Título: Todo o Nada.

Por: Clumsykitty & Kida Luna.

Parejas: NanoFate, HayateAli, AliFate.

Serie: Mahou Shoujo Lyrical Magical Nanoha.

Derechos: MSLN no nos pertenece sino a sus respectivos autores.

Advertencias: El contenido de este fic es Yuri, si no te gusta, con el debido respeto te pedimos que no leas. Gracias.

Sinopsis: En este juego se apuesta de todo: Dinero, sueños, personas y sobre todo, corazones. ¿Cuánto quieres ganar? Y... ¿cuánto estás dispuesto a perder?

Canción: Desire, de The Poets of Fall.


A false sincerity, a liar and a thief, my pulse and memory, a comfort within grief.

What never moves, is never still, who has the final word
It holds the world in a single pill, and all life rendered absurd.

Kill sweet desire, faith may numb the trial, but can you run all your life.
Kill sweet desire, truth will make a liar, you can run but not hide…

Falsa sinceridad, ladrona y embustera, mi pulso y memoria, alivio en la pena.

Lo que nunca se mueve, nunca yace igual, quien tiene la última palabra
Tiene al mundo en una simple medicina, y el resto de la vida se vuelve irracional.

Dulce deseo mata, la fe puede vedar el juicio, pero puedes correr por siempre.
Dulce deseo mata, la verdad te hará artero, puedes correr pero no esconderte...


Capítulo V
Una Acción

Segunda semana de clases.

Lo agradable de la segunda semana, al menos para la gran mayoría, es que se podía identificar mejor a las personas con quienes quieres estar y a las personas con quienes ni siquiera te quieres ver. Resultaba importante poder hacer el análisis social del tipo de gente que estaría contigo durante todo un año, desde los más inteligentes, los presumidos, los deportistas, los fiesteros, los amigueros y aquellos cuyas tendencias resultaban extrañas o extravagantes para los demás.

Por supuesto, también estaban aquellos con quienes nunca te desearías cruzar.

En el caso de Hayate, cuya suspensión le había costado los primeros días para interactuar con el resto de la clase, era una fortuna el poder haber hallado a una persona de temple tranquila y amable. Alguien que, dado los acontecimientos pasados, podía inspirarle una seguridad confortable.

Y en verdad era una fortuna, considerando que en el mismo espacio cuadrado tarde o temprano acabaría por entrar Alicia Testarossa.

-"¿Sabes? –sonó la voz apacible y femenina-. Si sientes que se te dificulta la clase, puedes preguntarme."

-"¿En serio?"

-"En serio, Hayate-chan. Después todo, ¿ya somos amigas, no?"

Hayate estuvo a punto de responder con regocijo, cuando los pasos apresurados de una joven rubia y alta llamaron su atención. Los ojos verdes barrieron el salón en cuestión de milisegundos, y cuando por fin hubo encontrado lo que –a quien- buscaba, su voz tronó alta y llena de confianza como ella misma.

-"¡Suzuka!"

Sin esperar más, la rubia se acercó hacia la nueva amiga de Hayate. Suzuka Tsukimura se puso en pie de su asiento, que quedaba frente a Yagami, y casi se va hacia atrás cuando un efusivo abrazo le fue dado.

-"¡¿Estás loca?! –la rubia se separó y le exclamó de inmediato-. ¡Olvidaste tu almuerzo!"

Suzuka suspiró despacio y se peinó los mechones morados y despeinados que le habían quedado colgando. Sus párpados mostraron unos calmados ojos azules mientras sus labios dibujaron una simpática sonrisa.

-"Vaya, tienes razón Arisa-chan. Lamento que hayas tenido que venir hasta aquí por mi culpa –la muchacha tomó la bolsa de papel que le era ofrecida y después se volteó hacia Hayate, sonriente-. Hayate-chan, te presento a… -en este punto, la castaña no entendió el por qué de la pausa-. Perdón –Suzuka rió suavemente-. Te presento a Arisa-chan, ella es mi amiga de la infancia y la mejor que he tenido en mi vida."

Arisa parpadeó dos veces antes de inclinarse rápidamente a tomar la mano de Yagami, como si hubiera recordado que debía de saludarla. Esta última se mostró sorprendida por el repentino acto, mas la sonrisa de la rubia la tranquilizó rápidamente.

-"Mucho gusto –dijo al soltarla-. Soy Arisa Bannings y es un placer conocerte…"

-"Hayate, me llamo Hayate."

-"Hayate… -pareció saborear el nombre en sus labios-. Bien, debo irme, creo que puedo encargarte a Suzuka entonces, ¿cierto, Hayate?"

