Sakura POV

– ¿Por qué acepté hacer esto? –lloriqueé en un pequeño murmuro mientras veía las puertas del complejo Hyuuga frente a mí.

Había estado tan convencida al escuchar a Tsunade, pero… Ahora que finalmente me encontraba aquí, no podía evitar que una sensación de nervios y temor me invadiera… ¿Y si Hinata y Neji estaban aquí? ¿Y si al jefe del clan le molestaba que hubiese venido en lugar de shishou?

Muchas dudas se arremolinaban en mi mente haciéndome flaquear, haciendo que incluso considerara la idea de dar la vuelta y marcharme.

– Pero no puedo irme ahora… Ya estoy aquí, además Tsunade-shishou estaría decepcionada de mi si no hago esto. –murmuré pensativa.

Tomé un par de respiraciones para calmar mis nervios y enderecé mi postura, lista para afrontar el deber que mi maestra me había encomendado.

– ¿Quién eres tú?

Un pequeño chillido escapó de mis labios y rápidamente me volteé sobresaltada para ver a la persona que había hablado.

Todo color escapó de mi rostro al notar de quién se trataba: La hereda Hyuuga, la hermanita menor de Hinata, Hanabi Hyuuga, quien me observaba con una mirada seria, lista para atacarme si me consideraba una amenaza.

– ¿Y bien? –inquirió esperando que respondiera a su anterior pregunta.

Me apresuré a recobrar la compostura y aclarar mi garganta tratando de lucir un poco más calmada, a pesar del notable sonrojo en mis mejillas, que demostraba lo avergonzada que me sentía por mi "pequeño susto" anterior.

– Haruno Sakura, Hyuuga-san… –dije a modo de respuesta mientras realizaba una pequeña reverencia respetuosa.

– Eres la chica que mi hermana odia… –comentó. Lo decía con tanta simpleza como si no tuviese importancia alguna. – ¿Qué haces aquí? –preguntó.

– Hokage-sama me pidió que le entregara este sobre al líder del clan Hyuuga. –respondí mostrando el sobre marrón que llevaba entre mis manos.

– ¿Por qué la Hokage te pediría tal tarea? –indagó alzando una ceja inquisitiva.

– Soy discípula de Hokage-sama…

Tan pronto como pronuncie esas palabras pude ver como los ojos de Hanabi se entrecerraban, como si estuviese buscando algún rastro de mentira en lo que había dicho. Se mantuvo por varios segundos así en los que yo no sabía si hacer o decir algo, sintiéndome bastante incómoda al respecto.

Finalmente pareció dejar a un lado sus sospechas y comenzó a caminar hacia mí, o bueno… probablemente solo estaba planeando entrar a su casa…

Me sorprendí cuando se detuvo a mi lado y me observó.

– Sígueme. –dijo sin más antes de retomar su camino.

– ¿E-Eh? –fue todo lo que atiné a decir. Estaba confundida, lo cual pareció irritarle a Hanabi.

– Te llevaré donde está mi padre. –dijo mordazmente sin voltearse a verme.

No queriendo hacerla enojar más, me apresuré a seguirla al interior del complejo Hyuuga.

Nos mantuvimos en silencio mientras avanzábamos por los amplios pasillos hasta llegar a una habitación que parecía ser una especie de estudio de trabajo. En el centro de la habitación, sentado frente a una pequeña mesa, escribiendo delicadamente unos archivos, se encontraba el líder clan, Hyuuga Hiashi.

– He vuelto, otou-san. –habló Hanabi haciendo notar su presencia en la habitación.

El patriarca del clan Hyuuga levantó la mirada momentáneamente de sus papeles para observar a su hija.

– Ah, Hanabi, y… ¿Quién es esta persona que te acompaña? –preguntó posando su vista sobre mí.

– Haruno Sakura, aprendiz de Tsunade-sama. –me presenté haciendo una respetuosa reverencia.

Pude notar como una expresión de interés dibujarse en su rostro al oír mi presentación. Su mirada volvió a dirigirse a su hija menor.

– Asumo que querrás volver a tu cuarto y descansar ¿Serías tan amable de decirle a la sirvienta que prepare algo de té para mi y para Haruno-san? –preguntó tomándome por sorpresa ¿Acaso esperaba que me quedara a tomar el té con él? ¿Por qué?

– Hai, otou-san. –respondió respetuosa. Me dirigió una mirada rápida antes de marcharse de la habitación, dejándonos a solas.

