Título: Todo o Nada.
Por: Clumsykitty & Kida Luna.
Parejas: NanoFate, HayateAli, AliFate.
Serie: Mahou Shoujo Lyrical Magical Nanoha.
Derechos: MSLN no nos pertenece sino a sus respectivos autores.
Advertencias: El contenido de este fic es Yuri, si no te gusta, con el debido respeto te pedimos que no leas. Gracias.
Sinopsis: En este juego se apuesta de todo: Dinero, sueños, personas y sobre todo, corazones. ¿Cuánto quieres ganar? Y... ¿cuánto estás dispuesto a perder?
Canción: Wrong, de Depeche Mode.
It was the wrong plan
in the wrong hands;
the wrong theory for the wrong man.
The wrong eyes on the wrong prize,
the wrong questions with the wrong replies.
With the wrong tune playing till it sounded right, yeah…
Era el plan imperfecto
en manos menos indicadas;
la teoría equivocada para el hombre incorrecto.
Ojos no buenos sobre un erróneo premio,
las preguntas sin cuerpo con las respuestas sin acierto.
Con la melodía que no debía de ser, silbando hasta escucharse bien, sí…
Capítulo III
Mal
Le miraba con ojos como platos, era Alicia y no Fate, la trampa le había sido tendida con astucia y había caído como una tonta que era sin duda alguna. Hayate jadeó ante el descubrimiento y empujó a Alicia lo suficiente para ir a la puerta, la cual para su horror encontró con el seguro puesto antes de que unas manos más que seguras fueran directas a sus pequeños senos para masajearlos. La castaña jadeó, girándose con un manotazo torpe que intentó guardar distancia inútilmente, pues los labios de Alicia le callaron las quejas mientras sus muslos eran descubiertos al subirle la falda del uniforme para ser profanados por manos diestras en su labor.
El sonrojo de Hayate llegó a sus orejas que ardieron como llamas vivas. Nadie le había tocado así, y menos tan… Gimió ingenuamente, dejando entrar así la lengua ávida de Alicia, quien ronroneó en tanto usaba todo el peso de su cuerpo para someter el frágil de Yagami y tenerla al fin a su merced.
Cuando unos dedos hallaron camino entre su piel y la pantaleta, Hayate le empujó por segunda vez, temblando como quien se sabe frente a la bestia que desea roer sus huesos sin piedad.
-"¡Ya basta!" –su grito fue más un chillido suplicante y asustado, a lo cual la rubia rió y se relamió la boca con gozo.
-"Ou, pero si te está gustando. Mira… estás húmeda."
Hayate casi gritó al ver la mano que la rubia le mostraba, empapada de ella misma. La mayor de las vergüenzas la invadió ante las palabras de Alicia, que se relamió cada uno de sus dedos antes de tomar con fuerza su rostro y agasajarse de sus labios; en tanto la castaña trataba de recuperar la cordura y dar con una solución a su predicamento. De un segundo a otro, un muslo fuerte se talló con su entrepierna.
Era el colmo –pensó, se aterrorizó, se alarmó…-. ¡La estaba usando como si fuera otra de sus chicas fáciles! Hayate no supo si llorar por desesperación o callar por el poco orgullo que aún le quedaba. Y a pesar de que cierto era que podría morir en ese beso en aquel instante, su mente no paraba de tintinear, susurrándole que Alicia sólo estaba jugando con ella.
Sólo estaba rompiéndola, cuando algo como lo que estaba sucediendo se suponía debía ser tratado con cariño y cuidado…
-"¡NO!"
Una mano vino a abofetear a Alicia con rudeza. La rubia trastabilló entonces, alejándose lo suficiente para que Hayate buscara su mochila y la abrazara en su pecho, como un tótem protector contra aquel demonio de cabellos rubios y ojos borgoña que se sobó su mejilla, riendo.
-"Tienes la mano pesada, linda."
-"No me toques."
-"¿Qué si quiero hacerlo? ¿Qué si puedo hacerlo?"
-"¡Pues no!"
-"Tus argumentos son apabullantes, preciosa."
Hayate gimió, sintiendo la punzada en sus ojos antes que se rozaran, y tembló nuevamente. Estaba sola con aquel monstruo burlón.
