Título: Todo o Nada.

Por: Clumsykitty & Kida Luna.

Parejas: NanoFate, HayateAli, AliFate.

Serie: Mahou Shoujo Lyrical Magical Nanoha.

Derechos: MSLN no nos pertenece sino a sus respectivos autores.

Advertencias: El contenido de este fic es Yuri, si no te gusta, con el debido respeto te pedimos que no leas. Gracias.

Sinopsis: En este juego se apuesta de todo: Dinero, sueños, personas y sobre todo, corazones. ¿Cuánto quieres ganar? Y... ¿cuánto estás dispuesto a perder?

Canción: Plunder, de Bloodsimple.


Discontent slowly drifting far away
Low feeling no healing a heart of stone
And as I plunder
As I fall astray
And if I should wander

Could you help me find my way…?

La insatisfacción se va lentamente,
sentimientos de tristeza que no curan un corazón de piedra.
Y mientras me despojo a mí misma
Y caigo en el mal sendero
Y si debo de errar sin destino

¿Me ayudarías a hallar el camino…?


Capítulo VII
Delusión

La algarabía y el gusto por saberse la nueva Capitana del club de Atletismo, se le fue tan rápido como le vino. Su único objetivo era atajar a la pelirroja, los asuntos o deberes o lo que sea que estuviera relacionado a su nuevo puesto bien le valía un comino. Así sin más, viendo que las actividades de ese día estaban por finalizar, se dio la media vuelta satisfecha, restando importancia a las palabras de despedida de sus compañeras con una mano al aire.

Fate no podía pensar en otra cosa más que volver a casa a desperezarse tras su pequeña hazaña triunfal de hace un rato. Y realmente lo hubiera hecho, de no ser porque tras un par de vueltas en la escuela, sus ojos avistaron a lo lejos a su hermana mayor.

Allí, de pie frente a la salida del instituto, haciendo una pequeña reverencia de despedida ante una cierta castaña, la cual a pesar de verse algo insegura, le regresó una pequeña sonrisa mientras daba la media vuelta para retirarse.

Momentos después, Alicia miró por el rabillo del ojo a su pequeña gemela. Una sonrisa ladeada y felina, presumida como ella misma, le fue dirigida. La mirada de Fate permaneció impávida.

Se dio media vuelta.

Y aunque no lo demostró en sus facciones, sus puños se contrajeron mientras maldecía mentalmente. Alicia estaba avanzando, le estaba ganando terreno. La rubia gruñó por lo bajo, encabronada de tener que cambiar el rumbo a casa para ir en busca de cierta pelirroja que le crispaba los nervios.

Suspiró profundo.

De ninguna manera iba a quedarse atrás.


Las piernas que no alcanzaban a tocar el suelo, se continuaron balanceando hacia delante y hacia atrás. Como si fuera la primera vez en ese consultorio, la mirada cobalto repasó sin interés específico todo el lugar, hasta detenerse en la placa dorada encima del escritorio al frente suyo.

Dra. Sachie Ishida.

-"Las cosas han estado tranquilas. Nos hemos encargado que las medicinas no hagan falta y se tomen en su debido tiempo y forma."

La voz firme pero gentil de su hermana Signum la hizo regresar de vuelta a la realidad. Afortunadamente hacía ya buen tiempo desde el último episodio de síncope que había ocasionado todo un revuelo en su familia; a decir verdad, fuera del incidente pasado con cierta rubia adolescente, su vida se hallaba relativamente tranquila y sin preocupaciones.

Su salud se había mantenido estable también.

-"Hayate-chan -la doctora se inclinó hacia delante de su escritorio, ganando la atención de la aludida-, me da gusto ver que el tratamiento esté funcionando bien. Por favor, recuerda no esforzarte demasiado y si te llegas a sentir mal, aunque sea sólo un poco, es muy importante que nos lo hagas saber, ¿entiendes?"

