Sakura POV

El tiempo transcurrió rápidamente, y antes de que me diese cuenta, ya habían pasado dos meses desde que había comenzado mi entrenamiento.

El entrenamiento con Tsunade era realmente duro, pero valía el esfuerzo al notar los resultados: Mi fuerza y resistencia física habían mejorado notablemente al igual que mi habilidad en combate, ahora podía resistir con más facilidad un enfrentamiento contra la godaime, aunque claro estaba que aún me faltaba mucho para lograr superarla.

También había comenzado a enseñarme ninjutsu médico, el cual se me daba bastante bien. Al principio no había entendido el motivo para aprender tales técnicas, sin embargo, Tsunade-shishou había argumentado que todos los shinobis deberíamos tener un breve conocimiento de técnicas curativas. Aunque no todos fuésemos a convertirnos en grandes médicos como ella, todos deberíamos saber como suministrarle primeros auxilios a alguien.

Aunque… a medida que avanzaba el entrenamiento… podría decir que estaba comenzando a ganar algo de interés por esta área de conocimiento.

¿También debía mencionar que Tsunade-shishou me había exigido que memorizara todos los jutsus que había en los libros de la biblioteca de la aldea?

Sentía que mi cerebro iba a estallar de tanta información nueva, y ni siquiera llevaba la mitad del total de libros que debía leer.

En cuanto a mi relación con la aldea… No podría decir que había cambiado mucho. Seguía sin hablarme con los miembros de los doce de Konoha, y sabía que ellos seguían odiándome. En cuanto a los aldeanos, aún rumoreaban cosas despectivas sobre mí, pero su actitud era más tranquila ahora, casi como si se hubiesen resignado a que nada iba a cambiar por insultarme, aún así, me ocupaba de brindar mi ayuda a quien la necesitaba.

Actualmente, me encontraba de camino hacia la torre Hokage. Tsunade me había indicado que me dirigiera allí ya que deseaba enseñarme un nuevo jutsu.

Estaba a mitad de camino cuando escuché a una mujer gritar. Inmediatamente mi atención se dirigió hacia ella.

– ¡A-Auxilio! ¡Ladrón! –exclamaba horrorizada mientras señalaba a un hombre que escapaba con un gran costal cargado sobre su espalda. – ¡Me han robado! ¡Que alguien me ayude!

Dejé escapar un profundo suspiro.

"Tsunade-shishou me regañará por llegar tarde" –fue mi pensamiento mientras me largaba a perseguir al ladrón.

No me tomó ni una milésima de segundo alcanzarlo, y en un rápido movimiento lo tumbé dejándolo inmovilizado contra el suelo. El hombre lanzaba una sarta de maldiciones mientras que yo me encargaba de atar sus brazos detrás de su espalda.

En ese instante pude vislumbrar a un jounnin acercándose. Dejé al ladrón en el suelo para que el jounnin se encargara de él, y tomé el gran costal para luego encaminarme hacia donde la señora se encontraba.

– Aquí tiene señora… ¿Se encuentra bien? ¿El ladrón la ha lastimado físicamente? –pregunté con calma.

La mujer parecía aturdida mientras recibía entre sus brazos el objeto que hace unos minutos le habían robado.

– E-Estoy bien… –balbuceó torpemente. – Yo… S-Supongo que gracias…

Negué con la cabeza.

– No tiene que agradecerme. En todo caso, me alegro que se encuentre bien. Si me disculpa… Debo irme ahora mismo, me he demorado en mi camino. –dije realizando una respetuosa reverencia para luego retomar mi camino.

– ¡E-Espere! –exclamó la señora deteniéndome. – P-Por favor, déjeme hacer algo para agradecerle su ayuda ¡Ya sé! ¡Tendrá un descuento especial en mi tienda!

Pude observar como la gente a mi alrededor comenzaba a cuchichear luego de escuchar las palabras de la dama. Emití un suspiro.

– Realmente no es necesario… Solo estaba cumpliendo con mi deber. Y no creo que sea bueno que me haga favores especiales a mí, las personas la verán mal por ser amable conmigo y no querrán comprarle nada. No quiero traer desgracia a su trabajo… –murmuré.