-"¿Qué ganas con hacerlo?" –se mordió los labios, dolida y profundamente con el estima arañada.
Alicia echó su cabeza hacia atrás al reírse con ganas, aplaudió un poco y caminó hacia una temerosa castaña que tropezó con una silla al ir retrocediendo.
-"¿Qué gano? –repitió la pregunta con diversión-. Gano la satisfacción de comerme tan suculento cuerpo" –sus ojos repasaron con deseo el cuerpo que sus manos añoraban volver a tocar.
-"¿S-Sólo lo haces por diversión?"
La rubia arqueó una ceja, pero su sonrisa escalofriante jamás desapareció.
-"¿Existe otro motivo?"
Hayate ni pudo responder. Alicia se abalanzó sobre ella y ambas cayeron penosamente sobre el suelo duro; antes de que el ataque volviera a su cuerpo, este último volvió a debatirse entre obedecer sus hormonas descarriadas o someterse a su razón cohibida ante la ferocidad de la rubia. La mochila quedó prensada entre los cuerpos que no paraban de retorcerse; uno por liberarse, otro por someter. Una mano vino a repetir aquella bofetada de momentos atrás, pero Alicia, prevenida esta vez, la detuvo para poder chupar lujuriosamente sus dedos, gozando del carmín en el rostro de la ya débil Yagami.
-"No…"
-"Si no soy yo… ¿quién?"
La mirada de la castaña tembló, para después ser apartada y oculta por aquellos pálidos párpados. La sonrisa de Alicia creció, había dado en el blanco.
-"Sshhh –acarició con su lengua los labios de Yagami antes de separarse y susurrar-, será nuestro pequeño sucio secreto."
Hayate apretó sus ojos con fuerza, pretendiendo que no estaba ahí, en el piso del salón de Detención y al lado de la oficina de Dirección, con una rubia encima haciendo cosas que en su mente jamás creyó se hicieran. Y que le hicieran, sobre todo.
Su corazón estallaba dentro de su pecho, su mente corría como un potro desbocado hacia el limbo donde perderse y más rápido que lento sentía su propia felicidad quebrarse en pedazos.
…Pequeño… sucio secreto.
¿Sucio?
¿Secreto?
"No… ¡no quiero algo así! ¡Yo NO quiero algo así!"
-"¡ALEJATE DE MI!"
Alicia jadeó cuando una rodilla vino a dar a su estómago con fuerza, dejándola sin aire y fuera de combate mientras Hayate se levantaba a toda prisa, arreglándose el uniforme con lágrimas en los ojos. Lágrimas de indignación y de frustración que reflejaban a una rubia con un rencor antes no conocido.
-"¡YO NO SOY UNA PORQUERÍA COMO TÚ! –Hayate proclamó con todas sus ganas, aún cuando supo que su voz también estaba llorando por ella-. ¡JAMÁS LASTIMARÍA A ALGUIEN PARA SENTIRME BIEN SÓLO PORQUE MI VIDA ES TAN MISERABLE Y HUECA COMO LA TUYA! ¡JAMÁS, JAMÁS, JAMÁS…!"
La castaña sollozó un poco antes de tomar del suelo la mochila de Alicia y lanzársela al rostro, sin importarle que la otra aún no se levantara y apenas pudiera defenderse con un brazo para no sufrir un golpe.
-"¡ESTÚPIDA! ¡ERES UNA COMPLETA ESTUPIDA!"
-"¡HAYATE YAGAMI!"
La suerte no estaba del lado de Hayate en ese momento. Nunca lo había estado, de hecho, pero en ese lugar y en ese momento pareció la comunión de todas las desgracias. Su raciocinio tenía que haberse marchado en el segundo menos oportuno como para no escuchar la puerta abrirse, y aquella conmoción tenía que haber sido vista por las personas menos indicadas en ese momento.
-"¡Queda usted suspendida!"
Yagami solamente recogió y abrazó su mochila como si fuera el salvavidas que le rescatara en medio de aquella tormenta. Cerró sus ojos de nuevo, queriendo imaginarse en un campo de pastos verdes con flores de colores donde el sol brillaba cálidamente y un unicornio blanco corría a su lado con mariposas al vuelo. Uno de esos sueños que los niños que no conocen aún el mundo real todavía pueden soñar.
