Había estado con varias hembras anteriormente –y al mismo tiempo–, con las cuales se había besado, tomado de la mano, tocado e incluso, intimado. Mayormente con hembras herbívoras y sobre todo, con cuernos.
Y aunque háyase coqueteado con alguna hembra carnívora, no pasaba de unas simples palabras. Porque ninguna le llamaba particularmente la atención.
Al menos, cuando era joven –y un tanto ingenuo–.
Pero ahora todo era más diferente a sus 22 años, y como bien dicen: La única constante, es el cambio. Y así como sus rasgos que lo denominaban un macho carnero de Dall, sus gustos y pensamientos cambiaron.
Y con gustos nos referimos a Juno, la loba gris que estuvo con él en el club de teatro en Cherryton. Aquella loba de tristes romances escolares.
La cual también cambió y no solamente en aspecto. Y aunque todavía su personalidad seguía casi intacta, era más madura y menos insistente –sólo a veces–.
Por lo que ella comenzó a interesarle, comenzando una pequeña amistad que más tarde se convirtió en algo más, en un noviazgo. Que aunque tenía sus altas y bajas –como toda relación–, ninguno iba a dejar de poner de su parte para que su relación perdurase.
Sí, esta era la primera vez que Pina se enamoraba y se comprometía de verdad. Y para Juno, esta era la primera vez que tenía un novio de verdad –porque siendo honesta, Louis fue más como un amante, no un novio–.
En ocasiones Pina a veces sonreía o se reía levemente, ya sea a solas o en compañía de su novia. Pero cuando estaba con ella, Juno lo miraba con curiosidad –digna de un cánido– y él sonreía más y decía –: Nunca imaginé tener una sola novia, y sobre todo, a una loba gris como tú.
O a veces se limitaba a acariciarle la cabeza o su mejilla con ternura, haciéndola ruborizar y menear su cola de la felicidad –aunque ella trataba de reprimir esto, a él le resultaba adorable–.
Pero…
- Juno.
- ¿Sí, Pina?
Ella era lo mejor de su vida.
- Te amo.
