Sakura POV

Dos semanas habían pasado desde que me habían dado el alta del hospital.

Los primeros días habían sido bastante duros para mi. Temía circular libremente por las calles… No es que no lo hubiese intentado, pero el simple hecho de poner un pie fuera de mi casa hacía que un montón de escenarios aterradores comenzara a dibujarse en mi mente.

Me aterraba la idea de que el mismo incidente volviese a ocurrir. Las imágenes de aquella noche aún seguían bastante frescas en mi mente haciéndome temblar de miedo. Temía volver a encontrarme a Kiba o a los demás y que volviesen a asaltarme. Realmente no sabría qué hacer si tuviese que volver a pasar por tan espantosa vivencia.

También temía a las miradas de los habitantes de la aldea. No sabía si la noticia de lo que me había ocurrido se había divulgado o no, pero me aterraba pensar en sus miradas juzgadoras. Sabía bastante bien que las mujeres que sufren abusos sexuales no son bien vistas… Aunque fuésemos meras víctimas, era como si ser ultrajadas nos quitase valor como personas.

Ya tenía una reputación bastante mala, no podría soportar que me viesen aún peor.

Durante todo este tiempo había estado moviéndome utilizando el jutsu de teletransportación. Lo usaba para asistir a mis clases con los líderes de clanes, para ir a la torre Hokage, para ir a los campos de entrenamientos. Incluso ahora que los nervios y el estrés se habían disipado levemente, seguía sin poder moverme con normalidad por la aldea.

Las enfermeras habían afirmado que era normal para una persona en mi condición. La experiencia había sido bastante traumática por lo que tomaría tiempo recuperarme y volver a llevar una vida normal. Pero por más que sabía que era algo normal… no podía evitar sentirme frustrada. Quería simplemente actuar como si nada hubiese pasado, pero tan pronto como intentaba actuar con naturalidad, una pequeña voz en mi cabeza traída de nuevo mis temores.

Dos semanas habían pasado… y no había hecho más que enfocarme en mi entrenamiento para intentar no pensar en lo sucedido.

Creo que podría decirse que estaba teniendo una mejoría en cuanto a mis habilidades como shinobi. Al estar tan centrada en las lecciones, estaba consiguiendo avanzar más rápido que antes.

Hoy nuevamente tenía lecciones con Tsunade-shishou.

Como de costumbre me levanté temprano. No es como si particularmente estuviese buscando levantarme temprano… Últimamente a penas conseguía descansar. En las noches cuando mi cuerpo caía sobre el suave futón, no lograba conciliar el sueño. Pasaba largas horas dando vueltas y vueltas sin poder dormir. Y cuando finalmente lograba caer en brazos de Morfeo, a penas conseguía descansar un par de horas antes de que las pesadillas me trajesen de vuelta al mundo de los vivos. En mi subconsciente, al caer dormida, las imágenes de aquella noche volvían a repetirse más que otras veces…

Veía a Kiba como una gran sombra con ojos rojos malignos que se cernía sobre mí. Sus manos recorrían mi cuerpo, pero en vez de parecer caricias parecía como si me estuviese arañando, infringiéndome un gran dolor. Una risa escalofriante se escuchaba de fondo opacando mis sollozos. Y cuando lo peor estaba por llegar, despertaba gritando en mi cuarto. Me incorporaba violentamente, mi respiración era errática, y mi cuerpo sudaba.

Cuando por fin lograba tranquilizarme, era imposible para mi volver a dormir, por lo que simplemente me mantenía mirando el techo de mi cuarto hasta que el sol comenzaba a aparecer en el horizonte. Me levantaba de la cama, y daba inicio una vez más a mi rutina diaria.

Lavaba mi rostro con agua helada para intentar despejarme y alejar el cansancio. Me ponía mi atuendo de combate el cual había vuelto a cambiar desde el incidente.

Ahora usaba una camiseta roja oscura con el símbolo de mi clan en la espalda, contaba con mangas largas que llegaban hasta mis antebrazos, y un cuello de tortuga; Un pantalón negro de tiro alto el cual era ceñido en la zona de la cintura, pero holgado en las piernas; En mis pies llevaba simples sandalias ninjas de color negro, y mis manos eran cubiertas por guantes de combate del mismo color; Alrededor de mi cintura llevaba mi bolsa con suministros médicos, y en mi pierna derecha llevaba mi bolsa de kunais; Mi cabello lo llevaba recogido en una coleta alta desprolija, con mechones de cabello que caían libremente sobre mi rostro junto a mi flequillo. No llevaba ningún accesorio extra en el cabello, y ahora usaba mi diadema ninja atada alrededor de mi bíceps izquierdo.