La sonrisa en la rubia de cabellos cortos, a diferencia de las otras dos rubias que ya había tenido la desgracia de desconocer, se le antojo gentil, simpática y llena de vida.

Arisa Bannings pareció el tipo de persona que tenía mucha energía dentro de sí, sobre todo teniendo en cuenta que el cuerpo atlético que poseía no dejaba ninguna duda al respecto. Era de esas personas que… tenían un espíritu fuerte…

"Qué envidia", pensó sin represalias.

Pero antes de que su tren de cavilaciones continuase, Arisa se despidió abruptamente y dio la media vuelta. Los ojos azules de Hayate siguieron su figura y la vieron detenerse apenas por uno o dos segundos, sorprendida.

Hayate lamentó haber mirado en la misma dirección que Bannings. En el umbral de la puerta estaba Alicia, de pie y con una mano apoyada en el marco; los ojos rasgados en una expresión seria y fría. En ese momento la castaña no supo qué fue lo que la hizo estremecerse más, si las facciones gélidas de Alicia o la sonrisa que Arisa mostraba al verla frente a sí.

La silueta de la amiga de Suzuka al pasar al lado de Testarossa, y quedarse quieta a su lado por unos instantes, se reflejó en los inquietos ojos azules de Yagami.

La ojiverde pareció decir algo, alegre y contenta de ver a la gemela fatal, mas la respuesta –escueta y parca- que recibió de la otra pareció sacarla de lugar. Alicia volteó la cara hacia ella y sonrió.

Sonrió con alevosía.

-"¿Vas tarde a tus clases, no es así, Bannings?"

Pudo leer la castaña que sus labios decían. La aludida, sin embargo, tan sólo sacudió la cabeza, extrañada, y se despidió como si nada.

Cuando Arisa hubo desaparecido de allí, los ojos rojos de Alicia chocaron intensamente contra los de Hayate, que ya tenía un rato observándola. De inmediato, la ojiazul rompió el contacto visual al girar el rostro.

Estaba asustada.

Asustada de esa mirada terrible e indescifrable que la había estado persiguiendo en sus sueños hacía la noche anterior. Por fortuna, el profesor de turno entró en esos momentos y Alicia decidió simplemente sentarse al fondo. Lejos de ella.

El por qué, Hayate no lo sabía.

Y algo le decía que el averiguarlo no sería nada agradable…


Las órbitas rubíes habían estado contemplando de lejos la figura de la pelirroja que no dejaba de anotar y escuchar lo que el profesor de Cálculo decía. Límites por acá, máximos por aquí, funciones paramétricas por allá…

De vez en cuando Fate desviaba la vista al pintarrón, cubierto por formas y números de colores rojo y azul, los cuales parecían seguir un cierto patrón; pero eso sólo era de vez en cuando, al fin y al cabo para la rubia no resultaban ser más que cosas indefinidas que si miraba por más de un minuto acababan dándole un molesto dolor de cabeza.

Fate resopló y apoyó su mentón sobre su mano derecha.

Volvió a mirar a Nanoha, mas su mirada no estaba enfocada en sí, simplemente se mantenía callada mientras su mente viajaba hacia la nueva apuesta que Alicia la había obligado hacer.

Era una completa estupidez.

Lo único que ella quería era acostarse con la pelirroja y listo. Ella no quería problemas, ni lloriqueos, ni compromisos ni nada que pudiera arruinarle su vida fácil y acomodada.

Sólo necesitaba diversión. Entretenimiento.

Y su mente hubiera continuado profundizando en sus deseos de no ser porque el repentino arrastrar de las sillas la despertó de su estupor. Fate parpadeó, confundida. Observó el reloj empotrado en la pared y se dio cuenta que dentro de dos horas sería el receso.

Volteó a ver entonces a Nanoha.

Fate parpadeó de nuevo.

Qué curioso, se dijo a sí misma, toda la mañana mirando al objeto de su interés y apenas se daba cuenta del vaso con café que la pelirroja había mantenido con ella. El mismo que ahora se llevaba consigo a dondequiera que fuese a tomar su siguiente clase.


Los repiqueteos sonaron una y otra vez, los dedos golpeando las teclas continuamente en un ritmo apresurado, precipitado y sin tiempo –sin conocimiento- de la palabra vacilación. El reflejo de la pantalla brilló en sus ojos.

Azules.

Serios.

Ojos que parecían de otra persona ajena a la que pertenecían.