-"Umm -asintió. Una pequeña sonrisa asomó a sus labios-. Gracias por preocuparse, pero todo está más que perfecto, Dra. Con la vigilancia a 24 hrs de mi familia no hay nada que se escape" -terminó riendo.

Signum no pudo evitar sonreír mientras llevaba una mano a la cabeza de la más joven para revolver sus cabellos en gesto de cariño. Hayate rió aún más.

La médica de cabellos cortos azules apoyó los codos sobre su mueble y descansó su mejilla encima de sus manos entrecruzadas. El cuadro frente a ella era enternecedor, sobre todo para alguien como ella que conocía de primera mano el arduo camino que Hayate Yagami había tenido que recorrer para llegar hasta este punto hoy en día.

Frente a sí, la galena tenía a una muchacha alegre de corazón aún endeble, el cual esperaba ver fortalecerse cada vez más bajo su cuidado médico. Aún recordaba sus primeras visitas, cuando su familia asustada acudía cargando en brazos a una jovenzuela agitada, aspirando bocanadas de aire con desesperación; en el peor de los casos, totalmente inconsciente y directo a internarla de inmediato.

Agradecía a los cielos que esos días parecieran tan lejanos ya, como si nunca hubiesen ocurrido. Y esperaba, con toda la esperanza del mundo, que jamás se volviesen a repetir

-"Probablemente las pastillas duren una semana más. Voy a darte otra receta para que puedan estar preparados con anticipación."

-"Muchas gracias. Mañana mismo me haré cargo de conseguirlas."

-"Signum..."

La castaña no dijo nada más, sólo dejó que su mirada interrogante se cruzase con aquella de similar color. La más alta sonrió con calidez. Pero eso no impidió que la adolescente se sintiera culpable por el constante gasto que su salud repercutía en su inestable economía familiar.

-"Está bien, Hayate-chan. He hablado con algunos compañeros míos del hospital donde Shamal está apoyando en las noches. Ella podrá conseguir tus medicinas allí a un precio más adecuado que en cualquier farmacia especializada de la ciudad."

-"Dra... Yo... Nosotros... -al no poder continuar, tragó fuerte, conmovida por esos pequeños gestos que la galena siempre tenía con ellas-. ¡Muchísimas gracias, Ishida-san!"

La repentina venia de agradecimiento junto a sus párpados que se cerraban con fuerza, no queriendo dejar escapar alguna lagrimilla sentimental, hicieron que la mujer en bata blanca se levantase de su lugar para colocarse al lado de su paciente. Una paciente que, a lo largo de arduos años, se había ganado su enorme cariño debido a esa nobleza y calidez que estaban impresas en su alma.

La mujer sonrió entonces y se arrodilló a un costado suyo, colocando con suavidad sus manos sobre el regazo de la ojiazul.

-"Sé lo difícil que ha sido para todos esta lucha, los terribles dolores por los que has tenido que pasar y lo valiente que te has vuelto día tras día. La vida es bella, Hayate-chan, así que continuemos esforzándonos juntas para que el día en que vengas a verme sólo para saludarme, y no a ninguna consulta, pronto pueda llegar."

Las pupilas ámbar se entrecerraron con cariño y la castaña pudo sentir el leve apretón en sus manos, asegurándole que todo estaría bien. Que todo iba marchando bien y ello no tenía por qué cambiar

Tenía una familia que la cuidaba y apoyaba en todo

Una doctora de cabecera que se preocupaba sinceramente por ella.

Amigos incondicionales que estaban a su lado.

Sí. Todo estaba marchando bien. Nada podía salir mal. No había nada en esos momentos -y en este punto cerró los ojos, tranquila- que pudiera salir mal.

Incluso, su peor pesadilla, de ojos rojos y cabellos rubios, estaba cambiando para bien. Ella misma lo había presenciado. Los actos hablaban por sí solos.

Alicia estaba cambiando... ¿o no?


El agua del pequeño bebedero detrás del gimnasio le refrescó apenas un poco. Sus manos a cada lado, apoyadas en la pared, se le antojaron sumamente pesadas así como todo su cuerpo. Cerró los ojos de nuevo. Todo le empezaba a dar vueltas otra vez.

