Sakura POV
Un nuevo día comenzaba y para mi gran sorpresa, me encontraba entusiasmada por esto. Había pasado un buen tiempo desde la última vez que había sentido la emoción de la llegada de un nuevo día.
Desde que la aldea entera había comenzado a odiarme, había dejado de esperar con ansias los nuevos días, ya que la llegada de un nuevo día significaba que las burlas y críticas hacia mi persona continuarían. Pero esta vez… esta vez era distinto, porque hoy iniciaba mi entrenamiento con Senju Tsunade.
Me desperté realmente temprano. No tenía deseos de llegar tarde en el primer día de entrenamiento y terminar decepcionando a mi maestra.
Lo primero que hice fue vestirme, lo cual me llevó más tiempo de lo usual.
Sentía que una nueva etapa en mi vida comenzaba, y como tal, quería que mi imagen lo reflejara, por lo que había revuelto el armario entero buscando algo adecuado que ponerme hasta encontrar el look perfecto.
Me había vestido con un simple top negro, y sobre este me había colocado una camiseta de red que se extendía hasta un par de milímetros por encima de mi ombligo, y cuyas mangas me llegaban hasta los codos; También me había colocado un short negro, ligeramente más corto que las bermudas que habituaba a usar; Atado a mi cadera, a modo de semi falda que cubría mi trasero, había atado un pañuelo rojo con el símbolo de mi clan; Había abandonado mis viejas sandalias azules, y me había colocado unas botas negras que meses atrás me había conseguido mi madre. Estas me llegaban unos centímetros por debajo de la rodilla, y dejaban al descubierto mis dedos de la misma forma que las sandalias ninja lo hacían. También tenían un pequeño taco, logrando estilizar sutilmente mi figura; Había cambiado la cinta de mi banda ninja, dejando el típico azul atrás, y reemplazándolo por una cinta roja. Había decidido atar la banda alrededor de mi cuello de la misma forma que Hinata solía usarla; Finalmente, había atado mi cabello en una coleta alta, dejando algunos mechones sueltos que enmarcaban mi rostro.
Una vez que estuve conforme con mi apariencia, lo siguiente fue el desayuno. No sabía qué clase de entrenamiento me esperaba, pero si de algo estaba segura era que debía estar preparada, y eso incluía alimentarse adecuadamente.
Comí con calma, degustando cada bocado. La casa se encontraba en un profundo silencio, desde hace unas semanas mis padres habían salido en un viaje comercial, dejándome completamente sola. Era solitario desayunar sola, pero… al final había terminado acostumbrándome.
Cuando terminé con mi comida, dejé los platos en el lavabo y me dispuse a salir de casa. Aún tenía bastante tiempo antes de la hora indicada por Tsunade.
Caminé con calma por las calles de la aldea. A estas horas no solía haber muchas personas circulando por la aldea, tan solo comerciantes preparando sus negocios para un arduo día de trabajo, alguno que otro shinobi que se encaminaba a cumplir con sus deberes, y algunas mujeres de familia que se habían levantado temprano para hacer las compras del día antes de que sus hijos despertaran. Aún así, podía sentir las miradas clavadas duramente sobre mí. Incluso podía percibir pequeños murmullos, estaban hablando de mí.
Mantuve mi postura firme y mi cabeza en alto. Era una nueva etapa en mi vida, e iba a demostrarles que sus malos tratos hacia mi no me afectaban. Yo era Sakura Haruno, una ninja solitaria que les demostraría a todos su fuerza.
Sonreí mentalmente ante este pensamiento y comencé a apresurar el paso. Estaba realmente emocionada por comenzar mi entrenamiento. Sentía que finalmente el sol me sonreía.
No tardé mucho en llegar al campo de entrenamiento que Tsunade me había indicado el día anterior. Como había esperado, la Hokage aún no se había presentado, por lo que me senté bajo la sombra de un árbol a esperarla.
Mi mirada vagó por todo el campo, observando hasta el más mínimo detalle mientras mi mente divagaba acerca de la clase de entrenamiento que recibiría.
Tsunade era conocida por su monstruosa fuerza y sus grandes habilidades como ninja médica. Era de esperarse que se concentrase en estos puntos. Pero aún así, me era difícil imaginarme qué clase de tareas me obligaría a realizar.
