Título: Todo o Nada.
Por: Clumsykitty & Kida Luna.
Parejas: NanoFate, HayateAli, AliFate.
Serie: Mahou Shoujo Lyrical Magical Nanoha.
Derechos: MSLN no nos pertenece sino a sus respectivos autores.
Advertencias: El contenido de este fic es Yuri, si no te gusta, con el debido respeto te pedimos que no leas. Gracias.
Sinopsis: En este juego se apuesta de todo: Dinero, sueños, personas y sobre todo, corazones. ¿Cuánto quieres ganar? Y... ¿cuánto estás dispuesto a perder?
Canción: Silver & Cold, de AFI.
I, I came here by day,
but I left here in darkness
and found you, found you on the way.
But now, it is silver and silent.
It is silver and cold.
You in somber resplendence,
I hold...
Your sins into me!
Oh, my beautiful one...
Yo, yo paso aquí cada día,
pero caí aquí en la oscuridad
y te hallé, te hallé al pasar.
Pero ahora, es de plata y callado.
Es plateado y es frío.
Eres esplendor sombrío,
yo llevo…
¡Tus pecados en mí!
Oh, preciosa mía...
Capítulo IV
La Mentira
Un fin de semana en la familia Yagami.
¿Cómo comenzaba? Bien, con una alarma de tono infantil y entusiasta, propiedad de Vita, quien era la primera en levantarse para ir corriendo a la cocina y preparar el desayuno favorito de Hayate, quien se despertaba un poco más tarde que el resto. Shamal le seguía a Vita, ayudándole con las cosas más complicadas mientras que Signum se disponía a poner orden en lo que no había alcanzado a visualizar el día anterior; dejando así, una impecable –aunque humilde- mesa de desayuno que Hayate siempre veía con la pulcritud y la exactitud que una maestra como ella podía dar.
Zafira en tanto iba a comprar algo de pan y algunas pequeñas cosas más que se necesitaran.
Huevos fritos, algo de salchichas con tocino, jugo de naranja –o zanahoria- con panqueques embadurnados de miel y un vaso enorme de leche. Sencillo, pero era el desayuno hecho con todo el amor que sus hermanas podían prodigarle, con el simple fin de crearle una sonrisa.
-"¡Mira tu desayuno, Hayate! –sonreía Vita al levantar el plato de la castaña-. ¡Está feliz de verte!"
La aludida rió antes de despeinarla. Luego, la joven tomó asiento al lado de Signum, que ya repartía todo conforme empezaba una plática trivial entre ellos; nunca faltando las interrupciones ocurrentes de Vita o algunas bromas a veces incomprensibles de Shamal. A Hayate no le gustaba mucho intervenir en la plática, prefería verlas convivir como pocas veces se podía ver en aquella mesa humilde de mantel de cuadros, con una tímida cubierta de plástico.
Sus hermanas lucían frescas, relajadas y llenas de vida, aunque sus cuerpos fueran delgados por la falta de alimento o sueño.
Era algo que siempre empañaba sus pensamientos cada día, pero se esforzaba en dejarlo pasar para no ahondar en penas por el momento insondables.
-"…y entonces yo le dije al supervisor: Si usted cree que yo soy una niña tonta, entonces usted es más tonto por haber contratado a una niña tonta."
-"Te pudieron haber corrido por ello, Vita" –le reprendió Signum.
-"No por haberlo dicho frente al jefe" –acompañó Zafira guiñando su ojo.
Las risas volvían y otra plática se hacía. Hayate sintió como si un tibio rayo de sol tocase su corazón al estar ahí, especialmente luego de la fría tormenta que se había avecinado sobre ella en la forma de una rubia desalmada.
Hasta ahora, nadie parecía comentar nada al respecto, lo cual agradecía con un enorme suspiro de alivio por parte de su yo interior; después de todo, tampoco tenía el ánimo de compartir puntos de vista riesgosos sobre el asunto.
Además –se dijo al ponerse de pie, levantando su plato vacío-, no era como si hubiera pasado un asunto muy grave.
"Y no es como que pasará de nuevo, al menos no luego de lo que sucedió."
Hayate sacudió la cabeza, sacudiendo en el proceso cualquier pensamiento inseguro y escabroso. Regresó la atención a su familia entonces, los ojos azules recayendo en cada miembro.
Lo siguiente era recoger todo -entre algunos juegos entre Vita y Shamal-, en lo que Zafira se dedicaba a reparar lo que siempre había que reparar y Signum entraba de lleno a estudiar sus libros para preparar su clase. Hayate se retiraba a su recámara no obstante, pues no le dejaban hacer nada nunca a pesar del tiempo y de su exagerado lapso de cansancio.
Así que lo que hacía era decorar de nuevo su recámara, despegar viejas calcomanías, rehacer manualidades recién hechas en otras formas y poner flores en su jarrón de plástico con motivos japoneses de peces koi. Buscaba una mejor disposición de sus libros, también, en aquel estante improvisado, así como sus útiles en los cajones de madera dispuestos como un librero multicolor.
Decoraba los vidrios de su ventana con corrector blanco, cubriendo las ralladuras y fracturas. Y como tiempo era precisamente lo que le sobraba, ella se tomó todo cuanto fuera necesario.
Todo lo que costase mantenerse ocupada y distraer el carril de pensamientos que no paraban de estremecerse al recordar dos terribles ojos rojos.
Finalmente, entre el estrés y el esfuerzo de agotar sus energías, las manecillas de un reloj pronto marcaron que era bien entrada la tarde; su cuerpo terminó cansado, por supuesto, por lo que se permitió tomar una pequeña siesta. Al poco rato Shamal, que siempre iba a verla, la encontró descansando en su cama.
Las manos blancas tomaron la frazada remendada y ligera para cobijarla. Sonrió maternalmente al cepillar sus cabellos, y se retiró no sin antes dejar la radio de pilas tamaño bolsillo junto a ella para acompañarle.
La verdad era que la rubia no deseaba que Hayate les escuchara hablar. Todos allí eran familia. Y como bien decía el dicho, ellos eran pocos pero se conocían mucho.
Así como sabían que algo había cambiado el aire normalmente tranquilo y despreocupado de aquellos lozanos ojos azules.
Shamal se dirigió al comedor entonces, donde el resto de sus hermanos ya se hallaban de pie, aparentemente esperando. A pesar de que la enfermera intentó dar su mejor sonrisa, los murmullos y las preocupaciones no pudieron ser frenados.
-"Está más cansada, es evidente."
-"Pero, ¿si la hemos cuidado bien, no?"
-"Está creciendo."
-"Aún debemos lo de la renta. Opino que mientras tanto nos enfoquemos en eso."
-"¿A quién le toca verla hoy?"
-"He conseguido para la comida de la semana."
-"Yo haré doble turno."
