Título: Todo o Nada.
Por: Clumsykitty & Kida Luna.
Parejas: NanoFate, HayateAli, AliFate.
Serie: Mahou Shoujo Lyrical Magical Nanoha.
Derechos: MSLN no nos pertenece sino a sus respectivos autores.
Advertencias: El contenido de este fic es Yuri, si no te gusta, con el debido respeto te pedimos que no leas. Gracias.
Sinopsis: En este juego se apuesta de todo: Dinero, sueños, personas y sobre todo, corazones. ¿Cuánto quieres ganar? Y... ¿cuánto estás dispuesto a perder?
Canción: Grita, de Jarabe de Palo.
Hace días que te observo
Y he contado con los dedos
Cuántas veces te has reído.
Una mano me ha valido.
Hace días que me fijo
No sé qué guardas ahí dentro,
A juzgar por lo que veo
Nada bueno, nada bueno.
¿De qué tienes miedo?
¿A reír y a llorar luego,
A romper el hielo,
Que recubre tu silencio?
Capítulo VIII
Antifaz
Despertador. Cobijas. Espejo. Ventana. Cielo. Reloj. Baño. Espejo. Reloj. Uniforme. Reloj. Ventana. Cielo. Espejo. Gritos. Reloj. Reloj. Reloj. Reloj. Ventana. Cielo. Escaleras. Desayuno. Dolor. Reloj. Mochila. Despedida. Sonrisa. Dolor. Reloj. Puerta…
Era una rutina perfectamente aprendida, orquestada y que había funcionado todo este tiempo para Nanoha, una y otra vez al despertar con el sonido de aquella melodía que pretendía animarle, prometiendo –porque tenía que creérselo ella misma- un día mejor que el anterior, aunque por dentro sabía que ese día no era mejor ni el anterior tampoco. Un día estuvo a punto de contarle a Hayate sobre aquella rutina que quizá le podría también funcionar, pero se contuvo, más por vergüenza que por envidia que también tuvo, ¿qué tal y le iba mejor?
Después de todo, a veces los pecados más oscuros se hallaban dentro de las almas más puras.
Despertador. Cobijas. Espejo. Ventana. Cielo. Reloj. Baño. Espejo. Reloj. Uniforme. Reloj. Ventana. Cielo. Espejo. Gritos. Reloj. Reloj. Reloj. Reloj. Ventana. Cielo. Escaleras. Desayuno. Dolor. Reloj. Mochila. Despedida. Sonrisa. Dolor. Reloj. Puerta…
Intentó una vez tiempo atrás con los medicamentos de casa, pero solamente aumentaron el dolor en su estómago en lugar de aliviarlo y lejos estuvo la promesa de ir a ese sitio especial del que tanto hablan los tipos en los callejones; más bien fue un infierno estomacal que le dejó un vómito de sangre que tuvo que tallar con sus débiles fuerzas para que la taza del baño no quedara manchada y señalara su delito. Sus manos quedaron arañadas por la fibra metálica que debió usar y su piel quedó manchada por el cloro para desinfectar, además de quitar el olor indiscutible de la sangre. Sudó dos veces, una fría por el bajón de los fármacos y otra tibia por el esfuerzo físico de encubrir su error con sabor a remordimiento.
Despertador. Cobijas. Espejo. Ventana. Cielo. Reloj. Baño. Espejo. Reloj. Uniforme. Reloj. Ventana. Cielo. Espejo. Gritos. Reloj. Reloj. Reloj. Reloj. Ventana. Cielo. Escaleras. Desayuno. Dolor. Reloj. Mochila. Despedida. Sonrisa. Dolor. Reloj. Puerta…
Lo malo era no poder cambiar la tonta música del despertador, porque no había modo. Requería comprarse de uno nuevo y ese gasto no estaba dentro de sus pobres ganancias o lo que fuese que tuviera. Así que no había más remedio que resistirse a esa estridente melodía optimista de la flor bailarina, en cuyo rostro las manecillas marcaban la hora fatal de abrir los ojos a una cruda realidad lejana por muchos años luz de la canción matutina. Una vez, incluso, pidió que la pila de aquel despertador con forma de flor sonriente se acabara en plena madrugada y no sonara, por tan sólo un día, un sólo día sin tener que salir, sin tener que esforzarse más.
Un solo día.
Despertador. Cobijas. Espejo. Ventana. Cielo. Reloj. Baño. Espejo. Reloj. Uniforme. Reloj. Ventana. Cielo. Espejo. Gritos. Reloj. Reloj. Reloj. Reloj. Ventana. Cielo. Escaleras. Desayuno. Dolor. Reloj. Mochila. Despedida. Sonrisa. Dolor. Reloj. Puerta…
Ese día llegó, mas no fue por culpa del despertador.
-"¡NANOHA! ¡NANOHAAAAA! –un suspiro exasperado se dejó escuchar mientras los ojos cansados daban un vistazo rápido a toda el aula-. ¿Alguien sabe por qué no asistió Takamachi hoy tampoco?"
-"No, profesora" -uno de los alumnos respondió.
-"¿Yagami?"
-"Yo no… No lo sé."
-"¿Acaso no se supone que ustedes dos son amigas?"
-"Escuche, señorita Goulding –interrumpió sin mesura otra voz, para alivio de Hayate-, si lo que quiere es tener un chisme que contar en la sala de maestros, mejor cambie de salón."