Su pequeño paraíso secreto.
Ahí huyó y no quiso saber más, ni de las miradas de reprobación ni de los regaños o las preguntas, siquiera los murmullos de preocupación. Agito Wolkien que había ingresado al lugar y se había encontrado con la desagradable escena de una alumna maltratando a otra, no pudo evitar que su temperamento sacase lo peor de ella.
Sus reclamos se dirigieron hacia Hayate, reprochándole sus acciones y mal comportamiento aún cuando la otra se mantenía con los párpados juntos y la mente en otro espacio lejano.
La Directora de la escuela, que también estaba allí, observó a su secretaria de largos cabellos rojos y sueltos ir en un discurso desalentador. Reinforce Zwei suspiró y sonrió con tristeza, con ambos labios y ojos.
Hayate Yagami… simplemente, tenía una vida cada vez más complicada.
Si tan sólo por una vez pudiera ser alguien realmente feliz.
-"Sí… Sí… Entiendo."
-"Lo lamento mucho, Signum. Aún si se trata de Hayate-chan, sabes que no puedo hacer excepciones. En verdad me gustaría poder evitarlo."
-"Ah, no. La verdad es que has hecho bastante por nosotras ya antes, además primero están tus obligaciones."
-"Pero de todas maneras me siento apenada. Con todo lo que ha pasado Agito se exasperó y ante lo evidente… No es como si hubiera podido darle razón a ella."
-"Al contrario, si hubiera sido alguien más muy probablemente Hayate habría sido expulsada. Sé que parece que no hiciste mucho, pero la verdad es que has hecho demasiado, Rein."
-"Yo… Iré a visitarla después."
-"Te lo agradezco. En verdad, te agradezco."
El sonido del teléfono de la Dirección al ser colgado repicó en sus oídos así como el bufido de Agito, que se mantenía de brazos cruzados y al lado de su escritorio. Rein no dijo nada. Aún si Fate -Alicia- Testarossa no era el blanco angelito de la academia, era un hecho irrefutable que Hayate le había estado gritando y agrediendo físicamente hasta el momento en que ellas llegasen ahí.
-"Sé lo que estás pensando, y déjame decirte que has hecho lo correcto –Agito agregó, separando con sus dedos las persianas para poder ver a través de la ventana a los jóvenes que jugaban fútbol en el patio-. No puedes mostrar favoritismo por una estudiante, no cuando las acciones han sido de tal grado."
Rein no dijo nada de nuevo, tan sólo se limitó a asentir. Tenía una imagen que mantener en la escuela, aún cuando conociese a la familia de Yagami desde el primer día en que se mudasen a la ciudad. Al lado de su casa.
Y porque les conocía tan bien, estaba más que segura que algo debió de haber alterado a la castaña como para actuar de una manera tan imprudente. El por qué o el cómo, lo desconocía.
Pero si había algo que había aprendido a lo largo de los años junto a Agito, es que cuando el problema involucra personalmente al cuerpo docente de la escuela, lo mejor era manejarlo en privado. No importaba qué tan buena y recta maestra fuera Signum, o qué tan amable y servicial Shamal se comportase.
Ella no podía permitir ninguna represalia o rencor mal dirigido hacia una alumna –aún si se trataba de una no muy ejemplar-. Tanto Rein como Hayate concordaban, respectivamente, en que no hacía falta involucrar a más personas en esto.
O al menos, eso es lo que deseaban creer.
Cuando volvió de su paraíso estaba ya en casa, en su cama abrazando su mochila húmeda.
¿Húmeda?
Hayate se rió de sí misma y arrojó la mochila. Lágrimas la habían empapado ya. Sus lágrimas.
Alicia la había hecho sentir tan sucia y furiosa consigo misma. Le había causado un miedo tan latente que no sabía cómo debía de enfrentar (especialmente porque no se sentía capaz de ello). Volvió a abrazar su almohada y enterró el rostro en ella, mirando de vez en cuando la vieja mochila que descansaba al lado de su cama, en el piso.
Por el momento, Hayate agradecía que Signum hubiese evitado hacerle preguntas, cosa que no podría por desgracia ser pospuesta indefinidamente. Claro que ella hablaría cuando el momento llegase, sólo que –los ojos azules se entrecerraron con pesar- eso no significaba que diría la verdad en sí…
¿Pero qué podía hacer?