Estaba tan perdida en mis pensamientos, que no noté que tres figuras se acercaban hacia mí.
– ¿Qué mierda haces tú aquí? –la voz de Kiba se hizo presente con un gruñido. No pude reaccionar a tiempo antes de que el me tomase por el cuello estampándome contra el árbol detrás de mí. Un pequeño quejido abandonó mis labios cuando mi espalda impactó contra la dura superficie del tronco. – Lárgate de aquí, basura, queremos entrenar.
Levanté mi mirada para observarlo, percatándome de que Hinata y Shino estaban de pie a unos metros de nosotros. La ojiperla tenía una expresión de enfado mientras sostenía entre sus brazos a Akamaru. Debido a los oscuros lentes que usaba y el cuello alto de su chaqueta, no podía apreciar correctamente la expresión de Shino, pero podía sentir su mirada fija sobre mi como estacas clavándose en mi ser. Kiba por su parte tenía expresión totalmente colérica, como si el hecho de haberme visto aquí fuese lo peor del mundo.
– ¿No vas a responder, escoria? –exigió Kiba al notar mi falta de respuesta.
– ¿Este es el campo de entrenamiento número once? –pregunté pensando que tal vez yo, en mi emoción, me había equivocado de lugar.
Hinata y Shino intercambiaron miradas antes de volver a verme, realizando un pequeño asentimiento con sus cabezas.
– Entonces no me he equivocado… –murmuré. – Hmm… Lamento decirte que no puedo irme, verás, mi maestra me ha citado en este lugar y la estoy esperando. –dije tratando de sonar calmada a pesar de la presión que Kiba ejercía sobre mi cuello.
El castaño pareció sorprendido por unos instantes antes de recobrar la compostura, mirándome con el mismo odio de antes, o quizás más. La presión aumentó a medida que me empujaba más contra el árbol. Podía sentir la madera clavarse en mi piel y la dificultad de respirar.
– ¿Te crees graciosa? Todos sabemos que no tienes nada que hacer desde que tu equipo se fue, deja de fastidiar y vete de aquí para que podamos entrenar antes de que Kurenai-sensei venga.
– Parece que a todos se les está haciendo costumbre opinar de mi vida sin conocer nada… –bufé con cansancio. – Lo creas o no, alguien ha decidido tomarme como su aprendiz, y hoy empieza mi entrenamiento. No voy a moverme de aquí, así que por favor te pido que me sueltes, Inuzuka-san… –hablé con calma. Mi voz carente de emociones y mi mirada fija sobre la suya.
Kiba parecía sorprendido por mi trato hacia él, y podía comprenderlo… Jamás lo había tratado tan fríamente, y siempre me dirigía hacia el por su nombre, nunca por su apellido. Ahora estaba haciendo ambas cosas juntas, era normal que se descolocara tanto.
El sacudió la cabeza un par de veces tratando de alejar su asombro.
– ¡No te creo! –gruñó Kiba. – ¿¡Quién querría tomar a una basura como tú como su aprendiz!? ¡No vales nada! ¿Por qué crees que Kakashi-sensei se marchó sin preocuparse por ti? Él se dio cuenta de la decepción que eres como alumna, los demás shinobis en la aldea también lo ven, nadie sería tu maestro aunque los obligasen ¿Y qué es esa ropa que estás usando? Pareces una puta pidiendo atención ¿Es eso lo que quieres? ¿Estás tan desesperada porque todo el mundo te odie que ahora intentas seducir a las personas?
– Patética… –escupió Hinata estando de acuerdo con las palabras de Kiba.
Mi vista se dirigió brevemente a la figura que había aparecido por detrás de Shino y Hinata, antes de volver a fijar mi vista en Kiba.
– ¿Crees que a Tsunade-sama le gustaría ver como uno de los shinobis de su aldea actúa como un matón? –preguntó con un tono de voz monótono.
– ¿Eh? –fue todo lo que el alcanzó a pronunciar antes de que Tsunade-shishou decidiera hacer notar su presencia en el lugar.
– Inuzuka. –habló con una voz firme sorprendiendo a los tres integrantes del equipo 8. Al oírla, Kiba rápidamente me soltó y se volteó a verla junto con Hinata y Shino. Suspiré y llevé una mano a mi cuello frotando la piel adolorida por su agarre. – ¿Puedes explicarme que está pasando aquí?