-"¡Testarossa! –exclamó indignada la docente antes de ponerse en pie-. ¡Tendrás reporte!"
-"Lo quiero."
-"¡Ahora mismo vas a dirección!"
-"Pero escriba bien mi nombre: TESTAROSSA, FATE. La otra vez omitió una s en mi apellido… - contestó tranquilamente mientras su mirada se paseaba por sus largas uñas-… Sensei."
Las risitas tímidas nacieron de aquella burla sobre la sonrojada maestra, quien de manera impulsiva tomó el papel para llenar la forma que Alicia (quien continuaba fingiendo ser su hermana para infiltrarse en las clases) llevaría a dirección. La rubia le guiñó un ojo a una desconcertada Hayate.
"Algo me dice que Fate no va a estar muy contenta cuando se entere de esto... Oh, bueno, no es mi problema de todos modos."
Inquieta, la castaña desvió su atención y observó entonces el asiento vacío de su amiga sin saber qué le había ocurrido, porque el mundo podía acabarse pero Nanoha Takamachi siempre asistiría a clases.
-"No te preocupes, debe ser la gripe que está esparciéndose por todo el instituto" –le susurró la rubia, rozando su brazo al levantarse para ir a hacer válido su reporte a la dirección bajo los gritos iracundos de la airada maestra que casi le azotó en la espalda la puerta, para así seguir con la clase aunque su autoridad había sido mermada una vez más por aquella estudiante perversa.
Pero aquel toque de amistad en Yagami había significado mucho más que todos los "ella estará bien" de sus compañeras y maestros que el resto del día recibiera, cuando se supiera que Nanoha se ausentó también ese día de clases. Era un gesto de amistad, se decía Hayate con una sonrisa soñadora, un gesto que la protegía de las miradas y dedos acusadores de los pasillos.
Porque nadie se mete con Alicia… y ahora Alicia era su amiga. Aparentemente.
Dos pupilas esmeraldas siguieron sigilosamente la salida de la gemela fatale, hasta que su figura se desvaneció tras la puerta del aula. La dueña de aquella mirada volvió la vista entonces hacia Hayate.
A pesar de que habían pasado un par de días de apenas conocerla, había algo que era seguro: Yagami era una persona noble. Pero, desafortunadamente, temía que fuese noblemente incrédula. La muchacha en cuestión le caía bien, porque a leguas se notaba que era de esas pocas personas que no tenían ni una pizca de maldad, envidia o los recelos típicos que suelen adolecer a la adolescencia.
Ah… eso era Hayate. ¿Y Alicia? Alicia… era espectro de otro libro, uno con el que la mayoría acababa sucumbiéndose o quemándose al abrirlo…
-"… bien?"
-"¿Ah? Perdón, yo… Disculpa, Hayate, es que no he comido y muero de hambre -se excusó entre risas torpes-. ¿Podrías repetirme lo que habías dicho?"
-"Arisa-chan, se supone que la profesora nos unió para hacer este trabajo juntas –la castaña fingió regañarla mientras terminaba de juntar su pupitre con el de su compañera y tomaba asiento-. Decía que podíamos resolver este problema de esta manera, ¿te parece bien? ¿O lo vuelvo a repetir?"
La castaña rió un poco, ni muy fuerte, ni muy bajo. Un sonido agradable, si alguien se prestaba la atención de escucharle.
Arisa asintió simplemente a lo que la ojiazul se dedicó a empezar a rayotear la libreta encima de su paleta. Las pupilas verdes observaron la sonriente faz de su recién adquirida amiga.
Y su dueña, Arisa Bannings, no pudo evitar sentir un inquietante espasmo en su interior.
Era obvio que Alicia estaba acercándose –muy exitosamente con sus diversas artimañas- a Hayate. Eso lo sabía. ¿Las intenciones? Las desconocía totalmente. Ahí estaba el problema.
No en el cuaderno, no en el pizarrón, no en el lápiz que los dientes de Yagami insistían en mordisquear. Y eso sólo incrementaba su incertidumbre. A Arisa en verdad le agradaba su compañera de trabajo.
Y también, debido al carácter conflictivo que tuvo lugar en su pasado, apreciaba a Alicia.
Después de todo, las hermanas Testarossa fueron –y seguían siendo- de las amistades que sembró a temprana edad. El aprecio era mutuo. Y por eso, por las disfuncionalidades que las unieron en el ayer, ella sabía que eran personas de cuidado.
En especial, el modus operandi que identificaba a Alicia. Misterioso como ella misma, y casi siempre, fatal como ella misma.
Nanoha abrió sus ojos, encontrando dos rostros preocupados y algo enfadados por no haber avisado cómo seguía su condición.
-"¿Estás segura, Nanoha? Si en verdad no te sientes en condiciones de trabajar, sabes que no hay ningún problema. Tú siempre nos has ayudado bastante, así que mi esposo y yo comprenderíamos si quisieras tomarte el día para descansar y sentirte mejor."
-"Nyahaha, ya estoy bien –mintió de nuevo-. Ya me tomé dos aspirinas, en cosa de nada estaré como nueva."
Nanoha sonrió ampliamente y con toda la seguridad de la que era posible –que como la actriz que era, era algo sumamente fácil de conseguir-. Los amables señores y dueños de la cafetería asintieron. Si bien Momoko y Shiro no estaban del todo convencidos, conocían de antemano un poco de la historia detrás de la joven diligente y aplicada Takamachi.