– Espero que no te moleste acompañarme con un té. –dijo el Hyuuga casualmente mientras volvía su vista a los papeles frente a él.

– No es una molestia, sin embargo… Debo admitir que su oferta me ha tomado por sorpresa. –hablé tratando de sonar lo más calmada y respetuosa posible. Se sentía extraño actuar de esta forma, pero no podía comportarme distinto, después de todo, me encontraba frente a un líder de clan.

– ¿Eso es así? ¿Por qué? –inquirió Hiashi mientras hacía un gesto indicándome que me sentase frente a él.

Con algo de duda obedecí.

Creo que nunca antes había adoptado una postura tan… pulcra. Mi espada estaba tan recta como una tabla que incluso resultaba doloroso; Mi mentón estaba en alto, haciendo lucir mi cuello aún más largo de lo usual; Mis hombros estaban bajos y relajados, pero firmes y manteniendo la postura; Mis manos suavemente posadas sobre mi regazo, aún sosteniendo el sobre que se me había encomendado entregar.

– Bueno… Solo he venido a cumplir con un deber que me encomendó mi maestra, no pensé que Hyuuga-sama querría la compañía de alguien como yo. –contesté.

– Por favor, "Hiashi-san" está bien. –dijo refiriéndose a la forma en la que me había referido a él. – ¿Y por qué dices eso? Hablas como si fueses alguna especie de plaga.

Suspiré.

– No creo que usted sea ajeno a la forma en que su primogénita y el resto de la aldea piensan de mí. No soy particularmente una persona querida. –respondí desviando la mirada. No era un asunto con el que me sintiese particularmente cómoda.

– Es cierto, no soy ajeno a ello… –estuvo de acuerdo el Hyuuga. – Sin embargo, sería inapropiado para un líder de clan dejarse llevar por los chismeríos que el pueblo inventa.

– ¿Incluso si su hija comparte ese "chismerío"? –pregunté arrepintiéndome casi al instante que las palabras salieron de mi boca.

La pregunta había salido de mis labios involuntariamente, y sonaba como si estuviese intentando desafiar de alguna forma al hombre frente a mí. Podría llegar a tomarlo como una falta de respeto de mi parte.

Sin embargo, para mi gran sorpresa, Hiashi no se mostró molesto ante mi ofensa, por el contrario, dejó escapar una pequeña y varonil risa.

– Hinata solo está dolida por la partida de su interés amoroso. No sabe como afrontar sus sentimientos y terminó uniéndose al movimiento colectivo, pensando que así podría calmar su corazón. –contestó. – Lo mismo pasa con los habitantes de la aldea… No saben como afrontar lo que sucedió, y les es más fácil echarle la culpa a una sola persona que intentar pensar en lo que pasó de forma objetiva. Lo cierto es que nada aquí es tu culpa.

Mi corazón latió rápidamente al escuchar sus palabras. Era la primera persona después de mis padres y Tsunade que pensaba de esa forma.

– Me alivia saber que usted piensa así… –dije de forma honesta. – Últimamente es realmente difícil para mi encontrar a alguien que no me odie y me desee la muerte. Ahora, creo que me he desviado mucho del motivo que me trajo aquí en primer lugar. Hiashi-san, mi maestra me ha pedido que le traiga este sobre. –expliqué para luego hacerle entrega del mencionado sobre.

Su mirada se tornó ligeramente seria mientras aceptaba el objeto. Observé atentamente mientras abría el sobre y examinaba el contenido del mismo, sintiéndome un tanto curiosa acerca de qué se trataba. Cuando terminó de examinarlo, volvió a cerrar el sobre y lo dejó a un lado sobre la pila de papeles que había.

– Dile a tu maestra que tendrá una respuesta en breve. –dijo él provocándome aún más curiosidad al respeto. Sin embargo, no iba a preguntar. Comprendía que era un asunto confidencial. Si shishou hubiese querido que supiera al respecto, me lo habría dicho antes de que abandonara su oficina.

– Se lo haré saber. Habiendo cumplido con mi tarea, creo que será mejor que lo deje ahora, Hiashi-san, no quiero distraerlo de sus deberes. –dije haciendo un gesto hacia la pila de papeles.

– ¿Planeas irte? Pero aún no hemos tomado el té.

Casi como si sus palabras fuesen una especie de invocación, tan pronto como las pronunció, la puerta detrás de mi se abrió revelando a un sirviente que llevaba entre sus manos una bandeja con dos tazas y una tetera, además de algunos bocadillos.