– E-Etto, yo… –balbuceó Kiba nervioso. – Y-Yo solamente l-le estaba pidiendo amablemente a Sakura-chan que se vaya de aquí. –estaba comenzando a tartamudear más que Hinata cuando veía a Naruto.
– ¿Es eso? –inquirió Tsunade con falsa curiosidad camuflando su enojo. – Porque creo que acabo de ver que estabas intentando intimidar a mi alumna.
Los tres me lanzaron miradas sorprendidas. No me habían creído cuando mencioné que tenía una nueva maestra, y era claro que no habían esperado que la misma Hokage fuese mi maestra.
– ¿A-Alumna? –tartamudeó Hinata. – ¿S-Sakura es su a-alumna?
– ¿Hay algún problema con eso? –preguntó la Hokage cruzándose de brazos y arqueando una ceja. Su intensa mirada estaba logrando que el equipo 8 se pusiese más y más nervioso.
Ninguno dijo nada por varios minutos antes de que Kiba finalmente estallara en un arrebato de ira.
– ¡Si! –gritó. – ¿¡Cómo puede usted si quiera considerar enseñarle a una basura como ella!? –exclamó mientras me señalaba con el dedo.
– Te agradecería que cuides tu tono de voz frente a mí, Inuzuka. –advirtió Tsunade con un tono de voz amenazante. – A quién decida convertir en mi aprendiz no es asunto de ninguno de ustedes. Cualquier odio o desacuerdo que tengan con ella, no me concierne… Pero no voy a permitir que un shinobi de mi aldea actúe como un matón abusando se su fuerza para fines erróneos. –los tres shinobis retrocedieron sintiéndose intimidados por la fuerte presencia de la Hokage. – Esta vez se los dejaré pasar, pero como me llegue a enterar de que están repitiendo estas acciones, habrá sanciones. Ahora, ustedes tres, váyanse, su sensei los espera en el campo de entrenamiento número cinco.
Los tres parecieron dubitativos antes de finalmente marcharse corriendo de allí. Una vez que los tres desaparecieron de la vista, Tsunade se volteó a verme.
– ¿Te encuentras bien? –preguntó acercándose a mí.
– Probablemente tendré un muy feo moretón con la marca de los dedos de Kiba en mi cuello, pero nada demasiado grave. –contesté encogiéndome de hombros para luego ponerme de pie.
– ¿Por qué no los confrontaste?
Suspiré al oír la pregunta.
– No creo que sea conveniente meterme en un combate con ellos. –me encogí de hombros. – Ellos han decidido cargar su odio contra mí, pero yo no tengo nada en contra de ellos a pesar de lo que me dicen y hacen… Pelear contra ellos solo generaría más odio y violencia… Además, no quería gastar mi energía antes del entrenamiento.
La rubia frente a mi se me quedó observando por un par de segundos, parecía estar pensando en algo antes de que una gran sonrisa se dibujara en su rostro.
– Eres realmente diferente… –murmuró tomándome por sorpresa. No tuve tiempo de preguntarle a qué se refería antes de que ella decidiese cambiar de tema. – ¿Estás lista para comenzar tu entrenamiento?
Asentí efusivamente sin ocultar mi emoción.
– ¿Qué es lo que haremos primero? –pregunté emocionada. – ¿Taijutsu? ¿Ninjutsu? ¿Genjutsu? ¿O tal vez algunos ejercicios para fortalecer el cuerpo? ¿O algo de control de chakra? –lancé pregunta tras otra sin darle siquiera un respiro.
Tsunade parecía entretenida con mi actitud entusiasta. Dejó escapar una pequeña risa antes de decidir contestarme.
– Lo primero que haremos será un combate. –anunció.
Yo la observé confundida.
– ¿Un combate? –repetí.
– Todo lo que dicen tus expedientes es que tienes un buen manejo de chakra y aprendes fácilmente. No sé cuáles son tus fortalezas y debilidades más allá de eso, y antes de comenzar a entrenarte necesito saber esto. –explicó. – Por eso realizaremos un combate, tú contra mí, para así poder evaluar el estado en el que te encuentras y saber por dónde comenzar.
– Suena lógico… –murmuré.