-"…"
-"…"
-"…"
-"¿Alguien sabe qué pasó realmente en la escuela?"
Hayate se hizo ovillo, y escondiéndose bajo las cobijas dejó que aquella música suave le acompañara al mundo de los sueños; allí donde las voces se dormían, sofocadas por los abundantes verdes pastos y las flores multicolores, con bosques cuyos árboles no conocían la oscuridad ni el miedo; allí donde existían historias aún más increíbles que sus propios sueños.
O al menos eso le habría gustado seguir creyendo, mas una leve sacudida la devolvió a la cruda realidad. Los párpados –que no habían conseguido nada de sueño- se separaron despacio, tratando de enfocar a la persona que yacía frente a ella.
Al igual que su mente intentaba asimilar cuánto tiempo había pasado encerrada en sí misma y en sus problemas disfrazados de cuentos ficticios.
-"Hola, Hayate. Buenas noches –le sonrió entonces Rein al ver que la otra ya parecía reconocerla-. ¿Te sientes con fuerzas para hablar un poquito?"
Hayate suspiró, asintió y se sentó para poder recargarse en la cabecera de metal detallada de flores burdamente pintadas de blanco. Desde allí, vio a Rein tomar una silla de su mesa de estudio para tomar asiento junto a su cama. Yagami se dio cuenta que no traía ningún documento consigo o algo que le indicara que estaba en su modo de Directora de escuela.
En ese instante, supo, era la visita de la vecina preocupada. La otra versión de la mujer adulta y amable que siempre Rein había mostrado ser.
Hoy y todos los días anteriores hasta aquella mañana en que las dos se conocieron años atrás.
-"¿Sabes, Hayate? –comenzó la albina, tratando de mantener un tono suave y calmado-. Aunque no lo parezca, yo entiendo mucho lo que todas ustedes viven en la escuela. Sé que es realmente difícil, y sé que a veces pueden alcanzar un punto en el que estallan irremediablemente en el momento menos preciso."
Los ojos rojos de Reinforce la miraron sin vacilación, dando por entendido que aunque estaba dando rodeos, ella sabía que Hayate ya había llegado al corral del asunto.
-"También sé que Fate Testarossa es alguien que puede provocar esos estallidos."
Yagami sólo se mordió los labios y bajó la vista a su colcha de cuadros de colores.
-"Yo… Rein… –Hayate le miró, vaciló-. Lo que sucede… Lo que sucedió fue que estaba muy cansada ese día, demasiado estresada; ya sabes que habíamos tenido examen sorpresa y no me sabía nada y luego A… Fate, Fate pues me provocó. Supongo que no pude evitar desquitar la frustración acumulada con ella."
¿Qué estaba haciendo? Hayate tembló por dentro al experimentar de nuevo ese aguijón que le enfundaba miedo venir. ¿Estaba ayudando a la cruel Alicia?
"Maldita sea. ¡Maldita seas!"
-"Yo sé bien que no eres así."
La voz de Rein la hizo despertar y darse cuenta de que había estrujado las sábanas en su pequeño momento de estupor. Yagami se obligó a relajarse, sabiendo de antemano que debía de mantener una historia –mentira- creíble.
-"Perdona, pero… no me conoces del todo" –sonrió de lado, en una mueca algo extraña e inusual en ella.
Rein se sobresaltó un poco ante eso, aunque al final sonrió comprensiva como era su manera de ser. Luego de unos segundos, bajó la mirada.
-"En eso tienes razón..."
-"¡No quise decirlo de esa manera! –Hayate tomó sus manos rápidamente-. Rein, de verdad –quiso reafirmar con voz segura-, tienes que creerme. Solamente estaba muy enojada conmigo misma."
Al menos eso era verdad...
-"Tú sabes que para ellos, para tu familia, es muy importante que termines tu educación."
-"Sí, lo sé muy bien. No les fallaré."
-"Eres una chica fuerte, Hayate-chan, con gente que te quiere y se preocupa por ti –le dio un ligero apretón-. No lo olvides."
-"Si tú tampoco lo haces."
Ambas rieron, apretando mutuamente sus manos. Rein era como una quinta hermana más que una vecina, y cuando la había visto en la Dirección con esa mirada sobre ella golpeando a Alicia, la decepción estaba bien pintada en su rostro. Esa decepción ahora era necesidad de saber la verdad.
Pero esa verdad, por mucho que doliese escondérselo, estaba bien oculta tras aquellos ojos cansados de Hayate, quien se recostó de nuevo.
-"¿Hayate?"
-"¿Um?"
-"Sabes que puedes contar conmigo para lo que sea, ¿cierto?"
Las pupilas rojas la miraron profundamente una segunda vez. La culpa volvió a invadirla, pero la castaña se forzó a sonreír y juntar los párpados (era más fácil si no la veía).
-"Claro que sí. Y no sabes cuánto me alegra saberlo."
-"Bien –el rostro de la albina se tornó afable y ella le dio una ligera palmada en una de las piernas cubiertas bajo la frazada-. Te veré el lunes, entonces."
-"Puntual, lo prometo" –contestó animada.
-"Sé que así será."
Los orbes cerúleos siguieron la silueta que desapareció tras el umbral sin puerta. El silencio cayó en su habitación enseguida que Rein desapareció de ella. A tiempo de evitar que las penas inundasen a la ojiazul, apareció Zafira con una sonrisa traviesa que le era solamente dedicada a la joven, por lo que ésta lo miró sospechosa.
-"¿Qué sucede?"
-"Te compré un regalo."
-"¡Oh, no! Zafira, no debiste…"
-"Es algo que una jovencita como tú necesita."
Antes de seguir discutiendo, apareció ante ella una hermosa puerta blanca de madera con el esbozo en relieve de un cisne blanco, cuyas alas se extendían de punta a punta. El trabajo era precioso, sin duda, pero ESO era un lujo que la familia Yagami no podía darse y Hayate lo sabía de antemano.
-"¡ZAFIRA, DEVUELVE ESO!"
Éste sólo sonrió al sacar su cinturón de herramientas para poder colocarle las bisagras, aún entre los gritos ahogados de Hayate. Shamal llegó a verla debido al escándalo, abrazándola de inmediato por los hombros al sentarse a su lado en la cama.
-"Sabemos que necesitas tu intimidad, y es hora de que la tengas."
-"Pero, Shamal… El dinero."
-"Ya lo habíamos ahorrado, linda. Todos nos pusimos de acuerdo en esto."
-"¿Todos?" –la castaña enracó una ceja al voltearse a verla.
Vita, que venía entrando con las manos tras de su cabeza junto a Signum, le sonrió con astucia a la última, quien le devolvió tan sólo una sonrisa sencilla.