Fate parpadeó despacio y se mantuvo callada, como había estado, en el marco de la puerta. Observaba en silencio. Sorbía su refresco. Su mente analizaba entretenida.

Sus orbes veían fijamente a la pelirroja que estaba de pie y escribía en la pequeña laptop que descansaba sobre el escritorio vacío de un maestro, ahora lleno de algunos papeles desordenados. Ella no había parecido notar su presencia.

Así fue como Fate aprendió algo nuevo de Nanoha.

Si se trata de algo en lo que está concentrada, lo demás no tiene absoluta ni mínima importancia. Sea lo que sea, sea quien sea.

A pesar de que Fate era ilustrada en los vicios y defectos de las personas, éste en particular no pudo comprenderlo. Era algo… era demasiado…

Vacío.

Hasta para ella misma.

-"¿Qué es tan importante de todas maneras?"

La voz y el ruido de la lata de soda ser aplastada y arrojada al bote de basura sacó a Nanoha de su estupor. La pelirroja volteó de inmediato hacia atrás, totalmente sorprendida. Luego de unos segundos, su rostro volvió a la normalidad.

El rostro de Fate también era normal.

Y sin decir nada más, Takamachi regresó a lo suyo.

-"¿No planeas almorzar, señorita Sabelotodo?"

-"No es algo que te interese, Testarossa.-san. Pero igualmente voy a responderte. Ya he almorzado."

Fate rió.

-"Estás muy equivocada si crees que con eso lograrás sacarme de aquí."

-"Haz como quieras."

Y así hizo Fate. Arrojó su mochila a cualquier mesabanco y se sentó en la paleta del escritorio, justo al lado de Nanoha y su laptop. La pelirroja continuó con su faena y la rubia se dedicó a mover las piernas y observar el techo.

Después de unos segundos de tap, tap, tap, Testarossa volvió a romper el silencio.

-"De alguna manera, verte hacer esto, me molesta demasiado."

Nanoha no dijo nada.

-"Es insoportable –su voz asemejó el siseo de una serpiente que estaba amenazando-. ¿Por qué no vamos a comer algo? A mí no me importa pagar lo que quieras –soltó de manera caprichosa-. Na… Ejem, Takamachi-san, estoy más que segura que apenas has probado bocado el día de hoy, y si eres alguien tan inteligente como creo que lo eres, sabrás que es más interesante comer algo delicioso que matarte la cabeza en obtener una estúpida nota más de las miles que ya tienes."

Fate guardó silencio, una vez más, recibiendo una vez más como respuesta el continuo teclear de los dedos ágiles de la mesera contra su ordenador portátil. Los ojos borgoñas se oscurecieron ligeramente y las cejas se fruncieron, en disgusto; para alguien como Fate, acostumbrada a las atenciones, halagos e idolatrías, aquello resultaba totalmente insultante.

Degradante y mezquino –aún cuando la última palabra bien podía tragársela ella misma-.

El sentimiento de ser ignorada, de ser tratada como los demás, como el resto, si bien no la sacaba de sus casillas, siendo que era alguien muy calculadora, sí que le estaba pateando el estómago. Estuvo a punto, inclusive, de bajar del escritorio de un salto y retirarse con un elegante y estruendoso portazo.

E iba a hacerlo. El orgullo era primero. Chicas más preciosas y fáciles las había, para ella no era ningún problema tener a quien quisiera cuando quisiera.

Contuvo un profundo suspiro. Fate iba a mandarlo todo al diablo.

Hasta que las palabras burlonas de Alicia golpearon la puerta de su mente. Y aunque Fate era muy ególatra, orgullosa y altiva, también era muy insistente. Necia, en otras palabras. La hermana menor odiaba perder, no podía perder con nadie; pero perder contra la hermana mayor… ahhh, eso era absolutamente inaceptable y humillante.

Fate y Alicia se amaban, como hermanas que eran así como las únicas almas con las que realmente podían contar. Como hermanas se conocían todo, no había secretos que esconder –si bien éstos no siempre eran contados, un simple gesto era más que suficiente-, caminaban juntas e imponían sus reglas y sus deseos por igual.

Como hermanas, se juraron en lengua muda que ambas se protegerían. Como hermanas, ambas pelearían y aplastarían cuanto y quien estuviese estorbando a su paso.

Fate tenía a Alicia y Alicia tenía a Fate. ¿El resto? ¿El mundo?

El resto y el mundo les valían un demonio.

-"Vamos –suspiró al fin e intentó ocultar el hastío en su voz-, no te vas a morir por no entregar una tarea en tu vida, Takamachi. Déjalo ya, ¡déjalo ya! ¡Tu estupidez hasta está haciendo que me de lástima verte encerrada aquí!"