Confiaban en ella, pues siempre les había mostrado una madurez que, si bien se adquiría en los años de adultez, jamás les había fallado. La muchacha necesitaba el trabajo, ellos muy bien conocían cuán altos eran sus sueños de realizarse como persona.
Y porque eran muy altos, Momoko y Shiro temían que algún día, la joven a la que llegaron a tenerle mucha estima, pudiese resbalarse y caer de una manera terrible. No debía haber preocupación por su parte, por supuesto, era algo normal en el proceso de la vida; excepto porque lo normal también era que alguien estuviera a tu lado para levantarte.
Ése era el punto.
-"Comenzaré a limpiar las bandejas para acomodar los panes que vayan saliendo del horno" –zanjó así la conversación en tanto se anudaba el mandil.
-"¿Estás segura, Nanoha?" -Shiro quiso insistir.
"¡Umm! Estoy segura" –sonrió.
Ése era el punto.
Nanoha no tenía a nadie a su lado. Por mucho que quisieran, ellos incluso tenían un límite que no podían cruzar.
Estaba sola. Y sólo Dios sabía cuánto rezaba Momoko para que siguiese aguantando así.
-"¿Tú de nuevo aquí?"
-"Ésa es la pregunta que también te hago, Fate."
-"¿Qué se supone que es esto? ¿Una competencia de reportes?"
Fate bufó, soplando sobre un mechón de sus cabellos y dejando caer de mala gana un equipo de protección de fútbol sobre un pupitre. Tomó entonces asiento junto a su hermana, quien leía desinteresadamente un libro que escondía en su interior una revista de moda.
-"Demasiado bueno para ser cierto" –opinó Fate al ver aquella farsa.
-"Al menos no soy como alguien que cierto día…"
-"Cállate."
-"Me mandaron a detención por defender a Hayate."
Aquellas palabras sacaron un gesto de sorpresa en Fate, quien miró a su gemela con ojos abiertos de par en par; no porque aquella aparente buena acción iniciara un apocalipsis ante tal cambio, sino porque sabía de antemano que Alicia había hecho aquello única y exclusivamente para ganar terreno sobre la ingenua Yagami.
-"Cierra la boca, cielo, se te meterá una mosca –la mayor sonrió para sí-. Puedo decir que estoy un paso delante de ti. Porque como bien tengo la certeza, la tonta Takamachi no asistió a clases este día ni el anterior, lo que hace que tu esfuerzo por meterte al taller de deportes sea infructuoso. Sin público no puedes ser estrella, cariño."
-"¿Cómo supiste que ella no vino a la escuela? Olvídalo. Sí, eso me enfadó y le rompí el hocico a una de las boquiflojas que andaban jugando fútbol en el descanso."
-"Esa agresividad tuya no es buena, hermanita" –acotó sin interés, hojeando su interesante lectura en el proceso.
-"Mira quién habla."
Alicia levantó un dedo y negó con él antes de picar la mejilla de su gemela, todo esto sin verla siquiera, así de bien se conocían.
-"Yo sé canalizar mis energías en cauces que producen beneficios posteriores y no solamente los desperdicio en golpes innecesarios sobre ilusas que nunca saldrán de su caparazón, creado por la comodidad, la costumbre y la mediocridad."
Con un golpe seco, Alicia cerró su libro para ahora sí girarse a su hermana quien le observaba de brazos cruzados con el ceño fruncido. Fate apretó su mandíbula cuando la punta del pie de la otra rubia rozó de forma atrevida su pantorrilla, como si le sobara inocentemente.
La menor dio un manotazo que sonó en el silencio del salón de detención.
Alicia solamente rodó sus ojos para sacar de su mochila un espejo y arreglar su maquillaje, ignorando olímpicamente por los siguientes minutos a Fate, quien no resistió el embate. Ambas sillas chirriaron de sus patas al ser empujadas cuando la gemela más impulsiva se levantó para abalanzarse sobre la otra.
-"Mmm, Fate, Fate –Alicia se saboreó los labios seductoramente-. ¿Qué haré contigo?"
-"Te dije que te callaras."
Los ojos borgoñas, ligeramente más oscuros de Fate, perforaron por completo la mirada juguetona de Alicia. La mayor rodeó el cuello de su gemela muy despacio con sus manos, rozando sin premura la piel tersa y blanca; los ojos de Fate, aunque fieros, eran cubiertos por ese velo de pasión guiado por los más bajos y peligrosos instintos carnales.
Alicia sonrió ampliamente y se acercó hasta que sus labios tocaron los otros.
-"Me gusta cuando te pones mandona" –susurró.
Exámenes, presiones escolares, trabajos extras… ella supo dar buenas excusas que escondieran las verdaderas razones, porque hacía bastante que la verdad en su caso no tenía mucho valor para ser contada. Pero no podía quedarse en casa sin hacer nada porque, sino estaba en la escuela invirtiendo su mente en conocimientos que más tarde rindieran frutos, entonces debía trabajar en la cafetería para al menos compensar un poco aquella pérdida de inversión a futuro. Nanoha no reclamó ni hizo algún gesto, estaba demasiado cansada para algo así.
Al menos no más relojes, ventanas, cielos y dolor.
Y ese día era uno de los días tranquilos en el negocio, sin muchos clientes y aquellos que entraban sabían lo que querían, no le hacían estar parada tanto tiempo repitiendo la carta hasta que las palabras se le antojasen sin sentido, decoloradas de tantas veces dichas con la misma entonación tal cual una contestadora de mensajes.