-"¡Les dije que iba a asustarse! –exclamó la pelirroja. Rió un poco y se dirigió al otro lado de la cama, colocando después las manos en ésta para poder inclinarse hacia la ojiazul-. No deberías ser tan necia, tú siempre has querido lo mejor para nosotros y nosotros también queremos lo mejor para ti" –agregó en un tono más serio, pero cariñoso y relajado.
Hayate estaba más bien al punto de las lágrimas. Tanto por el costo de aquella sencilla puerta como por el dibujo hecho en la misma, y que quedaba dentro de su recámara. Cuando Zafira terminó de colocarla, todos salieron de su habitación y le dirigieron una última mirada.
-"Felices sueños, Hayate-chan" –fue Shamal quien habló por todos y fue Signum quien cerró la portezuela blanca.
Si algo tenía que agradecer la castaña, era que ahora con esa puerta no iban a poder verla llorar como lo hacía en ese momento. Ella que se había tragado su humillación y había sido suspendida, era recompensada con la más hermosa puerta que una chica pudiera conseguir. Traída a costa de los sueldos, el cansancio y el tiempo de todos los miembros de su familia.
Por dignidad, se odió a sí misma.
Y por la debilidad de no ser capaz de confiar la verdad, la ironía de que su regalo tan sólo sirviese para ocultar los amargos sentimientos por los que atravesaba, la hizo sentir aún peor en ese viernes en que la escuela no había permitido su entrada.
El ruido de la música retumbó a través de las paredes astilladas de aquella casa vieja y abandonada. Por medio de las ventanas, de las cuales esquirlas de vidrio colgaban apenas, se podía entrever el tumulto de jóvenes que gritaban, bebían, bailoteaban o estimulaban el alboroto en el lugar.
Sentada sobre una silla que había visto mejores años y con el brazo izquierdo apoyado en una de las cuantas vigas que se habían salido de su lugar, y clavado al piso, dos ojos rojos observaban todo con satisfacción.
Seguían prestos la pelea de dos muchachos que arrojaban puños y patadas como si realmente ganar lo fuese todo en aquel momento. Vitoreos y chillidos se escucharon de la pequeña multitud que se había animado a verles. Cuando una caída hueca alcanzó los oídos de todos, las pupilas borgoñas parecieron brillar en orgullo.
El joven que permanecía de pie se quitó el sudor de la frente y levantó un brazo mientras le sonreía a los demás. Algunos gruñidos frustrados sonaron al tiempo que las manos soltaban o tomaban los billetes que habían sido apostados en la reyerta. La joven que había supervisado el encuentro, tomó el resto del efectivo que estaba guardado en un sombrero, y lo llevó a quien en verdad tenía la ficha ganadora.
Se detuvo frente a la silla antigua y acomodó sus anteojos, mostrando después una sonrisa astuta como el gato.
-"Ah, Testarossa-san –pronunció con voz aduladora, sacudiendo los cabellos atados en un coleta alta-, veo que el chico que mantienes bajo tu ala realmente ha valido la pena. Otra victoria más, aunque si yo fuera tú sería más estricta con él, sabes que la amabilidad y la debilidad van de la mano. Ten cuidado, linda."
Le entregó el sombrero con el efectivo y se inclinó para rozar sus labios juguetonamente. Cuando se separó, la castaña le guiñó un ojo.
-"Me gusta jugar con fuego, Quattro –respondió con media sonrisa-. Y nunca antes me he quemado."
La joven se rió y se marchó al ver que cierto pelirrojo comenzaba a acercarse a ellas. El muchacho se revolvió los cabellos con ambas manos y se paró a un lado de la chica que permanecía en la silla, tranquila y observando todo. Él sonrió y estuvo a punto de decir algo, cuando quien estaba a su costado le interrumpió de súbito.
-"Eres demasiado amable –se puso por fin en pie, sacudiéndose el polvo de su pantalón de mezclilla-. Pudiste haberlo acabado si lo hubieras golpeado detrás de la cabeza directamente, como ya te había enseñado."
-"Tienes razón –rió jovialmente-, pero no me gusta jugar sucio."
-"Erio –los ojos lavandas voltearon a verla ante aquel nombre-, un día alguien no precisamente más fuerte, sino más vivo, va a dejarte en muy mal estado –los ojos rojos le miraron con suspicacia-. Cuando ese día llegue, no pienses que yo estaré allí para ti. Ni ese día, ni los que le seguirán."
Erio Mondial tan sólo asintió, sin dejar de sonreír simpáticamente. Recibió la mitad del dinero que le fue tendida, y antes de que la joven se alejara de él, le dio una palmada suave en la espalda.
Una pupila borgoña le miró de reojo.
-"Está bien, no perderé –los ópalos púrpuras parecieron sonreírle también-. Tengo algo por lo que pelear, en la única manera en que puedo pelear. Además… tampoco quiero que se preocupe por mí, Fate-san."
Las cejas de la rubia se arquearon, no pudiendo comprender el motivo de una felicidad tan vaga y mundana. Dejándolo pasar –como la mayoría de las cosas-, Fate se alejó de allí.
Se dirigió a la tabla áspera que fungía de barra y se sirvió a sí misma un trago. Juntó los párpados mientras disfrutaba del sabor del alcohol quemante recorrer su garganta, calentando su estómago e incitando sus sentidos. Cuando hubo terminado su vaso, se relamió los labios con satisfacción.
Justo en el momento en que se servía un segundo trago, oyó unos pasos acercarse.
-"¿Sabes? Aún cuando es una buena manera de que resuelva sus problemas, algún día Erio terminará sin su racha de suerte, y no será nada agradable de ver…"
-"¿Cuál es el punto?" –se empinó de golpe la bebida.
-"Deberías pedirle que pare ahora que puede hacerlo."
-"Si él gana, yo gano también –dijo al bajar su vaso-. Si él desea seguir metido en esto, por muy sucio o peligroso que sea, es su decisión. No soy su madre."
-"Sí… Puede que tengas razón."
Fate miró por el rabillo a la joven que tomó la botella para servirse a sí misma. Contempló los ojos entrecerrados y con un leve toque de melancolía y ternura; las manos enguantadas de cuero que sujetaban con firmeza el vaso, y los largos cabellos naranjas que caían tras su espalda.
Luego de un gruñido, la rubia le extendió su vaso para que la otra le sirviera también. Y así lo hizo Teana Lanster. Juntó y separó los párpados con calma, no objetando en obedecer ante los gestos algo rudos. Sabía que lo que la joven de ojos rojos, mayor que ella, hacía, estaba mal.
Que el que ella misma estuviese allí metida, estaba mal.
Pero, nuevamente, el mundo siempre había estado mal. No había mucha diferencia en un mundo así, Teana pensó, excepto la que las personas alrededor se empeñaban en crear.
-"Puede que tengas absoluta razón… -volvió a repetir, esta vez en un quedo susurro-. Y aún así, él la considera como una. Y yo también, por supuesto."
