Autora POV
Había que ser un tonto para no notar que Senju Tsunade estaba enfadada: Sus dedos tamborileaban nerviosamente, haciendo ruido cuando sus uñas impactaban contra la madera del escritorio. Su mano libre estaba cerrada en puño tan apretado que la piel de su palma era cortada por las uñas que se clavaban con fuerza en estas. Su entrecejo estaba fruncido, su boca esbozaba una mueca de enojo, su mirada demostraba fiereza mientras observaba fijamente al grupo de jóvenes parados en medio de su oficina.
A cada lado de su escritorio los sensei de los jóvenes y los líderes de clanes yacían de pie, todos con posturas impecables mientras que, de igual forma, observaban al grupo de adolescentes.
En cuanto a los jóvenes gennins, sus expresiones eran bastante variadas. Iban desde la mismísima duda y nerviosismo, hasta el desinterés puro. Ninguno de ellos sabía exactamente por qué habían sido citados a la oficina de la Hokage. Era evidente para ellos el enojo de la rubia, pero no eran conscientes del por qué, o qué tenían que ver ellos en toda esta situación.
– ¿Por qué nos ha llamado, Hokage-sama? –había sido Shikamaru el valiente que se había atrevido a hablar, pero tan pronto como la pregunta abandonó sus labios, se arrepintió profundamente haber pronunciado palabra.
El chakra de la sannin comenzó a fluir violentamente mientras que de un simple golpe hacía añicos su propio escritorio. Si alguien había tenido intenciones de hablar, ahora había quedado cohibido por las acciones de la imponente mujer.
– He soportado sus idioteces. A pesar de que sabía lo que hacían me he cayado la boca y los he dejado actuar, esperando que se dieran cuenta de sus errores y recapacitaran… Pero hoy, hoy han cruzado la línea. –gruñó la Hokage poniéndose de pie.
– ¿A q-qué se refiere? –preguntó temerosa Ino.
– Muy temprano en la mañana, Haruno Sakura fue ingresada al hospital de la aldea. Los análisis inmediatos demostraron claros signos de que había sido atacada violentamente, y no solo eso… también se demostró que fue abusada sexualmente. Fue violada. –dijo con seriedad la mujer.
Los gennins presentes se pusieron tensos al escuchar las palabras de la Hokage. Pequeños jadeos de horror escaparon de los labios de las chicas al oír la mención de una violación: Podían estar enojadas con la pelirrosa, pero eran consientes de lo grave que era el abuso sexual, las consecuencias que conllevaba.
Por varios minutos ninguno dijo nada, logrando enojar aún más a la Hokage.
– Cuando despertó hace unas pocas horas ella estaba completamente devastada. Cuando se le preguntó si podía decirnos algo acerca de su agresor, ella dijo un nombre bastante claro… ¿Saben qué dijo? Dijo: "Kiba Inuzuka". –las miradas de todos fueron a parar inmediatamente al joven nombrado.
– ¿¡La violaste!? –exclamó asustada Ino.
– Creí que todos estábamos de acuerdo en que ella merecía un castigo. –se excusó el castaño tratando de sonar indiferente a pesar de que estaba completamente aterrado por el enojo de la Hokage.
– ¡Pero en ningún momento te dijimos que la violaras, imbécil! –gruñó Neji acercándose para tomar por el cuello de la chaqueta al Inuzuka. – ¿Qué mierda pasó por tu mente para que pensases que eso era una buena idea?
– ¿¡Ahora me echarán toda la culpa!? –se quejó Kiba mirando con enojo a sus amigos. – No actúen como si la rosita les importara. Todos ustedes la deseaban muerta. Además, es su culpa por vestirse como una zorra.
– ¡Kiba! –lo regañó Tenten.
– ¡Silencio! –gritó Tsunade acallando al grupo de jóvenes. Las miradas de todos se volvieron a posar sobre ella con nerviosismo. – Jamás pensé que shinobis de mi aldea se comportarían así. Atacando tan inmaduramente a un nakama… ¿Saben que lo que han estado haciendo todos ustedes puede ser considerado traición? –espetó con enojo. – Han sido afortunados de que nunca tomé acciones al respecto, porque Sakura me lo pedía. Pero ha sido suficiente, todos ustedes recibirán su castigo por sus acciones…
– ¿C-Castigo? –repitió aterrada Hinata, sintiendo los ojos de su padre clavándose como dagas sobre ella y su primo Neji. No era tonta, sabía que su padre estaba completamente furioso.
– Realmente debería expulsarlos de la aldea, o incluso ordenar su ejecución por lo que han hecho. Agradezcan que Sakura estaba en contra de que hiciese algo como eso. –murmuró la Hokage mientras dejaba escapar una risa amarga. – Aún a pesar de todo el daño que le han hecho, ella sigue cuidando de ustedes… Realmente son unos malagradecidos. Pero al grano… Hasta nuevo aviso se les prohíbe salir de la aldea. Tendrán que reportarse todos los días aquí para cumplir con un servicio comunitario ¿Quedó claro?