Aspiró tres veces y sacudió, muy despacio, su cabeza. Una mano se soltó y se pasó por su rostro empapado en sudor. Su otra mano abandonó el muro tras el bebedero, para con algo de esfuerzo recoger la mochila que descansaba en el suelo. Nunca antes sus libros y su cambio de ropa de deportes se le habían antojado tan pesados.

Estaba a punto de emprender el camino, cuando fue inevitable que una sombra al frente llamase (tapase) su atención.

-"Por un momento pensé que ya te habías ido, Nanoha."

Fate alzó el ceño cuando vio que la aludida no le devolvió respuesta alguna, ni siquiera pareció molestarse ante su falta de confianza al llamarla por su nombre.

Antes de que la rubia agregase algo más, la otra soltó un leve quejido.

-"No sé qué es lo que quieres Testarossa-san –llevó una mano a su cara, haciendo un poco de presión ante el palpitar molesto que sentía-, pero en serio no estoy de humor ahora para tus burlas, ve a jugar con alguien más que yo paso."

Los ojos azules ni siquiera se molestaron en mirarla. Sin embargo, Fate no pareció enfadarse, sino todo lo contrario, sus pupilas borgoñas se inquietaron con naciente curiosidad. La rubia era muy perspicaz como para darse cuenta que la mirada de la otra estaba semi nublada y su lenguaje corporal era más torpe, ¿pero que no se suponía que ella era buena en deportes y por eso la había arrastrado a ese estúpido club de atletismo?

Antes de que la más alta pudiera hacer algún brillante comentario siquiera cuando Nanoha pasó a su lado, esta última sintió las piernas fallarle. Y si no hubiera sido por el instinto y la velocidad de Fate, hubiera caído de cara contra el suelo.

La ojiazul sostuvo de inmediato el brazo más cercano de la otra, como queriendo quitárselo de encima pero no hallando las fuerzas para lograrlo. La rubia, por su parte, se congeló en su lugar, la boca ligeramente abierta ante el susto y su cabeza sin tener idea de qué rayos debía hacer. Pero vamos, ¿tenía cara de enfermera o qué?

No pasaron ni cinco segundos cuando se dispuso a soltarla y largarse su casa, demasiado problema, ¡y ella ni siquiera sabía qué hacer!

-"¿Podrías… -su voz pareció esforzarse en salir-… podrías soltarme, por favor?"

La muchacha en sus brazos suspiraba bajo, muy bajo, quizás porque en verdad se sentía mal. Quizás porque era humillante que ella, su enemiga, la viera en ese estado.

En ese momento de debilidad hubiera sido tan fácil ganar la apuesta. La primera apuesta, claro. Fate gruñó entonces, asegurándose de no ser escuchada por la otra. ¿Por qué Takamachi no pudo haberse enfermado la semana pasada? Siempre tenía que complicarle todo…

"Hubiera sido perfecto entonces. No te habrías podido ni defender, cuánto lo habría disfrutado."

-"Na… -su mente astuta le detuvo-. Takamachi, no te ves muy bien. Ahí, déjame ayudarte a ponerte de pie –la levemente enfocada mirada, cerúlea y confundida, la hizo alzar una ceja mientras trataba de reprimir una risa-. ¿Qué? ¿Piensas que soy tan mala que te dejaría aquí tirada en ese estado?"

"Por supuesto que lo haría. Demasiados problemas, demasiadas distracciones. Ahh, si no fuera por mi estúpida hermana y sus estúpidas ideas."

-"Perdón –las palabras salieron más fáciles estando enferma, que sana-. Será mejor que me vaya de una vez" –agregó, separándose de la otra.

-"Hey, ¡espera! –la ojirubí puso las manos al frente de inmediato, bloqueándole el paso-. Así ni siquiera pasarás la puerta de la escuela. Dame unos minutos, yo te llevo a tu casa."