Fate miró fija y duramente la simpática sonrisa que la joven le mostró antes de tomar su propio vaso y marcharse. Los ojos rojos le siguieron, observando la silueta que se perdía entre los vándalos, ebrios y animados adolescentes que abarrotaban aquella casa vieja y abandonada en ese sábado que se habían amanecido.
Tomó su tercer trago entonces, de golpe. Por su mente pasaron las memorias de dos chicos más pequeños, a quienes había invitado unirse a su cuadrilla y a quienes había tratado de manera estricta y fría desde un principio. La vida era así, se recordó a sí misma.
Pudo haber sentido lástima por ellos, quizás, en aquel tiempo.
Sin embargo –lanzó el vaso a la pared y se alejó del chasquido y los trozos de vidrio que se estrellaron contra el piso-, si ellos deseaban seguirla, ella no los detendría.
Si acaso llegasen a estorbarle, los abandonaría. Después de todo, Fate Testarossa no le debía nada a nadie.
Todos le debían a ella.
-"¡Estoy en casa!"
Las palabras, normalmente cálidas y hogareñas, salieron con desinterés puro. Fate cerró la puerta de la entrada y se quitó la sudadera marina que traía encima, arrojándola al piso. No pasaron ni tres segundos cuando unos ladridos retumbaron por la sala, al igual que pequeñas pisadas.
Y como si todo lo demás hubiese quedado en el pasado, como si el mundo detrás de la puerta de aquella casa blanca y preciosa se hubiese desvanecido, los ojos borgoñas parecieron iluminarse con suma rapidez.
Las pupilas ahora nítidas y diáfanas, reflejando en su interior la figura pequeña de algo rojo que crecía en tamaño conforme corría hacia ella. Los labios se estiraron entonces, y por primera vez en aquel sábado cuya tarde iba muriendo, Fate Testarossa sonrió con sinceridad.
Verdadera sinceridad.
-"¡Arf!"
¡Bark! ¡Bark!
El cachorro saltó a los brazos de su dueña, quien se había agachado para recibirle, y pronto sintió cómo era alzado por los aires. Los ojos azules miraron hacia abajo mientras la cola diminuta se bailoteaba impacientemente de un lado a otro. Y cuando Fate le acercó hacia sí misma, Arf se encargó de lamerle la cara a modo de bienvenida.
Fate tan sólo rió.
-"Hermanitaaaaaa –Alicia venía entrando a la sala-, ¡bienvenida a casa!"
-"Claro, claro –respondió sin prestarle mucha atención-. Arf, ¿tienes hambre? ¿Tienes hambre? Aww, claro que sí tienes."
Arf tan sólo lanzó un ladrido.
Fate volvió a reír antes de dejar al cachorro en el suelo. Después, se dirigió a la cocina por una lata de comida y el plato del perro, tomó ambos y volvió a la sala, donde Alicia yacía sentada en el sillón. Tomó asiento al lado suyo, y mientras escuchaba el sonido de la televisión prenderse, le sirvió el alimento a Arf.
El cánido comenzó a comer ávidamente y movió la cola un poco cuando Fate le acarició el lomo. No obstante, un ligero maullido captó su atención.
Volviendo los ojos rojos a su hermana mayor, la vio acariciar con calma el gato marrón que se restregaba en su estómago. Alicia comenzó a jugar con los bigotes negros, riendo levemente, a lo que Fate no pudo evitar sonreír.
-"¿Quieres ver la tele con nosotras, Liny?"
Linith, el gato, lanzó un maullido que hizo que su boca se estirase graciosamente. Alicia rió de nueva cuenta y le abrazó contra ella. Casi de inmediato, Fate sintió uno de los brazos de su hermana pasarle por el hombro, por lo que decidió apoyarse en la última.
No pasaron cinco minutos cuando Fate tomó su celular y volteó a ver a su gemela.
-"¿Qué quieres comer, Al?"
La aludida soltó un largo "hmm" antes de simplemente sacudir los hombros. Le devolvió la mirada a su hermana y le dirigió una simpática sonrisa.
-"Tú decide."
-"Entonces será pizza de nuevo –Fate respondió, marcando el número que ya se sabía de memoria-. ¿Dónde está la tarjeta de mamá?"
-"En la mesa –Alicia bostezó-. Creo que todavía hay dinero para el fin de semana. De todos modos, pretendo enviarle un mensaje más tarde para que nos deposite lo de la semana."
-"Genial. Sólo recuerda decirle que debemos pagar por los materiales nuevos."
Alicia arqueó una ceja, mas tuvo que retrasar su pregunta debido a que los de la pizzería estaban atendiendo la llamada de Fate. Para cuando la última hubo terminado de pedir la orden, colgó y guardó su celular tranquilamente.
La mayor bufó.
-"¿Qué materiales nuevos, mentirosa?"
-"Tú sabes –Fate se acomodó mejor contra ella-. Ropa, comida, videojuegos, chucherías… Ese tipo de cosas. Tengo necesidades."
-"Pensé que tenías suficiente con el dinero que hacías con tu ruidosa pandillita" –agregó despacio, pasando una mano perezosa sobre el pelaje del gato.
-"Nunca se tiene suficiente. Además, mamá no tiene por qué enterarse."
Alicia no pudo evitar soltar una risa alta y divertida, provocando que Arf alzase la cara llena de comida mientras Linith miraba a su dueña con sus dos pequeños ojos negros.
-"Mamá nunca se entera de nada, Fate" -Alicia rió más bajo.
Y Fate la imitó.
Era domingo y la tarde había llegado ya. Fate entró a la cocina, bostezando y con el pijama todavía puesta, debido a que todo el día no había hecho más que permanecer en casa así como andar de perezosa de un lado a otro. Recién se levantaba de una siesta que había tomado en el sofá, donde Arf permanecía tirada y dormitando a pesar del ruido de la televisión prendida.
La rubia sacó del refrigerador tres rebanadas de pizza que habían sobrado de ayer y las precalentó en el horno de microondas. Mientras esperaba, Linith pasó trotando frente a ella; y como era de esperarse, Alicia aparecía detrás de su mascota.
Una ceja alzada y una mirada divertida se dirigieron hacia la menor de la familia.
-"¿Sabes que ya son las cinco y pico de la tarde, verdad Fate? Al menos deberías pasarte una manita de gato en el cabello."
-"Déjame en paz, hoy sólo quiero no hacer absolutamente nada" –bostezó de nuevo.
Un ronroneo sacó a Fate de su estupor, que en respuesta acarició brevemente la bola de pelos cafés que se restregaba entre sus piernas. Luego de que sus ojos se volvieran más despiertos, notó al fin lo bien arreglada que su hermana estaba.