-"¡Hola! ¿Le puedo recomendar…?"
-"Bienvenido, el día de hoy tenemos…"
-"¿Para llevar o lo comerá aquí?"
-"¡Claro! En unos minutos tengo su pedido."
-"¿Ha visto la nueva presentación…?"
De pronto todo aquel parloteo dejó de escucharse cuando sonó el reloj principal de la ciudad, anunciando ya el mediodía. Nanoha se quedó unos segundos congelada a medio camino hacia la barra donde esperaba la caja. Las clases estaban por terminar, ese día salían temprano porque el taller se recorría y el profesor de filosofía había cambiado el horario. Seguro había tareas como chismes nuevos que escuchar en los pasillos mientras las chicas guardaban sus cosas.
Aquel encanto no duró mucho.
Nanoha volvió en sí, sacudiendo su cabeza y recobrando su sonrisa para ir a cobrar la cuenta y devolver el cambio al siguiente cliente satisfecho. Se quedó tras la barra para limpiarla, acomodando el café, azúcar y crema en el orden correcto; recogiendo platos, tenedores, cucharas y cuchillos que ponía en una enorme bandeja que iría al lavaplatos en la cocina detrás de las puertas dobles. Acomodó los saborizantes del café, las bolsas de granos y pagó un par de proveedores antes de que la campanilla de la entrada sonara una vez más, alertándola para tomar una carta, su libretita y un lápiz, acomodando su mandil así como sus labios para sonreír al nuevo consumidor.
-"Hola, sea bienvenido a… ¿Qué ray…?"
7, 021, 836, 029 de habitantes en el mundo aproximadamente, cada uno de ellos con una probabilidad minúscula de hallarse del otro lado de la barra de la cafetería; una probabilidad más rara todavía que dicho habitante llevase el nombre de Fate Testarossa.
-"Nanoha."
En otra ocasión donde les rodeara otro tipo de gente, estuvieran en otro tipo de sitio y la mente de Nanoha no estuviera aún atontada de la recaída de hace pocos días atrás, le hubiera encarado por decir su nombre sin su permiso. Pero aquello pasó desapercibido para la ojiazul al ver a una Testarossa como cliente, y tenía que ser Fate quien de un vistazo podía deducir sin mucho esfuerzo que ella trabajaba ahí. No precisamente por gusto, no precisamente como la dueña del negocio.
-"¡Nanoha, atiende!"
Fate había casi arrollado un perro, casi golpeado el auto de un anciano y burlado a un policía mientras rumiaba su rabia contra Alicia por aquel "adelanto" en su competencia, y por si fuera poco, adelanto en su montaña de reportes también. Su madre no iba a estar muy contenta cuando se enterase. Maldijo a todos los dioses del mundo por no favorecerle cuando su estómago rugió, esta vez no en coraje sino de hambre; hambre que, dado a su mal estado de humor y a su actividad física horas más temprano, quiso saciar con la primera cosa que le pareciera apetitosa y le apareciera en el camino.
Fue entonces que vislumbró un negocio de cierto logo muy particular, uno que había quedado guardado en su memoria. Una sonrisa divertida ¿y por qué no?, maliciosa, apareció en su rostro.
Y así había acabado casualmente ahí. La rubia recargó entonces, con gozo, sus codos en la barra que Nanoha había acabado de limpiar, pues aún llevaba el trapo en una mano.
-"¿Qué me recomiendas?"
La mente de mesera sabía que debía responder algo, y todavía más, moverse. Pero su cuerpo se rehusaba a obedecerle como si todos sus músculos hubiesen decidido en esos momentos hacer una huelga en contra de su tirana razón, que los obligaba a hacer cosas que ellos no querían. Porque si bien la persona frente a ella la había ayudado, la sensación de desconfianza continuaba igual de viva que nunca, especialmente porque ella jamás le había mencionado en dónde trabajaba.
Fate arqueó una ceja, mirándole de arriba abajo. Dos cosas había observado, la primera de ellas era que Nanoha siempre trabajaba ahí. Tenía amarrado el cabello, el mandil e incluso la manera de sostener aquel trapo en su mano, como solamente lo podía hacer alguien que ya llevaba un tiempo en aquellos menesteres. La segunda cosa era que Takamachi no estaba del todo bien de salud.
-"¿Nanoha?"
El debate entre los representantes musculares y los jefes patronales de su cerebro llegó por fin a un acuerdo que dejó satisfechas a ambas partes, levantando aquella huelga súbita de restricción de movimiento corporal. La maquinaria se echó a andar y la aludida se acercó a la rubia tirando a un bote junto a sus pies el trapo húmedo, tomó después el olvidado lápiz junto con la libretita para anotar sin mirar ya a la infame Testarossa.
-"El especial de hoy es el pastel de mora –dijo a secas-. Tenemos una promoción, en la compra de un postre de chocolate grande, se lleva gratis un muffin de vainilla con chispas arcoiris."
De ser posible, la sonrisa de su rival se amplió, ladeando sobre un hombro su rostro mientras entrecerraba sus ojos. Oh no, no iba a ser tan fácil.
Ahora que su objetivo se veía mejor de salud, aparentemente, ella podía liderar la carrera de nuevo y con creces.
-"No soy de ofertas o paquetes –rió suave y con elegancia-. ¿Por qué no me dices la carta para ver por qué me decido? Tengo mucha hambre."