-"¡No! En serio, no…"

Fate rió con disimulo. De ninguna manera iba a permitir se le resbalase esta oportunidad de sus manos.

-"Takamachi, sé que no soy la mejor compañía del mundo –sus ojos pensativos se apartaron, mientras su garganta contenía un suspiro tedioso-. Pero déjame al menos hacer algo lindo por una chica linda. Me siento un poco mal por lo del otro día –murmuró gentilmente y se aseguró que la otra la mirase-, fui demasiado grosera contigo y la lluvia de seguro te afectó y la verdad es… la verdad es que yo pude pero no hice nada. Déjame arreglarlo aunque sea un poco…"

Sin decir nada más (sin soportar más cursilería), la pequeña gemela dio la media vuelta y se alejó. Atrás quedó una Nanoha desconcertada y desconfiada por demás, aunque en ese momento los mareos y la jaqueca no dejasen que sus facciones mostrasen esos sentimientos de cautela. La pelirroja suspiró otra vez antes de permitirse sentarse en el suelo.

La idea de que Fate Testarossa tuviera que sacarla de ahí le desagradaba en absoluto. Nadie podía ser tan mala persona unas horas y luego volverse blanca samaritana, alguna razón oculta debía haber de por medio. Pero para bien o para mal, necesitaba la ayuda y ya no quedaba nadie más ahí cerca.

Nanoha quiso reírse con ironía. Dios, sólo quería cerrar los ojos y descansar un rato, si tan sólo su estómago hambriento y su cabeza hecha vueltas pudieran ponerse de acuerdo con ella. Apenas tuvo fuerzas para liberar un suspiro cuando escuchó el ruido de llantas aproximarse.

Vio a la otra detenerse enfrente suyo. La notó esbozar una ligera sonrisa mientras una de sus manos limpiaba con un trapo el asiento de la motocicleta. Fue algo extraño, pensó en ese momento, pues su compañera de instituto parecía una muchacha completamente normal. Tranquila y sin preocupaciones, tomándose unos segundos hasta quedar satisfecha con su faena de limpieza.

Y por unos segundos, la chica convaleciente la desconoció.

-"Listo –su voz la devolvió a la realidad-. Vamos."

Los ojos azules miraron largamente la mano que se extendía frente a ellos. Aunque muy en el fondo sabía que no tenía otra opción, aun estaba esa parte de sí misma que le susurraba mantenerse alejada. Fate, sin embargo, frunció el ceño y lanzó un suspiro cansado.

-"¿Sabes que el sol va cayendo más y más mientras tenemos esta avivada plática? –sonrió de lado, deseando apresurarse con todo el asunto-. Takamachi, creo que ambas estamos de acuerdo en que entre más pronto emprendamos el viaje, más pronto terminará. No quiero que nadie me diga al día siguiente que fui la última persona del mundo en hablar contigo, soy muy joven para ir a prisión."

El tono de broma en que finalizó aquellas palabras hizo que la pelirroja sacudiera la cabeza, sintiéndose derrotada por segunda vez en ese día. Ya sin chistar más, tomó la mano que le era ofrecida y se sintió ser halada hacia arriba; queriendo y no queriendo, no tuvo otra opción que apoyarse en el hombro de la rubia cuando al estar completamente de pie, sintió que las piernas querían fallarle de nuevo.

Fate no dijo nada. Se limitó a ayudarla a sentarse en su motocicleta y colocarle el oscuro casco extra de protección, luego recogió sus cabellos dorados para acomodarse el suyo. Tomó asiento al frente y sujetó firmemente los manubrios mientras su pie derecho se afianzaba a la tierra bajo sus zapatos.

-"¿Sabes? Te sugiero te abraces a mi cintura… -vio a la pelirroja de reojo y no pudo evitar sonreír burlonamente cuando ésta le devolvió una mirada para nada contenta-… para evitar accidentes. O cuido que no te caigas o cuido nuestras vidas, ¿cuál prefieres?" –terminó divertida.