– ¿Desgracia? ¿A qué te refieres jovencita? –preguntó y casi, CASI, me sentí sorprendida por su pregunta. Parecía no tener idea de quién era yo.

– ¿No lo sabe? Soy Haruno Sakura, la chica odiada por la aldea… –fue lo último que le dije antes de finalmente marcharme dejando que todos hablaran.

A penas había logrado avanzar un par de cuadras antes de volver a ser detenida.

– ¿Ahora haces actos de caridad para mejorar tu imagen? –la molesta voz de Ino…

– ¿Y qué fueron esas palabras? ¿"La chica odiada por la aldea"? Suena a que quieres que los demás sientan lástima por ti. –Kiba también…

– A p-puesto que l-le pagó a ese hombre. –Hinata…

– ¿Tú crees Hinata? No sería extraño. –vaya… incluso Tenten estaba burlándose de mí. – Pagarle a un hombre para dejarse atrapar y hacer un espectáculo que la haga quedar bien frente a la aldea. Típico de una rata rastrera como ella.

– ¿Pagarle? –parecía que todos estaban aquí, decididos a torturarme, aunque debía admitir que me resultaba extraño que Shikamaru se uniese a la horda de comentarios hirientes. – Es de una pequeña familia de comerciantes, sus padres no ganan mucho.

– Tienes razón. –estuvo de acuerdo Kiba. La burla presente en su voz. – No debió pagarle, a puesto que se ofreció como la puta que es ¿Cuánto tuviste que rebajarte? ¿Una mamada o también dejaste que te follara para que accediese participar en tu tonto acto?

Me mordí el labio y clavé mi mirada en el piso ¿Realmente me veía muy vulgar con mi nuevo atuendo? Desde que había cambiado mi estilo, Kiba parecía decidido a tratarme como una prostituta.

– Eso si es realmente patético. –opinó Ino. Podía imaginarme la sonrisa mezquina que debía estar esbozando. – Eres tan inútil que lo único que puedes hacer es ofrecer tu cuerpo…

– Que desperdicio… –oí a Shino murmurar.

Tomé un par de respiraciones profundas para calmarme. No quería que mi voz se escuchase quebradiza cuando hablase.

– ¿Eso es todo lo que necesitaban decirme? Saben… Ahora mismo me estaba dirigiendo a la torre Hokage, tengo algo de prisa… Verán, Tsunade-shishou realmente odia que sea impuntual. –dije levantando la mirada, cruzando los dedos para que mi mirada fuese lo suficientemente seria y no demostrase lo mucho que sus palabras habían conseguido herirme.

Sin esperar a que respondiesen, realicé un jutsu rápido para transportarme hasta la entrada de la torre Hokage.

Tratando de evadir los oscuros pensamientos que comenzaban a arremolinarse en mi mente, me adentré a paso acelerado dentro de la torre y busqué rápidamente la oficina de la Hokage. Me paré frente a la puerta de la habitación y suavemente la golpeé esperando que mi maestra me diese permiso de entrar.

"Adelante"

Escuché del otro lado de la puerta. Sin esperar más, abrí la puerta de la oficina y me adentré en ella.

Enormes pilas de papeles me saludaron cuando entré al lugar. Tal parecía que el día de hoy Tsunade tenía una gran cantidad de trabajo…

A veces me compadecía de ella. Todos hablaban con admiración de los Hokage, nombrándolos como los shinobis más fuertes y respetables que esta aldea ha tenido… Sin embargo, nadie nombraba la gran cantidad de trabajo que el título de Hokage traía con él.

Tenía que tener registro de las personas que entraban y salían de la aldea, recibir los informes de los ninjas que realizaban misiones, dar misiones, aprobar o rechazar proyectos de la aldea, entre otras cosas.

– Por fin llegas. –habló la Hokage levantando su mirada de la pila de papeleo que tenía sobre su escritorio. – ¿Podrías explicarme a qué se debe tu impuntualidad? –preguntó cruzándose de brazos. Si las miradas matasen, la mirada de Tsunade ya me tendría cuatro metros bajo tierra.