Su confusión creció al ver a su reflejo vestida con una minifalda rizada y blazer negros, una blusa roja bajo el último, la cual era rematada al final por un cinturón con piedras traslúcidas. Alicia llevaba el cabello totalmente suelto y ligeramente ondulado, junto a un maquillaje sencillo; lo cual, Fate debía reconocer, aunado a las medias y zapatos oscuros la hacía ver de una manera muy… sensual.
Entonces, la más alta enfundada en sus pijamas, se dio cuenta de una cosa.
-"¡¿Por qué demonios llevas puestos MI falda y MI blazer?"
La mayor rió ligeramente antes de pegarse al cuerpo de la otra y tomarle el mentón.
-"Perdón –susurró sobre sus labios-, pero es que el negro se te ve tan bien que no pude evitarlo. ¿No estás enojada o sí?"
Alicia juntó sus labios en un beso suave y lento, tomándose su tiempo para repasar con su lengua la boca húmeda y tersa de su hermana menor. Con un chasquido, se separó de ella, sonriéndole con coquetería.
-"Volveré en la noche, hay una fiesta esperando por mí" –su sonrisa se amplió, acentuada por un relamer de labios.
-"Haz lo que quieras –Fate se recargó en la barra de la cocina mientras jugueteaba con uno de sus propios mechones-. Pero ni se te ocurra manchar mi ropa. Y una cosa más –añadió al ver a la otra girarse y empezar a marchar-, la quiero de vuelta, limpia y lavada."
-"¡Tú no eres divertida!" –se volteó a verla.
-"¿Ah, sí? –no necesitó dar dos pasos para sujetar el brazo de la más baja y atraerla hacia un beso forzoso y agresivo. La mayor gimió complacida-. No juegues conmigo, Al –le dijo al romper de súbito el contacto-. Anda, vete a tu fiestecita; aunque eso sí, quiero lo mío de vuelta como es."
Alicia sonrió depredadoramente, a pesar de que sabía que Fate se refería a la muda de ropa y no a otra cosa.
-"Por supuesto, pequeña Fate. Ten por seguro que tendrás lo tuyo cuando yo vuelva."
Y con un beso al aire, salió por fin de la cocina, con Linith abandonando su lugar a los pies de Fate para salir trotando detrás suyo.
Fate Testarossa suspiró, pasándose después una mano sobre los mechones rubios y despeinados. El tintineo del microondas repicó, así que olvidando el resto, se dedicó a sacar el plato y a alistarse para comer.
-"¡Bark!" –Arf ladró cuando un peso nuevo en el sofá y el olor a comida le hubieron despertado.
-"Bark para ti también" –la rubia respondió antes de morder su rebanada.
¡Bark! ¡Bark!
-"Vale, vale, ya entendí –contestó luego de tragar fuerte-. Toma una."
Arf ladró una última vez antes de tomar su pedazo de pizza de la mano de la rubia y llevársela hasta el otro lado del sofá, donde se echó y empezó a destajarla para comérsela. Fate hizo lo suyo también, concentrada en la televisión al frente.
Más arriba, en otra sección del estante donde el aparato se encontraba, estaba situado el retrato de una mujer adulta de largos cabellos verdes en pie, cuyo rostro parecía sonreír con alegría. A sus costados y debajo de cada uno de sus brazos, dos pequeñas niñas idénticas sonreían también mientras eran abrazadas.
Y ambas tenían mechones rubios y ojos rojos.
En la tarde, todos paseaban juntos. Un buen pretexto para ir de modestas compras o ver lo que el exterior ofrecía gratis. Así como el detalle de la puerta, en esa ocasión también premiaban a Hayate con una visita hasta el local donde se encontraba Nanoha Takamachi.
Sin embargo, contrario a las veces anteriores, Hayate ahora tenía sentimientos encontrados. Quería y no quería verla. Era un dilema, se dijo.
Mas la mano segura de Vita y los ánimos de Shamal no le dejaron muchas opciones que escoger. Con algo de timidez –especialmente por su ausencia de tres días sin decir nada- se acercó al local de la pastelería. Hayate sonrió sin poder evitarlo, y más al ver a su mejor amiga con el delantal del comercio y una charola, revisando a los clientes. Después de todo, mentiría si dijese que no había extrañado su compañía.
-"¡Nanoha! –llamó cuando estuvo lo suficientemente cerca-. ¡Aquí!"
La charola en manos de la pelirroja casi se cae del respingo que dio e incluso chocó con la espalda de un cliente, al que pidió disculpas antes de dejar las cosas e ir directo a abrazar a su amiga.
-"¡Hayate-chan! ¡Por todos los cielos, me has quitado siete años de vida!"
La aludida tan sólo rió.
-"¿Crees que puedas cuidarla un par de horas?" –bromeó Signum.
-"¡Seguro!"
Nanoha efectivamente no dudó en contestar. Si bien solía trabajar arduo en el café Midoriya, era también cierto que los domingos como ése el lugar estaba algo más vacío debido a las horas de la tarde. Además, la pelirroja era muy estimada por la familia Yagami, sentimientos los cuales correspondía profundamente.
Al fin y al cabo, si descartase el asunto del ADN, ellos prácticamente serían su familia.
-"Bien, bien, Nanoha, sólo no coman tantos pasteles."
-"¡Vita-chan!"
-"Vita –Shamal le reprochó apenas-. Espero que no hayamos venido en mal momento, será sólo un rato. Nosotros tenemos algunas cosas que hacer y no queríamos dejar a Hayate sola en casa. Además, todos aquí sabemos lo mucho que te aprecia como amiga.
La ojiazul se sonrojó un poco por la pena y se rascó una mejilla. Aún así, volvió a asegurarles que todo estaría bien. Con una última mirada hacia Zafira, quien esperaba al otro lado de las puertas de cristal, se despidieron.
-"¡Te veremos luego, Hayate! –gritó Vita-. ¡Ánimo con el trabajo, Nanoha!"
-"¡Adiós!" –dijeron al unísono.
Nanoha no pudo evitar reír de alegría. Sin esperar más, jaló a la castaña dentro del local y la sentó en una de las mesas desocupadas y cercanas a la barra donde atendía la caja. Luego de checar cuidadosamente que la clientela estaba distraída comiendo, al menos por un rato, aprovechó para halar la otra silla y sentarse delante de ella.
-"¿Cómo estás? ¿Por qué no me mandaste ningún recado? ¿Tienes las tareas? ¿Sabes que te extrañé muchísimo?" –dijo de súbito, tomando una larga bocanada de aire al final.
Hayate fingió una mueca de sorpresa y le hizo señas de que fuera más despacio mientras reía.
-"Wow, Nanoha, una pregunta a la vez."
-"Nyahaha, es que en verdad me tenías en ascuas."
Hayate dio un vistazo más al local, observando rápidamente los comensales allí dispuestos.
-"¿Segura que no estás muy ocupada?"