El cambio de atuendo me había parecido justo. No solo por el hecho de que Kiba hubiese destrozado mi ropa, sino porque no podía usar prendas similares sin que una pequeña voz en mi mente dijese "Te ves como una puta".

Una vez que terminaba de vestirme, pasaba a ingerir algún pequeño desayuno. No tenía un gran apetito así que este se limitaba a alguna fruta acompañada de té verde.

Al terminar el desayuno aún seguía siendo bastante temprano en la mañana, por lo que me tomaba el tiempo de ordenar la casa. Mis padres aún no habían vuelto de su viaje comercial, por lo que aún tenía que encargarme de las tareas hogareñas… No es como si realmente me importase.

Una vez que el reloj avanzaba y terminaba con mis labores, empezaba con mi entrenamiento del día, teletransportándome al lugar donde tomaría lugar mi clase.

Como había mencionado anteriormente, hoy me tocaban lecciones con Tsunade-shishou, por lo que ahora me encontraba frente a su oficina. Suavemente toqué la puerta y esperé hasta que ella me indicó que entrara.

Al entrar a la oficina, pude sentir que había algo distinto el día de hoy…

No era la disposición de los muebles, ni la cantidad de papeles que se acumulaban en forma de montañas. No… Se trataba del aura que rodeaba a la Hokage… Era distinta hoy. Estaba callada, demasiado para mi gusto. Lucía seria y pensativa, como si algo estuviese carcomiéndole la cabeza.

– Buenos días, shishou. –la saludé de la misma forma que lo hacía siempre. – Estoy lista para comenzar con mi entrenamiento… ¿Qué es lo que haremos hoy? –pregunté de forma educada.

Se mantuvo en silencio por breves segundos antes de negar con la cabeza.

– Hoy no haremos nada. –declaró con una calma bastante inusual en ella. – Por favor siéntate… Hay algo que quiero hablar contigo. –dijo mientras hacía un gesto hacia el pequeño sofá que había en un rincón de la oficina.

Me sentía bastante extrañada por la situación, pero no sabiendo el fuerte temperamento que ella poseía, no quise hacerla esperar y rápidamente obedecí tomando asiento. Ella se puso de pie y se encaminó hacia donde me encontraba para sentarse a mi lado.

– Sakura… A raíz de lo que ha pasado semanas atrás estuve debatiendo con tus mentores y las enfermeras acerca de lo que sería bueno para ti… –comenzó a hablar. Parecía dudar bastante de cada una de sus palabras, como si estuviese buscando la forma adecuada de expresar lo que estaba a punto de decir. – Es obvio que aún te queda un largo camino para recuperarte… Y todos coincidimos que Konoha no es un buen ambiente para salud mental. –aquellas palabras me pusieron en alerta. Tenía una extraña sensación de temor y nervios. – Los doce novatos se encuentran aquí, nadie en la aldea tiene una buena visión de ti… Somos realmente muy pocas personas las que te extenderíamos una mano amiga…

– ¿A qué quiere llegar con esto? –me atreví a preguntar interrumpiéndola.

– Lo que quiero decir es que… Creo que es mejor que por un tiempo te vayas de la aldea… –mi cuerpo se tensó por completo, no sabiendo realmente como tomarme sus palabras. – He hablado con el Kazekage para que te brinde asilo en Sunagakure por tres meses. Ahí podrás continuar tu entrenamiento mientras te recuperas. Te brindarán todo lo que necesites, desde insumos básicos hasta ayuda para tu entrenamiento. Y volverías a Konoha exactamente un mes antes de los exámenes Chunnin.

– ¿Está…? ¿Está tratando de echarme? –pregunté. Mi voz temblaba sonando entrecortada.

– ¿¡Por qué piensas eso!? –exclamó Tsunade incrédula. – Para nada. Sakura, solo creo que te haría bien un cambio de aires. Sabes que me preocupo por ti como si fueses mi propia hija. Solo quiero tu bienestar.

Bajé la mirada sin saber que decir. Toda esta propuesta era algo bastante repentino.

– ¿Tendría que ir sola?