Y como sólo se tenían la una a la otra, debían demostrar que estaban a la misma altura. Que eran competentes. De esa manera, Alicia no podría jamás imponer su voluntad entera por encima de la Fate.

O viceversa.

-"Maldita sea, cerebrito, ¡te estoy…!"

¡PLAF!

El manotazo que la rubia recibió al intentar tomar la laptop en sus manos, hizo eco en el pequeño salón cerrado. Las pupilas borgoñas se dilataron en sorpresa, totalmente descolocadas e incrédulas ante el golpe que había recibido –por muy poco grave o fuerte que éste hubiese sido-.

Cuando aquellos ojos rojos buscaron la mirada de la otra persona, se encontraron frente a frente con dos zafiros ásperos, fríos y oscuros. De profundidades insondables y hasta escabrosas.

La sorpresa, mezclada con confusión, lentamente fue dando paso al enojo, muy, muy lentamente.

Pero Nanoha Takamachi no dio tiempo ni paso a que ese enojo creciera y estallase en furia o ira.

-"No me interesa si te vale un centavo estar aquí, si estás harta de esta escuela o si tienes tanta hambre que quieres que los demás corran a cumplirte tu bendito capricho. No me interesa, Testarossa-san, no me interesa que pienses o que tengas que decir acerca de ti. ¿Acaso te has preguntado qué es lo que me interesa a mí? Durante estos quince minutos, ¿siquiera te ha pasado por la mente?"

Fate se extrañó. Esto no lo dejó ver. Fate se enfadó, se sintió insultada. Y esto sí lo dejó ver en sus ojos. Una cosa era ser malcriada, pero otra muy diferente que se lo echaran en la cara.

Que se ATREVIERAN a echárselo en cara.

No obstante, cuando estaba a punto de replicar, Nanoha ganó la palabra de nuevo. Y al parecer, no iba a soltarla hasta dejarse en claro.

-"Voy a ser y hacer lo que me plazca, y si me place matarme la espalda o matarme la cabeza por una estúpida nota más como tú lo llamas, lo haré. No tengo el tiempo que tú tienes para andarlo desperdiciando en tonterías, no tengo el tiempo para ir por allí incomodando a la gente con la mirada, para criticarla en mi mente por sólo Dios sabe cuánto; yo no te pedí que vinieras, la verdad es que ni siquiera me agrada que estés aquí. Y si esto te aburre, si yo te aburro, hay muchas personas allá afuera que son el doble de entretenidas, ¿sabes? Personas como tú tan sólo alborotan la vida de personas como yo. Pero yo no voy a permitirlo."

El tono de la pelirroja se mantuvo neutral, bajo y templado; a pesar de que sus orbes cerúleos expresaban amagos de enfado y frustración. Sin prisas, Nanoha le dio la espalda y retomó un repicar de teclas ahora suave y acompasado. Sin prisas.

Sus ojos parecieron calmarse al hacer contacto con las letras en la pantalla. Y aún sin voltearse, ella continuó aquella conversación.

-"No te permito tocar las cosas que me han costado, como tú jamás podrías imaginarte, conseguirlas. No te permito arruinarlas, porque Testarossa-san, alguien que no conoce el significado de la palabra valor, nunca podría entender a una persona tan aburrida y enclaustrada en un pequeño salón como yo."

Terminó allí.

Nanoha no dijo nada más. Todo volvió a ser como el principio, y ella se dedicó enteramente a finalizar el trabajo que tenía que entregar dentro de poco.

Pasados unos segundos, la suela de los zapatos tronó contra el piso.

Fate abandonó el salón.


Hayate suspiró profundamente, aliviada de que Alicia no había intentado nada durante las primeras clases. Ante la mirada preocupada de Suzuka, la castaña sacudió la cabeza y sonrió.

-"No pasa nada."

-"Bien –Suzuka devolvió la sonrisa y estrechó la charola de comida en sus manos-. ¿Nos sentamos a comer entonces?"

Eligieron rápidamente una mesa y se acomodaron. A los pocos minutos se les unió Arisa Bannings, No pasó mucho antes de que Hayate se diese cuenta, por el ritmo y la fluidez de la conversación, que Arisa y Suzuka eran muy unidas.

Tenían la clase de amistad en la que no era necesario decirlo todo, donde el sólo cruzar de los ojos era capaz de comunicar a la perfección las ideas planeadas. Sentimientos rápidamente comprendidos y mentes sincronizadas.