– Lamento mi demora. –me apresuré a disculparme a la par que realizaba una pronunciada reverencia en señal de disculpa. – Tuve un par de percances en mi camino hasta aquí. Se que no es excusa, prometo que no se repetirá.

– ¿Qué tipo de percances? –exigió saber Tsunade.

Parpadeé confundida por un instante. Había esperado que mi maestra decidiese ignorar el tema y me dijese que no volviese a llegar tarde.

– Yo… Ayudé a una señora que le habían robado y… luego de eso me encontré con los Konoha 12. –dije recapitulando lo que había sucedido en mi camino minutos atrás.

– ¿Han vuelto a fastidiarte? –preguntó. A pesar de su tono serio podía ver una chispa de preocupación en su mirada.

Desde que habíamos comenzado con este entrenamiento, Tsunade no solo se había convertido en mi maestra, sino que también se había vuelto una figura materna en mi vida. A pesar de lo dura y exigente que solía ser, se preocupaba por mí y velaba por mi bienestar.

– N-No ha sido la gran cosa. –me apresuré a contestar. Sabía que, si daba más detalles, Tsunade se enfadaría con ellos, y yo no quería ocasionar molestias. – Estoy bien, en serio.

La rubia no parecía convencida con mi respuesta, pero pareció dejarlo pasar, pues acto seguido suspiró y cambió el tema de la conversación.

– ¿Lista para tu lección de hoy? –preguntó mientras se ponía de pie y se apartaba de su escritorio.

– ¡Hai! –exclamé. Una pequeña sonrisa se dibujó en mi rostro. – ¿Qué me enseñará hoy Tsunade-shishou?

– Sígueme. –fue todo lo que respondió antes de guiarme fuera de la oficina.

Nos dirigimos a otra habitación de la torre que conocía bastante bien. Era aquí donde ella había comenzado a enseñarme ninjutsu médico.

Una vez que estuvimos en el centro de la habitación, Tsunade-shishou se volteó a verme.

– ¿Estás familiarizada con el jutsu de invocación?

Soltó la pregunta tan rápido que tuve que detenerme unos segundos a procesar lo que acababa de escuchar.

Jutsu de invocación…

– ¿No es el jutsu que Jiraiya-san le enseñó a Naruto? ¿El que usa para invocar sapos? –pregunté ladeando la cabeza levemente.

– Exactamente. –contestó Tsunade. – Permíteme explicarte en qué consiste. –dijo seria mientras tomaba asiento en un pequeño sofá que había en la habitación. Su mirada se posó intensamente sobre mi a la par que se cruzaba de piernas y brazos. – El jutsu de invocación es un jutsu de espacio-tiempo con el cual un shinobi puede invocar animales u objetos que le puedan ser útil en combate o para realizar tareas específicas. Pero… Para invocar criaturas, es necesario realizar un contrato con dicho reino animal…

– ¿Un contrato? –pregunté curiosa. Estaba comenzando a despertar interés por esta técnica.

Tsunade asintió en respuesta.

– Existen algunos medios mediante los cuales uno puede lograr el contrato. –comenzó a relatar. – Si uno realizase el jutsu de invocación sin haber hecho un contrato previo, el jutsu se realizaría a la inversa… Y el realizador del jutsu iría a parar en el reino animal con el cual poseyese mayor afinidad. Una vez allí, la persona podría negociar con los líderes del reino para que le permitan firmar el contrato… Esa es la forma mediante la cual Jiraiya consiguió su contrato con el reino de los sapos. Sin embargo… Es un método bastante imprudente.

– ¿Por qué? –inquirí confundida.

– Podrías quedar atrapado en el reino animal y jamás volver, sin contar que no todos los reinos son particularmente amistosos ante los extraños. –contestó la Hokage dando a entender que uno podría ser asesinado si no tenía el debido cuidado.

– ¿Y cuáles son las otras formas de realizar contrato?

– Los animales de los reinos suelen moverse por el mundo al igual que los humanos. Si tienes suerte puedes encontrarte con alguno de ellos y firmar el contrato. Sin embargo, la probabilidad de encontrarte con uno y que a parte te deje tener un contrato con su especie, es de una en un millón. –continuó explicando Tsunade. – Otra opción es que conozcas a alguien que ya haya realizado un contrato…

– Como Naruto. –dije de forma casi inmediata.