A la ojiazul no le quedó de otra que resignarse y abrazar a su peor enemiga. Agradeció aun así el hecho de que al apenas hacerlo, la más alta hubiese encendido el vehículo e iniciado el viaje en silencio.

La repentina brisa que le golpeaba el rostro se le antojó fría. Sin darse cuenta, acabó en alguna de las tantas vueltas por cerrar los cansados párpados, dejando que el cansancio acumulado y el malestar fueran aligerando su mente y cuerpo. La conductora, por su parte, se sorprendió mientras se detenía en un semáforo en rojo para darse cuenta que el objetivo de su apuesta no sólo se había relajado por completo, sino que literalmente su espalda estaba siendo usada como almohada.

Por los ligeros suspiros que de vez en vez escuchaba salir de la boca de su compañera, supo que aunque no estaba completamente dormida, se encontraba demasiado aletargada como para prestar atención a su alrededor.

Antes de que el tren de pensamientos de la rubia continuase, la luz verde la obligó a moverse entre la marejada de carros. Se encaminó rápidamente de acuerdo a las vagas indicaciones que la pelirroja le había dado en sus primeros momentos de lucidez. Mentalmente gruñó, volviendo a ella la actitud egoísta e inmadura que siempre había caracterizado a las peligrosas gemelas.

"¿Cómo se supone que sepa cuándo detenerme? Ni siquiera conozco el número o color de la casa a dónde me estoy dirigiendo."

Pasaron unos 20 minutos más cuando Fate decidió bajar la velocidad al reconocer el parque y algunas señas de calles que la más baja le había referenciado. Su pie tocó el pavimento para detener la moto mientras sus pupilas escarlatas, detrás de la protección oscura, escaneaban rápidamente los alrededores.

Se quitó el casco y justo estaba por preguntar a dónde dirigirse cuando vio a Nanoha ponerse en pie, retirando de su cabeza el equipo de protección que la rubia le hubiese ofrecido. Las facciones acongojadas y convalecientes hicieron que Testarossa frunciera los labios en desaprobación, ciertamente el aspecto de su compañera daba pena ajena.

Ella podía ser muy mala, engreída, respondona y mil cosas para nada agradables más. Pero incluso, aunque sonara imposible, muy raras veces ella recordaba que debía tener límites; sobre todo cuando en verdad la otra persona ya se estaba sintiendo terriblemente mal –físicamente muy, muy mal-, sin que ella hubiese hecho o dicho siquiera algo.

O sin que encontrara un beneficio directo. De cualquier modo, si quería llevársela a la cama tenía que seguir jugando al soez príncipe azul.

-"Si tan sólo me dices exactamente a qué casa o calle ir, puedo dejarte frente a la puerta sin problemas" –insistió con voz amable.

Mas ello no impidió que la pelirroja sintiera pánico en su interior. Nanoha Takamachi estaba plenamente segura de que esa melodía agradable y suave que llegaba a sus oídos, era la misma canción traicionera que solía engatusar a más de una muchacha en el colegio. Y ella no era cualquier muchacha.

Ella era inteligente. Enferma, débil, pero muy inteligente

-"Muchas gracias Testarossa-san, pero no será necesario. Yo puedo seguir desde aquí."

La aludida entonces apenas recibió el casco, sujetó sin vacilar la mano de su apuesta amorosa. Los orbes azules le enfocaron de inmediato, con ese sutil velo de debilidad que ganaba al sentimiento de reclamo que luchaba por surgir en ellos.

-"Estoy tratando de ser amable contigo. Si quisiera aprovecharme, ya lo hubiera hecho, ¿no crees? -soltó la otra mano despacio y afianzó su mirada rojiza con aquella cerúlea-. Es verdad que comenzamos muy mal y me porté como toda una canalla en más de una ocasión. Quizá, ¿podrías dejarme intentar de cero esta vez? Tengo un carácter insoportable, pero me esforzaré."