Era sumamente vergonzoso. Además, si se atrevía a decir algo, eso significaría que su vida en la escuela cambiaría drásticamente, nada volvería a ser lo mismo.
Nadie la vería igual.
Atraería más problemas a los suficientes problemas que pesaban en el nombre de la familia Yagami. Su familia trataría de protegerla tanto, sin darse cuenta que probablemente ella se convertiría en el pequeño canario dorado que ha sido puesto en una jaula segura, donde nadie pueda entrar.
Donde ella no podría salir.
Hayate no quería eso –se dijo, se gritó y lloró en silencio-. Porque, por sobre todas las cosas que vendrían con ello, Hayate no quería ver la sonrisa de satisfacción de Alicia al saberla miserable.
Se moriría.
Si ahora mismo estaba hecha un desastre, sabía que de suceder lo último tocaría fondo. Hayate era una persona inteligente y fuerte, pero ni siquiera con todo eso podría contra algo así, su estima no podría soportarlo. Seguramente, se derrumbaría por dentro.
Colapsaría por fuera.
Y sin embargo, pensó con amargura, todavía podía evitar que el mundo lo notase. Que el mundo no supiera que Hayate Yagami había sido humillada, y que quizás, probablemente, lo sería aún más.
Con una mano sujetó las tiras de su mochila y la subió junto a ella, despacio. Muy despacio. Se sentó en su cama y la abrazó con fuerza.
Era vieja, sencilla y remendada. Pero a través de los hilos cosidos y los pedazos de tela que difícilmente combinaban, la ojiazul podía sentir el calor de su hermana Vita, quien había insistido en arreglarla por ella.
Se pasó la otra mano por el rostro, enjugándose las lágrimas. Suspiró y sonrió débilmente.
-"Está bien" –su voz llenó el cuarto vacío.
Todo estaría bien, volvió a repetir en su mente. No importaba lo mal que se sintiese, no permitiría que el mundo se diese cuenta. Sería un secreto.
Un secreto que –abrazó su mochila con fuerza- no tenía por qué lastimar a otros.
Nuevamente, un suspiro abandonó sus labios mientras la cabeza se mantenía todavía recostada sobre su pupitre, con los brazos alrededor de ésta. Los ojos azules fijos en la silla a su lado, vacía.
Era ya viernes, el tercer día en que Hayate Yagami había faltado a la escuela y Nanoha no había podido (o más bien, alguien no había querido) comunicarse con ella. Otra de las pocas clases que les tocaba compartir juntas, otro día en que aparentemente le tocaría comer sola.
Los párpados se juntaron y la pelirroja pensó en aquello que su amiga le había dicho antes de irse debía de contarle, pero que aún no estaba lista para hacerlo.
¿Qué podría ser?
Para cuando sus ojos se volvieron abrir, no pudo evitar sentir tristeza por la única amiga de su infancia, aquélla que conocía la verdad sobre su vida y que estaba dispuesta a ayudarla cuanto pudiera; sin importar que ella misma tuviera sus propios problemas por los cuales preocuparse.
"¿Qué es lo que ha sucedido, Hayate…?"
El timbre del receso repiqueteó por los salones astillados y los pasillo viejos, anunciando al alumnado que por ese momento las clases se detenían. Nanoha se puso en pie y luego de haber guardado sus cosas y haber sacado su almuerzo, se dio la media vuelta para salir del salón.
Sin embargo, no hubo ni dado dos pasos cuando la figura de una de las gemelas, que se hallaba sobre el escritorio vacío del maestro, bajó al suelo de un brinco. Como si no hubiese visto a la otra, la rubia se sacudió la falda sin prisas.
Luego, alzó la mirada para verla.
A estas alturas, Takamachi era consciente de que la chica con el moño en alto no era Alicia. Tan sólo era Fate jugando a ser Alicia, en un juego que aunque no le gustaba en absoluto, prefería ignorar y evitar verse involucrada.
-"Oh, vamos, Nanoha, espera."
-"Takamachi –la aludida corrigió apenas detuvo sus pasos en el umbral de la puerta y se volteó a verla-. Para ti soy Takamachi, y de la misma manera, Testarossa-san, te pido amablemente que me dejes en paz. No quiero problemas."