– ¿¡Qué!? –exclamó Chouji dejando caer su bolsa de frituras. – Pero yo no he hecho nada, son ellos los que siempre hablaban de molestar a Sakura. –se quejó mientras señalaba a sus compañeros de equipo y al resto.
– ¡Digo lo mismo! –espetó Rock Lee. – Jamás sería tan poco hombre para hacerle algo malo a la hermosa Sakura-san.
Tsunade alzó una ceja inquisitiva ante las protestas de ambos shinobis.
– El tiempo de su sanción será menor, pero aún así deben cumplir con ella. Piénsenlo de este modo: Ninguno de los dos movió un dedo para detener al resto a pesar de que sabían que estaban obrando mal. –contestó con simpleza la rubia para luego posar su mirada en Kiba. – En cuanto a ti… Inuzuka Kiba, como castigo adicional se te prohíbe participar en los próximos exámenes chunnin. También, le he dado vía libre a tu clan para darte una sanción mayor si ellos lo creen necesario.
– ¿¡Qué!? –exclamó con una mezcla de horror y enfado el castaño. – ¡No puede estar hablando en serio!
– Oh, estoy hablando muy en serio. Tu te mereces el peor de los castigos y aún así la sanción que te estoy dando es nada. Así que deja de protestar como un niño pequeño y asume las consecuencias de tus acciones.
– ¡Yo no hice nada malo! –se quejó el castaño.
– ¿Nada malo? ¡Violaste a una chica inocente! –exclamó Tsume tomando la palabra por primera vez desde que había llegado a esa oficina. Estaba harta de ver como su hijo se comportaba de esa forma ¿En qué momento se había convertido en esa persona? Estaba segura de haberlo criado bien ¿En qué falló? – ¿No sabes siquiera las consecuencias de lo que hiciste? Esa chica tendrá que vivir su vida entera con lo que le has hecho.
El castaño observó incrédulo a su progenitora ¿Realmente estaba defendiendo a esa perra pelirrosa? ¿Realmente su madre se había puesto en su contra? El solo pensarlo hacía que la ira burbujeara en su interior ¿Por qué de pronto todos lo tachaban como el villano de la historia? ¡El no había hecho absolutamente nada!
– Cumplirás con las ordenes de la Hokage, cuando lleguemos a casa discutiremos el castigo de parte de clan, y eso es todo. –sentenció Tsume cruzándose de brazos.
Kiba estaba dispuesto a seguir reclamando, pero al sentir la fuerte aura de la Hokage decidió quedarse callado. Sin duda, no estaba nada contento con la situación.
Sakura POV
El constante sonido de las agujas del reloj y el gotero me volverían loca en cualquier instante… ¿Cuántas horas habían pasado ya? ¿Cuántas horas en las que no había hecho nada más que mirar al techo de la habitación intentando olvidarme de todo lo que había sucedido?
Deseaba fuertemente que todo fuese una simple pesadilla. Cerrar mis ojos y que al volverlos a abrir estuviese en mi casa, tal y como había planeado hace varias horas atrás antes del ataque. Pero por más que lo deseara, las memorias de lo ocurrido seguían tan frescas en mi mente y cuerpo, atormentándome constantemente.
Y si el simple hecho de lo vivido no fuese suficiente, las palabras de las enfermeras resonaban en mi mente haciéndome aún más nerviosa de lo que ya estaba.
Tan pronto como Tsunade y los demás líderes de clanes habían abandonado mi habitación, varias enfermeras habían ingresado a la habitación para revisar mi estado, cambiar mis vendajes, preguntarme si estaba cómoda o si necesitaba algo. Luego comenzaron a explicarme de las posibles consecuencias de mi situación.
Mi sangre se heló completamente cuando la palabra "embarazo" fue mencionada.
¿Podría quedar embarazada? No, no, y no. La idea simplemente me aterraba. Era bastante joven como para ser madre, no estaba para nada lista como para tomar tal responsabilidad. Sin contar en que un embarazo a mi edad degradaría mucho más mi imagen de lo que ya estaba ¿Qué pensarían mis padres al respecto? ¿Qué pasaría con mi entrenamiento? Por dios… si me convertía en madre ahora, todo por lo que había estado luchando en los últimos meses se volvería en vano. Sería imposible continuar con mi entrenamiento estando embarazada, y una vez que naciese el bebé tendría que focalizar mi atención en esa criatura, no habría espacio para una vida ninja, y no estaba dispuesta a que esto pasase.
La sola idea de pensar en que tendría que renunciar hacía que las lágrimas se acumulasen en mis ojos y un nudo se formase en mi garganta. Deseaba tan desesperadamente, les rezaba a todos los santos que conocía, porque la posibilidad del embarazo no fuese real.
– Hey… Estás muy pensativa… –la suave voz de Hana se hizo presente desde la puerta de la habitación. Mi mirada se dirigió instantáneamente a ella. – ¿Puedo pasar?