La nueva capitana del club de atletismo mostró una de sus mejores sonrisas brillantes y simpáticas, de esos gestos femeninos a los que pocas veces recurría; y que sin embargo, lograban que los demás hiciesen lo que ella desease. Nadie podía decirle que no.

O al menos nadie que no fuera Nanoha...

-"En verdad, tienes toda la razón -sonrió con amargura-. Has sido una verdadera patán conmigo, sólo Dios sabe con cuántos más. Y créeme cuando digo que me siento profundamente agradecida de que me hayas acercado a mi casa -hubo una ligera pausa antes de que un suspiro cansado abandonase sus labios-. Pero es todo lo que puedo dejarle acercarse, Testarossa-san. Que tenga una linda tarde."

Fate quiso rebatir, molesta por tener que comportarse como una señorita bien educada y sin recibir nada a cambio por su valiente esfuerzo, cual niño ofuscado por no conseguir el caramelo del momento. Vio a la pelirroja alejarse, una mano en la mochila y otra mano sosteniendo su cabeza. Más terca no podía ser.

"Pero bueno, demasiada hipocresía por hoy. De ninguna manera pienso suplicarle, ya pensaré en algo después."

Se volvió a colocar su casco y sin disimular su reciente adquirida apatía, enganchó a su vehículo el que le había sido devuelto. Su mano giró el manubrio, el rugido de la motocicleta haciendo eco en sus oídos. No obstante, antes de arrancar directo a casa, el rabillo de su ojo captó algo interesante.

A lo lejos, apenas bajando al final de la calle donde se habían detenido, una mujer adulta y jovial detuvo su paso. Alzó un brazo para hacerse notar mientras llamaba con alegría a cierta estudiante aplicada que iba en su dirección. Una mujer de pelo largo castaño y ojos azules alegres. Un delantal encima de su ropa casual.

Y un logo y nombre curiosos en este último. Fate se aseguró de memorizar la imagen antes de desaparecer de ahí.

Si Nanoha Takamachi no quería dejarle acercarse más, poco importaba.

Ella misma se encargaría de abrirse paso.


-"Nanoha-chan, te ves muy pálida -la mujer se acercó a la barra y con gentileza le retiró el paño blanco a la aludida-. Necesitas descansar."

La pelirroja sonrió nerviosa. Sabía de antemano por la mirada que le era dirigida que no había lugar a reclamos. Apenas llevaba una tortuosa hora de iniciado su turno vespertino, el cual había comenzado más tarde de lo debido, cuando su jefa, luego de vigilarla desde lejos, finalmente se decidió a ponerle fin a su jornada de trabajo.

Antes de que la ojiazul pudiera decir algo en su defensa, la mayor la tomó de la mano suavemente y la jaló a través de la puerta de la cocina, para poder guiarla hasta la sala de su casa que conectaba con la cafetería.

Ante la seña, Nanoha se sentó de inmediato en el sillón ofrecido. Segundos después un plato con algunas piezas recién horneadas de pan, un vaso de agua y un par de pastillas le fueron tendidos en la mesa.

Y antes de que pudiera replicar, una mirada severa y una sonrisa maternal la hicieron parar en seco.

-"Cariño, no es bueno esforzarse cuando una se siente mal. Así que quiero que comas y te relajes, consideralo un descanso merecido por toda la ayuda que siempre nos has ofrecido. A mí esposo y a mí nos encanta tenerte apoyando en la cafetería, pero la salud es primero."

Nanoha se mordió los labios y miró detenidamente sus zapatos de charol pegados al suelo de mosaicos blancos y limpios. Mientras una parte de ella quería olvidarse de todo, la otra parte estaba luchando por encontrar la manera en pedirle a esa mujer al frente suyo, si acaso fuera posible que pudiera dormir tan sólo por esa noche allí.

Se sentía fatal. En verdad ocupaba dormir tranquila y reponer energías. Lo necesitaba muchísimo, y por ello... Inconscientemente, sus manos sobre su regazo se cerraron en puños.