Cuando estuvo a punto de continuar su camino, una mano se aferró a su muñeca. Nanoha volteó de nuevo, esta vez sorprendida e indignada, mirada que consiguió que la otra le soltase entonces.
-"Creo que estamos comenzando con el pie izquierdo –Fate dijo despreocupada mientras una de sus manos deshacía el moño en su cabeza, permitiendo así que sus mechones cayesen libres como a ella le gustaba-, Takamachi-san. No me mires así, aún no he hecho nada para ofenderte. No pienso hacer nada, de hecho."
Los ojos azules miraron las manos blancas alzarse al frente en signo de paz, mientras los párpados se juntaban como para realzar el gesto. Luego, cuando esos orbes rojos volvieron a mostrarse, la dueña sonrió.
Una sonrisa que no le agradó para nada a Takamachi…
-"Parece que tu amiga Yagami ha estado faltando a clases. Así que pensé: Pobre, Nano- err… Takamachi-san, debe de sentirse mal comiendo ella sola en los recesos."
-"Yo no nece…"
-"Mira, no te lo tomes a mal, es sólo por hoy –se apresuró a cortarla-. Ando de buen humor y…"
La mirada de Fate se pasó entonces a la caja envuelta en un pañuelo rojo que Nanoha sostenía. La última al notarlo, se sonrojó un poco, y aún cuando la otra no podía saberlo con seguridad, decidió esconder su almuerzo tras su espalda de inmediato.
La rubia tan sólo alzó el ceño, por supuesto. Fate podía ser muchas cosas, pero sin importar cuán bajas fuesen sus notas, ella no era para nada estúpida. En los pocos días de clases que había tenido, tanto ella como Alicia se habían dedicado a observar a quienes consideraban sus bonitos premios de un par de noches –y por consiguiente, la inevitable sumisión/humillación de una u otra rubia-.
Fate más que nada había tenido que forzarse a ser cautelosa y observadora, puesto que su objetivo parecía ser molestamente más complicado que lo que le hubiese gustado. Y si bien no había logrado muchos acercamientos hasta ese día, sí había encontrado los hábitos alimenticios de Nanoha algo… raros.
Por las mañanas, Nanoha llegaba al aula, a su lugar, y revisaba o terminaba cualquier tarea del día anterior (esto al principio sorprendió un poco a la rubia, que consideraba tanto a Yagami como a Takamachi un par de cerebritos que no dejaban nada de nada para la última hora). Luego, estaban las constantes barras integrales que la pelirroja insistía en masticar casi a diario.
A excepción del receso, donde Fate no podía saber qué tipo de comida ingería; ello le llevó a preguntarse si acaso Nanoha no era otra de esas chicas obsesionadas en controlar su peso que insistían en no comer lo que deberían de comer.
Con una sacudida de hombros, Testarossa dio por muerto el asunto. Si su premio comía o no comía, o era una caprichosa narcisista, le importaba un demonio. Sólo quería una cosa.
Después de eso, la ojiazul sería otra página más en su libro de visitas. Una que no volvería a leer.
-"...sólo quiero compartir el almuerzo contigo. Prometo no volver a hablarte en todo el día, te dejaré en paz por el resto de las clases para que estudies y tomes apuntes y… -Fate rodó los ojos-. Todas esas cosas que ustedes los inteligentes hacen, ya sabes."
-"¿Ni una palabra en todo el día?"
-"Ni una sola."
-"No lo sé…"
-"No estoy mintiendo –respondió impaciente. Si no fuese porque palabras como promesa o jurar le daban hastío, probablemente las hubiera usado para zafarse del asunto ya-. ¿Quieres almorzar, o no? El tiempo continúa, ¿sabes?"
De alguna manera, Fate supo que Nanoha se había molestado con su rudeza, detalle del que restaba cada vez más importancia porque se estaba muriendo de hambre. Con o sin Nanoha, tenía que alimentarse. YA.
No obstante, lo que no supo que vería, y que la hizo disimular su sorpresa, fue la actual duda que se removía inquieta en los mosqueados ojos azules. Era como si la pelirroja realmente estuviese encajonada en un callejón y frustrada por no poder hallar la salida.