Yagami se sintió conmovida y cómoda con las dos, sabía por intuición que había hallado personas en las que podría confiar y que en un futuro, si el destino le ayudase, serían muy valiosas en su vida. Esa amistad envidiable le recordó exactamente a la misma que ella y Nanoha mantenían.

La misma que con el pasar de los años no hacía sino crecer prósperamente. Nanoha era la persona en quien más confiaba; en quien confiaba su vida entera, de hecho.

-"¡Erio!"

El grito y la mano al aire de Bannings sacó de sus pensamientos a la castaña, que de inmediato desvió la vista al nuevo objeto de atención. No muy lejos de las tres, un muchacho pelirrojo volteó a ver en su dirección. Él reafirmó su agarre en la bandeja de comida y les sonrió.

Era una sonrisa simpática, Hayate pensó.

-"Hey, ¿qué tal? –saludó el joven con voz amable al acercarse-. Mmm… ¿Importa si me uno?"

Los ojos lilas del muchacho observaron con algo de pena a Hayate, quien no dudó en sonreír y asentir.

-"Mucho gusto –le extendió su mano-, mi nombre es Erio Mondial."

-"No recuerdo haberte visto en clases" –Hayate acotó.

-"Jajaja, bueno, eso mi estimada Hayate –interrumpió Arisa mientras se llevaba un bocado de comida a la boca-, mm, es porque Erio apenas comienza los cursos aquí. Él es menor que nosotras, aunque no lo parezca" –terminó por darle un codazo juguetón al aludido.

-"Oh, vamos, que no es para tanto, me bajas el autoestima –fingió con voz dolida-. Suzuka, ¿vas a dejar que me trate así? Ahhh, ¿cómo es que los modales de una señorita como ella no se te pueden pegar a la cabeza, Arisa?"

-"¡Oye! –esta vez el codazo fue más fuerte-. ¡Yo soy una señorita!"

Hayate tan se cubrió la boca para ocultar su risa.

-"¿Es siempre así?"

Erio sonrió ampliamente y se acercó hacia la castaña, a modo de contarle un secreto.

-"Es una pulga en tu cerebro, pero pues no se le puede pedir mucho a la Madre Naturaleza, supongo."

-"¡Escuché eso!"

"¡Ah, ah, ah, suelta mi oreja, Arisa! ¡ABAJO!"

Suzuka negó divertida y Hayate volvió a reír. A pesar de que todavía tenía miedo y no se sentía muy segura en aquel lugar, sabía que algo debía de valer la pena allí. Y eso es lo que estaba descubriendo.

Estaba haciendo nuevos amigos.

Tan sólo esperaba que su amistad fuese lo suficientemente fuerte para que más adelante, por si las cosas se tornasen feas, ellos pudiesen brindarle una mano para ponerla de nuevo en pie.


Hacía bastante calor, se dijo, mientras pasaba la mano para quitar el sudor que escurría por su frente. Faltaba poco para terminar las clases. Lo único que le restaba por hacer era elegir una actividad extracurricular para completar sus créditos; aquello estaría bien, supuso, pues aunque su tiempo fuera un circo de puros malabares, algo en que distraerse junto al resto de sus compañeros sería bueno.

Mantendría su mente ocupada por un rato. Limpia de problemas. Y, quien sabe, hasta podría conocer a alguien interesante. Podría ser divertido, se animó.

Volvió a pasar la mano por la frente y echó una mirada en derredor. Todo el patio de la escuela estaba lleno de puestos improvisados de los clubes, sencillos y modestos. Dio un par de pasos por aquí y por allá, preguntando de cuando en cuando algo de información.

Y aunque todos eran amables con ella, como debía de ser, simplemente aún no podía hacer su elección.

Entonces, lo vio.

Había una chica, un poco más joven que ella, sentada frente a una modesta mesa llena de lo que debían de ser folletos impresos en blanco y negro. Ella era calmada y no hacía bulla por llamar la atención de nuevos miembros al club, pero tenía algo. Sus ojos lilas desprendían carisma y su sonrisa genuina infundía paz.

Era una joven hermosa, se admitió. Y por alguna razón, eso bastó para timbrar su curiosidad.

-"Buenas tardes –le saludó una voz dulce y amigable-, ¿gustas unirte al Club de Atletismo? –movió la silla donde estaba hacia atrás y se puso de pie-. Eres bienvenida a ver las pruebas los próximos días por si no estás convencida. Quizás eso pueda ayudarte a decidirte mejor. Somos un equipo algo exigente, eso sí –rió un poco-, pero es porque hemos representado en más de una ocasión a la escuela en ligas y concursos. Es una buena manera de hacer ejercicio, o bien de participar en encuentros interescolares."

