
—¿Cómo te llamas? —le preguntó Kohaku amigablemente.
La chica se tomó un momento para traducir lo que Kohaku había dicho en su mente.
—Percy Jackson, mucho gusto —contestó al final, devolviéndole la sonrisa a Kohaku.