Y justo cuando la rubia pensó que sería mandada al diablo, Takamachi respondió lo contrario.
-"Andando."
La última mordida a su emparedado fue dada mientras ponderaba en si había hecho lo correcto. Hayate de seguro estaría furiosa cuando le contase que aceptó comer con una de las gemelas en el techo de la escuela, el sitio que las dos compartían.
Y no podía culparla. Nanoha se sentía mal después de todo, pero no había podido evitarlo.
Los días sin Hayate le habían pesado; aún si fuese algo que planeaba llevarse a la tumba y no decirlo, la verdad era que mantenerse despierta todo el día era algo difícil cuando el estrés, el cansancio, la preocupación y el hambre se acumulaban en uno solo.
Ella no era como Fate, quien aunque jamás llevaba un almuerzo preparado, tenía el dinero en la cartera para comprarse cuanto quisiera en la cafetería, aún si lo hacía sólo por el gusto del antojo. Nanoha sonrió con ironía.
Las personas que siempre necesitan las cosas, graciosamente, son las que terminan sin ellas.
-"¡Takamachi!"
El grito repentino hizo que reaccionase a tiempo para atrapar la torta envuelta en una servilleta que la rubia le había lanzado. Fate también le regaló un refresco que había comprado, a pesar de que Nanoha se había negado rotundamente a aceptarlo.
Más por orgullo (y desagrado hacia la otra) que por humildad.
La ojirubí no dijo nada acerca del escaso almuerzo que la pelirroja traía consigo, no preguntó nada al respecto tampoco. Vagamente agradeció el hecho de que aún cuando su madre no estuviera presente, tenía el dinero suficiente para ir, venir y conseguir cuanto le plazca. Eso y el hecho de que la bulimia y la anorexia no estaban dentro de sus planes.
En tanto ella pudiera tener lo que quería (complacerse cuanto quería), el resto no importaba.
"Aunque si fuera yo, moriría de hambre mucho antes de siquiera escuchar el toque de salida."
-"Entonces… ¿comemos juntas mañana… de nuevo?"
Fate quiso tentar su suerte. Sabía que lo que había dicho había causado algo de suspicacia y aprehensión en la ojiazul, quien lo reafirmó al masticar lentamente el trozo de torta en su boca para después tragarlo en silencio. Nanoha no dijo nada y se limitó a mirar las nubes pasar en el cielo sobre ellas.
La rubia, por su lado, se empinó en la boca un sorbo de su gaseosa en lata. Y siguió esperado una respuesta. Tomó los restos de su comida y las depositó en el bote de basura por ahí cerca, importándole muy poco el hecho de que sólo había jugueteado con ella.
Sin embargo, no fue hasta que volvió a sentarse al lado de la tranquila Takamachi, cuando ésta respondió.
-"Por mucho que no me agrade comer sola, prefiero eso a tener mala compañía."
A pesar de que las palabras no fueron muy educadas, el tono de voz de la joven le dio a entender a Fate que aquello no era una ofensa. Sólo una declaración honesta.
-"¿Por qué? –la ojirubí rió sardónicamente-. ¿Temes que manche tu imagen de intelectual?"
-"No. Te equivocas."
-"¿Entonces?"
-"Temo que una persona como tú, con su manera de pensar, de sentir y de actuar, me resulta irremediablemente desagradable –en este punto, los ojos azules se voltearon a verla por primera vez, con completa seriedad-. Cuando estás cerca… Cuando alguien como tú o como tu hermana está cerca…"
"No puedo sentirme segura."
Los ojos rojos parpadearon, reflejando en su interior la figura de la muchacha que se ponía en pie y recogía sus cosas. Al igual que ella, Fate le vio depositar la basura en su lugar. Antes de marcharse, Nanoha se volteó a verla una última vez.
Era una mirada insondable, alta y ligeramente con el toque de una sombra marina.
-"No deberías juzgar a la gente así, Takamachi-san."
-"Gracias por el almuerzo."
Nanoha se dio la vuelta y desapareció escaleras abajo de la azotea. Fate se quedó sentada en el parapeto del techo de la escuela, observando la puerta entreabierta y tomando un último sorbo de su lata de refresco.
Después, su mano presionó con fuerza. Y la gaseosa se deformó con un crujido de dolor.