– Con permiso, Hiashi-sama, he traído el té que solicito. –dijo el sirviente mientras se acercaba a la mesa.

Con una delicadeza admirable, dejó las tazas sobre la mesa, una frente a mi y la otra frente a Hiashi, y entremedio de ambas dejó los bocadillos. Seguidamente comenzó a servir el té.

– Muchas gracias, Kenta. Puedes retirarte ahora. –le indició el patriarca Hyuuga.

El joven sirviente hizo una reverencia en señal de respeto antes de abandonar la habitación, dejándonos nuevamente solos.

– Adelante, puedes comer sin pena. –me dijo Hiashi antes de tomar su propia taza y comenzar a beber.

– Gracias… –murmuré.

Con cuidado tomé la taza entre mis manos, soplé suavemente el líquido caliente para que no me quemase la lengua, y finalmente tomé un trago de la infusión.

– Cuéntame sobre tu entrenamiento. –pidió Hiashi tomándome un poco por sorpresa. Que no pensase igual que los demás era una cosa, pero que además mostrase interés en mi… Estaba totalmente confundida ¿Qué esperaba de mí?

– ¿Mi entrenamiento? –repetí ladeando la cabeza ligeramente. El asintió en respuesta. – Bueno… Tan solo llevo dos meses desde que comencé a entrenar con Tsunade-sama… Pero, siento que he logrado mejorar notablemente. Aunque… Probablemente suene muy feo lo que diré, pero creo que mi progreso es solo por contraste… Mi anterior sensei no me dedicaba mucha atención y mis compañeros me sobreprotegían, no aprendía nada ni tenía oportunidad de probarme a mi misma. Con Tsunade-sama todo es distinto… por eso creo que, si mi antiguo sensei hubiese tenido la misma actitud que shishou… probablemente todo lo que mejoré en estos dos meses, lo hubiese logrado mucho tiempo antes.

– Entiendo… Tu antiguo maestro era Hatake Kakashi, si no me equivoco. –murmuró Hiashi. Yo me limité a asentir indicándole que estaba en lo correcto, antes de darle otro sorbo a mi té. – No puedo decir que estoy impresionado… –comentó. – De lo que puedo recordar, Hatake-san siempre fue un prodigio, y su experiencia con un equipo fue muy breve… Ambos compañeros que tuvo en sus días de gennin murieron, luego de eso fue ascendido muy rápidamente, incluso llegando a ser un Anbu. Está acostumbrado a trabajar con gente que pueda igualar sus habilidades.

– Y con Naruto y Sasuke como estudiantes… ¿Quién querría entrenar a una niña hija de civiles? –suspiré. Mis manos se apretaron alrededor de la taza.

– Tsunade quiso. –respondió Hiashi. Mis ojos se abrieron con sorpresa, y mi mirada se fijó sobre él no sabiendo que responder. – Y sé de otros que también desean ayudar en tu entrenamiento…

– ¿E-Eh?

– Seré honesto contigo… Hace una semana Tsunade se reunió conmigo y con otros líderes de clan. Entre los temas que discutimos, ella nos reveló que te había tomado como su aprendiz, y nos comentó su intención de entrenarte en todos los sentidos… –dijo serio dejando su raza a un lado y cruzándose de brazos.

– No comprendo… –murmuré confundida.

– Tsunade espera que, en el futuro, cuando estés lista, tú tomes su lugar.

¿¡Q-Qué!?

¿Había escuchado bien? ¿Realmente acaba de decir que Tsunade espera que yo me convierta en la próxima Hokage? No importa cuantas veces lo repitiera en mi mente, sonaba completamente surreal.

Había aceptado entrenar con Tsunade para superarme a mi misma y probarle a los demás lo equivocados que estaban. Jamás se me había cruzado por la mente alcanzar un puesto tan alto e importante como el de Hokage. No creía que fuese un puesto para mí, además… Ese era el sueño de Naruto.

– L-Lo siento… Creo que lo escuché mal. –reí nerviosa. – Creo haber escuchado que usted dijo que Tsunade-sama quiere que yo sea su sucesora, pero… eso es una locura.

Pude ver como Hiashi arqueaba una ceja ante mi reacción.

– Sigues pensando tan bajo de ti… –lo oí murmurar. – No has escuchado mal. Esas son las intenciones de Tsunade.

Al escuchar la afirmación, enmudecí.