-"Mhmp –negó de inmediato-. Tú tranquila que no tarda y se van, además creo que tienes algo que contarme, ¿no?" –sonrió largamente.
-"Comienzo a pensar que el solo aroma del azúcar te afecta" –rió bajito.
Hayate suspiró antes de contarle a una curiosa Nanoha más o menos sobre el asunto de la suspensión y el evento ocurrido con Alicia Testarossa. Y conforme sus palabras iban dejando su boca, pudo notar con cierta simpatía y preocupación el cómo su mejor amiga comenzaba a tratar de controlar su enfado.
-"¡¿HIZO QUÉ?"
-"¡Nanoha! –Hayate chilló de inmediato al verla pararse de golpe-. ¡Grita más alto, que alguien en Okinawa no te escuchó!"
La aludida parpadeó, recordando enseguida que estaba en el lugar de su trabajo y que los asiduos visitantes se la habían quedado mirando.
-"Nyahaha…" –rió nerviosa, regresando a su asiento rápidamente.
-"No es la gran cosa –mintió una vez más-, sólo es un capricho de ellas de cambiarse de lugares para fastidiar más al mundo."
En la versión de Yagami, Alicia sólo le había arrojado un chicle al cabello que le hizo enojarse, pues eso necesitaría un corte de cabello –cosa que obviamente era fácilmente descartable, su cabello ya era corto de todos modos-; afortunadamente, el remedio fascinante de agua caliente y acondicionador de Shamal solucionó el problema.
Era la mejor idea –mentira- que se le había ocurrido decir.
No se le ocurría cómo contarle lo que en realidad había sucedido (además de que no tenía cara ni ganas para hacerlo, al menos no ahora). Lo malo del asunto es que muy en el fondo, hubiese preferido compartirlo con la única persona que guardaría el secreto a pesar de que no le agradase el tener que hacerlo.
El meollo era que no podía aventurarse a confesarlo, ya que ni ella misma sabía cómo manejar la situación. Nanoha, por ende, sabría menos, aunado al hecho de que cabía la posibilidad de que se encarase con Alicia y ello provocaría aún más problemas de los que las dos ya tenían.
Así que continuó con el cuento de nunca acabar, inventando esto y aquello, siempre atizada la farsa con algunos trozos de verdad. Pero nunca nada comprometedor.
Nanoha terminó de escucharla, callada y pensativa. Cualquier cosa que hubiese podido añadir al terminar Hayate de hablar, se quedó pendiente porque algunos clientes llamaron a caja, a lo que la pelirroja tuvo que disculparse e ir a atender.
Los ojos azules de Yagami la siguieron, contemplándola en silencio. Hacía años que ella y Nanoha eran amigas; a pesar de que la conoció mucho después de Rein, la confianza que se tenían era grande y recíproca. Por eso, ella sabía que la pelirroja era el tipo de persona que aunque simpática, no se tomaba reparos en hacer las cosas como debían de ser.
Nanoha Takamachi era responsable. Y en ocasiones, su seriedad hablaba con una profundidad que se suponía debía de venir en la adultez, en vez de tan pronto como le había tocado.
Hayate sonrió –sólo un poco-. Nanoha era una buena amiga y una buena persona. Eso era lo más importante, se dijo.
-"Entonces, ¿ya vuelves el lunes?" –la oyó decir mientras se acercaba a la mesa para sentarse de nuevo.
-"Sí, así es."
-"¿H-chan? –la vista azul se volteó a verla ante el mote afectuoso-. ¿Por qué pareces tan triste? ¿Quieres hablar de ello?"
-"Mhn, no te preocupes, no es nada. Me cuesta mucho estudiar y con esta suspensión siento que me retrasaré mucho –rió sin ganas-. Creo que hice demasiado escándalo por un chicle, ¿verdad?"
-"Pues algo así, aunque yo también me hubiera enojado mucho. Pero no deberías de seguir pensando en ello, las Testarossa solamente quieren ser el centro de atención, Hayate."
-"¿Eso… crees?"
Hayate bajó la mirada unos segundos, mas cuando volvió a alzarla, la sorprendió un poco el ver que los ojos de su amiga expresaban cierta lejanía. Al notarlo, Takamachi continuó hablando.
-"Son personas superficiales, puede que… de vez en cuando hagan algo que parezca bueno, pero creo que son sólo apariencias. Hayate-chan, no quiero sonar como una mala persona, es sólo que creo que lo mejor es guardar la distancia con ese tipo de influencias. No me dan buena espina."
Hayate asintió una sola vez, lentamente. Sabía por qué lo decía. Para cualquiera, ello resultaría en una amistad dañina. Mas para gente como ellas, en la situación que estaban y con lo mucho que estaban poniendo en juego, había demasiado que arriesgar.
Todo por lo que habían trabajado por mucho tiempo, podría irse fácilmente. Ninguna quería ello. Arruinar la vida que tanto esfuerzo les tomó construir.
Al ver que la castaña se quedó callada ante su comentario, Nanoha decidió alivianar un poco el ambiente para ambas.
-"Bueno… pues es como los perros, ¿no? –mencionó divertida-. Ellos te ladran cuando quieren jugar y mueven sus colitas para les hagas caso."
-"Ciertamente… ellas mueven sus colitas y sin duda ladran, pero creo que con una intención completamente diferente."
Ambas se miraron en silencio unos segundos, antes de echarse a reír hasta las lágrimas. Hayate agradeció ese momento, realmente reía con ánimos luego de aquel trago amargo; era como una discreta catarsis que sanaba su alma acongojada. De repente, la campanilla de la entrada anunció la llegada de un nuevo cliente y Nanoha tuvo que dejarla ahí mientras atendía apresurada.
Hayate le miró hacer, una vez más, mientras pensaba en sus palabras. ¿Atención? ¿Acaso Alicia quería atención? Tenía la impresión que eso era lo que más sobraba en su vida.
Hayate sonrió con ironía. Sin embargo, un traicionero pensamiento le atacó.
¿Y qué si era cierto pero la rubia lo demandaba en la única manera que había aprendido a hacerlo?
El tigre que toda su vida ha saltado a través de un aro de fuego para recibir un premio, en forma de comida, no sabe qué hacer en una jungla. Sólo conoce el aro de fuego como medio para alimentarse.
Quizás… Alicia no sabía otra manera de relacionarse que haciendo daño. Tal vez porque ella misma se sentía dañada.
Y Hayate hubiera creído –le hubiera gustado creer, porque el sentimiento de hastío que le despertaba sentía que nada más enfermaba su alma- que así fuese. Pero bastaba recordar lo ocurrido para que sus nudillos se volviesen blancos de la presión y ella percibiese la sangre hervirle de frustración.
Su sonrisa se tornó más sardónica, y ella pensó que en realidad, todo era culpa de su debilidad. Porque si bien Alicia podía ser un tigre de circo, que gustaba de hacer malabares y trotar con elegancia, seguía siendo un animal peligroso.