– Como Naruto. –estuvo de acuerdo Tsunade. – Como su aprendiz, Jiraiya le enseñó su invocación de sapos, y le permitió firmar el contrato. Es por eso que ahora Naruto también es capaz de invocar esas criaturas.

– Usted planea hacer lo mismo conmigo… ¿Me equivoco, shishou? –pregunté mirándola fijamente.

Ella asintió en respuesta.

– La técnica de invocación es sin duda una técnica que puede ser bastante útil en el momento adecuado… Y la invocación que voy a presentarte es, en mi opinión, bastante útil. Aún así, quiero que tengas en mente que hay usuarios que pueden mantener más de un contrato, siempre y cuando no existan conflictos entre las especies con las que mantienes contrato.

– Entiendo… –murmuré comprendiendo.

Tsunade-shishou me observó por un par de segundos antes de proceder. Se llevó el pulgar a la boca mordiéndolo fuertemente para cortar la piel y que su sangre comenzase a fluir a través de la herida. Seguidamente comenzó a realizar una serie de sellos con sus manos antes de finalmente posicionar la palma de su mano sobre el pequeño escritorio que yacía a su lado.

– ¡Kuchiyose no Jutsu! –exclamó. A penas pude percibir como una serie de escrituras aparecían en la superficie del escritorio antes de que surgiera una pequeña nube de humo.

Observé atenta no queriendo perderme ningún detalle.

Finalmente, la nube de humo se disipó, permitiéndome así ver la razón por la que mi maestra era llamada "La princesa babosa": Una pequeña babosa de tonalidades blancas y azules yacía en el escritorio donde anteriormente Tsunade-shishou había apoyado su mano.

– ¿Me ha llamado, Tsunade-sama? –una voz suave y femenina se escuchó de parte de la babosa.

– Si, Katsuyu… Déjame presentarte a mi aprendiz, Haruno Sakura. –contestó la Hokage haciendo un gesto en mi dirección.

Las pequeñas antenas de la babosa, Katsuyu según la había nombrado mi maestra, voltearon en mi dirección, por lo que pude asumir que la pequeña criatura me estaba observando.

– Es un gusto conocerla, Sakura-sama.

No pude evitar sentirme un tanto extraño al escuchar el honorífico agregado en mi nombre… Nunca nadie me había tratado con tanto respeto y amabilidad.

– Esta es solo una pequeña parte de la verdadera forma de Katsuyu. –comenzó a explicar Tsunade sin darme tiempo para saludar debidamente a la invocación. – Katsuyu tiene la habilidad de dividirse en muchas partes, variando su tamaño.

– Eso suena impresionante. –comenté con asombro.

Pensar que la pequeña babosa frente a mi solo era una mínima parte de algo mucho mayor…

– No es tan impresionante como las habilidades de otras invocaciones, Sakura-sama… –murmuró apenada Katsuyu. Sus antenas entonces voltearon en dirección a Tsunade. – ¿Debo suponer que mi presencia aquí es porque Sakura-sama está aprendiendo la técnica de invocación, Tsunade-sama? –preguntó cuidadosamente.

– Así es… Me gustaría que le permitieses a Sakura firmar el contrato… –dijo Tsunade cruzándose de brazos.

Katsuyu se mantuvo en silencio por varios segundos antes de hacer aparecer frente a ella un gran pergamino. Lentamente Katsuyu comenzó a explicarme lo que debía hacer mientras que Tsunade la ayudaba a desenrollar el pergamino.

Tomé un par de respiraciones profundas antes de obedecer las indicaciones que me habían dado. Mordí el pulgar de mi mano izquierda, haciendo una pequeña mueca de dolor cuando sentí que la piel comenzaba a desgarrarse y la sangre comenzaba a filtrarse por la herida que había ocasionado.

Delicadamente comencé a pasar mi pulgar ensangrentado por el papel del pergamino, escribiendo con mi propia sangre mi nombre. Una vez que terminé, volví a repetir el proceso y mordí las yemas de los dedos restantes en mi mano derecha, luego los posé con una ligera presión sobre el papel, dejando que la sangre hiciese una pequeña impresión de mis huellas dactilares.