– No tienes que preguntar, eres bienvenida… –murmuré con voz ronca. Mi garganta ardía cada vez que tragaba. Todo era el resultado de los gritos de auxilio que había soltado cuando… bueno… paso lo que pasó.
Hana esbozó una sonrisa cálida antes de dar un par de pasos para entrar, cerrando la puerta detrás de ella, y luego dirigirse a la pequeña silla que estaba al lado de mi cama.
– ¿Cómo te sientes…? –preguntó. Podía detectar un deje de duda en su voz, como si no estuviese segura de hacer la pregunta.
– Realmente no sé como responder a eso… –contesté con un suspiro.
– Oí que exteriorizar tus sentimientos a veces puede ser el primer paso para la recuperación… No tienes que hablar ahora si no quieres… Pero sabes que soy todo oídos si necesitas hablar con alguien. –dijo con calma. – Lo que te hizo mi hermano… Sakura, no sabes cuánto lo siento… Siempre fue un idiota, pero jamás pensé que sería capaz de algo tan horrible.
– Está bien… Hana… –murmuré cerrando mis ojos. El simple hecho de nombrar al castaño me ponía los nervios de punta. – Preferiría no tocar el tema ahora…
– Lo siento…
– No te disculpes… Sé que quieres ayudarme, solo… necesito tiempo para procesar todo lo que pasó. Estoy realmente aterrada… –dije honesta.
– Es normal… Ninguna mujer espera que le pase lo que te pasó a ti, y que pasé es realmente un choque muy fuerte. –habló la castaña moviendo su brazo para tomar una de mis manos, dándome un confortante apretón. – Cualquiera de las emociones que estés atravesando en este momento, es normal…
– Hace rato, cuando vinieron las enfermeras… Me dijeron de las posibles consecuencias de… de la violación… –me mordí el labio sintiendo como el nudo en mi garganta crecía considerablemente. – Dijeron que podría quedar embarazada… Embarazada… Hana, no quiero ser madre.
Antes de que pudiese darme cuenta había comenzado a llorar, y tan pronto como las primeras lágrimas comenzaron a escurrirse y el primer sollozo escapó de mis labios… Hana se puso de pie, rodeándome con sus brazos, atrapándome en un cariñoso y confortante abrazo.
– Shh… Tranquila… –susurró con un tono sumamente maternal mientras trazaba pequeñas caricias en mi espalda. – Todo está bien, no tienes que pensar en eso ahora…
– P-Pero…
– Te prometo que todo saldrá bien.
A partir de entonces los días pasaron lentamente. Aún no podía abandonar el hospital. Las enfermeras querían mantenerme bajo vigilancia hasta que se confirmase o desechase la idea del embarazo. Además, temían que, si me dejaban ir, intentaría hacerme daño a mí misma por el trauma de la violación.
Alrededor del tercer día la situación comenzó a exasperarme. Cada día que pasaba dentro de esa habitación de hospital era un día de entrenamiento perdido. Mi cuerpo picaba con ansias de salir a realizar mis ejercicios diarios. Incluso temía que, si no lo hacía, todo el trabajo que venía haciendo en los últimos meses se perdería.
Intenté hablar con Tsunade-shishou al respecto. Ella simplemente me regañó, argumentando que estaba loca por siquiera pensar en el entrenamiento en mi situación actual. Sabiendo que sería imposible hacerle pensar lo contrario, olvidé la discusión.
En el quinto día dentro del hospital, decidí que no quería quedarme de brazos cruzados y comencé a meditar, acumulando chakra para el byakugou no in, e intentando expandir mis reservas de chakra. Si esto es lo único que podía hacer de momento, lo tomaría y daría lo mejor de mí.
En el séptimo día, Tsunade se percató de lo que estaba haciendo. Los gritos se escuchaban por todo el hospital mientras ella me regañaba, alegando que era imprudente de mi parte y que debería estar descansando. Sin embargo, a pesar de que realmente había logrado intimidarme con su fuerte aura y sus gritos, dejé clara mi postura de que no me quedaría de brazos cruzados. Ella no parecía realmente contenta con mi respuesta, mas no dijo nada más en contra.
Al día siguiente, Nara Shikaku se presentó en mi habitación del hospital para una lección de estrategia. No hizo falta que lo dijera para que yo lo supiese: Que el estuviese presente en mi cuarto era obra de Tsunade.
En el décimo quinto día, una sensación de alivio me invadió por primera vez en mucho tiempo.
Había esperado que este fuese un día relativamente normal, dentro de lo que se puede esperar siendo una paciente de hospital. Pero cuando abrí los ojos aquella mañana y sentí la incómoda pero familiar humedad entre mis piernas, mi corazón dio un vuelco mientras rápidamente me apresuraba a quitarme las mantas de encima.
Si la situación fuese distinta, el ver aquel color carmín manchando las sábanas me hubiese frustrado bastante. Pero, en mi situación actual, aquella mancha era algo realmente esperanzador…
No estaba embarazada.