Cuán increíblemente frustrada se sentía. Desesperada por no volver a casa... Al menos no en esa condición, no podía regresar así. No podía ser débil. Tenía que recuperarse.

-"Nanoha."

Su nombre en voz alta la hizo levantar la mirada. Y aunque su jefa no dijo nada, ella supo perfectamente que le estaba pidiendo decir aquello que no se atrevía.

-"Estoy muy cansada -una sonrisa derrotada surcó sus labios-. Me preguntaba, si acaso podría... estaría bien si... me permitiesen quedarme sólo esta noche aquí. En verdad -en este punto, su voz ya era apenas un murmullo-, se los agradecería bastante..."

-"Siempre serás bienvenida. Nunca lo dudes."

La dueña de la cafetería se acercó a ella y poniendo sus manos sobre sus hombros, dio un beso maternal a la frente de la joven enferma. Antes de retirarse, la estudiante miró por breves segundos el gafete que colgaba en el pecho de la otra.

El rostro sonriente de aquella mujer de largos cabellos rojos y gentiles ojos azules que posaba en esa diminuta foto. Debajo, escrito prolijamente descansaba su nombre.

Momoko Takamachi.

Y aunque por azares del destino ambas tenían el mismo apellido, Nanoha se preguntó por infinita vez en su vida cuán agradable hubiera sido ser la hija de aquella mujer tan bondadosa y carismática.

Una madre que reflejaba sincera preocupación... ¿eso realmente haría mucha diferencia en su vida?

Un suspiro largo que no sabía que había estado conteniendo se liberó de su constreñido pecho. La mano izquierda talló su brazo derecho por encima de las mangas largas púrpuras que ya vestía en lugar del típico uniforme escolar, el mandil todavía colgado a ella. Tomó una pieza de pan y empezó a comer.

Se recordó a sí misma que no había cabida para cavilaciones. Tenía que recuperarse pronto. Después de todo, mañana sería otro día.

Debía estar preparada. Siempre tenía que estarlo.


Intercept lonely tears along the way
No passage here after, you're on your own
And as I plunder
As I fall astray
And if I should wander

Could you help me find my way…?

Atrapando lágrimas solitarias durante el viaje,
estás por tu cuenta, después de aquí no hay más pasajes.
Y mientras me despojo a mí misma
Y caigo en el mal sendero
Y si debo de errar sin destino

¿Me ayudarías a hallar el camino…?


Continuará…


¡ESTOY VIVAAAAAA!

Ahh, bueno, realmente no tengo excusas. Soy una horrible, horrible persona por dejar esta historia así sin terminar (porque sé que hay gente que esperaba saber cómo seguía esto, al menos sé de una persona que siempre me lo echó en cara. Jhomi por favor, si me lees, perdóname xd ).

En fin, he tomado la resolución de hacer un esfuerzo enorme por concluir esta historia. Debo aclarar que fue mi culpa y sólo mía que esto haya pasado, mi compañera Kit hizo su parte y yo emm... ¿Me fui a la tienda por unos cigarrillos?

Kit, si lees esto, si no estás enojada conmigo, me arrodillo y te suplico mil perdones por ser una pésima compañera. Debí ponerme las pilas, I'm so sooorrryyyyyy, ¿ya dije que soy una horrible persona? :(

En fin, muchas cosas han pasado en 8 años y mi vida ya no es tan libre y ociosa como antes (ya soy una adulta con responsabilidades y deudas T_T). He tratado de escribir esto lo mejor posible, me disculpo si el ritmo respecto a los anteriores capítulos se siente diferente, realmente hace mucho que no escribía nada.

Y bueno, si aún hay alguien allá fuera en con vida, ya que veo algo letárgico el fandom de Nanoha, espero que al menos disfruten este capítulo. Cualquier comentario o amenaza es bienvenido.

Tengo fe en que aunque lenta, pueda poco a poco aportar algunas cositas para tratar de animar esto otra vez y por supuesto, llegar al final de este fic que tiene que ser completado :)

¡Nos estamos leyendo!