-"Suena bien –correspondió a la gentil sonrisa-. De hecho, ¿sabes algo? Creo que me uniré."

-"¿En serio?"

-"¡Claro! No sé por qué pero, sólo contigo siento que no puedo estar haciendo una mala decisión."

-"Oh… gracias –la sonrisa creció. La joven se reclinó un poco hacia delante y tomó el lapicero y la lista que descansaban a un lado suyo en el escritorio. Los largos cabellos rosas se deslizaron hacia delante también-. ¿Puedo saber tu nombre?"

-"Nanoha. Me llamo Takamachi Nanoha."

-"Takamachi… Nano… ha –repitió en voz baja en tanto escribía-. ¡Listo! Un placer tenerte con nosotros, Takamachi-san. Mi nombre es Caro Ru Lushe. Me disculpo por el momento en nombre de la encargada del club, que no ha podido estar aquí porque debe atender algunos asuntos; de todos modos, si tienes alguna duda puedes venir conmigo."

Caro se irguió y le ofreció la mano y una simpática sonrisa a Nanoha, que no dudó en corresponder agradecida.

-"Estoy segura que estaré bien aquí" –Nanoha comentó con sinceridad.

-"Yo opino lo mismo."

La nueva voz hizo que el saludo de manos y el contacto visual se rompiesen. Para cuando los ojos azules se dirigieron a la derecha, la imagen de una rubia se dibujó en ellos. La sonrisa alevosa en el rostro de aquella persona no agradó en absoluto a la pelirroja.

-"Desearía unirme también al Club."

-"Ahhh… ¡Claro! ¡Por supuesto! –Caro pareció salir de la sorpresa inicial-. ¿Podría darme su nombre?"

-"Fate. Me llamo –y aquí la sonrisa se amplió- Fate Testarossa."

La aludida se acercó y se plantó al frente de Nanoha. La sonrisa y el brillo audaz en sus ojos no vacilaron en absoluto. Fate la miró altiva mientras ladeaba ligeramente la cabeza en diversión.

Le sostuvo la vista a Nanoha.

Y con una sola mirada, le hizo entender que las cosas no habían terminado. Apenas estaban comenzando.

Nadie insultaba ni ignoraba a Fate Testarossa. Takamachi no sería la excepción. Y se encargaría de restregárselo en toda su cara.

-"Creo que nos divertiremos mucho a partir de ahora, ¿no lo crees así, Na-no-ha?"


El mundo seguía estando a sus pies como era el orden correcto de las cosas, especialmente el mundo que involucraba aquella preparatoria donde ella era la reina indiscutible. Así que conseguir libre el salón de música a determinada hora fue más sencillo que preguntar la hora a un extraño. Alicia hervía en ansias de venganza y sed de humillar a Hayate Yagami, pero como la astuta gemela que era, no perdería el tiempo en andanzas prematuras de ideas alocadas.

Su ira estaba durmiendo como el león que espera a que su presa caiga sola.

Había evadido a la castaña durante todo el día de clases, asegurándose ser vista –cosa que tampoco era difícil- por la chica, atraída irremediablemente a los encantos físicos y no tan físicos de la rubia, hasta que por fin sonó la campana que anunciaba a las tontas dedicadas que era hora de partir a casa para hacer más deberes de la escuela. Alicia entonces despidió a su corte para dirigirse a paso tranquilo hacia su destino con una sonrisa casi macabra en el rostro.

Yagami estaría saliendo a esas horas de su clase de recuperación completamente sola, según la palabra de su hermana Fate, quien a su vez andaba lidiando con aquella apuesta. Y pasaría cansada por el pasillo que conectaba los salones de música. Siendo la chica humilde que era, iría cargando sus libros en medio del silencio propio de la escuela semidesierta y los rayos cobrizos del sol vespertino tocando su delgado cuerpo.

Entonces, la melodía calmada y luego apurada de notas de piano alcanzaba sus oídos como despertándola de sus pensamientos melancólicos, haciendo que se detuviera en el salón de donde provenía aquella música prodigiosa… La verdad es que no lo era tanto, mas Alicia sabía cubrir muy bien sus errores musicales con pasión en la interpretación. Para oídos no instruidos como los de Hayate sonaría perfectamente, y eso era lo único que importaba.