"No deberías juzgar a la gente así, Takamachi-san. Porque a la gente podría no gustarle…"
Una astilla suave como un cabello rizado salió de aquella hendidura antes de caer graciosa y silenciosamente al suelo de loseta rayada, donde un pie la aplastó lentamente, como esperando que emitiera un gemido de dolor. Ojalá así hubiese sido, pero Alicia no gozaría de escuchar nada. Su mirada vengativa se perdió en aquel rayón de la butaca donde estaba sentada, solitaria en el salón de clases. Ya todos se habían marchado y sólo quedaban las actividades de talleres. La luz del atardecer que entraba por el largo ventanal le tocaba como un roce tímido, avisándole de la hora.
Había pasado un tiempo considerable de esa forma, únicamente rasgando la maltratada madera de ese pupitre con su pluma mientras su mandíbula se apretaba hasta que el malestar se volvió adormecimiento. Esa Yagami se había atrevido a insultarle de una manera que nadie más lo había hecho. Su sangre hervía por venganza cruel y despiadada. Si la apuesta era por hacerla caer en sus brazos –y la cama consecuentemente- ahora no se contentaría con ello, no, no.
La meta de Alicia había crecido aún más, deseaba verla llorar de dolor profundo. Ver a Hayate Yagami postrada a sus pies, suplicándole, rogándole lastimeramente cual estúpido perro de la calle que ha perdido a su amo.
El perro que no sabe cuánta humillación, golpes y dolor le esperan –la punta de la pluma en su mano se quebró y una astilla tosca y deforme saltó de súbito hacia el piso- en cuanto la luz de la puerta que desea abrir le quemé esos desagradables ojos azul…
-"¡Demonios, Alicia, te he estado buscando por toda la maldita escuela! –exclamó enfadada Fate al azotar la puerta del salón-. Y sabes bien cuánto me disgusta tener que buscarte… ¿Alicia? –su mirada enojada cambió a una confundida al ver la extraña y callada posición de la otra-. ¿Me escuchas?"
-"Te escucho perfectamente, hermana."
Fate le miró extrañada antes de acercarse, tomar una silla y usarla para sentarse, con el respaldo fungiendo de soporte para sus brazos.
-"¿Qué mosca te picó? ¿Ahora sí te dolió el castigo?"
Los ojos de Alicia se incendiaron ante la mención del incidente que lo comenzó todo. Eso que había hecho hervir ese deseo dentro de ella; a pesar del sabor amargo en su garganta, ella sonrió coqueta al recargar su mentón en el dorso de su mano, mirando así con diversión a su hermana.
-"Vamos a subir la apuesta."
-"¿Y eso por qué?"
-"¿Tienes miedo?"
Un bufido fue su respuesta. Alicia sonrió aún más.
-"Enamora a Nanoha Takamachi."
La menor le miró como quien mira a quien se ha vuelto loco. De repente, antes de levantarse ofendida de su silla, observó por unos segundos a su gemela con el ceño fruncido para ver si era o no una broma.
Y cuando supo que no lo era, la silla donde había estado sentada fue mandada al suelo de un manotazo.
-"¡Ésa es una completa estupidez! ¿Y cara de qué me ves, Al? ¡¿De una simpática niñera que le tiene lástima a una nerd? Hazme el favor y larguémonos ya a casa."
-"Sabía que tendrías miedo."
Los ojos de la mayor se volvieron serios y fríos, con una sombra oscura cerniéndose sobre ellos. Su hermana, que la conocía mejor que nadie, sabía que el asunto iba en serio.
-"Escucha, Alicia –Fate la señaló con un dedo mientras intentaba calmarse y ser la hermana razonable-. No estoy de humor para jueguitos de niñas bobas. ¿Enamorarse? ¿Quién carajo cree en el amor? ¿Tú? ¿Yo?" –una risa cínica salió de sus labios.
-"Takamachi."
El ceño fruncido se pronunció más y aunque Fate estaba llegando al límite de su paciencia, tan sólo se limitó a cerrar los puños.
-"¿Y? Una idiota más del montón que tarde o temprano caerá en la cama de alguien que no da ni un demonio por ella."