Y para reafirmar sus palabras, tomó asiento ahí mismo, ahí donde Nanoha tenía sus instrumentos de trabajo, donde no había escape alguno a la situación ya de por sí vergonzosa. Solamente Hayate, su mejor amiga, y su familia sabían que ella trabajaba ahí. La ojiazul no pudo sino suspirar un par de veces y mascullar sobre el humor negro del destino; le dijo pues, la carta a la recién llegada, lo más claro y paciente que pudo para no volverse a repetir, pero estaba claro que la rubia iba a hacer de eso un juego a costillas suyas. Luego de un rato de preguntar lo mismo, de dar vueltas a los nombres o simplemente hacerle perder el tiempo, Fate se decidió.
-"Enseguida está tu orden" –dijo entre dientes la pelirroja.
-"Oh, no. No hay prisa –la gemela reacomodó sus codos sobre la barra y su rostro en éstos-, estoy realmente cómoda."
La huelga amenazó con estallar de nuevo, pero todo quedó bajo control luego de que la mente de Nanoha hiciera un esfuerzo titánico prometiendo recompensas jugosas a su cuerpo si obedecía cual perro entrenado a sus órdenes. Dio la espalda a la exasperante rubia para cerrar sus ojos unos momentos, pidiendo al universo que le diera la paciencia que ya se había ido volando a otra dimensión. Recibió la cuenta de un par de clientes, minutos de alivio donde no tenía por qué sentir cercana la presencia de Fate ni su sonrisa triunfal que hacía su cuerpo arder en frustración.
-"Aquí está tu pedido, que lo disfrutes. ¿Algo más?"
-"Mmm, ¿sabes? Podría considerar rudas tus palabras y quejarme…"
-"No era con intención –la joven mesera apretó tanto sus dientes como su lengua-. ¿Algo más?" –corrigió con la mejor voz que su esfuerzo pudo darle.
-"Creo que vendré seguido por aquí –comentó mientras cuchareaba su postre-, este pastel está delicioso."
Aquella rebanada de pastel que su némesis disfrutaba fue a parar a su rostro, así como el café que había pedido chorreaba ahora de sus dorados cabellos mientras su sonrisa desaparecía.
O eso al menos pasó en la mente agobiada de Takamachi.
Porque en realidad lo que sucedió a continuación fue la salida intempestiva de ella misma por las puertas traseras de la cafetería, cubriendo su rostro sin escuchar la femenina reprimenda que le persiguió hasta que escapó hacia el callejón, entre los contenedores de basura y la escalerilla de emergencias del piso superior a la cafetería. Ahí dejó salir por fin sus lágrimas de enojo contenido que hacía tanto tiempo quería derramar, pero la resistencia ante el impulso había sido mayor.
Sin embargo, Fate Testarossa tenía que aparecerse justo ese día. El peor de todos.
¿Por qué Fate? ¿Por qué precisamente ella?
Sentada en la fría y húmeda escalerilla, Takamachi se abrazó a uno de los soportes metálicos clavado en la pared de ladrillos como único soporte, mientras su cuerpo convulsionaba por el llanto que no pudo sosegar ni disminuir. Una fuerte jaqueca le sobrevino en ese instante, mas la emoción del momento pudo más con la ojiazul. Ella era una buena chica, sacaba buenas calificaciones, no era problemática y además sabía hacer buenos amigos, ayudar a los demás e incluso intentar hacer deportes aunque realmente no fuese la chica fuerte para ello.
Entonces… ¿por qué Fate insistía en meterse en su vida? ¿Por qué no sólo la dejaba en paz?
-"¿Sabes, Nanoha? –la voz resonó más fuerte de lo normal y el dolor de cabeza se hizo notar en una punzada-. Puedes seguir llorando todo lo que quieras, ahí sentada miserablemente como si fueses Fantine, pero lo cierto es que tus lágrimas no van a cambiar nada."
La nombrada apretó sus dientes, mirando enojada a la rubia entrometida que no le bastaba con haberla visto ahí en el trabajo, sino que ahora la perseguía hasta allí, vencida en un callejón de poca luz. Sus cartas para negociar con los músculos se habían agotado, por lo que no era viable ya lanzársele a Fate y mandarla hasta el reino de la perdición donde le correspondía estar.
-"Tu problema es que no aceptas ayuda de nadie."
¿Quién demonios se creía Fate para decirle…? Ahora también su mente quería irse a la huelga, no suficiente con su cuerpo. La culpa era sin duda de aquella Testarossa y su mano que tocó su mejilla empapada de lágrimas para limpiarla, arrodillándose frente a ella sin ninguna sonrisa burlona ni tampoco un gesto que indicara que iba a hacerle alguna otra grosería. Parecía que habían transformado a su enemiga jurada en una chica que comprendía su situación, en una especie de secreto de hermandad desconocido para la pelirroja, que no supo (su cuerpo en huelga no pudo) rechazar el tacto de la rubia.
-"Antier casi te encuentro desmayada, ayer y hoy faltaste a clases, mañana puedes terminar en el hospital –la voz, si bien no era dulce, tampoco era seca ni amarga, sin ningún amago de crueldad o vileza-. Y sólo necesitas pedir ayuda."
Fate estaba más cerca de Nanoha, quien por instinto se echó hacia atrás, pero unos brazos fuertes le devolvieron contra la rubia, cuyo hombro pareció ofrecerse para sus lágrimas que salían silenciosas. Takamachi sabía que debía empujarla, mas la huelga ya era definitiva. Ni tampoco quiso decir no. Porque eran unos brazos que hacía muchos años soñaba con que aparecieran, en sueños que aquel despertador de flor cortaba con una canción burlona sobre la felicidad y la vida.