Por muchos premios que una le diese, el tigre siempre terminaba cercenando la mano de quien le alimentaba a propósito.
Había pasado varias veces.
Y ésta –se pasó una mano por la cara, tratando de ocultar el abrumador agobio que pesaba en su pecho- no sería la excepción.
Esta vez tampoco sería la excepción…
Las luces de colores se filtraron por las ventanas hasta llegar a iluminar las calles desiertas y oscuras. Dentro del antro, miles de siluetas se movían al compás de la música; las caderas sacudiéndose sensualmente mientras manos atrevidas tocaban los cuerpos que no paraban de incitar el deseo.
Y así fue como la invitación y gestos sugerentes de alguien por fin captaron la atención de los exóticos ojos rojos que habían estado barriendo el lugar desde hacía rato. Luego de haber ignorado bastantes insinuaciones, Alicia Testarossa se fijó en la joven que había abandonado a su pareja de baile en la pista, para ir junto a ella en la barra.
La rubia le vio tomar un trago de algo con rapidez, y cuando el sonido del vaso chocó contra la madera dura, la jovenzuela se volteó a verle.
-"¿Te sientes… sola, muñeca?"
Alicia curvó los labios ante la voz sugerente y los ojos que le recorrían cada centímetro de la piel con lujuria y anhelo, sin ningún atisbo de recato presente. Directo y sin rodeos.
Como a ella le gustaba.
-"Tal vez, guapa… -se relamió los labios, pegando inmediatamente después su cuerpo hacia el de su nueva compañera de esa noche-… tú podrías ayudarme a no sentirme así…"
Los dedos de la hermana de Fate ascendieron aquel pecho bien formado, hasta llegar a unos labios pintados de rojo brillante, que no dudó en morderlos y lamerlos muy despacio. El gesto provocó una sonrisa en la ojirubí, que no opuso resistencia cuando fue jalada a la pista de baile.
Unos brazos sujetaron sus caderas, atrayéndola hasta presionar ambos cuerpos; dedos escurridizos rozando de cuando en cuando su trasero. La rubia hizo lo suyo también, dedicándose a pasar las manos al frente de manera que pudiese acariciar el firme abdomen –y accidentalmente, tocar entre ratos aquellos senos que se le antojaban apetitosos-.
Estuvieron así bastante tiempo, jugando y estimulando los sentidos de la otra; besándose y tocándose por sobre la ropa, sin importar si había ojos espectadores sobre ellas o no.
En realidad, Alicia no lo recordaba claramente, al menos no la parte del tiempo que le tomó engatusar a su presa hasta calentarla de la excitación, porque realmente sólo le interesaba saciar sus deseos carnales y ya. Lo que sí tenía claro es que bailaron, se tocaron aquí y allá mientras bailaban y tomaron un poco más; el resto se le escapaba pero tampoco es como si fuese de relevancia alguna.
Después de todo, el resultado era el mismo.
Y así es como de pronto se encontraba desnuda en uno de los cuartos del lugar, con unas ganas tremendas de acostarse con alguien y con una de las chicas más sexys de ese mismo lugar. Sí, se dijo a sí misma, otro perfecto –excitante- día normal.
O al menos eso es lo que quería pensar.
Los labios de la rubia mordían aquel cuello blanco con pasión, lamiendo chupetones y creando moretones visibles a su paso, mientras sus manos recorrían el cuerpo desnudo que hacía minutos había despojado de sus escasas ropas. Y ella le escuchaba gemir dócilmente, la percibía retorcerse de dolor y sentía cómo sus cabellos rubios eran jalados suavemente.
Pero Testarossa lo sabía bien. La razón por la que se había tomado su tiempo para elegirla. La razón por la que la analizó con cuidado. Alicia sabía que a quien tenía retozando bajo su cuerpo no era a quien realmente quería tener en esos precisos momentos; no obstante, reprimió sus impulsos de reír con burla y en vez, le dio un beso agresivo que hizo que los labios de la joven jadeante sangrasen.
Por supuesto, la ojirubí limpió aquella sangre despacio, con su lengua, en tanto sus manos apretaban y amasaban los seños despiertos de la muchacha de cabellos castaños.
Largos cabellos castaños, y aunque fue una lástima que no los tuviese cortos, Alicia pensó, serviría por el momento. Además, su excitación se elevaba a mil cada que veía los ojos azules completamente nublados y perdidos por el placer. Por ella. Totalmente loca por ella.
Ese sólo pensamiento motivó a su boca a abandonar los labios hambrientos y a bajar por el cuello, dejando así caminos de saliva húmeda, hasta que llegó hasta su pecho agitado. Y cuando los orbes azules bajaron la vista para verla, Alicia sonrió maliciosa y mordió uno de los enhiestos botones.
Un grito-gemido escapó de la boca de su presa.
Las uñas apretujaron las sábanas, los labios de la cobriza se separaron en gimoteos y los labios de la chica de los ojos rojos chuparon y jalaron aquel pezón con ansia. Su mano izquierda moldeó y acarició el otro seno, decidiéndose a pellizcar el botón que yacía abandonado y sin atención.
¡Ahhwww! ¡Sí!
Sin embargo, para Alicia, cuyo deseo le sofocaba la mente, aquellos jadeos desbocados la hicieron revivir el momento en que Hayate Yagami casi era suya. Y como si de un volcán se tratase, la frustración y humillación de ese día se congeniaron con su libido y su estulticia de venganza; convenciéndose a sí misma que cuando el día llegase, ohhh, cuando el día llegase se lo haría lamentar terriblemente.
La haría caer por ella –Alicia liberó su pecho y besó de nuevo con fuerza a la muchacha-, la enamoraría, la haría sentirse especial –una de sus manos bajó descaradamente hasta las piernas bien torneadas-. Y después… después…
¡Ahhhh! ¡Alicia!
Alicia jadeó, rompiendo el beso, mientras sus dedos ministraban atenciones al pequeño botón hinchado allí abajo y el dedo índice se aventuraba a entrar dentro de la joven. El cuerpo debajo suyo se arqueó enseguida de sentir el intrusivo contacto; y tan pronto como cayó de nuevo contra las sábanas, dos brazos se enredaron en el cuello de la más alta y una boca desesperada se unió a la suya. La rubia respondió al beso, de manera brusca y descuidada.
Se separó de súbito pasados unos segundos, con el pecho agitándosele y la respiración escapándosele de la boca. No obstante, volvió a morder el blanco cuello –provocando un nuevo moretón-, en lo que insertaba un dedo más y la joven que hacía suya se sacudía en temblores.
