CAPÍTULO 17

Cuando despertó de nuevo, se había esfumado el dolor de cabeza, y pudo escuchar sin molestias la música que iba llenándola poco a poco hasta que sus sentidos se despertaron por completo. Reconoció la melodía, era la que más le gustaba a ella. Abrió los ojos y se dio cuenta de que estaba todo muy oscuro. Se incorporó, y no sintió ningún mareo, tampoco molestia. Su ropa seguía en el mismo sitio, completamente doblada y limpia. Bajó los pies al suelo, y se sentó para levantarse.

—Me alegro de que ya estés mejor.

Candy no pudo evitar un respingo involuntario. Anthony se encontraba sentado en un sillón entre el enorme armario y el escritorio.

—Es hora de que me vaya —replicó con acidez.

El enfado había regresado a ella de nuevo.

—Antes debemos conversar —ella negó con un gesto bastante elocuente mientras seguía escuchando la melodía de fondo.

—¿Quién toca? —preguntó curiosa.

Anthony negó con la cabeza.

—Mi hermano Albert, siempre que se encuentra furioso o abatido, suele tocar el piano —Candy soltó un suspiro.

Candy reconoció que lo hacía realmente bien.

—Posee un talento natural para la música —le dijo Anthony que parecía haberle leído el pensamiento—. Todos aprendimos de pequeños, pero Albert es el único que sentía fascinación por tocar. Él y mi madre amenizaban todas las veladas en Pembroke House. Candy comprendió en esas palabras muchas cosas.

—¿Es cierto o mentira? Porque ya no sé si creerte —le dijo a Anthony que se puso de pie y se acercaba a ella.

—Cada una de mis acciones han sido para protegerte —Candy chasqueó la lengua—. Seguimos teniendo una charla pendiente.

—Pero yo no deseo mantener esa charla —le contestó seria—. Solo quiero la verdad.

—Mis sentimientos hacia ti siguen siendo los mismos —le reveló él.

Candy tragó con fuerza.

—Pero los míos, gracias a esta situación, han cambiado, y de forma drástica —siguió ella. Aunque en el fondo, siempre supo donde estaban sus sentimientos, por mas que se aferre a enterrarlos en los mas profundo de su ser.

—Entonces mi hermano Albert ha ganado.

Candy abrió la boca y la cerró. La volvió a abrir, salvo que ningún sonido salió por ella hasta unos instantes después:

—Para los Andrew todo se convierte en una competencia. Lo único importante parece ser quién gana a quién —declaró enfadada—. No importa si se hieren sentimientos, si se destruye la voluntad de una persona.

—Estás completamente equivocada.

Candy lo miró con dureza.

—¿Sabías quién era el hombre al que había seducido en Lake Crest?

Anthony negó con la cabeza, y lo creyó por un instante. Luego comprendió que también le mentía en eso: ella le había contado todo. La furia la invadió, pero decidió serenarse y seguir indagando:

—¿Por qué no me sacaste de mi error? No pensabas hacerlo, ¿verdad, Anthony? —el hombre asintió.

—Cuando le confesé que quería casarme contigo, me advirtió que te dejara en paz —confesó.

La respuesta era la esperada para Candy.

—¿Por qué no lo hiciste?

—Porque estoy enamorado de ti.

Ella pensó que exageraba.

—Un hombre enamorado me habría demandado explicaciones, o le habría partido la cara a Albert.

Esa era una acusación que no podía rebatir.

—Te amo, Candy, eres la mujer de mi vida.

Ella resopló.

—¿Una mujer viuda con dos hijos adolescentes? Inaudito —Candy tomó aire y después lo soltó poco a poco—. Podrías tener a la mujer que quisieras, eres hijo de un duque.

—La única mujer que quiero, la tengo frente a mí —insistió él.

—¡Pues estamos metidos en un buen lío! —le espetó dolida.

—No, si sientes lo mismo que yo. —Candy lo miró realmente asombrada—. Podemos formar una bonita familia.

—¡Ya sabes que eso no es posible! Todo ha cambiado.

—Te amo, lady Warren. —Ella continuó callada—. Y no tengo intención de perderte —calló un momento como si tuviera que elegir las palabras adecuadas—. Hasta la intervención de mi hermano, tú sentías lo mismo.

—A mí me pesa la responsabilidad —lo cortó seca.

Anthony entendía muy bien lo que sentía ella.

—No tenía ni idea de que mi hermano también estaba interesado en ti.

Candy se mostró escéptica.

—Pero yo no estaba interesada en él. Cuando pronunció la mentira, se dio cuenta que se había engañado así misma todo ese tiempo. Claro que se sentía atraída por Albert, pero no lo admitiría jamás.

—Albert es único, un maestro escondiendo sus sentimientos, salvo que contigo nunca lo ha hecho.

—Su interés, estaba fuera de lugar.

—No sabes cómo me alegra que pienses así.

—Ya no importa lo que piense, porque no deseo saber nada de vosotros dos.

—Lady Warren, sabes que de esto no puedes escaparte.