Mi mente estaba llena de tantas dudas ante esta nueva revelación ¿Yo como Hokage? Estaba segura que había un millón de candidatos mejores que yo aspirando al puesto, además… todos en la aldea me odiaban ¿Cómo esperaba Tsunade que dirigiese un pueblo que me odiaba? Probablemente en mi primera semana tendría un levantamiento de gente intentando echarme, sin contar la cantidad de gente que desertaría la aldea.

¿Qué es lo que está pensando Tsunade-shishou? Sin duda no soy la persona para el puesto de Hokage ¿Por qué cree que sí? ¿Y por qué se lo ha hecho saber a los líderes de clanes?

– Entiendo que sea una noticia difícil de digerir. –habló el patriarca Hyuuga sacándome de mis pensamientos. – A nosotros también nos tomó por sorpresa cuando reveló sus intenciones.

– ¿Por qué se los dijo a ustedes? –me atreví a preguntar. – Si se los dijo es que espera que ustedes hagan algo… ¿O me equivoco?

– No, no te equivocas. –contestó Hiashi serio cerrando sus ojos. – Tsunade quiere que ayudemos en tu entrenamiento.

– ¿Ayudar en mi entrenamiento? –repetí sorprendida.

– No todos estuvieron de acuerdo. Algunos se negaron… Pero los que estuvimos de acuerdo, aceptamos ayudar para encaminarte de la mejor forma. El que Tsunade te haya pedido que me entregues este sobre, solo fue una excusa para que pudiésemos conocernos antes de que tu entrenamiento comience… Puedes esperar que durante la semana te pida tareas similares, para que te encuentres con los demás líderes de clanes que han aceptado ser tus mentores. –explicó.

Me mordí el labio.

Era demasiada información nueva para digerir. No sabía qué hacer.

– Pero… ¿Seguiré entrenando con Tsunade-shishou? –pregunté dudosa.

– Por supuesto. Puedes considerar esto como "lecciones extra", pero tu entrenamiento con Tsunade seguirá. –respondió él. Suspiré aliviada al escucharlo.

– ¿Y qué es lo que usted me enseñará? –pregunté.

– Te veré una vez a la semana, luego de tus lecciones con Tsunade. Te ayudaré a perfeccionar tu control de chakra y expandir tus reservas, además de mejorar tu Taijutsu. También, te disciplinaré en el arte de la diplomacia. Empezarás tus lecciones una vez que te hayas reunido con los demás jefes de clanes ¿Quedó claro?

– Hai, Hiashi-sensei…

Un par de semanas habían transcurrido desde entonces. Ya casi se cumplía un mes más desde que había comenzado mi entrenamiento.

Tal y como Hiashi lo había indicado, los días siguientes a nuestra reunión, Tsunade-shishou me asignó deberes que dieron como resultado mi encuentro con el resto de los líderes de clan que me entrenarían. En total eran cuatro los líderes que habían aceptado ayudarme: Nara Shikaku, del clan Nara; Inuzuka Tsume, del clan Inuzuka; Yamanaka Inoichi, del clan Yamanaka; Y Hyuuga Hiashi, del clan Hyuuga.

Desde que empecé a entrenar con ellos, mi entrenamiento parecía haberse vuelto mucho más exigente, y no me malentiendan… Estaba feliz de tener a tanta gente ayudándome, y ver como mi esfuerzo brindaba frutos, pero… Sentía que mi cuerpo no aguantaría mucho más, y en cualquier momento podría colapsar, física y mentalmente.

Hiashi era un maestro realmente exigente, no se contentaba con nada más que la perfección. Si antes había pensado que el entrenamiento de Taijutsu con Tsunade era extenuante, sin duda ahora me retractaba. No se comparaba en nada al entrenamiento con el patriarca Hyuuga. Y allí no se detenía la cosa: Una vez que me encontraba exhausta por las largas horas de combate, tenía que aguantar otras horas más aprendiendo sobre los distintos aspectos de la diplomacia. Había sido un milagro que no haya caído dormida en una de sus clases.

Luego me tocaban lecciones con Nara Shikaku. El era mi maestro de "estrategia". Me era realmente difícil seguirle el ritmo a sus clases. Siempre había sido una persona de acatar órdenes, nunca me había visto en la necesidad de ser yo quien ideara los planes de ataque. Sin embargo, Tsunade-shishou había argumentado que era un punto fundamental que necesitaba reforzar, sobre todo considerando que había elegido ser una shinobi que trabajaría en solitario.