La puerta deslizándose lentamente hizo que Alicia sonriera antes de volver a su careta de concentración pura frunciendo un poco su ceño, como un gesto de esfuerzo, para luego relajarlo cambiando a uno de neutralidad; transformándolo así después en otro bastante parecido a un rostro en éxtasis cuando las notas más rápidas, apasionadas y difíciles venían. Lo bueno de tener un oído musical era poder escuchar otro tipo de ruidos, como el sonar hueco de los zapatos de la castaña acercándose incrédula, a punto de soltar sus preciados libros ante la visión que tenía frente a sí.

Alicia era bañada por los rayos ya más rojizos del atardecer, con la vista de aquellos ventanales de una ciudad que empezaba a encender sus luces nocturnas de manera tímida, cual luciérnagas que aún no están seguras de la noche.

Moviendo sus dedos largos y finos con destreza, interpretaba una melodía que iba del ritmo más pausado a uno frenético en cuestión de segundos en el piano de cola larga del salón de coro, que por supuesto, gozaba de la mejor acústica para esa clase de ejercicios y presentaciones artísticas. Alicia no parecía reparar en la presencia de Hayate, quien casi estaba junto al piano sin saber en qué momento sus pies desobedecieron a su mente que gritaba 'sal de ahí ahora mismo'. No podía apartar sus ojos de la rubia quien actuaba magistral su papel de pianista apasionada con sus ojos cerrados y sus labios entreabiertos.

Cuando la pieza terminó, fue que Yagami al fin se percató de su error cuando aquella fatal Testarossa abrió sus ojos; haciéndose de esa manera la sorprendida. Enseguida, arqueó una ceja y giró medio cuerpo en el banquillo hacia ella.

-"Es de mala educación escuchar sin permiso."

Hayate se sonrojó de golpe mientras atraía con fuerza sus libros contra su pecho, aplastándolos un poco al hacerlo.

-"…mmm… lo siento…"

Debía sentirse molesta y odiar a aquella chica que le había costado su suspensión, pero por alguna razón musical no podía. Alicia podría sonreír adivinando aquellos apurados pensamientos, pero continuó con la escena.

-"No debes decirle a nadie, entonces. Nadie sabe esto."

La carnada estaba lanzada y la castaña picó certera, demostrándolo al abrir sus ojos desmesuradamente aún sin poderlo creer. Tenía ante sí un secreto de Alicia Testarossa, la cual estaba pidiéndole no contarlo. Bueno, sabía que no podría llegar a un chantaje porque moriría antes de terminar de formularlo; sin embargo, eso la hacía sentir en otro nivel de comunicación con Alicia, quien tan sólo se cruzó de brazos.

-"Es en serio, Yagami."

Yagami. No Hayate. Un aguijonazo.

-"E-Está bien."

Un incómodo silencio las rodeó. Alicia casi contó los segundos para asegurarse el efecto deseado antes de tomar una pose relajada, negando después con la cabeza en tanto sus dedos acariciaban las teclas del piano como si quisieran volver a repetir aquella pieza, mas ella misma no encontrase el valor para hacerlo. Sintió con satisfacción la mirada inquieta de Hayate sobre su persona.

-"Deberías… volver a tocarla. Es bonita."

-"¿Te gustó? –Alicia rió patéticamente y Hayate se sorprendió de escuchar ese tipo de tono en ella-. Es horrible."

-"No, claro que no –Hayate sacudió sus cabellos al negar-. Suena… como… -la castaña vaciló un poco en decirlo-… magia."

Alicia levantó una ceja incrédula.

-"Para venir de alguien que me odia, suena bien."

-"¡Yo no te odio! –la castaña jadeó asombrada-. Bueno… es que tú…"

-"¿Yo?"

Alicia tocó un poco. Si a Orfeo le funcionó con el mismísimo Dios de la Muerte, que no le funcionaría a ella con una chica ingenua.

-"No quise lastimarte…"

El piano calló. Los falsos ojos sorprendidos de la rubia se clavaron en Hayate, quien acarició sus libros como si fueran objetos protectores en contra de la vergüenza.

-"Supongo empezamos con el pie izquierdo, aunque no sé si empezamos algo en primera instancia. No hay nada qué disculpar… Yagami."

Uno. Dos. Tres segundos. Bingo.

-"S-Sí, bueno… –Hayate pasó el peso de su cuerpo de un pie al otro-. Tienes razón."

Alicia palmeó entonces el lugar en el banquillo junto a ella. La castaña respingó como si estuviera ofreciéndole un asiento en las brasas del Infierno.

-"Tocaré de nuevo pero con tu promesa de no decirle a nadie."