Necesitaba tanto desahogarse, aunque fuese un poco.
Y, aun así, dentro de la poca realidad y atisbo de prudencia que había adquirido desde muy temprana edad, su mente cuerda seguía cuestionándose.
¿Por qué Fate… no podía simplemente dejarla en paz?
Las pupilas borgoñas miraron el cielo despejado mientras su dueña permanecía de espaldas contra la pared, los brazos ocultos tras su espalda y los largos cabellos dorados cayendo en cascada, imitando el peinado de su hermana menor, apenas moviéndose ante la brisa de la tarde. Se mantuvo así un rato más, esperando, fingiendo que su mente trataba de desenmarañar los secretos más profundos de la vida. Todo su porte desprendía una misteriosa ola de madurez y hasta cierto toque hechizante de enajenación y melancolía.
Muchos ojos le contemplaron con fascinación, y aunque las ganas de reír con sorna fueron fuertes, se contuvo. Debía mantener el acto. Al menos hasta que su protagonista favorita del momento hiciera su entrada a través de los telones principales de la escuela.
Una imperceptible sonrisa asomó a sus labios cuando sus oídos identificaron cierto tono femenino no muy lejos de ellos. Y el eco de esos pasos ajenos a la antagonista de la obra hizo que sus labios se relamieran instintivamente, como si casi pudiera saborear la satisfacción que el pequeño e insignificante objeto de su apuesta, estaba totalmente segura, le brindaría cuando menos lo esperase.
Todo ello oculto a la vista de todos. Porque el acto debía continuar...
-"Mhmp -una voz negó suavemente-, gracias a la ayuda que me has brindado Suzuka he podido ponerme al corriente con las clases de historia -una risilla se escapó furtiva-. Definitivamente, eres toda una amante de los libros."
-"Indiscutiblemente, Hayate, deberías ver su alcoba. Suzuka tiene este enorme estante que cubre toda una pared -sus brazos se juntaron y se separaron por completo para dar énfasis a lo último-, es toda una encantadora señorita intelectual."
Si la aludida no hubiera estado riendo por el comentario de Arisa, habría notado la sonrisa coqueta con que terminó su frase y que le dirigía a una ligeramente sonrojada Tsukimura, quien sólo se limitó a llevar una mano a su boca para ocultar sus tímidas risillas.
Mas el brillo travieso en los ojos esmeraldas desapareció casi de inmediato cuando las tres fueron recibidas por los rayos del sol que caían sobre el patio frontal de la escuela. Así como caían encima de la imagen de cierta rubia que admiraba en silencio el paisaje.
Y a pesar de que era sólo su vieja amiga, algo en el estómago de Bannings se removió de forma inquieta. Como si esta última parte de ella, de repente, no estuviese muy de acuerdo con la declaración anterior.
-"¿A-Alicia?"
Hayate fue la primera en moverse. No supo cómo, sólo que al siguiente instante se hallaba frente a esos enigmáticos y... ¿Tristes? ¿Por qué estaban...?
-"Perdón -fue una respuesta natural, una que tampoco la dueña se esperaba decir-, lamento que hayas tenido que meterte en problemas por mi culpa. Me refiero a... -bajó la vista apenada-... lo de esta mañana."
La espontánea disculpa por un muy breve momento sorprendió a la más alta también, reflejo que enmascaró veloz como siempre, guardándose aquello para sí misma. Mentalmente suspiró complacida, en verdad la castaña era tan inocente e indefensa. Casi como si fuera un regalo de Navidad que moría por abrir a tirones.
-"No hay nada que disculpar, Yagami-san. La profesora estaba presionándote por algo que no era de su incumbencia, yo simplemente no soporto que quieran imponerse sobre alguien que no lo merece -cerró los párpados y se tomó su tiempo para acomodar uno de sus largos mechones sueltos tras su oreja-. Si ocurriese de nuevo, lo volvería a hacer con gusto. Así que... -abrió los ojos y miró seriamente aquellos azules frente a sí-... nada que disculpar."
Y sonrió.
Hayate quiso decir algo más, pero no supo qué. Las pupilas color rubí parecían mantenerla congelada en su lugar y las suaves palabras, asegurándole que la defendería porque así lo deseaba, la hicieron sentir nerviosa y feliz al mismo tiempo. No pudo evitar mostrar una sonrisa apenada.
Generalmente, nadie se salía de su camino para protegerla. Nadie que no fuera Nanoha o su familia, claro está. Y, sin embargo, allí estaba Alicia. Sin que se lo pidiese, ella estaba ahí y estaría ahí si alguna persona quería meterse con ella. El gesto, para la castaña, era muy conmovedor.
El gesto, para la segunda rubia que observaba todo, era como una rosa con espinas. Y aunque no quería creerlo, casi podía ver a su amiga tocarlas ciegamente.
-"¿Un reporte más a inicio de semestre? ¿Planeas romper tu récord personal?"
La hermana de Fate cerró los ojos de nuevo y suspiró. Estaba segura que su juguete estaba a punto de decirle algo antes de dicha interrupción. Se volteó y miró fijamente a su amiga de la infancia, quien ya había bajado los escalones de la entrada junto a una pelimorada curiosa a su lado.