Los gemidos y quejidos sensuales comenzaron a volverla loca, a llevarla hasta el límite de la excitación; y aunque sabía que no era verdad, sus ojos fácilmente pusieron a Hayate Yagami delante de ella. Allí, entre sus brazos, retorciendo las sábanas, gritando su nombre, pidiendo por más, pidiéndole que la hiciera suya y que hiciera con ella cuanto quisiese y como quisiese.
Ohhh, y claro que Alicia le daría más, le daría bastante, más de lo que podría soportar. La haría tocar el paraíso, gritar de éxtasis, la llevaría tan alto para después dejarla caer de golpe.
Para poder verla caer al mismísimo infierno.
Para poder verla romperse y derrumbarse ante ell…
-"¡Agggh!"
El cuerpo de la rubia se estremeció y sus cabellos cayeron en cascada hacia delante al sentir que finalmente, la otra chica se atrevía a tocarla allí abajo. Dos dedos la penetraron de golpe y la rubia gimió, sintiendo su mente nublarse así como sentía que el brazo que le servía de apoyo en la cama empezaba a flaquear. Entraron y salieron tres veces de ella, y para cuando sus ojos rojos se encontraron con aquellos azules lujuriosos y hambrientos, el golpe de sentir tres dedos acometerla casi la hace explotar allí mismo.
Percibiendo su propia cadera ser empujada despacio, se permitió gimotear entre el placer y el dolor, tratando de recuperar un poco de lucidez y energía a la vez. Una boca se cerró sobre uno de sus pechos de pronto, así que la mayor de las hermanas Testarossa no pudo más que gritar de delicia ante el mordisco y los lametones húmedos que comenzó a recibir uno de sus pezones.
La castaña se levantó un poco entonces, con una de sus manos trabajando en el centro de placer de la rubia mientras la otra le sujetaba el trasero, en un intento por permanecer semi sentadas una sobre la otra.
El movimiento de vaivén inició entonces, rápido, con los sonidos de la humedad, de los dedos yendo y viniendo, y el olor del sexo impregnando el cuarto arrinconado en aquel antro que la rubia solía visitar muy seguido para desfogarse.
¡M… M… Más!
-"¿Perdón? –Alicia sonrió traviesa, a pesar de que la boca que abandonaba ya sus senos parecía haberle robado el aliento-. No te escuché…"
Entonces vio a la castaña –vio a Hayate- morderse los labios, con el sonrojo extendiéndose por todo su rostro, así como el sudor que ya le perlaba la frente y el frenesí enorme que se acumulaba en esas brillantes pupilas deseosas. El calor de aquel cuerpo al igual que la voz femenina, que no podía parar de gemir en su oído, la incitó a meter un tercer dedo, ocasionando que la chica gimiera de súbito.
¡Mááááásss, por favoooorr!
Y así lo hizo. Fue a por ella –por Yagami- más rápido, más profundo, más, más, más… Porque en su cabeza y en su mirada se regocijaba de saber que esto le sucedería a aquella zorra que se atrevió a darle un golpe, a decirle que no era suya. Que no le pertenecía a Alicia Testarossa. Alicia sonrió con malicia, con lujuria; pues sería Hayate misma quien se lo buscaría.
Sería Hayate quien cayese en sus brazos y en su cama.
Sería Hayate la que estaría debajo suyo, muriéndose de dolor y de placer, de humillación; y la enamoraría tanto, tanto –sacó todos sus dedos y empujó cuatro lo más fuerte que pudo- que ella sola volvería para ser suya una y otra vez.
Para rogarle que la hiciera gemir, que la tocase donde nadie más la ha tocado, que le robase desenfrenadamente la virgini…
¡AAAAHHHWWWWW!
La castaña soltó un grito por última vez, llegando al clímax tan sólo unos segundos antes que Alicia. La última se dejó caer y se hizo a un lado, exhausta, para recostarse y tratar de recuperar la respiración que no se le calmaba, al igual que el caliente palpitar entre sus piernas.
Mas apenas abrió los labios, una boca se acercó para besarla mientras una mano pasaba de nuevo sobre sus pechos, acariciándolos suave y juguetonamente. Alicia gimió bajito al sentir cómo la otra se sentaba a horcajadas sobre ella, puesto que pudo percibir lo mojada que había quedado después del primer orgasmo.
Eso bastó para que se calentase otra vez.
Tomó sus caderas firmemente y se imaginó que era Hayate quien estaba encima de ella. Sonrió ampliamente.
Sí. La haría caer a sus pies.
Y cuando lo hubiera hecho, la pisotearía hasta cansarse…
Con ese último pensamiento, no tardó en unirse a las embestidas de la muchacha que ya se movía frenética encima suyo, consciente de que tendría que volver a casa pronto.
Después de todo, no podía dejar esperando a su adorada hermanita Fate, ¿verdad?
Tenía que darle sus merecidas buenas noches.
So I, I will paint you in silver.
I will wrap you in cold.
I'll fall asleep for you.
Cold in life's throes
I only ask you turn
as you seep into me.
As a rapturous voice escapes
I will tremble a prayer
and I'll beg for forgiveness.
Oh, my beautiful one!
Y yo, yo te haré de plata.
Te arroparé de frío.
Caeré en sueño por ti.
Frío en esta vida
sólo te pido te vayas
al entrar dentro de mí.
Si la voz de arrebato se escapa,
oraré y temblaré
y el perdón suplicaré.
¡Oh, preciosa mía!
Continuará…
C: ¡Ay, wero! Ahora sí se le pasó la mano a la kidorita, jajajajaja. Bueno, es que así se merecía terminar el capítulo luego de mis tiernas dosis de fluffy por ahí que puse como cortesía. Aprovechen porque luego pondré lágrimas.
Muajajajaja.
K: ¡En la torre! xd Perdón, la verdad es que el capítulo se atrasó por mi culpa; dentro de las responsabilidades que tengo, aunque no quiera, mis ocios –ToN- quedan en último lugar. Casi no tuve tiempo esta semana y el poco tiempo se me iba porque aparentemente, mi cuerpo sólo quería cama (ea, dormir, no piensen mal que energías no me quedan para otra cosa xD).
Fuera de mis excusas, sólo puedo decir que el rating por fin se ha cambiado a M por obvias razones. A ver si Kit y yo nos ponemos a milagrear para ir más rápido, que ya hace falta ese cuadro cronológico de ToN que le dije debemos armar u_u
Gracias por leer, como siempre, a quienes comentan también (generalmente no los menciono, no porque no los tome en cuenta, sino porque no quiero obligar a nadie a dejar review pues para mí es algo descortés pedirlo por algo que se gusta de hacer).
Pero que sepan que a todos, hasta quienes le dan clic al fic por equivocación (XD), se les agradece cada mínima de atención que nos brindan de su tiempo =)
Se despiden, Kida Luna & Clumsykitty.
P.D. Para la otra haz una nota más larga, Kit, que me haces parecer parlanchina x3