– No. –negó ella. – Si aceptas la propuesta Hana se ha ofrecido a acompañarte durante tu viaje, y a quedarse contigo durante esos tres meses.

Me mordí el labio. La idea de viajar lejos no sonaba tan aterradora si alguien como Hana me acompañaba. Al igual que Shizune, Hana era como una hermana mayor que se preocupaba constantemente por mí.

– Si acepto ir a Suna… ¿Cuándo partiría?

– Mañana mismo, si eso está bien para ti… –contestó Tsunade.

– ¿Qué pasará con mis padres?

– Cuando vuelvan a la aldea se los explicaré. Una vez que sepan las circunstancias entenderán… –dijo con calma. – Pero Sakura, quiero que sepas que si no quieres hacerlo no te obligaré.

Cerré mis ojos tomando respiraciones profundas.

¿Qué era lo que debía hacer? ¿Sería correcto emprender este viaje? Era probable que Tsunade-shishou tuviese razón… Que lo que necesitaba era cambiar de aires… No la estaba pasando bien aquí, y quién sabe cuantas veces tendría que repetir la misma monótona rutina hasta que consiguiese sentirme bien conmigo misma de nuevo.

En Suna la gente no me conocía, por lo que no me juzgarían de la misma forma que lo hacían las personas de aquí. No conocían sobre el incidente, ni tenían forma de enterarse. Era un ambiente neutral, tranquilo, en el que podría desarrollarme hasta ganar nuevamente la confianza que había perdido.

Pero… La idea de viajar seguía siendo aterradora. No era la primera vez que salía de la aldea, había tenido misiones en el exterior con el equipo 7, pero viajar al país del viento era algo totalmente distinto. Estaba mucho más lejos de lo que nunca he estado de casa, y no conocía prácticamente nada del lugar… ¿Y si metía la pata? ¿Y si terminaba haciendo que todos me odien? Aquellas dudas no dejaban de atormentarme.

¿Qué hacer entonces? ¿Aceptar o negarme?

– ¿Y bien…?

– Yo… Acepto la propuesta… Tsunade-shishou…

Simplemente esperaba no arrepentirme de mi decisión.

– Entonces así será… Haré los preparativos para que tengas una transición tranquila… Puedes ir a empacar tus cosas y descansar. Mañana a primera hora te quiero en las puertas de la aldea ¿Entendido?

– Hai, shishou.

– Bien. Puedes irte.

Hice un leve asentimiento de cabeza antes de teletransportarme de regreso a mi solitario hogar.

Me quedé de pie en medio de la habitación, aún meditando las palabras de mi reunión con Tsunade. Mañana mi vida cambiaría, pues emprendería un nuevo viaje… Si era pera mejor o para peor, solo el tiempo lo diría.

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Antes de que pudiese darme cuenta, la mañana siguiente había llegado, lo que significaba que era momento de irme. Tomé la mochila que había empacado el día anterior, y me dirigí a la entrada de la aldea.

Esta vez decidí armarme de valor y caminar hasta allí en vez de usar el jutsu de teletransportación. Si conseguía llegar hasta la puerta sin tener un ataque de pánico, tal vez podría emprender con más seguridad este viaje.

Mi cuerpo tembló por completo al poner un pie en la calle. Tomé un par de respiraciones profundas intentando alejar los malos pensamientos que surgían en mi mente, mientras comenzaba a avanzar.

Un pie por delante del otro, mi vista al frente y mi postura recta intentando ignorar las miradas de las pocas personas que circulaban por la aldea a estas horas. Escuchaba pequeños murmullos, y mi mente comenzaba a correr a mil con las peores suposiciones. Un pie delante del otro, y la respiración… inhala, exhala, y se repite otra vez. Intentaba despejar mi mente, pensar en cosas que me resultasen agradables. Ya quedaba poco para llegar a mi destino, solo hacía falta un pequeño esfuerzo más. Un pie delante del otro. Inhala, exhala. Ya casi lo tienes.

– ¡Sakura-chan! –la voz de Hana me hizo sobresaltarme. Ella estaba ya en la entrada esperándome, haciéndome gestos para que me acercase a ella.