– Las reglas del combate son simples… Puedes usar cualquier técnica y arma que poseas para enfrentarme. No te contengas ni por un segundo. Tienes que mostrarme tu potencial al cien por ciento. Si llego a ver que te estas conteniendo solo porque tienes miedo a hacerme daño, abandonaré la idea de entrenarte ¿Quedó claro?
– ¡Claro como el cristal! –exclamé entusiasmada.
– Muy bien… ¡Empecemos!
A penas tuve tiempo de reaccionar cuando la vi estrellar su puño contra el suelo. La superficie debajo de mis pies comenzó a agrietarse por lo que tuve que dar un salto para alejarme y no quedar atrapada por la destrucción. Pero me vi obligada a cerrar mis ojos, la gran destrucción que Tsunade-shishou había provocado, ocasionó que una gran nube de polvo se elevara en el ambiente.
Ella aprovechó este momento para volver a atacar, golpeándome en el estómago y mandándome a volar. Un quejido escapó de mis labios cuando mi espalda impactó contra un árbol.
– ¡No cierres tus ojos! –me regañó. Yo entreabrí mis ojos sorprendida. – Si cierras los ojos pierdes de vista a tu oponente y quedas vulnerable. Si esto fuese un combate real estarías muerta ahora mismo.
Mi cuerpo tembló levemente mientras intentaba incorporarme. Había pensado que este combate era solo para evaluarme, pero… a la par que hacía eso, también estaba enseñándome.
– Ahora, intenta atacarme. –ordenó.
Me trastabillé y casi caigo mientras torpemente intentaba sacar un kunai de mi bolsa para pasar a la ofensiva. Antes de que pudiese terminar mi movimiento, Tsunade estaba detrás de mi inmovilizando mis brazos detrás de mi espalda.
– Eres demasiado lenta. Tus movimientos son fáciles de leer. –la escuché decir. No podía evitar sentirme impotente e inútil a medida que la escuchaba. – Tus habilidades de combate son realmente bajas. –continúo hablando mientras que de un golpe en mi espalda me mandaba a volar lejos. A penas pude reaccionar para colocar mis manos y evitar golpearme el rostro contra el suelo, pero, a causa de esto las palmas de mis manos y mis rodillas habían resultado raspadas. – Pero tu instinto de autopreservación es bueno… Lo único que puedo pensar es en el incompetente maestro que es Hatake.
Me volteé a verla. Ella había cambiado su postura a una más relajada, con sus brazos cruzados mientras me observaba fijamente. Me apresuré a levantarme rápidamente ignorando el dolor en mis extremidades, estaba segura de que tendría unos cuantos moretones mañana.
– Tenemos un largo camino por recorrer para ponerte en forma… Pero hay algo de ti que me gusta, Sakura. –dijo la Hokage tomando un par de pasos para acercarse a mí. No pude evitar ponerme tensa pensando que me volvería atacar, pero, muy para mi sorpresa, ella simplemente se agachó frente a mi y llevó una de sus manos a mis rodillas y comenzó a emanar chakra curativo para sanar mis heridas. – Tienes un espíritu fuerte, y sé que serás capaz de superar cualquier prueba que te dé. Si te parece bien, ahora empezaremos oficialmente tu entrenamiento.
– H-Hai… –tartamudeé anonadada.
La rubia se incorporó de vuelta una vez que sanó todas mis heridas. Pude ver como de su haori verde sacaba un pergamino y lo desenrollaba, dejándolo sobre el suelo. Colocó la palma de su mano sobre el pergamino y dejó fluir una pequeña cantidad de chakra, inmediatamente una pequeña nube de humo surgió, y cuando esta se disipó, pude ver que sobre el pergamino había dos tobilleras y muñequeras con peso agregado.
Tsunade las tomó entre sus manos y comenzó a colocarlas alrededor de mis tobillos y muñecas. Hice una pequeña mueca. Se sentía realmente pesado para lo que yo estaba acostumbrada.
– Lo primero es lo primero. Tenemos que darle algo de músculo y fuerza a tu cuerpo, y trabajar en tu resistencia física. –comenzó a hablar nuevamente Tsunade. – Cada una de estas pesas tiene cinco kilogramos. Quiero que corras veinte kilómetros por toda la aldea usándolas.
Parpadeé aturdida por lo que acababa de decirme.
– ¿¡Q-Qué!?