Yagami sonrió sin sentirlo ni estar consciente de ello antes de ir al lado de la rubia, que le miró de reojo aún seria en su papel, antes de acariciar las teclas de manera sugerente y de pronto convertirse una vez más en una concertista consumada. La castaña sólo pudo mirar aquellas manos blancas y fuertes tocar aprisa la melodía que hacía que su mente se perdiera en imágenes de sus anhelos casi meciéndose al ir al compás de las notas.

La rubia terminó dejando sus manos sobre su regazo delicadamente como tomando aire, dando a entender cuán exhausta le había dejado esa interpretación. Cerró sus ojos como meditando antes de abrirlos a Hayate.

-"Mad Rush, de Phillip Glass."

-"¿Ah?"

-"Así se llama la pieza."

La castaña hizo una 'O' con sus labios antes de asentir parpadeando un poco. No podía creer que alguien como Alicia pudiera ser capaz de semejante prodigio y no compartirlo además, según le había dicho anteriormente. Y Hayate sabía que una persona con inclinación artística no era una mala persona… al menos no del todo.

Cierto que la rubia le había hecho rabiar y mostrar una persona diferente a como lo era, mas también era cierto que de eso no tenía culpa Alicia, pues la ira y la frustración que guardaba dentro no las creó la rubia; sino ella misma durante esos años, bajo el cuidado de su querida familia. La pasión mostrada en esas notas de piano escondía otra cara como Hayate escondía la suya.

Pensándolo de esa manera, ambas andaban con una máscara. Hayate tratando de mantenerse firme y serena, Alicia… mostrándose rabiosa y vengativa. Pero en verdad eran lo opuesto. Eso creía Hayate, con su vista clavada en las teclas del piano negro donde Alicia había tocado. Su mano subió para pasar sobre esos rectángulos blancos y negros mientras meditaba en todo esto.

Una mano se unió a la suya.

-"Promételo."

Por unos momentos, Hayate estuvo a punto de preguntar sobre qué, pero recordó que Alicia esperaba su palabra de no decirle a nadie su secreto. La miró como la rubia también lo hizo.

-"Lo prometo."

-"Gracias… Hayate."

El corazón de ésta dio un vuelco al escuchar su nombre de nuevo. El descanso había trastocado su cabeza donde reaccionaba de esa manera ante quien no hace escasos minutos encabezaba su lista de enemigos. No quitó su mano debajo de la de Alicia, sino que se quedaron así, quietas; mirándose además con una luz vespertina que empezaba a morir en tonos violetas.

-"Alicia…"

Una sonrisa quieta acompañó esas palabras antes que la rubia se levantara tranquila y recogiera sus cosas para marcharse, sin mirar atrás a Yagami, por supuesto; dejando así en suspenso aquella conexión débil y efímera que una miserable pieza de piano le había conseguido.

Y en el rincón más oscuro e inicuo de su mente, Alicia sonrió antes de cerrar la puerta.


Given into this sensation, feel I've run too far,
Cannot see beyond emotion, see what the options are.
With no faith to trust the notion, I fear I'm losing all control

Kill sweet desire, faith may numb the trial, but can you run all your life.
Kill sweet desire, truth will make a liar, you can run but not hide.

So run for your life.

Perdida ante la sensación, siento que avancé demasiado,
No veo más las emociones, busco opciones que han quedado.
Sin fe al confiar no hay noción, temo que estoy perdiendo el control.

Dulce deseo mata, la fe puede vedar el juicio, pero puedes correr por siempre.
Dulce deseo mata, la verdad te hará artero, puedes correr pero no esconderte.

Así que corre por siempre.


Continuará…


C: Cómo nos tardamos, pero no es mala leche sino que tenemos una vida social en Facebook algo ajetreada XDD

Gracias a Kida por una vez más tener la paciencia de corregir lo incorregible y sanar lo incurable de mis letras. ¡Y a todos los demás por leernos con lealtad y paciencia infinita ante los retrasos!

K: Hahaha, sí, el face, ¡qué ostia de trabajo con eso! Jajaja, mil disculpas, en realidad la culpa es mayormente mía que hice oídos sordos de las prisas de Kit. La verdad es que la vida real se ha puesto muy ocupada últimamente y el tiempo se escurre de las manos, pero aquí estamos haciendo el intento de volver.

Quisiera prometer una actualización próxima, pero les voy a ser sincera y no les mentiré. Lo único que puedo decir es que esta historia no quedará abandonada, quizás tardé eones, pero Kit y yo no somos de las que dejamos las cosas sin terminar ;)

Gracias una vez más a quienes nos siguen leyendo, en serio (:

Se despiden, Kida Luna & Clumsykitty.