Me faltaban solo unos pocos metros y estaría junto a ella, finalmente lo lograría… Un pie delante del otro… Sin darme cuenta comencé a acelerar el ritmo. Inhala, exhala. Ya casi estaba allí. Un pie delante del otro…

– ¿Lista para emprender el viaje? Honestamente tenía mis dudas… Por un momento pensé que te negarías… Pero me hace feliz saber que hayas aceptado. Creo que esto es una gran oportunidad para ti.

Lo había logrado. Estaba frente a Hana. Estaba frente a las puertas… Había conseguido llegar por mi cuenta. A pesar del nerviosismo y la sensación de terror, realmente lo había logrado. No podía evitar sentirme orgullosa de mi misma. Aunque fuese algo sencillo, se sentía como un gran logro, y con él, sentía una gran cantidad de confianza invadirme.

– Al principio pensé en negarme… –confesé mirando apenada a Hana. – La idea de viajar tan lejos me aterra bastante, pero, ustedes tienen razón: Actualmente Konoha no es un sitio adecuado para mí. Si quiero realmente mejorar, necesito tomarme un tiempo para mi misma…

– Es bueno escucharte decir eso. –dijo la castaña esbozando una radiante sonrisa. – Oh, pero antes que nada… Tengo un pequeño obsequio para ti.

– ¿Un obsequio? –repetí asombrada. – ¿Qué es? –inquirí.

Ella sonrió de forma misteriosa antes de voltearse hacia donde su ninken estaba. Se puso en cuclillas mientras extendía su mano hacia la criatura.

– Ven aquí pequeño. –pronunció y entonces lo vi.

De entre las patas del gran ninken, un pequeño cachorro asomó su cabeza. Era la cosa más adorable que alguna vez haya visto: Su pelaje era esponjoso, completamente negro. Sus patitas eran pequeñas y regordetas. Su cola era pequeña y revoloteaba en su parte trasera. Sus orejas se alzaban orgullosas sobre su cabeza. Su nariz se contraía suavemente con cada mínima respiración. Sus ojos eran heterocromáticos, uno azul como el zafiro, y otro ámbar casi como el color de la miel. Irradiaban tanta vida, tanta inocencia.

Con pasos torpes el pequeño cachorro se acercó a Hana, quien lo tomó en brazos para luego volver a incorporarse y voltearse a verme.

– Estaba esperando que creciese un poco más, y tuviese la suficiente edad para que comience su entrenamiento como un ninken… Pero con este viaje, creo que es mejor que te lo dé ahora. –dijo la castaña mientras extendía al pequeño canino en mi dirección, esperando que lo tomase. – Te presento a tu propio ninken. Es un regalo de parte de todo el clan. Con esto, eres una de nosotros.

Con delicadeza tomé al cachorro entre mis brazos, acunándolo contra mi pecho.

– E-Es tan lindo… –murmuré fascinada. Su pelaje era tan suave y esponjoso como se veía. Y su piel era tan cálida ante el contacto. – P-Pero… ¿Estás segura de esto? Se que ustedes se toman bastante en serio el cuidado de los ninken… ¿R-Realmente crees que soy apta para ser dueña de uno?

– Si dudase de ti no te lo estaría dando. –dijo ella sorprendiéndome. – Fue mi idea y mamá estuvo de acuerdo. Jamás hemos conocido a una chica tan amable y valiente como tú. Confiamos en ti para cuidar de este cachorro como una parte de ti.

Parpadeé con asombro por sus palabras para luego posar mi mirada sobre el cachorro. Este me devolvió la mirada, mirándome con unos ojos que derretirían hasta el más frío de los corazones.

– ¿Tiene nombre? –pregunté.

– Aún no… Esperaba que tu lo nombraras…

Guardé silencio por varios minutos pensando cuál podría ser el nombre indicado para este cachorro. Luego de analizar varias opciones, sonreí creyendo tener una decisión tomada.

– Tomohisa… Su nombre será Tomohisa… –declaré. El cachorro comenzó a mover su cola con emoción y empezó a lamer mi rostro. Al parecer le había gustado el nombre.

– "Amistad eterna" … Una bella elección… –elogió Hana. – Espero que su vínculo sea de esa forma… Eterno, irrompible… –murmuró. – Ahora… ¿Estás lista para iniciar el viaje? –preguntó volteándose hacia las puertas de la aldea. Tomó un par de pasos con su ninken siguiéndola de cerca.

Tomé una última mirada a Tomohisa antes de mirar el horizonte. El amplio bosque que nos esperaba…

– Si… Estoy lista.