El día siguiente me tocarían lecciones con Inuzuka Tsume. Ella y su hija, Inuzuka Hana, me estaban entrenando para usar mis sentidos. "No siempre podrás confiar en tu vista. Tienes que aprender a usar todos tus sentidos" era lo que ambas me habían dicho.

Finalmente me tocarían lecciones con Yamanaka Inoichi. Sin duda, era la clase que más me aterraba. Como discípula de Tsunade era esperarse que estuviese en la vista de muchos enemigos, que intentasen llegar a mi para obtener secretos de la aldea, por ende, Inoichi, junto con Morino Ibiki y Mitarashi Anko, me estaban entrenando para poder resistir torturas, y poner barreras en mi mente, de esta forma, aunque fuese capturada, ninguna información sería revelada.

Y como si esto fuese poco, Tsunade-shishou había decidido intensificar mi entrenamiento con ella, aumentando mi rutina de ejercicios, agregándome más contenido para aprender, y enseñándome una nueva técnica: el Byakugou no In.

Básicamente consistía en reunir chakra en un punto específico por un tiempo prolongado de tiempo. Cuando el tiempo estipulado transcurriese, un sello aparecería en mi frente, como el que tenía Tsunade-shishou. Solo aquellos que tenían un perfecto control de chakra eran capaces de lograr esta técnica, era esta la razón por la cual la Hokage había considerado apropiado traspasarme dicha técnica.

No era difícil, el problema era que mi nivel de chakra era considerablemente bajo en comparación a otros shinobis, por lo que quedaba realmente exhausta y débil luego de las largas sensaciones de redirigir mi chakra.

Todo en conjunto era demasiado para mí. Hasta el momento había conseguido mantenerme estable gracias a las horas de sueño y la cuidada alimentación que llevaba, pero… aún así… estaba segura de que en cualquier momento colapsaría por la fatiga.

Actualmente me encontraba caminando de regreso a mi casa luego de haber finalizado mis lecciones con Hiashi-san. Era bastante tarde en la noche. Aún había algunas personas rondando por las calles de Konoha, pero la mayoría ya habían regresado a sus hogares.

Aún me faltaban un par de cuadras para llegar a mi casa, cuando de pronto sentí una presencia que me seguía. Inmediatamente apresuré mi paso. Tenía un mal presentimiento.

Sea quien sea la persona detrás de mí, no dejaba de seguirme, por lo que decidí tomar un giro para despistarlo. Sin darme cuenta terminé llegando a un callejón sin salida.

– Maldición… –mascullé. No tenía energías como para intentar moverme por los techos.

– ¿Intentando huir? –una voz masculina susurro cerca de mi oído. El cálido aliento rozando la piel de mi cuello me hizo estremecer.

Rápidamente, trastabillándome, me di la vuelta y retrocedí un par de pasos intentando poner distancia ¿En qué momento se había acercado tanto?

– ¿K-Kiba? –miré sorprendida a la figura que se imponía frente a mí. – ¿Qué rayos quieres? –pregunté recobrando la compostura.

– Supimos que empezaste a entrenar con algunas de nuestras familias… Los demás no están contentos, en especial Hinata e Ino. –habló casualmente, pero había algo en su mirada que hacía que se me pusiera la piel de gallina. – Todos están de acuerdo en que hay que darte una lección. –fruncí el ceño al escucharlo.

– ¿Planeas atacarme? –pregunté alzando inquisitivamente una de mis cejas. – Sabes que solo obtendrás problemas si lo haces…

Una burlesca risa escapó de sus labios.

– Te la tienes muy creída ahora que eres la aprendiz de Hokage-sama. –en un abrir y cerrar de ojos me estampó contra la pared más cercana, bloqueando con su cuerpo toda salida posible.

Un quejido escapó de mis labios cuando mi espalda impactó la dura pared de concreto. Mis ojos se fijaron con temor sobre el chico frente a mí, sintiéndome más y más nerviosa y asustada. Deseaba tanto apartarlo e irme a casa, pero no había caso… Mi cuerpo estaba demasiado agotado por el entrenamiento, que cualquier golpe que intentase dar parecería una simple caricia.

Kiba esbozó una sonrisa mezquina al notar mi impotencia. Parecía divertido con lo que estaba sucediendo.

Fueron sus siguientes palabras las siguientes palabras que pronunció las que hicieron que finalmente se me helara la sangre y comenzara a temblar de miedo.

– Voy a ponerte en tu lugar, pu-ti-ta.