-"Si lo logras antes de que yo enamore a Yagami… lo haremos de la manera que quieras, cuantas veces lo quieras, con lo que quieras. Será la manzana de Adán, hermanita, que sólo una podrá alcanzar; y sólo por ello, su sabor será más exquisito."
Alicia sonrió ante la reacción de su gemela, cuyos ojos fulguraron con rabia ante lo que estaba ofreciendo; pero también sabiendo que era eso lo que más deseaba su hermana mayor de ella. Sumisión.
En charola de oro con perlas del mar.
Fate dio una colérica patada al pupitre que yacía en el suelo, justo frente a la otra rubia.
-"Trato hecho, ve preparándote para mí."
-"Si pierdes, dejarás tu banda…"
La sonrisa de Alicia creció aún más ante la expresión atónita de Fate, cuyas mejillas se incendiaron de rabia e indignación.
-"¿Cómo te atreves siquiera a insinu…?"
-"No sólo eso, Fate-chan. Ganar significa que al menos hasta que una de las dos se aburra, la otra deberá cumplir obedientemente a cada uno de los caprichos de la otra. Y si por azares del destino, yo ganase y eligiese alejarte de ellos –se puso en pie y caminó hasta quedar delante de ella-, es sólo porque detesto que otros se metan con lo que debería ser sólo… mío."
El beso de Alicia fue esquivado de mala gana, a lo que la rubia tan sólo rió suavemente. Si bien ella adoraba a Fate, tampoco era un secreto que a veces, sólo a veces, detestaba tener que compartirla.
Después de todo, hasta alguien de 17 años tenía un juguete del cual de vez en cuando deseaba agarrar y disfrutar. Y siendo la familia que eran, sabía que Fate no era muy distinta a ella, pues también tenía sus propios profundos deseos egoístas.
-"Claro que, si realmente tienes tanto temor a que te supere con facilidad y velocidad, podemos simplemente no hacer nada; al final, la que recule ante el primer obstáculo como cordero asustado, no tiene por qué sentir vergüenza de su cobardía e ineptitud, ¿o sí?"
-"Ni en tus más perversos sueños, Al –Fate tronó los dientes-. Sólo porque te la finges de príncipe hipócrita, no quiere decir que dos no puedan hacer lo mismo."
-"Trato hecho" -la voz de Alicia hizo eco en el salón vacío, sólo para escuchar como respuesta el retumbar de unos pasos seguido de un segundo azote de la puerta.
Los labios finos y sensuales de Alicia se torcieron en una sonrisa macabra. Vería rogar a Yagami a sus pies, y coronaría esa victoria con las lágrimas de su mejor amiga.
Takamachi Nanoha.
Y pensar que Fate misma se encargaría de ayudarla en ello…
I took the wrong road
that led to the wrong tendencies.
I was in the wrong place at the wrong time
for the wrong reason and the wrong rhyme.
On the wrong day of the wrong week,
I used the wrong method with the wrong technique.
Tomé el camino equivocado
que me llevó a hábitos mal considerados.
Yo estaba en el lugar menos indicado y en el tiempo menos adecuado
por la razón incorrecta y la rima imperfecta.
En el día que no era, de la semana que no debía de ser,
usé el método malo con la técnica que no estaba bien.
Continuará…
C: Jeje, bueno, me acuso de la tardanza; pero entre examen de especialidad de mi maestría y termino de trimestre, no podía sentarme a pensar bien con estas niñas tan perversas. Además, tenía un paquetazo con Kida con una escena especial que veo le ha gustado. Muchas, muchas gracias por leernos de nuevo y aguantar mis lagunas mentales temporales XDDD
K: Aahbajsbhas, me disculpo, ENORMEMENTE, por el gran y fatal y gran retraso. Tenía pereza de escribir (aún la tengo…), pero el repentino despertar de Kit me ha venido a patear la almohada de la cabeza y a ponerme a trabajar xD
Me gustaría decir que actualizaremos más pronto, pero no diré cosas que no puedo prometer :) No hay nada más qué decir, excepto que mi compañera me sorprendió con la gran escena de Alicia D:
Ella me obliga a quitarme mis ganas osunas de hibernar…
¡Gracias por leer! =D
Se despiden, Kida Luna & Clumsykitty.
P.D. Si el formato se ve mal, pido disculpas, pero ya me cansé de pelear con el señor F punto Net xd