Una vez finalicé el proceso, aparté mi mano. Limpié la sangre de mis dedos y dejé que una pequeña cantidad de chakra curativo comenzase a filtrarse a través de mi piel, cerrando mis heridas.

– El contrato está hecho. Cuando necesite mi ayuda, no dudaré en venir, Sakura-sama. –dijo firme Katsuyu antes de desaparecer en una nube de humo junto al pergamino. Mi vista se dirigió entonces hacia Tsunade-shishou esperando que dijese o hiciese algo.

– Bien… –comenzó ella dándose la vuelta para sentarse en el pequeño sofá que había en la habitación. – Eso es todo por la lección de hoy.

– ¿¡Q-Qué!? ¿S-Solo eso? –pregunté consternada. Había esperado aprender mucho más el día de hoy.

– Es suficiente para una lección. Además, recuerda que aún tienes que memorizar todas las técnicas de la biblioteca y hacer tu rutina de ejercicio diaria. –espetó Tsunade cruzándose de brazos, lucía ligeramente molesta por mis quejas. – No voy a enseñarte nada más por hoy, así que nada de quejas.

– Entiendo… Entonces es mejor que me retiré. –dije para luego hacer una pequeña reverencia y darme la vuelta dispuesta a marcharme.

– Antes de que te vayas. –habló Tsunade haciendo que me detuviese. – Hay un favor que necesito pedirte…

– ¿Un favor? –repetí intrigada volteándome nuevamente para encararla.

Ella asintió en respuesta.

– En mi escritorio en mi oficina hay un sobre grande, marrón, con el símbolo del clan Hyuuga en él. Sería de gran ayuda para mi si se lo entregases personalmente al líder del clan, Hyuuga Hiashi.

Mi cuerpo se tensó notablemente al escuchar la solicitud de Tsunade-shishou.

¿Entregarle personalmente un sobre al líder del clan Hyuuga? ¿Yo? ¿La chica más odiada de toda la aldea en el complejo de uno de los clanes ninjas más poderosos y estrictos? ¿Por qué la Hokage me pediría tal tarea a mí? ¿No sería más apropiado que Shizune o la mismísima Tsunade se encargase de hacerlo?

No, en definitiva no podía imaginarme a mi misma acercándome a la casa de los Hyuuga. De solo pensarlo, la imagen de una enojada Hinata y Neji aparecía en mi mente. Hiashi Hyuuga debía estar al tanto del odio que su hija me profesaba, y no esperaba que actuase de forma neutral en este asunto.

– ¿E-Está segura que quiere que yo me encargue de eso? –pregunté nerviosa.

Tsunade pareció notar mi incomodidad, pues inmediatamente se puso de pie y caminó hasta quedar cara a cara frente a mí. Colocó una mano sobre mi hombro y me miró con una seriedad tal que me dejó sin palabras.

– Se lo que estás pensando… Pero creo que esta es una buena oportunidad para que te enfrentes a todo eso. Lo has estado haciendo bien hasta el momento, ignorando los comentarios de esos idiotas… pero esta es tu oportunidad para mantener tu cabeza en alto y decir "no me importa lo que pienses de mí, voy a hacer mi trabajo y no puedes detenerme". –habló con firmeza. A medida que sus palabras salían de su boca, una sensación cálida invadía mi pecho y las lágrimas comenzaban a avecinarse en mis ojos, amenazando con derramarse. – Además… –agregó. – Considera esta clase de tareas como mi forma de presentarte como mi alumna ante los líderes de los clanes shinobi.

– ¿Eso quiere decir que me dará más trabajos similares? –inquirí sorprendida.

– Por supuesto que sí, eres mi aprendiz. –rió ella. – Ahora ve, o se te hará tarde para tus estudios.

Una pequeña sonrisa se dibujó en mi rostro y asentí.

Tras realizar una pequeña reverencia salí de la habitación lista para cumplir con el deber que me había encomendado mi maestra.

"Esta era una nueva oportunidad para mostrarles a los demás que no me iban a derribar"