-"No te había visto, Bannings -hubo un disfrazado tono seco en su apellido que no pasó desapercibido por la otra-. ¿Acaso estás insinuando que no puedo preocuparme por mis amigas?"
La última palabra fue una ligera bomba que dejó caer a propósito. Sabía que el efecto detonaría miles de pensamientos en cierta muchacha ojiazul que convenientemente se hallaba de pie a su lado. Y aunque en ningún momento se volteó a verla, sabía que no era necesario.
El poder de las palabras era increíblemente avasallador para quienes, como ella, sabían cómo explotar hasta la última vocal.
-"¿Sabes? Esto me trae varios recuerdos."
-"Puedo apostar que sí" -Arisa sonrió con ironía y nostalgia.
Porque en verdad le traía a su mente memorias donde existían 3 pequeñas rubias capaces de conmocionar a todos a su alrededor. En ese lapso de distracción, fue cuando Alicia dio cuatro pasos al frente y se inclinó hacia su oído izquierdo.
-"Recuerdos donde quiénes metían sus narices en donde no eran llamados, acababan llorando al quitarles su preciado juguete."
Antes de que pudiera responder, Testarossa se apartó para dirigirse hacia la mejor amiga de la otra. Tendió una mano al frente y dibujó una sonrisa inocente.
-"Tsukimura-san, si no me equivoco -la nombrada asintió mientras aceptaba el saludo ofrecido-. Una encantadora y bien portada señorita, es lo que Bannings siempre me ha contado de usted. A simple vista, me doy cuenta cuán en alta estima la tiene."
-"El sentimiento es mutuo -correspondió con una sonrisa gentil, deshaciendo el apretón de manos-. Arisa-chan es muy importante para mí."
La risa de Alicia le pareció amigable a la refinada muchacha.
La risa de Alicia erizó la piel de la de cabellos cortos y rubios, que llevaba años ya de conocerla, y elevó un poco más esa tensión que se había abrazado a su cuerpo.
-"Espero que ella te cuide muy bien, entonces. No sea que alguien quiera robarte -bromeó y finalmente dio media vuelta. Una vez de regreso con el objeto de su interés, miró por sobre su hombro-. ¿Bannings?"
Los orbes esmeraldas se alzaron ante el llamado e inconscientemente su mano derecha sujetó la de su mejor amiga.
-"En verdad espero que sigamos siendo buenas amigas."
-"Uhm -asintió despacio, captando el mensaje oculto que las otras dos pasaron por alto-. No eres la única que lo espera, Alicia."
-"Es bueno saberlo -espetó mientras daba por terminado el contacto visual-. Creo que estás retrasando a Tsukimura-san. No sería muy responsable de tu parte si permites que su familia la amoneste por llegar tarde a casa."
-"¿Haya...?"
-"Yo no pienso tardar mucho tampoco -interrumpió la castaña a la otra rubia-. Arisa-chan, Suzuka-chan, vayan con cuidado. Nos vemos mañana."
-"Hasta mañana, Hayate-chan -la elegante joven pelimorada sacudió su mano al aire-. Testarossa-san" -se despidió con una venia.
Las joyas azules contemplaron cómo sus dos nuevas amigas se retiraban, una halando a la otra, la otra extrañamente indecisa en sus pasos. Cuando a lo lejos vio los ojos esmeraldas girarse a buscarla, con una expresión que no alcanzaba a distinguir aún, una mano sobre su hombro la sobresaltó. Eso fue suficiente para romper el contacto que Arisa ni siquiera había podido iniciar.
-"¿Yagami-san?"
Toda su atención retornó hacia ese rostro afligido y esa mirada carmesí que parecía ver con interés el suelo bajo sus pies. La mano en su hombro lentamente se retiró de su lugar.
-"No quiero quitarte mucho tiempo, menos importunarte -hizo una pausa y levantó brevemente la vista, sólo para bajarla de nuevo-. Esto es algo vergonzoso..."
Hayate sonrió amable y sincera, como ella misma lo era.
-"No me reiré si es lo que te preocupa."
-"Espero que no -rió un poco-. Es sólo que me gustaría tener tu apoyo mañana en el taller, ya que ambas lo estamos tomando. Hay una historia que no he podido terminar de entender y estaría muy agradecida si pudieses ayudarme a comprenderla."
-"Mmhp -asintió alegre-, lo haré con gusto, Alicia."
-"No -negó suavemente-. El gusto es mío."
Ambas se dedicaron una sonrisa. Pero por más que parecía ser el mismo gesto y movimiento facial, por alguna razón la imagen no dejaba de asemejarse a un espejo invertido.
-"¿Por qué estás haciendo esto?"
Aquello no tomó por sorpresa a Fate. Lo que la tomó por sorpresa fue el tono calmado y ecuánime en que dicha fue pregunta formulada. Ese matiz de voz tan sólo confirmaba aún más lo que la rubia poco a poco iba desmenuzando de Nanoha, que ella era no sólo una cara bonita y una niña muy bien portada y aplicada.
Ella era fuerte.
Fuerte, no del tipo físico, sino de aquel tipo que sólo los golpes inclementes de la vida podían formar. Eso, por supuesto, afirmaba también el motivo por el cual la pelirroja no era una presa fácil; pero al menos este episodio le daba una mejor perspectiva de cómo ir derrumbando sus murallas para robar el tesoro que yacía celosamente custodiado en el interior por la guardiana de los ojos azules.