—Es que no pretendo escaparme de nada —se defendió—. Los dos habéis jugado con mis sentimientos, y no pienso perdonaros.

—Parece que hablas en broma.

Anthony se dijo que había un embarazo de por medio, y ella no podía actuar como si ese suceso no tuviera importancia.

Candy podía estar tomándose la situación de muchas formas, pero no a broma.

—¿Y cómo debería tomarme toda esta situación? —Anthony permaneció callado; y ella decidió sincerarse del todo, no dejar ningún cabo suelto—. No te amo como piensas, Anthony —él la miró con franca sorpresa—. Me atraes, no voy a negarlo, pero decidí seducirte para quitarte de la cabeza la idea del matrimonio.

En la confesión también obvió que había decidido seducirlo porque su hermano le había prohibido que lo aceptara.

—Yo no necesitaba que me sedujeras para saber que deseaba unir mi vida a la tuya —dijo él, como si estuviera defendiéndose.

—Acepté tu propuesta de matrimonio porque pensé que el hijo que espero es tuyo, pero ahora ambos sabemos que no…

—A mí no me importa.

Ella parpadeó estupefacta. ¿Cómo no podía importarle algo tan importante?

—¡Pero a mí sí! —exclamó sin dejar de mirarlo.

—Y entonces, ¿qué has decidido?

Candy iba a contestarle, pero una voz que conocía muy bien se lo impidió. Annie parecía que hablaba con el duque.

—Por favor, dile a mi cuñada que bajaré enseguida —pidió Candy.

Anthony asintió:

—Seguimos teniendo una conversación pendiente —le recordó.

—Pero será cuando yo lo crea conveniente —respondió, seca.

Anthony no sabía qué esperar cuando cruzó el vestíbulo y se dirigió al salón. De seguro que no esperaba encontrarse con esa mujer esbelta y de cabellos negros. Hacía mucho años que no la veía por los círculos sociales porque era casi una eremita. La mujer se giró con rapidez al escuchar sus pasos, y lo escudriñó de pies a cabeza con descaro.

—¿Dónde está lady Warren? —su timbre de voz era potente.

—Bajará enseguida —le respondió con calma.

—¿Ha descansado bien? —preguntó—. ¿Es necesario que la vuelva a ver el doctor?

La mujer parecía en verdad preocupada.

—Nuestro médico es muy competente —fue la seca respuesta del duque.

Anthony se dedicó a observarla con detalle: nunca había contemplado semejante carácter en un metro sesenta de altura. El pelo era tan negro y lacio, que le pareció suave al tacto. Le recordó a un hada. Tenía los ojos del azul más limpio y transparente que él hubiese visto nunca.

—Lady Warren se encuentra perfectamente tras la noche de descanso —dijo Anthony sin apartar los ojos de ella.

Albert observó a su hermano con atención, aunque desconocía que había hablado con Candy momentos antes de la llegada de la cuñada.

—Me alegro de que se haya repuesto —dijo con voz neutra.

El taconeo en el vestíbulo les indicó a todos que Candy se acercaba hasta ellos. Albert la devoró con los ojos a medida que se acercaba: se había dejado los rizos sueltos, algo que a él le gustaba muchísimo.

Candy no le dirigió la mirada; solo contemplaba a su cuñada a medida que avanzaba. Albert sabía que ella necesitaba tiempo, y tiempo le daría, pero no mucho. Con un par de horas estaría bien.

—¿Nos vamos? —apremió Candy sin darle tiempo a ninguno para invitarlas a que se quedasen más tiempo: estaba deseando salir de allí. Siguió con las preguntas—. ¿Has traído el carruaje?

Annie miró a su cuñada, y al vela tan pálida, se preocupó todavía más.

—Está fuera esperando.

—¡Vamos entonces! —insistió Candy.

Las dos mujeres se despidieron sin dar lugar a que ninguno de los tres hombres que las miraban sorprendidos pudiesen objetar nada. La sala quedó en silencio durante un momento. —Tenemos que hablar, Anthony—dijo Albert.

Su hermano asintió, y lo siguió en silencio.

...

Hola chicas bellas, vuelvo nuevamente el día de hoy (técnicamente ya no es el mismo día). La verdad me anime a actualizar por dos razones, una: ustedes, cuando me escriben que les esta gustando o que se mueren por saber mas, sinceramente me animo mas :D. segundo: porque al igual que ustedes, cuando comencé a leer habían muchas cosas que no entendía y me hacían juzgar demasiado pronto todo, pero a medida que avanzaba en la lectura, empezaba a entender el escenario con mas claridad, pero sobre todo el sentimiento de los protagonistas. En este capitulo por ejemplo, es interesante ver el interés de Anthony en Annie (mmm.. no es interés meramente, pero por ejemplo no nos muestra a Albert viendo de mas en Annie), lo que nos dice que puede ser que Anthony este tan deslumbrado con Candy, que a lo mejor no es meramente amor lo que siente por ella, es mi percepción. En los capítulos siguientes muchas cosas mas se aclaran.

Gracias por sus reviews y por la oportunidad a la historia, espero que lean hasta el final. Creanme vale la pena. ;)