Y si hay algo que Fate adoraba, por muy retorcido que sonase en esa situación, eran los desafíos.
Éste, en especial, iba a saborearlo como nunca.
-"¿Es tu hora de caridad o tu tozudez de alimentar ese instinto de superioridad que crees tener sobre los demás? –con firmeza se apartó de la rubia y se puso en pie, observándola con ojos minuciosos, como si quisiese encontrar algo en la mirada rubí-. Aprecio el gesto, pero ya puedes irte a tu casa, Testarossa-san."
Fate arrugó el cejo y se puso en pie igual.
-"Vengo aquí a darte la mano y tú sólo…"
-"Ya puedes irte a casa –repitió, en voz suave pero con rostro imparcial-. Yo no sé que… -Nanoha rió un poco antes de cerrar los párpados por unos segundos-. Lo que sea que estés planeando detrás de todo este acto amable tuyo, no quiero ni saberlo. En verdad te agradezco el que hayas venido hasta aquí y todo lo que has hecho por mí."
La pelirroja se puso delante de la más alta y con una sola mano tocó su hombro. Los orbes rojos se posaron en la palma que descansaba sobre su cuerpo, cálida como el fuego mas firme como el hierro.
-"Eso es muy valiente de tu parte, Takamachi –respondió con verdadera honestidad-. Y muy estúpido también. Sólo porque no sea una estudiante modelo como tú en ciencias o números, no quiere decir que no me dé cuenta de lo que sucede a mi alrededor. Tú estudias libros, Nanoha, pero escucha con atención –Fate dio un paso y se acercó al oído de su compañera; una vez allí, su voz se volvió un susurro-: Yo estudio a la gente."
Nanoha sonrió de lado, con burla, con contrariedad y hasta con cierto toque de amargura.
-"Lo sé. Y por eso no quiero tu ayuda."
La joven mesera la pasó de largo hasta llegar a la puerta trasera del negocio. Abrió ésta, mas se detuvo bajo el umbral, de espaldas. Fate Testarossa volteó el rostro y durante esos pocos segundos, sus pupilas estudiaron la silueta del perfil de la muchacha que aún no retornaba a su humilde trabajo en aquella cafetería de paso.
Cuando la rubia estuvo a punto de dar media vuelta y pasar de largo a la pelirroja, para retirarse de ahí, la otra rompió el silencio.
-"Si fueras real, habría sido agradable saber que… -Nanoha chasqueó su lengua-… en verdad planeabas ayudarme. Pero no lo eres. Tal vez sea un error decírtelo, sin embargo, debes saber que conozco esa mirada tuya. Es la mirada de un cazador. Lo sé."
Por breves instantes, Testarossa pudo notar que la mirada cerúlea que contemplaba el piso se oscurecía con un velo pesado y nebuloso. Aquello le dijo que había tocado algo muy oculto en el castillo de su presa.
-"Y también sé –Nanoha alzó la vista sin vacilar, sin voltearse a mirarla siquiera- que temo al ser detrás de esa máscara que has levantado."
Fate no dijo nada.
No había nada que decir. Sopló sus propios mechones que le tapaban la cara y se dispuso a marcharse de una vez. Tenía que ser paciente para recoger su cosecha.
Después de todo, ¿qué podía decirle a la puerta trasera cerrada de la cafetería Midoriya?
Hace tiempo alguien me dijo
Cuál era el mejor remedio,
Cuando sin motivo alguno,
Se te iba el mundo al suelo.
Y si quieres yo te explico
En qué consiste el misterio.
Que no hay cielo, mar ni tierra,
Que la vida es un sueño.
Si salgo corriendo
Tú me agarras por el cuello.
Y si no te escucho,
¡Grita!
Te tiendo la mano,
Tú agarras todo el brazo.
Y si quieres más pues:
¡Grita!
¡Grita!
¡Grita!
¡Grita!
Continuará…
C: Es tan curioso volver a leer y volver a emocionarse, espero que se emocionen igual que nosotras. Se siente muy bien el tener de nuevo esta chispa y culpo por ello a mi picola que siempre ha estado ahí para recordarme las cosas buenas que podemos lograr. Lento pero seguro, eso sí.
Peligro, peligro, peligro.
No me queda más que decir que espero disfruten lo que viene y gracias por continuar con esta historia. Hemos de terminar porque hemos de terminar. Osiosiosi, como que somos dos locas adorando escribir.
Gracias muchas infinitas por leernos.
K: Contundente… bueno, no tengo mucho qué decir. Cada una de nuestras rubias preferidas está empezando a pavimentar su camino hacia la gloria de esa apuesta cruel. Se están acercando poco a poco a sus objetivos y nuestra buena Arisa ha podido darse cuenta de ello.
Ah, ¡rubias por doquier! Problemas por doquier. Creo que va siendo hora de ir tocando también algo del trasfondo de la vida de Nanoha, poco se ha hablado de ello.
Sin más que agregar, queda lista la nueva entrega. Y yo espero de todo corazón que este capítulo, con las grandes genialidades de Kit –ya que varias escenas son del borrador que ella me mandó y yo tenía guardado hace años en mi laptop-, les haya encantado y hecho pasar un agradable rato pegados a la pantalla.
Yo en lo personal he disfrutado mucho re-leyéndolo =)
Y como siempre, ¡gracias muchas a quienes nos leen! Los tenemos muy presentes.
Se despiden, Kida Luna & Clumsykitty.
